Pocas instituciones musicales han logrado trascender las fronteras del tiempo, el espacio y las modas como lo ha hecho El Gran Combo de Puerto Rico. Conocidos universalmente como la “Universidad de la Salsa”, esta agrupación no es simplemente una orquesta; es un pilar fundamental de la identidad puertorriqueña y un faro que ha guiado el desarrollo de la música tropical a nivel mundial durante más de 60 años.
La historia de esta legendaria orquesta comenzó en mayo de 1962, bajo una premisa que parecía casi un acto de rebeldía creativa. Tras la disolución del emblemático combo de Rafael Cortijo, un grupo de músicos visionarios, con Rafael Ithier a la cabeza, decidió que el legado no podía morir allí. Con el apoyo del productor y comediante cubano Guillermo Álvarez Guedes, quien fue el responsable de bautizarlos como “El Gran Combo”, la agrupación nació con una ambición clara: sonar con tal potencia y precisión que, a pesar de ser un grupo compacto, pudieran llenar cualquier escenario como si fueran una orquesta de proporciones masivas.
El debut oficial, ocurrido el 21 de mayo de 1962 en la estación WAKC, fue solo el preludio de un ascenso meteórico. En cuestión de días, ya estaban haciendo vibrar el Club Rock and Roll en Bayamón. Desde el primer momento, Rafael Ithier asumió el mando como director musical, un rol que ha ejercido con una disciplina inquebrantable, convirtiéndose en el alma y el pilar sobre el cual se ha construido todo el éxito de la orquesta.
La década de los 60 fue una era de consolidación y experimentación. Con un frente vocal liderado por figuras de la talla de Pellín Rodríguez y un joven Andy Montañés —cuyo nombre artístico, sugerido por el bolerista Felipe Rodríguez, le dio el toque de distinción necesario—, el combo comenzó a forjar un sonido único. Lograron mezclar la salsa con elementos de la guaracha y la bomba, creando himnos que rápidamente se filtraron en los hogares puertorriqueños a través de la televisión, donde se convirtieron en figuras frecuentes del programa “El show de las 12”.
Sin embargo, el camino no estuvo exento de desafíos. La historia del grupo ha estado marcada por cambios constantes, momentos de luto y la partida de miembros clave. Uno de los golpes más significativos ocurrió en 1973, cuando Pellín Rodríguez decidió emprender una carrera como solista, seguido por la impactante salida de Andy Montañés en 1977, quien se unió a la Dimensión Latina en Venezuela. A pesar de estas pérdidas, que en su momento hicieron dudar a muchos sobre el futuro de la orquesta, la “Universidad de la Salsa” demostró su capacidad de reinvención. La llegada de talentos como Jerry Rivas en 1977 no solo mantuvo la llama encendida, sino que inyectó una energía renovada que permitió al grupo seguir cosechando discos de oro y manteniéndose en la cima de la preferencia popular.
La década de los 70 también trajo consigo la incorporación de elementos innovadores, como el trombón en 1971, una decisión que, bajo la maestría de Fanny Ceballos, definió la personalidad sonora del grupo por décadas. Temas como “Un verano en Nueva York”, “Don Goyo” y “No hay cama para tanta gente” dejaron de ser simples canciones para convertirse en crónicas de la vida cotidiana del puertorriqueño, himnos que narran tanto el desahogo como la celebración.
A medida que el mundo avanzaba, el Gran Combo se adaptó con sabiduría. En los 80, exploraron la salsa romántica con éxitos como “Ámame”, mientras que en los 90 y 2000, continuaron rompiendo barreras internacionales, desde Alaska hasta Asia, demostrando que el “tumbao” boricua es un lenguaje universal. Incluso ante la triste pérdida de miembros fundamentales como Fanny Ceballos en 1992, la orquesta mantuvo su compromiso con la excelencia.
El año 2002 marcó un hito con la celebración de su 40 aniversario, seguido poco después por su primer premio Grammy Latino, un reconocimiento que, aunque tardío, validó su estatus como leyendas de la música latina. En la era digital, han demostrado una sorprendente vitalidad, colaborando con artistas urbanos y manteniéndose presentes en las listas de reproducción de las nuevas generaciones.
La resiliencia de la orquesta ha sido puesta a prueba una y otra vez. Desde la partida de Charlie Aponte en 2014, tras más de cuatro décadas al frente, hasta el fallecimiento del querido pianista y director musical Willy Sotelo en 2022, el Gran Combo ha tenido que navegar por aguas difíciles. Sin embargo, bajo la guía moral de Rafael Ithier, quien a sus más de 90 años sigue siendo el faro que orienta la nave, la orquesta ha permanecido fiel a su esencia: humildad, responsabilidad y un amor incondicional por su público.
Hoy en día, el Gran Combo de Puerto Rico sigue siendo un símbolo de orgullo patrio. Su música no está diseñada para el reposo, sino para el movimiento, para el baile y para la vida. Cada nota, cada arreglo de vientos y cada coro nos recuerdan que, mientras exista un rincón del mundo donde alguien quiera celebrar, ellos estarán ahí, listos para “prender la pista” y recordarnos por qué, después de más de 60 años, aquí no se sienta nadie. La “Universidad de la Salsa” ha graduado a generaciones de bailarines y músicos, dejando un legado imborrable que continuará resonando en la historia cultural del Caribe y del mundo entero. Su música, más que un conjunto de canciones, es el latido mismo de un pueblo que sabe cómo echar hacia adelante con sabor y dignidad.
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