En un sistema judicial donde la integridad y la ética deberían ser los pilares fundamentales, el nombre de Carlos Cetina Cornejo ha surgido como un símbolo de profunda preocupación. Cetina Cornejo, quien se desempeña como juez de control en la Ciudad de México —un cargo que implica la responsabilidad suprema de impartir justicia y decidir el destino legal de los ciudadanos—, se encuentra hoy en el centro de un escándalo que ha conmocionado profundamente a la opinión pública. La razón de este revuelo no es su labor en los tribunales, sino una conducta delictiva que ha dejado a su propia familia sumida en el miedo, la vulnerabilidad y la total indefensión.

Según los informes recabados sobre el suceso, el pasado fin de semana, Cetina Cornejo protagonizó un incidente que ha generado indignación social. Tras una noche de excesos, el funcionario llegó a su domicilio particular alrededor de las 5 de la mañana en un evidente y lamentable estado de ebriedad. Lo que debió ser una llegada tranquila a su hogar se transformó rápidamente en una pesadilla para sus seres queridos. En un arranque de agresividad injustificable, el juez comenzó a discutir y a agredir físicamente a su propia hermana, además de causar daños materiales severos al vehículo de esta.
Un grito desesperado: “Tengo mucho miedo”
La gravedad del asunto escaló con una rapidez aterradora, obligando a la intervención urgente de las fuerzas policiales para detener el ataque. Las imágenes obtenidas tras el incidente muestran a la hermana del juez, visiblemente afectada y temblorosa, solicitando desesperadamente la protección de los agentes de la ley. Ante las autoridades ministeriales, la víctima dejó constancia de un testimonio que hiela la sangre: “Tengo mucho miedo. Mi hermano es una persona muy agresiva y ha agredido a todos los integrantes de mi familia”.
Este testimonio revela una dinámica familiar marcada por el abuso sistemático y el miedo prolongado. La hermana, cuyo nombre se mantiene bajo reserva estricta por razones de seguridad, detalló que incluso su madre, una mujer de más de 80 años de edad, vive bajo un constante estado de terror debido al comportamiento errático, impredecible y violento de Cetina Cornejo. A pesar del peligro evidente y constante, la madre ha evitado presentar denuncias formales, posiblemente por el temor a las repercusiones o por el simple deseo de no generar mayores conflictos a su hijo, una muestra triste y evidente del ciclo de manipulación y miedo que suele rodear a los agresores en el seno familiar.
Un historial de impunidad que inquieta
Lo que más indigna a la ciudadanía no es solo el acto de violencia reciente, sino el descubrimiento de que este no es un evento aislado ni la primera vez que el funcionario cruza la línea de la legalidad. Se ha confirmado que esta es la tercera ocasión en que Carlos Cetina Cornejo es detenido por problemas relacionados con su conducta bajo los efectos del alcohol. En las dos ocasiones anteriores, el caso quedó limitado a la jurisdicción del juez cívico, permitiéndole evadir consecuencias mayores. Esta vez, sin embargo, la situación llegó al ámbito del Ministerio Público debido a la gravedad de las agresiones físicas hacia su propia sangre.
A pesar de haber sido detenido en flagrancia por la policía, el juez fue puesto en libertad poco tiempo después de su captura. La razón principal de esta liberación fue que la víctima, bajo la presión emocional que implica denunciar a un familiar directo y quizás temiendo represalias futuras, decidió otorgar el perdón y retirar los cargos. Esta situación pone de manifiesto, una vez más, la enorme fragilidad de las víctimas de violencia familiar, quienes a menudo se ven obligadas a desistir de la acción legal ante la falta de un entorno seguro, de un soporte emocional adecuado y de garantías de protección efectiva por parte del Estado.
La postura de las autoridades ante el escándalo
La fiscal de la Ciudad de México, Berta Alcalde, abordó el tema en una reciente conferencia de prensa, confirmando la veracidad de los hechos y la detención previa del juez. “Efectivamente, fue puesta a disposición de esta fiscalía un juez de control de la Ciudad de México por la denuncia que se recibió por un delito de violencia familiar. La persona se detuvo en flagrancia y, posteriormente, fue puesta en libertad ya que la persona denunciante decidió retirar los cargos”, explicó la funcionaria con tono serio.
Alcalde señaló que, independientemente de la decisión de la víctima de no continuar con la denuncia penal, la institución está trabajando en coordinación con el Tribunal de Disciplina para evaluar la conducta del funcionario. La pregunta que queda en el aire para toda la sociedad es si estas medidas administrativas serán suficientes para garantizar la seguridad de la familia y la integridad del Poder Judicial, o si simplemente estamos presenciando un mecanismo burocrático que permitirá que alguien con este perfil siga ostentando un poder tan delicado sobre la libertad de los demás.
Un cuestionamiento urgente a la ética judicial

El caso de Carlos Cetina Cornejo es un espejo que nos obliga a todos a cuestionar profundamente quiénes son las personas a las que confiamos la impartición de justicia en nuestra sociedad. ¿Es ético, y sobre todo, es seguro que un individuo que es incapaz de controlar sus impulsos en el ámbito privado —llegando al extremo de agredir a una madre de 80 años y a su hermana— tenga la autoridad legal para determinar si un ciudadano merece la libertad o la cárcel? Es un contrasentido moral que no puede pasar desapercibido.
La sociedad civil exige respuestas claras y, sobre todo, resultados contundentes. La impunidad de la que parecen gozar algunos servidores públicos cuando se trata de sus propios asuntos personales es una herida abierta que erosiona la confianza en nuestras instituciones. La indignación social es clara: es una vergüenza absoluta que alguien con tales antecedentes y tal comportamiento pueda seguir formando parte de la estructura judicial. La justicia debe comenzar por casa, y si un juez no puede ser justo ni respetuoso con quienes le dieron la vida, difícilmente podrá serlo con la ciudadanía.
Mientras el Tribunal de Disciplina analiza el futuro profesional de este juez, su familia permanece en una situación de vulnerabilidad extrema, con el miedo constante a nuevos episodios de violencia. El caso continúa bajo observación estricta y promete traer más revelaciones en los próximos días conforme avance la investigación interna. La pregunta final que queda retumbando en la mente de todos los ciudadanos es: ¿Habrá consecuencias reales y ejemplares, o el peso del cargo servirá una vez más como un escudo inexpugnable frente a la justicia que el mismo juez está llamado a representar? La respuesta a esta interrogante definirá, en gran medida, la credibilidad de nuestro sistema de justicia en los años venideros.