El Sugar Daddy homosexual con FAMILIA que mató a su AMANTE | RESUELTO

El Sugar Daddy homosexual con FAMILIA que mató a su AMANTE | RESUELTO

Imagina que quieres un helado. Entras a una pequeña heladería sin saber que días antes, en la misma nevera donde se conservaban los helados, permanecieron ocultas las partes del cuerpo de un joven de apenas 21 años. El propietario era un hombre de 41 años, casado con esposa, dos hijas y una vida que cualquiera habría considerado ejemplar.

Pero detrás de esa fachada se reunía con ese joven en distintos moteles y terminó convirtiéndose [música] en el protagonista de uno de los crímenes más fríos y perturbadores de [música] la historia de Chile. Todo estaba cuidadosamente planeado hasta que un perro callejero encontró la primera pieza de un macabro rompecabezas.

Te invito a quedarte hasta el final para conocer todos los detalles de esta terrible historia. El caso de Hans Pozo. Mi nombre es David Serrat y esto es Historias Criminales. Si te interesan este tipo de casos reales, te invito a suscribirte al canal, dejar tu me gusta y contarme en los comentarios desde dónde me estás viendo.

 Me encanta leerte y saber hasta dónde llegan estas historias. Hacerlo es muy importante porque ayuda a que el canal siga creciendo y a que pueda traerte más contenido como este con nuevos casos y más historias que merecen ser contadas. La mañana del 27 de marzo de 2006 comenzó como cualquier otra en la comuna de Puente Alto, al sur de Santiago de Chile.

 Sin embargo, la tranquilidad del sector se rompió de manera inesperada cuando un perro callejero llamado Rocky apareció caminando con un pie humano entre el hocico. La imagen dejó atónitos a los vecinos, quienes de inmediato dieron aviso a la policía. En cuestión de minutos, el lugar fue acordonado mientras los primeros peritos iniciaban una inspección para determinar de dónde provenía aquel estremecedor hallazgo.

En ese momento, nadie sabía quién era la víctima, cuánto tiempo llevaba muerta, ni si existían más restos en la zona. Lo único evidente era que aquel pie no había llegado allí por accidente. Los investigadores comenzaron a rastrear los alrededores con la esperanza de encontrar alguna pista que permitiera entender lo ocurrido.

 Mientras la noticia empezaba a difundirse rápidamente entre los habitantes del sector. Las respuestas llegaron al día siguiente, pero en lugar de aclarar el caso, lo volvieron mucho más perturbador. Dentro de una bolsa de basura apareció un cráneo humano y conforme avanzaban las horas comenzaron a localizarse brazos, piernas y otras partes del cuerpo en distintos puntos de Puente Alto y de la vecina comuna de San Bernardo.

Los restos habían sido abandonados de forma escalonada, siempre envueltos en bolsas y dejados en lugares de escasa circulación. La distribución de los restos hizo pensar a los detectives que el responsable conocía bien la zona y había regresado varias veces para completar el recorrido.

 Todo el material recuperado fue trasladado al servicio médico legal. Los especialistas iniciaron el examen de cada uno de los restos recuperados. Después de varias horas de trabajo, confirmaron que todas las partes correspondían a una sola persona. Sin embargo, ese fue apenas el comienzo. Conforme avanzaban los peritajes, quedó claro que el responsable había hecho todo lo posible para impedir que la víctima pudiera ser identificada.

El rostro había sido desfigurado hasta quedar prácticamente irreconocible. La nariz había sido retirada. y la mandíbula desprendida, alterando por completo la estructura del cráneo. Además, la mayoría de los tatuajes habían sido arrancados cuidadosamente de la piel y las yemas de los dedos habían sido eliminadas para evitar que pudieran obtenerse huellas dactilares.

Todo indicaba que quien cometió el crimen conocía los métodos habituales de identificación e intentó eliminar cada uno de ellos. Los forenses también establecieron que la muerte había sido causada por dos disparos en la cabeza. Uno de los proyectiles atravesó el cráneo, mientras que el otro ya no se encontraba en su interior.

Asimismo, observaron que el cuerpo había sido segmentado mediante cortes rectos y relativamente limpios, compatibles con el uso de una sierra. Los restos también presentaban indicios de haber sido lavados y mantenidos en refrigeración antes de ser abandonados. una señal de que el autor del crimen había dispuesto de tiempo, un lugar adecuado y un sistema de conservación con suficiente capacidad.

A pesar de todas esas precauciones, un pequeño detalle sobrevivió. En el antebrazo derecho permanecía parte de un diminuto tatuaje artesanal de un cupido con arco y flecha. Los investigadores recorrieron distintos centros penitenciarios mostrando una reconstrucción del dibujo, mientras especialistas del laboratorio de criminalística conseguían recuperar una pequeña porción de una huella dactilar.

La combinación de ambas pistas permitió consultar los registros penitenciarios y el 6 de abril de 2006 confirmar oficialmente la identidad de la víctima. Hans Hernán Pozo Vergara de 21 años. Con la identidad de la víctima finalmente establecida, la investigación dejó de centrarse únicamente en el crimen y pasó a reconstruir la vida de Hans.

Los detectives necesitaban entender quién era, cómo vivía y, sobre todo, cuáles habían sido sus últimos movimientos antes de desaparecer. Hans Pozo Vergara nació el 2 de julio de 1985 en la comuna de Independencia en Santiago de Chile. Desde muy pequeño enfrentó un entorno familiar difícil. Su madre se alejó de su vida cuando aún era un niño, por lo que pasó parte de su infancia en hogares de acogida hasta quedar bajo el cuidado de algunos familiares.

Pese a esas circunstancias, quienes lo conocieron durante la niñez lo describían como un joven tranquilo y reservado. Disfrutaba escribir poesía, escuchar música y compartir con otros niños del barrio. Varios vecinos llegaron a convertirse en un importante apoyo para él. ofreciéndole comida, un lugar donde dormir o ayuda, cuando atravesaba momentos complicados.

La adolescencia cambió por completo el rumbo de su vida. Alrededor de los 16 años comenzó a consumir pasta base y con el tiempo desarrolló una fuerte dependencia. Para sostener esa adicción empezó a cometer pequeños robos, situación que provocó su detención en distintas ocasiones y breves periodos en prisión.

Aún así, hubo personas que continuaron creyendo en su recuperación. En diferentes momentos recibió apoyo para rehabilitarse. Retomó sus estudios durante un tiempo e inició una relación con una joven con quien tuvo una hija. Sin embargo, las recaídas fueron constantes y terminó regresando a las calles, sobreviviendo gracias a trabajos ocasionales y otras actividades que le permitían obtener dinero rápidamente.

Con la identidad de Hans confirmada, los detectives comenzaron a reconstruir sus últimos días con la esperanza de descubrir quién había estado con él antes del crimen. Para ello, entrevistaron a las personas que lo conocían y recorrieron los lugares donde acostumbraba pasar la mayor parte del tiempo. Los testimonios permitieron establecer que Hans era una persona conocida en un sector donde solía pedir dinero, realizar pequeños trabajos como cuidador de automóviles y vender helados durante algunas temporadas para obtener

ingresos. Cuando no tenía donde dormir, compartía las noches con otras personas en situación de calle, refugiándose en paraderos de autobús o en cualquier lugar que le ofreciera protección. Como parte de esas diligencias, la policía localizó a cuatro hombres que habían convivido con Hans poco antes de su muerte.

Los investigadores decidieron interrogarlos por separado para comprobar la veracidad de sus relatos. Aunque cada uno describió los hechos desde su propia perspectiva, los cuatro coincidieron en un mismo detalle. Todos mencionaron a un hombre de apellido Martínez. Según los testigos, ese hombre aparecía con frecuencia para buscar a Hans y ambos se marchaban juntos durante varias horas.

Ninguno sabía con certeza a dónde iban ni qué hacían durante esos encuentros, pero la relación entre los dos era conocida por quienes compartían el día a día con el joven. [música] Aquella coincidencia llamó inmediatamente la atención de los detectives. Al verificar la información, los investigadores descubrieron que el hombre mencionado era Jorge Martínez Arévalo, de 41 años, supervisor de la municipalidad y propietario de una pequeña fábrica de helados ubicada muy cerca del lugar donde Hans permanecía habitualmente.

A simple vista llevaba una vida completamente distinta. Estaba casado, tenía dos hijas y era conocido en el barrio por su negocio familiar. Varias personas aseguraron que Jorge no solo le daba trabajo ocasional a Hans vendiendo helados, sino que ambos mantenían un contacto frecuente. Para comprobar esa información, los detectives solicitaron intervenir las líneas telefónicas de Jorge.

Las diligencias permitieron establecer que ambos se comunicaban de manera constante. Además, los investigadores reunieron antecedentes que indicaban que habían acudido juntos a distintos moteles. A partir de esa información, comenzó a tomar fuerza la hipótesis de que Hans ejercía el comercio sexual para financiar su adicción y que Jorge era uno de sus clientes habituales.

Mientras esa línea avanzaba, surgió otra evidencia importante. Las bolsas donde habían sido encontrados, algunos de los restos, no eran de uso doméstico, sino bolsas industriales de doble costura, utilizadas principalmente por pequeños comercios. Los detectives localizaron al distribuidor y descubrieron que ese tipo de bolsas había sido vendido a muy pocos clientes de la zona, entre ellos un heladero y un familiar propietario de una carnicería.

A ese dato se sumó la conclusión obtenida por los peritos de que el cuerpo había permanecido refrigerado antes de ser abandonado. Debido a su tamaño, descartaron que hubiera sido conservado en un refrigerador doméstico, por lo que todo apuntaba a un sistema de refrigeración industrial.

 precisamente el tipo de instalaciones existentes en una fábrica de helados. Con todas esas evidencias reunidas, Jorge Martínez dejó de ser una persona de interés para convertirse en el principal sospechoso del caso. Los detectives decidieron citarlo para que respondiera por primera vez ante la justicia. Con Jorge Martínez convertido en el principal sospechoso, la policía decidió tomarle declaración.

En un primer momento le enviaron citaciones para que compareciera voluntariamente, pero nunca respondió al llamado. Ante esa situación, el 8 de abril de 2006, los detectives se trasladaron hasta la fábrica de helados con la intención de interrogarlo personalmente. Cuando los agentes ingresaron al establecimiento, Jorge comprendió que la investigación había llegado hasta él.

Antes de ser detenido o responder las preguntas de los investigadores, tomó un arma de fuego y se disparó en la cabeza, falleciendo en el interior del inmueble. Su muerte impidió que pudiera ser interrogado y que existiera un juicio en el que explicara su versión de los hechos. Durante la inspección del lugar, los investigadores encontraron una extensa carta escrita por Jorge poco antes de morir.

 En ella negaba haber asesinado a Hans, aunque reconocía que mantenía una relación personal con él. También aseguraba que desde hacía tiempo era víctima de constantes extorsiones y que Hans había llegado a amenazar a su esposa y a sus dos hijas para exigirle dinero. La afirmación más llamativa aparecía hacia el final del escrito. Jorge sostenía que Hans era su hijo biológico producto de una antigua relación con la madre del joven.

Según su relato, desesperado por las amenazas, pidió ayuda a dos conocidos que, afirmaba eran policías con la intención de que únicamente intimidaran a Hans. Sin embargo, aseguraba que esas personas terminaron quitándole la vida sin que él hubiera previsto ese desenlace. La fiscalía verificó cada una de esas declaraciones.

Las pruebas de ADN descartaron por completo que existiera un vínculo biológico entre Jorge y Hans, mientras que la investigación tampoco encontró evidencias que confirmaran la participación de los supuestos terceros mencionados en la carta. Aún así, el trabajo pericial dentro de la heladería apenas comenzaba [música] y las pruebas encontradas allí serían determinantes para reconstruir el crimen.

Los peritos utilizaron luminol en el interior de la fábrica de helados para detectar rastros de sangre que hubieran sido limpiados. En el sótano del inmueble apareció una gran mancha que había sido lavada cuidadosamente. Tras los análisis realizados por el servicio médico legal, se confirmó que esa sangre pertenecía a Hans Pozo.

Además, la forma en que estaba distribuida permitió establecer que el cuerpo permaneció en ese lugar después de recibir los disparos. Las diligencias también se extendieron al vehículo de Jorge. En el asiento del copiloto y en la parte trasera del furgón fueron encontrados nuevos rastros de sangre. Las pruebas de ADN confirmaron nuevamente que correspondían a Hans.

 A ello se sumó otro hallazgo decisivo. Los estudios balísticos determinaron que el arma utilizada para asesinar al joven era la misma que Jorge utilizó. Con todas las evidencias reunidas, la fiscalía elaboró una reconstrucción de los hechos. Según esa hipótesis, Hans acudió a la fábrica de helados durante los últimos días de marzo de 2006.

En algún momento, mientras ambos se encontraban en el sótano del establecimiento, Jorge le disparó dos veces en la cabeza, provocándole la muerte. Después desmembró el cuerpo con una sierra, eliminó las huellas dactilares, retiró la mayor parte de los tatuajes, desfiguró el rostro y conservó los restos en refrigeración durante varios días antes de abandonarlos.

Para la fiscalía, el móvil del crimen estaba relacionado con la relación que ambos mantenían y con las presuntas extorsiones descritas durante la investigación. Además, concluyó que Jorge había actuado solo, ya que las pruebas materiales no permitían sostener la participación de otras personas.

 Sin embargo, el caso aún no estaba completamente cerrado y todavía quedaban diligencias por resolver. En marzo de 2007, la expareja de Hans y madre de su hija presentó una querella para que se investigara una posible participación de Miguel Martínez Arévalo, hermano de Jorge. A partir de esa solicitud, la Fiscalía revisó nuevamente declaraciones, informes periciales y todas las evidencias reunidas desde el inicio del caso con el propósito de determinar si otra persona había intervenido en el homicidio o en el ocultamiento del cuerpo. Durante

varios años se practicaron nuevas diligencias, pero ninguna permitió demostrar que Jorge hubiera contado con ayuda. Las pruebas materiales seguían apuntando únicamente hacia él y no aparecieron nuevos antecedentes que modificaran la conclusión de la investigación. Finalmente, el 18 de abril de 2013, el fiscal solicitó el sobreseguimiento de la causa respecto a Miguel Martínez, petición que fue acogida por el tribunal al no existir pruebas suficientes para sostener su participación.

Aunque la causa quedó cerrada, las controversias continuaron. Familiares de Jorge rechazaron la versión oficial sobre su muerte y cuestionaron distintas conclusiones de la investigación, pero ninguna de esas afirmaciones pudo ser respaldada por pruebas. A ello se sumó la filtración de fotografías del cuerpo de Hans durante la investigación.

Imágenes que comenzaron a difundirse masivamente por internet. Su expareja presentó una querella para intentar identificar a los responsables de esa filtración. Pero nunca fue posible establecer quién las divulgó. Con el paso de los años, el caso continuó siendo recordado en reportajes y documentales. En 2021, el nombre de Hans Pozo fue incorporado al memorial de la diversidad en el cementerio general de Santiago.

Además, en el lugar donde comenzó la investigación, algunas personas levantaron una pequeña animita en su memoria. Casi dos décadas después, el caso sigue siendo uno de los crímenes más impactantes de Chile por la brutalidad de los hechos y por el meticuloso intento de borrar por completo la identidad de la víctima.

El caso de Hans Pozo demostró que por más meticuloso que parezca un asesino, siempre existe un error capaz de derrumbar el crimen más cuidadosamente planeado, quien intentó borrar cada rasgo de la identidad de su víctima. mutiló su cuerpo, eliminó sus huellas, arrancó sus tatuajes y desfiguró su rostro creyendo que nadie podría reconstruir la verdad.

Sin embargo, la ciencia forense y una serie de pequeñas evidencias terminaron deshaciendo un plan que parecía casi perfecto, dejando al descubierto uno de los homicidios más escalofriantes que ha conocido Chile. Pero esta historia también expone una realidad mucho más incómoda. Antes de convertirse en un caso policial que conmocionó a todo un país, Hans era un joven marcado por el abandono, las adicciones y la vulnerabilidad.

Su vida se fue deteriorando durante años ante la mirada de muchas personas hasta terminar de la forma más brutal imaginable. Su asesinato impactó por la crueldad con la que fue cometido, pero también porque recordó que detrás de los titulares existía una persona cuya historia comenzó a romperse mucho antes de perder la vida.

 A pesar de que la investigación concluyó que Jorge Martínez actuó solo, su muerte impidió que existiera un juicio donde todas las pruebas pudieran debatirse públicamente. Esa circunstancia alimentó dudas, hipótesis y controversias que continúan hasta hoy. La filtración de las fotografías del cuerpo, las disputas posteriores y los intentos por reabrir distintos aspectos del caso solo prolongaron el impacto de una historia que casi dos décadas después sigue siendo recordada como uno de los crímenes más perturbadores de la historia criminal chilena.

¿Crees que Jorge Martínez se llevó toda la verdad a la tumba? ¿Piensas que la investigación logró esclarecer completamente lo ocurrido? ¿O todavía quedaron preguntas sin responder? ¿Hasta dónde puede llegar una persona cuando está decidida a ocultar un crimen? Déjame tu opinión en los comentarios porque este es uno de esos casos que incluso después de tantos años sigue generando un intenso debate.

Y hasta aquí llega la historia de hoy. Yo soy David Serrat y acabas de escuchar Historias Criminales. Si el caso te ha parecido interesante, no olvides suscribirte al canal, dejar tu me gusta y compartir el vídeo para que llegue a más gente. También puedes dejar tu opinión en los comentarios, ya que siempre los leo.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *