LA TRAICIÓN DE UNA HIJA… PLANEÓ ASESlN4R A SU MADRE JUNTO A SU NOVIO | El Caso Martha Pérez
Imagínate que los vecinos despierten por una extraña humareda frente a una casa, que se acerquen para apagar el fuego y descubran que entre las llamas hay un cuerpo. Pero lo que nadie imagina es que todo comenzó horas antes dentro de esa misma casa. Mientras la policía intenta descubrir quién era la víctima, un rastro de evidencias conduce directamente hasta el interior de la vivienda.
La escena revela señales de una violenta lucha. La hija de la dueña de la casa ha desaparecido y también falta el automóvil familiar. Lo que al principio parecía un brutal asesinato seguido de un intento por ocultar el cuerpo, comienza a transformarse en una historia mucho más oscura.
Al revisar los celulares de los menores, descubrimos que el crimen fue planificado por WhatsApp. Los mensajes revelaban que ya habían definido los roles y cómo ejecutar el ataque. Una madre que solo quería proteger a su hija, un noviazgo que nunca aprobó y una decisión que cambiaría para siempre el destino de una familia. Relatos Criminales.
El caso de Marta Pérez González. Un crimen que conmocionó a México. En enero de 2026, Marta Pérez González tenía 53 años y era una de las personas más apreciadas de agua dulce en el Estado Mexicano de Veracruz. Durante más de 20 años había dedicado su vida a la educación como maestra de preescolar en el jardín de niños Leopoldo Lugones.
Fuera de las aulas también era ampliamente conocida por su participación como catequista en la Iglesia de la Santísima Trinidad. Quienes la conocían la describían como una mujer trabajadora, amable y completamente entregada a su familia. Su mayor orgullo era su hija menor, Hann Guadalupe. Marta había sido madre nuevamente a los 38 años y desde entonces convirtió a la adolescente en el centro de su vida.
Apenas unas semanas antes, en diciembre de 2025, había realizado un enorme esfuerzo económico para celebrar sus 15 años. Quería regalarle un momento inolvidable. Su preocupación por la seguridad de Hann era constante. No permitía que utilizara transporte público. Todos los días pagaba un chóer privado para llevarle y recogerla del bachillerato, convencida de que así estaría protegida.
Madre e hija vivían solas en una vivienda conocida por los vecinos como la Casa Azul, ubicada en la colonia Kilómetro 2. El hijo mayor de Marta ya se había independizado, por lo que ambas compartían la rutina diaria del hogar. Pero mientras Marta hacía todo lo posible por cuidar a su hija, existía una situación que cada vez la preocupaba más.
Tiempo atrás, Han había iniciado una relación sentimental con Pablo, un adolescente de 16 años al que conoció en la Iglesia de la Santísima Trinidad, donde él colaboraba como monaguillo. Sin embargo, Marta nunca estuvo de acuerdo con ese noviazgo. Dentro de la comunidad se comentaba que Pablo consumía estupentes y que había protagonizado diversos conflictos en su lugar de origen.
Por esa razón, Marta decidió prohibirle a Hann que continuara viéndolo. insistía en que debía concentrarse en sus estudios y alejarse de una relación que, según ella, solo le traería problemas. Aquella decisión provocó constantes discusiones entre madre e hija. Con el paso de los días, la tensión dentro de la casa fue creciendo.
Lo que Marta nunca imaginó era que mientras intentaba proteger a su hija al otro lado de un teléfono celular, ya comenzaba a gestarse un plan que cambiaría para siempre la historia de su familia. su trabajo era excelente en la escuela apoyando a los niños y a los familiares que bueno que tuvo este contacto. Mientras Marta intentaba mantener a su hija alejada de Pablo, los dos adolescentes continuaban comunicándose escondidas.
Con el paso de los días comenzaron a intercambiar mensajes por WhatsApp, pero ya no hablaban únicamente de su relación. Según demostrarían posteriormente los peritajes realizados a sus teléfonos celulares, ambos planificaban el asesinato de Marta. La tarde del domingo 25 de enero de 2026 llegó el momento de poner el plan en marcha.
Ese día, Marta y Hann salieron juntas para atender un pequeño negocio familiar. Aprovechando la oportunidad, Hann ejecutó el primer paso de la conspiración. Antes de abandonar la vivienda, dejó una puerta principal sin seguro. Horas más tarde, Pablo ingresó de forma clandestina a la casa. Nadie lo vio entrar. Se ocultó dentro del inmueble y permaneció allí durante varias horas, esperando que llegara la madrugada.
El plan era simple. Cuando Marta estuviera profundamente dormida, Pablo entraría a su habitación y acabaría con su vida. Hann permanecería en otra habitación esperando que todo terminara. Sin embargo, nada salió como habían previsto. Durante la madrugada del lunes 26 de enero, Pablo intentó asfixiar a la maestra, pero Marta despertó e intentó defenderse.
Forcejeó con el agresor e incluso logró liberarse momentáneamente. Al escuchar los ruidos provenientes de la habitación, Hann comprendió que el plan estaba fracasando. Entonces tomó una decisión que cambiaría para siempre su vida. corrió hasta la cocina, tomó un arma blanca y regresó para entregárselo a Pablo. Con esa arma, el adolescente agredió a Marta.
Como consecuencia de ese ataque, la víctima falleció. Pero el crimen aún no había terminado. Los dos menores debían hacer desaparecer cualquier evidencia antes de que amaneciera. Según las investigaciones, al trasladar el cuerpo, las bolsas se rompieron dejando un rastro de sangre hasta la recámara. Después escaparon en el auto negro de la víctima.
Tras asesinar a Marta Pérez González, los dos adolescentes comprendieron que debían hacer desaparecer cualquier evidencia antes de que amaneciera. Primero envolvieron el cuerpo en bolsas de plástico, después trasladaron el cuerpo hasta una cuneta de concreto para aguas pluviales ubicada justo frente a la casa.
Allí reunieron troncos secos, ramas y basura. Y entre las 4 y las 6 de la mañana provocaron un incendio con la intención de eliminar cualquier evidencia que pudiera relacionarlos con el crimen. Pero no se detuvieron ahí. Regresaron al dormitorio principal. intentaron limpiar los rastros de sangre y borrar las huellas del forcejeo ocurrido durante el ataque.
Luego tomaron diversos objetos de valor de la vivienda, se apoderaron de las llaves del automóvil de Marta, un foriesta color negro y emprendieron la huida con rumbo a la comunidad costera de Tonalá, lugar de donde Pablo era originario. Creían que habían ganado tiempo. Sin embargo, apenas comenzó a amanecer, algo alteró completamente sus planes.
Entre las 7 y las 8 de la mañana, varios vecinos de la colonia Kilómetro I2 observaron una extraña humareda que salía de la cuneta ubicada frente a la casa azul. Al acercarse para averiguar qué ocurría, hicieron un descubrimiento aterrador. Entre los restos de la fogata encontraron un cuerpo que presentaba daños ocasionados por el incendio.
De inmediato dieron aviso a las autoridades. Cuando los peritos llegaron al lugar, comenzaron a inspeccionar cuidadosamente la escena. Muy pronto apareció el primer error del plan. Los investigadores detectaron indicios que conducían directamente hasta el interior de la vivienda. Al ingresar encontraron el dormitorio principal con rastros biológicos y claras señales de que alguien había intentado limpiar la escena apresuradamente.
Además, la puerta de la casa estaba sin seguro. El automóvil Ford Fiesta había desaparecido y Hann, la hija de Marta, tampoco se encontraba en el lugar. Con esos elementos, las autoridades activaron de inmediato el protocolo código rojo en todo el estado de Veracruz. Las características del vehículo fueron distribuidas a todas las corporaciones policiales.
Los responsables apenas llevaban unas horas de ventaja. Al revisar los celulares de los menores, descubrimos que el crimen fue planificado por WhatsApp. Los mensajes revelaban que ya habían definido los roles y cómo ejecutar el ataque. La activación del código rojo permitió que la búsqueda del automóvil comenzara de inmediato en distintos puntos del estado de Veracruz.
Las placas y las características del for Fiesta Negro fueron distribuidas a todas las corporaciones policiales. Entre 4 y 5 horas después del homicidio, elementos de la Policía Estatal y de la Policía Ministerial localizaron el vehículo en los accesos a la comunidad de Tonala. Al detenerlo, confirmaron que a bordo viajaban Hann Guadalupe y Pablo.
Dentro del automóvil encontraron diversas pertenencias que habían sido sustraídas de la vivienda de Marta. La rapidez con la que fue descubierto el cuerpo impidió que los adolescentes construyeran una cuartada. Su plan consistía en ganar tiempo ocultando el crimen, pero todo se derrumbó en cuestión de horas.
Durante los interrogatorios ministeriales, las autoridades señalaron que Hann mostró una actitud de absoluta frialdad y escaso remordimiento. Según la investigación, justificó lo ocurrido afirmando que su madre la había obligado a actuar al intentar impedir su relación sentimental con Pablo. Con el avance de las diligencias, ambos menores fueron vinculados a proceso por el delito de feminicidio.
El juez ordenó su internamiento preventivo en el Centro de Internamiento Especial para Adolescentes ubicada en Palmasola, municipio de Alto Lucero, Veracruz. Sin embargo, el caso generó una profunda indignación entre familiares, docentes y habitantes de agua dulce. Al tratarse de dos adolescentes, la legislación mexicana impide imponerles las mismas penas previstas para adultos.
Aunque un mayor de edad podría enfrentar varias décadas de prisión por un crimen de esta naturaleza, Hann y Pablo solo enfrentan la pena máxima contemplada por el sistema de justicia para adolescentes de entre 5 y 6 años de internamiento. Esa diferencia provocó protestas y reclamos por parte del gremio magisterial y de quienes conocieron a Marta Pérez González, quienes exigieron una sanción proporcional a la gravedad de los hechos.
Este caso reabrió el debate sobre la justicia juvenil. Para muchos 5 años de condena son insuficientes frente a la gravedad del crimen. Basta ese tiempo para rehabilitarlos. El caso de Marta Pérez González conmocionó a México porque refleja una de las mayores contradicciones que puede vivir una madre. Durante años hizo todo lo posible por proteger a su hija.
Trabajó incansablemente para darle estudios. celebró con esfuerzo sus 15 años y hasta pagaba un transporte privado para mantenerla segura. Pero según la investigación, aquello que intentó evitar terminó desencadenando la tragedia. Después del crimen, los responsables intentaron ocultar el cuerpo, borrar las evidencias y huir antes de que alguien descubriera lo ocurrido.
Sin embargo, el fuego no logró destruir las pruebas. Los rastros encontrados en la escena, el rápido hallazlo del cuerpo y la inmediata respuesta policial hicieron que el plan se derrumbara en cuestión de horas. Hoy ambos menores permanecen sometidos al proceso de justicia para adolescentes, mientras familiares, docentes y toda una comunidad continúan exigiendo una sanción que consideren proporcional a la gravedad del crimen.
Y después de conocer esta historia, quiero preguntarte, ¿crees que las penas previstas para adolescentes son suficientes en casos donde, según la fiscalía, existió una planificación previa del crimen? Te leo en los comentarios. Si te interesan las historias reales investigadas con respeto y profundidad, suscríbete y comenta.
Somos Relatos Criminales. Nos vemos en un próximo documental. Ah.