Así lo conocían en Exlán, porque su mamá, doña Petra, era la señora del puesto de comida y cena, cerca del jardín principal. Todo el pueblo pasaba por ahí. Todo el pueblo conocía a doña Petra y por extensión a su hijo Juan, oriundo de Tepic, padre zacatecano, madreense. El amor de Micaela, pero un amor de escondidas, porque don Alberto no lo veía con buenos ojos.
Ya saben cómo era eso en esa época. El padre decidía. y Juan Guadalupe Rodríguez, el hijo de la señora del puesto de comida, no entraba en los planes de don Alberto. Pero ya saben cómo es eso. El corazón no le consulta al papá. Y Micaela y Juan se veían sin que nadie supiera, o al menos eso creían ellos.
En Xlan los secretos duraban poco, pero en esta historia no solo están Micaela y Juan, hay un tercero y ese tercero es quien lo cambia todo. Simón Ruelas, llegado de Guadalajara, Jalisco, de familia queretana. Sus padres tenían una jabonera en XLAN y eso en 1928 era un negocio serio. El jabón no se compraba en tiendas como hoy.
Se hacía en el pueblo con cebo de res, con ceniza, con agua. Cada familia necesitaba jabón para lavar, para bañarse, para limpiar la ropa. La familia Ruelas lo proveía. Todo el barrio los conocía, todo el barrio les compraba. Simón no era de ahí, pero llevaba tiempo en el pueblo, lo suficiente para conocer a Micaela.
La vio un domingo en misa y quedó flechado. Así lo documentan los cronistas de Xlan que se quedó admirado de aquella carita dulce que vio en la iglesia. Meses de cortejo, meses de buscarla. Juan le reclamó. Se liaron a golpes, pero Simón no se rindió. ¿Por qué? Eso no lo dice el corrido, pero la noche del 24 de junio lo dijo todo. San Juan Bautista es el único santo de la Iglesia Católica que se festeja el día de su nacimiento.
El único, se meses exactos antes de Navidad. Y en Xlan era el día más importante del año. No solo una fiesta. El día del santo patrono era algo serio. Las familias lo preparaban desde semanas antes. Los que vivían en ranchos cercanos bajaban al pueblo. Los que habían salido a trabajar fuera volvían. Era el día en que el pueblo se juntaba completo.
Los que están viendo esto y crecieron en pueblo saben exactamente de qué estoy hablando. El día del santo patrono no era cualquier cosa. Era el día donde todos se veían, donde se arreglaban las cuentas pendientes, donde los amores que se habían guardado meses a veces encontraban su momento. Misa desde temprano en la parroquia de Santiago Apóstol.
La gente entraba con su ropa de guardar. Las señoras con su reboso, los hombres con el sombrero en la mano. Después de misa, la feria, puestos de comida en la plaza, enchiladas, atole, buuelos, juegos para los chamacos, la lotería que nunca puede faltar. Y al caer la tarde, el baile. Micaela tenía permiso de su padre para la feria. para el baile.
No, don Alberto sabía lo que pasaba en esos bailes. Sabía que su hija tenía pretendientes y quería evitarse problemas. Juan se encontró con ella escondidas esa tarde. Ella quería ir al baile. Él se negaba. Pero el corrido ya lo dice claro. Sabía que Simón estaría ahí. Y esa noche Juan llegó al baile de todos modos con pistola. Micaela se molestó.
le dijo que sola o acompañada ese baile no se lo perdía. Y así fue. Micaela llegó con su prima, con sus amigas Leonor y Margarita. Entraron al baile. Y aquí vale la pena que se imaginen la escena, porque ese baile no era lo que uno imagina hoy. Era la misma plaza donde habían rezado esa mañana.
La gente traía sus sillas de la casa. Los músicos, los guacos, como les decían por allá, se acomodaban en una esquina. Violín, guitarra, acordeón, la música que se bailaba en los pueblos de Nayarit en esa época. Los candiles de petróleo colgaban de los postes y daban esa luz amarilla que tiembla con el viento, que alarga las sombras, que hace que las caras se vean distintas de noche.
Las madres vigilando desde las orillas, los hombres platicando con el sombrero en la cabeza, los jóvenes mirándose, todo el pueblo ahí, todo el mundo viéndolo todo. Y Simón la vio entrar. Sin pensarlo, dos veces fue directo a sacarla a bailar. Y ella aceptó. El corrido no dice por qué y nosotros tampoco lo vamos a inventar. Llegó Micaela primero, se puso luego a bailar y escogió por compañero al mero rival de Juan.
Juan también estaba en ese baile bailando con otra mujer. Alguien se lo señaló con la mirada. Ahí está con Simón. Y todo lo que quería evitar esa noche estaba pasando delante de sus ojos. se abalanzó sobre la pareja. Empujones, reclamos. La música siguió tocando unos segundos, luego paró. La gente se apartó.
Los ojos de todos puestos en ese rincón de la plaza. Y Micaela, enojada y burlona, le dijo a Juan delante de todos que ella no tenía amores y menos compromiso con un cualquiera. Eso lo dijo en público, con Simón al lado, con todos escuchando. Y Simón se rió. Juan sacó la pistola. Alegres pasan las horas.
Las 12 marca el reloj. Cuando un tiro de pistola, dos cuerpos atravesó. Micaela cayó en el acto. La música paró de golpe. Los gritos llenaron a plaza. La gente corría sin saber a dónde. Las madres buscando a sus hijos. Los hombres empujándose. Nadie sabía bien lo que había pasado. El cronista Contreras lo dejó escrito.

Solo se oyeron los balazos, la grita, los huacos y los lamentos. Y entonces ocurrió algo que muy poca gente recuerda cuando canta este corrido. Simón Ruelas, con los tiros de Juan en el cuerpo, herido de muerte, todavía sacó su pistola y le disparó a Juan en la pierna. Así lo recogen los cronistas e historiadores de Xlan.
Un hombre que se estaba muriendo, que no se rindió, que con lo poco que le quedaba, respondió. Simón murió ahí. en esa plaza. La noche del 24 de junio de 1928, el cronista Juan Manuel Contreras lo dejó escrito así: “Solo se oyeron los balazos, la grita, los huacos y los lamentos. Juan intentó huir. Cuentan que lo detuvieron ahí mismo.
En la plaza entre la gente que todavía no entendía bien lo que había pasado. No puso resistencia, se dejó llevar. Lo llevaron a la cárcel municipal de Xlan. En esa época, en los pueblos del norte de Nayarit, la justicia era cosa del municipio. Todo el mundo conocía al acusado, todo el mundo conocía a las familias.
No había nada impersonal en eso y todos tenían una opinión formada. Antes de que hubiera juicio, Juan pidió perdón a las autoridades, a la gente, a las familias, a su propia madre. El cronista Contreras lo dejó escrito así: “Por más que pidió perdón Juan a las autoridades, a la gente, a la familia, a su propia madre, nadie le dijo un sí o un ni la muerte.
solamente en la cárcel y en el paredón. Lo perdonaron, pero en silencio. El corrido termina con la palomita volando al panteón. Vuela, vuela, palomita, párate en ese panteón. ¿Dónde ha de estar Micaelita? Con su querido Simón. Micaela y Simón, el corrido los deja ahí juntos en paz. Pero la justicia real no terminó ahí.
Juan fue juzgado y murió frente al paredón. ¿Y quién puso todo esto en música? Su nombre era Pascacio Romero Cobarrubias, oriundo de Ameca, Jalisco, casado en Santiago Iscula, Nayarit. Un hombre que conocía esa tierra, esa gente, esa clase de pueblos donde las tragedias se graban en la memoria del lugar y no se borran fácil.
Tomó lo que pasó en esa plaza el 24 de junio de 1928 y lo puso en música. El corrido dice que los tiros sonaron a medianoche. Los cronistas dicen que el baile terminaba antes de las 9 porque a esa hora apagaban los candiles. Pascacio cambió la hora. Porque a medianoche todo suena más dramático, porque a medianoche una tragedia se vuelve leyenda.
También cayó lo que le pasó a Juan, el juicio, el paredón. Y mandó a la palomita al panteón solo con Micaela y Simón. como si la historia hubiera terminado ahí. Hizo bien. El resultado habla solo. Casi 100 años después, Antonio Aguilar lo grabó. Los Tigres del Norte lo cantaron. El dueto América lo llevó a cada rincón del país.
Eso no lo logran los expedientes judiciales. Eso solo lo logra un corrido bien hecho. Miren, antes de seguir, si están aquí es porque este tipo de historias les llega. Las que están detrás de los corridos que crecimos cantando. Las que nadie nos contó en la escuela. Las que saben a México de verdad. Si es así, este canal es su casa. Suscríbanse.
Cada semana hay una historia esperándolos aquí. ¿Y saben qué queda hoy de esa noche? Xlá del Río fue declarado pueblo mágico. El 26 de junio de 2023, dos días después del mero día de San Juan, la plaza donde ocurrió todo sigue ahí. La parroquia de Santiago Apóstol sigue ahí. Los toriles siguen a 3 km y cada 24 de junio ese pueblo sigue celebrando a San Juan Bautista, el mismo santo, la misma plaza, la misma fecha, como si el tiempo se hubiera enredado.
Y 1928 y hoy fueran la misma noche. Hay familias en Xlan que celebran el 24 de junio cada año, sin saber que sus abuelos quizás estuvieron en esa plaza. La noche que ocurrió todo, sin saber que el cronista Contreras recopiló durante años los testimonios de gente del pueblo que lo vivió o que lo escuchó de primera mano.
La historia no está tan lejos como parece. A veces está en la familia, a veces está en el corrido que cantaron nuestros padres, sin saber de dónde venía. Y en algún momento de esa fiesta del 24 de junio, alguien canta el corrido y la gente lo corea con la misma alegría de siempre, en la misma plaza de siempre, sin saber que hace casi 100 años tres chavos de carne y hueso vivieron esa misma noche y no salieron igual de ella.
Micaela, Simón y Juan. El corrido recuerda a dos. Ahora ustedes saben los tres. Hizo bien el corrido en callar lo que le pasó a Juan o esa historia también merecía cantarse y Simón, el que nadie recuerda tanto, el que llegó enamorado a ese baile y respondió hasta el último momento.
Échenme sus opiniones allá abajo, que yo sí las leo. Y si les quedó gustando esto, búsquense la historia de Lucio Vázquez aquí en el canal. un minero del norte, un corrido que todo México conoce y un hombre que nunca apareció en ninguna estrofa, el del hombre que ordenó matarlo. Esa historia también está aquí. Nos vemos en la próxima y que no se les olvide, el 24 de junio, cuando escuchen ese corrido, ya saben que había uno más que el corrido no cantó, porque hay historias que el corrido no alcanzó a contar. Yeah.