No es en Madrid, no es en Buenos Aires, es en Miami donde Rodrigo de Paul eligió construir el siguiente capítulo de su historia. Y esa elección dice más de él que cualquier estadística, cualquier título o cualquier declaración que haya dado frente a una cámara, porque Miami no fue un refugio ni una retirada, fue una jugada.
la de un hombre que a los 31 años, con cuatro títulos internacionales a sus espaldas y el reconocimiento de haber sido uno de los mediocampistas más importantes de su generación, decidió que aún le quedaba mucho partido por jugar. Hoy vamos a entrar en su casa, conocer su vida cotidiana, su patrimonio, sus negocios y todo lo que hay detrás de la figura pública.
Y lo que vamos a encontrar es mucho más interesante de lo que la mayoría imagina. Para entender quién es Rodrigo de Paul hoy, hay que volver al principio, al barrio, a la canchita de tierra. Porque antes de los títulos, antes de la MLS y antes de Miami, hubo un chaval de Sarandí que aprendió a jugar al fútbol donde lo hacía todo el mundo en el sur del Gran Buenos Aires, en la calle, con lo que había, contra quién fuera.
Rodrigo Javier de Paul nació el 24 de mayo de 1994 en Sarandí, un barrio del partido de Avellaneda que no aparece en las guías turísticas, pero que aparece en la historia del fútbol argentino con una frecuencia que no es casualidad. Allí creció con una energía que sus vecinos todavía recuerdan. Era el tipo de chico que no podía estar quieto, que necesitaba el movimiento como otros necesitan el aire.
El fútbol fue el canal natural para canalizar eso. En Racing Club encontró su casa, su identidad y el primer escenario donde esa energía tomó forma y dirección. Sus primeros años en las inferiores de Racing no fueron de éxito inmediato. Fue uno más entre muchos, compitiendo por un lugar en una cantera que produce jugadores con la misma seriedad con que una fábrica produce piezas.
Pero de Paul tenía algo que no se fabrica, una intensidad competitiva que lo hacía crecer exactamente cuando más presión había encima. Cuanto más difícil, mejor jugaba. Eso en el fútbol es lo que separa a los que llegan de los que se quedan en el camino. Su debut profesional en Racing llegó en 2013. Tenía 19 años y ya mostraba el sello que lo definiría durante toda su carrera.
recuperación de balón, juego vertical, presencia física en el medio campo y una personalidad que no pedía permiso para existir en la cancha no tardó en llamar la atención de Europa. Valencia apostó por él con apenas 20 años y aunque la adaptación no fue sencilla, esas dificultades lo curtieron de una manera que los años fáciles nunca hubieran logrado.

Un breve regreso a Racing le devolvió confianza y ritmo y entonces llegó Italia. En Udinese, entre 2016 y 2021, Depul dejó de ser promesa y se convirtió en realidad. Cinco temporadas en un club que no tiene el glamour del Inter ni la historia de la Juventus, pero que le dio algo más valioso que el glamour. continuidad, protagonismo y libertad para equivocarse y corregir.
Jugó más de 170 partidos con la camiseta del Udinese. Se convirtió en el jugador más importante del equipo, el que organizaba, el que defendía, el que llegaba al área, el que rendía cuando había que rendir y cuando no había motivos para hacerlo. Esos años en el norte de Italia lo transformaron en uno de los mediocampistas más completos de la Serie A.
Las cifras hablaban goles, asistencias, kilómetros recorridos por partido que superaban cualquier promedio razonable. Pero más allá de los números, lo que Udinese le dejó fue una identidad de juego tan clara que cuando el Atlético de Madrid de Diego Simeone fue a buscarlo en 2021 pagando cerca de 35 millones de euros, todos entendieron exactamente por qué.
The Paul era el mediocampista perfecto para un equipo que construye desde el sacrificio, la presión y el carácter en los partidos grandes. En el Atlético de Madrid llegó su consagración europea bajo la exigencia de Simeone, que no admite medias tintas ni rendimientos a medias. Depol fue pieza clave en la conquista de la Liga Española en la temporada 2020 hasta 21.
Su salario en el Metropolitano rondaba los 7 millones y medio de dólares anuales, uno de los más altos de su carrera hasta ese momento. Pero el dinero era una consecuencia, no el motor. Lo que Depaba en el Atlético era exactamente lo que encontró, un entorno que lo obligara a ser mejor todos los días sin excepciones. Sin embargo, el capítulo más importante de la carrera de Rodrigo de Paul no se escribió en ningún club, se escribió con la camiseta al celeste.
Desde 2018, cuando Lionel Scaloni empezó a construir la selección argentina que iba a cambiar la historia, de Paul fue uno de los primeros nombres en la lista, no porque fuera el más mediático ni el más conocido del plantel, sino porque encarnaba exactamente lo que Escaloni necesitaba. un mediocampista que corría por dos, recuperaba por tres y hacía posible que Messi jugara al fútbol sin tener que preocuparse por defender.
La Copa América 2021 fue el primer título. Argentina ganó en el Maracaná ante Brasil y Depol fue uno de los jugadores más determinantes del torneo. No con goles ni con asistencias que llenan los titulares, sino con ese trabajo invisible que solo aprecian los que entienden el juego. La presión en salida del rival, la cobertura cuando el equipo perdía la pelota, el kilómetro extra que nadie pide, pero que cambia el resultado.
La finalísima de 2022 ante Italia vino después y con ella la confirmación de que Argentina era algo real, no una ilusión pasajera. Pero el momento que definió su carrera y la de toda una generación fue Qatar 2022, el mundial que Argentina ganó después de 36 años de espera con Messi como protagonista absoluto y con Depul como su escudero más fiel.
80 m de medio campo recorridos partido tras partido, finales incluidas, un despliegue físico y mental que dejó sin aliento a los rivales y sin palabras a los analistas. Los premios de la FIFA por aquella conquista le reportaron cerca de 400,000, pero lo que se llevó de Qatar no tiene precio.
La certeza de haber sido parte de algo que Argentina no va a olvidar en décadas. La Copa América 2024 completó una colección de títulos que muy pocos futbolistas argentinos de cualquier generación pueden exhibir. En 2025, cuando muchos esperaban que Depara en el Atlético de Madrid o diera el salto a otro club europeo de primer nivel, llegó la sorpresa.
Inter Miami, la MLS, Estados Unidos. La decisión generó debate. Algunos la interpretaron como un retiro anticipado, disfrazado de aventura. Otros, los que conocen a Depul, entendieron que era exactamente lo opuesto, la decisión de alguien que quiere seguir siendo protagonista en un proyecto que está construyendo historia en una liga que crece a un ritmo que Europa todavía no ha terminado de entender.
El contrato que firmó con Inter Miami a partir de 2026 le asegura alrededor de $,600,000 anuales entre salario y bonificaciones. No es la cifra más alta de su carrera, pero es un acuerdo de 4 años que le da estabilidad y horizonte. Miami no fue un refugio, fue una jugada. La de un hombre que a los 31 años todavía tiene claro que quiere competir, liderar y ganar, solo que ahora lo hace en un escenario diferente con el sol de Florida en lugar de la lluvia de Madrid.
En Miami Shores, una zona residencial tranquila y verde del condado de Miami Date, de Paul encontró el entorno que su nueva etapa necesitaba. No es el Miami de las noches de South Beach ni el de los rascacielos de Brickel. Es un barrio de casas independientes, calles arboladas y una seguridad que permite vivir sin el ruido constante de la fama.
Lejos del turismo, pero bien conectado con el centro deportivo de Inter Miami en Fort Lauderdale. Un equilibrio que no es casualidad. Cuando Dep elige, elige con criterio. Invirtió cerca de 3,700,000 en esta propiedad que desde finales de 2025 comparte con Tiny Stusell. La residencia no busca impresionar con ostentación, busca algo más difícil de conseguir en el mundo del fútbol moderno.
Funcionalidad y calma en el mismo espacio. Al cruzar la entrada, la primera sensación es de amplitud y claridad. Los ventanales altos de la planta baja dejan que la luz de Florida inunde cada rincón sin esfuerzo. No hay exceso decorativo. Las líneas son rectas, los tonos son claros y el espacio respira. La cocina es el corazón de la casa.
Una isla blanca de gran tamaño domina el ambiente acompañada de taburetes de madera clara que suavizan el conjunto. Los gabinetes integrados, los electrodomésticos de diseño italiano y la coherencia visual de todo el espacio hablan de alguien que cuida los detalles, aunque no los exhiba. La distribución abierta conecta cocina, comedor y sala principal sin divisiones bruscas. Todo fluye.
Es un ambiente pensado tanto para las reuniones familiares ruidosas como para las noches tranquilas después de un partido exigente. La escalera interior mantiene la misma línea, madera en tonos suaves, varandas simples, paredes limpias. Arriba el dormitorio principal es amplio y despejado, con grandes puertas corredizas de vidrio que abren al balcón y dejan entrar las vistas al verde exterior.
El vestidor y el baño privado completan una suite que funciona como refugio real. Abajo del techo del exterior, el patio trasero cierra el conjunto con piscina climatizada y áreas de descanso rodeadas de vegetación que garantizan la privacidad que una figura pública necesita cuando quiere desconectarse del mundo. Es allí, entre la piscina y el sol de Miami, donde de Paul y Tini comparten los momentos cotidianos que de vez en cuando asoman en las redes sociales.
Sin escenario, sin puesta en escena, solo vida. Rodrigo de Paul no colecciona autos para exhibirlos. Los elige con la misma lógica con que elige sus movimientos en la cancha. Cada uno tiene una función. Cada uno responde a una necesidad concreta. Su garaje en Miami tiene tres vehículos que juntos cuentan una historia coherente.
Rodrigo de Paul tiene tres autos destacados. El primero es un Audi Cocho de unos 8500, un modelo deportivo y elegante que usa en su día a día. destacándose por su diseño moderno y discreto. El segundo es un Mercedes-Benz G60 AMG valorado en cerca de 200. Es el SA que utiliza para recoger a sus hijos de la escuela, simbolizando su presencia en momentos cotidianos con la misma intensidad con que juega.
El tercero es el Mercedes-Benz clase B de aproximadamente 900. cómodo y funcional, ideal para sus traslados al entrenamiento. Su patrimonio neto es de 31,000000, resultado de años de esfuerzo constante. En el Atlético de Madrid su salario rondaba los 7.5 millones de dólares anuales y en Inter Miami firmará un contrato de 3.
6 millones anuales a partir de 2026. Además, sus títulos como el Mundial de Qatar 2022 y la Copa América aumentaron su fortuna sumando cerca de 8500 en premios. Fuera de la cancha, Depoador de Adidas y Gatorid, generando entre un y 2 millones de dólares anuales. Su imagen y éxito deportivo le han permitido expandir su valor más allá del fútbol.
Además, está incursionando en el mundo empresarial como cofundador de una marca de bebida energética natural lanzada en 2025 con una inversión inicial de $400. La entrada al mercado fue exitosa aprovechando la imagen pública de Depol para captar atención en Argentina y Latinoamérica. El primer lote se agotó rápidamente, lo que indica una respuesta positiva.
Se proyecta que los ingresos para 2025 hasta 2026 sean cerca de 6,000000, lo que demuestra que el proyecto tiene una ambición de largo plazo. Lo interesante no es la cifra, sino la mentalidad detrás de ella. Depul no espera a retirarse para pensar en el futuro. Lo está construyendo ahora con la misma dedicación que pone en el fútbol.
A pesar de su éxito, De Paul sigue conectado con Sarandí, su lugar de origen, no solo con palabras, sino con hechos. En 2021 invitó a 30 chicos del Club Belgrano a ver un partido de la selección cubriendo todos los gastos. Además, colabora cada año con equipamiento y mejoras para el club. Después del Mundial 2022, anunció su proyecto para crear una escuela de fútbol para niños de bajos recursos en Sarandí.
con una inversión inicial de $400,000. También participa en acciones solidarias sin buscar titulares, solo impacto real. En Miami su vida sigue un ritmo ordenado y enfocado. Morning son momentos personales de descanso mental antes de entrenar y su dedicación al entrenamiento es la misma que tiene en los partidos.
Después se dedica a sus hijos Francesca y Bautista, con quienes comparte momentos simples y naturales lejos de las cámaras. Su relación con Camila Holmes, aunque terminada, se mantiene cordial, centrada en la crianza. Por la noche, de Paul encuentra equilibrio en su vida con Tiny Stusell, sin pretensiones ni necesidad de demostrar nada.
Su conexión con sus raíces sigue siendo lo más importante, incluso viviendo en Miami. A los 31 años, Depul no se ha dejado cambiar por el éxito. Sigue siendo el mismo chico de Sarandí, ahora con una copa del mundo en su haber. La historia de Depul no es la de alguien que descansó tras alcanzar el éxito, sino de alguien que construyó tanto que ahora elige cómo seguir construyendo.
Es un hombre con hambre de más, aún con 31 millones de dólares en patrimonio. Y aunque vive en una ciudad glamorosa, mantiene la humildad y la conexión con su pasado. Si quieres seguir conociendo la vida real de los campeones del mundo más allá de los títulos y los contratos, suscríbete al canal y activa la campanita para no perderte ningún episodio.
Y cuéntanos en los comentarios, ¿crees que De Paul fue el jugador más importante de Argentina en el Mundial de Qatar o hay otro nombre que se merece ese lugar? La discusión está abierta. M.