LUCIO VÁZQUEZ / LOS PAVORREALES | La Historia Detrás Del Corrido

Cuentan los registros históricos recogidos por cronistas locales, que los pavos reales eran una banda de ladrones y asesinos a sueldo, procedentes de San Luis Potosí, contratados por Juan Sánchez para matar a Lucio Vázquez. sicarios con otro nombre en otra época, pero la misma función. Hay algo en el nombre que vale la pena notar.

Los pavos reales como ave vuelan en general, se mueven por tierra. Pero la gente de campo sabe que cuando tienen prisa, cuando algo los empuja, sí despegan. Vuelan bajo y pesado, pero vuelan. Volaron los pavos reales rumbo a la sierra mojada. Mataron a Lucio Vázquez por una joven que amaba. Y así fue.

Vinieron de lejos, hicieron el trabajo y se armó el tumulto. Los pavos reales huyeron del poblado esa misma noche. Según todas las fuentes consultadas, nunca se logró su captura. Nunca. Y Juan Sánchez, el hijo del dueño de la mina, el que pagó, no aparece en ningún registro judicial de la época. Nadie pagó por la muerte de Lucio Vázquez. Nadie.

Cosas de nuestro México de ayer. Hay que entender lo que era un fandango en un pueblo minero del norte de México. A finales del siglo XIX. El fandango no era solo un baile, era el único respiro de la semana. Los mineros bajaban al fondo de la tierra de lunes a sábado. Cargaban mineral en costales, respiraban polvo y humedad.

Volvían a casa cuando ya no había luz. El fandango era la noche donde eso se olvidaba. Música en vivo, coplas, zapateado, todo el pueblo junto en la misma plaza o en el mismo salón. Los hijos del patrón de un lado, los trabajadores del otro, pero todos en el mismo espacio. Y en ese espacio pasaban cosas, miradas que cruzaban la distancia entre los dos mundos, bailes que acercaban a personas que de otra manera nunca se habrían rozado.

Así conoció Lucio a la mujer que amaba. Así la vio Juan Sánchez elegir a otro. Y así empezó todo. El corrido cuenta la noche con un detalle que los historiadores confirman. Lucio estaba en su casa cenando. Cuando llegaron a buscarlo, llegaron unos amigos. Lo invitaron a un fandango, a un baile que se celebraba en dirección a la Sierra Moj.

Y aquí viene lo que todos recuerdan del corrido, la advertencia de la madre. Eran las 10 de la noche, estaba Lucio cenando. Llegaron unos amigos para invitarlo a un fandango. Su madre se lo decía. Su padre con más razón. Hijo, no vayas al baile, me lo avisa el corazón. Ese verso no es una invención poética.

Fíjense, los cronistas de la zona lo recogen como parte del relato oral que sobrevivió en el pueblo. La familia de Lucio tuvo un mal presentimiento esa noche. Así lo conserva la tradición de Sierra Mojada. Y hay algo en ese detalle que va más allá de la historia de Lucio. En el norte de México de esa época, la madre era el centro de la familia.

El padre salía a trabajar. La madre sostenía la casa, criaba a los hijos, los conocía mejor que nadie. Cuando una madre del norte decía, “No vayas, me lo avisa el corazón, no era superstición.” Era una mujer que conocía a su hijo, que conocía el pueblo, que entendía los peligros que el hijo no quería ver. Lucio no hizo caso, pues el corrido lo explica.

No llores, madre querida, me atormenta tu llanto. Voy a bailar con la joven que sabes que adoro tanto. La posibilidad de ver a la mujer que amaba pudo más que la duda. Montó su caballo y se fue. Los investigadores señalan que a Lucio le pareció rara la invitación. Juan Sánchez no era su amigo cercano.

Salir de noche con él no era habitual, pero al cabo aceptó. Quizás podría ver a su amada en el fandango. Aquí el corrido se divide en dos versiones y la diferencia entre ellas importa porque cambia quién sabía que esa noche en la primera versión la trampa empieza desde la invitación misma. Los propios amigos que fueron a buscarlo a su casa formaban parte del plan.

Uno le invita una copa, otro le clava un puñal. La traición estaba armada desde el principio. En la segunda versión, la que popularizó Antonio Aguilar y la que más se conoce. La trampa esperaba en el destino, no en el camino. Cuando llegaron al baile, ya su rival lo esperaba. Le ofrecieron una copa. Lucio no quiso aceptar. Se hicieron de palabras para salirse a pelear.

En esta versión, los amigos que lo invitaron tal vez no sabían lo que iba a pasar. Lo que sí estaba claro es que Juan Sánchez ya estaba ahí con los pavos reales apostados esperando el momento. Lucio rechazó la copa. Ese detalle se repite en todas las versiones. No quiso beber con ellos. Se hicieron de palabras. Salieron y afuera estaban los pavos reales.

Le dieron las puñaladas. De la espalda al corazón, como le dijo su madre, lo mataron a traición. Tres puñaladas de atrás, sin darle oportunidad de defenderse. 24 años tenía Lucio Vázquez. Hay un detalle en la versión más completa del corrido que la mayoría canta sin detenerse a pensarlo. Luego que ya lo mataron, le echaron tierra en la boca.

No es lo mismo ver morir como cuando a uno le toca. Cuentan los historiadores que ese gesto no era descuido. La tierra en la boca era una señal, una advertencia para el pueblo entero. Para quien lo vio, para quien quisiera hablar. Con la muerte de Lucio, todo se acabó y hay de aquel que abriera la boca.

Los pavos reales salieron librados esa noche y Juan Sánchez, el hijo del dueño de la mina, el que contrató, el que pagó, no aparece en ningún registro judicial de Sierra Mojada relacionado con este crimen. Salió bien librado y los afectados la llevaron sin piedad. Pues aquí viene la pregunta que me quedó rondando cuando revisé todas las fuentes.

¿Por qué Felipe Valdés Leal no puso el nombre de Juan Sánchez en el corrido? No es que no se supiera quién era. Los historiadores locales lo identifican. Era hijo del propietario de una mina, un hombre con apellido y posición en sierra mojada, pero en ninguna estrofa aparece su nombre. Resulta que Felipe Valdés Leal nació en Saltillo en 1899.

Fue alumno distinguido del Ateneo Fuente y en 1923 se mudó a Los Ángeles, California, a trabajar en una tienda de discos. Ahí, en el otro lado, compuso el corrido de Lucio Vázquez. Era la historia de un hombre de su tierra, del norte mexicano que él conocía bien. Y el corrido se popularizó rápido entre los mexicanos y migrantes que compraban discos en California.

Para 1925 ya era director artístico de la Brunwick Record Corp en Los Ángeles. También es el autor del corrido de Rosita Alví, entre muchos otros. murió el 17 de agosto de 1988 en Cuernavaca. ¿Por qué no incluyó el nombre de Juan Sánchez? No lo sabemos. Valdés Leal no lo explicó en ningún registro que haya sobrevivido.

Hay quienes piensan que nombrar al hijo de un dueño de minas podía tener consecuencias en esa época. Hay quienes creen que simplemente eligió que la historia fuera más grande que un hombre. Ninguna de las dos respuestas está documentada. Lo que sí está claro es el resultado. El corrido sobrevivió a todos y Juan Sánchez no aparece en ninguna parte.

Fíjense en algo que el cronista Antonio Guerrero Aguilar señala en su trabajo publicado en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Este es el tercer corrido famoso de Coahuila, donde una madre advierte a su hijo que no salga, que no vaya. que el corazón le avisa. En el corrido de Lucio Vázquez, en el de Rosita Alvírez y en el de Juan Charrasqueado, la madre advierte, los tres desobedecen, los tres encuentran su final esa misma noche.

El cronista lo apunta como una constante del corrido norteño. No es casualidad, es un reflejo de algo que la gente de esa época reconocía. Y hay otro detalle que no deja de llamar la atención. Lucio Vázquez es el personaje más famoso que ha dado Sierra Mojada. Su corrido lleva más de 100 años cantándose. Generaciones enteras crecieron con su nombre.

Y hoy en el panteón de Sierra Mojada nadie puede señalar exactamente dónde está su tumba. Muchos han tratado de localizarla. Los esfuerzos han sido en vano. El pueblo que lo recuerda en cada corrido no marcó bien la tierra donde descansa. Eso era nuestro México de ayer. El corrido termina con Lucio tirado con tres puñaladas llamando a la Virgen de Guadalupe.

Madre mía de Guadalupe, de la villa de Jerez, dame licencia, señora, de levantarme otra vez. La villa de Jerez es Jerez, Zacatecas. Ahí existe un templo y una ermita dedicada a la Guadalupana. Los investigadores señalan que el corrido hace referencia a esa imagen. Lucio pide licencia para levantarse, pero no se levantó.

Eso es lo que quedó de Lucio Vázquez, un corrido que lo recuerda con más claridad que la propia tierra donde está enterrado. Un corrido que nombra a los que volaron para matarlo, pero no al que pagó el vuelo. Y una madre, cuyo corazón supo antes que nadie lo que iba a pasar esa noche. Sierra Mojada llegó a tener 30,000 habitantes cuando la plata salía de la Tierra. Hoy tiene poco más de 6300.

El pueblo sobrevivió la revolución, la caída de los precios del mineral, el abandono de las grandes familias que se fueron a Monterrey. Sobrevivió todo eso y todavía cuando alguien canta el corrido de Lucio Vázquez, el pueblo lo reconoce como suyo. Eso es lo que hacen los corridos cuando están bien hechos. Preservan lo que los archivos pierden, lo que las lápidas no marcan, lo que la justicia oficial no alcanzó.

Pero hay una pregunta que estas fuentes no pueden responder. ¿Por qué en más de 100 años ninguna versión de este corrido pronunció el nombre del hombre que ordenó matarlo? ¿Fue prudencia? ¿Fue miedo? ¿O hay algo en la manera en que recordamos a nuestros muertos que prefiere romantizar la traición antes que nombrar al que la pagó? Cuéntenme en los comentarios qué piensan y si quieren escuchar las dos versiones del corrido comparadas, las dejo en la descripción.

Así era nuestro México de ayer.

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