Salvador Cabañas el disparo del NARCO y la brutal traición que lo ARRUINÓ

En 1998, con apenas 17 años, Salvador Cabañas firmó su primer contrato profesional con el 12 de octubre, un equipo de su propia ciudad que competía en la primera división del fútbol paraguayo. No era el Olimpia ni el Cerro Porteño. Los gigantes históricos del fútbol paraguayo. Era el club local, el primero que lo llamó, pero era fútbol profesional, era dinero real por primera vez en su vida y en la de su familia.

a cambio de hacer lo único que el Chava siempre había sabido hacer mejor que nadie. En esa primera temporada, con 17 años marcó 17 goles. 17 goles en la primera temporada como profesional, siendo todavía un adolescente que había salido de una panadería de barrio. Grábate ese detalle, 17 goles en la primera temporada con 17 años.

Los delanteros jóvenes tardan normalmente varios años en adaptarse al ritmo profesional, en encontrar su espacio contra defensores adultos y experimentados. El chava lo hizo inmediatamente desde el primer año. Eso es lo que los casatalentos esperan encontrar durante años y casi nunca encuentran en esa forma tan pura y tan temprana.

El guaraní, uno de los clubes más importantes e históricos del Paraguay, se lo llevó brevemente y entonces llegó el llamado que lo llevaría fuera del país por primera vez en su vida. En 2002, con 21 años, Salvador Cabañas llegó a Chile, al Audax italiano, un club de larga tradición en Santiago que competía de manera regular en la primera división chilena.

Y ahí fue donde el mundo comenzó a tamb entender de verdad de qué estaba hecho este chico de Itahá. En el torneo Apertura 2003 del fútbol chileno, Salvador Cabañas fue el máximo goleador de toda la competición con 18 goles. No el máximo goleador de su equipo, no el máximo goleador entre los extranjeros, el máximo goleador del campeonato entero por encima de todos los delanteros chilenos, argentinos, brasileños y de cualquier otra nacionalidad.

A los 22 años recién llegado compitiendo contra defensas mucho más experimentados, marcó 18 goles en un torneo y se convirtió en el nombre más buscado del mercado sudamericano. México lo llamó Los Jaguares de Chiapas, un club que competía en la Liga MX, pagó lo que había que pagar y se llevó a Salvador Cabañas al otro lado del continente.

La Liga MX era y sigue siendo uno de los campeonatos más importantes y exigentes del continente americano. No era Chile, era otro nivel completamente. Y Chiapas descubrió algo que el mundo entero confirmaría después, que este hombre era un goleador nato en el sentido más puro, más instintivo del término.

un delantero de área que se movía como si el espacio dentro de los 16 m fuera de su propiedad personal, que remataba con ambas piernas, con potencia igual y dirección precisa, que tenía ese instinto que no se puede enseñar en ninguna academia del mundo para estar siempre en el lugar correcto en el momento exacto.

En tres temporadas con los Jaguares de Chiapas se convirtió en el máximo goleador histórico del club. más de 50 goles, un promedio de 0,58 goles por partido en la Liga MX, donde los defensas son físicamente duros, donde el ritmo es alto desde el primer minuto, donde la presión del campeonato es constante semana a semana, tres temporadas, más de 50 goles.

Máximo goleador histórico del club, piensa en eso un momento. Un chico de Itahuá, hijo de un panadero, sin academia de alto rendimiento desde la infancia, sin los recursos que tienen los grandes talentos desde pequeños en los países más ricos del fútbol mundial, llegó a la Liga MX y se convirtió en el goleador histórico de un club en tres temporadas.

No tardó 5co, 6, 7 años en imponerse como hacen muchos jugadores al llegar a un campeonato nuevo y más exigente. Lo hizo en tres temporadas con una consistencia que hizo inevitable lo que vino después. Lo que más llamaba la atención de los observadores del fútbol mexicano que lo seguían en esa época en Chiapas no era solo el número de goles, era la variedad.

Goles de cabeza, goles con el pie derecho, goles con el pie izquierdo, goles desde dentro del área chica, goles desde fuera del área en disparos que el portero nunca esperaba. Un delantero que solo marca de una manera es predecible para las defensas. Un delantero que marca de todas las maneras posibles es un problema que no tiene solución táctica simple.

Salvador Cabañas era ese segundo tipo de delantero y en Chiapas lo demostraron semana to a semana durante 3 años. Piensa en eso un momento. Un chico de Itahá, hijo de un panadero, sin academia de alto rendimiento, llegó a la Liga MX y se convirtió en el goleador histórico de un club en tres temporadas, con una consistencia que hizo inevitable lo que vino después.

Y entonces llegó el Club América. El Club América no es simplemente un equipo de fútbol en México. Es el club más popular del país, el que más títulos tiene en la historia de la Liga MX, el que tiene como casa el Estadio Azteca en la Ciudad de México, con capacidad para más de 87,000 personas. Cuando el América decide que te quiere, es porque has demostrado algo completamente extraordinario.

Y en el verano de 2006, el América quería Salvador Cabañas Ortega. El chico de la panadería de Itahá no llegó al América con la actitud de alguien que viene a demostrar que es mejor que todos. Llegó con la actitud de alguien que trabaja más que todos, que llega primero a los entrenamientos y se va último. Que en los clásicos más importantes, cuando la presión es mayor, cuando el nerviosismo puede bloquear a los jugadores más talentosos, él aparecía con su mejor versión.

Esa combinación de talento natural y disposición de trabajo es lo que separa a los grandes ídolos de los jugadores simplemente buenos. En el torneo Apertura 2006 compartía delantera con figuras como Cuautemoc Blanco, ídolo histórico del fútbol mexicano, y Claudio López, delantero argentino con experiencia en el fútbol europeo.

No era fácil marcar la diferencia desde el inicio en esa compañía, pero con el tiempo, con partidos disputados, con goles que llegaron de la manera más natural del mundo, Salvador Cabañas fue tomando el protagonismo poco a poco. Primero fue el goleador del equipo, luego fue el jugador más importante del equipo y finalmente con toda justicia fue el ídolo del equipo, el hombre que el Azteca esperaba ver cada semana.

La afición del América lo adoptó de una manera que es difícil de explicar para quien no la vivió. Cuando el Chava tenía la pelota cerca del área, cuando se posicionaba para rematar, el estadio entero contenía la respiración y esperaba el gol. Casi siempre llegaba. Casi siempre el Azteca explotaba y Salvador Cabañas corría hacia la esquina del estadio, besaba el tatuaje de Jesucristo que tenía en el brazo derecho y le devolvía al estadio toda la energía que le había dado, ese ritual, esa conexión entre el jugador y 87,000

personas. Eso es lo que se perdió el 25 de enero de 2010. En 2007, el Chava tuvo una de las temporadas más extraordinarias que cualquier delantero ha tenido en la historia reciente del fútbol sudamericano y mexicano combinados. Escucha estos números porque son completamente reales y verificables. 10 goles en la Copa Libertadores 2007, siendo el máximo goleador de todo el torneo continental.

nueve goles más en la Liga MX en la segunda mitad del año. Un total de 33 goles con el Club América en ese año calendario, 33 goles en un año con un solo club y además de eso los goles que marcó con la selección paraguaya en las eliminatorias hacia el Mundial de Sudáfrica 2010, donde fue el máximo anotador paraguayo con seis goles en la ronda de clasificación.

Ese mismo año la Copa América se jugó en Venezuela. Salvador Cabañas marcó tres goles en el torneo con Paraguay, dos de ellos en la goleada 5 a0 sobre Colombia y el otro en la victoria 3 a 1 sobre Estados Unidos, donde convirtió desde el punto de penalti para asegurar la clasificación a cuartos de final, la Copa Libertadores de 2007.

Necesito que te detengas aquí un momento porque hay un episodio concreto que dice todo lo que necesitas saber sobre el tipo de jugador que era Salvador Cabañas cuando estaba en la cima. En uno de los partidos del torneo, el Club América viajó a Río de Janeiro para enfrentarse al Flamengo en el Maracaná, el estadio más mítico del fútbol mundial.

Un escenario que intimida cualquier visitante desde el primer momento. El América llegaba con necesidad de remontada para avanzar en la eliminatoria. Y Salvador Cabañas en ese escenario imposible, en ese estadio lleno de aficionados brasileños que esperaban ver a los mexicanos eliminados, marcó tres goles.

Un hat trick completo en el Maracaná que le dio al América la remontada. El Chava no era un goleador que marcaba en los partidos fáciles. Marcaba cuando el partido era imposible y el escenario era el más grande del mundo. Al final de 2007, los premios no podían haber ido a ningún otro lugar. Salvador Cabañas fue elegido futbolista sudamericano del año 2007 y futbolista paraguayo del año 2007.

No porque un comité decidió que era el favorito, porque los números eran aplastantes. 33 goles. Hattrick en el Maracaná, goleador de la Copa Libertadores. No había debate posible. Grábate esto. 61 goles en 103 partidos de liga con el club América, un promedio de 0,61 goles por partido. En el clásico joven, el derbi más importante de la Liga MX entre América y Cruz Azul.

Salvador Cabañas marcó 11 goles en solo ocho encuentros. es el máximo goleador histórico de ese clásico. 11 goles en ocho partidos en el duelo más caliente del fútbol mexicano. Eso es lo que era el chava cuando estaba bien. Intion Disney. En el clásico joven, para los que no son del fútbol mexicano y no conocen el peso de ese partido, es importante entender el contexto.

El clásico joven es el enfrentamiento entre el club América y el Cruz Azul, dos de los clubes más grandes e históricos del fútbol de México, con décadas de historia compartida y millones de aficionados que siguen el resultado con la misma intensidad con que otros países siguen sus derbis nacionales. Marcar en ese partido no es como marcar en un partido cualquiera.

La presión es diferente, el escrutinio es diferente, el nivel de tensión sobre los jugadores es diferente y Salvador Cabañas marcó 11 goles en ocho ediciones de ese clásico, 11 en ocho partidos. es el máximo goleador histórico de ese enfrentamiento. Eso no se explica solo con el talento, se explica también con la capacidad de rendir precisamente cuando la presión es mayor.

Y en 2008 fue nuevamente el máximo goleador de la Copa Libertadores, esta vez con ocho goles, dos años seguidos como el mejor anotador del torneo continental más importante del fútbol de clubes en América. Una marca que muy pocos jugadores en la historia reciente del fútbol latinoamericano han conseguido repetir en años consecutivos. La selección paraguaya clasificó al Mundial de Sudáfrica 2010.

Salvador Cabañas fue el máximo anotador paraguayo de las eliminatorias con seis goles. En total, con la camiseta Albirroja entre 2004 y 2010 marcó 10 goles en 44 partidos. era el ídolo nacional, el hombre que hacía soñar a un país entero. La carrera total de Salvador Cabañas suma 155 goles en 259 partidos, un promedio de 0,59 goles por partido a lo largo de toda su vida profesional.

El estándar de élite mundial para un delantero es 0,5. El Chava estuvo por encima de ese estándar durante toda su carrera, sin fisuras, sin años malos. Y hay algo más sobre la carrera de Salvador Cabañas que merece mencionarse aquí, porque define el tipo de legado que dejó en la Liga MX más allá de los números individuales.

En los 4 años que compartió vestuario con el Club América, el equipo fue contendiente permanente en todos los torneos que disputó. La presencia de un delantero que garantiza goles semana a semana transforma la confianza de todo un equipo. Los defensas pueden jugar más liberados sabiendo que hay un delantero que va a convertir las oportunidades.

Los mediocampistas pueden arriesgar pases más atrevidos, sabiendo que hay un nueve que vas a encontrar el espacio. Eso es lo que le dio Salvador Cabañas al América en sus 4 años ahí. No solo goles, sino la certeza de que los goles iban a llegar. Y eso solo era el principio, porque lo que vino en 2009 y principios de 2010 pintaba para ser el capítulo más grande de todos.

Aquí viene lo primero que te prometí y es el dato que resume la cima más alta, el punto exacto donde estaba Salvador Cabañas cuando todo se detuvo con 29 años en el mejor momento de su carrera. Con el Mundial de Sudáfrica a semanas de distancia, Salvador Cabañas había comunicado a personas de su entorno que existía un precontrato o acuerdo preliminar con el Manchester United para su llegada al equipo inglés.

Así lo declaró él mismo en entrevistas posteriores al atentado y así fue recogido por varios medios deportivos de México y Paraguay. No existe documento público oficial de ese acuerdo, pero el propio Cabañas lo confirmó en sus palabras. iba a ir al Manchester United. El paso a Europa, el que todos los grandes jugadores latinoamericanos sueñan con dar, estaba, según él, a punto de concretarse.

Piensa en lo que eso significaba para un chico de Itahá. El Manchester United, Sir Alex Ferguson, la Premier League, la liga más vista del mundo. El siguiente capítulo de una historia ya extraordinaria prometía ser el más grande de todos, pero nadie imaginaba lo que estaba por pasar. Escucha esto, porque antes de hablar del disparo, necesitas saber una cosa que el guion oficial de esta historia deja siempre fuera y es lo que pasaba dentro de la vida de Salvador Cabañas antes de esa madrugada en el bar.

Su propia exesposa, María Lorgia lo declaró públicamente medios de espectáculos mexicanos. Antes del atentado, la relación estaba rota. Según ella, Salvador bebía demasiado alcohol. Le era infiel. El entorno del éxito, la fama, el dinero que llegaba a raudales, las noches del ambiente mexicano que mezclaba futbolistas con personajes de todo tipo.

Todo eso había creado hábitos que María Lorgia no toleraba. Eso dijo ella. Salvador no lo desmintió completamente en público. No lo convirtió en adicción declarada que le costara rendimiento deportivo, porque los números hablan 33 goles en 2007. Goleador de la Copa Libertadores en 2007 y en 2008, futbolista sudamericano del año.

El alcohol no le quitó el gol dentro del campo, pero sí le estaba acostando en otros frentes, en el matrimonio, en el entorno, en los ambientes que frecuentaba. Y la noche del 24 de enero de 2010 lo llevaría exactamente al lugar equivocado. Grábate ese detalle. El éxito sin límites crea a veces una vida sin límites fuera del campo.

Salvador Cabañas no era el primero en ese camino y tampoco sería el último, pero en su caso, ese camino terminó en el baño de un bar de madrugada con un narco apuntándole. Esto que te voy a contar ahora nadie lo menciona con suficiente detalle cuando habla de Salvador Cabañas y es lo que pasó en los años entre el pico de su carrera y la noche del bar.

Su estilo de vida en los años pico, 2007, 2008, 2009, era el de un ídolo absoluto en la capital de México. Los sueldos en el Club América para un jugador de su nivel en esa época se estimaban en contratos de varios cientos de miles de dólares anuales. Sumado a los ingresos de la selección paraguaya, endorsements y otros contratos comerciales, Cabañas tenía acceso a un nivel de dinero que nadie en su familia de Itahá había visto nunca en su vida. Propiedades en México.

Un estilo de vida de primera clase. Noches en los locales más exclusivos de la Ciudad de México. El paso de Itahá, Paraguay, donde su padre hacía pan a las 4 de la madrugada a ser el ídolo del club más grande de México con acceso a todo lo que ese estatus implica. Es un salto tan brutal que muy pocas personas en el mundo pueden gestionarlo sin que algo se desajuste.

El dinero llegaba en cantidades que antes eran imposibles de imaginar. La fama abría puertas en todos los ambientes. Los restaurantes, los hoteles, los bares, los eventos de primera clase estaban disponibles permanentemente y alrededor de esa fama y ese dinero aparecía siempre gente, mucha gente. Gente que se presentaba como amiga, como socia, como admiradora, como parte del entorno del ídolo.

Gente que estaba ahí por lo que Salvador Cabañas tenía, no por lo que Salvador Cabañas era. Grábate esto. La fama del fútbol en México y en particular en la Ciudad de México tiene una dinámica muy específica. Los futbolistas del club América son una categoría aparte de la celebridad. Son reconocidos en cada restaurante, en cada bar, en cada evento.

La gente los busca, los rodea, quiere estar cerca de ellos. Y en ese entorno donde todo el mundo quiere estar cerca es difícil distinguir quién está ahí por afecto genuino y quién está ahí por interés. Para un chico de un barrio humilde de Paraguay que nunca había tenido nada, esa distinción es especialmente difícil de hacer. Pasó de vivir de la panadería familiar a ganar una cifra anual que su padre nunca vería junta en toda su vida de trabajo en el plazo de unos pocos años.

Ese tipo de transición financiera radical, sin educación económica previa, sin estructura de gestión del patrimonio independiente, crea vulnerabilidades enormes. La persona de confianza que gestiona el dinero. En el caso de Salvador Cabañas, su representante y compadre, José María González, acumula un poder enorme sobre los bienes del futbolista.

Mientras todo va bien, ese sistema funciona. El problema llega cuando el jugador no puede supervisar lo que esa persona hace. Esto que te voy a contar ahora es importante. El problema de los futbolistas que vienen de contextos de pobreza y llegan a ganar esas cifras en muy poco tiempo es que raramente tienen la estructura financiera y personal para manejarlo de manera independiente.

El dinero llega rápido. Las personas de confianza que lo gestionan son las más cercanas, el representante, la pareja, la familia. Mientras todo va bien, ese sistema funciona. El problema es la vulnerabilidad enorme que crea en el momento en que el jugador no puede supervisar lo que esas personas hacen. Salvador Cabañas nunca imaginó que esa vulnerabilidad iba a activarse de la manera que se activó y en enero de 2010 se activó.

En 2009, la última temporada completa de Salvador Cabañas antes del atentado siguió siendo uno de los delanteros más peligrosos de la Liga MX. marcó 13 goles en liga con el América en esa temporada. Los números eran menores que en el año extraordinario de 2007, pero seguían siendo los de un jugador de primer nivel que rendía semana a semana en el torneo más exigente del continente americano.

La selección paraguaya lo convocó regularmente, los scouts europeos lo seguían. El ambiente dentro del América era el de un jugador que todavía tenía muchos capítulos por delante. El 12 de octubre de 2009, Salvador Cabañas marcó un gol en la victoria de Paraguay 1 a0 sobre Argentina en las eliminatorias mundialistas.

Ese gol en Buenos Aires contra la Argentina de Messi de los mejores jugadores del mundo en ese momento, es uno de los goles más importantes que marcó con la camiseta alirroja. le costó mucho esfuerzo y le dio mucha alegría a un país entero. 3 meses y 13 días después de ese gol, el JJ apretó el gatillo en el baño del barbar. Era el 23 de enero de 2010.

Salvador Cabañas jugó su último partido como profesional de alto nivel en la cancha del estadio Morelos de Morelia. El América cayó 0 a2 contra Monarcas Morelia. No fue su mejor noche. Dos días después de ese partido, en la madrugada del 25 de enero de 2010, todo se acabó. Pero lo peor aún no había llegado.

Necesito que prestes mucha atención a lo que viene, porque aquí comienza la parte más oscura de esta historia. La noche del 24 de enero, Salvador Cabañas decidió salir con su esposa. Quería que María Lorgia saliera de casa y se divirtiera. Así lo explicó él mismo en una entrevista posterior. No me arrepiento de haber ido al bar porque quería que mi esposa saliera de casa y se divirtiera.

Fueron al bar, uno de los locales nocturnos más conocidos de la Ciudad de México en esa época. Un lugar frecuentado por personas del espectáculo, futbolistas profesionales y como quedó documentado después también por personas con vínculos directos al crimen organizado. Era uno de esos lugares donde la Ciudad de México nocturna mezclaba mundos que en la luz del día parecen separados.

La Ciudad de México, en esa época, 2009 y 2010 vivía en una tensión permanente entre la vida nocturna de primer nivel y la presencia del crimen organizado en algunos de sus espacios. El barbar no era el único lugar donde esos dos mundos se cruzaban, era simplemente uno de los más conocidos. Los futbolistas del América lo frecuentaban porque era el tipo de local que estaba a la altura del estilo de vida que se esperaba de una estrella del Azteca.

Los operadores del crimen organizado lo frecuentaban porque el dinero y el poder buscaban siempre los mismos espacios. Ese cruce no era un secreto para nadie que se moviera en esos círculos. Era la dinámica de la vida nocturna capitalina de esa época. Lo que nadie puede saber con certeza es si Salvador Cabañas conocía específicamente al JJ antes de esa noche.

Lo que sí está documentado es que el JJ era una figura reconocida en esos ambientes, alguien a quien la gente del entorno sabía quién era, alguien con quien la lógica básica de supervivencia indicaba que lo más inteligente era no discutir. Y Salvador Cabañas esa madrugada hizo exactamente lo contrario. Otra madrugada en el bar estaba José Jorge Valderas Garza.

Grábate ese nombre. José Jorge Valderas Garza, alias el JJ, alias el Batman. En 2010, este hombre era un operador activo del cártel de los Beltrán Leiva, específicamente del grupo liderado por Edgar Valdés Villarreal, conocido en los registros del crimen organizado mexicano como la Barbie. El JJ no era un delincuente menor, era un hombre con estructura, con red, con recursos y con la impunidad que dan años de operar dentro de una organización criminal poderosa.

Era alguien que se movía en los espacios nocturnos de la Ciudad de México con la conciencia de que nadie, absolutamente nadie, podía cuestionarle nada. Esa noche, en algún momento de la madrugada, el JJ fue al baño del barbar. Según las investigaciones posteriores y los testimonios de su acompañante Francisco José Barreto García, alias el contador, los videos de seguridad del establecimiento mostraron la secuencia.

Primero entró Salvador Cabañas al baño, después entró el JJ. El contador se quedó afuera con una acompañante colombiana esperando. Lo que pasó dentro de ese baño está documentado en declaraciones judiciales, en los testimonios del contador ante las autoridades mexicanas y en los reportes del periodista Carlos Jiménez, conocido como C4, quien cubrió el caso en profundidad después.

El JJ inició la conversación, le preguntó a Salvador Cabañas por los goles, por qué no había anotado en el partido reciente la derrota del América 0 a2 contra Monarcas Morelia dos días antes. El tono no era el de una conversación entre personas que se conocen, era el tono de alguien que siente que tiene derecho de pedirle cuentas a otro.

¿Cuáles goles? Eso respondió Cabañas y desde ahí la conversación escaló. El JJ sacó su arma y se la puso en la cabeza al delantero paraguayo en el baño de un bar de madrugada. Y aquí viene el momento que nadie puede explicar del todo. Salvador Cabañas con un arma apuntándole directamente en la 100 con un narcotraficante del cártel de los Beltrán Leiva al otro lado, dijo, “Jálale, güey, jáale a ver si es cierto.

Dispara, inténtalo, hazlo.” Eso dijo. Escucha esto. ¿Qué lleva a un hombre a decir eso? El alcohol de la noche, el orgullo de alguien que no soporta que le hablen con ese tono, la certeza equivocada de que el JJ estaba haciendo un teatro de intimidación y no dispararía en un lugar tan concurrido. La burbuja del éxito, esa percepción de invulnerabilidad que generan los años de gloria y las ovaciones de 80,000 personas.

No hay respuesta que lo explique completamente. Lo que sí se puede responder con certeza absoluta es lo que el JJ hizo a continuación. disparó. La bala entró por la zona temporal de la cabeza de Salvador Cabañas y se alojó en la parte posterior del lóbulo izquierdo de su cerebro. El JJ y el contador salieron corriendo del bar con tanta prisa que el JJ dejó su chamarra colgada en una de las sillas del establecimiento.

El personal de seguridad del bar escuchó el disparo, entró al baño y encontró al mejor delantero de México tirado en el suelo en un charco de sangre sin conocimiento con una bala en el cerebro. A las 5:45 horas del 25 de enero de 2010, Salvador Cabañas fue ingresado al Hospital Ángeles de la Ciudad de México.

Las primeras horas fueron críticas. Se realizó una craniotomía de emergencia de alto riesgo. Los neurocirujanos evaluaron la posición exacta del proyectil y tomaron una decisión que hoy, 15 años después, sigue siendo parte de la historia médica de Salvador Cabañas. La bala se había alojado en una zona tan delicada del lóbulo izquierdo del cerebro que intentar extraerla quirúrgicamente representaba un riesgo mayor de daño neurológico permanente o de muerte que dejarla donde estaba.

La bala se quedó. La bala sigue ahí hoy en la cabeza de Salvador Cabañas. En la parte posterior del lóbulo izquierdo de su cerebro hay un proyectil de arma de fuego que lleva 15 años alojado y que probablemente estará ahí el resto de su vida. En Paraguay, en México, en toda América Latina, la noticia paralizó a millones de personas en cuestión de horas.

Uno de los futbolistas más queridos del continente estaba en coma inducido, luchando por su vida con una bala en el cerebro que los médicos habían decidido no tocar. El Club América emitió comunicados oficiales. La selección paraguaya organizó oraciones colectivas. Los aficionados del Azteca dejaron flores y camisetas afuera del estadio.

La pregunta que todos se hacían era la misma, ¿va a sobrevivir el Chava? Y mientras todo eso pasaba, mientras el fútbol de todo el continente lloraba, al chava en voz alta, mientras los médicos batallaban hora tras hora con una bala que no podían sacar, mientras los aficionados esperaban noticias afuera del hospital, dos personas muy cercanas a Salvador Cabañas estaban tomando decisiones en silencio que él no sabría hasta que fuera demasiado tarde para revertir lo más importante.

Esta es la segunda revelación que te prometí y es la que más duele de toda esta historia. Su esposa María Lorgia, la mujer con quien había construido una familia con quien había tenido hijos. La mujer por quien había salido esa noche al bar bar bar porque quería que se divirtiera. Esa misma mujer junto al representante de Salvador, un hombre llamado José María González, que además era su compadre, es decir, la persona que Salvador mismo había elegido para ser el padrino de su hijo, el vínculo de confianza más profundo que existe en la cultura

latinoamericana entre dos personas que no son de sangre. Esas dos personas, mientras él estaba en coma con una bala en el cerebro y los médicos preparaban a la familia para lo peor, comenzaron a mover dinero y propiedades. El propio Salvador Cabañas lo contó. No en el calor del momento, lo contó varias veces en distintas entrevistas a lo largo de los años con la misma consistencia.

Sus palabras exactas registradas en medios verificables de México, Colombia y Paraguay fueron estas. Lo que más me dolió fue la traición de mi propia esposa y de mi representante. Aparte era mi compadre. Yo no sabía nada. Y añadió, “Los amigos verdaderos siempre van a estar contigo. Los amigos por el dinero ya se fueron. Se aprovecharon mucho.

Grábate esas palabras. Se aprovecharon mucho. No un error administrativo en la gestión de bienes durante una crisis médica. No un malentendido legal entre personas que actuaron de buena fe. Se aprovecharon mucho de un hombre que estaba en coma, de un hombre que tenía una bala en el cerebro, de un hombre que no podía hablar, no podía moverse, no podía defender lo que era suyo, de un hombre que mientras ellos actuaban no sabía si iba a vivir para ver el día siguiente.

Esto que te voy a contar ahora es el detalle que más indigna cuando lo entiendes completamente. Los bienes de Salvador Cabañas, el dinero acumulado a lo largo de años de carrera en la Liga MX, las propiedades inmobiliarias, las cuentas bancarias, todo lo que un hombre construye durante casi una década de trabajo consistente, de goles, de esfuerzo, de vivir lejos de su familia en Paraguay para construir algo grande en México.

Todo eso fue siendo puesto a nombre de otras personas mientras él no podía defenderse. Según las propias declaraciones de Cabañas en múltiples entrevistas, fue una pérdida significativa de dinero y bienes que afectó gravemente su situación económica posterior. Un cifra exacta y documentada no existe públicamente, pero la consistencia de sus declaraciones durante años deja claro que el daño fue real y grave.

Y la esposa tiene su versión. Sí. María Lorgia en declaraciones a medios de espectáculos mexicanos explicó que se divorció de Salvador porque antes del atentado él bebía en exceso y le era infiel que la relación ya estaba destruida mucho antes de esa noche en el bar. Esa es su versión. Salvador nunca la desmintió completamente en cuanto a los problemas de la relación.

Lo que se afirmó repetidamente, sin ambigüedad, es que lo que hicieron mientras él estaba en coma fue una traición y que esa traición lo dejó sin gran parte de lo que había construido. Dos frentes de destrucción simultáneos el JJ le disparó en la cabeza y mientras él luchaba por sobrevivir, los que debían protegerlo estaban vaciando lo que había construido.

Ese es el doble golpe que define la historia de Salvador Cabañas y que la hace diferente a cualquier otra historia de deportista en caída. No es solo la lesión, es que mientras caía, los que debían sostenerlo lo empujaron más abajo y lo peor aún no había llegado porque la batalla del Chava recién empezaba.

El 30 de enero de 2010, 5 días después del disparo que debería haberlo matado, Salvador Cabañas despertó del coma. Los médicos y enfermeras escucharon lo que pocos esperaban. Habló primero en español, luego en guaraní, la lengua natal de Paraguay que llevaba en la sangre desde Itahá. Los neurocirujanos describieron su recuperación como tremenda y dijeron que desde el punto de vista clínico era difícil de explicar completamente.

Había sobrevivido lo que estadísticamente la mayoría no sobrevive, pero el precio fue alto y permanente. Perdió la visión en el ojo izquierdo. La hemiplejía leve en el lado izquierdo del cuerpo significaba que la coordinación fina y la explosividad que un delantero profesional necesita quedaron comprometidas de manera permanente.

La memoria a corto plazo quedó afectada y la bala seguía ahí. Seguiría ahí siempre. El 2 de marzo de 2010, exactamente 36 días después del disparo, Salvador Cabañas recibió el alta del Hospital Ángeles. Salió caminando con secuelas físicas permanentes, con una bala en el cerebro, con la visión de un ojo comprometida para siempre.

Pero caminando, ese detalle de salir caminando del hospital con una bala en la cabeza, 36 días después de que los médicos preparaban a su familia para lo peor sigue siendo uno de los aspectos más extraordinarios de toda esta historia. El 22 de marzo de 2010 viajó a una clínica especializada en Buenos Aires para continuar la rehabilitación física y neurológica.

La respuesta de su cuerpo fue, según los médicos que lo atendieron, notablemente positiva para las circunstancias. Y entonces llegó junio de 2010, el mes que debía haber sido el clímax absoluto de su carrera deportiva. La selección paraguaya llegó al Mundial de Sudáfrica 2010 y avanzó hasta los cuartos de final, siendo eliminada por España, el equipo que esa temporada ganó el campeonato.

La actuación de Paraguay fue la mejor de la historia de ese país en un torneo mundial, pero Salvador Cabañas no fue. No estaba en condiciones físicas ni neurológicas de competir al nivel que un mundial exige. El hombre que más había contribuido a llevar a Paraguay a ese torneo. El máximo goleador de las eliminatorias vio el mundial desde su recuperación.

Piensa en ese contraste y guárdalo. Mientras Paraguay escribía la página más brillante de su historia futbolística en Sudáfrica, mientras millones de paraguayos lloraban de emoción en las calles de Asunción al ver a su selección llegar más lejos que nunca en un mundial, el hombre que más había hecho para que eso fuera posible estaba en rehabilitación con una bala en el cerebro, sin la visión de un ojo, sin sus bienes, solo.

Esta es la tercera revelación que te prometí sobre la justicia o más precisamente sobre lo que tardó en llegar y la forma en que llegó. Mientras Salvador Cabañas estaba en rehabilitación, el JJ seguía libre. Edgar Valdés Villarreal, la Barbie, lo escondió durante meses en una oficina del municipio de Atizapán de Zaragoza, en el estado de México.

La Barbie fue detenido en agosto de 2010 y en su interrogatorio admitió haberlo escondido. Sus palabras quedaron registradas en los documentos judiciales. Yo me enteré al otro día porque fue de madrugada y pues lo regañé, pero ya había hecho las cosas. Eran amigos ellos dos, pero ese día andaba de malas el cabañas y comenzaron a alegar. Eso está documentado.

El JJ siguió prófugo durante más de un año después del disparo. El 18 de julio de 2011, José Jorge Valderas Garza fue detenido por la Policía Federal Mexicana. Habían pasado 18 meses desde que le disparó en la cabeza al Chava. 18 meses libre. Las investigaciones posteriores a su detención revelaron la red completa, sus nexos con el cártel de los Beltrán Leiva, su trabajo como operador de la Barbie, sus múltiples actividades relacionadas con el tráfico de drogas, fue juzgado y condenado tres veces a lo largo de los años. Pero aquí

está la parte que más indigna. Ninguna de las tres condenas fue específicamente por el intento de homicidio contra Salvador Cabañas. Las tres fueron por delitos relacionados con el narcotráfico y el crimen organizado. La más importante fue dictada en noviembre de 2022 cuando un juez mexicano lo sentenció a 36 años de prisión.

Hoy el JJ cumple condena en el Centro Federal de Readaptación Social número 15 en Tapachula, Chiapas, condenado a 36 años. Pero no formalmente, al menos según los registros judiciales públicos disponibles por el disparo que cambió la vida del Chava. Y el contador, Francisco José Barreto García, tuvo una historia todavía más escandalosa con la justicia mexicana.

Fue detenido en junio de 2010 y fue liberado en 2018, 8 años de proceso libre. En abril de 2022, 12 años después del disparo, la Fiscalía General de la República lo capturó de nuevo. Más de una década después del atentado, las autoridades todavía estaban procesando a los involucrados, 12 años. El hombre que le disparó tardó 18 meses en ser detenido.

Su cómplice fue liberado después de 8 años y tardó dos en ser recapturado. Eso es lo que la justicia le dio al chava. Sobre el motivo real de lo que pasó esa noche en el baño del bárbar, existen versiones que circulan con consistencia suficiente para mencionarlas, aunque ninguna fue confirmada por resolución judicial definitiva.

La primera versión es la que el propio Cabañas mencionó públicamente en octubre de 2021. que el JJ había apostado dinero en contra del Club América en partidos donde Salvador había marcado goles y había perdido esas apuestas por culpa de los goles del Chava, acumulando rabia que buscó una salida esa noche. Salvador dijo que revelaría más detalles en una película sobre su vida.

Esa película nunca llegó a las pantallas públicamente. La segunda versión proviene de la periodista de investigación Anabel Hernández, quien publicó en su libro Emma y las señoras del narco, que según sus fuentes, el motivo del ataque habría sido que Salvador Cabañas había coqueteado con una actriz llamada Arlet Terran, quien habría sido la pareja sentimental del propio La Barbie y que el JJ actuó esa noche como represalia vinculada a ese coqueteo.

Esta versión tampoco fue confirmada oficialmente por ninguna autoridad judicial. Lo que sí es un hecho completamente verificable y no disputable es esto. Un narcotraficante vinculado al cártel de los Beltrán Leiva le disparó en la cabeza al mejor delantero del fútbol mexicano el 25 de enero de 2010. Y la justicia tardó años en procesar completamente a los responsables.

Ahora necesita saber lo que pasó con los intentos de Salvador de volver al fútbol. Porque el Chava no quería ceremonias de despedida. El chava quería volver a las canchas, lo que Salvador Cabañas vivió entre marzo de 2010 y enero de 2012. Los dos años que pasaron entre el alta del hospital y su primer partido en la tercera división paraguaya con el 12 de octubre fue un proceso de reconstrucción que la mayoría de las personas nunca podrán entender completamente. Piensa en esto.

Había sido el mejor delantero del continente. Había marcado hattricks en el estadio más mítico del fútbol mundial. había ganado el premio al futbolista sudamericano del año y entonces, de un día para el otro, el cuerpo que había ejecutado todo eso quedó con una bala en el cerebro. La visión de un ojo comprometida y el lado izquierdo con limitaciones físicas permanentes.

La rehabilitación no era solo física, era también neurológica. Los médicos que lo atendieron en Buenos Aires trabajaron durante semanas en la recuperación de funciones que el proyectil había afectado. La memoria a corto plazo, la coordinación fina, el equilibrio, procesos básicos del sistema nervioso que la mayoría de las personas da por descontados y que Salvador Cabañas tuvo que recuperar uno a uno con ejercicios específicos, con paciencia, con días buenos y días en que el progreso parecía invisible. Y mientras hacía todo eso,

también gestionaba lo que había pasado con sus bienes, las conversaciones con abogados, los procesos que implica intentar recuperar lo que te sacaron cuando no podías defenderte, la evidencia de que las personas en quienes más confiabas habían actuado de la manera en que actuaron. Todo eso al mismo tiempo que aprendes de nuevo a coordinarte con un cuerpo que ya no responde exactamente igual que antes.

Escucha esto. La decisión de Salvador Cabañas de volver a jugar al fútbol, aunque fuera en la tercera división de Paraguay, no fue una decisión de alguien que no entiende sus limitaciones. Fue una decisión consciente de un hombre que necesitaba volver a lo único que siempre había sido suyo completamente. Los goles, la pelota, la cancha.

El único lugar donde todo lo demás desaparecía y quedaba solo el juego. Escucha esto porque hay detalles del proceso judicial y de los meses que siguieron al disparo que el relato habitual sobre este caso nunca cuenta con suficiente profundidad. Después de recibir el alta del hospital en marzo de 2010 y de volver a Paraguay, Salvador Cabañas tuvo que enfrentar al mismo tiempo tres batallas completamente distintas.

La primera era física, la rehabilitación para recuperar en la medida de lo posible la movilidad del lado izquierdo, trabajar la visión del ojo afectado, recuperar la memoria a corto plazo. La segunda era legal, gestionar lo que había pasado con sus bienes y con las personas que los habían movido mientras él estaba en coma. La tercera era emocional, procesar el hecho de que el hombre al que le dispararon en la cabeza fue a un lugar que él mismo eligió ir.

en una noche que él mismo eligió salir y que el disparo no llegó de un desconocido, sino de alguien que frecuentaba el mismo ambiente que él frecuentaba. Esas tres batallas simultáneas con un proyectil alojado en el cerebro son lo que definen quién es Salvador Cabañas como persona. No la gloria de los goles, no las ovaciones del Azteca.

Eso lo que enfrentó cuando todo lo anterior desapareció en una noche. En mayo de 2011, un año y 4 meses después del atentado, el Club América organizó un partido de homenaje entre las Águilas y la selección de Paraguay en el estadio Azteca. Salvador Cabañas entró al campo no como jugador activo en su mejor forma, sino como el hombre a quien ese estadio quería despedir de la manera que merecía.

La ovación fue estruendosa, prolongada, completamente sincera. El Azteca en pie para el Chava. Pero el Chava no quería ovaciones de despedida, quería volver a jugar de verdad. En enero de 2012, exactamente 2 años después del disparo, Salvador Cabañas firmó un contrato con el 12 de octubre, el club donde había debutado como profesional en Itahá.

La tercera división del fútbol paraguayo, no la Liga MX, no la primera división paraguaya, la tercera. Ese era el nivel al que podía aspirar físicamente un hombre de 31 años con una bala en el cerebro, con la visión de un ojo comprometida, con el lado izquierdo del cuerpo con limitaciones. El mismo que había marcado hat tricks en el Maracaná volvía al club de su barrio en la tercera división a jugar 40 minutos por partido si el cuerpo aguantaba.

El 14 de abril de 2012, Salvador Cabañas jugó su primer partido competitivo en 2 años y 3 meses. Empezó de titular, jugó 40 minutos. El club ganó 2 a0. 40 minutos era el límite físico que su cuerpo podía tolerar con la bala dentro del cráneo. Pero los que estaban en las gradas de esa pequeña cancha de la tercera división paraguaya ese sábado de abril, los vecinos de Itahuaque lo habían visto crecer en las calles del barrio, dicen que fue uno de los momentos más emotivos que recuerdan.

Ver al Chava correr de nuevo, aunque fueran 40 minutos en la tercera división. En 2013 fichó por el general Caballero, equipo de segunda división en Paraguay. Los minutos jugados eran cada vez menos a medida que pasaban los meses. El cuerpo que una vez había marcado 33 goles en un año con el América, ya no podía sostener el ritmo ni siquiera en divisiones inferiores del fútbol sudamericano con una bala en el lóvulo izquierdo del cerebro.

En 2014, el Tanabia Sport Club de la cuarta categoría del estado de Sao Paulo en Brasil le ofreció un contrato. Salvador Cabañas lo aceptó. Cuarta división de Brasil. El hombre del Manchester United, el futbolista sudamericano del año, el goleador del Maracaná, cuarta división. lo aceptó porque quería seguir jugando mientras el cuerpo lo permitiera.

Y el 29 de mayo de 2014, con 33 años, anunció definitivamente su retiro del fútbol profesional. Esta es la cuarta revelación que te prometí y es sobre dónde terminó todo esto y cómo está hoy. Los medios durante años repitieron la imagen del mejor delantero del fútbol mexicano amasando pan en el negocio familiar en Itahá.

Era un símbolo devastador de caída del Azteca a la panadería. 87,000 personas aplaudiéndolo a la harina de los padres. Pero Cabañas lo aclaró directamente. Eso nunca pasó. Una vez fue la prensa a casa y me dijeron que querían una foto conmigo en la panadería de mis padres y yo accedí. Al otro día dijeron que yo estaba trabajando ahí.

La panadería existe. Sus padres la tienen desde siempre. Él la mejoró con dinero de su carrera y la montó para que su hermano tuviera trabajo estable, pero no era ni es su lugar de trabajo. Lo que sí tiene Salvador Cabañas hoy es un complejo deportivo llamado SC10 en Asunción, donde se forman jóvenes futbolistas paraguayos.

Y según sus propias declaraciones, yo tengo muchas cosas que me generan dinero en Paraguay mensualmente. Lo dijo él, lo aclaró él. Tengo pocos amigos, muy pocos. Antes, cuando jugaba, tenía muchos amigos. Después de lo que pasó, muchos se alejaron. Los vecinos me tratan muy bien. Solemos jugar vley enfrente de la casa y son felices cuando estoy con ellos.

Eso le dijo a la revista Vi cuando fue a visitarlo a Itauwab, un hombre que llenó el Azteca, que fue ovasionado por 80,000 personas, que fue elegido el mejor futbolista del continente, pasando tardes jugando vley en la calle porque el círculo de personas genuinas que quedó después de todo se redujo radicalmente y sus hijos, los que tuvo con María Lorgia, los ve en ocasiones limitadas.

Los veo en escasas ocasiones”, dijo. El divorcio, la traición, la distancia emocional de todo lo que pasó construyó una separación que los años no han cerrado del todo. Grábate esto. Lo que Salvador Cabañas dijo sobre todos los que lo traicionaron dice mucho sobre quién es como persona. Cuando alguien le pregunta si tienes rencor el JJ, hacia su exesposa, hacia su exresentante, la respuesta es siempre la misma.

No, ya perdoné a mi agresor a pesar de que me truncó la carrera y las secuelas físicas que tengo. A su esposa la perdono porque la tengo que ver por mis hijos. A su compadre, si tuviera la oportunidad, le diría que lo perdono, que no tengo ningún problema. Esas palabras no son las de un hombre que se rindió, son las de un hombre que procesó todo, que atravesó el dolor completo, que entendió que vivir con rencor hacia varias personas que lo traicionaron de maneras distintas es demasiado peso para cargar junto a una bala en el cerebro.

Hoy Salvador Cabañas tiene 44 años. La bala sigue en su cabeza desde que tenía 29. El ojo izquierdo sigue sin verla del todo. Las cicatrices a ambos lados de la cabeza son permanentes y visibles. Recordatorios constantes de la noche que lo cambió todo. El JJ cumple 36 años de condena en una cárcel federal del sur de México.

y Salvador vive en Itahá con su familia, con los vecinos del barrio, con el complejo deportivo SC10, con las fuentes de ingreso que construyó y con el trofeo de goleador de la Copa Libertadores 2007 en el estante del televisor de sus padres. En 2016, el Club América lo reconoció formalmente como uno de los mejores delanteros históricos de las Águilas.

En 2021 participó en partidos de leyendas del club América. volviendo al Estadio Azteca no como figura de homenaje, sino como participante activo. Los aficionados que estuvieron ahí dicen que cuando el Chava tocó la pelota por primera vez en ese estadio, el público reaccionó de una manera que fue imposible no sentir.

No con la ovación protocolaria de quien recuerda algo que pasó, con la ovación de quien reconoce a alguien que sigue siendo de los suyos. Y los que lo conocen dicen que cuando habla de esos años en el América, cuando recuerda el hattrick en el Maracaná, cuando alguien le pregunta por el gol en el clásico joven, los ojos le cambian.

No con melancolía, con orgullo real, con la certeza de un hombre que sabe que lo que hizo dentro de una cancha fue genuino, fue extraordinario, fue suyo y que eso no lo toca nadie, ni el JJ, ni María Lorgia, ni José María González, ni los jueces lentos, ni el tiempo que pasa sin esperar a nadie.

Esos 61 goles en el América son de él. Ese hat trick en el Maracaná es de él. El título de futbolista sudamericano del año 2007 es de él. Nadie puede borrar que existió. Del Olimpo al abismo. A veces el abismo tiene la forma exacta de un baño en un bar nocturno de la Ciudad de México en la madrugada del 25 de enero de 2010. A veces tiene la forma de una esposa y un compadre que firmaron documentos mientras el hombre al que le robaban estaba en coma.

A veces el abismo tiene las dos formas al mismo tiempo y ningún gol, por brillante y por memorable que haya sido, alcanza para defenderte de eso. Cuando el momento llega, el fútbol lo creó. El fútbol lo elevó hasta una altura que un niño de barrio pobre de Paraguay nunca debió haber alcanzado. Y sin embargo alcanzó porque el talento es a veces inexplicable y a veces justo.

155 goles en 259 partidos de carrera. coleador de la Copa Libertadores 2 años seguidos, futbolista sudamericano del año y luego en la combinación letal de una noche equivocada, un narco impulsivo con un arma y personas sin escrúpulos que vieron una oportunidad en su indefensión, el fútbol no lo protegió, nada lo protegió.

Eso es lo que nadie te contó con suficiente claridad sobre Salvador Cabañas, que el disparo fue el principio de la destrucción, no el final, que la segunda traición, la que vino de adentro de su propia vida, fue en algunos sentidos más cruel que la bala del JJ. Porque una bala no te conoce, no sabe quién eres, no tiene memoria de los años que pasaron juntos.

La traición sí te conoce, sabe exactamente qué tienes, dónde está, cómo tomarlo y cuándo hacerlo para que no puedas defenderte. La historia de Salvador Cabañas es también la historia de lo que el éxito deportivo extremo les hace a las personas que no tienen estructura para manejarlo. No es una crítica a él, es un reconocimiento de una realidad que el mundo del fútbol conoce perfectamente, pero sobre la que habla muy poco.

Los clubes invierten millones en desarrollar el talento físico y técnico de sus jugadores. no invierten casi nada en prepararlos para gestionar lo que viene con el éxito, el dinero, la fama, los ambientes, las personas que se acercan, las noches que empiezan de una manera y terminan de otra.

Ese vacío entre lo que el fútbol desarrolla en los jugadores y lo que los deja solos para manejar es donde se pierden demasiados. Salvador Cabañas no fue el primero que cayó en ese vacío y no fue el último, pero su caso tiene una dimensión particular porque sobrevivió físicamente a lo que debería haberlo matado, porque sobrevivió también al golpe de la traición de los suyos y porque a pesar de todo eso sigue en pie, no en el Azteca, no en la Premier League, en Itahá, con la bala, con el SC10, con los vecinos del barrio. El chava cayó de una

manera que ningún ser humano debería caer, pero no desapareció. Sigue ahí con la bala, con las cicatrices, con el ojo que ya no ve igual, con el SS10 donde se forman los próximos, con la misma gente del barrio que lo conoció antes de que el Azteca supiera su nombre y con el mismo fuego que lo llevó de Itahual, Maracaná.

Cuando alguien pregunta a Salvador Cabañas, ¿qué mensaje le daría a los futbolistas jóvenes que están viviendo el éxito ahora mismo? Su respuesta es siempre la misma y siempre concreta. Que se preocupen por su familia, que no se preocupen tanto por los amigos que aparecen cuando llega el dinero, porque esos amigos se van cuando el dinero se va o cuando el cuerpo no puede seguir rindiendo.

Que pongan el dinero donde lo puedan ver, que no deleguen completamente la gestión de su patrimonio en una sola persona. Por mucha confianza que esa persona les genere, que recuerden de dónde vienen, porque el lugar de donde vienen es el único que los va a recibir sin condiciones cuando todo lo demás falla. Ese mensaje tan específico y tan directo viene de alguien que aprendió todas esas lecciones de la peor manera posible.

No es teoría, es lo que le pasó y por eso lo dice con esa claridad, sin dramatismo que caracteriza cada cosa que dice Salvador Cabañas Ortega cuando habla de su vida. Grábate esas palabras. Cuando tengan dinero, que se preocupen por su familia, no un consejo genérico de motivación. La síntesis dolorosa y concreta de lo que le enseñaron una bala y una traición.

Si la historia del Chava te enseñó algo que no sabías, si ahora entiendes que el precio de la gloria deportiva no lo paga solo el cuerpo en las canchas, sino también el alma en los momentos más oscuros. Si ahora ves con claridad que en el fútbol profesional los peligros más brutales a veces no vienen del rival, sino de los propios, entonces haz algo por mí.

Dale like a este video, suscríbete al canal, no por mí, por Salvador Cabañas, para que su historia completa, no solo el disparo en el barbar, sino la traición que vino después, llegue a más personas que necesitan entender el precio real de la gloria deportiva. para que la próxima vez que alguien diga que al chava lo destruyó el narco, alguien más pueda decir, “No, lo destruyó el narco y la gente en quien más confiaba al mismo tiempo.

” Y eso es una historia completamente diferente.

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