¿Alguna vez te has preguntado si estás en el camino correcto hacia la salvación o si saberlo estás avanzando hacia la condenación eterna? Santa Faustina Kowalska recibió de Jesús una revelación aterradora sobre las seis señales específicas que indican que un alma está en peligro inminente de ir al infierno después de morir.
Estas no son señales vagas o generales, son advertencias concretas, verificables, que Dios envía misericordiosamente a las almas mientras todavía están con vida, dándoles la oportunidad de arrepentirse y cambiar de rumbo antes de que sea demasiado tarde. Y lo más alarmante es que, según Jesús le reveló a Santa Faustina, la mayoría de las personas que reciben estas señales las ignoran completamente, las consideran coincidencias.
malas rachas o simplemente las niegan y continúan su camino hacia la perdición eterna sin darse cuenta del peligro mortal en el que se encuentran. Pero tú, después de escuchar este mensaje, no podrás decir que no fuiste advertido. No podrás presentarte ante Dios diciendo que no sabías. Porque hoy conocerás las seis señales que Jesús mismo reveló a Santa Faustina, señales que ya podrías estar recibiendo en tu propia vida.
Santa Faustina Kowalska, como ya sabemos, no fue una mística ordinaria entre las miles que la historia de la Iglesia ha conocido a lo largo de los siglos. Fue la apóstol de la Divina Misericordia, la religiosa polaca humilde y sencilla que Jesús escogió personalmente para revelar al mundo tanto su misericordia infinita como su justicia perfecta.
Durante su corta vida terrenal, vivida en pobreza extrema y sufrimiento físico constante, tuvo conversaciones directas y cotidianas con Jesucristo que duraron años. Y en estas conversaciones, Jesús no solo le reveló su amor y misericordia, sino también verdades terribles sobre el infierno, el juicio y la condenación eterna.
Porque un Dios verdaderamente misericordioso, explicó Jesús a Santa Faustina, no esconde la verdad sobre el infierno, al contrario, advierte claramente para que las almas puedan salvarse. Sería crueldad, no misericordia, permitir que las almas caigan al infierno sin advertencias. en su diario, que hoy es considerado uno de los documentos espirituales más importantes y más serios de la Iglesia Católica, Santa Faustina registró no solo las consolaciones divinas, sino también las advertencias más severas que Jesús le dio para transmitir al mundo. Y
hay una revelación en particular que ella escribió con mano temblorosa, con lágrimas cayendo sobre el papel, porque la aterró profundamente. Es la revelación de las seis señales específicas que Dios envía a las almas que están en peligro de condenación eterna. La pregunta que llevó a esta revelación fue directa y urgente.
Santa Faustina, viendo tantas almas que vivían en pecado mortal, sin aparente preocupación por su salvación, le preguntó a Jesús, “Señor, ¿cómo es posible que tantas personas vivan tan despreocupadas cuando están en peligro de perderse eternamente? ¿No les envías advertencias? Y Jesús respondió con una voz que Santa Faustina describió como seria, casi triste.
Sí, mi hija. Yo les envío advertencias. Les envío señales claras de que están en peligro, pero la mayoría las ignora. La mayoría endurece su corazón. La mayoría prefiere creer mentiras consoladoras antes que enfrentar la verdad incómoda. Esta respuesta dejó a Santa Faustina profundamente perturbada. Preguntó con urgencia, “Señor, ¿cuáles son esas advertencias? ¿Cuáles son esas señales que envías? Dímelas para que pueda advertir a las almas antes de que sea demasiado tarde.
” Y Jesús, en su misericordia, pero también en su justicia, le reveló las seis señales específicas. Seis advertencias concretas que él envía a las almas que están en peligro mortal de condenación eterna. Señales que son llamados urgentes al arrepentimiento. Últimas oportunidades de misericordia antes del juicio final.
Pero antes de revelarte cuáles son exactamente estas seis señales, necesitas comprender el contexto profundo en que fueron reveladas. Necesitas entender que Santa Faustina no solo las escuchó, sino que también vio el infierno con sus propios ojos espirituales. Jesús le mostró el infierno en una visión tan terrible, tan aterradora, que Santa Faustina dijo que si Dios mismo no la hubiera sostenido en ese momento, habría muerto de terror puro.
las llamas, escuchó los gritos, sintió la desesperación absoluta de las almas condenadas y lo que más la impactó no fue tanto el fuego físico, sino el sufrimiento espiritual, la ausencia total de Dios, la desesperación absoluta, la certeza eterna de que nunca jamás en toda la eternidad volverían a conocer un solo segundo de paz, de alegría, de esperanza.
Después de esta visión, Santa Faustina escribió en su diario, “Hoy fui llevada por un ángel a los abismos del infierno. Es un lugar de gran tormento. Oh, si las almas supieran esto, se convertirían inmediatamente y nunca más pecarían. Pero lo que más la angustiaba era saber que las almas que estaban allí no fueron sorprendidas por la muerte.
Todas habían recibido advertencias, todas habían tenido oportunidades de arrepentirse, todas habían recibido las señales que Dios les enviaba misericordiosamente, pero las ignoraron, las rechazaron, endurecieron sus corazones y ahora estaban pagando el precio eterno de su obstinación. Santa Faustina suplicó a Jesús, “Señor, por favor, revélame esas señales claramente para que pueda advertir a las almas.
No quiero que nadie vaya a ese lugar terrible. No quiero que nadie sufra eternamente cuando podría haberse salvado. Y Jesús, conmovido por su compasión, pero también consciente de su justicia perfecta, le dijo, “Hija mía, voy a revelarte las seis señales que envío a las almas que están en peligro de condenación.
Pero debes comprender tres verdades fundamentales antes de conocer estas señales. La primera verdad es que estas señales son actos de misericordia, no de crueldad. Son llamados urgentes al arrepentimiento, no sentencias definitivas. Mientras el alma está viva y recibe estas señales, todavía hay esperanza, todavía hay tiempo.
La segunda verdad, continuó Jesús, es que estas señales se van intensificando si la persona no responde. Primero vienen suaves, como toques gentiles, en la puerta del corazón. Luego, si son ignoradas, vienen más fuertes, más urgentes. Y, finalmente, si todavía son rechazadas, vienen las advertencias finales, las últimas oportunidades antes del juicio.
La tercera verdad, explicó Jesús con gran seriedad, es que llega un momento en que las señales se detienen. Cuando un corazón se ha endurecido completamente, cuando una persona ha rechazado todas las advertencias, todas las oportunidades, entonces yo respeto su libre voluntad, dejo de advertir y esa persona continúa su camino hacia la condenación sin más interferencias de mi parte.
Santa Faustina tembló al escuchar esto. Preguntó, “Señor, ¿cómo puede alguien saber si ha llegado a ese punto? ¿Cómo puede saber si todavía hay tiempo o si ya es demasiado tarde? Jesús respondió, “Si todavía siente algo en su conciencia, si todavía siente remordimiento aunque sea mínimo, si todavía le importa aunque sea un poco, entonces todavía hay tiempo.
Pero cuando un alma llega al punto de no sentir absolutamente nada, de no tener ningún remordimiento, ninguna preocupación por su salvación, entonces está en peligro extremo. Si sientes que tu alma necesita conocer estas seis señales para examinar tu vida y arrepentirte si es necesario, escribe en los comentarios: “Jesús, ten misericordia de mí, pecador.
No te vayas antes del final, porque la revelación completa de estas seis señales podría salvarte de la condenación eterna. Podría ser la advertencia final que Dios te está enviando en este momento exacto. Ahora, manifiesta tu fe de manera concreta. Dale like si deseas que la divina misericordia te salve del infierno y suscríbete si quieres que Santa Faustina interceda por tu salvación eterna.
Santa Faustina escribió en su diario con una urgencia que se siente en cada palabra, que cuando Jesús comenzó a revelarle estas seis señales, ella sintió un peso espiritual abrumador. Era como si cargara el peso de todas las almas en peligro de condenación. Jesús le dijo con una voz que mezclaba amor y severidad, “Hija mía, estas señales que voy a revelarte no son secretos ocultos, son advertencias obvias que yo envío constantemente, pero las almas las racionalizan, las niegan, las ignoran.
” Y entonces comenzó la revelación. Pero primero Jesús quiso explicarle por qué era tan importante que ella entendiera completamente el contexto del juicio particular y la justicia divina. Jesús miró a Santa Faustina con una seriedad absoluta y comenzó, “Hija mía, la primera señal que envío a un alma que está en peligro de condenación es esta: inquietud constante del corazón sin causa aparente.
Cuando un alma vive en pecado mortal”, explicó Jesús, aunque trate de distraerse, aunque busque placeres y entretenimientos, siempre hay una inquietud profunda en el fondo de su ser. Es como una alarma espiritual que no se puede apagar. Es la conciencia que grita, aunque la persona trate de silenciarla. Esta inquietud, continuó Jesús, no es como la ansiedad normal por problemas de la vida.
Es una intranquilidad espiritual profunda, una sensación persistente de que algo está muy mal, aunque la persona no pueda identificar exactamente qué es. Es mi misericordia tocando la puerta del corazón, explicó Jesús. Es una advertencia gentil al principio. Detente, examina tu vida. Algo no está bien con tu alma. Estás en peligro.
Santa Faustina preguntó, “Señor, ¿y cómo responde la mayoría de las personas a esta primera señal?” Jesús respondió con tristeza. La mayoría la ignora completamente. La atribuyen al estrés, al trabajo, a problemas de salud. Buscan psicólogos, medicamentos, entretenimiento para acallar esa voz, pero nunca buscan la verdadera causa, el pecado mortal en su alma.
Si esta persona respondiera correctamente, continuó Jesús, reconocería la advertencia, examinaría su conciencia, se confesaría, cambiaría de vida y la inquietud desaparecería inmediatamente, reemplazada por la paz que solo yo puedo dar. Pero cuando ignoran esta primera señal, dijo Jesús con voz grave, entonces envío la segunda.
La segunda señal, reveló Jesús, es pérdida progresiva del sentido del pecado. El alma comienza a justificar sus pecados, a racionalizarlos, a considerarlos normales o aceptables. Lo que antes le causaba remordimiento explicó Jesús, ahora lo hace sin pensar. Lo que antes reconocía como pecado grave, ahora lo llama error, debilidad humana, o simplemente lo niega completamente.
Esta es una señal extremadamente peligrosa advirtió Jesús. Porque cuando un alma pierde el sentido del pecado, está perdiendo su última defensa contra la condenación. La conciencia se está cauterizando, endureciendo, muriendo. Santa Faustina escribió con urgencia, el Señor me explicó que esta segunda señal es como una anestesia espiritual.
El alma ya no siente el dolor del pecado y cuando no siente dolor, no busca curación. Y cuando no busca curación, la enfermedad espiritual progresa hasta la muerte eterna. Jesús dio ejemplos concretos. Una persona que comete adulterio y al principio siente culpa terrible, pero después de meses o años ya no siente nada.
considera su situación complicada, pero no pecaminosa. O una persona que roba, que miente, que calumnia y al principio su conciencia le molestaba, pero ahora lo hace automáticamente, sin el más mínimo remordimiento. Ha perdido completamente el sentido del pecado. Esta segunda señal, explicó Jesús, es mi advertencia más urgente.
Despierta, tu conciencia se está muriendo. Si continúas este camino, pronto no sentirás nada. y entonces estarás perdido. ¿Y cómo responde la mayoría? Preguntó Santa Faustina. Jesús respondió, “La mayoría celebra esta pérdida del sentido del pecado. Piensan, qué bien, ya no me siento culpable. Finalmente estoy en paz con mis decisiones.
¿No se dan cuenta de que esa paz es la paz de un alma que está muriendo espiritualmente? Si respondieran correctamente, continuó Jesús, se alarmarían profundamente. Dirían, Dios mío, estoy perdiendo mi conciencia. Estoy perdiendo mi capacidad de distinguir el bien del mal. Ayúdame. Y entonces buscarían confesión urgente, dirección espiritual, conversión radical.
Pero cuando también ignoran esta segunda señal, dijo Jesús, entonces envío la tercera. La tercera señal, reveló Jesús con voz aún más grave, es alejamiento progresivo de los sacramentos y de la vida de oración. Un alma que está cayendo hacia el infierno, explicó Jesús, no puede soportar mi presencia en los sacramentos. La Eucaristía le resulta aburrida o incómoda.
La confesión le parece innecesaria. La misa le resulta una obligación pesada que evita con cualquier excusa. Y la oración, continuó Jesús, desaparece completamente de su vida. Ya no reza, ya no busca mi presencia, ya no lee las Escrituras. Ha cortado completamente la comunicación conmigo. Esta tercera señal, advirtió Jesús, es crítica, porque sin los sacramentos, el alma pierde la gracia que necesita para resistir el mal.
Sin oración pierde la conexión conmigo que la mantiene en el camino correcto. Es como un pez que sale del agua. Puede sobrevivir unos minutos, pero pronto morirá asfixiado. Santa Faustina preguntó, “Señor, ¿cuánto tiempo puede sobrevivir un alma sin sacramentos y sin oración antes de caer en condenación?” Jesús respondió, “Depende de cada alma y de su situación.
Algunas caen rápidamente en meses, otras resisten más tiempo por la gracia de oraciones de otros por ellas o por buenas obras que hicieron en el pasado. Pero eventualmente, sin sacramentos y sin oración, toda alma cae. Es como una planta cortada de sus raíces, explicó Jesús. Puede verse verde por un tiempo, pero está muriendo.
No está recibiendo nutrición. Pronto se marchitará completamente. Jesús dio ejemplos concretos que Santa Faustina registró cuidadosamente. Una persona que antes iba a misa cada domingo, ahora va solo en Navidad y Pascua, luego solo en Navidad, luego ni siquiera eso. Una persona que antes se confesaba mensualmente, ahora hace años que no se confiesa, acumula pecado sobre pecado sin limpieza espiritual alguna.
Una persona que antes rezaba diariamente, ahora no reza nunca, ha cortado completamente su relación conmigo, aunque todavía se considera católica o cristiana. Esta tercera señal, dijo Jesús con urgencia, es mi advertencia final, gentil. Regresa a los sacramentos, regresa a la oración, regresa a mí antes de que sea demasiado tarde.
Todavía hay tiempo, pero se está acabando. ¿Y cómo responde la mayoría? Preguntó Santa Faustina con dolor en el corazón. Jesús respondió, “La mayoría racionaliza su alejamiento. Dicen, no necesito ir a la iglesia para ser buena persona. Oh, puedo tener una relación con Dios sin sacramentos. Oh, estoy muy ocupado para rezar.
Son excusas, explicó Jesús. Son justificaciones que el demonio les susurra para mantenerlos alejados de las fuentes de gracia que podrían salvarlos. Si respondieran correctamente, continuó Jesús, reconocerían el peligro mortal. Dirían, me estoy alejando de Dios. Me estoy alejando de la salvación. Debo regresar urgentemente a los sacramentos y a la oración.
Y si lo hicieran, si regresaran con sinceridad, yo los recibiría con brazos abiertos, perdonaría todo, restauraría su alma, les daría la gracia para vivir en santidad. Pero cuando también ignoran esta tercera señal, dijo Jesús con una voz que hizo temblar a Santa Faustina, entonces las advertencias se vuelven más severas. Entonces envío las últimas tres señales, las más graves, las más urgentes.
Estas tres últimas señales, explicó Jesús, son las advertencias finales antes del juicio. Son los últimos llamados de misericordia antes de que la justicia divina tome su curso definitivo. Santa Faustina escribió en su diario, “Cuando el Señor comenzó a revelarme las últimas tres señales, sentí un terror santo, porque comprendí que si alguien está experimentando estas señales y no se arrepiente inmediatamente, su situación es extremadamente peligrosa.
” Jesús le dijo, “Hija mía, las tres primeras señales que te he revelado son advertencias gentiles. Las próximas tres son advertencias severas. Escucha con atención, porque muchas almas están recibiendo estas señales en este momento exacto y no se dan cuenta del peligro mortal en que se encuentran. Jesús miró a Santa Faustina con una solemnidad que ella nunca había visto antes y dijo, “Hija mía, ahora escucha las tres señales finales.
Estas son las advertencias más severas, los últimos llamados de misericordia antes del juicio definitivo. La cuarta señal, reveló Jesús con voz grave, es endurecimiento del corazón ante el sufrimiento ajeno y incapacidad de sentir compasión genuina. Cuando un alma está cayendo hacia la condenación, explicó Jesús, se vuelve cada vez más fría, más egoísta, más indiferente al dolor de los demás.
Ve el sufrimiento y no siente nada. Escucha sobre tragedias y no le importa. Su corazón se ha endurecido como una piedra. Esta es una señal extremadamente grave, advirtió Jesús, porque muestra que el amor se ha extinguido casi completamente del alma y sin amor, sin caridad, nadie puede entrar en el reino de los cielos. Recuerda mis palabras en el evangelio, continuó Jesús.
En esto conocerán que sois mis discípulos si tenéis amor los unos por los otros. Y también lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis. Un alma que ha perdido la capacidad de amar, de sentir compasión, de ayudar al necesitado, es un alma que se ha separado casi completamente de mí, porque yo soy amor y quien no ama no me conoce.
Santa Faustina preguntó con angustia, “Señor, ¿cómo puede alguien llegar a este punto?” Jesús respondió gradualmente, “Primero ignoran pequeños llamados de caridad. No tengo tiempo, no es mi problema que otros ayuden. Luego su corazón se endurece más y más hasta que finalmente no siente nada ante el sufrimiento humano.
He visto almas, continuó Jesús con tristeza, que pasan junto a mendigos sin verlos, que escuchan de guerras y hambrunas sin sentir nada, que ven a familiares sufriendo y solo piensan en sí mismos. Sus corazones se han vuelto de hielo. Esta cuarta señal, declaró Jesús, es mi advertencia. urgente. Tu corazón se está muriendo.
El amor se está extinguiendo en ti. Si no regresas a la caridad ahora, pronto serás incapaz de amar completamente y entonces estarás perdido. Pero cuando también esta señal es ignorada, dijo Jesús con voz aún más severa, entonces envío la quinta. La quinta señal, reveló Jesús, es muerte espiritual en vida.
La persona continúa respirando, pero su alma está muerta por el pecado mortal que no quiere confesar. Esta es quizás la señal más peligrosa de todas, explicó Jesús. Porque el alma está técnicamente muerta espiritualmente, pero el cuerpo sigue vivo. Es como un cadáver ambulante, sin gracia santificante, sin vida divina, sin conexión real conmigo.
Santa Faustina tembló al escuchar esto. Jesús continuó, esta persona puede parecer normal externamente. Trabaja, come, duerme, interactúa con otros. Pero espiritualmente está muerta. No tiene vida sobrenatural. Vive solo en el nivel natural como un animal racional, pero sin vida espiritual. Y lo más terrible, añadió Jesús, es que esta persona frecuentemente no se da cuenta de su condición.
Piensa que está bien, piensa que es suficientemente buena, no reconoce que su alma está muerta por el pecado mortal no confesado. Jesús dio ejemplos que hicieron llorar a Santa Faustina. Una persona que vive en adulterio durante años, que se ha acostumbrado completamente a su situación, que ya no siente ningún remordimiento.
Su alma está espiritualmente muerta, aunque su cuerpo viva. Una persona que odia profundamente a alguien, que cultiva ese odio durante años, que no quiere perdonar bajo ninguna circunstancia. Su alma está envenenada, muerta espiritualmente. Una persona que rechaza a Dios conscientemente, que ha decidido vivir como si Dios no existiera, que se burla de las cosas sagradas.
Su alma está en tinieblas totales, muerta para la gracia. Esta quinta señal, dijo Jesús con urgencia extrema, es mi último llamado misericordioso. Tu alma está muerta. Estás caminando hacia el infierno. Confésate ahora, arrepiéntete ahora. Todavía puedo resucitar tu alma si me lo permites, pero el tiempo se acaba.
Santa Faustina preguntó con voz quebrada, “Señor, ¿y cuántos responden a esta quinta señal?” Jesús respondió con una tristeza infinita. Muy, muy pocos. La mayoría está tan endurecida, tan ciega espiritualmente, que ni siquiera reconoce su estado de muerte espiritual. Y continúan así hasta la muerte física.
Y entonces viene el juicio y la condenación eterna. Pero hay una sexta señal, dijo Jesús, y esta es la más terrible de todas. Esta es la señal final, la última advertencia antes de que mi misericordia se retire y solo quede la justicia. La sexta señal, reveló Jesús con una voz que hizo estremecer a Santa Faustina, es rechazo consciente y deliberado de la misericordia divina, incluso cuando se ofrece directamente.
Esta es la señal del fin, explicó Jesús. Cuando un alma llega a este punto, ha endurecido tanto su corazón que rechaza activamente. Mi perdón, mi gracia, mi salvación. No es que yo la abandone, es que ella me rechaza completamente. Este es el pecado contra el Espíritu Santo, continuó Jesús. No es un pecado de debilidad, no es un pecado de ignorancia, es un rechazo consciente, deliberado, obstinado de mi misericordia hasta el final.
Santa Faustina vio en visión ejemplos terribles de esta sexta señal. Un hombre en su lecho de muerte, a quien el sacerdote ofrece los últimos sacramentos. Pero él los rechaza con desprecio. Muere sin arrepentimiento, rechazando voluntariamente la salvación que se le ofrecía. Una mujer que vive en pecado mortal, a quien amigos y familiares suplican que se confiese, pero ella se niega obstinadamente.
No necesito confesión. No he hecho nada malo. Sai muere en su pecado, habiendo rechazado todas las oportunidades de salvación. Un joven que ha sido advertido mil veces sobre su estilo de vida pecaminoso, pero que se burla de Dios, que dice, “Si Dios existe, que me conden, no me importa.
” Y vive y muere en esa actitud de rechazo total. Jesús explicó, “Esta sexta señal es el punto de no retorno. Cuando un alma rechaza conscientemente mi misericordia ofrecida directamente, cuando endurece su corazón hasta el final, entonces yo respeto su libre voluntad. No fuerzo a nadie a aceptar mi amor. Si quieren la condenación, les daré lo que libremente eligieron. No es mi voluntad.
Yo deseo que todos se salven, pero respeto la libertad humana hasta el final. Santa Faustina lloró amargamente al escuchar esto y al ver las visiones. Preguntó, “Señor, ¿cuántas almas llegan a esta sexta señal?” Jesús respondió, “Menos de lo que piensas, pero más de lo que te gustaría saber.
Hay almas que rechazan mi misericordia hasta el último aliento y estas son las que más me duelen porque yo morí por ellas. Ofrecí todo por su salvación y ellas lo rechazaron completamente. Pero escucha, mi hija! Añadió Jesús. Mientras un alma está viva, mientras no ha llegado a esta sexta señal de rechazo total, todavía hay esperanza, todavía hay tiempo, todavía puede arrepentirse y salvarse.
Por eso te revelo estas señales, explicó Jesús, para que las almas puedan reconocerlas en sus propias vidas, para que puedan ver el peligro en que están, para que puedan arrepentirse mientras todavía hay tiempo. Santa Faustina preguntó, “Señor, ¿qué deben hacer las personas que reconocen alguna de estas señales en sus vidas?” Y aquí Jesús dio instrucciones precisas, urgentes, que Santa Faustina registró con cuidado especial porque sabía que eran literalmente cuestión de vida o muerte eterna. Jesús miró a Santa Faustina con
una intensidad de amor infinito, mezclado con urgencia absoluta, y dijo, “Hija mía, ahora escucha cuidadosamente. Esto es lo que debe hacer cualquier persona que reconozca alguna de estas seis señales en su vida. Primero, declaró Jesús, debe reconocer inmediatamente el peligro en que se encuentra.
No negar, no racionalizar, no posponer. Si reconoces aunque sea una de estas señales, estás en peligro mortal de condenación eterna. Acéptalo con humildad y temor santo. Segundo, continuó Jesús. Debe arrepentirse sinceramente en este momento exacto. No mañana, no la próxima semana, no cuando sea más conveniente.
Ahora arrodíllate y di, Jesús, soy un pecador. He vivido alejado de ti. Perdóname. Ten misericordia de mí. Tercero, dijo Jesús con énfasis, “Debe ir a confesarse lo antes posible, no simplemente rezar en privado, sino recibir el sacramento de la reconciliación. Confiésate completamente, sin esconder nada, con sinceridad total.
Este sacramento tiene el poder de resucitar tu alma espiritualmente muerta.” Cuarto, explicó Jesús, “debecer cambios concretos e inmediatos en su vida. No puedes simplemente confesar y luego regresar a los mismos pecados, a las mismas situaciones, a las mismas ocasiones de pecado. Debes cortar radicalmente con lo que te está llevando al infierno.
Si es una relación pecaminosa, termínala hoy. Si es un vicio, busca ayuda hoy. Si es odio o falta de perdón, perdona hoy. Si es orgullo u obstinación, humíllate hoy. No hay tiempo que perder. Quinto, continuó Jesús. Debe regresar inmediatamente a la vida sacramental. Vuelve a la misa dominical sin falta.
Recibe la Eucaristía en estado de gracia. Reza el rosario diariamente. Lee las Escrituras. Restaura tu vida de oración. Sexto, dijo Jesús, debe buscar ayuda espiritual. No puedes hacer esto solo. Necesitas un buen confesor, un director espiritual, una comunidad de fe que te apoye. El demonio te atacará fieramente cuando intentes regresar a mí. Necesitas ayuda.
Y séptimo, concluyó Jesús, debe confiar totalmente en mi misericordia. No importa cuán grave sea tu pecado, no importa cuánto tiempo hayas vivido alejado de mí, no importa cuántas advertencias hayas ignorado, si regresas con sinceridad, te recibiré con brazos abiertos.
Mi misericordia es infinita”, declaró Jesús con gran énfasis. No hay pecado tan grande que no pueda perdonar. No hay alma tan manchada que no pueda limpiar. No hay corazón tan endurecido que no pueda ablandar. Pero debes venir a mí con sinceridad, con humildad, con deseo genuino de cambiar. Santa Faustina preguntó, “Señor, ¿cuánto tiempo tiene una persona que ha recibido estas señales antes de que sea demasiado tarde?” Jesús respondió, “Nadie sabe el día ni la hora de su muerte.
Podría ser hoy, podría ser mañana. Por eso la urgencia absoluta. Por eso no puedes posponer ni un día más. Este momento exacto podría ser tu última oportunidad. He visto almas”, continuó Jesús con tristeza que dijeron, “Me arrepentiré mañana.” Y murieron esa noche. He visto almas que planeaban confesarse el próximo mes y tuvieron un accidente fatal esa semana.
He visto almas que pensaban tener tiempo y se quedaron sin tiempo. “No juegues con la eternidad”, advirtió Jesús solemnemente. No apuestes tu alma inmortal. No arriesgues el infierno eterno pensando que tendrás tiempo después. Pero Jesús también dio esperanza. Dijo, “Hija mía, también he visto conversiones milagrosas en el último momento.
He visto pecadores empedernidos que se arrepintieron sinceramente segundos antes de morir y fueron salvos. Mi misericordia es real, es poderosa, es efectiva. Hubo un ladrón crucificado a mi lado que se arrepintió en sus últimas horas y entró al paraíso conmigo ese mismo día. Esto muestra que nunca es demasiado tarde mientras hay vida y sinceridad.
Pero añadió Jesús con severidad, no presumas de esta misericordia. No digas, entonces puedo seguir pecando y arrepentirme al final. Esta actitud misma es señal de obstinación y puede llevarte a la sexta señal, el rechazo final de mi misericordia. La cosa sabia, la cosa prudente, la cosa que salva es arrepentirse hoy, no esperar al último momento, regresar a mí ahora mientras todavía tienes plena consciencia, plena libertad, plena capacidad de tomar la decisión correcta. Santa Faustina escribió en su
diario, “El Señor me hizo comprender que estas seis señales son su última misericordia. Son llamados urgentes antes del juicio. Quien las ignore lo hace bajo su propio riesgo eterno.” Jesús dio a Santa Faustina un mensaje final para el mundo. Diles que mi corazón es un océano de misericordia.
Diles que no importa cuán lejos hayan caído, pueden regresar. Diles que yo espero con amor infinito. Diles que el infierno existe y es eterno, pero que yo no quiero que nadie vaya allí. Diles que si reconocen alguna de estas seis señales, deben verlas como lo que son. Llamados urgentes de misericordia, últimas oportunidades de salvación.
Diles que no hay tiempo que perder. Diles que este momento podría ser el momento decisivo de su eternidad. Y diles, concluyó Jesús con ternura infinita, que yo soy fiel, que si vienen a mí, no los rechazaré. Que si se arrepienten sinceramente, los perdonaré completamente. Que si cambian su vida, les daré todas las gracias necesarias para perseverar hasta el final.
Santa Faustina vivió el resto de su vida transmitiendo este mensaje urgente y cuando murió lo hizo en perfecta paz, en perfecta unión con Jesús, sabiendo que había advertido a las almas como él le había pedido. Hoy Santa Faustina está en el cielo, pero su mensaje permanece urgente.
Las seis señales siguen siendo enviadas por Dios a las almas en peligro. Y tú que has escuchado este mensaje, ya no podrás decir que no sabías. Ahora debes tomar la decisión más importante de tu existencia. Reconoces alguna de estas seis señales en tu vida. Si es así, no esperes ni un minuto más. Arrodíllate ahora mismo donde estás.
Reconoce tu pecado. Pide perdón a Jesús con sinceridad. Promete confesarte lo antes posible. promete cambiar radicalmente tu vida y confía en su misericordia infinita. Escribe en los comentarios, Jesús, me arrepiento de mis pecados. Ten misericordia de mí. Comparte este video urgentemente con alguien que pueda estar recibiendo estas señales y necesita salvarse.
Dale like si quieres que Santa Faustina interceda por tu salvación eterna. Suscríbete para continuar recibiendo mensajes que pueden salvarte del infierno. Recuerda, el infierno es real, es eterno, es terrible, pero no tienes que ir allí. Jesús murió para salvarte. Su misericordia está disponible ahora, pero debes responder, debes arrepentirte, debes cambiar.
No seas de aquellos que ignoran las advertencias y se pierden eternamente. Sé de aquellos que responden con humildad y se salvan por la misericordia divina. El tiempo se acaba. La muerte puede llegar en cualquier momento. El juicio vendrá. La eternidad te espera. Elige hoy la vida eterna. Que Jesús misericordioso te salve de la condenación.
Que Santa Faustina interceda por tu conversión inmediata. Que el Espíritu Santo te dé la gracia del arrepentimiento sincero y que cuando llegue tu hora puedas presentarte ante Dios en estado de gracia y escuchar las palabras más hermosas. Ven, siervo bueno y fiel, entra en la alegría de tu Señor. Las seis señales han sido reveladas, las has escuchado.
Ahora la decisión es tuya, no la pospongas. Tu eternidad depende de lo que decidas hoy. Jesús, confío en tu misericordia.