Camilo Sesto: Por ESTO Su “Hija” MALGASTA la Herencia con Traficantes en la Puerta de su Casa 

Camilo Sesto: Por ESTO Su “Hija” MALGASTA la Herencia con Traficantes en la Puerta de su Casa 

Son las 10 de la mañana en una clínica de Los Ángeles y hay un olor a alcohol que se pega a la garganta. Una silla de plástico verde. Una revista abierta en una página que nadie lee, un reloj de pared que suena más fuerte de lo normal cuando  estás asustada. Una muchacha de 17 años firma un papel con una letra que le tiembla.

No hay nadie más con ella. Entra sola, sale sola.  El hombre que la mandó hasta ahí sigue durmiendo a miles de kilómetros en otro país bajo otro nombre que brilla en las marquesinas. Tú conociste ese nombre, lo cantaste.  Quizá hasta lloraste con él sin saber nunca que detrás de esa voz perfecta hubo una muchacha firmando papeles sola en una clínica fría, un martes cualquiera.

Esa muchacha se llamaba Lourdes Ornelas y el hombre que la mandó  a esa clínica sin acompañarla era Camilo VI, el ídolo que millones de mujeres  de tu generación adoraban. 43 años después,  el hijo que sí llegó a nacer de los dos duerme en el jardín de una mansión en Madrid.  Se pone frente a una cámara de teléfono las pelucas de colores que  fueron de su padre.

Se presenta con un nombre que no es el suyo y hace poco  pasó una noche en un calabozo por algo que llevaba encima y que la ley no perdona. Pero espera,  porque lo más duro de esta historia no es en que se convirtió ese niño. Lo más duro es la firma que lo empezó todo y las firmas que vinieron después.

Siéntate porque hoy vas a escuchar cuatro cosas que casi nadie te ha contado completas. Primero,  ¿que le exigió Camilo a Lourdes cuando ella tenía 17 años y le dijo que esperaba un hijo suyo? y lo que su propia gente le reclamó a ella cuando  volvió. Segundo, como le arrancaron a ese hijo de los brazos cuando tenía 6 años, quien ayudó a tenderle  la trampa a Lourdes y que firma la obligaron a poner después.

Tercero, en que se convirtió la fortuna de 10 millones  de euros que Camilo le dejó a ese hijo y quien más apareció después de la muerte del cantante reclamando ser también su sangre. Y cuarto,  la última firma de Camilo antes de morir, la que sí cumplió  y la que su hijo puso después sin que nadie se lo pidiera.

Dos firmas separadas por 7 años que juntas te van a doler más de lo que esperas. Te aviso cuando llegue cada  una. Solo te pido una cosa, no te vayas antes del cierre, porque ahí está  la respuesta a algo que se te va a quedar clavado. Si el amor de una madre puede salvar a alguien que la ley dice que ya no le pertenece.

Empecemos por el principio, por el hombre que tú admirabas antes de saber nada de todo esto.  Camilo Blanes Cortés nació el 16 de septiembre de 1946 en Alcoy, un pueblo de Alicante donde las familias contaban las monedas antes de fin  de mes. Su padre se llamaba Eliseo Blanes y era electricista, un hombre de manos ásperas que arreglaba cables e instalaciones en las casas del barrio del Clats.

Su madre, Joaquina Cortés Garrigóz era ama de casa. De ella heredó el segundo apellido con el que él mismo firmaría después cada contrato.  Nada en ese origen anunciaba lo que vendría. Un niño educado por los alesianos de Alcoy, hijo de un electricista y una ama de casa, se  convertiría en el hombre por el que millones de mujeres perdieron la cabeza.

Para conquistar al mundo se inventó un nombre, Camilo  Sexo, y con esa firma lo gritarían en dos continentes. Y aquí hay un dato que ningún homenaje bonito menciona. A los 26 años, en el punto más alto de su fama, cuando las mujeres se desmayaban en sus conciertos y las revistas lo llamaban el hombre más guapo de España, Camilo  intentó quitarse la vida.

Lo confesó el mismo años después. Una depresión profunda me consumía, dijo. El éxito  no llenaba el vacío. Los aplausos se terminaban y yo seguía solo.  Guárdate ese dato, porque el hombre que a los 26 años quiso destruirse a sí mismo,  terminaría, sin proponérselo, enseñándole a destruirse a su único hijo.

Esa herida de sentirse solo en medio de una multitud que lo adoraban nunca se curó. La  tapó con trabajo, con canciones, con éxito, pero seguía ahí debajo de todo. Sobrevivió  aquella noche y construyó una carrera que rompió récords. 175 millones de discos vendidos. Algunas fuentes dicen 200 millones.

  En 1972, un joven de Alcoy sacó un tema llamado Algo de mí, subió en las listas y llegó al número uno, desbancando nada menos que a Imagine de John Lannan, un muchacho  de pueblo español arriba del mismo escalón que un mito mundial. Desde ahí ya nada lo detuvo. 52 semanas seguidas en el número uno de España, un récord  que tardó décadas en igualarse.

Más de 600 canciones registradas en 40 discos.  Perdóname, amor, fresa salvaje, melina.  Canciones que definieron el romanticismo de toda una  generación, la tuya. Y en 1977 llenó el mares en Square Gorn de Nueva York,  ese escenario donde solo actúan los mitos de verdad. Con colas dando la vuelta a la manzana desde el amanecer.

El hijo de un electricista de Alcoi triunfando en el corazón de Nueva York. En 1975,  dos semanas antes de que muriera Franco, en plena dictadura, Camilo tomó una decisión que todos  le dijeron que lo iba a arruinar. Montó en Madrid Jesucristo Superstar,  una ópera rock sobre Cristo con guitarras eléctricas, con un Jesús que dudaba,  que sufría.

Ningún productor quiso poner un peso.  Le dijeron que la iglesia lo escomulgaría. Y Camilo sacó su chequera y lo pagó de su bolsillo, millones  de pesetas de las de entonces. Se estrenó el 6 de noviembre de 1975 y desde el primer día empezaron las amenazas de bomba. No eran llamadas vacías.

 Describían dónde pondrían los  explosivos y a qué hora. Hubo noches en que el público tuvo que salir a mitad de la  función. Camilo salía al escenario igual, noche  tras noche. El miedo no puede ganarle al arte, respondía cuando le preguntaban. Para el papel se dejó una barba espesa que se volvió parte de su imagen.

 Y cuando una empresa de máquinas de afeitar le  ofreció una fortuna por quitársela en un anuncio, aceptó el dinero y lo donó entero a un orfanato. El mismo hombre capaz de ese gesto con hijos  de otro sería incapaz años después de hacerse cargo del suyo propio. Ese contraste no lo inventé yo. escribió su propia vida.

Andrew Laber, el compositor británico que creó Jesucristo superstar, viajó personalmente a Madrid para ver la versión de Camilo entre bomba y bomba de aviso. Y su veredicto fue tajante. La apesta española estaba a la altura de la de Broarwe. Viniendo del propio creador de la obra, no había mayor elogio posible.

Aquello no hundió la carrera de Camilo, la llevó a otro nivel. Demostró que era mucho más que un cantante de baladas.  Camilo lo controlaba todo. Escribía sus canciones, las producía, aprobaba cada foto, revisaba cada detalle  de cada concierto. Si una nota estaba mal, la repetías 100 veces hasta que  quedara perfecta.

Guárdate esa palabra, control. Porque el hombre que controlaba hasta la última  coma de sus canciones fue incapaz de controlar lo único que de verdad importaba,  el destino de su único hijo.  Para entender quién era de verdad Camilo, más allá del escenario, hay que fijarse en tres cosas que casi nunca se cuentan juntas.

  La primera que dormía de día y componía de noche.  Encerrado horas frente a un piano hasta encontrar el acorde exacto, sin dejar que nadie tocara los cuadernos  donde anotaba a mano cada boceto. La segunda, que con los  desconocidos era de una generosidad casi excesiva, capaz de quedarse horas firmando  autógrafos después de un concierto agotador mientras su equipo le rogaba que parara.

Y la tercera,  la que de verdad importa para esta historia, la única persona que lo conoció sin la máscara del ídolo perfecto,  la que vio de cerca al hombre y no al personaje. Fue precisamente la muchacha  de 17 años que un día lo admiró tanto que no vio venir lo que se le acercaba. Los rumores sobre su vida privada lo persiguieron durante décadas.

En los años 80 declaró, “No soy homosexual, me he encariñado, pero nunca me he enamorado.” Piensa en esa frase. Levantó un muro entre su corazón y el resto del mundo.  Lo que casi nadie sabía es que mantuvo una relación secreta durante 10 años con su corista, una mujer llamada Andrea Brunston. Ella quedó embarazada de él y perdió al bebé tras una caída por las escaleras.

Años después contaría que Camilo era bisexual, que aparentaba para las revistas, pero siempre volvía a casa con ella. 10 años de una relación completamente oculta de la prensa que perseguía cada uno de sus pasos en público. Fíjense en eso un segundo. El hombre al que ninguna revista le encontró jamás una novia estable tenía en secreto una relación de una década entera.

Siempre volvía, pero nunca se quedaba del todo. Recuerda ese patrón, porque con la mujer que de verdad marcó su vida y la de su hijo hizo exactamente lo mismo. Su nombre era Lourdes Ornelas. Tenía 17 años y trabajaba detrás de cámaras en un canal de televisión mexicano como asistente de la actriz Lucía Méndez.

un trabajo invisible hasta que Camilo la miró a finales de los años 70 cuando él iba a actuar por primera vez en México. Años después ella describiría ese encuentro. No era conocido aquí y me impresionó muchísimo  dijo. Tan guapo, tan alto, traía una chaqueta de leopardo comprada en Londres. Era como ver a alguien de otro planeta.

Ella 17 años, el 29, un ídolo internacional que ya sabía perfectamente cómo seducir. No era una relación entre iguales, nunca  lo fue. Y entonces ella quedó embarazada.  Cuando Lourdes le dijo a Camilo que esperaba un hijo suyo, la respuesta no fue alegría,  ni siquiera fue un silencio.

 Fue una orden de que abortara con el dinero puesto en la mano para una clínica  en Los Ángeles sola. Ese  es lo primero que te prometí. Antes de seguir, si sientes que a  esta mujer también la borraron de su propia historia igual que a tantas otras, suscríbete y quédate  porque lo que le pasó después le costó todavía más caro.

Años  después, ya adulta, Lourdes contó lo que vivió. Fue en  una clínica de Los Ángeles, relató. Fría,  estéril. Entré sola y salí sola. Cuando volví a casa me deprimí.  No podía levantarme de la cama durante semanas.  Y lo peor no vino de Camilo, vino de su propia gente.

Me regañaron  dijo. Me dijeron, lo hubieras tenido, lo habríamos cuidado. ¿Por qué obedeciste  a ese hombre? Obedeció porque tenía 17 años. Porque el hombre más famoso de España le había dicho qué hacer y nadie le había enseñado que  su cuerpo era suyo. 6 meses de silencio después y entonces sonó el teléfono.

Era Camilo, quería volver y en cada radio de España sonaba en ese preciso momento su nuevo  éxito. Perdóname. como si el hombre que la mandó a abortar sola le estuviera pidiendo perdón desde todos los altavoces del mundo. Lourdes volvió con él. Antes de seguir, quiero que conozcas al hombre por el lado  que las revistas nunca contaron.

Camilo dormía poco y trabajaba de noche, encerrado horas frente a un piano hasta encontrar el acorde  exacto que buscaba. guardaba cada boceto de cada canción escrito a mano en cuadernos que no dejaba tocar a nadie.  Su gran manía era el control de su propia imagen. Cada fotografía que se  publicaba de él pasaba antes por sus ojos.

Y hubo una sola persona en su vida adulta que lo conoció sin esa máscara de ídolo perfecto.  Esa misma Lourdes que un día lo admiró tanto que no vio venir lo que se le acercaba.  Ese es el hombre que tú escuchabas en la radio, brillante,  generoso, con extraños, incapaz de sostener con ternura a quien tenía más cerca.

Esta vez, cuando Lourdes volvió a quedar embarazada,  algo cambió dentro de ella. El 24 de noviembre de 1983  en Ciudad de México nació Camilo Miguel Blanes Ornelas,  el niño que Camilo no quería que existiera. Y durante los primeros meses pareció que Lourdes había ganado esa pelea.

  Camilo bajó de su avión privado en el aeropuerto de Barajas en Madrid con Lourdes a su lado y un bebé de meses en los brazos. Y España entera se enteró de golpe  de que su ídolo era padre. Ni una foto filtrada antes, ni un solo rumor, ni la más mínima pista. El  país descubrió que Camilo VI tenía un hijo viéndolo bajar del avión.

Camilo tardó 8 meses en reconocerlo legalmente. Cuando la prensa española por fin se enteró, él soltó una frase que lo dice todo. Hace 14 años ella era fan mía declaró.  Da Fan pasó a ser amiga de amiga a íntima amiga y ahora es una persona indispensable en mi vida. No dijo que era la madre de su hijo, no dijo que la quería.

la describió como una empleada de lujo delante de un país entero sobre la mujer que acababa de darle un hijo y le pidió que se mudaran a la mansión de Torrelodones, la casa que las revistas mostraron con jardín impecable y sonrisas perfectas. Detrás de esas fotos, según contó la propia Lourdes, había otra cosa.

 Me fui a México porque se ponía agresivo conmigo y me decía cosas horribles. Relató. Le tuve mucho miedo durante mucho tiempo porque impone mucho. Y añadió algo que explica todo lo que vino después. Camilo tenía muy malos hábitos para él y para todos. amigos, alcohol, noches interminables.

 Y eso que cuando lo conocí ni fumaba. En aquella mansión corrían sin freno los amigos hasta el amanecer, un ambiente que ningún médico recomendaría para criar a un niño. Y en medio de todo eso, un niño pequeño mirando, absorbiéndolo, aprendiendo sin que nadie se lo enseñara, que así se vive y así se apaga uno. Lourdes lo entendió antes que nadie.

Agarró a su hijo y se lo llevó a México, lejos de aquella casa. pensando que ahí estaría a  salvo. Se equivocó porque ahí fue cuando Camilo hizo algo que Lourdes jamás le perdonaría. Él hizo un plan con la madrina de mi hijo para venir a verlo, dijo Lourdes, y me lo quitaron. Un día Camilín estaba ahí y al día siguiente había desaparecido.

Rumbo a España en un avión con su padre. Ese es lo segundo que te prometí y es todavía más duro que lo primero. La madrina, la persona que la propia Lourdes había elegido para cuidar al niño si algo le pasaba, formó parte de la trampa. Una visita que parecía inocente  y de pronto el niño ya no estaba.

Fue como si me arrancaran el corazón del pecho,  contó Lourdes. Corrí por toda la casa buscándolo y cuando  entendió lo que había pasado, se derrumbó. Lo que le pasó después tuvo poco de casualidad. Yo le cedí la custodia obligada, contó. Era muy difícil recuperarlo desde México.  Los abogados me decían que no tenía ninguna posibilidad contra él.

Camilo  tenía todo el poder, todo el dinero, todas las conexiones. Yo era  nadie. Fue firmar ese papel, dijo, o no volver a ver a mi hijo jamás. Lourdes firmó. Peleó dos años más en tribunales españoles con abogados que le costaron todo lo que tenía  y perdió a su hijo de todas formas.

En la España de aquellos años, una madre extranjera sin matrimonio de por medio, enfrentada a un padre español ya reconocido legalmente y con dinero de sobra para pagar al mejor bufete,  partía con las manos casi vacías desde el primer día. No hacía falta que ningún juez fuera cómplice de nadie para que el resultado estuviera decidido de antemano.

Bastaba con que el sistema estuviera diseñado así. Si crees que esto ya es lo peor que le puede pasar a una madre, espera, porque 12 años de separación completa vienen ahora. Y todavía falta lo que hizo esa fortuna con un muchacho al que nunca le enseñaron a defenderse de nada. Sigue conmigo hasta el final, que ahí está la  parte que casi nadie conoce.

Recuerda el testigo que la traicionó, aquella madrina de confianza, porque su nombre nunca salió a la luz pública. Pero su papel en esta historia es tan definitivo como el del propio Camilo.  Y guarda también esta idea, porque va a volver mucho más grande antes el final. La fortuna que ese mismo niño heredaría 30 años después no iba a repararle nada de lo que le quitaron aquí.

 Camil tenía 6 años cuando lo arrancaron de los brazos de su madre. 12 años siguientes, madre e hijo estuvieron separados.  12 años de mañana sin ella preparándole el desayuno. 12 cumpleaños sin soplar juntos las velas. 12 Navidades con el asiento de mamá vacío. Del otro lado del océano, un niño que solo entendía una cosa. Mi mamá no está.

Y a esa edad, sin que nadie se lo diga, muchos niños llegan a una conclusión  terrible. Si mi madre no está, es porque no me quería lo suficiente. Esa herida no se cierra nunca.  Imagina la rutina de esos 12 años vista desde las dos casas al mismo tiempo. En México, una mujer que trabajaba para poder pagar abogados que casi nunca ganaban nada, que se acostaba cada noche sin saber si su hijo se acordaba todavía de su cara.

en Torrelodones, un niño que crecía con institutrices, con niñeras que cambiaban cada pocos meses, con un padre que dormía de día porque componía de madrugada y que apenas coincidía con el más de un rato antes de que alguna gira volviera a llevárselo. Dos vidas partidas por la misma decisión de un solo hombre.

Hubo un solo momento en esos años en que padre e hijo compartieron algo que no fuera distancia. En 1994, Camilo grabó un disco llamado Amor sin vértigo e incluyó una canción a dúo con su hijo Sentimientos de amor. Camilín tenía 11 años. La voz grave de Camilo y la voz aguda de un niño que todavía no sabía lo que le esperaba.

Es el único registro grabado en que padre e hijo comparten algo que no sea dolor. Mientras tanto, en la mansión de Torrelodones, ese niño seguía creciendo entre los mismos excesos de siempre, alcohol,  amigos, hasta el amanecer. Un ambiente donde un niño aprende sin que nadie se lo enseñe, que así se vive y así se apaga uno.

Cuando Camilin cumplió 18 años, Camilo llamó a Lourdes. Ya era hora de devolverle al hijo. Y el muchacho, con el humor amargo de quien ha visto demasiado, soltó una frase que a Lourde se le quedó grabada. Ya no le sirvo para las fotos. Cuando era  útil para la imagen del ídolo, se lo quitaron. Cuando dejó de ser útil, se lo devolvieron.

Para Lourdes, reencontrarse con su hijo fue como convivir con un  extraño, un joven de 18 años que ya arrastraba las mismas adicciones que había visto en casa de su padre durante toda su infancia. La misma herencia invisible, la que nadie firma en un testamento, pero que pesa más que  todo el oro.

 Aún así, ella lo intentó como lo intentaría cualquier madre.  Y aquí quiero que pares un momento conmigo,  porque hay algo que se entiende mejor si juntamos las piezas. El mismo hombre que a los 26  años en la cima absoluta, intentó quitarse la vida porque el éxito no le llenaba el vacío.

Es el mismo que años después cantaba Perdóname y te quiero con una intensidad que ponía la piel de gallina a mujeres que nunca lo conocieron de verdad. Sabía nombrar el amor en un estudio de grabación mejor que nadie en el idioma español. Y sin embargo, frente a la mujer que le dio un hijo y frente a ese propio hijo, jamás pronunció esas mismas palabras.

No hay contradicción en eso. Hay una explicación. La ternura que Camilo repartía en  sus canciones no salía de la intimidad, salía del oficio. Y el hombre que a los 26 años ya sentía que los aplausos no llenaban nada, aprendió a sobrevivir llenando ese vacío con trabajo, con  control, con imagen.

Nunca aprendió a llenarlo con las dos personas que estaban más cerca. ¿Cuántas veces has conocido tú a alguien capaz de decir en público las palabras más bonitas del mundo y de guardarse las mismas palabras cuando de verdad importaban en casa? Ese patrón no nació con Lourdes ni con Camiline. Ya  estaba ahí a los 26 años, mucho antes de que ninguno de los dos existiera en su vida.

Solo que ellos fueron quienes pagaron la factura completa. Y mientras el hijo crecía absorbiendo los demonios del padre, el  padre estaba perdiendo su propia guerra contra esos mismos demonios. Si esta historia de una madre que pierde a su hijo por culpa de  la maquinaria de la fama te está tocando algo por dentro, quédate hasta el final porque lo que viene lo cambia todo.

 Durante los años 80 y 90, Camilo siguió siendo una estrella,  pero algo se estaba apagando. El año 2000 trajo la noticia que había logrado esconder durante mucho tiempo.  Necesitaba un trasplante de hígado destruido por años de excesos. Sin trasplante moriría. Apareció un donante anónimo y la operación se hizo en 2001.

Le salvó la vida, pero se la cambió para siempre. A partir de ahí tuvo que tomar medicamentos todos los días para que su cuerpo no rechazara el órgano nuevo.  Medicamentos que bajan las defensas y dejan al cuerpo expuesto a cualquier infección. Y entonces, como si quisiera negarle a su cuerpo lo que le estaba gritando, empezaron las cirugías estéticas, estiramientos,  elevación de cejas, botox en cantidades que los médicos consideraban excesivas,  tanto que su cara empezó a perder la expresión.

En una entrevista en México en 2016, un periodista le preguntó por las cirugías. Dicen cosas que no tienen ni fundamento,  contestó. Sigo teniendo los mismos ojos azules. Hace 70 años que los tengo. 70 años mirándose al espejo y negando lo que el espejo le mostraba.  Y aquí tienes una pregunta que vale la pena hacerse antes de seguir.

 ¿Cuántos ídolos de tu generación conociste tú que también prefirieron negar su deterioro frente a un espejo antes que  aceptar que el tiempo les había ganado la partida? Camilo no fue el único,  pero sí fue de los que más lo escondió detrás de visturí y cámaras que ya no lo mostraban de cerca.

  En 2011, una estantería llena de libros le cayó encima en su propia casa.  Se rompió el tobillo, requirió varias operaciones y le dejó  problemas de movilidad para siempre. A pesar de todo, no se rindió del todo  y en 2008 empezó lo que él mismo llamó su gira de despedida. Un adiós largo que se extendió durante años.

Pero cada concierto le costaba más que el anterior y poco a poco se fue retirando, encerrándose en su mundo. En noviembre de 2018 llegó su última aparición pública en  Florida Park, en Madrid. Un día antes había estado hospitalizado por problemas renales. Pasó  toda la noche sentado en un taburete porque apenas podía sostenerse.

Y desde México, Lourdes, la mujer a la que había mandado abortar 40 años antes, declaró algo escalofriante. “Se están burlando de mí y de mi hijo”, dijo  Camilo. Está muy mal. Parece un muñeco en manos de estos tipos.  ya no tiene voluntad. Y añadió algo más. Mi hijo ha estado con su padre en Madrid dos meses y un mes no  lo vio por órdenes de este señor.

¿Qué hace mi hijo durmiendo en el jardín?  El 8 de septiembre de 2019, de madrugada, en el Hospital  Quirón Salud de Madrid, Camilo Co murió a los 72 años por un fallo renal que le provocó complicaciones en el corazón. España se paralizó. Miles  de personas hicieron cola para despedirse de su ídolo.

Murió rico, famoso y aplaudido entre flores,  sin disculparse jamás con Lourdes, sin reconocer el peso  que le puso encima cuando ella tenía 17 años.  Y mientras toda España lloraba a un hombre, la única persona que de verdad conocía su otro lado veía el funeral por televisión,  sola en otro continente, sin que nadie mencionara su nombre en ninguno de aquellos homenajes.

Y aquí empezó  la espiral que ya nadie pudo frenar. Camilín, ese muchacho que ya arrastraba las adicciones aprendidas en la casa de su padre. se quedó de golpe con una fortuna en las manos y sin ningún freno alrededor,  10 millones de euros. Los derechos de autor de todo el catálogo, unos 200,000 € al año.

La mansión de Torrelodones y a su alrededor gente  que no siempre iba con buenas intenciones. En noviembre de 2021 apareció inconsciente  en una carretera de Madrid. Oficialmente un accidente de bicicleta. 50 días en cuidados intensivos, una neumonía severa. Cuando despertó y vio a su madre junto a la cama, le dijo unas palabras que Lourdes  llevaba décadas esperando escuchar.

 Quiero que me ayuden ya a dejar las adicciones que tengo. La promesa no llegó a cumplirse del todo. Ahora  quiero que veas en que se convirtió el símbolo de todo aquel triunfo. 450 m²,  tres plantas. La mansión de Torrelodón es donde Camilo posó sonriente para  las revistas durante décadas, hoy con basura acumulada en la entrada,  el jardín lleno de maleza, la piscina convertida en agua  verde y estancada.

Los traficantes llegan a la puerta a plena luz del día, sin esconderse, y quien vive ahí los recibe como si fuera lo más normal del mundo.  Lourdes puso un cartel en la entrada prohibiendo el acceso a ciertas personas.  El cartel sigue ahí, los traficantes siguen llegando. Según el paparat Jordi Martín, que ha seguido el caso de  cerca, de los 10 millones heredados no quedarían ya ni cuatro 6 millones evaporados en apenas 4 o 5  años.

Lourdes, que hoy administra los bienes de su hijo, sostiene que el patrimonio real es menor, pero en lo esencial todas las fuentes coinciden. La fortuna se está acabando y a este  ritmo, en pocos años más, no quedará nada. Piensa un segundo en lo que eso  significa de verdad. 10 millones de euros no le trajeron paz a  ese muchacho, le trajeron a los traficantes hasta la puerta de su propia casa.

Le trajeron gente que se acerca cuando huele el dinero y desaparece en cuanto el dinero se acaba. Cuando puedes pagar tu propia caída, nadie a tu alrededor tiene ningún  interés en decirte que pares. El 25 de febrero de 2025, la Guardia Civil de Galapagar detuvo a Camilín en un control rutinario con 12 g de cocaína encima.

El límite legal para consumo personal en España es de 7, y5. Así que la acusación dejó de ser posesión y pasó a considerarse tráfico de drogas. El hijo del ídolo más querido de España pasó la noche en un calabozo y de resultar condenado se enfrenta hasta 6 años de prisión. Lourdes  lleva meses negociando con la fiscalía, pidiendo rehabilitación en lugar de cárcel.

La vida de mi hijo corre peligro y la ley no me ayuda. Dijo, no le puedo ayudar porque no me  dejan. Él es un adulto y la ley dice que está en su derecho de hacer lo que quiera con su vida. Desde hace un tiempo, Camilín se presenta ante la cámara con otro nombre, Shella  Davo, con maquillaje y con las pelucas de colores que fueron de su padre.

Mucha gente en internet se burla, se ríe del hombre sin dientes que habla frente a la cámara con la mirada perdida.  Pero si escuchaste esta historia desde el principio, ya sabes de dónde viene ese dolor. Detrás de cada una de esas transmisiones hay un bebé que no  fue deseado, un niño arrancado de su madre, un joven criado entre adicciones.

 La forma en que decidió llamarse o vestirse es asunto suyo y de nadie más.  Lo que de verdad le está destruyendo la vida es otra cosa mucho más profunda que un hombre o una peluca.  Es la enfermedad que aprendió en la casa de su padre y la soledad de crecer sin que nadie lo cuidara de verdad.

 Cuando entiendes de dónde viene ese dolor, lo único que queda es compasión. Lourdes es la administradora única de la sociedad de su hijo desde que él pasó por cuidados intensivos y controla las cuentas para que no lo derroche todo de golpe. Ha pedido  más de una vez que un juez lo declare incapacitado para poder protegerlo de sí mismo.

El juez se ha negado cada vez.  La ley dice que un adulto tiene derecho a destruirse, aunque su madre tenga que verlo con sus propios ojos, contar el dinero que se evapora, ver a los traficantes en la puerta y no poder hacer absolutamente nada, porque para la ley española él es libre, mayor de edad, dueño de sus propias decisiones, aunque esas decisiones lo estén matando delante de todos.

Una madre con las manos atadas, obligada a mirar es una de las torturas más difíciles que existen. Y ella no se rinde. En junio de 2026, en unas declaraciones a la prensa española, Lourdes confesó algo que resume 40 años de pelea. “El problema es todo lo que hay alrededor”, dijo. Estoy agotada, sobre todo emocionalmente.

Y confirmó que su hijo lleva meses ingresado en una clínica especializada de rehabilitación  con una mejoría notable. Pero la historia no termina ahí, porque justo cuando parecía que ya no podía haber más dolor, apareció alguien más reclamando ser también hijo de Camilo. Y lo que pide podría partir en pedazos lo poco que queda.

Su nombre es David Guerra, taxista en Barcelona, 36 años. Asegura que su madre tuvo una relación con Camilo en los años 80 y que él nació de esa relación. El parecido llama la atención, los mismos ojos azules, la misma forma de la cara. En 2021 contrató a Fernando Osuna, el abogado español más  conocido en casos de paternidad de famosos, el mismo que llevó asuntos de Julio Iglesias  con el plan de conseguir una prueba de ADN de Camilín para demostrar que son hermanos.

Hasta la fecha esa prueba nunca se ha llegado a practicar. Lourdes niega que existan  otros hijos. En marzo de 2025 apareció además una segunda reclamante,  una mujer de 42 años que asegura haberlo descubierto leyendo el  diario de su propia madre y que hoy mantiene un trato cordial con Camilín.

Tampoco  en este caso hay prueba genética confirmada. Trátalo por lo que es versiones que circulan, no hechos probados. Ambos,  hasta donde se sabe, siguen dispuestos a hacerse la prueba, pero ninguno de los  dos bandos ha dado el paso de llevarla a un laboratorio con validez legal.  Piénsalo un momento, porque no es un detalle menor.

 Si algún día una de esas pruebas diera positivo, cada uno de ellos tendría derecho a reclamar su parte de la herencia, una parte de las canciones que tú cantaste  en tu boda. Los catálogos de los grandes artistas muertos se compran y se venden hoy como acciones  en la bolsa. un negocio de miles de millones alrededor del mundo.

Si Camilí muere sin dejar edederos claros,  existe la posibilidad real de que las canciones de Camilo terminen administradas por un fondo de inversión que jamás sintió nada al escucharlas.  Y aquí hay algo que casi nadie ha contado todavía, algo que conecta el final de esta historia con un hecho reciente que ni  la propia prensa había juntado hasta ahora.

En su testamento, Camilo pidió que se hiciera un museo en Alcoy con sus  objetos, sus discos de oro, el vestuario de Jesucristo superstar, sus instrumentos, 800 piezas para  que su recuerdo viviera para siempre. Y fue Camilín, ese mismo hijo que hoy se hunde,  quien viajó, abrió las cajas y entregó al ayuntamiento los recuerdos de su padre.

El 11 de junio de 2026,  ese museo se inauguró por fin en un antiguo asilo de la calle El Camilla Alcoy,  con una inversión cercana al millón de euros, 743,920 € solo en la rehabilitación del  edificio y 228,223 € en la museografía,  pagados en su mayor parte con fondos europeos.

Fíjate en la  fecha porque casi ningún otro relato sobre esta familia ha llegado hasta aquí. Y las cenizas de Camilo fueron trasladadas a un mausoleo en el cementerio de Alcoy, diseñado por el arquitecto Miguel  Botella Ruiz Castillo junto a las de Eliseo Bijoaquina. sus padres, un mausoleo que pagó de su propio bolsillo su hijo.

Piénsalo un segundo. El mismo hijo al que le negaron una infancia, al que le arrancaron de los brazos de su madre, al que le devolvieron cuando ya no servía para las fotos.  Es quien terminó pagando el descanso final de su padre junto a los abuelos que ese niño casi no llegó a conocer.  Ese es el hijo roto que todavía en medio de todo, quiso  honrar a quien le dio la vida.

Y aquí es donde por fin se juntan dos piezas que ningún homenaje ha puesto nunca lado a lado. Al niño que le sobraba en la foto lo devolvieron cuando dejó de ser útil. Al adulto roto que hoy dispersa una fortuna en drogas y policía es al mismo, sin excepción, que decidió pagar de su bolsillo el descanso final de su padre junto a sus abuelos.

Y el que entregó uno por uno los 800 objetos de una vida entera para que Alcoy pudiera recordar a Camilo como el mito que fue para ti. El hijo al que la maquinaria descartó terminó siendo el único guardián real de ese legado. Ni la disquera, ni las revistas, ni los homenajes de estado. Un mes antes de morir, en su última entrevista de televisión, con la voz ya quebrada, le preguntaron a Camilo por su hijo.

Estoy muy orgulloso de mi hijo, dijo, porque se parece a mí, y con un hijo tienes que estar al pie del cañón toda la vida. Lo dijo un hombre que estuvo al pie del cañón ante la dictadura, ante las amenazas de bomba, ante la iglesia entera. Pero que a su propio hijo lo crió el alcohol y las noches sin fin de aquella mansión.

Cuando Camilín se enteró de que su padre había muerto, escribió en sus redes unas pocas palabras, “Algo de mí muere también, gracias por enseñarme a amar la música.” Y en otra ocasión dijo, hablando de él, que se parece a su padre hasta morir. Piensa en el doble filo de esa frase. Por un lado, el orgullo de un hijo que se reconoce en su padre.

Por otro, una profecía que él  mismo pronunció sin darse cuenta, heredó su cara, su sangre, su talento para la música y también heredó sus demonios. su forma de apagarse. Los dos, padre e hijo, consumidos por lo mismo. Los dos víctimas de una historia que empezó cuando un hombre poderoso decidió que una muchacha de 17 años y el hijo que llevaba dentro no cabían en su foto perfecta.

Sube la mira ahora porque esto va mucho más allá de un solo hombre difícil. Es el mismo sistema que hoy sigue funcionando igual. Sigue habiendo ídolos protegidos por una maquinaria  que tapa lo incómodo. Siguen haciendo hijos de artistas famosos que crecen entre lujo y abandono, viendo cosas que ningún niño debería ver,  aprendiendo a destruirse antes de aprender a vivir.

Cambian los  nombres, cambian las épocas, cambian las canciones, pero el mecanismo es el mismo.  Se protege la imagen, se sacrifica a la persona y cuando todo se derrumba. La misma prensa que ayudó a construir el mito es la primera en vender el escándalo de la caída. Hoy  con las redes sociales, esa maquinaria ya ni siquiera necesita una revista  del corazón.

Cualquiera puede grabar en directo la destrucción de un hijo de la fama y llamarlo  entretenimiento. Eso tampoco cambió, solo cambió la pantalla. Quedó una sola persona peleando desde el principio hasta hoy. Lourdes Ornelas, con más de 60 años después de todo lo que le hicieron y todo lo que perdió sigue luchando.

No por el dinero que se está acabando,  que a ella nunca le importó demasiado, ni por una venganza contra un hombre ya muerto que no le devolvería ni uno solo de los años perdidos. Lourdes pelea por una sola cosa, por su  hijo, el mismo que Camilo no quiso que naciera, el mismo que le arrancaron a los 6 años, el mismo que hoy se destruye con la herencia de su padre.

Vuelve un segundo a esa clínica de Los Ángeles con la que empezamos esta historia, a esa silla de plástico verde,  a ese reloj que sonaba demasiado fuerte para una muchacha de 17 años completamente sola. Aquella firma que Lourdes puso ahí dentro la obligó a entregar algo sin poder decidir. La firma que puso años después, cediendo la custodia, la obligó a entregar a su propio hijo sin poder decidir.

Pero hay una tercera firma en esta historia, una que nadie la obligó a poner,  la que puso su hijo ya adulto. cuando decidió entregar los recuerdos de su padre al museo de Alcoy y pagar de su bolsillo el mausoleo donde hoy descansa, hay firmas que te quitan todo y hay una firma con la que incluso  roto devuelves algo y ni siquiera eso lo detiene porque  en sus peores momentos ese mismo hijo ha llegado a declarar a una revista que su verdadera madre no es Lourdes, sino la cantante Rocío Durcal.

 Cosas que solo alcanza a decir alguien completamente perdido.  Y aún así, 40 años después de aquella clínica en Los Ángeles, Lourdes sigue ahí sin irse, sin rendirse, esperando.  La ley dice que un adulto tiene derecho a destruirse, pero el amor de una madre no entiende de  leyes, solo entiende de hijos.

Y por un hijo, una madre es capaz de esperar toda la vida,  el tiempo que haga falta. Suscríbete. No te lo pido por mí, hazlo por Lourdes y por Camilín. Aquí decimos sus nombres en voz alta, mientras en tantos otros lados lo siguen borrando. ¿Tú crees que todavía puede salvarse? Gracias por quedarte hasta aquí, de verdad.

Sé que muchas de ustedes crecieron con la voz de Camilo sonando en la radio de su casa. Que alguna de sus canciones les recuerda a alguien que ya no está o a una época completamente distinta. Por eso esta historia les pertenece a ustedes tanto como a él  y por eso se la contamos completa con nombres, con fechas, con la parte que ninguna revista quiso publicar en su momento.

Si esta historia de una madre que lo perdió todo y aún así no se rinde te tocó algo por dentro,  tienes que conocer otra historia parecida. La de otra madre de la música que también esperó, cayó y peleó durante 68 días completos sin decir una sola palabra en público, la historia de Janny Riverra. Disponible ahora mismo, aquí mismo en este canal. M.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *