189 millones de pesos sin explicar. Retirados en efectivo en billetes de una cuenta bancaria en México entre el año 2013 y el año 2022. Y el nombre que aparece en esa cuenta no pertenece a ningún empresario, ni a ningún funcionario, ni a ningún operador político de los que tú ya conoces. Es un nombre de la propia sangre de Enrique Peña Nieto.
Por esto sus cómplices callaron. Pero antes de que lleguemos ahí, quiero que veas una fecha. 18 de septiembre del año 2020. Madrid, España. Barrio de Chamberí, uno de los más caros de la capital española. Calles de piedra, portales de mármol, cafeterías con las mesas puestas en la banqueta. Ese día, en una notaría, se escritura un local comercial de 105 m² con un patio interior.
Se paga al contado, sin hipoteca, sin préstamo bancario y sin que nadie haga una sola pregunta. El comprador es el expresidente de México y ese papel, ese simple papel de compraventa valía mucho más que el local, porque en España existe un mecanismo aprobado en el año 2013 durante el gobierno de Mariano Rajoy, que dice algo tan brutal que cuesta creer que esté escrito en una ley.
Si un extranjero compra un inmueble por más de medio millón de euros, España le concede residencia legal. Se llama visado dorado, Golden bisa visa. Escucha bien esas dos palabras, visado dorado, como si la ley también pudiera brillar cuando el que toca la puerta llega con el dinero por delante.
En octubre del año 2020, Enrique Peña Nieto recibió esa autorización de residencia y trabajo. Lo reveló el diario español El País con el registro de la propiedad en la mano en mayo del año 2022. Y aquí está el detalle que te va a doler. Mientras esa puerta se abría en Madrid, del otro lado del océano, en México, los hombres y las mujeres que habían caminado a su lado durante 6 años empezaban a caer uno detrás de otro.
Emilio Lozoya, el director de Pemex, detenido. Rosario Robles, la secretaria que manejaba el dinero de los pobres, encerrada en el penal de Santa Marta a Catitla. Juan Ramón Collado, el abogado del poder en el reclusorio norte. Jesús Murillo Karam, el procurador de la verdad histórica de Ayotsinapa, esposado en la puerta de su casa, todos ellos en la cárcel y él en Madrid.
Tú viste esa historia, tú la viviste y te la contaron mal, porque lo que casi nadie te dijo, lo que ningún noticiero te explicó con calma, es que hoy, en el año 2026, casi ninguno de esos cuatro sigue en la cárcel. Lo soltaron. A unos por sentencia, a otros por enfermedad. Y el expediente que sí podía tocar al hombre de arriba, el expediente de la casa que partió a México en dos, nunca fue firmado por nadie.
Nadie firmó la denuncia. Guarda esa frase, la vas a necesitar para entender el final. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que no te contaron. Primero, ¿quién le construyó al presidente de México la casa de sus sueños? mientras esa misma empresa ganaba contratos públicos. ¿Y quién fue el hombre que lo exoneró de todo? ¿Vas a saber su nombre y quién lo puso en el cargo? Segundo, ¿cómo se sacó del presupuesto mexicano el dinero que estaba destinado a los más pobres del país? Con un mecanismo tan frío y tan legal en apariencia que la Auditoría

Superior de la Federación tardó años en ponerle nombre. Tercero, ¿qué les pasó de verdad a los cuatro nombres que cargaron con la culpa del sexenio? ¿Dónde están hoy? ¿Cuánto pagaron realmente? ¿Y quién no pagó nada? Y cuarto, ¿de dónde salieron los 26 millones de pesos que cruzaron el Atlántico y llegaron a una cuenta en España a nombre del expresidente? ¿Quién los mandó? ¿Y por qué la Unidad de Inteligencia Financiera dijo delante de todo México que esa persona era de su propia familia? Te voy a avisar cuando
llegue cada una, pero para entender cómo fue posible todo esto, tenemos que regresar mucho antes de Madrid, mucho antes del visado dorado, mucho antes de que los viejos hombres del sexenio empezaran a caer. Tenemos que regresar a esa noche en la que tú también, como millones de personas, prendiste la televisión y viste una cara nueva.
Y esta historia, como casi todas las historias de poder en México, empieza en una pantalla. 2012, 1 de diciembre. Enrique Peña Nieto levanta la mano en San Lázfaro. 46 años. Traje impecable. El peinado exacto, brillante, ese peinado que se volvió una marca y detrás de él el regreso del Partido Revolucionario Institucional a Los Pinos después de 12 años fuera.
Para entender lo que eso significó, tienes que recordar cómo se sentía México en ese momento. El país venía de una guerra. Venía de muertos, de titulares horribles, de gente que ya no salía de noche. Y entonces apareció este hombre joven, guapo, tranquilo, hablando de reformas, de modernidad, de futuro. Las revistas internacionales le pusieron un nombre a eso.
Lo llamaron El momento mexicano. Los foros económicos lo aplaudían de pie. La portada de una revista estadounidense lo puso de cuerpo entero con una frase que hoy suena a broma cruel. el hombre que estaba salvando a México. Y a su lado, en cada foto, en cada acto, en cada portada estaba ella, Angélica Rivera.
Aquí es donde tú entras en esta historia, porque a Peña Nieto quizá lo conociste como político, de lejos, con esa distancia que uno guarda con la gente que sale en las noticias. Pero a ella no. A ella la conocías de otra manera. La habías visto en tu sala. La habías visto llorar en ángeles sin paraíso? ¿La habías visto en destilando amor? ¿La habías escuchado? ¿Habías esperado el capítulo del jueves para saber qué le pasaba? Ella era la gaviota.
Y cuando la gaviota se casó con el presidente de México en el año 2010, medio país sintió algo que va más allá de la política. Sintió que una de las nuestras había llegado hasta arriba. una mujer de Televisa, una mujer que empezó de abajo, que hizo comerciales, que grabó telenovelas durante 25 años, que crió a tres hijas, que se divorció y volvió a empezar.
Ella era la prueba de que se podía. Si tú también la viste crecer en la pantalla, ya sabes de qué te hablo. Yo quiero que retengas esa imagen. La gaviota sonriendo en la boda, el vestido blanco, las cámaras, los aplausos, porque esa mujer, esa mujer que tú admirabas iba a terminar siendo el rostro que México usó para descargar toda su rabia.
Y el hombre que la puso ahí, el hombre que la mandó a la cámara a explicar lo inexplicable, iba a terminar viviendo tranquilo en una urbanización cerrada de Madrid, a 20 minutos del centro, con vigilancia privada en la entrada. Recuerda ese nombre, Angélica Rivera. Va a volver. Pero regresemos al principio porque el principio explica todo lo que vino después.
Enrique Peña Nieto no nació en la política, nació dentro de la política. Su familia es de Atlacomulco, Estado de México. Y ese nombre Atlacomulco, no es un pueblo cualquiera en la historia mexicana. Es una palabra que durante décadas se pronunció en voz baja. El llamado grupo Atlacomulco es la red de familias con padrazgos y apellidos que gobernó el Estado de México durante generaciones.
Su tío abuelo fue gobernador, otro pariente gobernador y él gobernador también del año 2005 al año 2011. Piensa en eso un momento. Un hombre entra a la política a los 20 y tantos años. A los 40 ya es gobernador de la entidad más poblada de México. A los 46 es presidente. Nunca perdió una elección. Nunca tuvo que empezar de cero y nunca vio de cerca cómo se vive cuando el apellido no abre ninguna puerta.
Antes de la gaviota hubo otra mujer y casi nadie habla de ella. Se llamaba Mónica Pretelini. fue su primera esposa, madre de sus tres hijos, y murió el 11 de enero del año 2007 en la ciudad de México, cuando él era gobernador del Estado de México. Tenía 44 años. La versión oficial habló de una crisis epiléptica. Con los años circularon otras versiones.
Versiones que llenaron programas de espectáculos durante años y que nunca fueron probadas ante ninguna autoridad. Y yo no te las voy a repetir como si fueran hechos, porque no lo son, y porque esa mujer tenía hijos que hoy son adultos y que leen lo que la gente escribe sobre su madre. Lo que sí es un hecho es esto.
3 años después de enviudar, el gobernador se casó con la actriz más popular de la televisión mexicana en una boda transmitida en cadena nacional. Y en México, cuando un político se casa con una estrella de telenovela, no se está casando con una mujer, se está casando con 20 millones de televidentes. Ahora quiero contarte una escena.
Diciembre del año 2011, feria internacional del libro de Guadalajara. Peña Nieto ya es prácticamente el candidato del PR a la presidencia. Está en un foro rodeado de periodistas. Le hacen una pregunta simple. ¿Cuáles son los tres libros que han marcado su vida? y no pudo. Se enredó, balbuceó, confundió títulos, confundió autores, dijo que había leído partes de la Biblia, mencionó un libro y le atribuyó otro autor.
El video se hizo viral. Se rieron de él durante meses y a la salida, en lugar de reconocerlo, dijo una frase que a mí se me quedó grabada. Dijo que los libros a él no le habían marcado tanto la vida. Piensa en eso un segundo. El hombre que iba a gobernar a 120 millones de personas y aún así ganó la elección con holgaba el que salía bien en la foto y tenía atrás la maquinaria.
Lo que supiera o dejara de saber era lo de menos. Y en el Estado de México, mientras gobernaba, hizo algo que iba a marcarlo para siempre. Se rodeó de constructores. Porque así funciona la maquinaria. Y quiero explicártela sin palabras técnicas porque es lo más importante que vas a escuchar hoy. Un gobernador tiene presupuesto.
Con ese presupuesto se hacen carreteras, puentes, hospitales, distribuidores viales. Ese dinero no lo gasta el gobernador con sus manos, se lo entrega a empresas constructoras y esas empresas ganan concursos. En teoría, gana la que ofrece el mejor precio y la mejor calidad. En la práctica, en México durante décadas ganó la que era amiga.
Y si tú eres el constructor amigo, ganas contratos, ganas millones y con el tiempo empiezas a hacer favores. Un avión prestado para la campaña, una casa construida a gusto del jefe, un terreno, un préstamo que nadie va a cobrar y el político empieza a vivir por encima de lo que sueldo le permitiría vivir y ya no puede volver atrás porque el que te construyó la casa sabe cómo te la construyó.
Esa es la cadena y una vez que la aceptas ya no eres tú quien manda, manda el que tiene el papel. Ese constructor tiene nombre, se llama Juan Armando Inojos Canto y su empresa se llama Grupo Iga. Anota ese apellido nojosa. Va a aparecer otra vez y cuando aparezca todo va a cambiar. Grupo IGA construyó obra pública para el Estado de México mientras Peña Nieto era gobernador.
Cuando Peña Nieto llegó a la campaña presidencial del año 2012, una filial del mismo grupo llamada Eolo Plus rentó aviones al Partido Revolucionario Institucional para que el candidato volara por el país. Otra filial imprimió el material que se regalaba en los mítines, los tupers de plástico con la cara del candidato que tal vez tú misma recibiste en un acto, en un tianguis, en una plaza.
Ese plástico también salió de ahí y cuando Peña Nieto ganó, cuando llegó a Los Pinos, Grupo Iga no se quedó atrás. Se subió al proyecto más grande y más simbólico del sexenio, el tren de alta velocidad México Querétaro. La primera obra de ese tipo en América Latina, el símbolo perfecto del momento mexicano. El consorcio que ganó esa licitación estaba encabezado por una empresa del gobierno chino, la China Railway Construction Corporation.
Y adentro, entre las empresas mexicanas iba constructor Tya. Constructor Atella es de Grupo IGA, es decir, el hombre que le había construido obra pública en el Estado de México, el hombre que le prestó los aviones de campaña, ahora entraba en la obra más grande del país. Nadie dijo nada, nadie preguntó nada, se firmó y se anunció con música.
Y entonces, el 6 de noviembre del año 2014, pasó algo que nadie entendió en ese momento. El gobierno canceló el tren de la noche a la mañana, sin explicación clara, una obra de miles de millones de pesos adjudicada, firmada, anunciada con un socio que era nada menos que el gobierno de China, cancelada. El secretario de comunicaciones y transportes salió a decir que había dudas en la opinión pública y que se iba a reponer la convocatoria.
Nadie le creyó, pero nadie sabía por qué. Tres días después, el 9 de noviembre del año 2014, el equipo de la periodista Carmen Aristegui publicó un reportaje y México se rompió porque en ese reportaje estaba la respuesta. Estaba la casa, una residencia en la calle Sierra Gorda número 150 en las Lomas de Chapultepec, blanca, moderna, enorme, con paredes de cristal, valuada por una valúe independiente en unos 86 millones de pesos de aquel momento, alrededor de 7 millones de dólares.
La familia presidencial vivía ahí y la casa no estaba escriturada a nombre de ellos. Estaba a nombre de una empresa llamada Ingeniería Inmobiliaria del Centro y esa empresa era de Grupo IGA de Juan Armando Inojos Acantú. El mismo hombre piensa en lo que eso significa. El contratista que ganaba obra pública del gobierno era el dueño legal de la casa donde dormía el presidente de la República.
Y ahora entiendes por qué se canceló el tren. Lo cancelaron tres días antes de que se publicara el reportaje. Alguien sabía lo que venía. Alguien intentó apagar el incendio antes de que empezara. Años después, en agosto del año 2020, Emilio Lofoya declaró ante la Fiscalía General de la República sobre esa cancelación.
Según su declaración, el presidente le habría dicho que tenía un problema porque Grupo Iga le había facilitado una casa a Luis Videaray en Marinalco y a él lo estaba apoyando con otra casa. Loya afirmó que le sugirió simplemente sacar a Grupo Iga del proyecto y que Peña Nieto prefirió sacrificar el tren entero.
Eso es lo que dijo Lozoya bajo declaración, buscando un beneficio judicial. Y hay que decirlo así con esas palabras, porque él tenía interés en decirlo. Peña Nieto lo ha negado, pero la casa existía, la empresa existía, el nombre en el registro público de la propiedad existía y el tren se canceló tres días antes. Piensa en eso un momento y dime si te parece una coincidencia.
Lo que vino después es lo que de verdad quiero contarte, porque el escándalo lo conoces, lo viste, lo comentaste con tus vecinas. Lo que no viste fue lo que pasó dentro, lo que hicieron para taparlo, a quién sacrificaron y quién levantó la mano para poner la cara. 9 días después del reportaje, el 18 de noviembre del año 2014, apareció un video.
Ese video no lo grabó el presidente, ni su vocero, ni ninguno de los funcionarios que cobraban por defenderlo. Lo grabó ella, Angélica Rivera, sentada mirando a cámara, con la voz temblando, explicándole a un país entero de dónde había sacado el dinero para comprar una casa. La gaviota, la mujer que tuviste crecer en tu televisión, la mujer que había trabajado 25 años en Televisa, tuvo que salir a decir públicamente que no tenía nada que esconder, que había trabajado toda su vida y que renunciaba a los derechos de compraventa del inmueble. Y ahí está la
escena que resume el sexenia entero. El hombre que era presidente, que tenía el cargo, que firmaba los contratos, que nombraba a los secretarios, dejó que la mujer diera la cara y México, que estaba furioso, descargó su furia sobre ella. Aquí viene lo primero que te prometí. Pero antes de entrar, necesito que hagamos algo juntos, algo que va a doler.
Quiero que pienses en la mujer que sale a defender lo que otro hizo. Quizá tú conoces a alguien así. Quizá esa persona eres tú, la que puso la cara cuando el marido metió la pata, la que fue a pedir la prórroga en el banco. La que aguantó las niradas del vecindario mientras él se quedaba en la casa, la que se tragó la vergüenza que no le tocaba.
Lo que le pasó a Angélica Rivera es exactamente eso, pero multiplicado por 120 millones de personas viéndola llorar en cámara lenta. Y él, mientras tanto, callado, vamos a hablar de lo que pasó cuando el escándalo estalló y vamos a hablar de un hombre del que probablemente nunca has oído hablar. Se llama Virgilio Andrade Martínez, 3 de febrero del año 2015.
Han pasado casi tres meses desde el reportaje. México sigue furioso. Las marchas no paran y el presidente hace algo que en cualquier otro país habría terminado su carrera esa misma tarde. Anuncia que va a investigar el caso y anuncia quién lo va a investigar. Peña Nieto nombra a Virgilio Andrade como titular de la Secretaría de la Función Pública, que es la dependencia encargada de vigilar a los funcionarios del gobierno federal, y le encarga, con esas palabras que investigue si él, si su esposa y si su secretaria de Hacienda
incurrieron en conflicto de interés. Léelo otra vez despacio, porque cuesta creer que ocurrió a la vista de todos. El presidente nombró al hombre que iba a investigar al presidente. El empleado investigando al jefe con el sueldo que le paga el jefe, en el cargo que le acaba de dar el jefe. Si alguien te hiciera eso en tu trabajo, tú sabrías exactamente cómo va a terminar.
Y terminó exactamente como cualquiera podía adivinar que iba a terminar. 21 de agosto del año 2015. Virgilio Andrade se para frente a los micrófonos y anuncia los resultados de su investigación. No hubo conflicto de interés. Ni el presidente, ni Angélica Rivera, ni Luis Videgaray incurrieron en falta alguna. El argumento que dio es de una elegancia perversa.
Los inmuebles se adquirieron antes de que ellos fueran funcionarios y ninguno de ellos participó personalmente en los procesos de contratación de las empresas. Fin. Carpetazo. Siguiente tema. La casa de Sierra Gorda, 150. Comprada a una empresa de un contratista del gobierno sin conflicto. La casa de Marinalco del secretario de Hacienda, comprada a otra empresa del mismo grupo IGA, sin conflicto, nada.
Ni una sanción administrativa, ni una multa, ni siquiera una llamada de atención. Aquí viene lo primero que te prometí. El hombre que exoneró al presidente de México fue nombrado en el cargo por el presidente de México tres meses antes con la instrucción explícita de investigarlo. Y ese es el mecanismo, ese es el corazón de todo lo que estás viendo.
Porque la corrupción en México casi nunca ha sido un maletín con billetes debajo de la mesa. Eso es lo que se ve en las películas. Lo real es más aburrido, más frío y muchísimo más eficaz. consiste en decidir quién revisa el expediente. El que pone al revisor decide el resultado. Y si eres el presidente, tú pones al revisor. Cuando entiendes esa frase, entiendes México.
Ahora déjame contarte el otro lado de la moneda, porque hubo alguien que sí pagó. Los periodistas. El reportaje de la Casa Blanca lo hizo el equipo de investigación de Carmen Aristegui. Cuatro nombres que quiero que escuches porque a estas personas México les debe algo. Daniel Lizárraga, Rafael Cabrera, Irvin Huerta y Sebastián Barragán.
13 meses de trabajo, solicitudes de transparencia, registros públicos de la propiedad, un avalúo pagado de su bolsa para saber cuánto valía la casa. Y todo esto empezó, óyeme bien, por una entrevista de revista. En mayo del año 2013, la revista Hola publicó un reportaje con Angélica Rivera dentro de esa residencia, fotos grandes, luminosas de la casa.
Y ella contó a la revista que Los Pinos les estaba prestado solo por 6 años y que su verdadera casa, su hogar, era esa donde se hizo el reportaje. Esa frase encendió la curiosidad de los periodistas. 13 meses después publicaron y en marzo del año 2015, 4 meses después del reportaje y mientras Virgilio Andrade todavía investigaba, la radiodifusora MBS despidió a Carmen Aristegui y a todo su equipo.
La empresa habló de un conflicto empresarial. Los periodistas señalaron otra cosa. El reportaje ganó el Premio Nacional de Periodismo. Ganó el premio Gabriel García Márquez y los que lo hicieron se quedaron sin trabajo mientras el hombre investigado seguía siendo presidente. Esa es la palanza. Que no se te olvide cómo se ve.
Y ahora quiero que hagamos memoria juntos. Porque mientras todo esto pasaba allá arriba, en las oficinas, en las notarías, en las conferencias de prensa, tú estabas aquí abajo viviendo tu vida y también te tocó. ¿Te acuerdas del gasolinazo? Enero del año 2017. El precio de la gasolina subió de golpe hasta un 20%. Un día llegaste a la gasolinera y la cuenta ya no daba.
Y a partir de ahí subió el transporte. Y a partir de ahí subió el jitomate. Subió el huevo, subió el gas. Porque en México todo viaja en camión y cuando sube la gasolina sube tu despensa. Hubo bloqueos, hubo saqueos, hubo gente enfurecida en las carreteras y a ti en tu cocina con el recibo de la luz en la mano, te tocó hacer la cuenta otra vez, quitar algo, comprar la marca más barata, decirle a tu hijo que este mes no.
Ese mismo año el dólar rompió los 20 pesos. ¿Y te acuerdas de agosto del año 2016? Donald Trump todavía era candidato. Llevaba meses diciendo en la televisión de Estados Unidos que los mexicanos eran violadores y criminales. Llevaba meses prometiendo un muro que, según él, México iba a pagar. Y Enrique Peña Nieto lo invitó a Los Pinos. Lo recibió, le dio la mano, se paró junto a él en un atril en la residencia oficial del presidente de México delante de las banderas.
Y ese día, millones de mexicanos sintieron algo que va más allá de la política. Sintieron vergüenza. Vergüenza del tipo que arde. Yo me acuerdo de dónde estaba viendo eso y estoy seguro de que tú también. Ese fue el sexenio. Por arriba, contratos, casas, empresas fantasma. Por abajo, tú haciendo cuentas en la cocina y en medio una mujer que iba a pagar por todos.
Ahora quiero que veamos a Angélica Rivera porque su historia es la que más me cuesta contar. En diciembre del año 2014, un mes después del video, ella devolvió los derechos de la casa a Grupo Oiga, renunció al inmueble, devolvió la propiedad y a partir de ahí empezó a desaparecer. La mujer que había estado en cada portada, en cada evento, en cada gira internacional, dejó de aparecer poco a poco, sin anuncio, sin explicación, y México, que necesitaba a alguien a quien odiar, la eligió a ella.
Piensa en la injusticia de eso durante un segundo. El presidente firmaba los contratos, el presidente nombraba a los secretarios, el presidente decidía qué empresa ganaba y qué empresa perdía. Y la que se llevó las burlas, los memes, los insultos en la calle, fue la actriz que salió a leer un texto que probablemente ni siquiera escribió.
En febrero del año 2019, ya terminado el sexenio, se confirmó la separación. El matrimonio se acabó y él se fue a España y ella se quedó aquí. Si alguna vez te tocó cargar con la culpa de otro, sabes exactamente lo que ella sintió. Escríbelo en los comentarios. Yo los leo. Pero la Casa Blanca fue solamente la primera grieta. La primera.
Una casa, por escalosa que fuera, todavía se podía explicar con un video, con un contrato privado, con un funcionario nombrado a modo. Lo que venía después ya no cabía en ninguna explicación, porque mientras el país discutía una residencia en las lomas, dentro del gobierno estaba funcionando una maquinaria y esa maquinaria no robaba casas, robaba comida.
Quiero que entiendas cómo funcionaba y te lo voy a explicar como si estuviéramos sentados en tu cocina, porque el día que lo entiendas ya no vas a poder verlo de otra manera. Existe en México una ley de adquisiciones. Esa ley dice que cuando el gobierno necesita comprar algo o contratar un servicio, tiene que hacer una licitación pública, es decir, tiene que abrir un concurso, invitar a varias empresas, comparar precios y quedarse con la mejor oferta.
Eso es para que el dinero de tus impuestos no se lo lleve el compadre. Pero esa misma ley tiene una puerta. Dice que una dependencia del gobierno sí puede contratar directamente, sin concurso a otra institución pública, por ejemplo, a una universidad del Estado. La lógica original es sensata. Si la Secretaría de Salud necesita un estudio científico, ¿para qué va a hacer una licitación si la Universidad Nacional puede hacerlo? Ahí está la puerta y por esa puerta se fue el dinero de los más pobres de México. Así funcionaba. Una secretaría
del gobierno federal firmaba un convenio con una universidad pública. Le entregaba, digamos, 100 millones de pesos sin concurso, sin comparar precios, sin nada. La universidad se quedaba con una comisión entre el 10 y el 15%. Y después esa universidad subcontrataba empresas privadas para que hicieran el trabajo.
Hasta ahí, en el papel, todo tenía sellos y firmas. Pero cuando los investigadores fueron a tocar la puerta de esas empresas, muchas de esas puertas no existían. bodegas vacías, direcciones falsas, casas particulares donde vivía una señora que no sabía nada, empresas sin empleados, sin maquinaria, sin capacidad para hacer nada de lo que decían haber hecho. Empresas fantasma.
Y ahora la cifra, escúchala con calma. 7670 millones de pesos. Ese es el monto que 11 dependencias del gobierno federal entregaron en contratos ilegales durante los años 2013 y 2014. Según la revisión de las cuentas públicas que hizo la Auditoría Superior de la Federación y que reconstruyeron después los periodistas de Animal Político y la Organización Mexicanos contra la corrupción y la impunidad, ocho universidades públicas sirvieron de puente.
Se quedaron con 1000 millones de pesos de comisión por prestar su nombre. 186 empresas recibieron ese dinero y de esas 128 no debían haber recibido ni un peso porque no tenían infraestructura ni personalidad jurídica ni existían. 343 millones de pesos simplemente desaparecieron. Le pusieron un nombre, la estafa maestra.
Y aquí quiero que te detengas porque esta es la parte que a mí me quita el sueño. Ese dinero tenía un destino y el destino tenía cara. Parte de esos recursos estaban ligados a la Secretaría de Desarrollo Social, la SED Sol, la dependencia del gobierno mexicano, cuya única razón de existir es atender a la gente que no tiene nada y estaban ligados a un programa que se anunció con bombo y platillo en el año 2013.
La cruzada nacional contra el hambre. Contra el hambre. Ese dinero era despensa, era leche, era un techo de lámina, era una estufa que no llena de humo la cocina, era el desayuno de un niño en la Sierra de Chiapas y terminó convertido en una factura falsa de una empresa que no existe. Piensa en lo que eso significa, no en la cifra, en la escena.
Una mujer en una comunidad rural esperando la despensa que le prometieron, sentada en la puerta esperando el camión. El camión nunca llegó y el dinero de ese camión pasó por una universidad. Salió una empresa fantasma con domicilio en una bodega vacía de Tabasco y de ahí se perdió en un laberinto de cuentas que nadie ha podido cerrar hasta el día de hoy.
Eso es la estafa maestra y eso es lo que estaba pasando dentro del gobierno mientras en la televisión se hablaba de reformas, de modernidad y de crecimiento. Si te está hirviendo la sangre es porque tienes corazón. No te vayas, lo peor todavía no llega, porque el 26 de septiembre del año 2014, 6 semanas antes de que estallara lo de la Casa Blanca, ya había pasado la otra noche, la que no se pude maquillar con ningún contrato.
Igual a Guerrero, 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayocinapa desaparecieron. 43 muchachos pobres, hijos de campesinos que estudiaban para ser maestros rurales, que salieron esa noche a tomar unos autobuses como se hacía desde hacía décadas para ir a una marcha y no volvieron. Y sus madres, y esto quiero decirlo despacio, sus madres siguen esperando.
12 años después, todavía hoy, todavía este año, hay mujeres de tu edad, mujeres de 60 y de 70 años que se levantan cada mañana con la foto de su hijo pegada en la pared y que no saben dónde está. Lo que hizo ese gobierno con ese dolor tiene nombre, tiene fecha y tiene un responsable con expediente abierto.
Y ese hombre, el que se paró frente a México a decir que ya se había cansado, iba a terminar sus días de una forma que nadie previó. Guarda ese nombre, Jesús Murillo Karam, porque a partir de aquí empieza la caída. Y la caída no fue como te la contaron. Aquí viene lo segundo que te prometí. Porque saber que existió la estafa maestra es una cosa, saber quién firmó, quién cobró y quién terminó pagando por ella es otra muy distinta.
Y te voy a dar los nombres. Las dependencias que movieron el dinero fueron 11, entre ellas la Secretaría de Desarrollo Social, que en ese momento encabezaba Rosario Robles, el Banco Nacional de Obras, la Secretaría de Educación Pública y Petróleos Mexicanos, Pemex, la joya de la nación, la empresa que durante décadas fue el orgullo del país, también estaba adentro.
Las universidades que prestaron su nombre fueron ocho. Y te las voy a decir porque merecen que se sepan. La Universidad Autónoma del Estado de México, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, la Universidad Autónoma del Carmen en Campeche y cinco instituciones de Tabasco, entre ellas la Universidad Juárez Autónoma, la Universidad Popular de la Chontalpa y la Universidad Politécnica del Golfo de México.
Universidades públicas, casas de estudio, lugares donde los hijos de la gente pobre van a intentar cambiar su vida. convertidas en tubería y las empresas, 128 de ellas no debían recibir un solo peso. Cuando los periodistas fueron a buscarlas, esto es lo que encontraron. 11 ya habían sido declaradas fantasma por el servicio de administración tributaria.
28 no tenían dirección. 12 fueron desmanteladas apenas terminaron los contratos con las universidades. Ocho no estaban en el domicilio que habían declarado. 44 ni siquiera aparecían en el registro de la Secretaría de Economía. Piensa en el nivel de descaro que hace falta para eso. Alguien en una oficina con aire acondicionado firmó un papel que entregaba millones de pesos públicos a una empresa que no tenía ni oficina.
Y ese papel tenía sellos y tenía número de folio y tenía firma, lo que no tuvo nunca fue consecuencias porque en el papel todo esto es un delito enorme. En la vida real, de los más de 50 servidores públicos que aparecieron señalados en la investigación, la Fiscalía General de la República actuó contra un puñado. Y de todos los nombres del gabinete de Enrique Peña Nieto, solo uno terminó en una celda por este caso.
Un nombre de mujer. 13 de agosto del año 2019. Rosario Robles Berlanga es trasladada al penal femenil de Santa Marta a Catitla en la ciudad de México. La acusación en su contra era textualmente ejercicio indebido del servicio público y en el fondo de la acusación había una idea muy concreta. Se le señalaba de omisión de no haber informado a su superior jerárquico sobre el desvío de ,073 millones de pesos en las dependencias que ella dirigió.
Su superior jerárquico era el presidente de la República. Detenten esa frase. La acusaron de no haberle avisado a Enrique Peña Nieto. Ella entró a la cárcel. Él nunca fue llamado a declarar. Y quiero ser muy claro contigo, porque este canal no está aquí para lavarle la cara a nadie. Rosario Robles fue secretaria de Estado.
Firmó lo que firmó, encabezó las dependencias por donde salió ese dinero. Y hay familias en este país que se quedaron sin despensa mientras ella tenía escoltas. Pero también es verdad esto y las dos cosas caben en la misma historia. Pasó 3 años encerrada en Santa Marta a Catitla, tres años en un penal de mujeres donde el poder no entra con guardaespaldas ni con discursos, 3 años sin juicio.
Y al final, después de esos 3 años, ¿sabes cómo terminó todo? En agosto del año 2022 salió libre. En febrero del año 2023, un juez federal decretó el sobreseguimiento de la causa penal en su contra con efectos de sentencia absolutoria. El argumento fue técnico, casi burocrático, que en el momento de los hechos esa conducta estaba prevista en una ley administrativa y no en el Código Penal Federal.
Por lo tanto, no era un asunto penal. La Fiscalía apeló, perdió. La Auditoría Superior de la Federación metió un amparo, perdió. Y en octubre del año 2024, la Suprema Corte de Justicia de la Nación confirmó por unanimidad la absolución de Rosario Robles. Absuelta, legalmente absuelta. 7,670 millones de pesos en contratos ilegales, 3,43 millones de desaparecidos, 128 empresas fantasma, ocho universidades, 11 dependencias del gobierno federal, más de 50 servidores públicos señalados y al final cero responsables penales del más alto nivel. Esa es la maquinaria.
Ese es el sistema del que te vengo hablando desde el principio. El sistema que no necesita esconder el dinero debajo de un colchón porque tiene algo mejor. Tiene abogados, tiene tiempo y tiene jueces. Nadie firmó la denuncia que hacía falta. Y quiero que veamos una cosa más antes de irnos a Guerrero, porque hay un detalle de la estafa maestra que se le escapó a casi todo el mundo.
¿Sabes qué compraban esas universidades con el dinero público? Estudios. diagnósticos, padrones, investigaciones. La Secretaría de la Función Pública lo revisó años después y encontró que en documentos de Pemex, en estudios técnicos encargados a universidades por montos de hasta 40 millones de pesos, había párrafos copiados de Wikipedia.
de Wikipedia 40,000 de pesos por un texto que cualquiera puede leer gratis en su celular a las 3 de la mañana y ahí está el retrato completo de lo que era ese gobierno. Ni siquiera se molestaban en fingir bien. Sabían que nadie iba a revisar. Sabían que el papel se iba a archivar.
Sabían que el expediente iba a envejecer solo en una bodega hasta que dejara de importar. Y tenían razón. Quizá tú trabajaste toda tu vida, te levantaste a las 5, criaste hijos y nunca viste juntos 40 millones de pesos ni en sueños. Alguien los cobró por copiar y pedar. Ahora sí, vamos a Guerrero, porque ahí está lo que ninguna cifra puede lavar. Vamos a Iguala.
26 de septiembre del año 2014. Es de noche. Un grupo de estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos en Ayotchinapa toma unos autobuses. Es una práctica vieja de décadas que las autoridades toleraban. Los normalistas tomaban camiones para poder trasladarse a las marchas y a las actividades de la escuela.
Son muchachos de entre 18 y 20 pocos años, hijos de campesinos. La normal rural es de las pocas escuelas donde un hijo de jornalero puede llegar a ser maestro sin pagar colegiatura. Esa noche los persiguieron, les dispararon y 43 de ellos desaparecieron. 43. Y aquí es donde entra Jesús Murillo Karam. Era el procurador general de la República, el hombre más poderoso del sistema de justicia mexicano.
77 años de trayectoria priist espaldas. gobernador de Hidalgo, senador, diputado federal, presidente de la Cámara de Diputados. En enero del año 2015 se paró frente a México y presentó lo que él mismo llamó la verdad histórica. Según esa versión oficial, los muchachos fueron entregados por policías municipales a un grupo criminal, llevados a un basurero en Cocula, asesinados, incinerados en una hoguera durante horas y sus restos arrojados al río San Juan.
Todo cerrado, todo explicado, caso resuelto. Y las madres dijeron que no. Las madres, esas mujeres de rebozo, de manos partidas, que en su vida habían salido de su pueblo, se plantaron frente al Estado mexicano y dijeron que no les creían y tenían razón, porque vinieron los expertos internacionales, el grupo interdisciplinario de expertos independientes convocado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y hicieron algo que en México casi nunca se hace.
Revisaron la evidencia y lo que encontraron desarmó la verdad histórica pedazo por pedazo. Peritajes de fuego que demostraban que era físicamente imposible incinerar esa cantidad de cuerpos en ese basurero en esas condiciones. Irregularidades en la cadena de custodia, escenas manipuladas y denuncias de tortura contra los detenidos.
Tortura para arrancarles las declaraciones que sostenían la versión oficial. Y ahora quiero contarte lo que hizo el gobierno de Enrique Peña Nieto con esos expertos internacionales. No les agradeció, no los invitó a quedarse, los sacó. Cuando el grupo interdisciplinario de expertos independientes empezó a pedir cosas incómodas, cuando pidió interrogar a los militares del batallón que estaban igual a esa noche, cuando pidió acceso a documentos que la Procuraduría no quería enseñar, empezó una campaña en su contra en varios medios mexicanos. Los acusaron
de tener agendas políticas, los acusaron de todo. Y en abril del año 2016, el gobierno mexicano no renovó su mandato. Se fueron. Piensen lo que eso significa para una madre. Llegaron unos expertos de fuera, los únicos que le decían la verdad, los únicos que revisaban la evidencia sin miedo, los únicos que le daban esperanza.
Y el gobierno de su propio país los echó. En agosto del año 2022, la Comisión para la Verdad creada para investigar el caso llegó a una conclusión que México no había escuchado nunca en boca de una institución del Estado. Lo llamaron crimen de Estado y al día siguiente, el 19 de agosto del año 2022, detuvieron a Jesús Murillo Caram en su casa de la Ciudad de México.
Los cargos desaparición forzada, tortura y delitos contra la administración de justicia. El hombre que había cerrado el caso terminó siendo acusado de haberlo cerrado con tortura. Quiero que te quedes con una imagen porque hay imágenes que valen más que un expediente entero. Noviembre del año 2014. Murillo Karam está dando una conferencia de prensa.
Lleva horas respondiendo preguntas sobre los 43 muchachos. Los reporteros insisten, preguntan otra vez, preguntan de nuevo. Y él harto se levanta y dice tres palabras. Ya me cansé. Se cansó él y ahora piensa en la señora que va todos los días a la fiscalía con la foto de su hijo plastificada porque el papel ya se le está rompiendo de tanto sacarlo del bolso.
12 años yendo, 12 años sin una respuesta. Ella no se cansó. Si tú eres madre, no necesitas que te explique nada más. Tú ya lo entendiste. Y aquí hay algo que quiero que sepas, porque es lo que separa este canal de los que solamente repiten el chisme. Enrique Peña Nieto nunca ha sido acusado penalmente por Ayots Chinapa. Ninguna autoridad lo ha señalado como responsable de esa noche.
Eso es un hecho y hay que decirlo con todas sus letras. Lo que sí es un hecho documentado, verificado y reconocido por instituciones del propio Estado mexicano es que la investigación que se hizo bajo su gobierno estuvo contaminada, que la versión oficial que presentó su procurador se sostuvo sobre declaraciones obtenidas con tortura y que 12 años después las 43 familias sigan sin respuesta.
Un presidente responde por su gobierno. Eso es lo que significa gobernar. Y él respondió con silencio, ahora vamos a mirar el mapa completo, porque es el momento de juntar las piezas. La Casa Blanca mostró el lujo, la estafa maestra mostró el saqueo, mostró el abismo. Y cuando esas tres heridas se juntaron, la cara moderna del Nuevo México empezó a verse por lo que era. Una fotografía muy bien iluminada.
Pero un presidente no roba solo. Un presidente no puede firmar solo. Para que millones de salgan de un presupuesto público, atraviesen oficinas, convenios, bancos y fronteras, hacen falta manos. Manos que firman, manos que abren cuentas donde nadie pregunta. Manos limpias por fuera, con reloj caro y traje oscuro.
Y cuando el poder cambió de dueño, cuando llegó un gobierno nuevo que necesitaba mostrarle al país que la corrupción se castigaba, esas manos fueron las primeras en quedar al descubierto. Cuatro nombres, cuatro caídas, cuatro portadas. Emilio Lozoya, Rosario Robles, Juan Ramón Collado, Jesús Murillo Caram. Tú los viste caer, viste las fotos, viste las esposas.
Viste el reclusorio y te dijeron que la justicia había llegado. Ahora te voy a contar dónde está cada uno de ellos hoy en el año 2026 y te aseguro que no te lo esperas. Aquí viene lo tercero que te prometí. Y antes de entrar, necesito que hagamos una pausa, una pausa de verdad, porque hay una promesa que las mujeres de tu generación se la hicieron mil veces.
Te dijeron, “Aguanta, que al final todo se paga.” Te dijeron, “Dios tarda, pero no olvida.” Te dijeron que la justicia llega, aunque llegue tarde. Y tú lo repetiste. Se lo dijiste a tus hijos. Te lo dijiste a ti misma en las noches en que no había de otra. Lo que viene ahora es la historia de lo que pasa cuando la justicia sí llega, sale en la televisión, se toma una foto con las esposas puestas y después se va.
Empecemos por el más famoso, Emilio Lozoya Austin, 48 años cuando lo detuvieron, hijo de un exsecretario de energía. Estudió en el extranjero, habla varios idiomas. Fue director general de petróleos mexicanos, el cargo más codiciado del país, el hombre que decidía sobre el petróleo de México y fue el operador financiero de la campaña presidencial del año 2012.
La acusación en su contra es por el caso Odebrecht, la constructora brasileña que sobornó gobiernos en toda América Latina y por el caso Agronitrogenados, una planta chatarra que Pemex compró a sobreprecio. En febrero del año 2020 lo detuvieron en España. En julio de ese mismo año fue extraditado a México.
Y aquí hizo lo que hacen todos los hombres del sistema cuando el sistema lo suelta. habló. En agosto del año 2020 presentó ante la fiscalía una declaración de 60 páginas. 60. En ella acusó de corrupción a Enrique Peña Nieto, a Felipe Calderón y a Carlos Salinas de Gortari. Señaló a senadores, señaló a diputados, señaló a periodistas.
Buscaba un criterio de oportunidad que es la figura legal que le permite a un acusado colaborar con la justicia a cambio de un trato más benigno. Y por un tiempo le funcionó. tuvo prisión domiciliaria. Se movía por la ciudad. Su testimonio sacudía al viejo régimen desde la comodidad de su casa. Pero antes de contarte cómo cayó, necesito explicarte qué es Odebrext, porque si no lo entiendes, te pierdes el corazón de todo esto.
Odebrecht era una constructora brasileña gigantesca y tenía dentro de la empresa, óyeme bien, un departamento dedicado exclusivamente a pagar sobornos. Un departamento con contadores, con sistema informático, con nombres en clave para los políticos. Sobornaron gobiernos en Brasil, en Perú, en Colombia, en Panamá, en República Dominicana, en Argentina, en Ecuador.
Tumbaron presidentes, metieron a la cárcel a expresidentes en varios países de América Latina. En México, según la declaración de Emilio Lozoya, ese dinero habría entrado a la campaña presidencial del año 2012. y habría entrado con un propósito muy concreto, comprar los votos necesarios en el Congreso para aprobar la reforma energética.
La reforma energética, ¿te acuerdas de esa palabra? La escuchaste mil veces en los noticieros. Te dijeron que iba a bajar el precio de la luz, te dijeron que iba a bajar la gasolina. Te dijeron que México se iba a llenar de inversión. Nada de eso pasó. Lo que sí pasó, según lo que Lozoya declaró ante la fiscalía, es que hubo dinero de Odebrex repartido entre legisladores para que levantaran la mano.
Y en Brasil, en Perú, en Panamá, ese mismo escándalo mandó a presidentes a la cárcel. En México no. Adivina qué país es el único grande de América Latina, donde el caso Odebrex no ha terminado con nadie de arriba en prisión, hasta que Lozoya cometió el error. 9 de octubre del año 2021. Restaurante Junan, en las lomas de Chapultepec, uno de los lugares más caros de la capital.
Alguien lo fotografió. Ahí estaba el hombre acusado en uno de los casos de corrupción más grandes de la historia moderna de México, cenando tranquilamente con amigos en un restaurante de lujo mientras el país lo señalaba. México vio esa foto y explotó. Y explotó por una razón muy sencilla, una razón que tú entiendes perfectamente porque era una burla.
Poco después fue enviado al reclusorio norte, prisión preventiva, y ahí pasó más de 2 años, el hombre que había administrado el petróleo de México contando los días en una celda. Y ahora te digo dónde está hoy. En febrero del año 2024, un tribunal federal le concedió prisión domiciliaria y salió del reclusorio norte. Está libre.
Emilio Lozoya está libre. Sigue enfrentando el proceso por Odebrecht. Sí. La fiscalía llegó a pedir 46 años de cárcel para él, pero entregó su pasaporte. Se considera que ya no hay riesgo de fuga y su juicio avanza a paso de tortuga mientras él lo espera fuera de la cárcel. En marzo del año 2026, la Suprema Corte dejó firme la primera y única sentencia que existe contra él.
Y quiero que escuches bien de qué es esa sentencia, porque duele de tan absurda. No es por Odebres, es por daño moral. Lozoya tuvo que indemnizar a la periodista Lourdes Mendoza, a quien había acusado falsamente de recibir sobornos en su declaración de 60 páginas. 500,000 pesos, 8 años de proceso, extradición desde España, 2 años de cárcel.
Y la única condena firme que tiene el hombre que operó el dinero de una campaña presidencial es por haber difamado a una periodista. En mayo del año 2026, la fiscalía sí logró algo real. La extinción de dominio de su residencia en Lomas de Bezares, valuada en más de 51 millones de pesos, le quitaron la casa. Le quitaron la casa, no la libertad.
Sigamos. Vamos al segundo nombre y este es el que más te va a indignar, Juan Ramón Collado Mocero. Durante años su nombre se pronunció en México como una contraseña. Fue el abogado de la élite. Representó a Raúl Salinas de Gortari, hermano del expresidente. Representó a Carlos Romero de Shamps, el líder del sindicato Quetrolero.
a Javier Duarte, a Roberto Borge, a Mario Villanueva, a Diego Fernández de Ceballos y fue amigo cercano de Carlos Salinas de Bortari y de Enrique Peña Nieto. 9 de julio del año 2019. Lo detienen los cargos, delincuencia organizada y lavado de dinero. Y aquí es donde aparece un país diminuto escondido entre montañas que la mayoría de la gente solo conoce por las estaciones de esquí Andorra.
Ahí, en la banca privada de Andorra, la justicia de ese principado detectó un entramado financiero a nombre de Collado. Según los reportajes de investigación del diario El País firmados por los periodistas José María Irujo y Joaquín Hill, Collado manejó 24 cuentas en esa banca entre los años 2006 y 2015 y ocultó ahí 111 millones de dólares. 111 millones de dólares.
Y ese dinero se movía a través de sociedades instrumentales holandesas, empresas de papel, con nombres bonitos y sin un solo empleado. Marathon Corporation, Constellation Investments, Diamond Corporation, Cascarones, fachadas, muros de papel entre el hombre y el dinero. La justicia de Andorra tiene retenidos desde el año 2015 más de 100 millones de euros que pertenecerían a Collado.
Alrededor de 1900 millones de pesos. Los congelaron porque según la fiscalía andorrana él no pudo justificar de dónde venían. Y hay un detalle que se me quedó atorado desde que lo leí. Con ese dinero, según el mismo reportaje, Collado tenía inversiones en acciones de Volkswagen, de Apple, de Disney, Disney.
Mientras una señora en Chiapas esperaba una despensa que nunca llevó, alguien tenía acciones de Disney en un banco de Andorra. Si eso no te revuelve el estómago, nada lo hará. Y ahora te digo dónde está Juan Collado hoy. En septiembre del año 2023 salió del reclusorio norte por razones de salud con un brazalete electrónico en el tobillo.
Y el primero de febrero del año 2024, un juez federal canceló las acusaciones de delincuencia organizada y lavado de dinero en su contra. Sobreseimiento. El argumento fue que no había delito que perseguir. El abogado del poder ganó su propio juicio. Le quedaron pendientes menores. Un acuerdo reparatorio con la Fiscalía de Chihuahua, un caso de defraudación fiscal. Está libre.
De Rosario Robles, ya sabes el final, absuelta por la Suprema Corte, con su nombre limpio en el papel y su vida política hecha a pedazos. Hay absoluciones que llegan cuando ya se perdió todo lo que importaba. Y llegamos al cuarto. Jesús Murillo Caram, el procurador de la verdad histórica, el hombre que se cansó.
Estuvo 19 meses en prisión preventiva desde su detención en agosto del año 2022 y su cuerpo empezó a apagarse ahí adentro. hipertensión, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, peritajes que hablaban de deterioro cognitivo, de indicios de demencia y de Alzheimer. En abril del año 2024, un tribunal le concedió prisión domiciliaria por su edad y por su estado de salud.
Se fue a su casa de Lomas de Chapultepecilancia las 24 horas y sin pasaporte. La fiscalía llegó a pedir hasta 82 años de cárcel para él. Nunca hubo sentencia. El 18 de abril de este año del año 2026, Murillo Karam sufrió un derrame cerebral dentro de su casa. Lo llevaron de emergencia a un hospital del sur de la Ciudad de México.
Terapia intensiva, coma inducido, pronóstico reservado. Y entonces pasó algo que resume perfectamente el nivel de descomposición de esta historia. El 22 de abril, varios medios mexicanos publicaron que Murillo Karam había muerto. Su abogado lo desmintió, su familia lo desmintió. La revista Proceso publicó que seguía hospitalizado, con vida, en calidad de detenido.
Ni siquiera su muerte estaba clara. El hombre que fabricó una verdad para México terminó atrapado en una versión que nadie podía confirmar. Que quede así, porque así es como está, sin sentencia, sin juicio terminado y con las 43 familias exactamente igual de lejos de la verdad que hace 12 años. Y ahora quiero que hagas el ejercicio conmigo.
Loya, fuera de la cárcel, sin condena por corrupción. Collado, fuera de la cárcel, con las acusaciones canceladas. Robles, absuelta por la Suprema Corte. Murillo Caram, sin sentencia, hospitalizado, con el proceso abierto y el cuerpo deshecho. Ese es el resultado. Ese es el saldo de 7 años de escándalos, de portadas, de detenciones espectaculares, de conferencias mañaneras, de fotos con las esposas puestas. Y ahora falta el quinto.
Juan Armando Inojos Cantú, el constructor, el dueño de Grupo Iga, el hombre que aparece en el registro de la propiedad de la Casa Blanca. Nunca fue detenido, nunca fue profesado por ese caso, nunca pisó una celda. Y hay algo sobre grupo IGA que quiero que sepas antes de cerrar esta parte. Entre el año 2013 y el año 2015, esa empresa obtuvo del gobierno federal, según investigaciones periodísticas, más de 1600 millones de pesos en contratos y llegó a acumular 22 contratos con el gobierno de Enrique Peña Nieto. 22, el
hombre que aparecía como dueño legal de la casa donde dormía el presidente. y la secretaría de la función pública, aquella que dirigía Virgilio Andrade, concluyó que no había conflicto de interés porque el presidente no participó personalmente en esas adjudicaciones, como si un presidente necesitara firmarmente, como si la gente que trabaja para él no supiera perfectamente quién es el amigo del jefe.
Hay otra cosa, y esta la cuento porque toca una fibra que tú conoces. Cuando detuvieron a Emilio Lozoya, la fiscalía fue también contra su madre, Guilda Margarita Austin, señalada de haber colaborado en las operaciones financieras de su hijo, la fiscalía llegó a pedir más de 20 años de cárcel para ella y su hermana Hilda Susana Lozoya Austin, también quedó dentro del expediente por transferencias vinculadas a una sociedad en el extranjero.
Un hombre metió a su madre y a su hermana en el fango del dinero. Y ahí tienes una lección que este canal repite en cada historia. Los operadores siempre creen que están blindados. Creen que el traje caro es una armadura. Creen que el apellido abre todas las puertas hasta que el sistema necesita a alguien a quien tirar por la borda.
Y falta el sexto, el que vivía en la casa. Porque mientras todos ellos pasaban por el reclusorio norte, por Santa Marta, por los hospitales, por los brazaletes electrónicos y por las audiencias interminables, Enrique Peña Nieto estaba en otro lado. Estaba en una urbanización cerrada llamada Valdelagua, en San Agustín de Guadalx, a unos 30 km al norte de Madrid.
rejas, cámaras, seguridad privada en la entrada, campo de golf, vecinos con dinero suficiente como para entender que la privacidad también se compra. Según reveló el diario El País, la casa donde se instaló ni siquiera aparece a su nombre. Pertenece a una constructora que la adquirió con una hipoteca de casi 900,000 € El dueño de esa constructora es un empresario del sector de la consultoría informática.
otra capa, otro muro, otra distancia entre el hombre y el papel. Porque en estas historias el verdadero lujo casi nunca es la alberca ni el jardín. El verdadero lujo es no dejar huella. Y hay un dato que a mí me parece el más insultante de todos. En febrero del año 2019, Enrique Peña Nieto negó públicamente haber comprado o rentado una propiedad en Madrid.
dijo que vivía en México con su familia. Un año y 7 meses después, el 18 de septiembre del año 2020, su firma aparecía en la escritura de un inmueble en Chamberí, el mismo inmueble que le abrió la puerta legal de Europa. Pero eso todavía no es lo peor. Lo peor es de dónde salió el dinero. Y eso lo dijo el gobierno mexicano en voz alta delante de todo el país, en una conferencia de prensa que millones de mexicanos vieron en vivo y aún así nadie firmó la denuncia.
7 de julio del año 2022. Palacio Nacional, conferencia de prensa matutina. Millones de mexicanos viéndola en vivo como cada mañana y se para en el micrófono un hombre de 77 años, canoso, de voz cansada, que dirige la Unidad de Inteligencia Financiera. Se llama Pablo Gómez Álvarez. La Unidad de Inteligencia Financiera es la dependencia que vigila el dinero, no investiga delitos, no detiene a nadie.
no lleva a nadie a juicio. Lo único que hace es seguir el rastro de las transferencias, de los depósitos, de los movimientos raros y cuando encuentra algo, se lo entrega a la fiscalía. Ese día encontró algo. Aquí viene lo cuarto que te prometí. Pablo Gómez no dijo el nombre. Habló de un expresidente de la República, pero dio las fechas, dio los periodos y dio los montos.
Y en México cualquiera con dos dedos de frente supo de quién estaba hablando. 26,429 con74avos. Eso fue lo que recibió el expresidente Enrique Peña Nieto en tres transferencias internacionales desde México hacia España después de haber dejado la presidencia. Y las tres transferencias tienen fecha. La primera, 21 de agosto del año 2019.
16 millones de pesos que salieron de una cuenta en Banamex y llegaron a una cuenta suya en el Banco Santander de España. La segunda, 20 de octubre del año 2021, 5,702,000 pes. La tercera 29 de octubre de ese mismo año, 5,718,000 pesos. Estas dos últimas llegaron a una cuenta suya en el Banco Liberbank en España y salieron de una cuenta en Banorte.
Ahora quiero que hagas la cuenta de tiempo conmigo porque esto es importante. Agosto del año 2019, es decir, 8 meses después de dejar el poder y 13 meses antes de que su firma apareciera en la escritura de ese local de Chamberí que le abrió la residencia europea. El dinero llegó primero. La puerta se abrió después y ahora la pregunta que hizo temblar todo.
¿Quién mandó ese dinero? Pablo Gómez. lo dijo con estas palabras. Los recursos fueron transferidos por una familiar consanguínea desde una cuenta en México hacia España. Una familiar consanguínea, sangre. Y aquí tengo que detenerme porque este canal se sostiene sobre una promesa que te hago en cada video. Yo te cuento lo que está documentado y cuando algo no lo está te lo digo.
La Unidad de Inteligencia Financiera nunca reveló el nombre de esa mujer. Nunca lo dijo ni ese día ni después. Y por eso yo tampoco te lo voy a decir, porque yo no invento nombres. Lo que sí dijo Pablo Gómez es la palabra consanguínea. Y esa palabra en México tiene un significado legal muy preciso. En grado directo, una familiar consanguínea de Enrique Peña Nieto puede ser su madre, alguna de sus dos hermanas o alguna de sus dos hijas.
Eso fue lo que se dijo en Palacio Nacional con el país mirando. Y hay más. Y esto es lo que a mí me dejó frío. Esa misma persona, según la Unidad de Inteligencia Financiera, le envió a un hermano del expresidente Cheques por unos 29 millones de pesos. Y esa misma persona entre el año 2013 y el año 2022 registró en sus cuentas bancarias retiros por 189,857,108es.
Ahí está la cifra con la que empezó este video. 189,000on00 y depósitos por 47,523,000. De esos 47 millones, 36 millones te entraron en efectivo en billetes. Detente en eso. 36 millones de pesos en efectivo entrando a una cuenta bancaria en una década. El propio Pablo Gómez lo explicó con una frase que lo dice todo.
Al tratarse de operaciones en efectivo, no se conoce cuál es la fuente. Ese es el chiste del efectivo. El efectivo no habla, el efectivo no deja huella, el efectivo no tiene apellido. Y ahora lo que casi nadie te contó, porque la mañanera duró mucho y los noticieros se quedaron con el titular. La Unidad de Inteligencia Financiera también habló de dos empresas.
Las llamó empresa A y empresa B, sin dar nombres. En la empresa A, el expresidente aparecía como accionista junto con familiares consanguíneos, una empresa familiar constituida antes de que llegara a la presidencia. Y esa empresa, según la unidad, movía cantidades que no correspondían con su actividad económica.
El dinero entraba y salía hacia los propios accionistas. A uno de ellos, familiar del expresidente, le depositó 35,900,000 pesos y esa persona regresó 22,800,000 a la empresa. Dinero que va, dinero que vuelve, como si alguien lo estuviera lavando en la coladera de su propia cocina. La empresa B es la que te va a quitar el aire, también constituida por familiares antes del sexenio.
Un giro comercial normal, discreto, de esos que no llaman la atención de nadie. Y durante los años en que Enrique Peña Nieto fue presidente de México, del año 2013 al año 2018, esa empresa reportó operaciones ligadas a contratos por 10,53 millones de pesos. 10,53,000ones que dejan de sonar a contrato y empiezan a sonar a tubería.
Y entre el año 2015 y el año 2021, esa misma empresa envió cientos de transferencias internacionales a Estados Unidos, a Irlanda y al Reino Unido por más de 100 millones de pesos y varios millones de dólares. México produciendo el dinero, el extranjero recibiendo el silencio. La Unidad de Inteligencia Financiera entregó todo el expediente a la Fiscalía General de la República y la Fiscalía abrió una carpeta de investigación por posibles operaciones con recursos de procedencia ilícita.
Enrique Peña Nieto respondió ese mismo día por escrito en sus redes sociales. Ha negado siempre haber cometido delito alguno. Y hay que decirlo con claridad. Hasta el día de hoy, hasta este momento en que estás escuchando esto, Enrique Peña Nieto no ha sido acusado formalmente. Hasta el día de hoy no existe imputación, ni orden de apreensión, ni juicio abierto en su contra.
4 años después de aquella mañanera. Nada, ahora te voy a contar el detalle que descubrí y que casi me hace apagar la computadora. Días después de aquella conferencia de prensa, en julio del año 2022, apareció un anuncio en un portal inmobiliario español. Se vendía un piso reformado en el barrio de Almagro, en Madrid, más de 100 m², una terraza interior que el anuncio calificaba de joya.
El precio, 650,000 € era el piso de Chamberí. Era el local que había comprado en septiembre del año 2020, el que le dio el visado dorado, el que casi nunca habitó porque él vivía en Valdelagua. lo puso a la venta a los pocos días de que el gobierno de México anunciara que lo estaba investigando. Y ahí termina la primera parte de esta historia con un anuncio inmobiliario.
Y ahora quiero que entiendas bien qué es ese visado dorado, porque es la pieza más asquerosa de toda esta historia y no la inventó ningún mexicano, la inventó Europa. España aprobó ese mecanismo en el año 2013 durante el gobierno de Mariano Rajoy. La idea que vendieron era bonita.
Atraer inversión extranjera, reactivar la construcción después de la crisis. Si tú traes dinero, España te abre la puerta. Y funcionó. Funcionó demasiado bien porque por esa puerta entraron magnates rusos, entraron millonarios chinos, entraron fortunas de medio mundo que necesitaban un lugar donde nadie les preguntara demasiado. Medio millón de euros en un inmueble.
Ese es el precio. Ese es el único requisito real. Y una vez que tienes la residencia, después de 2 años puedes pedir la nacionalidad española. Y con la nacionalidad española tienes pasaporte europeo. Y con un pasaporte europeo todo se vuelve más difícil de tocar. Piensa en la escena. Un país entero con sus instituciones, con sus fiscalías, con sus expedientes abiertos, con sus familias esperando respuestas.
Y del otro lado del mar, una ley que dice, “Si traes el dinero, pasa. Ese es el mecanismo. Y no se inventó para Peña Nieto, se inventó para gente como él. Y hay algo más que te va a doler. Y quiero decírtelo, aunque hoy no toque contarlo completo. Él no es el único. En Madrid también viven Carlos Salinas de Gortari y Felipe Calderón.
Tres expresidentes de México, tres exenios, tres montañas de expedientes y los tres en la misma ciudad, a unos kilómetros unos de otros, caminando por las mismas calles limpias, tomando café en las mismas terrazas. Madrid se volvió el asilo de los expresidentes mexicanos. Que alguien me explique cómo se llama eso, pero falta la última pieza, la que explica todo, la que responde la única pregunta que tú te has estado haciendo desde el minuto uno de este video, ¿por qué nunca lo tocaron? En octubre del año 2022, el periódico La Jornada hizo algo
que ningún otro medio había hecho. En lugar de escribir otra nota sobre el escándalo, presentaron solicitudes de transparencia. Fueron a preguntarle a las propias instituciones del Estado mexicano, una cosa muy simple. Preguntaron, ¿cuántas denuncias existen en sus archivos contra Enrique Peña Nieto, contra Angélica Rivera o contra Grupo IGA por el caso de la Casa Blanca? La Procuraduría Fiscal de la Federación revisó sus archivos desde enero del año 2013 hasta agosto del año 2022.
Respuesta. No existe registro alguna de denuncia presentada. La Unidad de Inteligencia Financiera hizo una búsqueda exhaustiva en sus archivos físicos y electrónicos. Respuesta. Y esto es textual del oficio. No se localizó registro alguno de denuncias relacionadas con el caso de la llamada Casa Blanca.
Nunca hubo una denuncia, ni administrativa ni penal. En 8 años nadie, ninguna institución, ningún funcionario, ningún fiscal, ningún auditor, ninguna oficina de este país levantó un papel, lo firmó y lo presentó. Y como no hubo denuncia, el tiempo corrió. Y esos delitos, el conflicto de interés y el ejercicio indebido del servicio público se castigan con penas que van de cuatro a 7 años.
Y cuando la pena es esa, la acción penal prescribe, prescribió, se acabó. Legalmente ya no se puede perseguir ni hoy, ni mañana, ni nunca. El caso de la Casa Blanca, el escándalo que partió a México en dos, el que tumbó un tren de miles de millones, el que costó el trabajo a un equipo entero de periodistas, el que obligó a una actriz a llorar frente a una cámara para explicarle a un país entero de dónde había sacado su dinero.
Ese caso murió de viejo porque nadie firmó la denuncia. Y ahora, ya sabes por qué sus cómplices callaron. No callaron por lealtad, callaron porque hablar no servía de nada. Todos ellos hablaron en realidad. Lozoya escribió 60 páginas señalando a tres expresidentes y no pasó nada porque el sistema no se rompe cuando alguien firma.
Y en México, arriba de cierto nivel, nadie firma. Hay una escena más, una sola. Y después te dejo ir. 18 de julio del año 2016. Enrique Peña Nieto está promulgando las leyes del Sistema Nacional Anticorrupción. Un evento oficial, cámaras, aplausos y de pronto se sale del guion y dice con la voz baja que sintió en carne propia la irritación de los mexicanos, que la entiende perfectamente y que por eso, con toda humildad, les pide perdón.
Les pido perdón. Fue la primera vez que un presidente mexicano en funciones pidió perdón por un escándalo de corrupción y millones de personas, tú incluida, tal vez sintieron por un segundo que algo se movía. que ese hombre por fin lo estaba entendiendo. Fue en el año 2016. El 18 de septiembre del año 2020 firmó la escritura de Chamberí.
4 años entre una cosa y la otra. 4 años entre el perdón y el visado dorado. Yo quiero cerrar esto contigo y quiero cerrarlo donde empezamos. Regresa conmigo a Madrid. 18 de septiembre del año 2020. La notaría, el papel, la firma. 105 m² en Chamberí, medio millón de euros pagados de un golpe, sin hipoteca, sin préstamo, sin ruido.
Un hombre firma un papel y compra un país entero. Y del otro lado del océano, ese mismo año, una mujer en la sierra de Guerrero abre la puerta de su casa de madera y saca del bolso una fotografía plastificada de su hijo. Ya está gastada la mica. Ya se le rompió una esquina y sale otra vez a preguntar dónde está.
Las dos escenas ocurren en el mismo planeta, en el mismo año, en la misma historia. El poder puede comprar muchas cosas. Puede comprar abogados. Puede comprar tiempo. Puede comprar una residencia europea con una firma y medio millón de euros sobre la mesa. Puede comprar una urbanización cerrada con seguridad privada donde nadie pregunta nada.
Hay una sola cosa que no ha podido comprar y es lo único que nos queda a nosotros, la memoria de la gente. Y por eso hacemos esto, porque yo sé que a ti te dijeron que ya pasó, que ya cambió el gobierno, que ya no hay que hablar de eso, que hay que ver para adelante. Y yo te digo que no, que mientras siga viendo una madre en Guerrero preguntando por su hijo, esto no ha pasado.
Y mientras el expediente más famoso de la historia moderna de México siga sin una sola firma, esto no ha terminado. Nadie firmó la denuncia. Que esa frase se te quede pegada y que la digas cuando alguien te venga con que la corrupción se acabó. Gracias por haber llegado hasta aquí. De verdad, sé que fue largo y sé que dolió.
A ustedes, mi gente, a las que me escuchan en México mientras lavan los trastes, a las que me ponen en el celular en Estados Unidos, en Chicago, en Los Ángeles, en Houston, después de un día largo. A las de Colombia, a las de Argentina. Cuéntame una cosa en los comentarios, nada más una. ¿Dónde estabas tú cuando salió el video de Angélica Rivera? ¿Qué pensaste ese día? ¿Le creíste? Yo leo todo y lo que ustedes escriben ahí abajo vale más que cualquier declaración de un fiscal.
Y si esta historia te dejó con esa sensación en el pecho, con esa mezcla de coraje y de tristeza, entonces tienes que escuchar la otra, la del hijo que Enrique Peña Nieto nunca reconoció públicamente. Porque un hombre que puede vaciar un país también puede vaciar una casa. Y esa historia, la del niño que creció con un apellido que nadie le quiso poner, la conté aquí mismo y te va a explicar quién es este hombre mucho mejor que todos los expedientes que acabas de escuchar.
Búscala, está esperándote. 189 millones de pesos, sin explicar, retirados en efectivo y ni una sola firma al final del papel. Nos vemos pronto.