POR METICHE EMBRUJE A MI MADRE RELATOS DE BRUJERIA RELATOS Y LEYENDAS DE TERROR

En mi caso, ser la más chica de mis hermanas no me trajo grandes bendiciones. Como es bien sabido, en algunas familias, el hecho de ser la menor y sobre todo viviendo entre puras hermanas es prácticamente una maldición. A mí ya se me estaba adjudicando que me quedaría a cuidar a mi madre, ya saben, la típica del hijo bastón, aquel que por ser el más chico tendrá que cuidar de la madre, ser su soporte en sus años de vejez y de dificultad.

Y eso, honestamente me deprimía porque mientras veía como mis hermanas ya se iban con sus novios, a mí mi madre me ponía a atender el negocio de la familia. Era un puestecito donde vendíamos tortas, un local ahí en la cochera de la casa. Abríamos todas las mañanas y a los clientes les servíamos desde tortas, jugos, sándwiches, lonches finalmente para que se llevaran a la escuela o al trabajo.

La única ventaja que tenía sobre mis hermanas es que mi madre me pagaba muy bien. era el precio por estar a su lado. Pero la verdad es que yo estaba triste porque quería vivir, quería experimentar las mismas cosas que hacían las mujeres de mi edad, pero en fin, estaba resignada que mi madre no me dejaba tener novio y aunque a veces yo la entendía porque la veía como estaba envejeciendo, por otra parte empezaba a darme coraje.

Sabía yo que había un resentimiento que empezaba a crecer en mi pecho y que poco a poco se fue convirtiendo en una especie de odio silencioso. Mientras tanto, yo seguía atendiendo. Mis hermanas seguían divirtiéndose de la vida y una de ellas ya se iba a casar. Ya tenía los preparativos y todo. Y mientras tanto, a mí no se me acercaba ni una mosca.

Y sumándole a todos estos aspectos que tenía en mi contra para acabarla de fregar, yo no era tan bonita. al menos no como mis hermanas. Por ello es que los clientes que llegaban ahí a la mayoría me ignoraban. A veces llegaban chicos guapos, algunos otros adinerados. Yo me imaginaba saliendo con uno y con otro porque lo único que me quedaba era fantasear una y otra vez.

A veces llegaba la noche y me deprimía por estar tan sola y lloraba y lloraba porque tenía que empezar a hacer algo. Mi cuerpo era un cúmulo de hormonas, una bomba de tiempo y yo sabía que si no lo desfogaba, entonces aquello podría ser muy malo, hasta podría enfermarme. Recuerdo que pasaron algunos meses  y mi madre llevó a mi hermana con una señora, una especie de curandera, una bruja, lo que fuera.

llevó a mi hermana para que le hicieran una limpia, para que le diera algún tipo de amuleto y así cuando se casara le fuera bien en la vida. A mí me parecía un tanto ridículo o absurdo aquello de confiar en un amuleto, en un objeto, cuando finalmente todo dependía de nuestros actos. Nuestra suerte depende mucho de cómo actuemos o bien de cómo sean las personas.

No me imaginaba yo que el marido de mi hermana fuera a serle fiel, simplemente porque mi hermana cargara un objeto. Si el marido era caliente, ya era caliente y entonces haría de lo que quisiera con o sin permiso. Pero bueno, la cosa es que mi hermana regresó muy contenta. Andaba muy feliz, de hecho, porque ya faltaban unos días para su boda.

Yo la veía y yo me sentía triste. Me visualizaba algún día así, vestida de novia, completamente enamorada, al lado de un hombre que también me amara. Estaba muy triste, pero eso no importaba. La vida seguía y yo seguía aceptando mi papel, aquel en el que serviría a mi madre hasta su muerte, aunque fuera a la fuerza. Pero todo cambiaría el día de la boda de mi hermana.

Aquella noche recuerdo que mi madre fue al baño. Se tardó un poquito y en ese lapso llegó un muchacho para sacarme a bailar. Aquel llevaba el nombre de Antonio. Fue muy caballeroso, me extendió la mano y yo la verdad es que emocionada no me pude negar. Y aunque fuera por unos momentos, yo disfruté de como el muchacho me tomaba de la cintura, me bailaba y me sandungueaba.

Pero todo acabó cuando mi madre llegó hasta donde yo estaba en la pista, me jaló del cabello para llevarme de nuevo a la mesa. Mira tú, Carmen, pues qué te crees. Tú bien sabes que no puedes andar de volada. Así que órale, vámonos de nuevo para la mesa. Me dio mucha vergüenza que mi madre me llevara jalándome del cabello de nuevo a donde estábamos sentadas.

Aquello fue un acto de humillación y ahí  terminó de sembrarse mi odio hacia ella, porque aquel muchacho de verdad me había gustado y se había fijado en mí. Había hecho lo que muchos no se habían atrevido. Y yo sentía que mi madre me acababa de arrebatar una gran oportunidad, una de ser feliz. Aquella noche la terminé con mucha  amargura en el corazón.

Yo veía a mi madre y tenía ganas de ahorcarla.  Sentía que no era mi deber cuidarla, que yo también tenía derecho de ser feliz, pero estaba siendo obligada a vivir una vida que yo no quería. Transcurridas dos semanas, mi hermana regresó de su luna de miel. Nos contó maravillas de su viaje, pues ella tuvo la suerte de casarse con un hombre que ganaba buen dinero, así que por esa cuestión no iban a batallar.

Yo no más escuchaba y por dentro sentía que algo de mí se apagaba. Sabía que mi vida ya no tenía una solución, pero todo cambió. Un día que llegó una señora muy extraña. Jamás la había visto por el rumbo. Sin embargo, llegó preguntando por mi madre. Buenas tardes, muchacha. ¿Sabe usted si se encontrará la señora Juana? Dígale que la busca doña Chui, la curandera.

Dígale que ya le traje su encargo. Aquel día mi madre no estaba. Sin embargo, le pregunté a la señora Chui si no tenía inconveniente de dejarme aquellas cosas, pues yo se las podría entregar a mi mamá. Aquella señora fue muy amable, me entregó las cosas y me dijo que iban a ser 500 pesos.

Yo los tomé de la caja, te los entregué. Y no sé por qué, pero cuando vi a la señora me resultó ser alguna especie de mujer muy confiable. Por ello es que antes de que se fuera le hice una pregunta. Disculpe, señora Chui, aquí en confianza. Por favor, prométame que no le dirá a nadie esto que le voy a preguntar, pero quería saber si usted me puede ayudar con un favor.

Es que me gustaría tener un novio y como ahora sé que usted hace amarres y todas esas cosas, ¿cree usted que yo pueda pedir de su ayuda, que usted pueda darme sus servicios? En fin, que ya conoce a mi madre, sabe que yo le puedo pagar. Solamente necesito que usted me dé una cita y que me diga qué tengo que hacer. Aquella señora se me quedó viendo, le dio una risa a un tanto seria y me respondió, “Mira, muchacha, con lo que me vienes a salir.

Viste, burro, y se te antoja viaje, pero pues estoy a tus órdenes. Finalmente yo solo puedo servir a quien me paga. Apunta mis datos cuando gustes por ahí te puedo recibir y vas a ver que sí te ayudo. Apunté los datos que me dio la señora, le agradecí y ya después, cuando pasaron varios días y llegó mi día de descanso, le dije a mi madre que iría a comprar unas blusas, pero en realidad me fui directo a la casa de la señora Chui.

Cuando llegué me reconoció. Yo estaba nerviosa. Jamás había ido con una curandera, ni siquiera por una limpia. Honestamente tenía miedo, pero ella estaba ahí, así que quería cooperar y, sobre todo pagarle a esa mujer para que me ayudara. Cuando la señora Chuy me atendió, ya se le veía un poco cansada, pero seguía mostrándose amable.

Me sentó en una silla frente a ella y entre las dos había una silla de color rojo. Aquella señora tenía ahí una charolita donde estaba quemando un incienso y me preguntó directamente qué era lo que quería para pedirle. Ay, señora Chuy, pues la verdad no sé cómo explicarlo, pero hay dos cosas que siempre he anhelado. Una es conocer el amor y la segunda es que ese hombre sea muy rico, que tenga  dinero, que tenga lo suficiente para mantenerme sin que tenga yo que trabajar.

A mí me gustaría tener hijos y me encantaría dedicarme a cuidarlos, pero honestamente aquí le voy a confesar de que mi mamá no me deja tener novio. Ella me ha dicho que yo debo quedarme soltera para cuidarla en su vejez. Eso me parece injusto. Yo siento que en estos tiempos ya no debería aplicar, porque al final, imagínese qué va a pasar cuando mi madre sea vieja y muera.

Yo me voy a quedar sola. Y a mí, ¿quién me va a cuidar? Si yo no tuve hijos ni nada, a poco voy a dejar que me pudra la vida, no más así. Yo creo que esto es un acto de crueldad porque bien, yo me puedo casar y puedo cuidar a mi madre, sin embargo, ella se opone, me ha humillado y me ha maltratado. Por eso es que yo estoy segura de que si me llega el verdadero amor, a mí no me importa ser a mi madre a un lado, porque al final siempre voy a ver por ella.

Aunque ella me ha advertido que si un día se me ocurre juntarme o casarme, ya desde ese momento ya no sería parte de su familia y me desconocería como su hija. La verdad sí me duele, señora Chui, pero a veces siento que me gustaría correr ese riesgo. Solamente que llegue el indicado. Y me refiero a ese hombre adinerado.

¿Cómo ve? ¿Cree que usted me pueda ayudar? La señora Chui se me quedaba viendo. Se prendió un tabaco que ella misma estuvo forjando en el momento que yo le contaba mi petición. le echó un par de fumarolas y después se me quedó viendo y con una voz un tanto soberbia me preguntó, “Muy bien, Carmen. Pues eso que pides puede que no sea tan difícil, porque hombres hay muchos  y dinero también hay mucho en el mundo.

Solamente es necesario conjugar las circunstancias para que lo que tú pides precisamente llegue hacia ti. Pero eso sí, créeme que yo puedo ayudarte, te puedo conceder esto. Puede que no a la brevedad porque estas cosas a veces tardan. Sin embargo, tú también tienes que dar algo a cambio. Aquí hay de dos. Con la brujería que yo manejo.

Solamente hay dos caminos. El primero es que se te va a cumplir lo que quieres. Un hombre con dinero que llegue y te enamore. Pero la segunda es que estas cosas no son gratis. Aquí la cosa es que puede que te llegue un karma porque las cosas que pedimos constantemente son bien servidas por entidades oscuras.

Ellas manipulan las cosas, la vida, todo para que un hombre llegue caminando a tu negocio o que te lo topes en el centro o que simplemente vayas a una tienda y lo encuentres ahí. Pero estas entidades no trabajan gratis. Por ello es que quizá tengas que pagar un karma. Con este karma puede que te vaya muy mal, pero también hay una salida.

Esa salida es de que tú ofrezcas algún tipo de sacrificio.  No precisamente significa que debas sacrificarte y perder tu vida, pero sí debes comprometerte con una de estas entidades, a que algo valioso le puedes regresar. Hay algunas entidades que se conforman simplemente con que retribuyas a la sociedad.

Y es que aunque algunas entidades son malévolas, algunas no tanto, algunas son muy puras y por ello, a través de la ayuda humanitaria terminas purificando tu alma y liberándote. Sin embargo, hay otras que piden un pago peor dependiendo el tipo de deseo que quieras, porque estas piden a cambio un alma, el alma de una persona.

Esto garantiza de verdad que tu deseo se cumplirá al pie de la letra. Aunque yo no te recomiendo esto, Carmen, pero si tú entregas un alma,  te aseguro que muy pronto un hombre adinerado tocará a tu puerta y quizá hasta te cases con él. Pero eso ya queda en tus manos. Tú decides si pagas tú o paga alguien más. Le dije a la señora Chui que no se preocupara, que ya yo me encargaría de hacer eso, que solo me diera las instrucciones para hacer la brujería, pero ella me detuvo y me dijo que ella se encargaría de hacerla.

Solo debía darle unos minutos. Y con esto ahí la vi a la señora preparando algunas cosas, algunos líquidos, algunas hierbas y todo aquello lo metía en un frasco. Este frasco lo cerró muy bien y me lo entregó y me dio una última indicación. Lo único que tienes que hacer, Carmen, es llevar esto al panteón. Vas a enterrarlo, pero antes vas a ponerle una fotografía tuya.

Con esta manera puedes cerrar el pacto. Pero eso sí, si quieres entregar algo más, en este caso me refiero a un alma, tienes que poner una fotografía de la persona afectada. Así que todo lo demás depende de ti. Yo ya no puedo aconsejarte más. Y si algo malo pasa, conmigo no vengas, porque en este momento tú estás aceptando la responsabilidad que conlleva una brujería de este tipo.

Así que no hay arrepentimientos, querida. Si tú vas al panteón y entierras esto, ya no hay marcha atrás. Y si no tienes más que decir, pues entonces creo que hemos terminado. Ya tengo otros clientes que me esperan. Salí de ese lugar. Llevé bien guardado el frasco dentro de la bolsa y lo metí en una mochila que yo llevaba.

Fui muy cuidadosa y rápido fui y me compré nada más una blusa  para disimular que se había ido de compras. Cuando regresé a casa ya era de tarde, ya estaba anocheciendo y mi madre estaba cenando y cuando me vio llegar nerviosa, ella no sé de dónde sacó el argumento, pero intuyó que me había ido con algún muchacho y me regañó sin sentido.

Pues, ¿dónde chingados andabas, Carmen? Te tardaste todo el día en ir a comprar una  blusa. A mí se me hace que te andas viendo con algún muchacho. No me quieras ver la cara de pendeja. De seguro ha de ser el mismo cabrón ese con el que bailaste en la boda de tu hermana, ¿verdad? A mí no tienes que mentirme, Carmen.

Lo veo en tu cara y puedo darme cuenta que seguro ya le andas dando las nalgas a algún  Me daba mucho coraje que mi madre me regañara de esa forma. Creo que ya tenía mucho coraje acumulado porque terminé contestándole de una forma muy molesta. Mira, mamá, a mí ya me tienes hasta la chingada con estas cosas.

Estoy harta de que quieras reprimirme, de que no me dejes vivir. ¿No te has dado cuenta de lo infeliz que soy? Nunca me preguntaste si yo quería quedarme soltera para cuidarte, porque eso es algo que aborrezco. No me parece justo que mis hermanas sí puedan casarse, tener novios y yo aquí como tu pendeja. La verdad es que yo no creo que pueda aguantar, mamá.

Si un día me llega un buen hombre, te aseguro que me iré con él y te vas a quedar tú sola. Mi madre se enfureció, me agarró del cabello y me tiró varias cachetadas. Mira tu pendeja, pues, ¿qué te andas creyendo, hija de la chingada? Vas a ver, ahora ya no vas a tener días de descanso.

Me vas a trabajar todos los días y hay pobre de ti donde te encuentre con un cabrón. vas a ver que te vas a arrepentir. Me vas a conocer de verdad por las malas. Ahora vete a tu cuarto, enciérrate y mañana quiero que te levantes temprano para que abras el local. Me fui llorando a mi habitación. Sentía mucha impotencia, sobre todo de no tener dinero para irme a vivir a una casa yo sola.

odiaba a mi madre y por ello es que cuando me metí a mi cuarto y vi la mochila, al recordar que tenía ahí el trabajo de brujería, supe perfectamente cuál era el alma que iba a entregar. Entre mis cosas busqué una foto mía y también una de mi madre. Ya estaba harta de ella. Sabía que podía deshacerme de ella. Si la brujería de la señora Chuy era verdadera, entonces mi madre tendría los días  contados.

Aquello lo hice sin piedad, no me importó. Y aunque mi madre estuviera enojada, en cuanto se quedó dormida, me fui directo para el panteón para enterrar aquello. Lo hice rápido. Fui muy determinada. El acceso al panteón era muy sencillo, así que no tuve problemas. Y ya después de regreso iba caminando a mi casa pensando en todo lo que estaba por ocurrir.

La verdad ya se me estaba bajando el coraje y sentía que me estaba empezando a arrepentir, pero también sabía que para poder cambiar el rumbo de mi destino  tenía que tomar decisiones, decisiones muy muy firmes, porque si no entonces seguiría estancada donde mismo. Llegué a mi casa y me metí sigilosamente. Entré a mi habitación y me acosté a dormir, sabiendo de que ya todo estaba hecho.

Solo era cosa de esperar. Al día siguiente me puse a trabajar como si nada. Me estaba tragando el coraje. Pues todos aquellos días mi madre casi no me quiso hablar, no más para las cosas del negocio, para hacer las cuentas. Pero lo que me dio más coraje es que esa semana no quiso pagarme.

Según ella, que no quería darme dinero ni motivos para irme de la casa. Me dijo que hasta que me arrepintiera y le pidiera perdón, entonces todo regresaría a la normalidad. Entendí que había tomado una buena decisión al haber hecho aquella brujería. Mi madre me tenía prisionera, sin privilegio, sin dinero y todavía encima como su esclava trabajando en el negocio.

Yo tenía impaciencia de que algo malo le pasara. Quería que ya fuera. Quería largarme. Quería hacer mi vida. Y no crean, durante varias noches estuve soñando cosas bien raras, que a mi madre le pasaba un accidente o bien que moría de ciertas formas. Es como si se me estuviera dando un aviso de que mi deseo estaba por cumplirse.

Yo ya no sabía qué estaba pasando, pero les cuento que una mañana estábamos por abrir el negocio. Mi madre, como de costumbre, salía a barrer, aventaba agua al piso y después le soltaba un puño de jabón. Enseguida con la escoba empezaba a tallar y después el agua enjabonada la aventaba para la banqueta.

Sin embargo, como en el localito teníamos un vitropiso, aquel era bastante resbaladizo y de pronto mi madre de estar barriéndolo, yo creo que pisó mal o algo, pero se resbaló cayendo hacia atrás, metiéndose un golpe bien fuerte en la espalda alta y directamente en la nuca. Yo no más escuché el madrazo y salí corriendo a ver qué pasaba.

Vi como mi madre estaba tirada en el piso, se estaba convulsionando, le salía espuma de la boca y tenía los ojos en blanco. Aquello fue horrible porque de pronto de estar con tantos espasmos sacudiendo su cuerpo violentamente, de un momento a otro su cuerpo quedó completamente inmóvil  y con esto me di cuenta de que su vida se había apagado. Aquello fue terrible.

Jamás me imaginé ver una imagen así tan fuerte. De inmediato le hablé a mi hermana, la que quedaba ahí en la casa, y le llamamos a la ambulancia. Cuando llegaron, confirmaron lo que era ya bastante evidente y también llegó la policía a hacernos algunas preguntas. Al final nos entregaron el cuerpo, el cual velamos ahí mismo en el negocio.

Muchas personas llegaron ahí a visitarnos, a darnos el pésame. Entre estas personas estaba incluida la señora Choy. Aquella mujer me miraba de una forma rara. Jamás me dijo nada, pero estoy segura de que ella sabía perfectamente que yo había ofrecido a mi madre en aquel ritual. Hasta la fecha recuerdo su mirada.

Me hace sentir culpable. Pero, ¿qué más les puedo decir? Lo hecho ya estaba hecho y tenía que seguir yo con mi vida porque finalmente se habían roto las cadenas, aquellas que me ataban a una vida de privacidades y de miseria. Al final no me ensucié las manos para la muerte de mi madre.

Mi vida, créanme, que empezó a fluir mejor. Llegaban más clientes y yo tenía la posibilidad de vestirme más coqueta. Me ponía escotes, minifaldas, me arreglaba el cabello y me maquillaba. Y la verdad es que de verme al espejo me di cuenta de que realmente no era tan fea como yo me imaginaba, puesto que los clientes empezaban a verme más.

Los clientes hombres sobre todo me sacaban plática. Y de aquí fue que me surgieron dos pretendientes. Uno de ellos era joven de nombre Emanuel. Era un licenciado muy apuesto, siempre andaba bien elegante. Aquel de la nada empezó a sacarme plática. Él llevaba una vida solitaria como la mía y siento que encajamos bastante bien.

No les mentiré que salí con él un par de veces. Y en una ocasión, pues pasó lo que tenía que pasar. Fue una ocasión después de haber ido al cine. Me invitó supuestamente a tomar un trago a su departamento. Yo ya sabía lo que él quería y yo no se lo iba a negar. Yo estaba ansiosa de que ese hombre me tomara en sus brazos, me abriera las piernas y me hiciera mujer.

Y pues aquella noche ahí estando solos juntos, empezó a desvestirme, empezó a besarme, acariciarme. Para mí todo aquello era nuevo. Era una sensación muy pero muy fuerte. Y después de que me hizo suya, yo sentía que ya lo había vivido todo, que estaba lista para casarme, que quería todo con ese hombre.

Sin embargo, debo dejar de decir que el otro pretendiente que me llegó era un hombre mayor, me llevaba prácticamente 20 años. Era un hombre que venía a la ciudad a surtir mercancías, pues vivía en un rancho. Su nombre era Ramiro. El tipo era el típico vaquero alto, fornido de muchos pantalones.  tenía una voz dominante y con esa voz un día terminó invitándome a salir.

Yo no sabía si decirle que sí o si no, pero al final me convenció. Finalmente, con Emanuel todavía no se daba nada, todo era salidas y a costones. Mientras tanto, este otro hombre, Ramiro, ya era alguien mucho más maduro. Ya estaba sobre los 45 años. Se veía un hombre muy atractivo y aquella primera vez que salimos me llevó a un bar a bailar y aunque no lo crean, pero arriba de su camioneta terminó haciéndome suya.

Aquella noche me di cuenta de que Ramiro tenía mucho más que ofrecerme como hombre. Él me hizo sentir dolor y placer a la vez. Y me encantaba la forma en que tomaba y dominaba mi cuerpo, como sus manos danzaban por mi piel, como sus labios me recorrían y cómo es que él encontraba el rincón más profundo de mi ser.

y hacía que mis piernas temblaran cuando me tomaba. Aquello me llevó a un dilema. ¿Con cuál de los dos me iba a quedar? Pues era un hecho de que Emanuel quería algo más formal conmigo. Ya me lo había dicho, pero también aquello me lo había propuesto Ramiro. Lo que antes no pasaba estaba ocurriendo. En su momento no tenía ni que se me parara una mosca, pero ahora tenía a dos galanes, ambos adinerados, pero Ramiro mucho más.

Por eso es que opté empezar una relación con él. Cuando hablé con Manuel, lo hice llorar. Él tenía esperanzas de que yo le hiciera caso, pero le dije que necesitaba pensar las cosas, que tenía mucho trabajo, en fin, pretextos, todo para no herirlo diciéndole que tenía un nombre mucho mejor, al menos en la cama.

El único problema es que Ramiro solo venía a la ciudad un par de veces al mes.  Yo ya le había dicho que quería conocer a su familia, conocer su rancho, pero él me daba siempre largas. me decía de que aún no quería formalizar lo nuestro, que hasta que nos casáramos entonces es que me llevaría a conocer su familia a su rancho, pues según él era la tradición familiar.

Y con esto si él llevaba una mujer ante su familia es porque era con la que se iba a casar. Aquello me ilusionaba. Así que yo hacía de todo para ganarme el amor de Ramiro, su confianza, para reiterarle de que yo era la indicada. Y mientras esto pasaba, yo empezaba a tener mejores ventas en el local y como mi madre ya no estaba, pues prácticamente mi hermana, la que estaba ahí conmigo en la casa, la cual también ya me ayudaba, nos quedábamos con todo el dinero.

Mi hermana, la mayor, que ya estaba casada, pues ella tenía quien la mantuviera. Así que mi hermana y yo empezamos a generar buen dinero. Yo quedé al frente del negocio y ya estaba ahorrando un buen dinero. De hecho, todo lo que había ganado en casi un año lo metí a una cuenta de banco.  Yo estaba contenta porque ya lo tenía todo y estaba cerca de casarme.

Solo estaba esperando de que Ramiro me lo propusiera. Pasaron un par de meses, Ramiro venía e iba y al final él terminó pidiéndome matrimonio. Me dio mucho gusto porque me llevó en su camionetota del año a dar una vuelta. Fuimos al mirador de la ciudad y ahí, después de que hicimos el amor, después de que me besó y me acarició y me llevó hasta el cielo en sus brazos, ahí fue que me entregó el anillo.

Ahí me pidió matrimonio y yo muy contenta le dije que sí, que estaba encantada de ser su esposa. Ramiro me abrazó, nos besamos, tomamos unos tragos, hicimos el amor un par de veces más. Yo me sentía realizada. Por fin había logrado mi sueño, el de ser la esposa de un buen hombre, de uno adinerado, que me daría hijos y mucho dinero.

Después de aquel día, empezamos con los preparativos. Ramiro me dijo que cada vez que viniera a la ciudad estaríamos yendo a ver cosas, tanto el vestido para la boda civil como algún pequeño salón de fiestas para hacer una reunión con su familia y con la mía. Eso sí, Ramiro me comentó que acababa de invertir mucho dinero en unas mercancías.

Por ello es que me solicitó prestado lo que yo tenía en los ahorros. Yo encantada se lo presté. Sabía de que Ramiro era un hombre de fiar porque ya estaba por casarse conmigo. Al ser ya prácticamente esposos, todo lo mío era de él y lo de él era mío. Después de entregarle el dinero, seguía viniendo para hacer los preparativos.

Pero no sé, yo creo que a mí me duró mucho la euforia, pero a él no tanto. De pronto lo veía más cansado y él me decía que era porque estaba viendo todo el tema de la boda, que estaba viendo lo de la organización y eso. Su mado, lo dejaba muy cansado. Yo lo comprendía y lo  apoyaba. Sin embargo, aún se venían muchas cosas muy buenas.

Pues déjenme contarles que de aquellas noches de pasión yo salí embarazada. Aún no se lo había contado a Ramiro. Tenía pensado que el mismo día de la boda se lo iba a decir, así que fui paciente. En fin, que ya faltaban solo un par de semanas. La última semana estuvimos en contacto solo por teléfono. Efraín me citó en el Registro Civil.

Me dijo que ahí nos veríamos y yo estaba impaciente. No lo podía creer. Invité a mis hermanas, a mis tíos, también algunas amistades cercanas.  Aquella boda civil, pues, era un poco más íntima, más reservada. Llegó el día y yo me puse aquel vestido, algo simple. No quería algo tan ostentoso todavía, pero yo sentía que me veía hermosa.

Estaba feliz. Aquella mañana le mandé un mensaje a Ramiro para preguntarle cómo estaba. Le dije que estaba nerviosa y ya después, por los nervios, en efecto, ya no revisé el teléfono. Llegada a las 12 del día, fui hasta el registro civil junto con toda mi familia. Estuvimos ahí esperando y me llamaba mucho la atención de que Ramiro no llegaba.

Yo le marcaba y le marcaba y pues la verdad es que no. Pues nada, me empecé a impacientar. También el juez nos había dado solo una hora para llevar a cabo la ceremonia. Fuera de eso, la boda quedaría cancelada o tendría que posponerse. Yo me sentía nerviosa porque le llamaba y Ramiro no contestaba. Ya estaba yo frustrada, avergonzada.

Pero el maldito me terminaría dejando ahí plantada.  No se presentó a la boda. Me fui llorando a casa, decepcionada y humillada. Aquellos invitados, pues era evidente que estaban criticando la situación. Me veían como una pendeja, como la que nunca iba a salir, como aquella que siempre estuvo destinada a quedarse soltera, porque mi madre, ella siempre les hizo creer eso de mí.

Pasaron los días y el miserable de Ramiro no dio la cara. Yo no sabía cómo buscarlo, no sabía dónde vivía.  Pero lo que sí es que recordé el logotipo de la camioneta que él traía. Y de hecho lo recordé porque vi que pasó un pequeño camión de carga con ese mismo logotipo.

Me puse a investigar qué tipo de empresa era y ya cuando di, de inmediato acudí para preguntar si sabían algo de Ramiro. Fue muy difícil. Tardé semanas en que me dieran acceso a recursos humanos, pero créanme que cuando lo logré supe que el miserable jamás tuvo un rancho, jamás tuvo dinero, simplemente lo aparentó. ¿Y saben por qué? Porque el miserable quería hacerme fraude.

Se robó todos mis ahorros y para ese momento el tipo ya había renunciado, ya no trabajaba en aquel lugar. Esa fue la información que se me brindó. Por lo que supe, Ramiro era simplemente un hombre que iba, llevaba mercancías a los ranchos. Viva y venía, en efecto varias veces al mes, pero al final era un mentiroso.

Era un hijo de la chingada que jugó con mis sentimientos y yo no entendía qué estaba pasando. Yo había pedido un hombre rico, un hombre que me quisiera, pero al final terminé siendo defraudada. Me vieron la cara de estúpida. En ese momento no tuve la posibilidad de ver la realidad, pero lo que sí es que cuando uno hace brujería, las cosas no acaban bien.

Al final, la vida me mostró dos caminos, dos opciones. Por un lado, Manuel sí me quería. Él me amaba. Estaba dispuesto a todo conmigo, pero yo me dejé deslumbrar por el falso dinero que supuestamente tenía Ramiro. Creo que ese fue mi error, porque al final yo no buscaba amor, buscaba dinero, facilidades, quién me mantuviera, pero terminé quedando como una estúpida.

Y véanme, ahora estoy acá nuevamente sola, trabajando en el mismo negocio. Han pasado varios años y no ha habido un hombre que se me acerque. Siento que he quedado  o bien salada, como decimos en México. Ya no hay una mosca que se me acerque. Y todo porque perdí una oportunidad, pero en el fondo también sé que el hecho de haber entregado el alma de mi madre hizo que todo en mi vida se pudriera.

Por ello es que me llegó el peor karma y de ese quizá nunca me pueda librar. Estoy pagando con miseria y con soledad, con amargura.  Mi hermana, la mediana, también ya se casó y ahora estoy yo sola en esa casa. Mis hermanas casi no me visitan, mi familia tampoco desde  aquel día que me dejaron plantada.

Es como si ellos me tuvieran repudio, como sieran vergüenza de mí, como si algo les impidiera acercarse a mi presencia. Tengo que enfrentar esta realidad. Yo misma me la provoqué. Cometí las peores faltas que una persona podría crear. El hecho de entregar a su propia madre ante las fuerzas demoníacas. No sé cómo va a terminar mi vida.

Ya no quiero pedir favores a la magia negra. Además de que la señora Chui ya no ha querido recibirme. Creo que ya no tengo solución, pero espero que mi caso quede de ejemplo para que vean lo que no se debe de hacer. Al final el camino de la vida, el que tiene Dios trazado para nosotros es el mejor. Así que ya quedarán conciencia de cada quien.

el saber cuál camino deciden elegir, pero háganlo desde el corazón, no desde el interés, porque entonces si lo hacen de esta forma, terminarán las cosas muy mal, tal y como yo lo hice, porque no me gustaría verlos dándose de topes,  porque créanme, las malas decisiones de la vida pesan para siempre y eso  eso ya nunca se puede cambiar.

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