¿RECUERDAS A CONSUELO DUVAL? ABANDONÓ LA FAMILIA P. LUCHE, CASI LO PERDIÓ TODO Y ASÍ VIVE HOY
Piensa un momento en aquellas tardes de antes, la familia reunida, la comida en la mesa, la tele prendida y de repente esa risa, esa peluca, esa voz que ya no se te olvida. Federica, la mamá loca de la familia Peluche. [risas] Todos la conocemos así, la mujer que nos hizo llorar de risa durante años, metida en la sala de nuestra casa como si fuera de la familia.
Consuelo Dubal, la reina de la comedia en México. Pero mira qué curioso, porque detrás de esa mujer que hacía reír al país entero, hay una historia que casi nadie te ha contado completa y esta sí está fuerte, porque esa misma mujer, la de las carcajadas, fue una niña que perdió a su mamá a los 2 años.
Fue una muchacha que contestaba el teléfono como recepcionista en Televisa antes de que alguien supiera su nombre. Y años después, ya siendo estrella, le tocó pelear con la empresa más poderosa de la televisión. Rompieron la confianza, me rompió. Le tocó enterrar a su papá. Le tocó pelear hasta con su propio cuerpo. Y una noche, en su propia casa, donde uno se siente seguro, le entraron a robar hasta las lágrimas. Casi lo pierde todo.
Así como lo oyes. Lamento que se me quiebre la voz. Estoy frágil. Estoy vulnerable. Hm. En algún momento me sentí sola. Y hoy, ¿dónde quedó Consuelo Dubal? ¿Cómo vive? Después de todo lo que le pasó. ¿Se rindió o se levantó? Eso es justo lo que te voy a contar. Pero para entenderlo de verdad, hay que empezar por el principio, por una niña de Parral allá en Chihuahua que se quedó sin su mamá.
La historia empieza lejos de las cámaras, muy lejos. En Parral, Chihuahua, allá por el año 69, nace una niña llamada María del Consuelo. Y la cosa es así. No nació en cualquier familia, nació en una familia de artistas. Su mamá era cantante, [música] una señora que se llamaba Chelo Vidal, que en sus buenos tiempos cantó nada menos que con Agustín Lara, que estuvo en la XCU, cuando la radio era el corazón de todas las casas de México y su papá también cantaba.
O sea, esta niña traía la música y el escenario en la sangre. Pero mira qué duro empieza todo, porque cuando Consuelo tenía apenas dos añitos, su mamá se muere [música] 2 años. Ni siquiera alcanzó a concordarse de ella y ella misma lo ha contado con dolor. Los doctores fallaron el diagnóstico. Una mamá que se va así de un momento a otro dejando a una niña que no la iban a recordar.
Y aquí viene algo que a lo mejor te va a sorprender, porque una historia así podría haber apagado a cualquiera, pero con ella pasó lo contrario. Esa niña, sin mamá, aprendió a defenderse de la única forma que encontró, haciendo reír. Se volvió la chistosita de la escuela. Imitaba a los maestros, imitaba a los compañeros y hasta usaba lo de que no tenía mamá para ganarse el cariño de los adultos.
Un dulce, un perdón. El humor para ella no era un juego, era su forma de sobrevivir. La crió su papá con mucho cariño, pero también con muchos pleitos. La mandaron a un internado y la corrieron del internado y a los 17 años ya estaba viviendo con sus hermanos en Tlatelolco, en pleno centro de la Ciudad de México, de Chihuahua a Atlatelolco, de la provincia al corazón del desmadre chilango.

Y ahí jovencita, empezó a moverse. Ganó 10,000 pes en un concurso de la tele en un programa que se llamaba Xetu. hasta empezó a estudiar derecho en la universidad, pero lo dejó porque lo que ella quería estaba en otro lado. Y aquí está el detalle que casi nadie sabe. Antes de ser la reina de la comedia, antes de que todo México la conociera, Consuelo Dubal contestaba el teléfono. Sí, como lo oyes.
Era recepcionista en Televisa, la misma empresa que años después la iba a convertir en estrella, primero la tuvo ahí sentadita pasando llamadas. Ah, y una cosa más, ese apellido Dubal ni siquiera es el suyo de verdad, pero eso te lo cuento en un segundo, porque la muchacha del conmutador estaba a punto de inventar a uno de los personajes más famosos de la televisión mexicana y todo empezó viendo un noticiero.
Cerramos con lo del noticiero, ¿verdad? Pues aquí está, porque esto no es cualquier cosa. Resulta que un día Consuelo estaba viendo la tele, un programa de esos serios, 60 minutos, y salía una señora del pueblo a la que le preguntaban por los precios de la CONASupo, tú sabes lo de la canasta básica. Pero la señora, en vez de contestar de los precios, se ponía a contar su vida, que si había sufrido, que si la habían tratado mal, que si esto, que si lo otro.
Le preguntaban una cosa y ella contestaba otra completamente distinta. Y a consuelo eso le pareció comiquísimo, esa mezcla, esa señora que se iba por las ramas contando sus penas, se puso a tener sketches con su hermana jugando a la entrevistadora y a la señora que se desvía. Y [música] de ahí, poquito a poquito, nació la Nakaranda.

Sí, uno de los personajes más queridos de la comedia mexicana no salió de una oficina de escritores, salió de una señora de verdad en un noticiero que ni cuenta se dio. “Sácate las 800 pesos una carne.” Pero para llegar ahí, primero pasó por el camino largo. Empezó en telenovelas haciendo papeles dramáticos y fue hasta finales de los 90 cuando entró al mundo de Eugenio Dervz en Derb en cuando que México empezó a ver de lo que estaba hecha esta mujer y ahí explotó.
Llegó la hora pico. 6 años me caro. 6 años haciendo reír al país cada semana con un montón de personajes. Ah, pues que he decidido rehacer mi vida sentimental otra vez de nuevo. Para mí el Víctor está muerto. Y entre todos brillaba la nacaranda. Pero lo más grande todavía estaba por venir porque de ese mundo de Derbz salió algo que se volvió historia de la televisión.
La familia peluche empezó chiquito, como un sketch dentro de otro programa, en el 2002 y gustó tanto, pero tanto, que le dieron su propio espacio. Tres temporadas 2002, 2007 y 2012. [risas] 10 años de una familia loca que todo México adoptó como propia. Y ahí estaba ella, Federica. La mamá con esa peluca, esa voz, esa cara, un personaje tan bien hecho que se le metió a la gente hasta los huesos. Fíjate el detalle.
Ella misma cuenta que todavía la paran en la calle niños de 4 5 años que ni habían nacido cuando salió el programa y le preguntan si es la mamá peluche. Eso no lo logra cualquiera, eso solo lo logra alguien que le pegó al personaje perfecto. Ah, y por si fuera poco, ¿te acuerdas de Los Increíbles? esa película que vimos todos con los niños, la mamá Elastic Girl, [música] la que se estira esa voz en español es ella, Consuelo Dubal. Hasta ahí llegó.
O sea, en esos años lo tenía todo. Era la reina. Su cara estaba en la tele, en el cine, en la boca de todo México. Nadie, [música] absolutamente nadie, ganaba más que ella en lo suyo. O eso creía ella, porque un día se enteró de algo que le cambió la vida. Y justo por eso lo que pasó después nadie lo vio venir. Corría el 2014. Consuelo estaba en la cima.
Era intocable, o eso parecía. Pero un día se enteró de algo que no le gustó nada. Se enteró de que Adrián Uribe, su compañero, ganaba más que ella, más que ella, que llevaba años cargando programas, inventando personajes, llenando de risa la pantalla y algo por dentro se le rompió. Así que hizo lo que muchos hubiéramos querido hacer, pero pocos se atreven.
Se fue derechito a reclamar con los jefes, a exigir que le pagaran lo justo, lo mismo que a los demás, solo que no le salió como esperaba. Ella misma lo ha contado después, sin pelos en la lengua, riéndose de sí misma. Dice que fue por berrinchuda, por loca. Entró a reclamar de una forma que no ayudó en un momento en que no estaba bien y todo reventó.
Pero aquí hay que entender el otro lado, porque no era nada más un capricho. Fíjate lo que estaba viviendo esta mujer. Al mismo tiempo. Se estaba divorciando. Su papá tenía cáncer, su hermana tenía cáncer. Sus dos pilares, los dos enfermos a la vez. ¿Tú cómo llegas a trabajar con toda esa carga encima? El caso es que salió de Televisa de la empresa que le había hecho estrella.
Perdió la exclusividad, perdió la seguridad, perdió esa red que te sostiene cuando eres de la casa. Y aquí, déjame parar un segundo porque de esto se ha dicho mucha mentira. Por ahí anda la historia de que Consuelo Dubal lo perdió todo, que se quedó en la ruina, que quebró y no, [música] eso no pasó, no hay nada que lo compruebe.
Lo que sí pasó fue que perdió su lugar seguro y le tocó empezar a reconstruir desde la incertidumbre sin saber qué venía, que no es lo mismo que quedarse sin nada, pero tampoco es fácil, nada fácil. Y como si la vida no la estuviera probando ya bastante, llegó el golpe más duro de todos. Al año siguiente, en 2015, su papá perdió la batalla contra el cáncer. Se le fue.
Se quedó sin su empresa, sin su papá y con el alma partida. Pero la vida todavía no terminaba con ella. Faltaba lo más duro y cuando parecía que ya había pasado por todo, le tocó pelear con su propio cuerpo. Fíjate nada más lo que vivió esta mujer en un solo año, el 2024. Primero, de repente, un dolor.
La llevan de emergencia al hospital, ¿qué era? La vesícula y no cualquier cosa. Ella misma cuenta que la traía a punto de reventar, llenita en sus palabras de puro lodo por dentro. La operan de urgencia, pero ahí no para. Meses después, otra vez al quirófano y esta sí estuvo fea. Resulta que traía un implante roto y el material se le había regado por dentro.
Le dolía el cuello, el hombro, la espalda, hasta el oído y la cabeza. Se le había metido al músculo, a los ganglios, una cirugía larga de horas para sacarle todo eso del cuerpo. Una mujer que se ríe de todo, que hace reír a México peleando en silencio con el dolor. Tú sabes cómo es eso. La sonrisa para afuera y por dentro, quién sabe.
Pero hay un golpe del que todavía no te he hablado y ese sí duele distinto porque no fue una enfermedad, fue una traición. Diciembre de 2023. Su casa, el lugar donde uno se siente seguro, donde uno baja la guardia. Le entraron a robar y no fueron unos desconocidos que saltaron la barda. No fue gente cercana, gente de confianza, una muchacha que trabajaba con ella metida con otros de afuera.
Se llevaron como medio millón de pesos entre dinero y joyas. Pero fíjate el detalle que a cualquiera le parte el corazón. A sus perros los amarraron. Sus perros ahí atados. mientras le vaciaban la casa. Ella lo dijo después. [música] Eso no fue solo un robo de cosas, fue un robo de tranquilidad, de confianza, de esa idea de que en tu propia casa estás a salvo.
Y aquí viene lo que casi nadie hubiera hecho porque agarraron a la muchacha y meses después, cara a cara, frente a frente, Consuelo la perdonó. La perdonó. Después de todo, ¿tú perdonarías? piénsalo tantito, cualquiera se habría quedado tirado en el piso después de todo esto, pero fíjate lo que hizo ella y aquí está la respuesta a esa pregunta que te dejé al principio.
¿Dónde quedó Consuelo Dubal después de perder su empresa, a su papá, su tranquilidad, hasta pedazos de su salud? Pues fíjate qué cosa, no se quedó tirada, se levantó. Muchos en su lugar se hubieran ido a esconder. Ella hizo lo contrario. Regresó. En 2019 volvió a la pantalla con su propia serie Julia versus Julia y ese mismo año se sentó en la silla de investigadora en ¿Quién es la máscara? Ese programa que fue un fenómeno que rompió récords en México.
Ahí estaba otra vez en horario estelar riéndose, adivinando como si nada la hubiera tumbado. Pero hay algo que la tiene ahí cada semana hasta el día de hoy. Se llama Netas Divinas, ese programa de puras mujeres platicando sin filtros, donde ella dice lo que piensa, se ríe, llora, cuenta sus cosas. Los miércoles en Unicable.
Si prendes la tele hoy, ahí sigue firme y no se quedó nás en la televisión, se le abrió el cine, que es algo que ella cargaba como una espinita. ¿Porque tú crees? Ella misma contó que un director alguna vez le dijo que en la pantalla grande solo se le iba a ver la boca. Imagínate el golpe. La mantuvo lejos del cine por años, pero en 2023 se le quitó la maldición.
hizo la película Infelices para siempre y fue un taquillazo. La gente llenó las salas para ver la huella y de ahí para arriba. En 2026 la tienes estrenando en streaming en la plataforma BX con una serie nueva bodas SA. O sea, la mujer no para a una edad en que muchos ya se sientan a descansar. Ella anda estrenando cosas nuevas.
Ahora, la pregunta que a lo mejor te estás haciendo y dónde vive? Pues sigue en la ciudad de México. Cuando pasó lo del robo, se supo que su casa está por el rumbo de Cuajimalpa y lo dijo bien claro después de todo lo que le pasó. De México no se va. Aquí se queda con sus dos hijos, Pie y Michelle, que son su vida entera.
Ella siempre lo ha dicho, son un trío, los tres inseparables. Pero hay un detalle que cierra bonito toda esta historia. ¿Te acuerdas de que salió peleada de Televisa de todo aquel pleito? Bueno, en 2024 ella y Eugenio Dervz, su compañero de tantos años, el papá peluche, se reencontraron [música] y en vez de rencores se dijeron cosas hermosas.
Se abrazaron, se soltaron mensajes llenos de cariño. Después de todo lo que pasó entre ellos no quedó pleito, quedó amor del bueno. Y eso, Meucaro, dice mucho de quién es realmente esta mujer. Porque cuando te pones a ver todo el camino, de dónde salió y a dónde llegó, hay algo en toda esta historia que sí vale la pena entender. Y mira dónde acaba todo.
En el mismo lugar donde empezó. ¿Por qué? ¿Te acuerdas de aquella niña de Parral? la que se quedó sin mamá a los 2 años. La que aprendió a reír para no llorar. La que se hacía la chistosita en la escuela para ganarse un dulce, un abrazo, un poquito de cariño, pues esa niña creció y sin darse cuenta encontró la forma más bonita de curar esa herida.
Se convirtió en la mamá que ella nunca tuvo. Para sus hijos Pie y Michelle y para todo México ahí en la [música] pantalla. Y fíjate qué cosa tan curiosa tiene la vida, porque lo que la marcó de niña, el dolor, la ausencia, esa mamá que se le fue tan pronto, todo eso lo convirtió en su mayor talento.
El humor que usó para sobrevivir de chiquita cuando no tenía a nadie que la consolara es el mismo humor que años después nos hizo reír a todos. La herida se le volvió regalo y ese regalo, sin saberlo, nos lo terminó dando a nosotros. piénsalo tantito. Cuántas veces nos reímos con la Nakaranda, con Federica, sin tener todo lo que esa mujer cargaba por dentro.
Nosotros en nuestra casa muertos de risa y ella del otro lado de la pantalla con su propia historia de golpes que nadie veía. Porque esa es la parte que casi nadie cuenta, meucaro, que detrás de la gente que nos hace reír muchas veces hay una vida entera de peleas silenciosas y la de ella no fue fácil.
perdió a su mamá antes de conocerla. Peleó con su papá y aún así, cuando el hombre se enfermó, ahí estuvo ella hasta el final. Se le fue su papá, se le fue la seguridad de su empresa, le tocó pelear con su propio cuerpo, entrar al quirófano una y otra vez y hasta le entraron a su casa a robarle. No solo las cosas, sino esa tranquilidad de sentirte seguro donde duermes cualquiera.
Con la mitad de eso se habría rendido, se habría amargado, se habría escondido del mundo, pero ella no. Y aquí está la lección más grande de toda esta historia, la que de verdad vale la pena llevarte, porque a Consuelo Dubal le pasó lo que nos pasa a muchos. La vida le pegó cuando menos lo esperaba, la tumbó justo cuando estaba arriba y aún así se volvió a parar.
Una vez y otra y otra más. Eso, Meucaro, cualquiera de nosotros lo entiende porque todos en algún momento nos hemos caído. Todos hemos tenido un año que quisiéramos borrar, un golpe que no veíamos venir. Y sabemos lo que cuesta levantarse cuando ya no te quedan ganas. Por eso su historia pega tan fuerte, porque no es la historia de una estrella lejana, es la historia de una mujer de carne y hueso que sufrió como sufrimos todos y que le encontró la vuelta con lo único que siempre tuvo a la mano, su risa. Y por eso, cuando alguien te diga
que Consuelo Dubal nada más fue la loca de la peluca, tú ya sabes la verdad completa. Detrás de ese personaje hay una mujer que se cayó mil veces y mil veces se volvió a levantar, que convirtió su dolor en risa y su risa en el cariño de todo un país. Casi lo pierde todo, pero nunca perdió lo que la hacía ella.
Y es así, Meucaro, esa sí es una historia que vale la pena contar, porque al final nos recuerda algo que todos en el fondo sabemos, que no importa cuántas veces te tumbe la vida, lo que de verdad importa es cuántas veces te vuelves a parar. Ahora dime tú, ¿con cuál te riesmas? ¿Con la Nacaranda o con Federica Peluche? Déjamelo aquí abajo en los comentarios, que de verdad me encanta leerte.
Y si esta historia te llegó al corazón o te hizo acordarte de aquellas risas en familia, hazme un favor, compártela con alguien que también creció viéndola, con esa persona que sabes que la quiere tanto como tú. Yeah.