Mientras Michael ensayaba en el Staple Center, algo ocurría nuevamente en su casa. Esa tarde, Randy Philips llegó sin avisar. Tal como lo había hecho la noche anterior, Prince, su hijo mayor, recuerda haberlo visto entrar y acercarse directamente al Dr. Murri. Prince recuerda que Randy tomaba a Murray del brazo mientras le susurraba algo al oído y con la otra mano hacía gestos moviéndola con insistencia.
Prince se acercó con amabilidad, como solía hacerlo cuando había visitas. Les ofreció algo, pero se negaron. Aún así, fue por unas papas con salsa como buena costumbre que había aprendido en casa. Pero algo no estaba bien. Randy parecía molesto. La conversación era tensa, algo que Prince nunca olvidó.
Después de dejarles las papas y salsa, llamó a su padre Michael, que en ese momento ya estaba ensayando. Le contó que Randy Philips había vuelto a aparecer en su ausencia por segunda vez. ¿De qué hablaron? ¿Qué se estaban diciendo en voz baja? Solo ellos dos lo saben, pero Prince estaba ahí. Más tarde, cuando los ensayos terminaron, Michael se preparaba para salir del Staple Center.

El reloj marcaba las 12:08 a. Oficialmente ya era 25 de junio. En ese momento, su asistente personal, Michael Amir Williams, realizó la llamada de rutina al Dr. Conrad Murray. Le pidió que estuviera en casa cuando Michael llegara, nada más. Durante la llamada, Murray le preguntó cómo le había ido a Michael ese día.
Amir le respondió que había tenido varias reuniones y que solo realizó una presentación parcial, no completa. No se quejó de nada, no dijo sentirse mal, solo pidió como siempre que el doctor lo esperara en casa. Todo parecía estar bajo control. Finalmente, Michael salió del Staple Center alrededor de las 12:30 de la madrugada. Era ya entrada la noche.
Iba acompañado por sus guardias de seguridad de regreso a casa. Mientras por otro lado, el Dr. Murray también se dirigía a la residencia. Las cámaras de seguridad captaron la llegada de Murray primero a las 12:50 a. Pocos minutos después, a las 12:58 llegó la caravana de Michael. Afuera ya lo esperaban algunos fans.
Lo hacían cada noche con la esperanza de verlo o de saludarlo, de entregarle algo más que solo cariño. Michael pidió detenerse un momento, bajó ligeramente la ventanilla de la camioneta y extendió la mano para saludar. Entre los fans estaba nuevamente Talita Leinehan, quien nuevamente le entregó cartas y un par de fotos.
Luego la camioneta siguió su camino. Mientras Michael entraba a la casa a lo lejos, los fans le gritaban, “¡Buenas noches Michael, te queremos. Nos vemos mañana!” El asistente Michael Amir y el jefe de seguridad, Fahim Muhamad, acompañaron a Michael hasta las escaleras. Llevaban con ellos algunos regalos y papeles que los fans le habían entregado esa noche.
Michael subió tranquilo, agradeció con amabilidad y se despidió con un simple Buenas noches. Esa fue la última vez que ellos lo vieron con vida. Después de acompañar a Michael al interior, el equipo de seguridad se reunió en el tráiler como lo hacían cada noche. A los pocos minutos, Michael Amir, el asistente, se retiró, pero antes de irse detuvo a hablar con los fans que aún estaban afuera.
Entre ellos estaba Talita Leinehan, quien lo cuestionó con cautela sobre la llamada que le había prometido. Amir se disculpó. Dijo que la recepción dentro del Staple Center era mala y que Michael le había pedido que le recordara llamarla al día siguiente, pero ese día siguiente nunca llegó. Dentro de la residencia, Michael se dio un baño y luego se reunió con el Dr.
Conrad Murray. Conversaron brevemente. Michael se mostraba cansado, fatigado. Esa noche, como en tantas otras, buscaba una sola cosa, poder dormir. Al llegar Michael a la habitación, el Dr. Murray le colocó una bolsa de suero intravenosa conectada a su pierna, justo debajo de la rodilla. Mientras platicaban un poco, Murrey, ya cerca de la 130 am le dio una pastilla de 10 mg de Vum, que sirve para tratar la ansiedad, relajar los músculos o incluso ayudar a conciliar el sueño.
Michael, como era su costumbre, quiso dormir con música de fondo, algo que lo tranquilizaba y lo ayudaba a relajarse. Murray se quedó sentado esperando los efectos de la pastilla, ya que suelen tardar un poco en hacer efecto. Después de media hora le administró 2 mg de Lorace Pam a través del tubo intravenoso.
Volvió a esperar, pero no funcionó. Michael seguía completamente despierto. Llegaron las 4 de la madrugada y Michael continuaba despierto. A las 4:30 la situación era la misma, completamente desvelado. Fue entonces cuando Michael, frustrado y ansioso, se quejó con Murray. Tengo que dormir, Conrad. Tengo estos ensayos.
Debo estar listo para el show en Inglaterra. Mañana tendré que cancelar mi presentación, tendré que cancelar mi viaje porque no puedo funcionar si no duermo. Se movía inquieto en la cama, agitaba los pies, se quejaba en voz baja. No puedo dormir, el medicamento no funciona. Ya eran casi las 5:01 de la mañana y Michael seguía sin dormir. El Dr.
Murray evaluando la situación decidió que era razonable administrar una dosis adicional de 2 mg de oracam. Pero Michael seguía completamente despierto. Eso tampoco lo ayudó a relajarse. Y en ese momento Michael se quejaba de que no iba a poder presentarse, que tendría que cancelar nuevamente los ensayos y que eso retrasaría el espectáculo.
Decía que no podría cumplir con sus fans si no descansaba bien. A las 7:30 a, Murray le dio otra dosis de Midasolam, pero tampoco resultó efectivo, ya cuando pasaban de las 10 de la mañana y nada de lo que había intentado había surtido efecto. Michael seguía quejándose de que no podía dormir, que lo que le estaba dando funcionaba y que tendría que cancelar el ensayo, lo cual retrasaría todo el cronograma. Ya era de mañana.
El sol comenzaba a filtrarse con fuerza por las ventanas de la habitación. Eran alrededor de las 10:30 a. Michael estaba inquieto. Llevaba tres noches sin recibir propofol desde aquel episodio del fin de semana, cuando se sintió muy mal durante una prueba de vestuario. Tras eso, se decidió suspender el uso del medicamento, creyendo que el propó Fallall era el causante directo de su deterioro físico, cuando en realidad era el efecto combinado de varios fármacos.
Esa mañana Michael pidió Propófol. Lo llamó como solía hacerlo, la leche, un apodo que usaba por su textura y color. Murrey al principio se negó. No quería volver a administrarlo, pero Michael insistió. Le dijo que solo así podría dormir y que no le importaba a qué hora despertara. Hazme dormir, no importa la hora en que me levante”, dijo Michael exhausto.
Murray, quien también se encargaba de su calendario de ensayos, le advirtió que tenía ensayo programado para ese mismo día. Pero Michael fue claro, “No puedo funcionar si no duermo. Tendrán que cancelarlo. No quiero que lo cancelen, pero tendrán que hacerlo.” A petición de Michael fue entonces cuando el doctor aceptó cambiar el tratamiento y usar propofol.
con la intención de inducirle el sueño por un corto periodo, le administró 25 mg de propofol, una dosis baja en comparación con lo que podría usarse para sedación más profunda. Diluyó el medicamento con lidocaína, un anestésico local que evita la sensación de ardor durante la aplicación intravenosa y luego lo inyectó lentamente en un lapso de aproximadamente 3 a 5 minutos.
El procedimiento se realizó cerca de las 10:50 de la mañana. El efecto fue casi inmediato, pero también muy breve. Esa cantidad apenas lo habría mantenido dormido por cinco o 6 minutos como máximo para evitar que despertara. Murray improvisó un sistema de goteo continuo, le perforó una botella de propóol y la introdujo dentro de una bolsa salina, la misma que ya estaba conectada a Michael por vía intravenosa.
No había control, ninguna regulación sobre la cantidad que entraba a su cuerpo. No era un entorno médico ni un procedimiento seguro. Pero por fin, después de una noche entera sin descanso, Michael logró dormir. Cerca de las 11 de la mañana, Murray se levantó al baño, salió de la habitación y lo dejó solo.
Durante ese tiempo, no solo se ausentó, también revisó el contrato con AEG en su teléfono, un documento que aún estaba en revisión por ambas partes, aunque aún no se había formalizado, ya estaba contratado. En ese mismo lapso hizo y recibió varias llamadas, pero hubo una en especial, una conversación con su novia.
Mientras hablaban, ella notó algo extraño. De pronto, todo quedó en silencio. Lo único que se escuchaba eran ruidos como si el teléfono estuviera dentro de su bolsillo. Fue en ese momento, alrededor de las 11:56 a, cuando Murray descubrió que Michael ya no respiraba. Entonces comenzó a hacerle RCP sobre la cama.
Colocó una mano en la espalda de Michael y con la otra realizaba las compresiones. Una técnica inútil. En una superficie blanda. A las 12:10 del mediodía, Murray bajó las escaleras sudando y muy agitado. Entró a la cocina donde la chef Kai Chase preparaba el almuerzo y gritó, “Ve a buscar ayuda. Ve por seguridad. Ve por Prince.
” Kai, sin entender qué ocurría, corrió por Prince, lo encontró y le dijo, “Rápido, el Dr. Murray te necesita. Puede que algo esté mal con tu padre.” Nadie sabía aún qué pasaba, pero en la casa la energía ya había cambiado. Después de bajar desesperado por ayuda, Murray volvió a subir corriendo a la habitación.
Desde ahí marcó al celular de Michael Amir, el asistente personal de Michael. Amir aún estaba en su casa preparándose para ir a trabajar. No contestó. Entonces Murra le dejó un mensaje de voz con la voz alterada. No mencionó que se trataba de una emergencia. No dijo que Michael no respiraba, solo pidió que lo llamara.
A los pocos minutos, Michael Amir devolvió la llamada. Murray contestó de inmediato y le repitió, “Michael ha tenido una mala reacción.” Su voz sonaba tensa y desesperada. Solicitó que alguien fuera a la casa de inmediato, pero no dio más detalles. No dijo que Michael no respiraba, ni mencionó que fuera una emergencia. Y lo más grave, no pidió que llamaran al 911.
En ese momento, Michael Amir llamó a Alberto Álvarez, quien se encontraba en la cabina de seguridad de la casa. le pidió que entrara de inmediato y que subiera a la habitación de Michael. No le explicó por qué, solo le dijo que lo hiciera rápido, pero sin causar alboroto. Alberto obedeció sin cuestionar.
Aún no sabía lo que estaba a punto de presenciar. Al llegar a la habitación, Alberto Álvarez vio al doctor Murray sobre la cama intentando hacerle RCP a Michael. Segundos después llegaron Paris y Prince. Prince se quedó inmóvil en estado de shock. Paris se tiró al suelo gritando con desesperación. Daddy, Daddy! En ese momento, Murrey le dijo a Alberto, no dejes que los niños vean a su padre así.
Una petición contradictoria, ya que había sido él mismo quien pidió que Prince subiera. Alberto sacó a los niños de la habitación y los llevó abajo, donde estaban la chef Kai Chase y la niñera. Al verlos alterados, K les dijo con voz temblorosa, “Recemos, recemos, tomémonos de las manos y recemos. Padre Dios, por favor, que no le esté pasando nada grave a este hombre.
” Mientras tanto, arriba en la habitación, Alberto volvió y le preguntó a Murray qué había pasado. Murray respondió con una frase vaga. Tuvo una mala reacción. Alberto no entendía del todo, se acercó a la cama y volvió a preguntarle. Murra no respondió. En su lugar se inclinó hacia la mesa junto a la cama, tomó un puñado de frascos de medicamentos y le dijo, “Aquí pon esto en una bolsa.
” Alberto, aún en shock, tomó una bolsa que estaba sobre una silla, la sostuvo abierta y Murray fue dejando los frascos dentro con urgencia. El ambiente era tenso, pesado, como si estuvieran ocultando algo más que intentando salvar una vida. Luego Murray añadió, “Toma esa bolsa y colócala en la bolsa azul.
” Fue entonces cuando Alberto notó algo que sería clave en la investigación. Había un frasco dentro de la bolsa del suero. Y solo después de todo ese intercambio, después de ocultar los frascos y retirar la bolsa, fue que Murray por primera vez pidió que se llamara a emergencias. Es importante señalar que Alberto solo seguía las indicaciones de Murray.
No tenía claridad de lo que ocurría, ni sabía que Michael podría haber ya estado sin vida. Finalmente, a las 12:20 del mediodía, Alberto Álvarez llamó al 911 desde su celular mientras Murraay seguía haciendo compresiones junto a la cama. Pero ya había pasado demasiado tiempo. Murray había estado haciendo llamadas durante al menos 45 minutos sin supervisar a Michael y solo entonces notó que no respiraba.
A eso se sumaron los minutos que perdió ocultando frascos y mientras él hacía supuestos intentos de reanimación. En total pudo haber transcurrido casi una hora desde que Michael dejó de respirar hasta que finalmente se pidió ayuda verdadera. Una hora. en una situación donde los primeros minutos lo eran todo.
He’s 50 years old, sir. 50. Ok. He’s unconscious. He’s not breathing. Yes, he’s not breathing, sir. Is he on the floor? Where’s he at right now? He’s on the bed, sir. He’s on the bed. Okay, let’s get him on the floor. Ok. Ok, let’s get him down to the floor. I’m help right now. We need Yes. We already on our way there.
We’re on our way. I’m do help you over the phone. We’re already on our way. Did anybody see him? Yes, we have a personal doctor here with him, sir. Oh, you got there. Yeah, but he’s not responding to anything. A las 12:26 pm, los paramédicos del departamento de bomberos de Los Ángeles llegaron a la casa de Michael.
Al subir encontraron una escena caótica. Michael yacía en el suelo inconsciente y Murray intentaba hacerle RCP. Cuando le preguntaron qué había pasado, Murray fue confuso y evasivo. Negó que Michael tuviera problemas de salud y solo admitió haberle dado un poco del Orace Pam. Nunca mencionó el propóofol. Michael no tenía pulso, no respiraba.
Su cuerpo ya mostraba señales de haber estado sin oxígeno por demasiado tiempo. El equipo médico hizo todo lo posible. Lo intubaron, le administraron epinefrina, colocaron vías, pero no hubo respuesta. Durante más de 40 minutos, el monitor siguió mostrando una línea completamente plana. A pesar de todo, Murray insistió en llevarlo al hospital.
La ambulancia salió rumbo al hospital a la 1:08 pm, pero ya era tarde. Aún así, en la sala de urgencias, el equipo médico intentó un último esfuerzo por reanimarlo. Solo por la insistencia del Dr. Murray. Todo se hizo bajo una condición clara. Si ese intento fallaba, se declararía oficialmente el deceso y falló.
El corazón de Michael nunca volvió a latir. Tras agotar todos los recursos posibles, los médicos pronunciaron su muerte. Eran aproximadamente las 2:26 de la tarde cuando se certificó el fallecimiento en el hospital UCLA, cerrando así la frenética y triste cadena de eventos de aquel 25 de junio. En ese momento aún no sabían la causa exacta de su muerte, por lo que se registró su deceso como resultado de un paro cardíaco.
Lo que no sabían era que ese paro había sido provocado por una sobredosis de propófol. Una vez que de forma interna se confirmó el deceso, la noticia fue comunicada a la familia. En el tiempo que transcurrió hasta el anuncio oficial dentro del hospital, ocurrieron momentos intensos y desconcertantes.
![]()
Hubo conversaciones, peticiones, incluso de Murre y de regresar a la casa y mucho más. Lo que sucedió en esas horas aún dejaría muchas preguntas sin respuesta. Más tarde a las 6:18 pm, mientras el mundo entero intentaba asimilar la noticia, Germain Jackson apareció ante los medios para anunciar oficialmente la muerte de su hermano.
A su lado, de forma inesperada, estaba Tome Tome, un personaje que Michael había intentado apartar de su vida en sus últimos meses. Así terminó el 25 de junio de 2009, un día que comenzó como cualquier otro, pero que el mundo jamás olvidaría. Aquel hombre que alguna vez pareció invencible, que llenó estadios, rompió barreras y tocó corazones, se había ido en silencio.
Y mientras las cámaras encendían, las multitudes se reunían y el eco de su nombre recorría el planeta. En una sala rodeado de los suyos, Michael decía su último adiós. si quieres. ¿Quieres conocer más detalles sobre lo que ocurrió antes y después del 25 de junio de 2009? Muy pronto estará disponible por Amazon.