Edith Gonzales Nunca Imagino Esto | Su Triste Historia

Edith Gonzales Nunca Imagino Esto | Su Triste Historia

¿Qué tal, amigos? Bienvenidos sean a un nuevo video de Tutoriales Gerberí. Pónganse cómodos porque hoy vamos a meternos en la vida de una mujer que parecía salida de un cuento de televisión, pero que terminó viviendo capítulos durísimos fuera de la pantalla. Edith González, una niña prodigio, rubia, hermosa, talentosa, que creció frente a las cámaras y que durante décadas fue una de las grandes consentidas del público mexicano.

Búscate otro macho porque ese. Pero no se vayan con la finta, porque detrás de esa sonrisa fina, de esa elegancia [música] y de esa imagen de actriz impecable, también hubo pleitos pesados, enemistades de foro, amores prohibidos, señalamientos, vetos, rumores venenosos y heridas que la fama nunca pudo tapar.

 Edith no fue una actriz tibia, fue una mujer de carácter fuerte, de esas que podían parecer dulces frente a la cámara, pero que no se dejaban pisotear por nadie. Y por eso mismo también se ganó enemigos, críticas y más de una historia incómoda que todavía se recuerda en los pasillos de la farándula. un momento como este hablar de aquellos roses que fueron hace como 15 años detrás la muerte de de verdad tan fría que conciencia está buscando polemiza.

 Hoy vamos a hablar de sus inicios como niña prodigio, de cómo conquistó [música] la televisión, de su pleito con Verónica Castro, de la guerra mediática con Newurka, de su etapa como aventurera, de sus amores de alta sociedad, del escándalo con Santiago Grill, del nacimiento de Constanza y por supuesto de su batalla final contra el cáncer.

Porque la vida de Edit González tuvo glamour, éxito y aplausos. Sí, pero también tuvo dolor, orgullo, secretos, traiciones, pérdidas y un final que dejó a México con el corazón apachurrado. Así que agárrense porque esta historia viene cargada de telenovela, poder, lágrimas, escándalo y mucha verdad incómoda.

 Y ahora sí, sin más preámbulo, vámonos a lo que te truje, Chencha. Dijo Abuera. Pues este, esto salió positivo. Eh, tienes un [música] este así se llama tu saco este ceroso papilar. Órale, [música] ya está. Y amigos, para empezar hay que aclarar un dato que mucha gente todavía repite mal.

 Aunque por ahí se ha dicho que Edit González nació en Monterrey. La realidad es que Edit nació en la Ciudad de México. Venía de una familia acomodada de clase media. Nada de historia de miseria ni de niña que tuvo que vender chicles para llegar al foro. Su papá, don Efraín González, era ejecutivo bancario, un hombre serio, de mundo, de esos que veían el espectáculo con bastante desconfianza.

 Su mamá, doña Ofelia Fuentes, en cambio, siempre vio algo especial en su hija. Ella fue la primera en creer que esa niña rubia, inquieta y carismática, podía tener un destino distinto. Vivían en la unidad modelo, en la capital, y Edith era una niña hermosísima, de esas que llamaban la atención sin proponérselo, rubia, de facciones finas, con cara de muñequita de porcelana, pero con una personalidad que no se quedaba chiquita, porque una cosa es ser bonita y otra muy distinta a tener presencia.

 Y Edit, desde niña, tenía las dos, pero su entrada a la televisión fue casi una casualidad de esas que parecen escritas por el destino. Una amiga de su mamá le sugirió que la llevara a la tele porque la niña tenía ángel, tenía carita, tenía algo. Entonces, doña Ofelia consiguió boletos para ir como público al famosísimo programa Siempre en domingo con y dijo, “Tu hija tiene madera.

” Mi mamá dijo, “¿Cómo crees? Me llevaron a siempre en domingo sentada del público.” Esa era la idea de la amiga de mi mamá. Yo ahí sentada del público y resulta que necesitaron una niña rubia de ojos azules con Raúl Velasco. Y aquí viene la escena. La mamá arregla a Edit preciosa, la lleva al programa, se sientan entre el público [música] y esperan a ver si alguien la nota.

 Así, sin representante, sin contrato, sin padrinos pesados, solo una madre con intuición y una niña que parecía hecha para que una cámara la encontrara. Y vaya que la encontró. Ese día una niña rubia que iba a participar en un sketch junto a Rafael [música] Baledón y Marth Ruth no llegó. Y ya saben cómo es la televisión. Cuando falta alguien, hay que resolver en caliente.

 Un chico del staff miró hacia el público, vio a Edit sentadita con su mamá y se la pidió prestada para el número. Imagínense amigos, una niña de cco o 6 años sacada del público casi de improviso, metida de pronto en actores, cámaras, luces y gente corriendo alrededor. Cualquiera se habría paralizado, pero Edit no. Edit entró, hizo lo suyo y lo hizo también que todos se quedaron mirando.

 La hija de Rafael Valedón y Marta Roz. Y no tenían. A ver, espérame, espérame. Estaba sentada entre el público de siempre en domingo y la cámara sacaba y saluden y eso. Sí, sí. Y buscaron, llegaron dos chavitos de producción buscando un Ahí se dieron cuenta de que no era solamente una niña bonita. Tenía carisma, soltura, mirada, gracia y esa naturalidad que no se enseña tan fácil.

La televisión la aprobó por accidente y la niña respondió como si hubiera nacido para estar ahí. De inmediato le invitaron a quedarse a estudiar actuación bajo la tutela del estricto maestro Fernando Wagner. Y ojo con eso, porque Wagner no era de los que aplaudían cualquier monería infantil. Era exigente, duro, formador.

 Si aceptó trabajar con Edit era porque vio madera. Incluso la afiliaron al sindicato de actores siendo todavía una niña. O sea, mientras otros niños estaban pensando en juguetes, escuela y caricaturas, Edit ya estaba entrando formalmente al mundo profesional del espectáculo. El maestro Wagner, que era de bellas artes, porque en ese tiempo la televisión se hacía como ya se está volviendo a hacer ahora, con grandes grandes [música] pilares de del arte, ¿no? Entonces, maestro Wagner, Antonio Jiménez Pons, Nachito Rubiel,

¿no? Un mundo hermoso por fuera, pero por dentro pesado, competitivo y a veces bastante cruel. Rápidamente empezó a debutar en teatro, en obras como Los miserables y en Teleteatros, [música] donde se fue formando a base de trabajo real. No fue una niña que apareció una vez y se perdió. Edit se quedó, aprendió, aguantó, creció entre libretos, ensayos, directores estrictos y cámaras encendidas.

 Y así, amigos, empezó la historia de Edit [música] González, no como una estrella fabricada de la noche a la mañana, sino como una niña que fue descubierta casi por accidente, pero que desde el primer momento dejó claro que no estaba ahí para hacer bulto, porque hay niñas bonitas que pasan por la televisión y se olvidan rápido.

 Pero Edith tenía algo más. tenía esa mezcla peligrosa de belleza, disciplina y carácter que años después la convertiría en una de las actrices más queridas, más elegantes y también más comentadas de México. Y amigos, a Edit González el salto fuerte a la fama le llegó siendo todavía una adolescente. Tenía apenas 15 años cuando apareció la gran oportunidad.

Interpretar a María Isabel en Los ricos también lloran. Para ahí estoy en Los ricos también lloran. Que Cristian era mi mamá. Es que qué exitosa telenovela, ¿eh? Sí, sí, sí. Que se puede reciclar y reciclar y reciclar. Eh, no sé. Fíjate que no sé. No, pero Corazón Salvaje, sí. Sí, corazón salvaje una de esas telenovelas que no solo se veían en México, sino que terminaron haciendo ruido en medio mundo.

 Pero ojo, porque aunque para muchos aquello parecía el sueño perfecto, para Edit también fue el inicio de varios tragos amargos. Porque una cosa es que el público te empiece a querer y otra muy distinta es lo que se vive detrás de cámaras, en la casa, en la escuela y entre los adultos que deciden tu carrera cuando tú todavía eres una chamaca.

 Para empezar, su papá, don Efraín González, pegó el grito en el cielo. Él era un hombre serio, ejecutivo bancario, de mundo y no veía con buenos ojos que su hija se metiera al espectáculo. Para él, la televisión no era precisamente un camino seguro ni respetable para una niña de familia acomodada. Seguramente pensaba que ese ambiente era demasiado pesado, demasiado expuesto [música] y demasiado lleno de gente con intereses raros. Son imbéciles.

 El silón no se dieron cuenta de Pero ahí entró su hermano mayor, Víctor Manuel, quien terminó convenciendo al papá de dejarla actuar. Y gracias a eso, Edith pudo seguir el camino que [música] ya se le había abierto desde niña. Aunque claro, tener permiso en casa no significaba que todo iba a ser fácil. En su colegio de monjas, el Simón Bolívar, [música] las cosas también se pusieron feas.

 Las compañeras le hacían burla porque salía en televisión. Ya saben cómo puede ser la envidia disfrazada de moral. Si una niña destaca, las demás empiezan a mirarla raro. Si sale en la tele, entonces la vuelven blanco de comentarios, burlas y cuchicheos. Y la cosa llegó a tanto que hasta la expulsaron de la escuela por usar el uniforme oficial en una sesión para una fotonovela.

Imagínense la contradicción. Mientras el público empezaba a reconocerla y la televisión la abría camino, en su escuela la castigaban como si haber usado el uniforme para una foto fuera un pecado mortal. Sí, calitativas que hicieron el favor de correrme. Por eso por no las monjas me corrieron porque salí en una fotonovela con el uniforme [música] del colegio.

Ojo, y entonces me embarazo y Televisa me corren. Dices, me volví a Pero si en la escuela había presión, en los foros tampoco la estaban esperando con algodones. En los ricos también lloran. [música] Edit tuvo que aguantar un ambiente bastante duro. El director Rafael Bankquels era severo con ella, de esos que no se andaban con ternuras porque la actriz fuera joven.

 Y por si fuera poco, Valentín Pingstein la obligó a teñirse el pelo de negro porque según él no le gustaban las rubias. Y miren qué fuerte, [música] amigos. Edit era recordada precisamente por esa belleza rubia, fina, casi de muñeca. Pero en ese medio no importaba lo que tú eras, sino lo que el productor quería vender.

 Si Pinstein decía que el personaje debía verse de otra manera, se hacía y punto. Ahí no había mucha democracia. También se ha dicho que su relación con Verónica Castro, la gran protagonista de aquella historia, no fue la mejor. Y eso no es poca cosa, porque cuando una joven actriz entra a una telenovela dominada por una figura tan fuerte como Verónica, cualquier rose se vuelve comentario de pasillo.

Van a llevar la penitencia porque se van a acordar de mí para [risas] el resto de sus vidas. Verónica era la estrella, la reina del melodrama y Edit era la niña que venía subiendo con fuerza. Ya desde ahí empezaba a notarse que Edith no iba a ser una actriz dócil ni sofar de apagar. Y años más tarde, esa tensión volvió a explotar de una manera todavía más [música] famosa en Rosa Salvaje.

Edith estaba en la telenovela, pero terminó renunciando [música] a media historia después de una escena donde Verónica Castro le dio una cachetada durísima, una de esas que no se sienten actuadas, sino demasiado reales. Según se ha contado, Edith ya venía [música] cansada de malos tratos y aquel golpe fue la gota que derramó el vaso.

Hubo experiencias no gratas, no había el trato humano que debería de haber habido. Es necesario fingirles a ellos sobre y ahí hizo algo que pocas actrices se atrevían a hacer en [música] esa época. tiró la toalla, renunció a la telenovela y fue reemplazada por Felicia Mercado. Y claro, el medio entero empezó a murmurar que la iban a vetar, que en Televisa no se perdonaban esas cosas, que una actriz no podía dejar una producción así no más, que se había metido en problemas con gente muy pesada. A pesar de tanto

escándalo y tanto golpe de foro, Editó con ser una cara bonita de telenovela. Era una actriz preparada, inquieta, con ganas de aprender y de crecer más allá del melodrama tradicional. Don Víctor Hugo Oarwell le dio una beca para estudiar actuación y equitación en Los Ángeles y después [música] Edith también se fue a Londres y a París.

 Pero hasta ahí la vida le puso pruebas raras. En Estados Unidos la discriminaron horrible solo por ser mexicana, como si su talento valiera menos por venir de este lado. En Europa, rodeada de mujeres altísimas, rubias, sofisticadas y despampanantes, Edit, con toda su belleza llegó a sentirse fea. Imagínense eso, amigos. Una mujer que en México era vista como una muñeca, en otros lugares sintiéndose menos, comparándose, dudando de sí misma.

Ahí se nota que la belleza no siempre salva de la inseguridad. A veces la fama te sube [música] a un pedestal, pero por dentro sigue siendo una persona tratando de encontrar su lugar. Hoy vamos desde Chiconcuaca hasta Nueva York. Una cosa así. Oye, este, a ver, ¿y cómo ves de repente tu entorno, este país y estas cosas? ¿A piensas en ello? A los 18 años le llegó su primer protagónico en Bianca Vidal y parecía que todo iba en ascenso.

 Pero apenas un año después, a los 19 enfrentó uno de los golpes más duros de su vida, la muerte de su amado padre a causa de un doloroso cáncer. Ese golpe la asumió en una profunda depresión. Y es que perder al padre a esa edad, justo cuando la carrera empieza a despegar, [música] es como si la vida te dijera, “Sí, vas a brillar, pero no sin pagar dolor.

” Edid estaba rota, pero el medio no se detiene por nadie. Sus compañeros tuvieron que empujarla, acompañarla y recordarle esa frase tan [música] cruel del espectáculo. El show debe continuar. Y así fue. Edith siguió trabajando, siguió grabando, siguió apareciendo frente a las cámaras, aunque por dentro estuviera hecha pedazos, porque esa fue una de las marcas de su vida.

 Podía estar sufriendo, podía estar cansada, podía estar decepcionada, pero cuando la cámara se encendía, Edit González se levantaba. Yo, mi papá murió de cáncer en la cuestión de educación, universidad. Entonces, cuando me corren las monjas de la escuela [música] fue todo un drama en la familia y mi hermano, mi hermano dice, “Pero, ¿para qué quiere ir a la escuela? Ella ya es actriz.

” Y tal vez por eso el público la quiso tanto, porque detrás de la niña prodigio y de la actriz elegante siempre hubo una mujer que aprendió demasiado joven, que el éxito no te libra del dolor, solo te obliga a sonreír mientras lo cargas. Y amigos, si los años 80 fueron la etapa donde Edith González se formó a base de golpes, disciplina, [música] rechazos, estudios y tragedias personales, la década de los 90 fue cuando realmente se coronó como una de las grandes reinas de la televisión mexicana. Ahí Edith ya no era solamente

la niña prodigio que salió de siempre en domingo, ni la jovencita rubia que se peleaba por sobrevivir en los foros de Televisa. No, para los 90 ya era una actriz hecha y derecha, con presencia, elegancia, carácter y una imagen que el público respetaba muchísimo. Y entonces llegó Corazón Salvaje. Esa telenovela no fue cualquier éxito, amigos.

 Fue un fenómeno de esos que se quedan tatuados en la memoria colectiva. [música] Una historia de pasión, orgullo, celos, amor imposible y personajes que parecían arder en cada escena. Edid, con esa mezcla de belleza aristocrática y fuerza dramática, encajó perfectamente en aquel universo de época. Vestidos largos, miradas intensas y amores [música] que parecían condenados desde el primer capítulo.

Como lo es Corazón Salvaje. O sea, me ha me ha trabajado, me ha trabajado me me ha tocado trabajar en dos [música] hitos de la televisión mexicana a nivel mundial muy importantes. En ese sentido, sí le estoy agradecida a los ricos. Claro, porque Corazón Salvaje fue tan grande que no solo la veía el público común.

 Se cuenta que hasta [música] María Félix y Plácido Domingo estaban pendientes de la historia. Y cuando figuras de ese tamaño se sientan a ver una telenovela es porque algo estaba pasando. Edith se convirtió en una de esas protagonistas que no necesitaban gritar para imponer. Bastaba su mirada, su porte y esa manera elegante de sufrir para que la pantalla se llenara.

Pero el reto más fuerte no llegó con una telenovela, sino con un escenario mucho más peligroso, aventurera. En 1998, Carmen Salinas le ofreció protagonizar la obra y ahí empezó el cuchicheo venenoso, porque el papel originalmente se había pensado para Itati Cantoral y además mucha gente no imaginaba a Edit González en ese personaje.

 Decían, “A ver, en serio, esta niña fina, rubia, educadita, de cara angelical y aire de colegio caro, va a salir en un cabaret bailando, enseñando pierna y cargando una historia de arrabal. Pero fue hasta 1996 cuando la productora Carmen Salinas la escogió para estelarizar aventurera, siendo la primera protagonista de dicha obra.

 Ahí Edit tuvo la oportunidad de revelar una nueva bailando y cantando. Muchos no le tenían fe. Algunos pensaban que le faltaba barrio. Otros decían [música] que no tenía la malicia suficiente, que Edith era demasiado elegante, demasiado fresita, demasiado de porcelana para convertirse en Elena Tejero, una mujer marcada por el dolor, la seducción, el abandono y la vida nocturna.

Pero ahí fue donde [música] Edith hizo lo que mejor sabía hacer, callar bocas trabajando. Su hermano Víctor Manuel la animó a aceptar el reto y Edit se aventó al vacío. Se preparó, ensayó, se metió en el personaje y entendió que aventurera no era solo salir con poca ropa y bailar bonito. Era sostener a una mujer rota, deseada, juzgada y sobreviviente.

 era bajarse del pedestal de actriz fina y ensuciarse los zapatos en un mundo de cabaret, humo, deseo y tragedia. Y cuando salió al escenario se acabaron las dudas. Edith González [música] hizo de aventurera un éxito rotundo. La gente iba a verla no solo por Morvo, sino porque de verdad se apoderó del personaje. Aquella mujer que muchos veían demasiado delicada [música] terminó dominando el escenario con una fuerza que sorprendió hasta a los más escépticos.

 [música] Dice mi mamá que quieres hablar conmigo. Se cuenta que el furor era tan grande que los hombres llegaban a tirar sus sacos al piso para que Edith caminara sobre ellos. Imagínense el nivel de fascinación. El público no solo la aplaudía, la veneraba. La niña de porcelana se había convertido en reina de cabaret teatral y lo hizo sin perder elegancia, pero agregándole fuego.

 Y ahí está una de las grandes contradicciones de Edit González. Podía verse fina, dulce y casi intocable, pero cuando aceptaba un reto sacaba una fuerza que dejaba a todos callados. En Corazón Salvaje fue la protagonista de época que enamoró a medio país. En aventurera fue la mujer que demostró que debajo de la rubia elegante también había barrio escénico, sensualidad, disciplina y carácter.

 Porque Edit necesitaba gritar que era una gran actriz. Se subía al escenario y lo demostraba. Oigan, amigos, pero no todo era glamur, aplausos, corazón salvaje y sacos tirados al piso para que Edit caminara como reina. No, señores, porque Edit González también tenía carácter y mucho. Ella podía verse finísima, educada, elegante y hasta delicada, pero quienes trabajaron con ella sabían que no era una mujer fácil de doblar.

Bueno, yo me hice yo me sentí bonita [música] hasta que hice aventurera. Sí, de verdad, hasta ahí yo dije, “Soy bonita.” [música] Iba caminando entre el público y entonces hace de cuenta que metía yo como primera. Edit tenía temple, tenía orgullo, tenía disciplina y también tenía ese aire de primera actriz que algunos fascinaba y a otros les caía como patada en el hígado.

 Y claro, cuando una actriz así se cruza con otra personalidad explosiva, el foro deja de ser lugar de trabajo y se convierte en ring. La pelea más mediática de [música] su vida fue sin duda, con Newurka Marcos y ahí amigos se juntaron el agua y el aceite. Por un lado, Edit, fina, medida, elegante, de frases diplomáticas y porte de señora de sociedad.

 Por el otro, Niurka, frontal, escandalosa, sin filtro, con barrio, lengua afilada y cero miedo a prenderle fuego a quien se le pusiera enfrente. Ambas coincidieron en Salomé en 2001 y también quedaron ligadas por aventurera. Y ahí empezó una guerra que no fue cualquier pleitecito de camerino. Niurka juró y perjuró que Edit le hacía la vida imposible.

 Decía que la ignoraba, que la maltrataba, que era hipócrita, que la trataba con desprecio y que detrás de esa imagen de dama perfecta había una mujer muy distinta. No, eso es lo normal, ¿no? Pero ella me veía llegar por ahí, decía, “Producción, también esa niña, no somos gemelas.” Y me ignoraba. Pero Niurka no se quedó en quejas suaves. No, amigos.

 Niurka sacó el machete verbal y llegó a acusar públicamente a Edit de tener la necesidad de acostarse con todos los protagonistas de sus novelas. Así, sin anestesia, una acusación durísima, vulgar, venenosa y de esas que no solo buscan pegar en la carrera, sino en la reputación de una mujer. Y como si eso fuera poco, Niurka también se fue contra su papel en aventurera.

 Decía que a Edith le faltaba barrio, que no tenía la fuerza ni la malicia para representar ese mundo de cabaret, deseo [música] y arrabal. Según Niurka, ella sí era verdadera aventurera, la más brava, la más auténtica, la que tenía calle, cuerpo, fuego y descaro para el personaje. Que necesita fuerzas acostarse con todos sus protagonistas, con todos.

 Ella siente la gran necesidad de que el protagónico fluya. O sea, para Niurka, Edit podía tener elegancia, trayectoria y aplausos, pero no tenía ese filo de mujer de noche que el papel exigía. ¿Y qué hacía Edit ante semejantes ataques? Pues Edit respondía como Edit, fría, elegante, casi con guante blanco. No entraba al lodasal de frente, no se ponía a gritar, no soserivaba al mismo todo, soltaba frases como, “Se vive una sola vez y si tienes que hablar de alguien, mejor hablar bien, sin comentarios.

” Y miren, esa respuesta podrá sonar muy fina, pero también era una forma de desprecio elegante, porque a veces no contestar también es contestar. Edit parecía decir, “No me voy a ensuciar peleando contigo.” Pero Niurka, por supuesto, lo leía de otra manera. Para ella, ese silencio elegante era soberbia, hipocresía, hacérsela santa.

 Y por eso el preito nunca terminó de apagarse. Muy feos todos. Y mira que [carraspeo] y mira que en mi religión a las personas que se nos van este se les trata ya como Edg, como espíritus. Se volvió una de esas enemistades que el público recuerda porque representaba dos mundos completamente distintos. La actriz aristocrática contra la bedet de barrio, la dama fina contra la mujer sin filtro, el aplauso de teatro contra el escándalo de televisión y lo más fuerte es que ni siquiera la muerte logró cerrar la boca del pleito. Después de

que Edith falleció, Niurka volvió a hablar del tema y dijo que no iba a ser hipócrita. reafirmó que ella seguía siendo la más perra y la mejor aventurera, sin importarle demasiado el luto de la familia ni la sensibilidad del momento. Y ahí, [música] amigos, cada quien sacará sus conclusiones. Para algunos, Niurka fue cruel y oportunista por seguir tirando después de la muerte.

Para otros, simplemente fue fiel a su estilo. Si no la quiso en vida, no iba a fingir santidad después. Pero de que fue fuerte, fue fuerte porque hay pleitos que se entierran con la persona y hay otros que siguen apestando aunque ya haya flores encima. Un momento como este hablar de aquellos roses que fueron hace como 15 años detrás la muerte de Edit.

De verdad tan fría, conciencia está buscando polémica. Pero Newurka no fue la única enemistad complicada en la carrera de Edit. Otro capítulo incómodo vino con Gabi Espino durante Mundo de fieras en 2006. Gabi llegaba a México como protagonista con belleza, juventud, fama internacional y muchas expectativas.

 Editth, por su parte, era la antagonista, pero no una cualquiera. Era Edit González, una figura enorme, con años de carrera y una presencia que podía comerse el foro si quería. Según contó Gabi después en un podcast, aquella experiencia fue un infierno. Dijo que le escondían el vestuario, que le escondían las zapatillas y que la hicieron pasar momentos muy difíciles.

 Aunque no señaló directamente a Edith como la persona que lo hacía con sus propias manos, sí dejó caer que todo indicaba que ella estaba detrás o que por lo menos el ambiente se movía a su alrededor. Y ahí el chisme se puso sabroso porque el público empezó a preguntarse, ¿edd era una compañera difícil? ¿Había celos profesionales? Gab llegó a ocupar un lugar que incomodaba o simplemente el foro estaba lleno de intrigas y alguien aprovechó para echarle la culpa a la estrella más fuerte.

 Gabi dijo que quería salir corriendo de México por ese trato. Imagínense el nivel de tensión para que una actriz extranjera llegando a protagonizar terminara sintiendo que el ambiente era insoportable. Porque en una telenovela no solo se actúa frente a cámaras, también se sobrevive a camerinos, egos, jerarquías, favoritismos y silencios pesados.

 Años después, según contó la propia Gabi, Edit la buscó en una obra de teatro y firmaron la paz con un abrazo. Y eso también dice mucho, porque quizá hubo heridas, quizá hubo malos entendidos, quizá hubo una guerra de egos o quizá simplemente el tiempo enfrió las cosas, pero al final, al menos entre ellas, hubo un cierre más digno que con Niurka.

Así hubo una cachetada, pero yo creo que más bien se le fue la mano a Edir por de repente por por distancia del cuerpo, por lo que sea. Yo no sé si fue a propósito o no, porque no puedo juzgar a nadie, pero ya pues no pasó nada. Que sí, amigos. Edit González fue una actriz querida, talentosa y elegante, pero tampoco vamos a pintarla como estampita de altar.

 Tenía carácter, tenía enemigos, [música] tenía roces y amigos. En un medio tan venenoso como la televisión mexicana, ser fuerte puede salvarte, pero también puede dejarte una lista larga de gente esperando la oportunidad de cobrarte la factura. Y amigos, si en los foros Edit González tenía carácter fuerte, en el amor tampoco fue una mujer cualquiera.

 A Edit no se le conoció precisamente por andar coleccionando galanes de telenovela [música] ni por meterse en romances de camerino con el protagonista de turno. No, señores. Edit se movía en otros círculos. A ella le gustaba codearse [música] con la élite intelectual, social, diplomática y política.

 Sus romances no eran con el actor bonito del momento, sino con hombres de traje, poder, mundo, relaciones y apellidos pesados. Y eso también alimentaba su imagen. La actriz elegante, culta, de gustos finos, que no parecía buscar aplausos baratos ni amores de revista juvenil. De hecho, hubo hasta un rumor completamente disparatado que decía que Rafael Amaya, el Señor de los Cielos, era su hijo secreto.

 Una locura total, amigos, porque las edades no cuadraban por ningún lado. Pero así es la farándula. Cuando una mujer es reservada, cuando no anda contando todo, cuando no se le conocen romances comunes, la gente empieza a inventarle hijos, amantes, secretos y novelas enteras. Uno de sus romances más conocidos fue con Bruno Del Lee, embajador de Francia en México.

Presente. Luego ustedes insisten que no venda sus bienes. Ahí sí había elegancia pura, diplomacia, eventos, viajes, conversaciones de alto nivel y una relación que parecía salida de una revista de sociedad. Incluso se habló de planes de boda, pero las agendas, las responsabilidades y la distancia terminaron enfriando aquello.

Fue una historia fina, discreta, sin tanto lodasal, pero después vino el escándalo que le cambió la vida para siempre. Agárrense, porque aquí ya no estamos hablando de un romance elegante con un diplomático. Estamos hablando de un amor prohibido, de un político casado, de una actriz famosa, de una hija nacida en medio del silencio y de una carrera política que empezó a tambalearse.

 Edith se enamoró de Santiago Krill, político panista que en ese momento era secretario de Gobernación y una de las cartas fuertes del gobierno de Vicente Fox para buscar la presidencia en 2006. No era cualquier hombre. Krill estaba en la cima del poder, rodeado de reflectores políticos, asesores, cálculo electoral y [música] una imagen pública que debía verse impecable ante el México conservador de 21 años que ya estaba prácticamente concluido.

 Santiago ya no vivía [música] en la casa familiar, ya vivía en un departamento, digamos, de soltero y estaban por concluir los trámites de divorcio y en ese momento se gestó la relación con Edit González. Según se cuenta, se conocieron en la plaza de toros y ahí empezó una relación que desde el principio cargaba dinamita. Porque el gran detalle era que Santiago Krill estaba casado con Beatriz Garza Ríos y tenía hijos.

 O sea, no era un soltero libre viviendo un romance cualquiera con una actriz famosa. Era un hombre casado, con familia, con carrera política y con aspiraciones presidenciales. Y Edith, la niña buena de la televisión, la mujer elegante, la actriz querida por el público, terminó [música] metida en una historia que muchos no le perdonaron.

 El romance se mantuvo en secreto porque hacerlo público habría sido una bomba. Imagínense el golpe para un político panista de imagen seria y familiar aparecer envuelto en una relación con una actriz mientras seguía casado. Eso podía costarle alianzas, votos, apoyos [música] y hasta la candidatura. Así que la historia se escondió como se esconden las cosas incómodas [música] en la política, con silencios, medias verdades y gente mirando para otro lado.

 Pero la vida no entiende de estrategias electorales. Durante las grabaciones de Mujer de Madera, Edith quedó embarazada y ahí todo se complicó. tuvo que renunciar a la telenovela y fue sustituida por Ana Patricia Rojo. De pronto, Edith desapareció del proyecto, se guardó, se protegió y cargó sola con una maternidad que públicamente nadie terminaba de explicar.

 Su hija, Constanza nació en agosto de 2004 y fue registrada únicamente con los apellidos de Editth como madre soltera. Y miren qué fuerte, amigos. una actriz famosa, querida, exitosa, dando la cara sola mientras el padre de la niña seguía cuidando su carrera política y su imagen pública. Historia, mira, el nombre de Constancia está escogido desde antes de que yo tuviera, yo creo, uso de razón.

Tanto, tanto, no. Sí. O sea, yo me acuerdo que vi una película que se llama Madeus y e yo vi esa película y le Durante cuatro largos años, Santiago Krill no reconoció públicamente a Constanza y mientras tanto Edit cargó con el juicio de la gente porque el público puede ser muy cruel, sobre todo con las mujeres.

 Le decían cosas como, “Tú, la niña buena, ¿cómo te metes con un hombre casado? ¿Cómo aceptas que te escondan? ¿Cómo permites que tu hija nazca en medio de tanto secreto? Y sí, se puede criticar, claro que se puede, porque meterse con un hombre casado trae consecuencias y Edit pagó varias. Pero también hay que decirlo.

 Mientras a ella la destrozaban, el político intentaba seguir con la fachada del matrimonio perfecto. Ahí la carga pública cayó con mucha más fuerza sobre ella, como suele pasar. La mujer queda como la culpable visible y el hombre de poder intenta negociar el escándalo desde la sombra. Pero el secreto no podía durar para siempre.

 En 2008, la revista TV Notas filtró el acta de nacimiento y ahí el asunto explotó. Santiago Krill quedó acorralado. Ya no podía seguir [música] jugando al silencio. No tuvo más remedio que salir a dar la cara y reconocer a Constanza dándole su apellido. Inventaron que él iba a hacer un libro, que le iba a hacer su fiesta de 15 años, que me le iba a llevar.

 No, yo [música] compartí que eran parte de las cosas que tenían ellas de lo último que platicamos, pero no que yo lo iba a hacer, yo no puedo escribir el libro de memorias de Y aunque ese reconocimiento pudo cerrar una parte de la historia, el daño ya estaba hecho. Edit había pasado años cargando sola con el señalamiento, con el secreto, con el peso mediático y con la presión de proteger a su hija en medio de una guerra de imagen.

 Y miren, [música] amigos, políticamente el escándalo también le pegó a Crill. Su partido terminó dándole la espalda en la carrera presidencial y la candidatura se fue para Felipe Calderón. Fue solo por el escándalo de Edith. No necesariamente. En política nada se mueve por una sola razón, pero aquel romance prohibido sí manchó la imagen de hombre conservador, familiar e intachable que tanto necesitaba vender.

Y Edid también pagó en lo profesional. Se dijo que Televisa la enfrió o la vetó para no meterse en problemas con la clase política. Y ella, que había sido una de las grandes figuras de la empresa, tuvo que tomar distancia y hasta irse un tiempo a Miami, porque cuando el poder político y el poder televisivo se cruzan, amigos, los artistas muchas veces terminan pagando el costo de lo que otros quieren ocultar.

 Fue Christian Bach quien le aconsejó volver y enfrentar la situación. Y ahí se nota algo importante. Editth podía estar herida, señalada y golpeada por el escándalo, pero no estaba derrotada. Volvió, siguió trabajando y trató de reconstruir su vida. Finalmente, Santiago Krill siguió su camino. Terminó casándose con una mujer mucho más joven, Paulina Velasco.

Y Edid, ya en TV Azteca, encontró al hombre que sería su gran amor hasta el final, el economista Lorenzo Lazo. Y ahí la historia cambia de tono, porque después del [música] secreto, del político casado, del embarazo escondido, del acta filtrada, del juicio público y del dolor de haber sido señalada como la otra, Edit encontró en Lorenzo una relación más serena, más digna y más acompañada.

 Pero el capítulo de Santiago Krill nunca se borró. fue el gran escándalo de su vida amorosa, el romance prohibido que le dio a su hija, pero también le costó lágrimas, críticas, [música] vetos, señalamientos y una herida pública que la acompañó durante años. Porque Edith González podrá haber sido una dama elegante, una actriz querida y una mujer deporte impecable, pero también vivió una historia de amor que parecía escrita con tinta de telenovela negra, pasión escondida, poder político, una esposa oficial, una hija en secreto y una verdad que solo

salió cuando ya era imposible seguirla enterrando. ¿Dónde conseguiste este collar? Eso. Y amigos, ahora llegamos a la parte más dura de esta historia, el trágico final de Editth González. Porque después de tantos pleitos, tantos éxitos, tantos amores prohibidos, tantos señalamientos y tantas veces que la vida la puso contra la pared, Edit todavía tendría que enfrentarse al enemigo más cruel de todos.

 Una enfermedad silenciosa, agresiva y despiadada. En 2016, mientras grababa la telenovela Eva la trailera para Telemundo, Edit empezó a sentirse diferente. No era solamente cansancio de actriz. No era el agotamiento normal de los llamados largos, ni el desgaste de andar de arriba para abajo entre foro, maquillaje, escenas y entrevistas.

 Había algo más. Se sentía muy cansada, con dolores en la espalda, con ese malestar raro que al principio uno quiere justificar diciendo, “Seguro es estrés, seguro es exceso de trabajo, seguro se me pasa.” Pero no se le pasó. Fue al médico, le hicieron estudios, vinieron biopsias, revisiones, esferas angustiosas y entonces llegó la noticia que nadie quiere escuchar.

 Edit tenía cáncer de ovario y miren qué fuerte, amigos. Porque Edith no recibió esa noticia como alguien completamente ajeno al dolor de esa enfermedad. Ella ya había visto al cáncer llevarse a gente de su familia. Su papá había muerto de un cáncer doloroso y también su abuela había enfrentado ese destino. Así que cuando le dijeron el diagnóstico, Edit sabía perfectamente contra qué monstruo estaba peleando, pero su reacción dejó helados a los doctores.

 No se desplomó frente a ellos, no hizo una escena de desesperación, no preguntó por qué a mí como si la vida le debiera explicaciones. Edit, con esa mezcla de elegancia, orgullo y temple que siempre la caracterizó, aceptó la noticia con una entereza impresionante y empezó la batalla. dijo pues este esto salió positivo. Eh, tienes un [música] este así se llama tu sar esteopilar.

[música] Órale, ya está. Durante 3 años Edith González enfrentó el cáncer como había enfrentado muchas cosas en su vida. [música] De frente, con dignidad y sin regalarle a los chismosos el espectáculo de verla destruida. se sometió a tratamientos, a cirugías, a quimioterapias, a esos procesos que no solo golpean el cuerpo, sino también el ánimo, la imagen, la energía y hasta la identidad.

 Pero ella siguió trabajando, siguió apareciendo, siguió dando entrevistas, se dejó ver sin cabello y aún así lucía elegante, hermosa, fuerte, como si hasta en la vulnerabilidad se negara a perder el porte. Porque Edith podía [música] estar enferma, pero no quería que la enfermedad la definiera. También se convirtió en una voz de alerta para otras mujeres.

 Daba conferencias, hablaba de prevención, insistía en la importancia de revisarse, de escuchar al cuerpo, de no dejar pasar síntomas. Y eso es importante, amigos, porque ella pudo haberse encerrado en su dolor, pero decidió usar su historia para advertir a otras. Eso sí, no se dejen engañar por la imagen de guerrera impecable.

 Edith también sabía lo que venía. Sabía que su tiempo podía acortarse y como madre empezó a pensar en lo más importante, Constanza. Su hija era todavía muy joven y Edith entendía que quizás no estaría físicamente para acompañarla en momentos clave de su vida. Por eso, con una fuerza que parte el alma, le organizó por adelantado su fiesta de 15 años.

Quería verla celebrar, quería dejarle un recuerdo, quería asegurarse de que su hija tuviera ese momento, aunque el futuro fuera incierto. También le dejó cartas y videos para después de su partida. Imagínense eso, amigos. Una madre grabando mensajes para cuando ya no esté, preparando palabras para los cumpleaños, para los días tristes, para los momentos en que su hija necesitara sentirla cerca.

 Eso no es drama de telenovela, eso es una mujer mirando de frente la posibilidad de morir y tratando de seguir siendo madre aún desde la ausencia. Y amigos, cabe resaltar que uno de los grandes deseos de la desaparecida actriz Edit González era poder estar presente en esta reunión, pero lamentablemente perdió su lucha contra el cáncer, aunque según cuentan le dejó de regalo a Constanza un viaje con sus amigas.

 A mediados de 2019, su familia llegó a pensar que Edith estaba mejorando. Había esperanza. Había momentos en que parecía que la enfermedad daba tregua, pero el cáncer, traicionero como es, [música] regresó con una fuerza brutal. Hizo metástasis de manera agresiva en los ganglios y en el intestino [música] y su sistema inmunológico comenzó a colapsar. Ahí la batalla cambió.

 Ya no se trataba de aguantar otro tratamiento ni de poner buena cara para la prensa. La enfermedad había avanzado demasiado y cuando los médicos le comunicaron que ya no había nada que hacer, Edith volvió a reaccionar de una manera que dejó a todos marcados. Su hermano, Víctor Manuel contó que ella levantó la mano, esbozó una sonrisa y dijo unas palabras que parecen de una mujer que entendió el final sin pelearse con él.

 Mi misión es esta. Gracias cuerpo. Qué frase tan fuerte, amigos, porque no suena a derrota, suena a despedida. Suena a una mujer agradeciendo al cuerpo que la llevó por escenarios, [música] foros, amores, maternidad, aplausos, dolores, caídas y levantadas. Un cuerpo que ya no podía más, pero que le había permitido vivir intensamente.

 Edith pidió irse en paz. pidió que la desconectaran y así, rodeada de su esposo Lorenzo Lazo, de su hija Constanza, de su mamá doña Ofelia y de su hermano Víctor Manuel, Edith González fue desconectada y falleció la madrugada del 13 de junio de 2019 a los 54 años. Ella pidió pues que todos la recordáramos con mucho cariño, con el amor que le tenemos y pues que se le hiciera obviamente un homenaje en el Teatro Jorge Negrete.

Se fue demasiado joven, demasiado pronto, con demasiadas historias todavía por vivir. Detrás dejó una carrera inmensa. 48 años de trayectoria, 27 películas, alrededor de 40 telenovelas y una huella que no se borra fácilmente. Pero más allá de los números, dejó la imagen de una mujer que pudo ser polémica, orgullosa, fuerte, complicada y hasta incómoda para algunos, pero que al final se despidió con una serenidad que pocos tendrían.

 Y amigos, para ir levantando ya nuestros tiliches, todavía hay dos detalles bien interesantes que rodearon la muerte de Edit González. Dos cosas que muestran cómo, incluso después de partir, su nombre siguió atrapado entre el cariño del público, el morbo de la farándula y esas teorías que a la gente le encanta repetir aunque pongan la piel chinita.

 Primero, mucha gente empezó a hablar de la famosa maldición de corazón salvaje, también llamada por algunos la maldición de Eduardo Palomo. Y miren, uno puede creer o no creer en esas cosas, pero cuando se empiezan a juntar tantos nombres, tantas muertes tempranas y tantos destinos trágicos, el asunto sí da escalofrío.

 Eduardo Palomo, el galán inolvidable de corazón salvaje, murió de un infarto fulminante en 2003, cuando todavía era joven y tenía muchísimo por delante. Después vino la muerte de Mariana Levi, otra figura querida de aquella generación, quien perdió la vida de manera repentina [música] en 2005. Luego, Lorena Rojas, también ligada a ese universo de estrellas noventeras y melodramas intensos, falleció víctima del cáncer en 2015 y finalmente la lista terminó golpeando a Edit González en 2019.

Entonces, claro amigos, el público empezó a unir puntos. Que si fue maldición, que si fue coincidencia, que si aquella generación de galanes y protagonistas estaba marcada por una sombra rara, que si corazón Salvaje con todo su éxito también cargaba una energía trágica. Fue una maldición real, pues cada quien creerá lo que quiera.

Pero lo que sí es cierto es que aquella camada de estrellas que encendió la televisión mexicana en los 90 terminó marcada por despedidas demasiado tempranas, enfermedades duras y muertes que nadie esperaba. Y eso, aunque uno no sea supersticioso, deja una sensación extraña. Pero el segundo rumor fue todavía más absurdo, y aquí sí hay que decirlo sin rodeos.

 Después de su muerte salió una supuesta nota diciendo que Edit González era archimillonaria, que tenía una fortuna de 215 millones dólar, que era dueña de restaurantes, perfumes, bodegas, inversiones y hasta de un equipo de fútbol. O sea, amigos, ya nada más faltaba que dijeran que Edith tenía una isla privada, un banco en Suiza y una flotilla de yates escondidos en Acapulco.

 La historia sonaba tan exagerada que parecía chiste, pero el problema es que muchas páginas la repitieron como si fuera verdad y ahí es donde el chisme deja de ser divertido y se vuelve peligroso, porque no estaban hablando de una actriz cualquiera, estaban hablando de una mujer recién fallecida, de una hija menor de edad y de una familia atravesando un duelo.

 Su hermano Víctor Manuel salió enfurecido a desmentir todo. dijo que aquello era una vil mentira, que edit vivió bien, sí, con dignidad y comodidad, pero sin esos lujos ridículos que la nota inventaba. Y además advirtió algo muy serio. Ese tipo de rumores podían poner en peligro a Constanza, la hija de Edit, quien en ese momento quedó bajo la custodia de su padre biológico, Santiago Krill, por ser menor de edad.

 Y ahí, [música] amigos, se ve otra vez el lado más irresponsable del espectáculo, porque una cosa es comentar la vida de los famosos y otra muy distinta [música] es inventar fortunas millonarias que pueden atraer riesgos. reales para una joven que acababa de perder a su mamá. No todo se vale por un click. No todo se vale por vender una nota.

 No todo se vale por alimentar el morbo de la gente. Así fue la vida de Edith González. Luminosa, intensa, elegante, pero también llena de golpes, pleitos, amores [música] complicados, pérdidas familiares, enemistades de foro, escándalos políticos y una batalla final que enfrentó con una dignidad tremenda. Edith fue niña prodigio, reina de telenovelas, aventurera, dama de sociedad, madre soltera señalada por medio país, esposa amada, mujer de carácter y guerrera contra una enfermedad que no perdona.

 No fue perfecta y precisamente por eso su historia pesa más, porque detrás de la actriz fina también hubo orgullo, errores, decisiones difíciles y heridas que el público no siempre supo mirar con humanidad. Se fue demasiado pronto, a los 54 años, pero dejó una huella enorme, de esas que no se borran con el tiempo ni con rumores baratos, porque Edith González no necesitó fingir fragilidad para conmover ni vender su dolor para ser recordada.

 Hasta el final se mantuvo como era, elegante, fuerte, complicada, luminosa y con la frente en alto. Y ahora dime tú, ¿qué opinas de Editth González? ¿Fue una víctima del machismo de la farándula [música] y la política o también pagó el precio de sus propias decisiones? Te leo en los comentarios y si esta historia te atrapó, no olvides suscribirte, activar la campanita y compartir este videoídeo porque aquí en Tutoriales Gerberí no venimos a santificar famosos ni a esconderles el expediente.

 Nos vemos en la próxima.

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