83 años y Así es la vida de Raphael Y su Casa en Madrid | Secretos, Boda y su estado de salud

83 años y Así es la vida de Raphael Y su Casa en Madrid | Secretos, Boda y su estado de salud

En la urbanización Montepríncipe, en Boadilla del Monte, a apenas media hora en coche del centro de Madrid, hay una casa que un matrimonio compró a principios de los años 70 y que más de 50 años después [música] sigue siendo exactamente lo que era entonces, un refugio. F una mansión ostentosa abierta permanentemente a las revistas del corazón.

No un palacio pensado para impresionar a nadie, sino una casa familiar situada en una zona exclusiva donde las propiedades similares hoy alcanzan entre 2 y 11 millones de euros. una casa donde ese mismo hombre, ya con más de 80 años cumplidos, pasó los meses más duros de toda su existencia, recuperándose en un silencio casi absoluto de una enfermedad que a finales de 2024 estuvo a punto de arrebatárselo todo.

Frente a las cámaras de televisión de un país entero, ese mismo hombre tiene también una casa en las Islas Baleares, pensada de manera deliberada para la calma y el descanso lejos de los escenarios, y tuvo durante años una propiedad en Estados Unidos, adquirida específicamente como retiro de inspiración artística durante sus giras americanas, que terminó vendiendo en 2002 porque ya no la necesitaba de la misma manera que antes.

ha vendido más de 70 millones de discos en hasta siete idiomas distintos a lo largo de más de 60 años de carrera prácticamente ininterrumpida. Recibió en 1982 un galardón que solo un puñado de artistas en toda la historia de la industria musical mundial han conseguido tener jamás entre sus manos un disco de uranio entregado únicamente a quien supera los 50 millones de copias vendidas acumuladas a lo largo de toda una carrera artística.

estuvo a punto de morir en dos ocasiones completamente distintas, separadas entre sí por más de 20 años exactos. La primera vez por una cirrosis hepática que lo llevó hasta un trasplante de hígado en abril de 2003. y la segunda, mucho más reciente y mucho más brutal en su forma de llegar en diciembre de 2024, cuando un nfoma cerebral primario lo hizo colapsar en pleno plató de televisión frente a las cámaras de uno de los programas más vistos de toda España.

En 2025, ya recuperado, la Academia Latina de la Grabación lo nombró persona del año, el mismo año en que volvió a subirse a un escenario después de haber estado, según sus propias palabras, más cerca de la muerte de lo que jamás había estado en toda su vida. Y sin embargo, en 2026, ese mismo hombre sigue subiéndose a los escenarios.

Ese hombre nació el 5 de mayo de 1943 en Inares, un pueblo minero de la provincia de Jaén, en el sur de España, y su nombre real, el [música] que casi nadie recuerda hoy porque hace más de 60 años decidió sustituirlo deliberadamente por otro completamente inventado. Es Miguel Rafael Marto Sánchez. Su padre, Francisco Martos, trabajaba como ferrayista un oficio de la construcción dedicado específicamente a colocar y ensamblar las estructuras de hierro que sostienen internamente las vigas de hormigón armado en cualquier edificación. Un trabajo físico, duro,

peligroso y mal remunerado, incluso para los estándares de una España que en esos años todavía se estaba levantando penosamente de una guerra civil reciente y de una posguerra todavía más dura, si cabe. Su madre, Rafaela Sánchez, se dedicaba enteramente al hogar, aunque tenía, según cuentan quienes la conocieron de cerca en esos años, una voz especialmente bonita que le gustaba dejar salir en la más pura intimidad de la casa familiar, cantando mientras realizaba las tareas domésticas cotidianas, sin sospechar jamás que uno

de sus cuatro hijos varones terminaría convirtiendo esa misma costumbre casera y sencilla en una carrera artística que llenaría estadios enteros en medio mundo. Miguel Rafael tenía tres hermanos. Francisco, el mayor de todos, Juan y José Manuel, el menor. Con apenas 9 meses de edad, toda la familia completa se trasladó desde Linares hasta Madrid, buscando las oportunidades laborales que el pequeño pueblo minero de la provincia de Jaén ya no podía seguir ofreciéndoles a una familia tan numerosa. Y ahí en Madrid ocurrió algo

que terminaría marcando toda su vida futura de una manera que ni sus propios padres podían imaginar en ese momento. A los 3 años de edad exactos, el pequeño ya cantaba en público. No de manera casual ni tampoco ocasional. Cantaba en el patio del colegio de los escolapios, la institución religiosa católica donde estudiaba gracias a una beca parcial, y lo hacía, según el mismo reconocería, muchísimas décadas después, en distintas entrevistas concedidas a lo largo de su vida, con una intención muy concreta y nada inocente para un niño de apenas 3

años de edad. Los [música] propios religiosos escolapios del colegio, al descubrir de manera casi accidental el talento vocal excepcional que tenía aquel niño tan pequeño, empezaron a darle de comer regularmente a cambio de que cantara en el coro escolar durante las misas y las celebraciones religiosas del centro.

Miguel Rafael, con la barriga finalmente llena gracias a su propia voz privilegiada, cantaba y cantaba sin descanso, intuyendo ya desde esa edad tan temprana, según contaría el mismo décadas más tarde, que ese camino concreto era la única vía real que tenía para escapar algún día de la pobreza estructural en la [música] que había nacido su familia entera.

A los 4 años se unió de manera formal a un coro infantil organizado en la Iglesia de San Antonio en pleno Madrid, gracias a que su propio hermano Juan lo integró en ese coro parroquial. Y a los 5 años, siendo todavía un niño pequeño de rasgos aniñados, ya era reconocido como la primera voz solista de ese mismo coro. A los 9 años, en 1952, participó en un festival infantil internacional celebrado en la ciudad austriaca de Salzburgo junto al coro completo de su propio colegio.

Y ahí, compitiendo directamente contra niños llegados de toda Europa occidental, fue reconocido de manera oficial como la mejor voz infantil de todo el continente europeo. El pequeño hijo del ferrayista y del ama de casa, procedente de un pueblo minero del sur profundo de España, tenía ya, a los 9 años exactos de edad, un título europeo colgado sobre sus hombros infantiles, algo que en familia se resumía con un apodo cariñoso muy sencillo.

Le llamaban simplemente Falín, diminutivo popular de Rafael. Después de ese reconocimiento internacional tan temprano, Miguel Rafael ingresó en la academia y editorial musical dirigida por el maestro Francisco Gordillo, un centro de formación artística madrileño donde [música] poco tiempo después el propio hijo del maestro Gordillo, un joven llamado Paco Gordillo, se convertiría en su representante artístico personal y conseguiría rápidamente para él un contrato como artista [música] exclusivo dentro del sello discográfico Philips. Y

fue exactamente en ese momento, al firmar aquel contrato adolescente con apenas 16 años de edad cumplidos, cuando Miguel Rafael tomó la decisión que terminaría definiendo por completo su identidad pública para el resto de su vida entera, para distinguirse artísticamente y sonar de manera más internacional, más moderna.

Más acorde con esa estética anglosajona que en ese momento fascinaba profundamente a toda la juventud española de comienzos de los años 60, [música] decidió adoptar deliberadamente la grafía con PH del propio nombre de la compañía discográfica holandesa que acababa de ficharlo. De ahí, de esa simple letra prestada del nombre comercial de Philips, nació el nombre artístico que usaría durante el resto de toda su vida pública, Rafael.

Miguel Rafael Marto Sánchez dejó de existir en la esfera pública esa misma temporada. Nacía en su lugar definitivamente Rafael, un nombre que con el tiempo se ganaría también por parte del público y la prensa española. Soombres como El Ruisñor de Linares, el Niño de Linares y ya en la plenitud de su carrera, El Divo de Linares.

Sus primeros sencillos comerciales, canciones como Te voy a contar mi vida y a pesar de todo, no generaron todavía en ese momento inicial de su carrera el impacto masivo que él necesitaba para poder dar el salto definitivo hacia el estrellato real. Ese salto decisivo llegó finalmente en 1962, cuando con apenas 19 años de edad se presentó al festival español de la canción de Venidor, uno de los certámenes musicales más prestigiosos e importantes de toda la España de esa época concreta.

Y no solo ganó el premio principal al mejor intérprete del festival completo, [música] sino que además se llevó otros seis galardones adicionales distintos por varias canciones diferentes que presentó dentro de ese mismo concurso musical, entre ellas piezas. tituladas Cada cual y laillo. Grabó después un primer disco sencillo para el sello discográfico francés Barkley y ya en 1963 firmó como artista exclusivo con la discográfica Spabox, la casa discográfica que terminaría acompañándolo durante los años más importantes de su consagración

definitiva como estrella verdaderamente internacional de la canción en español. Se presentó en numerosas emisoras de radio de toda España. Obtuvo múltiples premios adicionales por sus primeras canciones e interpretó también dos temas musicales dentro de la película Las gemedas. una participación cinematográfica temprana que ayudó todavía más a darlo a conocer ante un público cada vez más amplio.

Y esa consagración artística llegó de manera prácticamente fulminante entre 1966 y 1967, cuando representó oficialmente a España dos años consecutivos seguidos en el festival de Eurovisión, primero con la canción Yo soy aquel, con la que terminó ocupando el séptimo lugar de la clasificación general. y al año siguiente inmediato con la canción Hablemos del amor, con la que llegó hasta el sexto puesto final del certamen.

Esas dos actuaciones consecutivas vistas en directo por decenas de millones de espectadores repartidos por toda Europa occidental, catapultaron a Rafael de la noche a la mañana hacia un estrellato internacional que trascendería por completo las fronteras geográficas de España. En 1967, apenas un año después de su primera aparición televisada en Eurovisión, actuó nada menos que en la sala grande del mítico Madison Square Garden de Nueva York, cantando en directo frente a 48,000 personas reunidas esa noche.

El niño que a los 3 años cantaba a cambio de un simple plato de comida caliente estaba apenas 20 años después de aquello, llenando por completo uno de los recintos de espectáculos más legendarios y más grandes de todo el territorio de Estados Unidos. Con el paso de esos mismos años, Rafael llevó también su música a escenarios que ningún otro artista español de su generación llegaría jamás a pisar.

Cantó en Leningrado, en plena era soviética, en un contexto geopolítico de Guerra Fría, donde la sola presencia de un artista occidental sobre un escenario del bloque comunista representaba en sí misma todo un acontecimiento diplomático y cultural fuera de lo común. A partir de ese momento exacto, la carrera artística de Rafael se convirtió en un fenómeno de masas sin comparación real dentro de toda la música en lengua española de esa época histórica concreta.

Se asoció profesionalmente con el arreglista argentino Baldo de los Ríos y con el compositor y pianista Manuel Alejandro, que con el tiempo terminaría escribiendo para él algunos de sus mayores éxitos comerciales de siempre, entre ellos las canciones Que sabe nadie y digan lo que digan. [música] Incursionó también de manera bastante activa en el mundo del cine comercial español, protagonizando un total de ocho películas distintas entre 1966 y 1981, entre ellas, Cuando tú no estás, digan lo que digan, El ángel y ritmo, amor y primavera. Cintas que tuvieron un éxito

internacional considerable en su momento y que ayudaron a consolidar todavía más su fama artística fuera de las fronteras de España, especialmente dentro de toda América Latina, donde con el paso de los años sería finalmente nombrado hijo predilecto de países como México, Colombia, Ecuador, Chile, Argentina, Venezuela y Perú.

Un reconocimiento honorífico colectivo que prácticamente ningún otro artista español de toda su misma generación llegó jamás a acumular con semejante amplitud geográfica repartida por todo un continente entero. A lo largo de su extensa trayectoria acumuló también, entre muchos otros reconocimientos, cuatro premios como popular y tres como superpular otorgados por el diario pueblo de Madrid.

Cuatro premios AIS al mejor concierto del año concedidos por la Asociación de Críticos de Espectáculos de Nueva York. Un disco de oro al mejor cantante entregado en el prestigioso festival Miden de Canes, Francia. una medalla de oro y brillantes otorgada por el Departamento de Turismo de México, antorchas de plata en el festival de Viña del Mar en Chile y hasta tres nominaciones formales al premio Grami de Estados Unidos, además de distinciones civiles españolas de gran peso institucional, como el título de Ilustrísimo Señor de la Orden de

Cisneros y el de excelentísimo señor Comendador de Isabel la Católica. Este último entregado personalmente por el entonces rey de España, Juan Carlos I. Pero mientras la carrera artística de Rafael crecía de manera aparentemente imparable durante esos años dorados de consolidación internacional, había algo más gestándose en paralelo dentro de su vida completamente privada, algo que en 1971 empezaría a filtrarse hacia la prensa española de manera casi completamente accidental y que terminaría convirtiéndose con el paso de

los meses siguientes en una de las historias de amor más perseguidas, más negadas públicamente en su momento y finalmente, más celebradas de toda la crónica social española de mediados del siglo XX. Esa historia había empezado en realidad varios años antes, en 1968, de una manera que ni siquiera fue especialmente romántica al principio.

Ese año, en algún evento social del Madrid de finales de los años 60, alguien presentó de manera bastante informal a Rafael con una joven periodista llamada Natalia Figueroa. Ella era nieta del Conde de Romanones, una de las familias aristocráticas más reconocidas de toda España. Había estudiado en los mejores colegios disponibles del país y ya colaboraba activamente como columnista con distintos medios de comunicación, entre ellos el periódico ABC, uno de los diarios de mayor prestigio de toda la prensa española de esa época. El primer

encuentro entre ambos, sin embargo, no fue en absoluto el flechazo instantáneo que después la leyenda popular terminaría construyendo alrededor de esta pareja. Según contaría después la propia Natalia en distintas entrevistas, aquel primer contacto no fue mutuo en absoluto. Él quedó completamente fascinado con ella desde el primer instante, encontrándola bella, elegante y genuinamente simpática.

Pero a ella, en cambio, el artista le resultó en un primer momento desagradable y hasta ligeramente pedante. A ella, en esos mismos años, se le llegó a relacionar sentimentalmente con distintos hombres del ambiente artístico y social madrileño, entre ellos el actor Vicente Parra, antes de que su historia con Rafael terminara consolidándose de manera definitiva.

Y como en aquel primer evento social, nadie se había ocupado de presentarlos formalmente el uno al otro, fue el propio Rafael quien se acercó directamente hasta ella y le pidió sin más rodeos, su número de teléfono personal. A partir de ese primer acercamiento tan poco prometedor en apariencia, comenzó un cortejo romántico paulatino que terminaría contra todo pronóstico inicial, enamorando por completo a la joven aristócrata vasca.

En pocas semanas ya eran novios formales, a pesar de las diferencias sociales evidentes entre ambos. Él, hijo de un albañil y de un ama de casa procedente de un pueblo minero del sur profundo de España, criado en barrios obreros de Madrid con la única esperanza de convertirse algún día en artista. Ella, una dama perteneciente a la alta sociedad española tradicional, con apellidos ilustres y una educación exclusiva, con buenas dotes para la escritura y una carrera incipiente como periodista.

Pero como suele suceder en las mejores historias de amor real, esos primeros obstáculos sociales terminaron por disolverse con el paso del tiempo y 4 años después de aquella primera cita tampoco auspiciosa. Y ya con la aprobación final de toda la familia Figueroa, la pareja decidió formalizar su compromiso mediante un casamiento que terminaría convirtiéndose sin que ellos mismos lo buscaran deliberadamente en todo un acontecimiento mediático nacional de proporciones difíciles de imaginar hoy en día. en 1971.

Sin embargo, Rafael todavía se empeñaba en negar públicamente cualquier tipo de relación sentimental con Natalia Figueroa. Desmiento enérgicamente los rumores de boda, llegó a declarar ese mismo año a una conocida revista del corazón española. se les había visto de la mano en distintas ocasiones compartiendo secretos y confidencias en público, e incluso ella lo había llegado a acompañar personalmente durante la grabación de alguno de sus temas musicales.

“Solo somos buenos amigos”, aseguraba también Natalia, por su parte, en una carta que remitió directamente al periódico pueblo para intentar frenar la creciente ola de especulaciones periodísticas. Pero apenas unos meses después de esas declaraciones tan tajantes, la pareja ya estaba organizando en secreto absoluto los detalles completos de su propia boda.

El 27 de abril de 1971, el diario Pueblo publicó a toda página un artículo firmado por el periodista César León, que contenía información en aquel momento completamente falsa y que, sin embargo, desató de inmediato una oleada mediática de especulaciones sin precedentes. Bajo el titular Se casa Rafael con Natalia Figueroa.

El texto afirmaba de manera categórica y sin ninguna confirmación oficial real que la boda se celebraría el 24 de mayo de 1971 en la Ciudad de México con un hermano de Rapael actuando como padrino de la ceremonia. Mientras que según ese mismo artículo, [música] Rafael se encontraba actuando en esos días eningrado y Natalia Figueroa estaba en Londres sin que ninguno de los dos hubiera podido ser contactado directamente para confirmar o desmentir la información.

La familia completa de Natalia recibió aquella noticia prematura y sin confirmar como un auténtico bombazo mediático dentro de su círculo social. Días después de aquella publicación tan adelantada a los hechos reales, Rafael y Natalia decidieron finalmente anunciar de manera pública y oficial su compromiso matrimonial mediante un comunicado formal acompañado de una fotografía de ambos juntos, enviado primero al periódico ABC, donde ella escribía regularmente sus columnas y después distribuido al resto de los medios de comunicación españoles. En ese

comunicado inicial no revelaron todavía ni la fecha exacta ni el lugar concreto donde se celebraría la ceremonia. [música] Su objetivo declarado no era mantener la boda en un secreto absoluto e imposible de sostener, sino más bien realizarla de la manera más discreta posible para poder evitar, en la medida en que fuera factible, las multitudes de curiosos y, sobre todo, a los periodistas que ya llevaban meses enteros persiguiendo cada uno de sus pasos, hasta el punto de que las propias fans de Rafael montaban

guardia día y noche frente a la puerta de su casa en Madrid y algunas incluso llegaron a enviarle cartas con amenazas veladas ante la posibilidad idad de perder para siempre al ídolo soltero que tantas de ellas todavía soñaban con conquistar algún día. Así se aproximaron los días previos al 14 de julio de 1972, fecha que finalmente quedó fijada como definitiva para el enlace matrimonial, más de un año después de aquel primer comunicado oficial que había dejado a toda España en vilo.

Un mes antes de la boda, la pareja organizó, con la ayuda de su círculo más íntimo de confianza, un operativo de discreción digno de una auténtica película de intriga policial. La lista completa de invitados, la fecha exacta y el lugar preciso de la ceremonia religiosa se convirtieron en un secreto guardado bajo llave hasta el punto de que algunos medios de comunicación españoles llegaron a contratar detectives privados en un intento desesperado por conseguir información confirmada sobre el paradero exacto del futuro enlace.

Cuando finalmente llegó el día tan esperado, los invitados de ambas familias se subieron a distintos aviones sin conocer todavía su destino final. Algunos volaron primero hacia París, otros hacia Roma, hasta que finalmente todos terminaron encontrándose juntos en Venecia, la ciudad italiana donde también habían aterrizado de manera completamente simultánea.

Periodistas y fotógrafos llegados desde distintas partes del mundo porque los detalles de aquella boda secreta se habían terminado, filtrando de todos modos en los días previos a la ceremonia. Rafael, ese mismo día de la boda, salió de su domicilio en Madrid, seguido por numerosos periodistas que llevaban ya varios días enteros siguiendo cada uno de sus movimientos, intuyendo con acierto que el momento definitivo de su boda estaba ya muy cerca.

Como era ya bastante habitual en en situaciones similares, entró primero al edificio de su oficina por el portal principal a la vista de todos los fotógrafos apostados en la puerta y más tarde salió completamente sin ser visto, utilizando un garaje trasero que conectaba directamente con una calle secundaria, viajando en otro coche distinto conducido por su propio hermano Paco.

El 14 de julio de 1972, finalmente Rafael y Natalia Figueroa contrajeron matrimonio en la histórica iglesia de San Zacarías, en pleno centro de Venecia. La novia lució ese día un vestido confeccionado en piqué blanco con volados decorativos, completando su look nupsal con una flor de organza colocada sobre su cabeza a modo de tocado.

Los fotógrafos presentes esa jornada terminaron dando cuenta de absolutamente todos los detalles de la celebración y los recién casados, lejos de mostrarse molestos por la presencia mediática que finalmente no habían podido evitar del todo, sonrieron y disfrutaron abiertamente de su gran día frente a las cámaras que los rodeaban. Fue, en definitiva, una boda concebida en el más absoluto secreto que terminó convirtiéndose contra la voluntad inicial de ambos novios en la portada de todas las revistas del Corazón de España durante varias semanas consecutivas.

Detrás de los recién casados, en las fotografías oficiales de aquel día, aparecían Paco Gordillo, su representante artístico de [música] toda la vida, Francisco Bermúdez, la propia madre de Rafael y también el padre de Natalia, cerrando así el círculo completo de las dos familias que apenas 4 años antes parecían pertenecer a mundos completamente distintos e incompatibles entre sí.

Con el paso de las décadas siguientes, aquel matrimonio, lejos de diluirse como tantas otras uniones dentro del mundo del espectáculo, se mantuvo sólido de una manera que resultó excepcional dentro de su propio gremio artístico. [música] En 2022, al cumplir 50 años exactos de casados, Rafael publicó en sus redes sociales una fotografía junto a Natalia, acompañada de unas palabras profundamente emotivas dedicadas a su esposa.

Mi todo. Desde hace 49 años doy gracias todos los días por la inmensa fortuna de tenerla a mi lado y lo seguiré haciendo todos los días de mi vida”, escribió el cantante, resumiendo en esa breve dedicatoria pública más de cinco décadas completas de vida compartida. Rafael y Natalia Figueroa tuvieron juntos tres hijos: Jacobo, el mayor de los tres, Alejandra, la hija mediana, y Manuel, el menor de todos ellos.

Jacobo Martos se formó profesionalmente en la Universidad de Miami y desarrolló su carrera detrás de las cámaras dentro del mundo de la producción televisiva y cinematográfica, tanto en [música] Estados Unidos como en España. Volviendo ahora a la carrera artística de Rafael durante esos mismos años de consolidación matrimonial y profesional simultánea, conviene detenerse en la magnitud real de lo que consiguió construir a lo largo de las siguientes dos décadas.

A finales de los años 70 y comienzos de los 80, con el empuje evidente de una nueva generación de baladistas españoles, entre ellos Camilo VI y también Miguel Bosé, Rafael tuvo que reinventarse artísticamente para no quedar desplazado por el cambio generacional que estaba viviendo la industria musical española de ese momento.

Lo consiguió con canciones como, “¿Qué tal te vas y mí?” como yo te amo, en carne viva y estar enamorado. Temas que renovaron por completo su vigencia comercial dentro de un mercado cada vez más competitivo y saturado de nuevas figuras jóvenes. En 1984 grabó una producción completa con composiciones del reconocido compositor español José Luis Perales.

Entre ellas, “Ámame, yo sigo siendo aquel y estoy llorando hoy por ti.” Posteriormente, en 1987, [música] dejó el sellox y firmó un nuevo contrato discográfico con la compañía CBS Columbia, hoy conocida como Sony Music, donde continuó grabando composiciones del reconocido productor Roberto Liby, entre ellas Toco Madera y Maravilloso Corazón.

A comienzos de la década de los 90, Rafael consiguió un nuevo y sorprendente éxito comercial con la canción Escándalo, compuesta originalmente por el músico cubano estadounidense Willy Chirino, que se convirtió en un fenómeno de ventas no solamente en España y en toda América Latina, sino que además llegó a alcanzar el primer puesto absoluto en el ranking de ventas discográficas de Japón, un mercado extraordinariamente difícil de penetrar para cualquier artista occidental de la época y todavía más difícil tratándose de un intérprete de canción melódica en español. A finales

de esa misma década, después de pasar brevemente por el sello discográfico Polígram, Rafael regresó finalmente a Emy, compañía propietaria en ese momento del histórico sello Spabox, con el que había comenzado su carrera profesional décadas atrás. En 1998 publicó además la primera parte de sus memorias personales tituladas Y mañana que un libro que abarcaba desde su infancia más humilde hasta su boda de 1972, ofreciendo por primera vez de manera extensa su propia versión de los hechos sobre todos esos años de ascenso

artístico [música] y consolidación familiar. En el año 2000, protagonizando la versión en español del musical Jequil ID durante 7 meses consecutivos en los escenarios españoles, la salud de Rafael comenzó a jugarle una mala pasada que ya no pudo seguir ignorando por más tiempo. Su vida, según reconocería el mismo públicamente años después en distintas entrevistas, dependía en ese momento, de manera literal, de conseguir un trasplante de hígado debido a la gravedad de una cirrosis hepática que llevaba desarrollándose de manera

silenciosa dentro de su organismo desde hacía años, generada directamente por el abuso continuado de alol a lo largo de dos décadas completas de vida artística, un problema de salud que, según algunas fuentes, había comenzado a gestarse ya desde mediados de los años 80. En ese momento mi vida se iba.

Además, por una memeza absurda que fui aumentando sin darme cuenta y todo por dormir, por descansar, declararía el propio artista años más tarde, ya completamente recuperado de aquella experiencia límite. “Y se formó una pelota que pudo costarme la vida”, añadió en esa misma entrevista, reconociendo con una honestidad poco habitual dentro del mundo del espectáculo el origen exacto de su propio problema de salud.

No bebía por el hecho de beber. Yo quería dormir”, aclaró también en otra ocasión, explicando que aquella pesadilla progresiva había comenzado de manera casi inocente al principio durante los innumerables vuelos de sus giras internacionales y después se había agravado todavía más en los hoteles cuando la industria hotelera comenzó a instalar minivares en todas las habitaciones, ofreciéndole un acceso constante y disponible a un alcohol que él terminó utilizando sin darse cuenta del todo como un somnífero improvisado para poder descansar en medio de un

ritmo de giras absolutamente agotador que llevaba sosteniendo desde hacía más de 30 años consecutivos. Después de someterse a las pruebas médicas pertinentes, Rafael entró oficialmente en la lista de espera para un trasplante de hígado y el primero de abril de 2003 finalmente pasó por quirófano para recibir su nuevo órgano.

La operación resultó un éxito completo y a partir de ese momento el propio cantante se convirtió de manera muy activa y pública en uno de los mayores promotores de la donación de órganos dentro de toda España, utilizando su propia experiencia límite como testimonio directo para animar a la población a inscribirse como donantes.

Una labor que le valió reconocimientos específicos de asociaciones de trasplantados de distintas comunidades autónomas españolas en los años siguientes. En 2010, las productoras Antena 3 Films y Boca a Boca llevaron esta etapa de su vida a la pequeña pantalla mediante una miniserie de televisión de dos capítulos titulada Rafael: Una historia de superación personal dirigida por Manuel Ríos San Martín, centrada específicamente en los problemas hepáticos del cantante y en el propio trasplante, entremezclados con otros momentos importantes de su biografía

completa, incluyendo su niñez humilde, sus primeros éxitos artísticos y su relación sentimental con Natalia Figueroa. El actor Juan Rib dio vida al propio Rafael en esa producción televisiva, mientras que la actriz Celia Castro interpretó a su esposa Natalia. Los actores Félix Gómez y Diana Palazón interpretaron a la misma pareja durante los años 60 y el propio Abraham Mateo, todavía un niño en ese momento y años después convertido en estrella propia de la música española, interpretó a Rafael durante su infancia. [música] En 2002,

un año antes de aquel trasplante que le salvaría la vida, Rafael había vendido ya su propiedad en Estados Unidos, aquella casa que había adquirido años atrás, específicamente para descansar durante sus extensas giras americanas y que había concebido en su momento como un auténtico retiro de inspiración artística personal.

La venta de esa propiedad, en retrospectiva, coincidió de manera bastante significativa con el inicio de un proceso de reordenamiento vital más amplio en el que Rafael comenzó a concentrar su vida personal y familiar de manera mucho más definitiva entre su hogar principal en la capital española y su casa de descanso en las Islas Baleares, dejando definitivamente atrás aquella etapa de giras interminables por Estados Unidos que tanto había contribuido, según reconocería el mismo después, al deterioro oro progresivo de su propia

salud hepática. A pesar de los enormes logros económicos acumulados a lo largo de más de cuatro décadas de carrera artística ininterrumpida para ese momento, ni Rafael ni Natalia Figueroa hicieron jamás hablar de público de una vida excesivamente ostentosa. De hecho, su fortuna conjunta acumulada a través de décadas de ventas discográficas, giras internacionales, actuaciones cinematográficas y colaboraciones publicitarias diversas, se ha mantenido siempre bajo un perfil deliberadamente discreto, muy alejado del tipo de

exhibición pública de riqueza que si protagonizaron otras grandes estrellas de la música española e internacional de su misma generación. La propiedad más destacada de todo su patrimonio conocido sigue siendo [música] hasta el día de hoy esa misma residencia familiar adquirida en los años 70 dentro de la urbanización Montepríncipe en Boadilla del Monte, que a lo largo de las décadas siguientes ha ido incrementando notablemente su valor de mercado, convirtiéndose en una de las verdaderas joyas patrimoniales de todo lo que la

pareja ha construido juntos a lo largo de más de 50 años de matrimonio. [música] En 2008, Rafael lanzó al mercado un disco especial titulado Rafael, 50 años después, un álbum de duetos que incluía colaboraciones con artistas como Ana Belén, Miguel [música] Bosé, Víctor Manuel, Paulanca, Armando Manzanero y Ana Tor Roja, entre otros grandes nombres de la música en español e internacional, seguido en 2009 de una gira mundial completa para celebrar sus 50 años consecutivos sobre los escenarios, una cifra que en ese momento

ya lo situaba entre los artistas vivos. con mayor trayectoria activa e ininterrumpida de toda la música popular en español. Pero la historia de Rafael, contada de manera completa y honesta, no puede quedarse únicamente en los éxitos comerciales, en los discos de oro acumulados uno tras otro, ni siquiera en la superación de aquella primera crisis hepática que estuvo a punto de costarle la vida a comienzos del nuevo milenio.

Porque más de 20 años después de aquel trasplante que le devolvió una segunda oportunidad vital, cuando ya prácticamente todo el mundo daba por hecho que la parte más dramática de su biografía personal había quedado definitivamente atrás, llegó un segundo golpe de salud, mucho más repentino y mucho más aterrador todavía que el primero, que puso a prueba una vez más la resistencia física y emocional de un hombre que para entonces ya había cumplido los 80 años de edad.

El martes 17 de diciembre de 2024, Rafael se encontraba grabando un especial navideño para el programa de televisión más visto de toda España en ese momento, La revuelta, conducido por el presentador David Broncano en el teatro príncipe Gran Vía, en pleno centro de Madrid. Era en principio una grabación festiva y sin ninguna complicación aparente.

Apenas un día antes, Rapael había estado en otro programa de gran audiencia, El Hormiguero, presentando su nuevo disco, titulado Ayer, aún el número 84 de toda su extensa discografía, y le había confesado al presentador Pablo Motos que se encontraba textualmente fantástico. Pero durante la grabación de aquel especial navideño con Broncano, algo cambió de manera repentina.

Según relataría después el propio conductor del programa, Rafael estaba un poco desubicado. Le costaba un poquito seguir el ritmo normal de la conversación. La producción del programa emitió un comunicado urgente esa misma tarde. Lamentablemente, Rafael se ha encontrado mal durante la grabación del especial de Navidad y no hemos podido llevar a cabo el programa como estaba previsto.

El artista salió del teatro por su propio pie, visiblemente afectado, y fue trasladado de inmediato a un centro médico, mientras el propio programa se despedía con un mensaje de cariño hacia el cantante, deseándole una pronta recuperación. En un primer momento, distintos medios de comunicación españoles hablaron de un posible accidente cerebrovascular, un ictus, generando una oleada instantánea de preocupación en todo el país.

Rapael fue ingresado primero en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y posteriormente trasladado al hospital 12 de octubre para completar una serie de pruebas médicas más exhaustivas. Durante las primeras horas de aquel ingreso, los reportes médicos indicaban que el cantante de 81 años en ese momento permanecía consciente y en observación con un pronóstico que apuntaba a que la situación estaba controlada.

Su esposa Natalia Figueroa, entonces de 85 años, se mantuvo desde el primer momento junto a él en el hospital, acompañada también por sus hijos y por su nieta Manuela, aquella misma nieta nacida apenas 4 meses después del trasplante de hígado de su abuelo en 2003 y que en este nuevo trance médico volvió a mostrarse especialmente volcada con él, acompañándolo incluso en los primeros actos públicos posteriores a su recuperación.

Dos días después de aquel ingreso de urgencia, el jueves 19 de diciembre de 2024, la familia comunicó que el pronóstico general era favorable. “Todo va muy bien”, declaró la propia Natalia Figueroa esa misma mañana en un tono deliberadamente tranquilizador dirigido hacia los medios de comunicación que ya se habían congregado a las puertas del hospital.

Pero el diagnóstico definitivo hecho público apenas un día después a través de un comunicado oficial enviado por la propia agencia de representación de cantante, resultó ser considerablemente más serio de lo que los primeros reportes habían dejado entrever. Rapael presentaba un ninfoma cerebral primario con dos nódulos localizados específicamente en el hemisferio izquierdo de su cerebro, una condición médica que explicaba directamente los síntomas neurológicos que había manifestado durante la grabación del especial navideño días

antes. El linfoma cerebral primario, según explican [música] las fuentes médicas especializadas, es un tipo de cáncer de los glóbulos blancos que se origina directamente dentro del propio tejido cerebral. una condición considerablemente más rara y también más agresiva que otros tipos de linfoma que se originan en otras partes del cuerpo.

El comunicado médico oficial confirmaba además que el cantante ya había iniciado un tratamiento específico para esa patología durante su ingreso hospitalario, tratamiento que continuaría de manera ambulatoria una vez recibiera el alta médica. Algo que ocurriría, según indicaba el propio comunicado, en los siguientes días.

El diagnóstico implicó de manera inevitable la cancelación completa de la gira que Rafael tenía programada para 2025, bautizada como Gira Victoria, un nombre que visto en retrospectiva terminaría resultando casi profético respecto a lo que el propio artista lograría superar en los meses siguientes.

Rafael, ya con 82 años de edad recién cumplidos, describiría después ese diagnóstico con una expresión que resumía perfectamente la conmoción que había supuesto para él y para toda su familia. Lo llamó un golpetazo inesperado. Durante los meses siguientes a aquel diagnóstico, el cantante mantuvo un perfil deliberadamente bajo, alejado casi por completo de los medios de comunicación, mientras se sometía a un tratamiento médico intensivo con el apoyo constante e incondicional de toda su familia más cercana. A comienzos de abril de 2025,

Rafael reapareció brevemente en público, siendo captado por las cámaras de la prensa mientras salía del edificio donde se encuentra su agencia de representación artística en Madrid. vestido con un elegante abrigo de cuadros bicichi en color negro y gris con solapa de terciopelo sobre un jersey azul marino, respondió con un escueto.

Estoy bien. Cuando los periodistas presentes le preguntaron directamente por su estado de salud. Cuando le preguntaron también sobre un posible regreso a los escenarios, confesó con honestidad que todavía no sabía cuándo podría reencontrarse de nuevo con su público. “Todavía no lo sé. [música] No lo sé.

Todavía no lo sabemos”, repitió en aquella breve declaración improvisada frente a las cámaras. Tres semanas después, el 24 de abril de 2025, Rafael compartió a través de sus redes sociales un comunicado mucho más extenso y considerablemente más esperanzador que aquellas primeras declaraciones improvisadas. Como muchas y muchos sabéis, durante los últimos 4 meses he estado siguiendo un tratamiento médico debido al linfoma cerebral que se me diagnosticó.

comenzaba el mensaje dirigido directamente a todos sus [música] seguidores. En ese mismo comunicado, el cantante anunció formalmente su regreso a los escenarios, agradeciendo de manera explícita el cariño recibido durante todo ese proceso y expresando su gratitud hacia el sistema de salud pública española que lo había atendido.

Gracias a mi familia, mi pilar esencial por su amor incondicional. al hospital 12 de octubre, al hospital clínico San Carlos y a toda la sanidad pública por haberme cuidado con una entrega, profesionalidad y humanidad ejemplares”, escribió el artista, dejando constancia pública de su reconocimiento hacia el sistema sanitario español en un gesto que fue ampliamente destacado por la prensa de ese momento como un ejemplo de gratitud poco habitual entre grandes figuras públicas acostumbradas a la medicina privada. Su regreso definitivo a los

escenarios tuvo lugar finalmente el 15 de junio de 2025 en el mítico teatro romano de Mérida, uno de los recintos históricos más emblemáticos de toda España para las artes escénicas. Un escenario de piedra de casi 2,000 años de historia que sirvió, según describirían después distintas crónicas periodísticas, casi como una represa de contención para la fuerza de su propia voz recuperada.

Arropado esa noche por sus propios hijos y nietos presentes entre el público, Rafael volvió a subirse a un escenario con paso firme, visiblemente emocionado, y se entregó por completo a un público que lo recibió puesto en pie desde el primer instante. Durante más de dos horas seguidas de actuación en directo, Rafael demostró que seguía siendo en sus propias palabras convertidas ya en leyenda desde los años 60, aquel, con la voz prácticamente intacta y la misma pasión escénica de siempre, dejando absolutamente claro que aquel regreso no

representaba únicamente una victoria artística, sino sobre todo una victoria personal frente a la enfermedad que había estado a punto de arrebatarle la vida apenas 6 meses antes. A partir de ese reencuentro en Mérida, la gira de Rafael continuó a lo largo de toda la segunda mitad de 2025 y se extendió también hacia 2026, incluyendo paradas en ciudades como Zaragoza, Bilbao, Madrid, Granada y Barcelona, además de una presentación especial en Las Vegas, ciudad que el propio cantante ya conocía bien de décadas anteriores de giras

internacionales. Fue precisamente en Las Vegas en noviembre de 2025 donde recibió uno de los reconocimientos más significativos de toda su carrera. La Academia Latina de la Grabación lo nombró persona del año 2025, honrándolo en una gala especial celebrada el 12 de noviembre en el Centro de Convenciones del Mandalai Bay, un día antes de la entrega oficial de los Latinamy en el MGM Grand Garden Arena.

Sobre ese escenario, Enrique Bumburi, Marco Antonio Solís, Fito Páez, Susana Vaca y Willy Chirino, entre muchos otros artistas, interpretaron canciones de su repertorio mientras David Bisbal emocionaba a Rafael cantando en directo como yo te amo. Gloria Stefan y el propio Marco Antonio Solíss le entregaron el galardón con palabras que resumían el homenaje.

Hay artistas que han marcado épocas y luego estás tú, Rafael, que las has marcado todas. dijo Stefan antes de que el propio homenajeado, visiblemente emocionado, prometiera sobre el escenario, prometo solemnemente que volveré muchísimas veces. En noviembre de 2025, ya prácticamente cumplido un año completo desde aquel diagnóstico que lo había paralizado todo, Rafael concedió una extensa entrevista en la que reflexionó con una honestidad notable sobre todo lo vivido durante ese último año.

“Mi gran éxito es imponerme a la muerte”, declaró el cantante, resumiendo en una sola frase la naturaleza de la batalla que acababa de superar. En esa misma conversación, reconoció abiertamente que en algún momento de ese proceso, su propio lado más humano y vulnerable le había pedido a su lado artístico que se detuviera, que bajara el ritmo.

Rafael, hombre, le dijo en algún momento a Rafael artista, “Oye, rey, para un poquito.” “Sí, ha ocurrido,”, confesó, “pero tampoco el artista le ha hecho mucho caso, porque los dos, hombre y artista, nos cuidamos mucho. [música] No tengo mucha precaución de mí mismo, pero eso no quiere decir que yo sea un loco de la vida.

No, no, tampoco, todo en su justa medida, añadió, describiendo con esas palabras el delicado equilibrio que ha tenido que aprender a sostener entre su necesidad genuina de seguir subiéndose a los escenarios y los cuidados médicos que su condición de salud todavía exige de manera constante. En esa misma entrevista mencionó también con entusiasmo su interés por colaborar con nuevas generaciones de artistas, comparando esa curiosidad artística permanente con la disciplina de un sabio griego, evocando concretamente al filósofo Epicuro y su idea de la

felicidad construida a partir del placer del conocimiento. Preguntado además por el propio proceso médico en curso, reconoció sin rodeos. Sigo en pleno proceso. Pasado mañana, por ejemplo, tengo exámenes. Me van a mirar otra vez todas las cosas, dejando claro que la superación de la enfermedad no había sido un episodio cerrado de un día para otro, sino un seguimiento médico activo y constante.

Sin embargo, la recuperación de Rafael no ha estado exenta de contratiempos [música] puntuales a lo largo de 2025 y ya ha entrado 2026. El sábado 4 de octubre de 2025, el cantante se vio obligado a cancelar un concierto programado en la plaza de toros de Murcia dentro del festival Murcia on debido a una bronquitis que, según explicó él mismo a través de un comunicado en sus redes sociales, le impedía actuar con las garantías necesarias esa noche concreta.

Querido público, por prescripción médica, debido a una bronquitis, me veo en la obligación de cancelar el concierto que íbamos a celebrar este sábado 4 de octubre en la Plaza de Toros de Murcia dentro del festival Murcia”, escribió en aquella ocasión prometiendo reprogramar la actuación para el 23 de mayo de 2026 en el mismo recinto murciano.

Y cerrando el mensaje con una frase que se ha convertido casi en su lema personal de estos últimos años de superación constante: “Palante, siempre para adante.” Su hijo Manuel Martos, el más mediático de los tres hermanos, ha tenido que salir en más de una ocasión a lo largo de este último año y medio a despejar públicamente cualquier duda sobre el verdadero estado de salud de su padre, confirmando en distintas declaraciones que más allá de contratiempos puntuales y perfectamente normales, dados los antecedentes médicos del cantante, su recuperación general sigue un curso

favorable y que la gira continuará con normalidad durante todo 2026 con nuevas Fechas confirmadas incluso hasta el mes de diciembre de ese mismo año en Madrid, además de paradas adicionales en Bilbao y Albacete que se fueron sumando al calendario según avanzaba la propia recuperación del artista.

Para entender la dimensión real de lo que Rafael representa dentro de la música en lengua española, más allá de cualquier cifra de ventas o de cualquier premio acumulado, conviene detenerse en el propio término que con el tiempo se ha acuñado para describir su legado artístico, el rapaelismo. Así lo definió el productor discográfico Paco Salazar, responsable de tres de sus álbumes más celebrados, entre ellos Amor y Desamor.

Ven a mi casa esta Navidad de infinitos bailes. Rapael es un paradigma. Es a España lo que él vis a Estados Unidos, lo más parecido que tenemos aquí a lo que supuso el rey del rock. De una u otra forma, para todos los que nos dedicamos a la música, Rafael siempre aparece de alguna manera como artista o como mito. El músico Alejandro de Pinedo, por su parte, añadió una valoración igual de contundente.

Rapael es uno de los puntales más importantes de la música romántica latina. Esa influencia no se ha quedado únicamente en el terreno de las palabras y los homenajes verbales a lo largo de las décadas, artistas de generaciones completamente distintas entre si han versionado o han reconocido abiertamente la huella de Rafael en su propio trabajo, entre ellos Enrique Bumburi, funambulista, Abraham Mateo, Paty Cantú, Vanessa Martín, Gloria Trevi, Alaska y hasta su propio hijo Manuel Martos, cerrando así un círculo familiar y artístico que atraviesa ya

tres generaciones. completas dentro de una misma dinastía musical. Ese reconocimiento, sin embargo, no se limita a los grandes escenarios internacionales ni a las estatuillas de las academias discográficas. En su ciudad natal, Linares, Rafael cuenta desde hace años con un museo propio instalado en El Pósito, un antiguo edificio histórico del centro de la localidad donde se conservan vestimentas originales de sus giras, discos, carteles de sus películas, un automóvil de época y el propio disco de uranio que recibió en

1982, expuesto como pieza central de toda la colección. En 2018, el Ayuntamiento lo nombró oficialmente hijo predilecto de la ciudad, sumado al título de hijo predilecto de Andalucía que ya ostentaba. Y en septiembre de 2021, Linares le dedicó un homenaje todavía más singular, una estatua de 2,80 de altura y 200 kg de peso, realizada íntegramente en vidrio reciclado gracias a un proyecto conjunto entre el Ayuntamiento y la entidad medioambiental Ecovidrio, la primera escultura de este material dedicada a un artista español

instalada justo en la plaza del Ayuntamiento frente a la fachada de su propio museo. El alcalde de la ciudad, Raúl Caro Axino, explicó entonces que igual que el vidrio se recicla infinitas veces sin perder sus propiedades, Rafael se había reinventado una y otra vez a lo largo de más de seis décadas sin perder jamás su esencia.

Visiblemente emocionado ante su propia figura de vidrio, acompañado esa mañana por Natalia Figueroa y por sus hijos Jacobo y Manuel, Rafael resumió lo que su pueblo natal representaba para él. Linares me ha regalado todo, una calle, un museo y ahora esta escultura. Este será un día imborrable. Amado Linares, os quiero y os querré siempre.

Y así en 2026 con 83 años cumplidos, habiendo sobrevivido a una cirrosis hepática que a comienzos de siglo estuvo a punto de costarle la vida y a un ninfoma cerebral que 20 años después volvió a ponerlo al borde del abismo. Habiendo sido nombrado, además persona del año por la Academia Latina de la Grabación en pleno proceso de recuperación, Rafael sigue viviendo exactamente entre los dos mismos lugares que ha llamado hogar durante más de cinco décadas, la casa familiar de Boadilla del Monte, donde se recuperó en silencio durante los meses

más duros de su tratamiento. rodeado en todo momento por Natalia Figueroa, su esposa desde hace más de 50 años y por sus tres hijos y ocho nietos, y la casa de descanso en las Islas Baleares, donde busca la calma necesaria entre gira y gira. Sigue subiéndose a los escenarios de toda España con la misma voz que, según sus propios productores discográficos, ha sido comparada con justicia con la del mismísimo Elvis Presley dentro del mercado hispanohablante.

sigue trabajando activamente en nueva música, habiendo publicado ya su disco número 84 apenas unos días antes de aquel diagnóstico que estuvo a punto de detenerlo todo y manteniendo, según ha confesado el mismo, la misma curiosidad artística de siempre, con ganas explícitas de seguir colaborando con nuevas generaciones de músicos que apenas habían nacido cuando él ya llevaba décadas enteras llenando estadios.

y sigue, según sus propias palabras convertidas ya en un lema de vida, yendo siempre para adelante, siempre hacia adelante, [música] exactamente como lo ha hecho desde aquella tarde de su infancia en que un niño de 3 años cantaba en el patio de un colegio de Madrid a cambio de un plato de comida caliente, sin saber todavía que esa misma voz terminaría llenando estadios enteros en medio mundo, protagonizando una boda perseguida por media prensa europea, sobreviviendo dos veces a la muerte con más de dos décadas de diferencia entre una y otra y siendo

escuchada [música] generación tras generación durante más de 60 años consecutivos y contando en lo que ya es, sin ninguna exageración posible, una de las carreras más longevas, más resistentes y más queridas de toda la historia de la música en español. M.

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