En los días de hoy es muy triste ver cuántos sacrilegios se cometen contra nuestro Señor Jesucristo en la Santa Misa. ¿Cuánta ignorancia existe inclusive entre nosotros los católicos de cómo participar correctamente de la Santa Misa? Si pensábamos que asistir correctamente a la Santa Misa era solo llegar temprano, responder, cantar, aplaudir, arrodillarnos, estamos muy equivocados.
Hay un aspecto mucho más importante de la Santa Misa que aprenderemos en el podcast del día de hoy. Acompáñanos hasta el final. Salve María, el podcast católico en español de los Heraldos del Evangelio. Hace algunos días hemos recibido unas imágenes verdaderamente lamentables y tristes.
Seguramente ustedes también las vieron. un grupo de jóvenes universitarios que están participando de una celebración eucarística. Seguramente por el final del curso o algún motivo que los llevaba a esta celebración. parece que era una universidad católica en un lugar x en el mundo. Eh, estos jóvenes no tienen mejor idea que comenzarse a filmar durante la Santa Misa, cometiendo los mayores actos de irrespeto hacia la celebración.
Inclusive algo terrible que se veía era que durante la comunión varios se acercaron, evidentemente, sin saber lo que estaban haciendo. Esperemos, démosles ese beneficio de la duda, sin saber que estaban haciendo ese acto tan horrible. se acercaban a comulgar y se burlaban al recibir la la mostraban en videos, eh, en fin, hacían gestos un poco desagradables, grotescos y todo eso filmado y publicado en las redes sociales.
Eso levantó, evidentemente, pues la indignación por un lado, la indiferencia por otro. Y esto pues nos pone a pensar mucho y por eso hemos querido hacer el programa de hoy a respecto de verdaderamente las personas cuando van a la Santa Misa, ellos saben qué es lo que están asistiendo, saben para qué participan de la Santa Misa.
Evidentemente usted si ve este programa seguramente es católico, quiere conocer más su fe y no va a llegar a los extremos de cometer esos sacrilegios. Pero a veces cuando usted va a la Santa Misa, de verdad usted sabe qué está celebrando. De verdad usted sabe cuál es su misión en la Santa Misa. De verdad usted está aprovechando todos los frutos y todas las gracias que puede conseguir participando de una santa misa.
Es por eso que hemos invitado al padre Rodrigo Solera el día de hoy una semana más, eh, la última semana que está con nosotros aquí en El Salvador para que profundicemos en este tema tan importante, Padre, que es la participación de los fieles en la Santa Misa. Yo como un fiel, una persona normal, eh cómo puedo ir a esta celebración eucarística y salir verdaderamente beneficiado y participar junto con el sacerdote de ese sacrificio de nuestro Señor.
Así que, padre, antes que nada, salve María y bienvenido. Salve María, muchísimas gracias y realmente el asunto es importantísimo. Vamos a encomendar este podcast a nuestra señora que ella sí supo cómo adorar a nuestro Señor Jesucristo, cómo recibir dignamente la sagrada eucaristía. Bien, la podemos imaginar a ella en la Santa Cena.
Vamos a encomendar este podcast a ella para que todos lo podamos aprovechar. El asunto es esencial, es sobre cómo aprovechar la misa, como usted lo anunció. Si los fieles que nos escuchan no conocían esto, no se preocupen, evidentemente, pero se trata que ahora sí lo conozcan y lo puedan aplicar. Quiero explicar, si usted me permite anunciar de una vez cuál es la tesis, o sea, cuál es el principio y después desarrollamos esto a lo largo del podcast.
Perfecto, padre. Entonces, el punto esencial, la participación de los fieles en la misa consiste principal y esencialmente en unirse al sacrificio ofrecido por el sacerdote sobre el altar. O sea, en ofrecer la víctima divina a través del sacerdote ordenado y ofrecerse a sí mismo con ella. Es algo profundísimo, que realmente requiere una explicación.
Estamos ante un misterio, pero un misterio que la teología, la Santa Iglesia nos transmitió y cuyo contenido tanto como posible nos explicó. Pero verdaderamente, padre, es muy profundo. Es es podríamos decirlo que exige un desarrollo como usted lo va a hacer, pero seguro que la persona que entienda esto ahora sí va a participar de la Santa Misa y va a tener ese deseo de ir a la Santa Misa como debe ser, porque mucha gente va y ni sabe por qué va, piensa que es solo una obligación, un mandamiento de la iglesia y va como por una especie de de
Sí. mera mera mero compromiso, mera obligación. cumplir exactamente cumplir un mandamiento. Pero usted va a ver que si bien es algo muy profundo, se trata de un misterio, la Santa Misa, la doctrina es muy accesible, muy muy accesible y muy fácil de practicar. Le aseguro a usted, a todos los que nos escuchan, que al final llegarán con una noción muy clara de qué es lo que tienen que hacer en la Santa Misa. Perfecto.
La idea sería hacer una introducción primero sobre en qué consiste la participación de los fieles, qué es lo más importante, aclarando algunas dudas, algunos errores que se podrían presentar y después vamos a explicar si una vez que el fiel tiene que participar de la Santa Misa ofreciendo también el sacrificio que el sacerdote está ofreciendo, vamos a explicar cómo es que el fiel lo hace.
Primer punto y segundo punto, ¿qué es lo que propiamente tiene que ofrecer? ¿Cómo y qué es lo que tiene que hacer? Bien decía usted. Ofrecerse a sí mismo. También ofrecerse a sí mismo. Que entramos en el punto más alto y bello de esto aquí. Entonces, vamos introducir el tema. ¿Sabe bien usted que cuando se habla de participación en la misa, normalmente se piensan en los cantos, las respuestas, en hacer lecturas, acolitar? Todo esto tiene su mérito.
Todas estas acciones exteriores, externas tienen su mérito, pero no son las principales. La parte esencial más profunda no consiste en estas actitudes exteriores, sino en la interior, en unirse interiormente al sacrificio de nuestro Señor que se ofrece sobre el altar. Y aquí viene una afirmación del Papa Pío X que lo aclara muchísimo, es de la encíclica Mediator Day.
Para dejar el tema bien fundamentado en la doctrina. No nos estamos inventando nada que fue que el padre vio en chat GPT. No, no, no. Vamos a citar mucho al Papa Pío X en su encíclica Mediator Day, como también el Concilio Vaticano Segundo. Entonces dice el Papa Pío 12, todo el conjunto del culto que la iglesia tributa a Dios debe ser interno y externo.
Y él coloca lo interno en primer lugar porque esto es lo principal, no es lo único. Por eso es que en la tesis anterior se hablaba de la participación principal y esencial como siendo lo interior, pero eso no quita lo demás, lo exterior es importante. Y él aclara el Papa Pío 12, pero el elemento esencial del culto tiene que ser el interno.
O sea, la medida de la participación en la misa no es la cantidad de acciones exteriores, cuánto me moví, cuánto canté, etcétera. La verdadera medida es otra y vale la pena que si alguien puede hacer este favor, lo anote en los comentarios para los que después van a ver el video, el podcast, van a leer comentarios, porque aquí está lo que debemos sacar como conclusión.
ya anunciado en la introducción, lo que vamos sacar como conclusión de este podcast, lo que debemos preguntarnos siempre que vayamos a misa. Estoy unido al ofrecimiento de nuestro Señor. Aquí está lo esencial. Ahora lo vamos a desarrollar. ¿Cómo es que los fieles ofrecen y qué es lo que ofrecen? Vamos al primer punto.
¿Cómo participa el fiel en el sacrificio? Aquí, hermano Sebastián, es necesario distinguir entre los dos sacerdocios que existen. Porque normalmente cuando nosotros hablamos de sacerdocio pensamos solo en el sacerdote ordenado, pero un fiel común es sacerdote, un bautizado. Fiel justamente indica alguien que fue bautizado, tiene la gracia de Dios.
Un fiel bautizado es sacerdote. Ustedes piensen los que nos están acompañando, escuchando, si ustedes ya recibieron el bautismo, son sacerdotes, ¿sí o no? ¿Qué piensan? Y la respuesta definitivamente es afirmativa y no en un sentido simbólico, moral, como decir la bandera que representa la patria, pero no es la patria.
Si alguien destruye una bandera, por ejemplo, la quema, es una ofensa a la patria, pero nada le pasa al país concreta y físicamente. Pero aquí no se trata de algo simbólico. Los fieles realmente son sacerdotes. Todos por el bautismo recibimos lo que se llama el sacerdocio común o bautismal. Ya el Concilio Vaticano Segundo lo recordaba citando al Papa, primer Papa San Pedro, que en su primera epístola dice, afirma que los bautizados forman un sacerdocio real, un sacerdocio santo.
Y Pío X lo explica así. Él dice, “Por el bautismo los cristianos que han hechos miembros del cuerpo místico de Cristo, de Cristo sacerdote, somos miembros de Cristo. La Santa Iglesia es el cuerpo místico de Cristo. Pasamos a ser miembros de él, piedras vivas de la iglesia, células de ese cuerpo místico. Y no olvidemos que nuestro Señor es el sacerdote y por el carácter que se imprime en sus almas son consagrados al culto divino.
Carácter viene de griego sello. Cuando recibimos el bautismo, la confirmación, para los que reciben el orden sacerdotal, reciben un sello de tal manera que aunque pierdan la gracia de Dios, aunque vayan al infierno, ese carácter, ese sello se mantiene completamente indeleble, ¿no? Indeleble. Exactamente. Por eso, por eso esa locura que se veía hace unos años de esos movimientos ateos que querían ir a las parroquias y exigir que fuesen borrados sus nombres de las actas parroquiales, como que querían hacer un rito de desbautizarse, que por
cierto hicimos un programa aquí sobre estas estos encuentros satánicos horribles que hacen, que son reales, o sea, la gente piensa que no, pero y hacen toda una payasada que la gente que se inscribe va y hay un rito de desbautizarse. Mm, qué va, lo que es un absurdo, porque el padre bien está explicando que con esa con ese sello indeleble que queda en el alma de la persona eh hace parte de nuestro Señor Jesucristo, participa Exactamente.
Tanto que una persona que peca mortalmente todavía hace parte de la iglesia como una célula muerta, pero que puede revivir. Pero por este carácter, y aquí viene lo sublime, lo que es importante que guardemos de esta explicación sobre el sacerdocio bautismal. Los cristianos son consagrados al culto divino, o sea, son ordenados, se tornan aptos del culto divino, de alabar a Dios.
Una persona que no es bautizada, una persona que está fuera la gracia de Dios, por más que haga buenas obras, esas obras no tienen mérito sobrenatural, porque es justamente como lo dice la palabra, algo arriba de la naturaleza. Se necesita de la gracia divina, de las virtudes infundidas por Dios que son sobrenaturales, para que esos esas buenas obras puedan tener ese mérito sobrenatural.
y por el bautismo, por la gracia, por ese carácter, ya estamos ordenados, consagrados para ello. Tanto así que una persona que después pierde la gracia bautismal, pero se confiesa y recupera la gracia, recupera también esa capacidad de ofrecer el culto a Dios, porque el carácter se mantiene a pesar de que la gracia se pierda, el carácter no.
Y por lo tanto, concluye Pío 12, los fieles participan según su condición del sacerdocio mismo de Cristo. O sea, un fiel que fue bautizado, un cristiano, él se torna, se hace sacerdote. Él puede ofrecer sus sacrificios diarios. Qué interesante. Una dificultad, un sufrimiento, una impaciencia que él contiene. Todo eso lo ofrece.
Son cultos que suben a Dios. Digamos que es el primer piso, ¿sí? Digamos así, el sacerdocio bautismal. Él ya se vuelve sacerdote de sus mismos actos. ¿Y cómo cómo eso, padre? sin querer derivar la conversación hacia hacia el tema del sufrimiento, cómo la vida del católico sufriente vas a tener otro sentido cuando uno tiene conciencia de eso, de que esas son como que sus sus armas, sus herramientas para poder ofrecer en sacrificio a Dios.
O sea, no no es simplemente una especie de masoquismo, ¿no? No, claro que no. Pasa algo y yo pues estoy sufriendo aquí, no entiendo por qué, no. Es algo que Dios me está permitiendo que yo pase para poder ofrecérselo a él como un sacrificio y que trae consuelo. También recordemos Monseñor Juan en el año 95 en el hospital con aquella enfermedad terrible sarcoidosis de la cual se conoce muy poco y él en el hospital sufriendo y una señora al lado que lloraba, gemía.
En cierto momento monor le dijo, Monor Juan, nuestro fundador, señora, recuérdese de cuánto nuestro Señor sufrió por nosotros. Y inmediatamente, claro, se calmó. Se calmó. Claro, le da sentido al sufrimiento, como usted bien lo dice. O sea, todos los bautizados tenemos capacidad real, no simbólica, moral, no es una palabra linda, consoladora, pero que no tiene pie en la realidad.
Tenemos capacidad real ofrecer culto a Dios. Esto significa, volviendo para la Santa Misa, que no somos meros espectadores con permiso de mirar la misa. De hecho, un bautizado sería un espectador, estrictamente hablando, no autorizado. Claro que es bueno hacer ese apostolado de que un una persona no bautizada pueda asistir la misa, vaya tomando conocimiento de la iglesia.
Conozco muchas personas que se convirtieron por asistir una misa cuando no eran ni siquiera bautizadas, pero estrictamente hablando, no son autorizados de asistir la misa porque no están ordenados al culto, no están capacitados. Impresionante. Y un bautizado, un católico, no es mero espectador. Estamos consagrados para ofrecer y unir nuestras vidas e intenciones a nuestro Señor Jesucristo.
Por lo tanto, en síntesis, ¿cómo participe el fiel en el sacrificio? Por su sacerdocio bautismal. Está consagrado para el culto. Vamos ahora solo para profundizar el tema, distinguir el sacerdocio bautismal. del ministerial, o sea, del que recibe el sacramento del orden. Por otra parte, está el sacerdocio ministerial recibido en el sacramento del orden.
El Concilio Vaticano es muy preciso. El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial son diferentes esencialmente y no apenas en grado. Esencialmente un perro, un gato, un hombre son animales, pertenecen al género animal, pero son especies diferentes. Entonces, el fiel es sacerdote. Sí, verdaderamente participa el sacerdocio, nuestro Señor Jesucristo.
El sacerdote ordenado es sacerdote. Sí, también participa del mismo sacerdocio, nuestro Señor, pero son esencialmente diferentes. No es que uno tiene más y el otro tiene menos, como si uno tiene más dinero y el otro tiene menos, pero al final del cabo es la misma cosa. Hubo un error que Pío 2 estaba tratando de corregir, que en cierto momento decían, “No, el sacerdote es apenas el presidente, digamos así, el representante de la comunidad.
Él fue escogido.” Pero cualquier cualquier fiel podría ir y hacer lo mismo, ¿no es verdad? El el fiel no puede celebrar misa. El sacerdote sí son sacerdocios diferentes. La diferencia es esencial. Y cómo se nota esta diferencia esencial concretamente en la Santa Misa. Vamos al Concilio Vaticano Segundo. Lo afirma clarísimamente, sin ambigüedad.
El sacerdote ministerial, el ordenado, confecciona el sacrificio eucarístico en la persona de Cristo. Confecciona. Tal vez suene un poquito industrial la palabra, pero es teológica y muy antigua, muy clásica. O sea, él produce el sacramento de la Eucaristía, él consagra en el altar. Él pronunciando las palabras de la consagración sobre el pan y el vino realmente consagra aquello.
Se convierte de mero pan, mero vino en el cuerpo y la sangre, alma y divinidad de nuestro Señor Jesucristo. Él confecciona el sacramento. Los fieles, en cambio, en virtud de su sacerdocio reio real, concurren a la ofrenda de la Eucaristía, o sea, participan, se unen, no la producen como el sacerdote. Un sacerdote puede celebrar misas infieles.
Un billón de fieles unidos no pueden consagrar, no celebran misa, pero estando los fieles presentes se pueden unir a través del sacerdote, unidos al sacerdote ordenado para ofrecer el sacrificio. Y aquí llegamos para la parte más teórica, para encerrar, aquí llega el punto decisivo. El sacerdote confecciona el sacrificio, lo realiza sacramentalmente.
El fiel, todo esto son ideas de Pío 12. no realiza ese sacrificio ni ofrece uno paralelo. Él concurre, participa para ofrecerlo a través del sacerdote, pero no solo a través del sacerdote. Aquí entra un aspecto un poco misterioso, así lo dice inclusive Pío X, también se une al sacerdote. Son dos sacerdocios diferentes, esencialmente diferentes, pero de una forma misteriosa, sublime, el fiel se une al sacerdote.
Teniendo el sacerdote presente, se une a él. Ahora nosotros veríamos el segundo punto, pero si le parece bien, hagamos una pausa. Sí, hagamos una pausa para que la gente decante todo esto que el padre nos ha explicado, eh, que se concienticen de esos sacerdotes, son sacerdotes, claro, sacerdotes que tienen una parte activa en la Santa Misa, pero una parte activa que no es solo lo exterior, sino interior, que no son meros espectadores.
Sí, sí, sí. Ahora, evidentemente ya la persona tiene esa conciencia, pero dejó muy muy claro el padre que no es que yo el domingo voy a llegar ya a la señora, por favor, vengo vengo a concelebrar con usted la misa porque yo soy No, el padre explicó muy bien que son cosas diferentes, son sacerdos diferentes que se unen en el momento de la de la celebración para ofrecer ese sacrificio.
O sea, el fiel se une al sacerdote, al ministro para ese sacrificio. Y está claro que el sacerdote consagra en la misa, él es quien celebra. Pero entonces él fiel como sacerdote, ¿qué es lo que hace propiamente ahora concretamente? Como sacerdote, ¿qué es lo que hace? ¿Qué es lo que ofrece? Lo que veremos en la segunda parte.
Así es cuando regresemos de esta pausa. Así que no se muevan. Ya volvemos. Salve, María. Necesitamos de tu ayuda. Falta muy poco para que la iglesia de la Virgen de Fátima esté lista para ser inaugurada. Tu apoyo, por pequeño que sea, es muy grande y muy importante para nosotros y para la santísima Virgen.
Dona ahora mismo la cantidad que puedas en el link que encontrarás en la descripción de este video. Que Dios y la santísima Virgen te multipliquen por tu generosidad. Salve María. Continuamos con la segunda parte de nuestro episodio de hoy del podcast Salve María con los seros del evangelio. Estamos hablando sobre la participación de los fieles en la Santa Misa.
Ya en la primera parte el padre nos explicó cómo participa el fiel verdaderamente del sacrificio. Y en esta segunda parte importante vamos a aprender qué es lo que ofrecen los fieles en la Santa Misa, qué es lo que yo tengo que ir ofrecerle como sacerdote en la próxima misa que yo asista. Así que, padre, si quiere continuemos porque veo que el tema es extenso.
Sí, señor. Sí, señor. Definitivamente. Y ahora vamos ver la parte más práctica. Entonces, nos enseña la doctrina católica que cuando el fiel se une a la oblación del sacerdote, por oblación, entendamos el sacrificio que está ofreciendo, se une en sus cuatro fines. ¿Cuáles son los cuatro fines de la misa? Coinciden con los cuatro actos que debemos hacer cuando comulgamos.
A veces ocurre de que personas buscan diciendo, “Padre, yo no sé, para mí es difícil hacer la acción de gracias porque comulgo y ahí qué ahí qué hago.” En fin, yo le rezo a nuestro Señor y le hago unos pedidos, pero después, ¿qué hago? No, no sé cómo llenar el tiempo. Escuché decir que hay que pasar unos minutos recogidos, atento, no puedo ser distraído, pero no sé qué hacer.
¿Cuáles son esos cuatro puntos? Los que nos escuchan, ¿será que ya saben cuáles son los cuatro actos que debemos practicar al comulgar? Pues bien, esos cuatro actos, como decía, son los mismos cuatro fines de la misa. Vamos a recordarlos porque normalmente cuando se va a misa se reducen todos ellos a una sola cosa, pedir. Exactamente.
A veces eso es lo mejor de las hipótesis, porque muchas veces, como usted bien decía en la introducción, es solo cumplir una obligación. Sí. Entonces, el primer fin es latréutico, o sea, de adoración. La misa es ante todo el acto supremo por el cual se da a Dios el honor que solo a él corresponde. En palabras más sencillas, es el fin por el cual manifestamos a Dios nuestra fe, nuestro amor, nuestro culto.
Entonces, aplicándolo para la comunión, cuando recibo a nuestro Señor mi primer acto, bueno, bonito. El Dr. y monor Juan lo primero que hacían era invocar a nuestra señora para que ella les ayudase a hacer un una verdadera acción de gracias. ¿Correcto? Dignamente para recibir a nuestro Señor como ella lo haría. Exactamente.
Y es lo que podemos hacer en la Santa Misa. Sí. Pedir a nuestra señora que nos ayude ante todo como un preámbulo antes de entrar en los cuatro fines, los cuatro actos, pedirle a nuestra señora que nos ayude, que ella complete lo que falle en nosotros. Entonces, el primer acto es ese, ese acto de fe, de amor, de reverencia, de culto a Dios, a nuestro Señor en la Eucaristía.
El segundo es de acción de gracias. Recordemos que la misa se llama también Eucaristía, el sacramento de la Eucaristía, la comunión. Eucaristía significa acción de gracias en griego. Entonces, agradecer todo lo recibido empezando por el don de la redención. Recordemos que la misa es la es la renovación del sacrificio de nuestro Señor en la cruz.
Es el acto que nos redimió, nos salvó. Es el acto que hizo, no solo con que nuestra naturaleza pudiese ser elevada nuevamente por la gracia, porque nos conquistó la gracia, sino que también nos obtuvo el perdón de la culpa. Es el acto redentor, eso es la misa. Tanto así que los teólogos dicen que entre asistir una misa y haber asistido la crucifixión de nuestro Señor, ahí en el momento con nuestro Señor delante en la cruz, apenas hay una diferencia accidental.
O sea, en las apariencias en la misa no vemos a nuestro Señor, no hay derramamiento de sangre, pero el resto es todo lo mismo. La misa no multiplica los sacrificios de nuestro Señor o no apenas los recuerda, no. La misa torna el único sacrificio nuestro Señor en la cruz presente para nosotros en ese momento.
Entonces, agradecer ese don de la salvación, agradecerle a nuestro Señor que él haya sufrido todo eso por nosotros en la comunión, agradecer que él se haya dignado visitar mi alma. El tercer punto se llama propiciatorio o expiatorio, o sea, en palabras más sencillas, pedir perdón. Perdón. ¿Cuánto perdón tenemos que pedir nosotros? Sin duda alguna.
Perdón, porque a pesar de toda ese sacrificio de él en la cruz, de de habernos dado la gracia, de habernos dado, no sé, el bautismo, de abrirnos la espalda del cielo, cuántas veces no lo ofendemos nosotros. Es claro, es muy necesario ese pedido de perdón, o sea, delante de Dios. Y eso valió hasta para los mayores santos.
Santa Teresa Jesús sufría, se lamentaba de reconocer en ella misma sus altos y bajos. Claro que altos altísimos y bajos altísimos. Altísimos. Claro que nosotros queríamos contentos de que sean nuestros altos, pero bueno, eran bajos y entre tanto para ella tenía que pedir perdón. Y el cuarto ahí sí es el que se llamaría técnicamente impetratorio, es el de pedido, que evidentemente también el orden es por orden de importancia en cuanto en cuanto al acto que se tiene que hacerlo.
Lo más importante es ese acto de adoración, después la acción de gracias, después el pedido de perdón y lo por último, ya, pero pero que es digno. Dios lo quiere. Dios quiere que pidamos. Él se alegra. Todo padre se alegra cuando un hijo le pide algo, tiene esa confianza. Y nosotros debemos ser como hijos y pedir todo con confianza, pero evidentemente sometiéndolo a Dios.
Entonces vamos a pedir por nosotros, por los demás, por los vivos, por los difuntos. Es la hora de pedir. Ahora, esos cuatro actos, tanto en la misa, tanto en la acción de gracias, nosotros debemos darle a cada uno lo que la gracia nos inspira en el momento. De repente en un día estoy así con una alegría enorme porque recibí una buena noticia.
Hoy por la mañana, por ejemplo, una persona que conozco de una ciudad brasileña me escribió diciendo, “Ayer, día San Pedro y San Pablo, nació mi hijo Pedro.” Entonces, uh, acción de gracias, está contentísimo. Mandó la foto de su hijo. Qué alegría. Ciertamente él al asistir misa o al comulgar, lo que más le va a brotar del corazón esa acción de gracias y el pedido de que Dios cuide de su hijo, que pueda crecer fuerte, saludable, santo, perfecto.
Otro día de repente estamos pasando por apuros, nos mueve más el pedido de auxilio, SOS. Entonces, claro, tanto en la acción de gracias como en la misa, nos seremos movidos por la gracia y por las circunstancias, pero es importante hacer lo posible de tenerlos presentes, aunque no sea matemáticamente, pero por lo menos tenerlos en el fondo de la mente, del corazón para poder asistir misa ofreciendo lo que tenemos que ofrecer a Dios y al mismo tiempo en acción de gracias, haciendo una acción de gracias con provecho. ¿Usted quería observar
algo? No, no, no. Perfecto, está clarísimo. Perfecto. Y diga ese pasaje que Pío 12 recoge estos cuatro fines solo para una sentencia así que es de la mediator de siempre. Él dice, “El fiel une sus votos de alabanza, impetración, expiación y acción de gracias a los votos o intención del sacerdote en la misa.
” Por lo tanto, recoge. Esto es lo que el fiel hace, ofrecer esos cuatro actos, esas cuatro finalidades de la misa. Pero no solo eso. Ahora llegamos a la parte más alta, la cumbre también linda del del papel del fiel en la Santa Misa, de lo que él debe hacer como sacerdote. ¿Y qué es? No solo ofrecer algo a Dios, sino ofrecerse a sí mismo junto con nuestro Señor.
Encontramos reflejos de esto en la Sagrada Escritura. San Pablo dice en la epístola a los romanos, “Ofreced vuestros cuerpos como viva, santa y agradable a Dios. Este es vuestro culto espiritual.” Y también lo dice el Concilio Vaticano Segundo, participando del sacrificio eucarístico, los fieles ofrecen a Dios la víctima divina y se ofrecen a sí mismos juntamente con ella.
Entonces, cuando el sacerdote va a consagrar, los fieles quieren que se consagre esa víctima. Claro está que no es que el fiel quiere que nuestro Señor sufra o muera. Recordemos que San Pablo ya dice, “Nuestro Señor está en el cielo. Él ya no sufre. ya no muere más, está resucitado a la derecha del Padre. Por lo tanto, el fiel quiere que se ofrezca ese sacrificio.
Fue nuestro Señor quien lo pidió. Haced esto en conmemoración mía. Entonces, nuestro Señor instituyó este sacramento, este sacrificio. Tiene un mérito infinito. Es el acto de alabanza más grande que se puede hacer a Dios. Entonces, queremos que esa víctima divina sea ofrecida y yo la voy a ofrecer, pero no solo eso, voy a ofrecerme a mí mismo con ella.
Y esto es lo decisivo para que entendamos qué hacemos todos los fieles bautizados, los católicos, en la misa. Si bien toda la misa es un sacrificio, ya lo dije, la renovación del sacrificio de nuestro Señor en la cruz, hay un momento particularmente idóneo para hacer este ofrecimiento. Es el ofertorio.
O sea, acabó la lectura del evangelio, la homilía, el sacerdote va al altar, comienza a preparar el altar. Podemos hacer ofrecimiento en cualquier momento, antes, durante, después de la misa, cuando nos sintamos mejor. Pero el momento ideal es ahí. ¿Por qué? Porque justamente ese momento en que el sacerdote prepara el altar eh se llama ofertorio, ofrecimiento.
Entonces es un buen momento para ofrecerme a mí mismo, ofrecer mis intenciones. Entonces él va a presentar el pan y el vino que se van a consagrar sobre el altar. Ofrezcamos nosotros espiritualmente, pongamos también espiritualmente sobre el altar nuestra vida, nuestras esperanzas, alegrías, preocupaciones, sufrimientos, nuestro trabajo, nuestra familia, o sea, todo, todo lo que nos pase por el alma es el momento de hacerlo.
Insisto, si tristemente nos distraímos en ese momento, Santo Tomás de aquí nos dice que el hombre después del pecado original es un enfermo en su naturaleza. no puede permanecer siempre en las alturas. Entonces pensar que yo era misa y desde que el sacerdote sale la sacristía hasta que acaba la misa, me mantengo en aquella atención perfecta.
Tristemente no habrá distracciones involuntarias, pero si me distraigo en ese momento, justo en ese momento, no nos aflejamos. antes cuando estoy llegando a la misa tener ese propósito en algún momento durante la misa, ¿no? Todo con sentido común, con serenidad, paz de espíritu, no significa que se me olvidé en ese momento perdí la misa, pero tener presente que estoy yendo a misa para ofrecerme a mí mismo también ofrecer a nuestro Señor, ofrecer ese culto al Padre, pero darme cuenta que en la hora en que esa viva, la alabanza de
esa viva, de ese de esa víctima que es nuestro Señor, suba al Padre, yo voy a subir con ella. Mis intenciones van a subir al Padre. Si quiero, por así decir, para usar una expresión más coloquial, moderna, si yo quisiera tener una línea de comunicación, un teléfono directo con el Padre donde yo le pueda presentar directamente, soplar en el oído, por así decir, ¿qué es lo que quiero pedirle, ofrecerle, mis intenciones, esperanzas? Ese es el momento.
No hay no hay mejor canal porque ese canal es el propio nuestro Señor Jesucristo que el sacerdote está ofreciendo. Entonces ofrezcamos todo. Hay una imagen que lo expresa muy bien, la gota de agua que el sacerdote mezcla con el vino en el ofertorio, en el cáliz. Porque cuando este vino se consagra, aquella agua ya no se distingue. Y es lo que ocurre.
Si yo deposito mi vida, mis intenciones sobre el altar, subirá con nuestro Señor y el Padre lo mirará como siendo el propio nuestro Señor que lo ofrece. Incluso lo que nos dice la teología, que siempre que nosotros ofrecemos una intención, un pedido en la misa, nos ofrecemos a nosotros y el Padre, Dios Padre, mira para ese ofrecimiento que estamos haciendo.
Nuestro Señor intercede y le muestra sus llagas al Padre. Entonces dice, “Eso que él está pidiendo, lo está pidiendo conmigo. Aquí está el sacrificio que yo ofrecí. Aquí están mis méritos.” Y evidentemente está nuestra señora al lado diciendo, “Ese es mi hijo. Ese es mi hijo. Yo yo también lo pido.” Innegable. Innegable.
Por lo tanto, por lo tanto, para concluir que es lo que el fiel ofrece en la Santa Misa, ese segundo punto que era lo más práctico, vimos aquellos cuatro fines. Vimos que es ofrecernos nosotros mismos, nuestra vida, nuestras intenciones. Esta pequeña ofrenda nuestra de nuestra vida se incorpora a la única ofrenda de nuestro Señor.
Y esto no las cosas exteriores, es el corazón de la participación en la Santa Misa. Esa debe ser mi preocupación al ir a la misa, hacer este ofrecimiento, no ser un mero espectador o no ser un agitado que está actuando sin Claro, una gimnasia. Exactamente. Pero que ahí viene la pregunta porque mucha gente ya, bueno, entonces ya me voy a salir de todos los ministerios en los que yo ayudo en la parroquia, ya no va a leer más, ya no voy a recoger a limosa, me distrae de esa entrega de mí mismo que tengo que hacer en el ofertorio y lo
demás no me interesa y la parte externa no le encuentro sentido. Ya ni voy a responder a lo que los padres[resoplido] dicen. Puedo pedir que me haga una cabina en la iglesia donde yo esté ahí solo, sin distra sin ver a los demás. Es un error también pensar así porque la exterioridad tiene su papel importante, como usted lo leyó, creo que el papá Pío 12 que lo decía.
Exactamente. Estaba enunciado en la introducción. ¿Cómo cómo llegar ese equilibrio entonces, padre? Exactamente. Y nosotros vemos que el gran apostolado de los Heraldos era algo que Monseñor Juan tenía un gran empeño, es que la liturgia sea muy solemne, muy bella, aún cuando sea simple, pero que siempre sea digna, reverente.
¿Por qué? Bueno, entonces conclusión, ¿para qué sirve lo exterior? Podría parecer después de todo esto que la respuesta, los cantos, todo lo que usted avisó, todo lo que usted mencionó son innecesarios y prescindibles para no decir que son distracciones y dificultades para aprovechar la misa.
No es así y conviene decirlo con toda claridad para no caer en un extremo equivocado. Lo exterior es importante. ¿Por qué? Y Pío 12 lo decía en aquella citación que había mencionado al inicio, pero había omitido esta frase para guardarla para el para la conclusión. El hombre no es puro espíritu, sino unidad de cuerpo y alma.
No es ángel, tampoco es piedra, tiene alma inmortal, racional, espiritual y tiene cuerpo. Por eso es que afirma Pío 12, el rito externo, el aspecto exterior de la misa, por su misma naturaleza ha de manifestar el culto interno. La razón del externo lo pide la propia naturaleza del hombre compuesto de alma y de cuerpo.
O sea, lo externo ayuda a manifestar el interno y también no solo manifiesta, más lo prepara, lo compenetra. Si yo veo una misa donde el canto me ayuda, eleva mi espíritu, ayuda mi recogimiento, ayuda mi atención, el salmo es cantado de una forma que también me ayuda a prestar más atención en él y así en adelante. Todo eso va a favorecer lo interno y lo interno entonces va manifestar mejor lo exterior.
O sea, estamos en el clásico círculo virtuoso. Aquí también Concilio Vaticano Segundo, quiso que los fieles no asistan la misa como extraños. Aquí estoy citando Sacrosanctum Conchilium. Antes se había citado Lumencium, Concilio Vaticano Segundo, no quiere que los fieles asistan la misa como extraños y mudos espectadores y de cuerpo presente apenas con todo eh por fuera.
Sí, ajeno a la misa, sino que y aquí viene una parte importante, comprendiéndola bien, comprendiendo bien la misa a través de los ritos y oraciones, o sea, compenetrados de lo interior, participen conscientes, piadosa y activamente en acción sagrada, o sea, no sean espectadores participando debidamente según lo interno después manifiesten exteriormente esto.
Ahora, el peligro en una dirección, como decíamos, es que las personas estén ahí de cuerpo presente, no participan exteriormente ni tampoco interiormente. Están apenas ahí para cumplir el precepto. Tristemente, tristemente, tristemente, muchas veces atendido confesiones en la Santa Misa, en muchos lugares donde he atendido confesiones.
El sacerdote asiste en el fondo de la iglesia y puede ver lo que está ocurriendo en la misa. He visto personas que pasan la misa entera en el celular, por ejemplo, o mirando el techo, mirando esto, mirando aquello. No, no podemos ser cuerpos presentes, así como alguien que lleva una piedra, coloca la piedra en el banco y después de la misa se la lleva.
La piedra no asistió, no participó de la misa, no podemos estar así, pero tampoco cayendo en el peligro de la otra dirección, del otro extremo, que sería el activismo. Entonces, la participación en la misa se mide por la gimnasia o por el ruido que haga. Mm. Entonces, no sé, ese día yo voy a ser como David que nos narra la liturgia que cuando están llevando la arca de la alianza para para la ciudad santa, que entonces él iba bailando y cantando.
Entonces yo voy a ser el rey David en la misa y ese día no calma. Lo exterior es importante, pero no podemos olvidar lo interior. Todo tiene que armonizarse. Lo exterior tiene que encontrar su sentido en lo interior y lo interior dejarse favorecer por lo exterior. De ahí la importancia de que la misa sea celebrada con piedad, con reverencia.
Y por lo tanto, para terminar ya lo que las personas deben llevarse de este podcast así en el corazón, no digo en la memoria, no en el corazón, siempre que vayamos a misa para tirar todos sus frutos o fin tanto como posible, es que la próxima vez que vayamos a misa, asistamos misa, hagamos un acto muy sencillo.
había mencionado antes, pero reiterándolo, cuando el sacerdote prepare el altar o en otro momento, no dejemos de ofrecer espiritualmente toda nuestra vida, todas nuestras intenciones y unirnos al sacrificio que el sacerdote está ofreciendo. Cuando nuestro Señor se ofrezca al Padre a la hora de la consagración, también ofrezcámonos con él.
Es la hora de nuestro sacrificio, de nuestros pedidos. en la hora que suban hasta el trono de Dios y ahí sí habremos participado la Santa Misa en su sentido más pleno y profundo. Buenísimo, muy claro. Creo que mismo usted a mí me me acaba de aclarar un montón de cuestiones de la Santa Misa, porque claro, nosotros que asistimos misa todos los días, en cierto sentido como que vamos en vez de ir a en fin, subiendo y eso como que vamos banalizando y vamos normalizando esa gracia magnífica que es participar de ese sacrificio de nuestro Señor
diariamente en la Santa Misa, a veces dos veces por día inclusive y tener esa conciencia de que uno lo que tiene que hacer es ofrecerse por entero como como sacrificio también uniéndose al sacerdote, pues cambia completamente la visión de lo que uno tiene que hacer en la Santa Misa. Así que de verdad, padre, que le agradezco muchísimo y como decíamos al inicio, eh evidentemente nosotros puede ser que no lleguemos a a cometer un sacrilegio explícitamente, abiertamente como lastimosamente tanta gente lo hace, como se ve, pero no podemos ser ni meros
espectadores y tampoco agitadores y activistas y eso, sino que buscar ese equilibrio de unirnos a ese sacrificio de nuestro Señor Jesucristo por manos de del ministro, del sacerdote. y recordando lo esencial, enseñarle eso a los hijos. Es bonito ver como uno ve en diversos lugares los padres de familia ya queriendo acostumbrar los niños desde pequeños, asistir la misa, comportarse, pero enseñarles este aspecto interior también.
Porque si no el niño va a quedar con la idea de que es una obligación y que va de mala gana y no entiende lo que pasa. Y una buena explicación de lo que está ocurriendo en la Santa Misa le va a hacer comprender a él esa grandiosidad en la que está participando, el mayor acto que puede haber en el mundo, ¿no? Y diga ese pasaje que claro ir a misa los días de precepto son obligación, es un mandamiento, pero lo curioso es que Dios no nos está imponiendo, obligando, mandando, sino lo que es nuestra propia conveniencia e interés.
Cuántas veces un niño, por ejemplo, no le hace guerra a sus papás porque no quiere comer y los papás tienen que obligarlo, tienen que castigarlo si no se come todo. Y uno diría, ¿por qué no deberían hacerlo? El interés es del niño. Si no come se muere. Si no se alimenta bien, no crece. ¿Cómo es posible que los papás le tengan que obligar lo que es interés de él? Pero bueno, es niño, es pequeño, él no comprende todo, eh, todavía.
Y así ocurre con nosotros en relación a Dios y la misa. A veces, ay, esa obligación de la misa, ese precepto, es nuestro interés. Claro. Y tener esta participación es nuestro beneficio espiritual. Así es, padre. Pues muchísimas gracias de verdad por bueno, por este podcast, pero por toda la serie de podcast que hizo durante esta estadía aquí en El Salvador, que esperamos se repita muy pronto para poder contar nuevamente con su conocimiento y transmitirla ahí por a toda la gente que nos acompaña, ejercitándolos en la paciencia.
Bueno, padre, si nos da una bendición última para cerrar este programa y bueno, pues a todos los que les ha gustado este programa, por favor, déjenos en los comentarios si quieren que el padre Rodrigo vuelva pronto, dejen sus likes, compartan y suscríbanse porque es muy importante para que el canal siga creciendo y pueda ser mucho más apostolado a tanta gente que debe estar esperando conocer todas estas maravillas de la Santa Iglesia.
Así que bueno, vamos sobre todo pedir en esta bendición que la santísima Virgen nos ayude para que podamos asistir la misa con provecho. Ahí está la salvación y la santificación de nuestra alma. Pidiendo entonces la intercesión de ella. El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén. Muchísimas gracias. Salve María. Salve María. secul