El asesino que mató a más de 100 personas y terminó siendo youtuber | CASO RESUELTO
Durante décadas fue considerado el criminal serial más temido de Brasil. aseguró haber acabado con la vida de más de 100 personas y construyó una reputación tan brutal que muchos llegaron a verlo como un justiciero, mientras otros lo describían como un monstruo incapaz de sentir remordimiento. Pero ni los años que sobrevivió en las cárceles más peligrosas del país, ni la fama que alcanzó después de recuperar su libertad pudieron cambiar su destino.
La violencia que sembró durante toda su vida terminaría regresando para cobrarle una última cuenta. Quédate hasta el final para conocer esta impactante historia. El caso de Pedro Rodríguez Filo. ¿Cuál es el límite de la maldad humana? ¿Qué lleva a una persona a cometer los actos más atroces contra su propia especie? ¿Qué ocurre dentro del cerebro de las mentes más oscuras y peligrosas? Estas preguntas nos han quitado el sueño durante años.
Y hoy, analizando y llevando hasta tu pantalla los casos criminales más impactantes de la historia, buscamos entender aquello que muchos prefieren ignorar. En Detectives Criminales, tres veces por semana, te traeré las historias más perturbadoras para que seas tú quien saque sus propias conclusiones. Mi nombre es Mario y te doy la bienvenida a un video más.
Pero antes de empezar, cuéntame desde dónde me estás viendo, deja tu me gusta y suscríbete si quieres seguir descubriendo historias criminales de la vida real. Y ahora sí, comencemos. La mañana del 5 de marzo de 2023 parecía transcurrir con normalidad en el barrio Pontegre en Mógui das Cruces, Brasil. Pedro, conocido en todo el país como Pedriño Matador, había ido a visitar a su hermana Nazaré.
Como acostumbraba a hacerlo, estaba sentado frente a la vivienda conversando con sus familiares mientras sostenía en brazos a uno de sus sobrinos pequeños. De pronto, un automóvil negro pasó lentamente frente a la casa. Instantes después, regresó. El vehículo recorrió la calle varias veces antes de detenerse. Dos hombres descendieron con el rostro cubierto y abrieron fuego contra Pedriño en repetidas ocasiones.
El hombre de 68 años cayó mortalmente herido sobre el pavimento mientras el niño que llevaba en brazos resultó milagrosamente ileso. Cuando la policía llegó al lugar, confirmó que la víctima era uno de los criminales más famosos de la historia de Brasil. El hombre que durante décadas sembró el terror dentro y fuera de las cárceles, había terminado muerto en plena vía pública de una forma tan violenta como muchas de las muertes que él mismo había provocado.
Pedro Rodríguez Filo nació el 29 de octubre de 1954 en Santa Rita de Zapucaí, en el estado brasileño de Minas Jerais. Creció junto a su hermana Nazaré en una familia extremadamente humilde. Mientras su madre Manuela era una mujer profundamente religiosa, su padre era conocido por su alcoholismo y por las constantes agresiones contra toda la familia.
Incluso antes de nacer, la violencia ya había marcado su vida. Diversos relatos sostienen que durante el embarazo, su padre golpeó brutalmente a Manuela en el abdomen, provocándole una lesión en el cráneo al bebé. Años después, algunas publicaciones especularían que aquella lesión pudo afectar una zona del cerebro relacionada con la empatía, aunque nunca existió una confirmación científica definitiva.
Desde muy pequeño trabajó junto a su abuelo en una granja y en un matadero de aves, donde se acostumbró a convivir diariamente con la muerte. nunca asistió a la escuela y debido a la extrema pobreza también comenzó a cometer pequeños robos para conseguir alimento. Con el paso del tiempo, la mezcla de violencia familiar, carencias económicas y un entorno donde las armas eran parte de la vida cotidiana fue moldeando un carácter cada vez más agresivo.
Con apenas 13 años, Pedriño aseguró haber cometido su primer homicidio. Según su propio relato, todo ocurrió mientras trabajaba junto a un primo lejano en la granja de su abuelo. Después de una discusión por el uso de un caballo, el joven recibió un golpe que, según dijo, despertó en él un impulso irrefrenable de matar.
empujó a su familiar hacia una máquina utilizada para exprimir caña de azúcar con la intención de triturarlo. Cuando el mecanismo se atascó porque el cuerpo no cabía por completo, tomó un machete y terminó el ataque. Después arrojó los restos nuevamente a la máquina. Cuando su abuelo y el capataz lograron detener el aparato, ya era demasiado tarde.
Pedriño afirmaría años después que jamás sintió el menor remordimiento por lo ocurrido. Pese a la brutalidad del crimen, prácticamente no hubo consecuencias. Su abuelo asumió la responsabilidad de lo sucedido ante las autoridades y la investigación nunca avanzó. En una región donde la violencia era frecuente y la presencia del Estado era mínima, aquel adolescente volvió a su vida cotidiana.
Sin saberlo, acababa de iniciar una carrera criminal que con los años lo convertiría en uno de los criminales más temidos de Brasil. Cuando Pedriño tenía 14 años, su padre perdió el trabajo como guardia de seguridad después de que el vicealcalde del municipio de Alfenas lo acusara de haber robado alimentos.
Nunca se presentaron pruebas que respaldaran aquella denuncia, pero el despido dejó a la familia sin su principal fuente de ingresos. Convencido de que se había cometido una injusticia, el adolescente tomó una escopeta del abuelo, la escondió bajo su ropa y esperó pacientemente la salida del vicealcalde. En cuanto el funcionario apareció, le disparó y escapó antes de que alguien pudiera detenerlo.
Poco después localizó al otro guardia de seguridad que trabajaba con su padre, convencido de que él había sido el verdadero responsable del robo y también lo mató. Con esos crímenes ya no se trataba de un joven impulsivo, sino de alguien que planeaba cuidadosamente sus ataques. Para evitar ser capturado, huyó del estado de Minas Jerais y buscó refugio en Móguias Cruces en Sao Paulo, donde iniciaría una etapa mucho más sangrienta.
En Sao Paulo, Pedriño se involucró rápidamente en robos, narcotráfico y enfrentamientos entre organizaciones criminales. Poco a poco comenzó a construir una reputación temible. Eliminaba traficantes rivales, delincuentes y otros criminales, convencido de que seguía una especie de código personal que justificaba cada uno de sus crímenes.
Así nació el apodo con el que sería conocido en todo Brasil, Pedriño Matador. Durante ese periodo mantuvo una relación con la viuda de un narcotraficante al que él mismo había matado y llegó incluso a hacerse cargo del negocio ilegal del fallecido. Más adelante inició una nueva relación con una joven llamada María Aparecida Olimpia.
Sin embargo, al regresar un día a la vivienda que compartían, encontró el cuerpo de la mujer brutalmente mutilado. Diversas versiones señalaron, además que María estaba embarazada cuando fue arrebatada de la vida. La noticia desató una nueva sed de venganza. Después de investigar por su cuenta, Pedriño concluyó que el responsable era un narcotraficante conocido como el director, por lo que comenzó a preparar una represalia que volvería a elevar el número de víctimas a su alrededor.
Acompañado por cuatro hombres armados, Pedriño irrumpió en una reunión familiar donde se encontraba el director. El ataque fue devastador. Siete personas murieron durante la emboscada. incluido el supuesto responsable de la muerte de María. Mientras otras 16 resultaron heridas en medio de la balacera.
Aquella masacre terminó de convertirlo en uno de los delincuentes más buscados de Brasil. Durante meses, las autoridades siguieron sus movimientos hasta que el 24 de mayo de 1973 lograron detenerlo cuando aún no cumplía los 19 años. Fue condenado inicialmente a 128 años de prisión por múltiples muertes, robos y delitos.
relacionados con el narcotráfico. Ni siquiera esposado parecía dispuesto a abandonar la violencia. Mientras era trasladado a la cárcel, compartió el vehículo policial con un hombre acusado de abuso sexual. Aprovechando un descuido de los agentes, lo atacó y acabó con su vida antes incluso de ingresar al penal.
Aquello fue apenas el comienzo de una nueva etapa, porque tras las rejas su leyenda sería todavía más sangrienta. La condena no puso fin a la carrera criminal de Pedriño. Por el contrario, la prisión se convirtió en un nuevo escenario para seguir matando. Durante los años siguientes, acabó con la vida de más de 43 reclusos, aunque él aseguraba que lo hacía porque eran agresores sexuales, criminales o delincuentes a quienes consideraba escas.
Sin embargo, no todas sus víctimas encajaban en esa justificación. En una entrevista, reconoció haber matado a un compañero de celda simplemente porque roncaba demasiado y no lo dejaba dormir. Esa confesión dejó en evidencia que más allá del discurso con el que intentaba explicar sus actos, muchas veces la violencia respondía únicamente a sus propios impulsos.
Su forma de ver la vida quedó resumida en un tatuaje que llevaba en uno de sus brazos. Mato por prazer. Una frase que significa que disfrutaba quitarles la vida a otros. Mientras los homicidios seguían acumulándose, su condena aumentó hasta superar los 400 años de prisión. Pedriño fue trasladado por distintas cárceles debido a la violencia que generaba su presencia.
Su primer destino fue la penitenciaría de Araracuara, donde incluso llegó a ser señalado como uno de los fundadores de la organización criminal conocida como Serpentes Negras, una acusación que siempre negó. En 1985 estalló una violenta rebelión dentro del penal. En medio del caos, Pedriño volvió a matar.
Cuatro reclusos perdieron la vida durante el motín, lo que motivó su traslado a la casa de custodia de Taubaté, considerada entonces la prisión más segura del estado de San Paulo. Ni siquiera allí disminuyó su agresividad. Dos años después protagonizó una brutal pelea con Osmán y Ramos, un excirujano plástico condenado por múltiples delitos, a quien dejó gravemente herido.
Su fama seguía creciendo y para muchos internos enfrentarse a Pedriño equivalía prácticamente a una sentencia de muerte. Mientras cumplía condena, Pedriño recibió una noticia que lo impactó profundamente. Su padre había sido detenido tras matar a Manuela, la mujer a quien él siempre describió como la persona más bondadosa que había conocido.
Según la investigación, el crimen ocurrió después de que algunos familiares convencieran al hombre de que su esposa le había sido infiel. El juez autorizó a Pedriño a asistir al funeral bajo estricta vigilancia. Frente al ataú de su madre, hizo la promesa de que algún día vengaría su muerte.
A partir de entonces, comenzó a buscar la manera de acercarse a la prisión donde estaba recluido su padre. Cuando finalmente logró localizar su celda, utilizó sobornos y contactos dentro del sistema penitenciario para llegar hasta él. Sin mediar palabra, lo atacó con un machete y le provocó 22 heridas, una más de las que, según él, su padre había infligido a Manuela.
Después del crimen, las crónicas relatan que le arrancó el corazón, mordió un fragmento y lo escupió. Fue probablemente el crimen más brutal de toda su historia. Después de la muerte de su padre, la reputación de Pedriño dentro del sistema penitenciario alcanzó un nivel casi legendario.
Muchos internos comenzaron a verlo como un hombre impredecible, capaz de matar por venganza, por convicción o simplemente porque alguien se cruzaba en su camino. En una ocasión, varios reclusos organizaron una emboscada para acabar con su vida. Sin embargo, el resultado fue muy distinto al que esperaban. Pedriño logró defenderse, mató a tres de los atacantes y dejó heridos a otros dos, reforzando aún más la imagen de que era prácticamente imposible derrotarlo dentro de la cárcel.
A pesar de vivir rodeado de violencia, también aprovechó parte de esos años para aprender a leer algo que nunca había podido hacer durante su infancia. fue uno de los pocos cambios positivos que experimentó durante las más de cuatro décadas que pasó tras las rejas, aunque nunca mostró arrepentimiento por los crímenes que había cometido.
En 2007, la legislación brasileña limitó el tiempo máximo que una persona podía permanecer en prisión. Para entonces, Pedriño ya llevaba 34 años encarcelado, por lo que obtuvo la libertad el 24 de abril de ese mismo año, pese a que sus condenas acumuladas superaban ampliamente los 400 años. Tras salir de prisión, se trasladó al estado de Seará, donde intentó llevar una vida más discreta, trabajando como guardia de seguridad.
Sin embargo, esa tranquilidad duró poco. En 2011, volvió a ser detenido por delitos relacionados con un motín y la privación de libertad cometidos años antes, cuando todavía se encontraba preso en San Paulo. Después de cumplir esa nueva condena, recuperó definitivamente la libertad en 2018. Tenía 64 años y había pasado 42 de ellos en prisión.
Aunque la justicia brasileña le atribuyó oficialmente 71 crímenes, él insistía en que había acabado con la vida de más de un centenar de personas. Una vez fuera de la cárcel, Pedriño aseguró que quería dejar atrás la violencia. Se convirtió al cristianismo, comenzó a asistir regularmente a una iglesia evangélica, completó estudios bíblicos y recibió el bautismo, afirmando que aquella era una nueva oportunidad para rehacer su vida.
Aún así, nunca renegó de su pasado. En distintas entrevistas sostuvo que se sentía perdonado por Dios, pero continuó defendiendo gran parte de los crímenes que había cometido. Incluso aseguró que solo volvería a matar si fuera necesario para proteger a su familia. También habló abiertamente sobre episodios de su vida que alimentaron aún más su leyenda.
afirmó que en el pasado había rendido culto al demonio y que ofrecía a sus víctimas como parte de esos rituales, aunque posteriormente dijo haber abandonado esas prácticas tras su conversión. Según relató, incluso soñaba con algunas de las personas que había matado, especialmente con su padre, cuya figura seguía apareciendo en sus pesadillas décadas después.
Con el apoyo de su amigo Pablo Silva, Pedriño decidió contar públicamente su historia. abrió cuentas en redes sociales y lanzó un canal de YouTube llamado Pedriño Exatador y Pablo Silva 2P, donde hablaba de los crímenes que había cometido, analizaba casos policiales conocidos y enviaba mensajes para que los jóvenes no siguieran el camino de la delincuencia.
El proyecto tuvo una enorme aceptación. Miles de personas comenzaron a seguir sus publicaciones atraídas por la posibilidad de escuchar directamente a uno de los asesinos seriales más notorios de Brasil. Al mismo tiempo, inició un tratamiento psicológico con un equipo multidisciplinario y colaboró en la publicación de una biografía autorizada sobre su vida titulada Asesino en serie, no soy el monstruo.
Para muchos, aquella etapa representaba un intento de reconstruir su vida. Para otros, simplemente era una nueva forma de mantener viva la fama que lo había acompañado durante décadas. Lo cierto es que después de tantos años de violencia, nada hacía pensar que su historia estaba a punto de terminar. A comienzos de 2023, Pedriño llevaba una vida mucho más tranquila.
Solía visitar con frecuencia a sus familiares y pasaba gran parte del tiempo dedicado a sus redes sociales, entrevistas y actividades religiosas. Incluso participaba en un proyecto documental que repasaría toda su historia y que aún se encontraba en desarrollo. Pero las cuentas pendientes de un hombre que había reconocido más de un centenar de muertes difícilmente podían desaparecer por completo.
Durante años acumuló enemigos dentro y fuera de las cárceles, afectó a incontables familias y dejó tras de sí una larga cadena de venganzas que nunca terminaron de cerrarse. Sin imaginar que aquella sería su última mañana, el 5 de marzo de 2023 acudió a la casa de su hermana para compartir el día con su familia.
Minutos después, la historia alcanzaría el mismo momento con el que comenzó este relato. Después del ataque, los responsables escaparon en el automóvil negro que habían utilizado para llegar al lugar. Horas más tarde, las autoridades localizaron el vehículo abandonado, pero los agresores ya habían desaparecido sin dejar un rastro que permitiera capturarlos de inmediato.
Las primeras investigaciones establecieron que dos hombres encapuchados descendieron del automóvil y dispararon al menos seis veces contra Pedriño. Al día siguiente, Pedro Rodríguez Filo fue sepultado en una ceremonia sencilla a la que asistieron familiares y personas cercanas. En los meses posteriores al crimen, las autoridades lograron identificar a un sospechoso y un tribunal autorizó una orden de prisión preventiva como parte de la investigación.
En ese momento, parecía que el caso avanzaba hacia su resolución. Sin embargo, con el paso del tiempo no trascendieron nuevas capturas ni condenas relacionadas con el crimen. Las autoridades mantuvieron como principal hipótesis un ajuste de cuentas o un acto de venganza por el largo historial de violencia de Pedriño. E incluso algunos medios brasileños mencionaron un posible vínculo con integrantes del Primer Comando de la Capital, aunque esa versión nunca fue confirmada oficialmente por la investigación.
Hasta la fecha de esta investigación en junio de 2026, el crimen de Pedro Rodríguez Filo continúa sin una resolución pública definitiva y los responsables materiales e intelectuales del ataque no han sido identificados ni condenados oficialmente. La historia de Pedriño trascendió las páginas policiales y terminó convirtiéndose en un fenómeno cultural.
Durante años, distintos medios sostuvieron que algunas de sus características habrían servido de inspiración para Dexter Morgan, el protagonista de la exitosa saga literaria creada por Jeff Lindsey y posteriormente adaptada para televisión. Debido a esa comparación, muchos comenzaron a llamarlo el Dexter brasileño.
También se afirmó que su vida inspiró a personajes del manga japonés Dangan Rompa, demostrando hasta qué punto su figura había despertado interés incluso fuera de Brasil. Mientras tanto, antes de morir, colaboraba con el director Fernando Grosstein de Andrade en una serie documental basada en su vida, un proyecto que continuó en desarrollo tras su muerte.
Su historia terminó convirtiéndose en un extraño fenómeno mediático. El hombre que pasó décadas aterrorizando a criminales y reclusos acabó siendo protagonista de libros, documentales, entrevistas y producciones de ficción que intentaban explicar cómo alguien como él llegó a existir. Pocas figuras criminales han dividido tanto la opinión pública en Brasil como Pedriño.
Para algunas personas fue un hombre que dirigió gran parte de su violencia contra delincuentes, agresores sexuales y narcotraficantes, construyendo la imagen de un supuesto justiciero que actuaba donde el Estado no llegaba. Sin embargo, esa percepción ignora una realidad imposible de ocultar. Entre sus víctimas hubo personas atacadas por motivos personales, impulsos de ira o simples conflictos cotidianos.
Él mismo reconoció haber matado a un compañero de prisión porque roncaba demasiado y jamás mostró verdadero arrepentimiento por la enorme cantidad de vidas que destruyó. Su conversión religiosa, los mensajes que difundía en redes sociales y sus intentos de advertir a los jóvenes sobre la violencia nunca lograron borrar el peso de un pasado construido a través del miedo.
Para unos fue un símbolo de justicia por mano propia, para otros simplemente uno de los criminales seriales más peligrosos que ha conocido Brasil. Y quizás la mayor ironía de toda esta historia sea que después de sobrevivir a más de cuatro décadas en algunas de las cárceles más peligrosas de Brasil y escapar de incontables intentos de acabar con su vida, Pedro Rodríguez Filo murió sentado frente a la casa de su hermana, ejecutado a plena luz del día.
Hasta hoy, quienes ordenaron y llevaron a cabo ese crimen siguen sin responder ante la justicia. Y ahora dejo estas preguntas para conocer tu opinión. ¿Crees que Pedriño fue un justiciero que terminó cruzando todos los límites o simplemente un asesino serial que buscó justificar sus crímenes? Si hubieras formado parte del jurado, ¿consideras que una persona como él podía reinsertarse realmente en la sociedad después de pasar más de cuatro décadas en prisión? Te leo en los comentarios.
Quiero conocer tu opinión sobre este caso y saber de qué lado estás en este debate. Y bueno, hasta aquí un caso más. No te olvides antes de irte de dejar tu me gusta y suscribirte si este contenido te ha parecido interesante. Nos escuchamos en otro episodio de Detectives Criminales. Hasta pronto.