La Triste historia de las Jilguerillas Y las Hermanitas Huerta
A ver, comencemos con una pregunta. ¿Alguna vez has escuchado hablar de las hilguerillas y de las hermanas huerta? Pues bueno, si eres amante de la música ranchera, seguro que sí, pero déjame contarte una historia que probablemente no conoces. Dos historias de dos duetos de dos hermanas cada uno que conquistaron México con sus voces, pero que también vivieron momentos que te romperán el corazón.
ni creas que soy Pero antes, déjenme darles la bienvenida como se merecen a este su canal Tutoriales Herberí, porque si están aquí es porque son verdaderos conocedores de las historias bien contadas. Y aprovechando el viaje, si todavía no están suscritos al canal, este es el momento perfecto para hacerlo.
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Allá vivían Amparo e Imelda Higuera Juárez, dos niñas que crecieron entre el campo y la tierra. Desde chiquitas trabajaban con su papá Felipe sembrando, sudando bajo el sol, aprendiendo lo que significa el trabajo duro de verdad. A su papá con las labores del campo para sobrevivir la economía que había en ese tiempo. Tengo mucho, mucho, mucho.
Mira, muy grandote la historia de tus servidores. Aquí viene lo interesante. Estas niñas nunca pisaron una escuela. jamás. Pero su vida estaba llena de algo más poderoso que cualquier libro, música. Cantaban mientras trabajaban en el campo y sin darse cuenta allí afuera, rodeadas de montañas y cielo abierto, estaban puliendo esas voces que después conquistarían a todo un país.
Y mira cómo son las cosas del destino. Una noche, en una fiesta del pueblo, Amparo e Imelda se animaron a cantar una ranchera. Nada del otro mundo, ¿no? Pues resulta que todos se quedaron con la boca abierta. La gente no podía creer lo que estaba escuchando. Y su papá, don Felipe, ese día se dio cuenta de algo. Sus hijas tenían un don especial.
Esa noche cambió todo. Resulta que en la fiesta había gente del dueto América, un grupo ya conocido en ese entonces. Quedaron tan impactados que les dijeron, “Tienen que cantar profesionalmente.” Dueto América fue uno de los precursores de descubrir a las gilguerías. ¿Nos puede platicar un poquito del dueto América? ¿Cómo no? Pues ellos fueron los que iniciaron el dueto, ellos nos prepararon, ellos nos este nos llevaron a a hacer la primera.
Y así no más, casi de la nada, las hermanas comenzaron su camino en la música. Don Felipe, que era un hombre trabajador del campo, pero nada tonto, vio la oportunidad de oro y las animó a seguir adelante. El dueto América las tomó bajo su protección y les dio clases de canto profesional. Imagínate de cantar en el campo a tener maestros de verdad.
Amparo se convirtió en la voz principal, esa que te pega directo al alma, mientras que Imelda le ponía esa profundidad y armonía que hacía que la piel se teerizara. Juntas, con la ayuda de maestros como Gilberto Parra y después Cornelio Reina, encontraron ese estilo que las haría únicas. Ahora, ¿de dónde salió el nombre Las Gilguerillas? Pues fue su mamá quien se lo puso.
Ella escuchaba cantar a sus hijas y decía que sus voces eran dulces como el canto del gilguero. Aunque al principio se presentaban como dueto América, ese apodo que les puso su mamá fue el que se les quedó para siempre. Y amigos, así llegamos a 1955 y aquí es donde todo explota. Las kilguerillas lanzan su primer álbum.
Temas como Chaparrita consentida y Debe Sería empezaron a sonar en todas las radios. La gente no podía dejar de escucharlas. Aunque hay quien dice que su primera grabación fue en 1953, Amparo siempre fue clara. El debut oficial fue en 1955. Trabajaron con CBS Columbia y sus discos de 45 revoluciones llegaban a todos lados.

Yo te quiero de verdad. Y entonces llegaron las canciones que todos conocemos, Los dos Aztecas, El Toro Relajo. Estas canciones no solo sonaban bonito, te llegaban aquí al corazón. Las kilguerillas tenían ese poder. Combinaban voces perfectas con letras que te hacían sentir todo. Cuando todavía eran unas adolescentes, se mudaron a la Ciudad de México y ahí, amigo, fue donde realmente despegaron.
Empezaron a llenar los lugares más importantes de México. Y no solo eso, se fueron de gira por Estados Unidos, por Centroamérica, donde llegaban, arrasaban. Canciones como Pies descalzos, Escalera, Ojitos Encantadores, El Flojonazo, Guadalupe Reyes, se volvieron himnos. Su música dominaba las listas y las comunidades hispanas en Estados Unidos las adoraban.
¿Y sabes cuánto duró su carrera? Agárrate. 66 años. 66 años en la industria, más de 20 álbumes de estudio y un montón de sencillos que ni se pueden contar. Pero su talento no se quedó solo en la música, también brillaron en el cine mexicano. En 1974 debutaron en Secuestro en los 70 con Jorge Rivero y Claudia Islas.
Dos años después estaban con el mismísimo Antonio Aguilar en el rey. Después vinieron No me toquen al mariachi, Miseria con Rafael Inclán, La Coyota, donde compartieron créditos con Marco Antonio Solís, Beatriz Adriana y un elenco de lujo. Y la lista de colaboraciones es impresionante. Que por ser la más bonita. Miguel Mejía, Juan Gabriel, Toña La Negra, Alberto Vázquez, José José, Gerardo Reyes, todos los grandes quisieron trabajar con ellas.
Pero miren, detrás de todo ese brillo y esas luces, las gilguerillas nunca olvidaron de dónde venían. Eran hijas de campesinos, criadas con valores simples pero fuertes. Participaban en festivales locales, en reuniones del pueblo, siempre con los pies en la tierra. Incluso al final de su carrera seguían sacando música nueva. En 2007 lanzaron la gran colección del sexéso aniversario. En 2008, 20 éxitos de oro.
En 2010, una aventura. seguían compartiendo su sonido con nuevas generaciones. Los premios llegaban uno tras otro. Disco de oro en Los Ángeles, El Globo de Oro, varios discos de platino, todo el reconocimiento que merecían. Pero aquí viene la parte que duele. El año de su 50 aniversario debía ser pura celebración, pero el 19 de julio de 2004, apenas unos meses después de cumplir 66 años, Imelda falleció por complicaciones respiratorias en la ciudad de México.
Amparo, desgraciadamente tenemos que preguntarlo porque nuestros televidentes al vernos concemos las jilguerillas, sabemos que en el 2004 se nos va Imelda. ¿Qué tanto le hace falta Imelda a las hilguerillas y Amparo en su vida personal? Imagínate lo que sintió Amparo. No era solo su hermana, era su compañera de toda la vida.
La mitad de su voz, la mitad de todo. Amparo se retiró. Simplemente no podía seguir. Pasó casi 3 años en silencio, de luto, sin cantar. Aunque tenía el talento para ser solista, todo le parecía vacío. Sin imelda. ¿Para qué cantar si la persona con quien compartiste escenarios durante décadas ya no está? Muchos la animaban a volver, pero ella no encontraba el sentido hasta que apareció Mercedes Castro.
Mercedes era fan de las gilguerillas desde niña. Admiraba especialmente la voz de Amparo y un día, con mucho cuidado, le preguntó, “Amparito, ¿no crees que alguna vez volverás a cantar?” Eso falta mucho. De verdad que nos sentimos, sabemos que eres una persona superfuerte, sabemos que cuentas con el apoyo de grandes, grandes artistas que están contigo.
Y Amparo, todavía con el dolor a flor de piel, le respondió, “No, Mercedes, para mí todo lo bueno ya ha muerto.” Pero Mercedes no se rindió. Con paciencia, con cariño, le fue sembrando la idea. Si algún día decides volver a cantar, ¿por qué no intentamos formar un dúo juntas? Al principio, Amparo se resistía.
¿Cómo iba a reemplazar a su hermana? Pero la sinceridad de Mercedes, su amor genuino por la música y por las kilguerillas, poco a poco fue ablandando su corazón. Después de dos años y medio, Amparo tomó el teléfono y llamó a Mercedes. ¿Sabes qué, Merced? Vamos a seguir adelante con la idea del dúo. Para Mercedes fue como un sueño hecho realidad.
Había idolatrado a estas mujeres desde pequeña y ahora tendría la oportunidad de cantar junto a una de sus heroínas. Entonces, este, yo fui siempre fui admiradora de Gilguerillas. Entonces, y amigas, además coincidiamos en las giras de aquellos tiempos. Su hermana se enferma, se pone grave. Yo supe, me avisaron. Mercedes contactó a Musard Records, donde tenía un amigo que se emocionó con el proyecto.
El sello aceptó y pronto Amparo y Mercedes estaban grabando su primer álbum juntas, Botellas de mezcal. Se presentaban como Amparo de las Kilguerillas y Mercedes Castro y el público las recibió con los brazos abiertos. El primer álbum tuvo 10 temas. y la gente lo amó. Rápidamente sacaron el segundo, el Arriate, otras 10 canciones que consolidaron su regreso.
En 1996, para celebrar 50 años en la industria, Sony Music México lanzó un álbum especial, 50 años. Esta colaboración entre Amparo y Mercedes duró 10 años increíbles, extendiendo el legado de las kilguerillas a más de 60 años en total. Mercedaste de aquí hacer dueto. Echa échale para adelante, me dijo.
Uh, pues yo feliz en emocionada. Eran mis luz verde. Eran luz verde. Eran mis artistas favoritos y siguen siendo, ¿verdad? Que el novio donde quiera que nos presentamos llenamos las plazas. Gracias a Dios, decía Amparo con orgullo. Durante todos esos años, Amparo compartió escenario con leyendas como Javier Solís, Lola Beltrán y José Alfredo Jiménez.
Siguió apareciendo en películas como El gorrión y Capo de Capos. En 2017, el gobierno de Michoacán le dio el premio Eréndira de las Artes, reconociendo su enorme contribución a la música. Amparo dedicó el premio a su hermana Imelda con lágrimas en los ojos, agradeciendo todo el camino que recorrieron juntas.
Aunque en 2016 dijo, “Quiero retirarme, pero no es fácil. Su amor por la música y por sus fans era más fuerte. Dios pienso que es Dios el que me el que me tiene pues todavía en qué les puedo decir porque todavía mi público me me responde. Siguió cantando. En 2018, el alcalde de Numarán le colocó una placa conmemorativa en la casa donde ella e Imelda crecieron, encañada de Ramírez, Michoacán.
Pero como todo en la vida, llegó el final. En 2021, la salud de Amparo comenzó a deteriorarse. Estuvo hospitalizada varios días. Sus redes sociales revelaron que desde principios de año su estado era delicado. Mercedes Castro, su compañera, pedía a los fans que hicieran cadenas de oración. Donde hay vida hay esperanza.
Dios es grande y poderoso. Escribí a Mercedes con fe. Dios bendiga a mi compañera Amparo de las Hilguerillas. Quiero agradecerles mucho por sus oraciones, amigos, y gracias por su apoyo en estos momentos difíciles. Yo la amo tanto y ella lo sabe. El 6 de enero, apenas días antes, Mercedes todavía pedía que no dejaran de orar.
Pero Amparo Higuera Juárez falleció en 2021 a los 84 años de edad. La cuenta oficial de las gilguerillas publicó el mensaje más doloroso. Es con gran tristeza que les informamos que nuestra amada Amparo Higuera Juárez ha fallecido. La recordaron como una gran compositora y cantante de música ranchera, reconociendo el profundo impacto que tuvo junto a su hermana Imelda.
perdían la correnteada. Que descanse en paz terminaba el mensaje. La comunidad musical de México estaba de luto. Se había ido una leyenda, una mujer que había dado 66 años de su vida a la música, que había llenado de alegría a millones, que había honrado la música ranchera como pocas. Y Mercedes Castro, ¿qué pasó con ella? Pues Mercedes sigue adelante llevando la antorcha.
Ella también tiene su propia historia increíble. Nació cerca de Culiacán, pero su papá era de Estados Unidos. Se casó con su mamá en Sinaloa, pero un día decidieron irse al norte. Padre, en paz descanse, era de Estados Unidos. Él ya había pues se había casado con mi madre en Sinaloa y nacimos cinco hijos allá en Sinaloa y un día decide venirse a Estados Unidos y pues ya nos trae ya.
Mercedes llegó a Estados Unidos cuando tenía 10 años a Indio, California. Yo quería cantar música ranchera. Para mí el mariachi era lo mejor, contó en una entrevista reciente y fue Cornelio Reina quien la llevó a México para probar suerte. se casó con Cornelio y recordaba con cariño. Él era una persona muy sencilla, a todos les caía bien.
Como mujer aprecié que era generoso, nada tacaño. Me compraba joyas, coches del año y una casa muy bonita. Pero la fama también trajo problemas. Después de llegar a México, logré rápidamente firmar con Musart. Grabé 90 álbumes y siempre estuve con ellos, pero como quería seguir cantando, Cornelio se puso celoso y no quería que yo actuara.
Los celos profesionales casi acaban con su carrera. Mercedes trabajó con grandes figuras. De Mario Almada decía, “Era una persona muy amable, muy buena y de Chalino Sánchez. Lo conocí en El Parral, un lugar en Los Ángeles. Era muy sencillo, muy amable. Terminamos grabando cuatro álbumes juntos y nuestro dúo funcionó muy bien.
Quería que cantara, no quería que cantara y era celoso, pero además él era muy mujeriego. Haciéndole honor, a lo mejor voy a decir haciéndole honor porque mucha gente piensa que los músicos son muy mujeriegos. Su gran éxito Vengo a verte tiene una historia especial. Cuando era pequeña en mi pueblo había un tocadiscos.
Tenía un tío que estaba muy enamorado de mí y pedía que sonara esa canción de Los Alegres de Terán. Con el tiempo, esa canción me ponía triste. Un día, mientras buscaba canciones en el estudio, la recordé. Con esa canción gané mi primer disco de oro y me abrió las puertas. amaba. Hoy en día Mercedes sigue actuando con fechas programadas en Estados Unidos.
Ahora mismo estoy dedicando más tiempo a Estados Unidos, pero con la ayuda de Dios también vamos a ir a México, dice, mostrando que su pasión por la música sigue intacta. Y así termina la historia de las gilguerillas. Dos hermanas que salieron de los campos de Michoacán para conquistar México y el mundo.
Dos voces que se volvieron una sola, inseparables, eternas. Aunque Amparo e Imelda ya no están con nosotros, su música sigue viva. Cada vez que alguien pone el toro relajo o chaparrita consentida, ellas vuelven a cantar. Cada vez que un mariachi toca sus canciones en una fiesta, ellas están ahí. Porque las verdaderas leyendas nunca mueren, solo cambian de escenario.
Y las gilguerillas, esas niñas descalsas que cantaban en los campos de Michoacán, ahora cantan en el cielo. Pero aún no terminamos, amigos, porque ahora déjenme contarte una historia que les va a partir el alma también. Es la historia de dos hermanas que lo compartieron todo, el éxito, la fama, el escenario y al final hasta la muerte.
Porque cuando una se fue, la otra simplemente no pudo seguir viviendo. Esta es la historia de Luz y Aurora Huerta. Todo empieza en Tampico, Tamaulipas. Ahí nacieron estas dos niñas en un hogar donde su papá era estricto y su mamá les daba todo el cariño del mundo, pero que fue un gran padre y madre para nosotros, muy estricto.
¿Ves? Él era norteño, era de Nuevo León. Entonces, pero fíjate cómo es la vida. Cuando todavía eran pequeñas, su mamá murió. Imagínense el dolor. Quedarse sin madre siendo apenas unas niñas. Ese vacío las marcó para siempre. cambió todo su destino. Sin esa figura materna que las guiara, las hermanas solo se tenían la una a la otra.
Y fue ahí, en medio de ese dolor, donde encontraron su refugio, el canto. Luz, a quien todos le decían lucha, tenía una voz brillante, melódica, que te llegaba directo al corazón. Era la primera voz. Y Aurora, su hermana, le respondía con una segunda voz firme, cálida, que completaba todo. Í en Tampico, este, nosotros fuimos huérfanas de madre, quedamos huérfanas a los 5 o 6 años y nos crió nuestro padre, pero que fue un gran padre y madre.
Juntas no solo sonaban bien, son perfectas, como si una voz no pudiera existir sin la otra. Y así empezaron cantando en concursos locales. La gente escuchaba y se quedaba sorprendida. ¿Cómo era posible que dos niñas tan jóvenes tuvieran tanta madurez vocal? ¿Cómo lograban esa sincronía tan perfecta? El momento que les cambió la vida fue cuando ganaron un certamen en la estación XCF de Tampico.
Ahí empezó todo de verdad. Ahí nació su carrera profesional. Pero aquí viene algo curioso. Resulta que había otro dúo que ya se hacía llamar las hermanas huerta. Para evitar problemas y pleitos, Luz y Aurora decidieron cambiarse los nombres artísticos. Se pusieron Luz y lucero. Ese cambio no fue solo un detalle legal, fue el nacimiento de una nueva identidad, de una imagen que las acompañaría el resto de sus vidas.
El siguiente paso era obvio, la Ciudad de México. Si querías triunfar de verdad en la música mexicana, tenías que conquistar la capital y vaya que lo hicieron las y entonces nos pusieron luz y lucero. Entonces cuando nosotros hablamos con mi papá y le dijimos que pues nos íbamos a dedicar a esta carrera, dijo, “Les voy a dar permiso de que lo hagan, pero se van a poner su nombre porque en la carrera”.
Hermanas Huerta se volvieron caras conocidas en programas como Noches Tapatías. Su presencia en el escenario era magnética. No solo cantaban bonito, había algo más, algo en la forma en que se miraban, en cómo sus voces se entrelazaban, que te hacía sentir que estabas presenciando algo especial. Se convirtieron en símbolos de la música tradicional mexicana.
Y aquí entra un personaje clave, Felipe Valdés Leal, uno de los compositores más importantes de la época. Este hombre escribió para ellas canciones que no eran simples melodías, eran pedazos de vida, de dolor, de resistencia, canciones que capturaban exactamente lo que el pueblo mexicano sentía en su carrera. Eh, Felipe Valdesleal.
definitiva, definitiva, porque nosotros pues estábamos de muy chicas, llegamos aquí a México después, pero para esto en al mes siguiente de que No sigas llorando en el último trago. Estas canciones se volvieron himnos. Las escuchabas en las tabernas, en las fiestas, en los velorios. Transformaban el dolor privado de cada persona en algo colectivo, en algo compartido, porque eso hacían las hermanas huerta.
Cantaban tu dolor como si fuera el de ellas. Pero su éxito no se quedó solo en México. Con la ayuda de un promotor llamado Jesús Delgado, a quien todos conocían como El Gordo Delgado, llevaron su música al otro lado de la frontera, Los Ángeles, Chicago, San Antonio. En cada ciudad mexicana de Estados Unidos, las hermanas huerta llenaban los lugares.
La gente las esperaba, las adoraba, lloraba con sus canciones. Pero déjenme decirles algo, esas giras eran brutales. Imagínate, múltiples funciones al día, viajes constantes, casi sin descanso. Vivían prácticamente en la carretera, de ciudad en ciudad, de hotel en hotel, de escenario en escenario. Físicamente era agotador, emocionalmente más todavía, pero nunca, escúchame bien, nunca se dieron por vencidas.
Estos Unidos y a la República Mexicana, ¿cuándo hicieran su primer viaje a los Estados Unidos? Pues ahora unos 30 años tenemos como 30 años de para allá. visitaron, yo creo que Los Ángeles. Sí. Mira, este, por ejemplo, cuando nosotros nos fuimos se mantenían firmes en una industria donde competían con gigantes como Lola Beltrán y José Alfredo Jiménez.
Y aún así, las hermanas Huerta tenían su lugar, su público, su legado. Pero aquí viene la parte que duele. Todo ese éxito tuvo un precio muy alto. Luz y Aurora dedicaron toda su vida a la música, toda. Nunca se casaron, nunca tuvieron hijos, nunca construyeron una vida fuera del escenario. Vivían en carretera, siempre viajando, siempre cantando.
¿Cómo iban a tener una familia así? ¿Cómo iban a establecerse en algún lugar? Evitaron los escándalos, mantuvieron una imagen impecable, pero pagaron el precio en soledad. La rutina era implacable. Cantar, viajar, cantar, viajar. Un ciclo sin fin que las llevó al agotamiento físico y emocional. La fama les abrió todas las puertas, es cierto, pero también las atrapó.
No podían parar sin arriesgar su carrera. No podían bajar el ritmo sin decepcionar a su público. Estaban prisioneras de su propio éxito. Y lo más triste es que solo se tenían la una a la otra. Los años pasaron, la música cambió, llegaron nuevos artistas, nuevos estilos y poco a poco las hermanas huerta fueron quedando atrás.
Ya no llenaban auditorios, ya no recibían esos aplausos ensordecedores que alguna vez las hicieron sentir inmortales. La fama, que es tan generosa cuando llega, es cruel cuando se va. Y así Luz y Aurora terminaron sus días en la casa del actor, un asilo para artistas retirados que no tenían a dónde más ir. Ahí vivían rodeadas de recuerdos descoloridos, de otras estrellas olvidadas que alguna vez brillaron igual que ellas.
Pero al menos estaban juntas como siempre, como toda la vida. Como toda la vida, hasta que llegó el primero de noviembre de 2019. Ese día Aurora falleció y algo en luz se rompió para siempre. No era solo perder a su hermana, era perder a su compañera de toda la vida. A la única persona que había estado ahí desde siempre era perder la otra mitad de su voz, la otra mitad de su alma.
La gente que trabajaba en la casa del actor cuenta que luz cambió completamente después de esa fecha. Antes participaba en actividades, platicaba con otros residentes, todavía tenía esa chispa en los ojos. Pero después de que Aurora se fue, Luz se volvió otra persona. Se encerró en sí misma. Prefería el silencio a la conversación. Ya no quería hacer nada.
Su salud, que hasta entonces se había mantenido más o menos estable, empezó a deteriorarse rápidamente, como si su cuerpo hubiera decidido que ya no tenía caso seguir adelante. Y apenas 14 meses después, el 15 de enero de 2021, Luz también falleció 14 meses. Eso fue todo lo que pudo resistir sin su hermana.
La Asociación Nacional de Inérpretes dio la noticia, pero la cobertura fue modesta. Nada comparable con la fama que alguna vez tuvieron, porque así es esto del espectáculo. Te olvidan tan rápido como te descubrieron. No tenían hijos, no tenían parientes cercanos. Su legado quedó en manos de algunos admiradores y colegas que todavía recordaban sus aportes a la música.
Pero su historia, aunque triste, es hermosa en su propia manera, porque Luz y Aurora no solo compartieron una carrera, compartieron una vida entera. eran inseparables en vida y resultaron ser inseparables en la muerte. También la historia de las hermanas huerta no es solo de éxito y tragedia, es una historia de amor, del tipo de amor que ya no se ve, de esos vínculos que son tan raros, tan profundos, que te hacen creer en algo más grande que nosotros mismos.
Cuando escuches sus canciones, cierra los ojos e imagina a dos voces que incluso ahora en algún lugar siguen cantando juntas, porque hay amores que ni la muerte puede romper. Y el de luz y aurora huerta fue uno de esos. deceado. Que su música nunca se olvide, que su historia nunca se pierda, porque ellas nos enseñaron que el verdadero éxito no está en la fama o el dinero, está en tener a alguien aturado que ame lo mismo que tú, que camine contigo hasta el final y que prefiera irse contigo antes que quedarse sola.
Eso tuvieron las hermanas huerta. Y eso, créeme, vale más que todos los aplausos del mundo. Y miren, amigos, yo sé que estas historias les tocó el corazón. A mí también me pasó cuando la descubrí. Y es que historias como esta no pueden quedarse en el olvido. Las gilguerillas y las hermanas huerta merecen ser recordadas no solo por su música, sino por lo que representan ese amor puro, incondicional de almas que decidieron caminar juntas hasta el final.
Así que les voy a pedir un favor. Si estas historias los conmovió, si sintieron algo mientras las escuchaban, ayúdame a mantener vivo su legado. Denle like a este video. No es por el algoritmo nada más, es para que más gente conozca esta historia, para que las nuevas generaciones sepan quiénes fueron Amparo e Imelda Higuera y Luz y Aurora Huerta.
Compártelo con tu familia, especialmente con tus papás o tus abuelos. Seguro ellos las recuerdan. Seguro tienen sus propias historias sobre las canciones de las gilguerillas y de las hermanas huerta. Y déjenme tu comentario aquí abajo. Cuéntenme, ¿conocían a las hermanas Huerta? ¿Conocían a las gilguerillas? ¿Qué les pareció su historia? ¿Creen que su amor de hermanas fue lo que las hizo tan especiales? Me encanta leer cada uno de sus comentarios.
Me gusta saber que historias como esta todavía nos emocionan, todavía nos hacen sentir. Y si quieren conocer más historias increíbles de leyendas de la música mexicana que nadie cuenta, suscríbete al canal y activa la campanita. Cada semana traigo historias que te van a sorprender, que te van a emocionar, que te van a hacer ver a tus artistas favoritos con otros ojos, porque detrás de cada canción hay una vida.
Detrás de cada artista hay una historia y esas historias merecen ser contadas. Nos vemos en el próximo video. Y recuerda, mientras sigamos hablando de ellas, mientras sigamos escuchando su música, las hermanas huerta nunca morirán del todo. Hasta la próxima. Ah.