La vida de Pérez Prado el Rey del mambo Benny Moré El Barbaro del Ritmo
Bienvenidos amigos a este canal Tutoriales Herberí. Quiero comenzar haciendo una pregunta. ¿Alguna vez te has preguntado qué pasaría si el artista más exitoso de México en la cima de su fama tuviera que abandonar el país de la noche a la mañana? ¿Se imaginan? Bueno, pues eso le pasó justamente a Pérez Prado, el hombre que hizo que todo México bailara mambo.
Hoy les voy a contar la historia del rey del mambo, una historia de éxito, de fama, de música que revolucionó una época, pero también de envidias, de intrigas y de un final que pocos imaginan. Pero antes, déjenme decirles algo que para ustedes es muy fácil. Compartan este video con otros conocedores como ustedes y si todavía no se han suscrito, aún están a tiempo de hacerlo.
Si este video es de su agrado, no olviden regalarme ese like que tanto se agradece. Ahora sí, sin más bla bla bla, vámonos directo al punto. Todo empieza en Matanzas, Cuba, en 1916, porque ahí nace José Damaso Pérez Prado. Y déjame contarte algo curioso. Damaso era tan vanidoso que cuando le preguntaban su edad daba fechas diferentes.
En una de esas llegó a quitarse hasta 12 años de encima. Imagínate, su papá, Pablo Pérez, era sastre, un hombre de cierto prestigio que escribía en el periódico El Heraldo. Y su mamá, Sara Prado, era maestra y directora de una escuela primaria, como se dice por ahí, pura gente trabajadora. Hoy en día es la únicamente una guaracha, o sea, es una mentira.
De bien. Sus padres tenían planes muy claros para Damaso. Querían que estudiara medicina. un doctor en la familia, ¿te imaginas el orgullo, pero resulta que desde pequeño Damaso sentía otra cosa. Escuchaba la música y algo dentro de él se encendía. Por obedecer a sus padres entró a estudiar medicina. Cursó el primer año, pero después simplemente lo dejó.
Se salió de la escuela para dedicarse de lleno a lo que él realmente quería, la música. En 1940, siendo apenas un joven, se fue a La Habana, la capital donde todo pasaba. Ahí empezó a tocar en varios lugares, merodeando por el aeropuerto habanero, buscando oportunidades. [canto] Eran tiempos de la época dorada del son, cuando la Habana era la capital continental de la diversión.
En 1942 comenzó su carrera tocando piano en cabarets. Después pasó a la orquesta de Paulina Álvarez, luego a la famosa orquesta cubana Casino de la Playa. Iba subiendo escalón por escalón. Y entonces, en 1947, grabó un éxito que cambiaría todo. Qué rico el mambo. Con esa canción se fue de gira a Argentina y Venezuela.
La gente empezaba a conocer su nombre, pero aquí viene lo interesante. En 1948, las casas discográficas cubanas le cerraron las puertas a Damaso. ¿Por qué? Porque sus arreglos estaban inspirados en el jazz de Stan Kenton y eso no era bien visto en Cuba. Había gente que rechazaba las influencias norteamericanas, algunos de esos mismos que después en 1953 iniciarían la revolución cubana.
Damaso fue víctima de la censura en su propio país y mira qué ironía, el bloqueo que vendría después impediría que más genios musicales cubanos salieran a conquistar el mundo. Así que Damaso, sin oportunidades en Cuba, tomó una decisión. Se fue a México. Llegó a finales de 1948, invitado por Kiko Mendibe, un cubano que ya vivía en el país.
Y como llegan muchos genios y artistas, apenas con una maleta pequeña y muchos sueños en la cabeza. ¿Sabes quién lo ayudó? Ninón Sevilla, la famosa rumbera, lo alojó en su casa y le encontró un departamento en el centro de la Ciudad de México. Años después, Damaso diría, “Todo eso se lo debo a México. Fue el que me abrió la puerta del mundo.
” Al poco tiempo, Pérez Prado formó su propia orquesta y aquí es donde su genialidad explota. Tomó la instrumentación de las grandes bandas de jazz y le añadió la percusión afrocubana. creó un sonido único, un sello que sería suyo para siempre y con ese sonido inventó un estilo, el mambo, donde el verdadero solista es la orquesta completa.
Y guarda bien este dato porque más adelante vamos a hablar a fondo. Damaso contrató a Benny Moré como vocalista y la llegada de Damaso a México fue perfecta justo en el tiempo ideal. Los años 40 y 50 en México eran de estabilidad. de prosperidad, de una sensación de felicidad social y bonanza. El mambo fue el ritmo ideal para todo eso.
El desparpajo, el desfogue, la sensualidad, el derroche, la pachanga que la ciudad ya ejercía. Además, México tenía todo lo que un músico podía soñar. El ambiente chispiante de la noche, los cabarés, los teatros, la época de oro del cine mexicano, los salones de baile, pero sobre todo tenía a los mejores músicos, las grandes orquestas, las rumberas más talentosas y los bailarines más espectaculares.

Gente como Resortes, Tintán, la Tongolele, todos ellos le dieron al mambo la riqueza y personalidad que necesitaba. El 12 de diciembre de 1949, Perez Prado lanzó un disco de 78 revoluciones por minuto. En una cara tenía Qué rico el mambo. Y en la otra mambo número cinco. Fue un cañonazo. México enloqueció.
Se desató lo que se llamó la mambomanía, pero el verdadero debut en vivo fue el 8 de abril de 1950, sábado de gloria. Yo soy, yo soy, yo soy Y vaya que fue sábado de gloria para Perez Prado. Pronto le llegó un contrato por ocho presentaciones en el teatro Folis Berger de la Ciudad de México. Era el teatro más respetado con el público más exquisito de la capital.
Esa noche Damaso brindó al público una música que parecía provenir de la furia de 1 elefantes. Lo dio todo en el escenario. El público quedó encantado para siempre. Ese contrato de apenas ocho presentaciones se extendió todo el tiempo que el matancero quiso. No había vuelta atrás. El mambo llegó para quedarse.
Muy pronto, la orquesta de Peres Prado se presentaba en los mejores escenarios, El Margo, El Río Rosa, El Esmirna, el Popular Los Ángeles, además de participar en un montón de películas que no podían desperdiciar el éxito del nuevo baile. Producto de su esfuerzo y su genialidad y apoyado por sus amigos cubanos, el rey del mambo gozaba de gran fama.
Pero como suele ocurrir, las envidias saltaron y Peresprado fue blanco de ellas. No todos aceptaban este nuevo ritmo llamado mambo. Su práctica desató en varios países las condenas de obispos y clérigos. ¿Por qué? Porque percibían la seducción que ejercían las hermosas actrices del cine mexicano, las rumberas.
mostrando sus robustos muslos, sus caderas venusinas, moviéndose al seguir el ritmo. Los sacerdotes decían que les bailaban hasta los ojos. Amalia Aguilar, María Antonieta Pons, la tongolele, Rosa Carmín, todas representaban las tentaciones que conducían al mismísimo infierno según la Iglesia. Hasta hubo un cardenal en Lima, Perú, que amenazó con excomulgar a los feligreses que sucumbieran al baile de moda.
Como pasó después con el rock and roll, el mambo era considerado música del demonio, pero la gente siguió bailando. La figura poco común de Pérez Prado comenzó a ser muy familiar para el gran público. Y aquí viene una anécdota divertida sobre cómo le pusieron su famoso apodo. Resulta que hubo un debate sobre quién había inventado el mambo.
Le preguntaron al cantante cubano Benny Moré, “¿Quién inventó el mambo?” Y Benny, rápido respondió, “Un chaparrito con cara de foca”, refiriéndose a Damaso. Con ese apodo, Perez Prado se volvió todavía más reconocible. “Cara de foca”, le decían. Y aunque al principio le molestaba, después lo aceptó.
Y ya que estamos hablando de quién inventó el mambo, déjame decirte que ha habido mucha polémica sobre esto. Algunos dicen que el mérito corresponde a Israel Cachao López y su hermano Orestes, quienes añadieron una sección más rítmica al danzón, a la cual pusieron por nombre Mambo. Otros dicen que el mero papá del mambo es Pérez Prado por su estilo orquestal único, en el cual asimiló creativamente la influencia de las grandes bandas de jazz norteamericanas.
y lo combinó con los ritmos tradicionales cubanos. ¿Tú qué opinas? Y miren, tal vez pocos sepan que el cine mexicano aprovechó a Peres Prado al máximo. Hay varias películas donde aparece casi en todas las derrumberas que salían en esa época. Se sabía que Damaso era muy coqueto y le gustaban las mujeres guapas.
En esa época se codeaba con las mujeres más hermosas de México y el mundo. Él era el ídolo, el de moda, el maestro y se le acercaban muchas mujeres con las cuales tenía relaciones pasajeras. Se dice que a las mujeres que le atraían se les acercaba y les decía que las inmortalizaría, que les compondría un mambo. Y pues ya saben, risueño el niño y le hacen cosquilla.
Damaso participó en películas como Son del Mambo, Coqueta y muchas más. Su música acompañó la fotografía de directores mexicanos y extranjeros. Incluso Federico Fellini usó su música en La Dolche Vita en 1960 con la famosa pieza Patricia. Y aquí llegamos a la parte más perturbadora de esta historia.
Perez Prado estaba en lo más alto de su popularidad. Le llovían contratos por doquier, solicitudes para aparecer en las mejores películas del cine de oro. tenía fama, dinero, reconocimiento. Nadie con esa fama y esas oportunidades abandonaría el país no más porque sí, ¿verdad? Pues el domingo 6 de octubre de 1953, de manera intempestiva, Damaso Pérez Prado tomó un avión de mexicana de aviación con rumbo a La Habana y luego se dirigió a Estados Unidos.
No regresaría a México sino hasta 11 años después, en 1964. ¿Qué pasó? ¿Por qué se fue? Aquí es donde empiezan las versiones, los mitos, las leyendas. Y nadie sabe con certeza cuál es la verdad. Y es que, miren, se dice que fue un pleito con el gobierno mexicano porque se le prohibió interpretar el himno nacional mexicano a ritmo de mambo, que cuando lo hizo lo consideraron un desacato y lo deportaron.
Pero esta versión cayó por su peso. Nadie jamás oyó ese mambo del himno. Pero también están los que dicen que el líder de los compositores, Gómez Barrera, envidioso por su éxito desbordante, intrigó para que lo deportaran. Y otros más, que el líder de los músicos, Venus Rey, al no dejarse explotar por Pérez Prado, intrigó y lo deportaron.
o según algunos tuvo desavenencias contractuales con el propietario del Teatro Margo, lo denunció y lo deportaron. Pero amigos, y esta parece ser la verdadera, fue por un lío de faldas. Sí, amigos, resulta que estaba en México una bedet brasileña llamada Leonora Amar, quien sostenía un tórrido romance con el expresidente Miguel Alemán.
Y entonces se dice que Damaso le ofreció a Leonora hacerla una estrella rutilante si firmaba un contrato de exclusividad con él. Por principio de cuentas harían una gira a Japón. La joven brasileña de 25 años se inclinó por su carrera artística mundial y el presidente alemán, celoso, decidió cortar por Lozano.
Ordenó deportar a Pérez Prado y claro, no faltó un funcionario tan poderoso que movió sus influencias y lo sacó del país. Pérez Prado no podía regresar a México. Lo meterían a la cárcel o peor atentarían contra su vida. Pero su carrera continuó en Estados Unidos y en otras partes del mundo. Y vaya que continuó.
En 1958 impuso la pieza musical Patricia, la cual grabó muchas veces y con diferentes arreglos. Esta pieza fue utilizada en 1960 por Federico Fellini en su película La Dolche Vita. A finales de los años 60 tuvo un gran éxito con su melodía Mambo del taconazo. Su música llegó a Francia, Japón, Italia, países de Europa e incluso hasta África.
Era un campeón mundial de popularidad. Entre sus composiciones más conocidas están qué rico el mambo. Mambo número cinco que en 1999 el cantante alemán Lou Vega lanzó en una nueva versión. El mambo del Politécnico y el mambo universitario de la UNAM. En 1964, después de 11 años de ausencia, finalmente Pérez Prado regresó a México.
¿Cómo fue posible? Pues aquí entra otra figura importante, María Victoria, la protagonista de La criada bien criada. Se cuenta que María Victoria habló con el entonces presidente de México, Adolfo López Mateos, quien accedió a admitirlo nuevamente en el país. Y en 1980 Pérez Prado adquirió su carta de nacionalidad mexicana.
México, el país que lo había expulsado, ahora lo adoptaba como hijo. Y miren ustedes, entre las curiosidades que rodearon al músico, hay varias que vale la pena mencionar. Cuando un periodista le preguntó por qué enumeraba sus mambos en lugar de darles nombres, él contestó, “Tengo que escribir tantas obras y arreglos que no tengo tiempo de ponerme a bautizar mis demás obras.
” Behoven no le ponía nombre a sus sinfonías. Otro misterio era su famoso grito cuando dirigía su orquesta. En el programa Estudio 54 de la televisión mexicana, Jaime Almeida le preguntó qué significaba ese grito y Pérez Prado explicó que no gritaba u como todos pensaban, decía dilo con el que usted dirige.
Creo yo que ya en esta generación creo que todos los que estamos en esta generación ya cuando llega uno a bailar le dan ganas de de empujar a ser pogido porque creen que yo digo no es dilo, dilo, dilo. Una instrucción para sus músicos para que entraran un compás antes. A veces lo sustituía por el apodo del músico, tribilín o cerido.
Ese grito nació el 22 de febrero de 1949 durante la grabación de Vayan Comiendo interpretada por elchero Orlando Guerra Cascarita. Pero amigos, no todo era glamur. Perez Prado también tenía su lado oscuro. Hay versiones sobre un incidente que prueba su falta de solidaridad. En una gira por México ocurrió un terrible accidente en la carretera.
Pereció una bailarina y quedaron varios heridos. Pérez Prado se limitó a agarrar el maletín con la plata y desaparecer. También se decía que era muy celoso con sus mujeres. No permitía que nadie se les acercara. Era muy vanidoso, pero inseguro. Como era de estatura baja, usaba siempre zapatos con plataformas y el cuello de la camisa era extremadamente largo para parecer más alto.
Finalmente, en junio de 1989, el músico sufrió una baja considerable en sus signos vitales. Tuvo dos paros cardíacos que obligaron a la amputación de una de sus piernas. Peres Prado fue trasladado a su domicilio particular. Traía arrastrando desde tiempo atrás una larga atrofia neuronal. No dormía y cuando lograba hacerlo solo conciliaba el sueño cuatro o 5 horas por día.
permaneció en su casa viviendo de manera austera, sin la opulencia, sin el brillo de esos años dorados en los que su nombre y su música sonaban en todo México. Sus últimos días los pasó sufriendo una larga agonía y sería precisamente allí donde partió. El sábado 14 de septiembre de 1989, víctima de un paro cardíaco.
José Damaso Pérez Prado dejaba una viuda con la que se había casado en 1979 cuando él tenía 63 años y ella 25. También dejaba a otra mujer de la que se había divorciado en 1976 y dos hijos, Damacito y María en Gracia. Es posible que el rey del mambo se haya imaginado en su último aliento con su peluca negrísima, su barba de chivo, sus zapatos de distintos tonos.
vestido con su traje blanco, viendo bailar a las espectaculares Ninón Sevilla o Tongolele frente a él. Y así termina la historia de Pérez Prado, el rey del mambo, el hombre que hizo bailar a todo un país, que revolucionó la música, que conquistó el mundo, pero que México expulsó por celos de un presidente. ¿No te parece increíble? Un artista en la cima de su fama, corrido del país que lo había recibido con los brazos abiertos.
Y todo por enamorarse de la mujer equivocada. Y es que, amigos, el éxito no te protege de nada, que puede ser el más famoso, el más talentoso, el más exitoso y aún así los poderosos pueden destruirte si se les da la gana. Pero también nos enseña que el verdadero talento trasciende fronteras.
Aunque lo expulsaron de México, su música siguió sonando en todo el mundo y hasta el día de hoy, cuando escuchas Mambo número cinco o Patricia, sigues moviendo los pies. Si esta historia te sorprendió tanto como a mí, dale like a este video. Ayúdame a que más gente conozca la verdadera historia del Rey del Mambo, no solo la versión glamorosa.
Déjame tu comentario. ¿Cuál crees que fue la verdadera razón de su expulsión? ¿Conocías esta historia? ¿Qué opinas del poder que tenían los presidentes en esa época? Compártelo con tu familia, especialmente con los que vivieron esa época. Seguro tienen sus propias anécdotas sobre cuando bailaban mambo.
Y amigos, ahora hablemos de El Bárbaro del ritmo, Benny Moré. Y es que imaginen esto, un hombre que nunca estudió música formalmente, que aprendió a tocar en una guitarra que él mismo fabricó de niño, que llegó a la Habana descalso y sin un peso y que terminó siendo considerado el mejor sonero que ha dado Cuba.
Esta es la historia de Benny Moré, el bárbaro del ritmo. Una historia de talento puro, de superación, de éxito, pero también de excesos que le costaron todo. Y como siempre, comencemos desde el principio. Benny Moré nació un 24 de agosto de 1919 en Santa Isabel de las Lajas, en lo que hoy es la provincia de Cienfuegos, Cuba.
Y déjenme contarles algo que los va a sorprender. Según la tradición familiar, el tatarabuelo materno de Benny habría sido hijo de un rey en una tribu del Congo. Fue capturado a los 9 años y vendido como esclavo en Cuba a Ramón Paredes, dueño de una plantación. Increíble, ¿verdad? Se dice que ese tatarabuelo, originalmente llamado Tarrón Gundo, adoptó primero el apellido Paredes y luego Moré al ser vendido a diferentes dueños, según las costumbres de la época.
Así que el apellido Moré tiene un origen ligado a esa dolorosa historia. Como muchos apellidos de esa época llevaban consigo un alto costo humano por pagar. Por otro lado, también se comenta que siendo el mayor de 18 hermanos, Benny heredó el apellido Moré de su madre en una línea materna de relaciones no legitimadas, presuntamente con hombres blancos.
Por eso el apellido Moré se mantuvo hasta él. Desde niño, Benny mostró un talento natural para la música que era simplemente increíble. A los 6 años, escúchenme bien, a los 6 años fabricó su propia guitarra y aprendió a tocar los congos usando bancos porque era muy bajito, no alcanzaba. Su pasión por la música y su habilidad para bailar reflejaban el ritmo que llevaba en la sangre.
Pero la vida no fue fácil. Debido a las dificultades económicas, Moré dejó sus estudios y trabajó en el campo. A los 17 años se trasladó a La Habana, donde se ganaba la vida vendiendo frutas de menor calidad, conocidas como averías y hierbas medicinales. Una verdadera historia de superación, ¿verdad? te hace pensar.
Pero cuando llegó a La Habana, llegó sin zapatos, sin nada, todo pelado, solo con su talento y sus sueños. Tras no tener éxito en la Habana, regresó a Las Lajas, donde trabajó como cortador de caña. Con el poco dinero que pudo ahorrar, compró su primera guitarra. En 1940, decidido a ser cantante, regresó a La Habana.
Ahí sobrevivió cantando en bares y cafés, solo con las propinas que recogía en un sombrero. Y a veces, cuando el dinero era corto, se quitaban de lo que le tocaba a él para dar propina a los mozos. Pero esto no era lo que Benny quería para su futuro. Tuvo la oportunidad de presentarse en un concurso en la emisora CQM, donde los ganadores tenían la oportunidad de grabar y firmar un contrato.
Sin embargo, fue rechazado en su primera participación. Apenas cantó las primeras notas de su canción cuando la campana lo interrumpió. no logró impresionar al jurado. Pero escuchen esto, porque esto define quién era Benny Moré. Él dijo, “Yo no voy a regresar, me quedo aquí. Voy a probar fortuna aquí porque allá yo no tuve suerte.” Grit y regresó con más fuerza.
ganó el primer lugar en el concurso. Esto le permitió conseguir su primer trabajo y estabilidad económica, uniéndose al conjunto Cauto y luego cantando en la emisora CMZ. En 1944, Benny Moré reemplazó temporalmente a Miguel Matamoros en el trío Matamoros debido a problemas de salud de este último.
Su participación le permitió grabar y unirse al grupo permanentemente en 1945. Esto consolidó su carrera y entonces llegó la gran oportunidad, un viaje a México. Pero este viaje le llegó tan inesperadamente que ni siquiera pudo avisarle a su madre. Ella se enteró por un amigo y la noticia le causó tal sorpresa que se enfermó. 4 años después, en 1949, Benny regresó brevemente y su madre casi no lo reconoció.
Estaba delgadito y estaba alto, recordaba ella. Cuando lo vi, no lo conocí. regresó definitivamente en 1950 y aquí viene algo que duele. Cuando Benny se fue a perseguir su sueño, dejó a su hija y a su madre. La separación ocurrió cuando la bebé tenía solo 4 meses y no fue sino hasta los 9 años que la niña pudo reencontrarse con su padre.
Ella confesó años después que su niñez fue triste por la ausencia de él, pero su alegría fue completa cuando Benny regresó, reconociéndolo entre muchos hombres a su alrededor. Imagínate el dolor de esa niña, pero también el dolor de Benny que tuvo que elegir entre su familia y su sueño. y eligió el sueño primero.
Durante su estadía en México, Benny grabó canciones como Mexicanita, Veracruzana y el Bardo. Aunque el conjunto matamoros regresó a Cuba, Benny se quedó en México buscando mejores oportunidades para su carrera. En este periodo adoptó el nombre artístico de Benny Moré, aunque no está claro si fue por consejo de un compañero o de su esposa.
En 1946 se casó con la enfermera Juana Durán. Ese mismo año participó en la película Carita de Cielo junto a Ninón Sevilla, una gran figura del cine de Rumberas. También actuó en el río Rosa con el dueto fantasma junto a Lalo Montané. Además, grabó para RCA Víctor temas emblemáticos como Ensalada de Mambo, Mucho Corazón y Encantado de la Vida.
La carrera de Benny Moré continuó creciendo y junto a Damas o Pérez Prado grabó temas icónicos como Babarabatiri, Anabacoa y Locas por el mambo. Y ahora, El Bárbaro del ritmo. ¿Quieren saber cómo fue que le dieron el nombre de El bárbaro del ritmo? Se originó por su participación en un espacio titulado A la Bárbara y el nombre se le quedó para siempre.
Aunque Benny fue solicitado por importantes orquestas de la época como La Sonora Matancera, esta colaboración no prosperó porque Benny no estaba interesado en interpretar ese estilo de música. Él era y será siempre el bárbaro del ritmo. Incable como siempre, firmó un contrato con Radio Progreso y trabajó con la orquesta de Ernesto Duarte Brito, con la que grabó el bolero como fue.
Una canción que se convirtió en un himno. Aunque su fama era tan grande que los empresarios le perdonaban sus retrasos por la bebida, Benny compensaba llegando hasta la madrugada en sus presentaciones, dándolo todo por su público hasta el otro día. También con Mariano Mercerón interpretó canciones reconocidas como La Guaracha y Me voy para el pueblo.
Su éxito le valió un contrato de exclusividad con RCA Víctor. Benny Moré finalmente alcanzó su sueño, cantar entre los grandes. muy solicitado, se codeaba con grandes músicos como Rafael de Paz, Mariano Mercerón, Chucho Rodríguez y Damaso Pérez Prado, con quien grabó Dolor Carabalí. Para 1950 ya era un icono internacional. En su regreso a Cuba grabó Bonito y Sabroso, su primera canción en el país después de 6 años de éxitos fuera.
Y fue un éxito total. En los años 1950 y 1951, Benny Moré siguió cosechando éxitos grabando temas como la culebra, candelina y rabo y oreja. no durante su tiempo en La Habana se presentó en la emisora RHC Cadena Azul y tuvo la oportunidad de trabajar con la orquesta de Bebo Valdés, quien le introdujo al estilo musical Batanga.
Y ahora, amigos, aquí es donde la historia se vuelve perturbadora. Y es que con el renombre y el dinero que había ganado, Benny comenzó a disfrutar de una vida llena de excesos, fiestas, mujeres y su gran pasión. La bebida. Su fama lo llevó a gastar a lo grande en centros nocturnos, donde las bebidas corrían por su cuenta y las fiestas no terminaban hasta el amanecer.
Además, desarrolló un gusto por el juego, pasando días y noches enteros en este vicio. Oye, ¿qué están viendo? ¿No estamos viendo esto? Bueno, tomen para que sigan, decía mientras repartía dinero. A pesar de todo, continuó sumando éxitos en su carrera. En 1952 colaboró con la orquesta Aragón de 100 Fuegos y en 1953 con Así es la humanidad.
También fungió como director de su propia orquesta conocida como La Tribu. Esta banda de 40 músicos y cantantes, dirigida con gran habilidad por Benny, sobresalía por su talento para improvisar, adaptándose a los cambios que él indicaba con simples movimientos de sus manos. Y miren ustedes, tras el triunfo de la revolución cubana en 1959, Benny decidió quedarse en Cuba.
Se decía que Fidel Castro le solicitó actuar regularmente para los alfabetizadores y participar en la inauguración del parque de las 8000 taquillas, dado que Benny Moré gozaba de gran apoyo y popularidad entre el pueblo cubano, pero su salud se deterioraba rápidamente. La cirrosis hepática que padecía desde hacía años, incluso antes de su partida a México, estaba cobrando su precio.
A pesar de estar en un estado de salud crítico con episodios de vómitos con sangre, Benny se presentó en el escenario el 17 de febrero de 1963 en un lugar llamado Palmira en 100 fuegos. Fue una presentación llena de leyendas. El lugar estaba lleno hasta más no poder. Se cuenta que durante esa noche sufrió una ruptura de una várice esofágica producto de la cirrosis hepática que padecía.
Durante esta última actuación interpretó temas como Dolor y perdón, Maracaibo y Qué bueno baila usted sin saber qué sería su despedida. Cuando fue trasladado al hospital de Cienfu Fuegos, tenía un cuadro clínico grave y urgente necesidad de transfusión de sangre, pero la atención no fue lo suficientemente rápida.
fue trasladado a La Habana, pero prefirió quedarse en su casa con su familia, lo que mejoró un poco su estado. Sin embargo, el 18 de febrero fue ingresado nuevamente en el hospital donde su salud empeoró, afectado por complicaciones pulmonares, renales y presión baja. El 19 de febrero de 1963, Benny Moré falleció, dejando atrás su legado como el bárbaro del ritmo.
Tenía apenas 43 años. Le faltó vida para seguir triunfando. Las honras fúnebres fueron un evento que conmovió a Cuba y a todos sus seguidores. Fue enterrado en su ciudad natal, Santa Isabel de las Lajas, donde su tumba se convirtió en un lugar de peregrinaje para sus admiradores. Entre sus composiciones más emblemáticas se encuentran Santa Isabel de las Lajas y Son Montuno.
Aunque hay muchas otras que siguen siendo parte de su legado musical. Benny recibió tantos reconocimientos en vida como póstumos. En 2009 se publicó la novela Qué bueno baila usted de Faisel Iglesias, que narra la vida de Benny Moré. Además, en la novela La isla de los amores infinitos, escrita por su coterránea Daína Chaviano, Benny es incluido como uno de los personajes dedicándole un capítulo titulado Hoy como ayer, uno de sus temas más icónicos.
Y en 2006 se estrenó la película El Benny, una ficción sobre su vida. La historia de Benny Moré es una de esas que te hace pensar. Un hombre con un talento natural increíble, que nunca tuvo educación formal, que llegó descalso a La Habana y que se convirtió en el mejor sonero de Cuba. Y miren ustedes, éxito sin límites puede destruirte.
Los excesos le costaron la vida a Benny Moré cuando apenas tenía 43 años. ¿Cuántas canciones más habría compuesto? ¿Cuántos escenarios más habría conquistado? Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que su música sigue viva. Cada vez que escuchas Bonito y sabroso o como fue, Benny y Moré vuelve a cantar.
Y eso, amigos, eso es la verdadera inmortalidad. Si la historia de Benny Moré de Dao Pérez Prado los conmovió, si los hizo reflexionar sobre el precio del éxito y los peligros de los excesos, denle like a este video. Compártanlo con los amantes de la música cubana, con su familia, con todos los que aprecian el verdadero talento.
Y déjame su comentario. ¿Conocías la historia completa de Benny Moré? ¿Cuál es su canción favorita de él? ¿Crees que habría vivido más si hubiera controlado sus excesos? Me encanta leer cada uno de sus comentarios y saber qué piensan sobre estas historias de leyendas que marcaron la música latina. Si quieres más historias fascinantes de los grandes de la música tropical y cubana, esas que nadie cuenta completas, suscríbete al canal y activa la campanita.
Nos vemos en el próximo video. Y recuerda, Benny Moré se fue demasiado joven, pero su música, su música es eterna. Hasta la próxima y que siga sonando el son cubano. Nos vemos en el próximo video y recuerda, cada vez que bailes mambo estás bailando la música de un genio que México expulsó, pero que el mundo nunca olvidó. Hasta la próxima.
Esto fue Tutoriales Gerberí y que siga sonando el mambo.