Alejandra Pizarnik: La poeta que escribió hasta el fondo

Alejandra Pizarnik: La poeta que escribió hasta el fondo

Alejandra Pisarnik, una de las voces más reconocidas de su generación en la literatura argentina. Escritora y traductora, construyó una de las obras más asombrosas del siglo XX. Hoy vamos a hablar sobre la vida de Alejandra Pisarnick. Vamos a tocar temas sensibles como problemas alimenticios, problemas con consumo de sustancias, depresión.

Entonces, si ustedes son sensibles a alguno de estos temas, les recomendaría que no vieran este video y mejor vean otro. No toda la información que les voy a dar está 100% como en orden cronológico y ahorita van a ver por qué hay muchas cosas pasando al mismo tiempo. Vamos a empezar con sus papás en 1934, Elías Posarnik y Rosa Bromic.

 Eran dos inmigrantes judíos que estaban llegando a Argentina desde Rovni. Es una ciudad que en ese momento pertenecía a Polonia, pero que tenía raíces culturales rusas y llegaron a Argentina sin dinero y sin saber nada español. Ahora me van a decir como, ¿por qué posárnic? A la hora de hacer los papeles de inmigración lo anotan mal y le escriben como Pisarnic.

Por eso conocemos a Alejandra como Alejandra Pisarnik. Años después, el 29 de abril de 1936, nace Flora Pisarnik y aquí empieza este juego de nombres donde es Flora para el registro civil, es Buma para la familia y pronto sería Alejandra para todo el mundo. Desde el inicio, pues ella tiene estos nombres con los que no necesariamente se identifica.

Esta familia al ser inmigrante empieza en una pensión, pero Elías era un trabajador incansable. consigue trabajo como Cuentenic, que es un vendedor a domicilio que va casa a casa ofreciendo joyas, artículos para el hogar a crédito. En pocos años pasaron de la pensión a un departamento en la calle Italia 55 en Avellaneda.

 Para 1945 sabemos que cae la Segunda Guerra Mundial y esta no es una noticia lejana para la familia, noticia sobre lo que está pasando en Ucrania con tíos y primos. La primera mujer de su tío Armán y su hija son asesinadas en Riga, sus tías son fusiladas. La casa de los Pisarnik vive en su sobra constante. Miriam, que es la hermana mayor de Alejandra, recuerda que a los 5 años tenía pesadillas donde Hitler venía a llevársela.

 Y en Avellaneda, pues la casa de la familia Pisarnik fue marcada con una bomba de alquitrán. Este es un acto que Alejandra nunca olvidó y ahí se empieza a sentir como animal acosado, como una extranjera, como alguien que no tiene patria. Años después escribió en sus diarios sobre esta época, se comparó con Ana Frank.

 dijo que sus padres y maestros se habían dedicado a arruinarla al igual que el mundo había arruinado a Ana. Pero también pues había un poco de luz, ¿no? Porque el papá se mantenía activo, ayudaba a los familiares que habían sobrevivido en Francia, les enviaba ropa, calzado y en la casa sonaba música. Él tocaba el violín, la mandolina, la guitarra, amaba la historia, la geografía, la música y esa dualidad pues marca esta casa.

 Cuando tiene 6 años, Alejandra va a dos escuelas. La primera es la Escuela Nacional número 7 de Abellaneda y en este lugar pues le dicen flora, ¿no? Y aquí ella la verdad es que saca calificaciones como de ocho o nueve. Le importa más leer que sacar calificaciones perfectas. Y en las tardes va a otra escuela que se llama Salman Risen Shul, que es una escuela judía donde todos los maestros pues son judíos, le enseñan a leer y escribir idish, además pues la historia del pueblo judío y sus festividades.

 En este momento sus compañeras la recuerdan como una chica divertida, despabilada, feliz, en reuniones familiares cuando estaban en la terraza de su casa. Se paraba frente a todos y recitaba poemas. era el alma de la fiesta, pero eso solo era como una cara hacia afuera, ¿no? Porque ya ella cuando estaba sola se encerraba mucho en su cuarto, leía muchos libros que le permitían como imaginar este París, ¿no? Y cómo pudiese ser la vida estando ahí.

 Y esto, recuérdenlo porque va a ser importante. Entre los 10 y 11 años, Alejandra escribió una composición sobre María Antonieta y Luis X. Imagínense esta niña escribiendo sobre la revolución francesa con una madurez que deja boca abierta a su profesora, tanto así que la envió con honores al consejo escolar. Su hermana Miriam dice que desde chica a Alejandra le apasionaba escribir, pero este ensayo fue la primera prueba de que su relación con la palabra no era un juego de niños, era un refugio, un lugar donde meterse cuando la tristeza y el miedo apretaban.

Y desde muy chica tiene asma. Y el asma, pues no solo es una enfermedad, era un lugar donde se juntaba el miedo, el odio y el amor que nunca llegaba. Y aquí empieza pues esta relación con su mamá que no es nada buena, constantemente la está comparando con su hermana Miriam porque pues Miriam es rubia, es delgada, es como el ideal, ¿no?, de la hija perfecta que por lo menos Rosa imaginaba y pues Alejandra era todo lo contrario, ¿no? Decían que en este momento pues ella era gordita y en este momento Alejandra se siente fea, se siente

distinta y su mamá no ayuda porque siempre la está comparando con Miriam constantemente y además le dice, “¿Por qué no puede ser más como Miriam?” También dice que nunca la besaba, nunca la acariciaba, nunca la abrazaba, siempre la veía como con descontento, desaprobación. Y entonces Alejandra crece así todo el tiempo y lo peor llega en la noche porque pues cuando ellas están dormidas, la mamá tiene esta regla de que pues Miriam tiene que tener las manos sobre las sábanas.

 Entonces como que llegaba de repente a la medianoche así sin avisar, entraba al cuarto y revisaba dónde tenía sus manos Alejandra. Si veía que las tenía debajo de las sábanas, pues la regañaba y le decía que las pusiera arriba, ¿no?, donde correspondía. Alejandra escribió después que de esas visitas nocturnas le quedó un temor extraordinario y sobre todo mi mala respiración.

 Aprendió a contender el aliento para no hacerse notar y al mismo tiempo hacía ruidos exagerados para demostrar que no tenía miedo. Con el tiempo, el asma se vuelve algo más que un problema físico. Cuando siente un odio hacia su madre, el odio se cumplía en el cuerpo. Empieza a respirar mal, vomita sangre sin estar enferma.

 La asfixia era la forma que tenía su cuerpo de decir lo que las palabras no podían. En sus diarios de adulta, Alejandra fue brutal. dijo que pensar en su infancia era obligarse a odiar a sus padres. Recordó que cuando nadie la veía se golpeaba la cabeza contra la pared hasta que su madre venía a sacarla y le decía que no se hiciera la idiota.

 En varios de sus diarios ella escribe que pues hubo un momento en su vida en el que ella era feliz o por lo menos eso era lo que aparentaba. Pero todo cambia cuando cumple 12 años, porque en 1948 contraecarlatina y esto pues a los papás les afecta porque una hermana del papá de Alejandro, o sea, se su tía pues ya se había muerto de eso estando en Europa.

Entonces, ellos estaban muy espantados porque decían, “Es que aquí es de vida o muerte esta enfermedad.” Aquí también empieza a cambiar la dinámica donde pues Alejandra tiene que estar encerrada todo el día en un cuarto, mandan a Miriam a dormir con el papá, contratan a una enfermera que se duerme en el cuarto de Miriam y Alejandra.

 Cuando pasan dos meses de esta enfermedad, pues Alejandra sale de esta habitación cambiada. Ya no es esta niña alegre y esta niña que describían antes. Es un adolescente triste y callada. Y a los 14 años ella ya escribe en su diario cómo se sentía ajena a su propio cuerpo y empieza a decir cosas como, “Ella no teme la muerte, sabe que la otra no morirá.

Morir significa tal vez incorporarse a sí misma, abrazarse sin miedo, atreverse a abrir los ojos y mirarse. Por eso quiere morir.” También se cree que fue a partir de esta enfermedad que su tartamudeo empieza. Alejandra sentía que el papá prefería a Miriam y luego Miriam tiene su versión donde ella dice, “No, pues nuestra infancia fue increíble, maravillosa, nos trataron superb.

” Y bueno, aquí pues un paréntesis, dos cosas pueden ser reales, ¿no? Una vivencia, aunque vivas en la misma casa, tengas la misma familia, puedes tener experiencias diferentes. Hay un dato curioso de una prima que cuenta que el papá de Alejandra, pues sieme hablaba maravillas de Alejandra, que hablaba de sus valores y cuando conoce a Miriam se sorprende porque ella sentía que el papá ignoraba la presencia de Miriam.

 Cada quien tiene su versión de los hechos porque cada quien vivió diferentes cosas, fue tratado de diferentes maneras. Y para 1949, Alejandra entra a la escuela secundaria y ahí empieza a configurarse como la chica rara del grupo. Empieza a usar suéteres de hombre, calcetines caídos, pantalones, nada que ver con lo que usan las señoritas de Avellaneda.

 En ese momento tenía también acné severo, que la acomplejaría de por vida. ya había empezado a tomar parobes, que era un remedio para adelgazar, que contenía anfetaminas, que en esa época pues se vendía como si nada. Y aquí empieza esta batalla, ¿no?, con la comida que es feroz, que cuando sus papás dejan la casa, ella se hace sándwiches enormes, se los come todos aún sin tener hambre porque siente que tiene que llenar un vacío.

 Después alterna estos atracones de comida con periodos donde no come nada y además toma estas pastillas para bajar de peso. Y a los 14 años en sus diarios les digo, empieza a hablar como de esta división del yo, pero también empieza a hablar de la muerte y de un sufrimiento que sentía demasiado grande para ella. A los 15 años, Alejandra decora su cuarto de una manera que escandaliza a todas las señoras de alrededor porque, bueno, en ese momento las formas en cómo se decoraba un cuarto pues de un adolescente eran ciertas maneras, ¿no? Que si el papel tapiz de

flores, que si tal, o sea, pues las mamás al final del día lo decoraban el cuarto, ¿no? Entonces se imaginan cómo estaba decorado, o sea, todo debe ser como suave, femenino, todo esto. Alejandro dijo, “¿Sabes qué? Yo voy a pintar una de mis paredes toda de negro.” Las otras las llenó así de pues recortes de revista, de dibujos de que porque además fumaba.

 Entonces este como con marcas de cigarro empapeló el techo con láminas, ¿no? O sea, entonces se imaginarán cómo era este cuarto todo oscuro. Y aquí se encierra en su cuarto todo el día a escuchar Edit Piaf, a leer a los surrealistas. Ahí se empieza a juntar con sus amigas como Lia Boriani, la única otra oveja negra que encuentra en este momento para hablar pues de filosofía y sentirse cómplices en un mundo que no las entiende.

 Su mamá veía esta habitación como una pesadilla, porque además tenía la ropa tirada, que si los discos por el suelo, papeles por todas partes, olía a cigarro y protestaba como siempre y les digo siempre la comparación de si aprendieras algo de tu hermana. A pesar de este asma que sufría Alejandra, ella fumaba escondida.

 También dicen que era malha hablada y que para las mamás pues era el peor de los ejemplos. Por lo que entiendo aquí o lo que dicen es que a pesar de la época, los papás de Alejandra eran bastante más permisivos que cualquier otro papá que hubiera estado en esa época porque pues no le impedían que se encerrara en su cuarto con sus amigas a platicar, ¿no? Como que el papá se preocupaba del qué dirán, pero al mismo tiempo dicen que era comprensivo con Alejandra.

 1950 y 1951, Alejandra conoce a un chico que se llama Guillermo Orestes Silva. Este chico era uruguayo y era pariente de la escritora Clara Silva y lo conoció en persona por lo menos dos veces ahí en Buenos Aires. En uno de estos encuentros pues se abrazan, ¿no? Pero para Alejandra este abrazo fue sublime.

 Era una grieta de luz en medio de todo esto que estaba pasando. la relación entre dos adolescentes que se sentían atraídos por su soledad compartida por la literatura, por una misma conciencia desdichada, pero no era fácil porque obviamente Guillermo se molestaba cuando ella le contaba sobre sus flirts, o sea, sus coqueteos hacia otros muchachos y la acusaba pues de ser una intelectual fría.

 Y en una ocasión le dijo que su poesía era poesía sin hombre. Alejandra, pues obviamente la frase la horroriza, lo sintió como un intento de convertirla en un objeto de adorno y ella le respondió que lo que quería era ser un ser humano puro, no un instrumento de amor. Las cartas que se conservan son muy sinceras. En una Alejandra le confiesa, “Hay algo horrendo y maléfico.

Estoy [ __ ] y quiero morir.” En otra, ya si al final le explican porque no pueden estar juntos, le dice, “La dicha no me atrapará. No es de mi clase. Yo soy del dolor. Soy para el dolor. Tú mismo deseas lo que yo, la soledad. Ya me lo has dicho, lo he comprendido. Nuestro sufrimiento es análogo. Tal vez por eso nunca podremos estar juntos.

Relación termina hacia finales de 1955 o principios de 1956. Y les digo que pongan atención a estas fechas porque ahorita van a ver. Y vamos a regresar un poquito a en el tiempo para ir a 1954, que es cuando Alejandra entra a la universidad. Y aquí se inscribe simultáneamente en la carrera de filosofía de la escuela de periodismo de la calle Libertad.

 Después va a pasar por letras, hasta tomaría clases de pintura. Probaba de todo porque no encontraba un lugar exacto para lo que quería ser. En esa época pues no existían estos talleres de escritura creativa, no había un lugar para alguien que solo quería escribir. Y bueno, aquí la familia pues tampoco se la pone muy fácil porque en esta época recuerden que una chica pues es costumbre que se case, no tenga una casa y todo esto y Miriam, como es el ejemplo perfecto, ¿no?, eh, que siempre va a perseguir a Alejandra, pues dicen, “Mira como tu hermana ya se casó y no sé qué y

tú quieres ir a la universidad.” Rosa, además, no entendía las fascinaciones existencialistas que tenía Alejandra. Alejandra, como siempre es la oveja negra, dice, “Yo quiero formar mi propio camino.” Y el padre, la verdad es que es comprensivo con esto, aunque se preocupa por el que dirán, termina apoyándola y le paga los estudios.

 Y en esta época ella conoce al Dr. León Ostrov, que va a ser su psicoanalista. Y aquí Alejandra transforma esta tartamudez que la siguió desde chiquita en algo completamente distinto. Aquí lo que hace es que algo que la penaba lo transforma en un hablar mucho más pausado, lento, como sonaba, dicen como si fuera casi extranjero, como si no supiera hablar muy bien el español o no fuera su primer idioma.

 y dicen que su voz se vuelve ronca y trabajaba como la de una actriz, ¿no? Y en paralelo aquí el consumo de anfetaminas pues se consolida porque ya no solo son para adelgazar en esta lucidez para poder seguir escribiendo de noche donde la noche se convierte en su verdadero territorio. Para este mismo año conoce en la escuela de periodismo a Juan Jacobo Bajarlía.

 Él daba literatura moderna y ella era la chiquilina de ojos grandes que se le acercó antes de una clase para hablar y a partir de ese día se empiezan a ver permanentemente. Fue su primer guía literario. En serio, le abrió las puertas de un universo que ella apenas intuía y juntos traducen a Paul Eduard, a André Bretón, ¿no?, que ya hemos hablado bastante sobre el surrealismo y él, y pasan nochas enteras en el estudio de él conversando, leyendo, corrigen poemas.

 fue la primera mirada autorizada a la que Alejandra le muestra lo que escribe y él ayude a corregir todos los textos que formarán la tierra más ajena, que es su primer libro. Presenta a su primer editor que es Arturo Cuadrado. La pone en contacto con Oliverio Girondo, Aldo Pellegrini, Enrique Pichón Rivier y acuérdense del nombre de Enrique porque va a ser importante más adelante en esta historia.

 Él le abre las puertas a estos cafés literarios de la bohemia porteña del grupo surrealista e invencionista argentino. Y bueno, aquí pues entre ellos también surge una clase de atracción. Y en 1955, por eso les digo que los latín del tiempo entre él y Guillermo se cruzan y entonces pues en 1955 Alejandra tiene un pleito con su mamá, no se sabe bien por qué se pelearon nada.

 Entonces Alejandra dijo, “Ya agarro mis maletas, me voy. Se va a parar enfrente de la casa, nos casemos”, le dice. Y él así de Y entonces Juan años después lo llamó una disparatada voluntad, pero pues rápidamente Alejandra se arrepiente de haberle pedido matrimonio. No. En su diario escribió que temía que casarse con él mezclara sus libros con los de él, que perdiera su libertad, su autonomía como escritora y concluyó tajantemente, “Jamás me casaré.

” Y también por estas fechas hay un chico que es el misterioso L. ¿Por qué L? Porque pues no sabemos cómo se llama. Ya así se refería a él. Es un chico que ella conoce a la salida de la escuela de periodismoción fue tan formal que fijaron una fecha de boda para el 22 de diciembre de 1955. Pero en julio de ese año todo se rompe, ¿no? Tienen una pelea y en su diario del 31 de julio Alejandra escribe, “Hace 10 minutos o menos que L se fue para siempre.

 Aún siento en mi rostro el sabor de las lágrimas derramadas en su hombro. Les digo, después de eso es cuando decide, “No, que no me va a casar nunca.” Y ella registra su incapacidad afectiva, ¿no? Lo toma como una decisión definitiva de la soledad, de entrega total, más bien hacia la literatura. Y a los 19 años Alejandra publica su primer libro que es La tierra más ajena.

 Elías Pisarnik, que es su papá, pues costea la edición completa de este libro. Su mentor, Juan Jacobo, la ayuda a corregir los poemas. Y les digo, todo ya estaba listo. Este libro sale a la luz y lo firma como Flora Alejandra Pisarnik. Es el único libro que lleva este nombre híbrido. El libro habla del amor como pérdida.

 Hay una sección, un signo en tu sombra donde ya se percibe una conciencia trágica de la experiencia amorosa. Alejandra sintió una ansiedad enorme por publicar porque pues obviamente ella quería triunfar, no quería ser alguien en el mundo literario, pero con los años termina renegando de este libro. Lo considera torpe, fallido, lo omitía de las listas de sus obras, le daba vergüenza y un año después, en 1956, publica La última inocencia.

 Es un libro corto, apenas tiene 16 poemas. Pero en esos 16 poemas, Alejandra encuentra su voz y lo dedica a León Ostro, que es su psicoanalista. Ella sentía que este análisis era fundamental para su capacidad de escribir, de crear. Y Ostrov para ella no solo era un médico, tengo entendido por algunas cosas que leí que hubo un momento en el que sentía algo por él, que hubo algo ahí, pero además pues es una figura que la apoya, ¿no? Y que le da afecto en medio de todo esto que está pasando.

 Y en la portada por primera vez firma como Alejandra Pisarnik. Los temas que la perseguirían para siempre ya están ahí. La muerte, la noche, el miedo, el sentimiento de ser una exiliada de la realidad, la duplicación del yo. El libro se mueve entre dos certezas, que la vida es destrucción y que la poesía es la única salvación posible frente al horror de la civilización.

 Y este mismo año pasa algo que también marca su camino, que es Roberto Juarro, que es un poeta que escribe la primera reseña importante que recibe la obra de Alejandra. Fue en la gaceta de Tucumán sobre la última inocencia. Ella leyó la crítica, lo contacta para agradecerle y lo invita a su casa en la avenida Montes de Oca 675. Y aquí empieza una amistad literaria profunda.

 Cierto, era 8 años mayor que Alejandra, pero aún así era joven y la verdad es que ella queda impresionada con él porque sabe las nuevas vanguardias. Está empapado pues de la poesía europea contemporánea. Ha leído todo y él al su vez se asombra de que esta chica tan joven conozca tamban bien a los surrealistas, ¿no? Y que tuviera una biblioteca tan refinada.

 Roberto se convierte en uno de estos jóvenes maestros para Alejandra y gracias a él ella llega a este grupo que se llama Grupo X, donde se reúnen en un sótano del centro de Buenos Aires para hablar de poesía, de teatro y ahí conoce a otros escritores y artistas de vanguardia y encuentra por primera vez un lugar donde pertenece.

 Los que la vieron en esa época la recuerdan como un pajarito asustado. Roberto y Olga Orozco usaban esa misma imagen, pero cuando hablaba de poesía, el pajarito desaparecía, aparecía la otra, la que ya sabía exactamente quién era. Y aquí Olga va a ser importante para Alejandra. Ellas se conocen en un bar que se llama El Fantasma, que tengo entendido que era de Olga y su esposo.

 Y para 1956 y 1957, pues ya son amigas muy cercanas. Tanto así que Alejandra llega a llamar a Olga su madre literaria y con ella logra esta intimidad, esta confianza y este amor que nunca logra tener con su mamá. En noviembre de 1958, Alejandra escribió: “Olga es el ser más maravilloso que conocí y si no lo hubiera conocido nunca, si no existiera, mi vida sería más pobre. Me lo digo con miedo.

Quisiera quererla siempre, pero serenamente, sin obsesiones. Las unía, pues obviamente, la poesía, una sensibilidad común entre ciertos autores y pintores, un intercambio de angustias metafísicas. Ambas estaban marcadas por preguntas y temores, pero había una diferencia fundamental. Olga tenía una dimensión religiosa que Alejandra nunca comparte.

 Para Alejandra, la muerte no es un misterio con respuesta, es un vértigo, un pavor mezclado con curiosidad infantil, le decía Olga. ¿Sabes? Yo quisiera morirme para saber qué hay detrás. Olga ejercía una ternura protectora ante el desamparo de Alejandra. Cuando los terrores nocturnos la atacaban, Olga inventó un ritual dictaba por teléfono certificados mágicos que Alejandra copiaba como amuletos para conjurar las fuerzas del mal.

 Gran parte de esta relación se daba a través de teléfono, se leían textos, se hacen bromas pesadas, se llaman a las 5 de la mañana para decirse adiós. Fue Olga en esos años que llevó a Alejandra por primera vez a la mítica de Oliviero Girondo y Nora Lunch, la puerta de entrada a la bohemia más alta de Buenos Aires.

 Y en paralelo, Alejandra se estaba metiendo de lleno en el mundo de la poesía de vanguardia, ¿no? se une al grupo Poesía Buenos Aires liderado por Raúl Gustavo Aguirre. El grupo se reunía semanalmente en dos lugares, el bar Palacio Docafé y el departamento de Jorge Souza en Caballí. En esas reuniones, Alejandra empezó a adquirir una estética propia, se fue alejando de las influencias de su primer libro y empezó a configurar su constelación temática definitiva, La muerte, El desamparo, la noche y la división de la subjetividad. Para 1958, a los 22 años,

Alejandra publica su tercer libro Las aventuras perdidas. Se editó Bajo el sello altar, que es el nombre alternativo de la editorial Poesía Buenos Aires, que dirigía Raúl Gustavo Aguirre y se lo dedica a Rubén Bela, que es un compañero de grupo. Los poemas individuales llevan dedicatorias a Olga Oroszco, Raúl Gustavo Aguirre, Leonostrop y Elizabeth Ascona Cranwell.

Su círculo íntimo estaba completo en estas páginas. Los temas estaban definidos con mucha claridad. La seducción por la muerte, el desajuste con la realidad vivida como exilio o caída, la soledad insoportable, la condición de extranjera en el mundo. Pero hay algo nuevo, un giro hacia el interior.

 Alejandra busca a esa otra de la infancia que pervive como un ángel. Aparece la figura del ángel nocturno caído y terrible. Aparece el pájaro atraído por la noche y la muerte. El libro rechaza explícitamente al mundo exterior, simbolizado por el sol. Se cierra con estos versos: Afuera hay sol, yo me visto en cenizas. Y para finales de 1958 y principios de 1959, Alejandra tiene una relación amorosa con Enrique Molina.

 Y Molina es una figura central del grupo surrealista en Argentina. frecuentaba la fantasma, ¿no?, que es este bar que ya hablamos, la casa de Girondo, los mismos círculos que ella, básicamente era mayor, era poderoso, era magnético y aparentemente Olga tiene sentimientos profundos hacia él y Alejandra lo sabía. Aún así, pues ellos tienen su romance, dicen que los encuentros fueron intensos, ella los describe en su diario como una atmósfera orgiástica, como entrar en el corazón de la selva física.

 Para ella era una forma de salir de sí misma, de quemarse en una espantosa lujuria, pero también lo siente como una traición hacia Olga. Y en un punto de esta relación, Alejandra le confiesa a Molina que pues ella tiene esta dificultad para relacionarse con las personas, ¿no? Y él le dice, “Conmigo no pasa porque yo te amo.” Poco después decidió cesar sus aventuras con hombres a pesar de tener una sed de sexualidad, pero la amistad con Molina aún así perdura.

 Y en 1959 es un año de tormenta para ella, porque sus diarios la muestran agitada, sospechando de todos. Se siente odiada, envidiada, calumniada. Llamaba idiota Elizabeth Ascona Crankwell, de quien sospechaba que la manipulaba por envidia. También sentía que Olga la envidiaba porque Alejandra era joven y la acusa aquí de ser fría, de abandonarla.

 En su casa las cosas no mejoran, ¿no? En una carta, un amigo definió su hogar como el seno duro y árido de la familia. seguía siendo esta chica rara, ¿no? Y para colmo tiene un amigo que dice, pues, ¿sabes qué? Yo me voy a ir a París. Y se va a París en el 59. Entonces, todo esto pues la hace sentirse aún más abandonada.

 Este año también deja de frecuentar el Grupo X. El sótano de poetas ya no se siente como su lugar. Algo se está cerrando y para el 31 de diciembre de 1959, Alejandra confirma que se va a ir a París y esta decisión pues se viene forjando desde el 55. Su psicoanalista le había dicho, “¿Sabes qué? Creo que es algo bueno que te vayas a París porque puede ser como pues de gran crecimiento para ti, para tu poesía, para tu arte, para todo eso.

Ella decía como claro es que si yo me voy a París que les digo desde chiquita idealiza, ¿no? Desde que lee los libros y todo y por fin voy a tener esta libertad que busc y así el 11 de marzo de 1960, a punto de cumplir los 24 años, se embarca a París y aquí pues la recibe su tío Simón Posarnik, ¿no?, que es hermano de su papá y la espera en la estación de trenes.

 Ahora, aquí Simón representa todo lo que Alejandra quería dejar atrás, la burguesía, el orden, la estabilidad, todo esto que pensaba que iba a liberarse pues una vez que llegara a París. La primera desilusión llega cuando se da cuenta que la casa del tío ni siquiera está como en París, París, no en el centro, sino que está en eh una población que está a 7 km de París.

Entonces, ella tenía esta ilusión, ¿no? que una tienda cuando es joven quiere ir a París, todos los trucos y y ella se imaginaba pues llegando a París en una casa ahí en el centro casi casi y bajar por un café y estar ahí viviendo la vida bohemia y todo eso. Cuando llegga y ver que la casa está en los suburbios, pues dice, “Es que esto no fue lo que yo me imaginé, ¿no?” Para empezar, Simón y su esposa tenían tres hijos, dos eran gemelos y tenían una niña menor que se llama Florence. este choque, ¿no? Porque

pues Alejandra fuma, los se quejan de que si deja manchada la sábana con maquillaje, ¿no? Bebé Wiis es una chica muy rebelde para los estándares que tienen ellos, ¿no? Porque eran superortodoxos, eran así de que no las cosas tanto así que le prohíben a los niños convivir con Alejandra, o sea, la ponen en un cuarto alejado de toda la familia, la planta baja, entonces pues para que no moleste a nadie, para que no no se encuentre con nadie.

 Aquí empiezan discusiones continuas, como se podrán imaginar, gritos y protestas de ambos lados, porque están chocando mucho. Y la única otra excepción era este tío Armán, que ya les había yo contado arriba, ¿no?, que había sido músico en su juventud y conservaba un estilo de sensibilidad artística. Gracias a él, ella consigue algunos de sus primeros trabajos y contactos.

 Y en mayo de 1960, 2 meses después de llegar, intenta vivir sola en un hotel, pero pues el dinero se le acaba bastante rápido y tuvo que volver a casa de sus tíos. Ella misma describió. Anduve mudándome bastante de piecita siniestra en piecita alegre para caer cuando el dinero finalizaba en las fausces de la familia.

 Hacia fines de junio o principios de julio, logra una nueva vida. consigue una habitación que ocupa gratis a cambio de trabajo. No era pues el París que ella soñaba, pero ya estaba viviendo en el centro de París y era un comienzo, ¿no? Y para subsistir Alejandra hizo de todo. Fue camarera, niñera, empaquetadora, secretaria.

consiguió un empleo. Les digo, cuando una niña, pero dice que la experiencia fue humillante porque la señora, pues la mamá la trataba así como como de y tienes que limpiar el baño y tienes que limpiar tal cosa, ¿no? O sea, cosas que tal vez no son de niñera. Y Alejandra dudó entre insultarla o seguir con lo que llamaba su experiencia flaubertiana.

Finalmente deja ese trabajo y regresa con sus tíos. Y gracias a la mediación de Octavio Paz, entró a trabajar como correctora de pruebas en la revista Cuadernos. a finales de 1960. Ella odiaba cumplir este horario de oficinista y este tipo de cosas, pero por lo menos le da cierta estabilidad hasta que la despiden en 1962.

y también escribe reseñas y artículos para Sur, Mundo Nuevo y el periódico venezolano La República. Formó parte del comité de redactores extranjeros de Letre Novela, pero siempre consideró que ganarse la vida haciendo cualquier cosa que no fuera escribir era una carga insoportable.

 Y además de todo esto, hay que sumarle que pues las pastillas y este consumo que ella tiene se vuelve parte del cotidiano. Tanto así que sus amigos le llaman a su departamento la farmacia por la cantidad enorme de fármacos, barbitúricos y anfetaminas que desbordaban del botiquín que ella tenía. Aquí empieza a alternar excitantes para poder escribir, hipnóticos para poder dormir.

 Pasaba días sin comer nada y además pues súmenles el consumo de pastillas para poder controlar el asma, los nervios, el sueño. Y para el 8 de enero de 1961 viene otra figura como la de L, ¿no? Donde no sabemos bien exactamente quién es, pero ella se refiere a esta persona en sus diarios como M. M es una mujer. En sus diarios ella lo escribe como una mujer, ¿no? Le dice ella y todo esto.

 Pero cuando quiso publicar estos diarios, quiso cambiar el el ella por él, porque yo no quería que la gente se enterara que se sentía atraída también por las mujeres. M es alguien a quien apenas conocía, pero que estaba fascinada con ella. y M no le hacía caso. Alejandra misma dijo que M era como un comodín en la historia de mi nostalgia, algo que usaba para llenar un vacío más que una persona real.

 La noche de enero, la frustración la llevó a ingerir 10 pastillas para el insomnio de una vez para callar el llanto. Era la primera vez que lloraba en años. Octavio Paz se convierte en su maestro y protector. La anima a pedir una becaenheimen inventa cualquier tema que pueda impresionar a los que dan las becas. Yo te ayudaré, le dijo.

 Con Julio Cortázar e Ivon Bordelois entabló una amistad profunda, pero incluso en medio de estas amistades la soledad no desaparecía. Había cambiado de país, pero aún así la soledad estaba dentro de ella. También en esta etapa conoce a un poeta colombiano que se llama Jorge Gaitán Durán. Él tiene 37 años y dicen que era muy bello y dirigía una revista literaria importante que se llamaba Mito.

 Era una figura central de la cultura latinoamericana. Alejandro lo escribió como un hombre solar, lleno de luz y vitalidad, todo lo contrario a su mundo interno, que era más bien nocturno y oscuro, pero se entendían profundamente, compartían obsesiones, el erotismo, la muerte, el desorden, la destrucción. Los dos leían al marqués de Sade.

 Los dos entendían la poesía como una exigencia total. No solo fueron amigos, fueron algo más. De hecho, Alejandra le confiesa a su psicoanalista que según Alejandra, él la había sacado de su miseria y hasta tenía planes de casarse con él. Por primera vez en mucho tiempo tuvo esperanza un proyecto de vida, alguien con quien compartir el mundo.

 Pero el 22 de junio de 1962, Jorge fallece en un accidente de avión. El avión se estrella en la isla Guadalupe durante una tormenta cuando él volvía a Colombia. Alejandra quedó destrozada. Dolor, ira, una sensación de injusticia total le dedicó el poema Memoria y que después aparece en su libro Los trabajos y las noches de 1965. Y probablemente esta pérdida la empujó aún más hacia una poesía que ya no hablaba de la vida, sino de la muerte y el silencio.

 Ese mismo año publicó Árbol de Diana, el libro que la consagró como la voz más importante de su generación. Octavio Paz le escribió el prólogo. Era un libro breve, intenso, perfecto. Y en agosto de 1963, Alejandra queda embarazada. Aquí también es otro personaje donde no sabemos exactamente quién es, pero en sus diarios ella lo llamaba C y decía que era un joven pintor italiano.

 Ella no quería tener ese hijo. Dijo, “Estoy en cinta y quiero abortar, pues no quiero que mi hijo sea un hijo de puta.” El 30 de septiembre de 1963, Alejandra termina el embarazo. Su depresión se volvió mucho peor. Dejó de bañarse, comía compulsivamente y después vomitaba. Su habitación se convirtió en un basurero con olor insoportable y la echan de su vivienda.

 También cuentan que hay un momento en el que cuando ella va al doctor se ve a un espejo y en lugar de verse a sí misma en ese espejo ve a su mamá. Ella sintió que ella era su madre en ese momento, ¿no? Corriendo a abortar a fin de que yo no naciera. Como si este aborto no solo fuera para terminar un embarazo, sino para cortar algo de ella misma.

 Después de un viaje a Sanropez, volvió a París con los ojos amarillos, el el hígado afectado, la piel enferma y los dientes negros por el tabaco. Y los medicamentos seguían creciendo. Cada vez tenía más pastillas para dormir, para despertar, para calmar la angustia, para escribir. El cuerpo ya era un campo de batalla. Aunque Alejandra no quería regresar a Buenos Aires, para 1964 ya no puede más.

 Y tiene varias razones para regresar. En primera, su mamá se enferma. aunque la relación fuera muy difícil, pues no era un lazo que ella pudiera romper. La segunda era que ya se estaba quedando sin dinero y la tercera fueron las faltas de remedios. ¿A qué me refiero con esto? Pues que en París no era tan fácil conseguir todas estas pastillas que ella tomaba como lo era en Argentina.

 Y pues así regresa a Argentina. Y también aquí hay algo que hay que aclarar, pues deja también a su psicoanalista León Ostrof. Se aquí cuando regresa se integra rápido a un grupo de la revista Sur en la redacción del diario La Nación. Ellos cenan en el restaurant Edel Wise en la galería El Taller y a través del sur conoce a Silviana Ocamp.

 No se sabe exactamente cuándo fue el primer encuentro, pero esta relación se vuelve más fuerte una vez que Alejandra regresa de París. La amistad fue una pasión que se encendió rápido. Tenían todo para entenderse. Compartían los mismos dominios ilícitos en la literatura, la infancia, la muerte, el erotismo, la perversión. Y las dos miraban el mundo como niñas rebeldes que se negaban a crecer.

También compartían un humor muy parecido, verbal, obseno, capaz de encontrar doble sentidos sexuales en cualquier palabra inocente. Se parodiaban, se provocaban, se reían. El teléfono sonaba todas las noches para leerse textos, para reírse de otros, para aplicarse refinadas crueldades. Silviana solía llamar a las 5 de la mañana solo para decirle que se iba a París y despedirse.

 Alejandra, por su parte, se burlaba de la voz de cabra de Silviana. Te mandaban regalos todo el tiempo. Silviana le enviaba tortas de chocolate o frascos de dulce de leche. Alejandra respondía con dibujos colash y cartas llenas de fervor. Entre ellas había fascinación, juegos verbales y una tensión amorosa que nunca terminó de definirse de nuevo.

 Y pues aquí también regresa a la casa de sus papás. Ella lo siente como una cárcel después del todo de esta libertad que tuvo en París. En 1965 publicó Los Trabajos y las noches. El libro fue un éxito de crítica y le valió el primer premio municipal de poesía. Publica también La condesa sangrienta, un texto de prosa sobre una condesa húngara que asesinaba jóvenes para bañarse en su sangre.

 Y se acuerdan que les conté de Enrique Pichón Riviere, pues en mayo de 1965 él se convierte en su nuevo psicoanalista. y él es uno de los psicoanalistas más famosos de Argentina. Ella llegó porque es amiga de Marchelo, que es hijo de este doctor y Alejandra pues no tenía dinero, pero Enrique no le cobraba a sus pacientes que no tenían recursos para pagarle.

 Él tenía pues un interés intelectual también con ella, ¿no? Él era un apasionado del fenómeno creador y había estudiado a uno de los poetas que Alejandra admiraba mucho. Para ella ser analizada por él era una fiesta, pero la realidad es mucho más complicada porque dicen que Enrique recetaba cócteles psicofármacos y no solo ella era conocido en el ambiente psicoanalítico argentino por medicar fuerte a sus pacientes y por consumir él mismo estas drogas psicotrópicas.

 Para el 18 de enero de 1966, el papá de Alejandro está en la casa, se está afeitando y le da un infarto y fallece. Tenía 65 años. Alejandra recibe la noticia y llama a su amiga Olga Orozco para que la acompañe al funeral. Esa noche Alejandra estaba devastada. Unos días después escribió en su diario: “Muerte inacabable, olvido de lenguaje y pérdida de las imágenes.

 Cómo me gustaría estar lejos de la locura y de la muerte. La muerte de mi padre hizo mal a mi muerte. El 29 de abril de 1966, 11 días después de la muerte de su papá, ella cumple 30 años y anotó, “Heme aquí llegada a los 30 y nada sea aún de la existencia. Lo infantil tiende a morir ahora, pero no por ello entro en la adultez definitiva.

 El miedo es demasiado fuerte, sin duda, pero aceptar ser mujer de 30 años, me miro en el espejo y parezco adolescente. Para 1967, pues ella sigue con su psicoanálisis con Enrique, pero pues cada vez le receta cosas más fuertes y ella escribe, “Lo que me deja peor es todo lo que me complicó con esos remedios idiotas.

 Un año de Ospolot, resultado: pienso más despacio y más confusamente que antes. En junio de 1967 anotó que el alopidol le había quitado la disposición sexual, que era lo único que sentía como respuesta ante la melancolía. Le estaba secando hasta eso. A pesar de todo, empieza a escribir bastante. Trabaja en los textos que después formarían extracción de la piedra de locura, su libro más importante que publicará en 1968.

 En esos poemas, la muerte ya no es una idea lejana. Es un personaje con el que convive, habla con ella, bromea, tiene sexo con ella, la recuerda desde la infancia. La palabra poética era lo único que podía vivificar la muerte, darle vida a lo que no tiene vida, pero también era lo que la mantenía atada esa obsesión.

 Y aquí empieza a rodearse de poetas más jóvenes que ella, a quienes trataba con generosidad y como iguales. También conoce a Antonio López Crespo. Julio Cortázar le había enviado un libro de poemas de Antonio para que lo leyera y así empieza una amistad que durará hasta el final. Antonio se convertirá en un amigo y protector fundamental.

 Y para el 20 de febrero de 1968, la mamá de Alejandra ya había vendido el departamento donde fallece el papá y con ese dinero le compra su propio departamento a Alejandra. Y aquí pues ella empieza otra vez en este espacio que solo para ella, puede escribir donde puede recibir amigos, ¿no? Donde puede estar toda la noche sin que nadie la moleste.

 Y pues ella misma decía que este era un paso hacia la independencia, aunque la casa lo hubiera pagado su mamá. Ese mismo año aplica a la becaenheimen, que sabemos que es uno de los reconocimientos más importantes que puede tener un artista o un intelectual. es una cantidad de dinero grande que le dan y su oficio de poeta, de escritora, empieza a quedar legitimado frente a todos, ¿no? Eh, también sus amigos dicen que ella malgastó un poco este dinero porque si compraba cuadernos, lápices, pues todo eso para escribir, que si le compró algunas lapiceras finas y hacía

su psicoanalista, que hizo regalos pues a sus amigos, decían así como pues no era una persona que supiera administrar muy bien el dinero, pero que tampoco le importaba mucho. Y ahora sí publica su libro Extracción de la piedra de locura. El libro marca un antes y un después, ya no eran los poemas breves y brillantes de El árbol de Diana.

 Ahora escribe poemas en prosa más largos, más oscuros. La muerte aparece de una manera más directa, más alucinada. La misma Alejandra dijo que este libro cerraba una puerta en su producción y no se podía seguir escribiendo igual después de eso. Y hacia 1968 también conoce a una fotógrafa que se llama Daniela. Y aquí Daniela pues la acompaña en su casa, la ayuda a arreglarlo todo esto y los amigos de Alejandra ven esta relación como algo positivo, ¿no? Porque el Daniela lograba algo que nadie había logrado antes, vencer el insomnio de

Alejandra, pero en su diario Alejandra escribía cosas más complicadas. Llamaba a Daniela con la inicial F y describía la convivencia como infinitamente opaca. Sentía que Daniel estaba con ella, sobre todo porque necesitaba un lugar para vivir. Además, su forma de amar era implacable. Exigía tensión total.

 Hacía demandas desmesuradas. tenía tiranías infantiles. Era difícil de sostener una relación así por mucho tiempo. A pesar de este éxito, la salud mental sigue empeorando. En su diario, a principios del 68, registra episodios de terror y semiasficia vinculados con los nuevos medicamentos que toma.

 También en este año tiene un ataque de pánico porque piensa que la nación escribió una crítica mala sobre su libro y le llama a su mamá, le pide que lo lea y la mamá le dice, pues es una nota interesante, no necesariamente mala, pero el miedo ya había hecho su efecto. Y en el 69 con la becaхenheimen viaja a Europa otra vez, primero hace una parada de en Nueva York, pero no le gusta nada.

 dice que es una ciudad feroz y vacía y cuando llega a París ya no siente esa ciudad como suya, ¿no? Para empezar, los amigos que tenía ahí con los que se relacionó la primera vez que fue decía como de pues ya tienen estos trabajos de oficinistas, ya tienen ya no pueden venir toda la noche aquí a hacer fiesta o verme en un café a tal hora de la tarde, ¿no? Entonces, pues para ella le parece aburrido, ya no le parece un lugar donde pertenezca y a pesar de las crisis escribe y publica cosas importantes.

 En España se publica su prosa El hombre del antifaz azul y el libro Breve, Nombres y figuras. Entre julio y agosto escribe su única obra de teatro, Los Poseídos entre lilas. En esa obra convivían todas sus voces, la niña, la poeta, la adolescente procas, la figura acechada por la muerte.

 Para regresar a esta amistad con Silviana, pues le escribía cartas llamándola mi amor. Le decía cuánto sufría por ella, pero Silvana mantenía una distancia cautelosa. En sus propios escritos apenas hay referencias hacia Alejandra, o sea, el enamoramiento no era recíproco en la misma medida y eso vuelve loca a Alejandra. pasaba del amor extremo al rechazo absoluto y además empieza a sospechar que le hace magia negra, ¿no? O sea, ella tiene un periodo donde hay mucho malestar físico, emocional y entonces ella empieza a tener estos miedos extraños que anota en

su diario donde tiene el temor de que alguien pudiera estar practicando magia negra contra ella. Primero piensa en Elizabeth Ascona Cranwell, pero después sospecha de Silviana y llega a escribir y en ese que inspiró. ¿Acaso ella quien me desea todos los males? En 1970, después de una pelea, fue más lejos y llamó a Silviana insecto dañino y bruja mediocre.

 Aquí Alejandra empieza a encerrarse, ya no sale los cafés, ya se siente agotada, pues empieza a encerrar pues en su propio mundo, ¿no? Y las pastillas no le ayudan tampoco. Tomaba anfetaminas para estar despierta y escribir de noche, los hipnóticos para poder dormir de día. El cuerpo pues ya no estaba aguantando todo este ritmo que ella estaba llevando y los ciclos de euforia y depresión eran cada vez más extremos.

 En 1970 ella hace su primer intento de suicidio formal. Ella se toma una dosis fatal de barbitúricos. Llama a su mamá, a su médica y a Olga para despedirse de ellas. La llevan de urgencia al hospital y estuvo en coma, pero pudo sobrevivir. En su diario no escribe nada de este episodio, es como si no hubiera pasado. Y ese mismo año conoce a Marta Isabel Moya, una lingüista que trabajaba en la comisión Fullbright.

 Alejandra la describía con una pasión que la llevaba del cielo al infierno. Sentía que Marta era la única que podía sacarla de ese lugar más triste que el nacimiento. Llegó a decirle a una amiga que por este amor estaría dispuesta a dejar la poesía, elegir el amor sobre la escritura. La relación es un sub y baja constante. Alejandra exigía un amor absoluto, total, permanente y Marta pues quería ser más cautelosa, ¿no? Más distante y eso vuelve loca a Alejandra.

 En 1971 hace un segundo intento de suicidio, primero con pastillas y un mes después quiso envenenarse con gas. La internaron en la sala 18 de psicopatología. Estuvo ahí 5co meses de junio a noviembre. En el hospital recibe visitas de sus amigos que la acaban a pasear para aliviar la tristeza.

 También conoció a Rubén Brahim, un joven interno con quien hizo una amistad basada en el silencio y la comprensión mutua. Y en julio le propone a Enrique, que es su psicoanalista, que le diera la dosis exacta de barbitúricos para morir sin miedo. El doctor, pues se niega, ¿no? 11 días después de recibir el alta, el 21 de noviembre de 1971, intenta ahorcarse.

 En diciembre de 1971 se publica infierno musical, pero ella sentía que ya no podía escribir. Había perdido el lenguaje poético, que la locura era irreversible. En junio de 1972, Alejandra registró una visita a Silviana, donde confesó haberla besado y tocado demasiado. Sintió que la había asustado, pero a pesar de todo, Silviana siguió siendo para ella una figura inalcanzable y adorable, alguien que nunca pudo dejar de querer del todo, aunque la relación estuviera llena de sombras.

 Para 1972 la dependencia de los fármacos ya era masiva, tomaba da prisal constantemente. Su amigo Fernando Noi contó que consumía un frasco entero de actemín por día, además de otras sustancias. En su diario, la obsesión por el suicidio se volvió explícita. El 19 de febrero anotó muy pronto tengo que matarme. Averiguar, revolver.

 Y dibujó armas de fuego en distintos tamaños. También hacía listas de combinaciones de pastillas buscando la fórmula infalible. Su relación con Marta era cada vez más dolorosa. En febrero escribió que nadie la había herido tanto como Marta, pero que tampoco había querido tanto a nadie. A principios de septiembre, Marta se fue a Estados Unidos por una beca.

 Alejandra lo vivió como un abandono definitivo. El 22 de septiembre le pide prestado a un amigo la novela niebla de Miguel Unamuno. La historia de un personaje que reclama su derecho al suicidio. El domingo 24 de septiembre recibe una amiga en su departamento. Se mostró alegre, arreglada, con la casa en orden. No daba señales de nada.

 Ese mismo día hizo la última entrada en su diario, reflexionó sobre el odio y su amor por Marta y dijo, “Si abandono las perspectivas de la acción, mi perfecta desnudez se me revela. Estoy en el mundo sin recursos, sin apoyo. Me hundo. En la madrugada del 25 de septiembre de 1972 tomó 50 pastillas de seconal sodico. Antes llamó tres veces al estudio de su amigo Antonio López Crespo.

 Le dejó mensajes. Antonio, me tomé una sobredosis de pastillas, ayúdame. Y Antonio, por favor, me siento mal. Ese mismo lunes, Ana Becuchi tenía previsto pasar por el departamento de Alejandra para recoger unos libros. Tocó el timbre una y otra vez y nadie le responde. Preocupada le pide al portero que le abra la puerta.

 Al entrar encuentra el cuerpo de Alejandra. Todavía conservaba de vida. En medio del caos, Ana consiguió un taxi y la llevó al hospital. Pero ya era demasiado tarde. Alejandra murió en sus brazos. Días después, Ana le escribió a un amigo en común. Murió en mis brazos. Estaba muy bella, como ella quería. Y en el pizarrón de trabajo de Alejandra había quedado escrita una frase: “No quiero ir nada más que hasta el fondo.

” La velaron en la sede de la SADE, la Sociedad Argentina de Escritores. La enterraron el miércoles 27 de septiembre en el cementerio judío de la Tablada. Algunos amigos recordaron que ese día llovía, otros que había sol. Tenía 36 años. Simplemente no soy de este mundo. Yo habito con frenecí la luna. No tengo miedo de morir.

 Tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva. No puedo pensar en cosas concretas. No me interesan. Yo no sé hablar como todos. Mis palabras son extrañas y vienen de lejos. Me iré y no sabré volver. Toda la información para este video la saqué de este libro. Si les gustó el video, le pueden dar like, se pueden suscribir, me pueden dejar un comentario, si lo están viendo desde su celular, le pueden dar hype.

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