Asi FUE la LUJOSA VIDA de JOAQUIN PARDAVE – Ranchos, Carros Lujos

Asi FUE la LUJOSA VIDA de JOAQUIN PARDAVE – Ranchos, Carros Lujos

Hoy vamos a descubrir cómo vivió realmente Joaquín Pardabé, el hombre de los 1000 talentos que conquistó el cine mexicano con su ingenio, su música y su capacidad única para hacer reír y llorar al mismo tiempo. Acompáñanos a conocer la fortuna, los lujos y el legado que dejó uno de los artistas más completos que ha dado nuestro país.

 Y te aseguro que este recorrido por la vida del genio que escribió negra consentida y protagonizó más de 100 películas te va a fascinar. Comencemos. Joaquín Pardéarce nació el 30 de septiembre de 1900 en una habitación de hotel en Pénjamo, Guanajuato. Fue el mayor de tres hermanos, José, que también sería actor, y Julia, que radicó en España.

 Su nacimiento fue casi teatral, como presagiando el destino que le esperaba. Sus padres, Joaquín Pardavé, padre, actor de gran renombre, y Delfina Arce, notable cantante de sarzuela, eran artistas españoles que habían llegado a México buscando oportunidades en el teatro. Crecer en una familia de artistas españoles en el México postrevolucionario significaba vivir entre bambalinas, entre ensayos y funciones, entre aplausos y silvidos.

Joaquín prácticamente nació sobre un escenario. Sus padres lo sacaban en brazos al escenario cuando era bebé, convirtiéndolo en parte del espectáculo desde antes de que pudiera caminar. Su primer papel oficial llegó a la increíble edad de 4 años en la obra La Cara de Dios. Imagínense a ese niño pequeño en el escenario recitando líneas que apenas comprendía, recibiendo los aplausos del público.

 Esa experiencia marcó su vida para siempre. El teatro no era solo el oficio de sus padres, era su mundo entero. Joaquín estudió la primaria en la escuela San Luis Gonzaga, la secundaria y preparatoria en el Vasco de Quiroga. A los 15 años tomó un curso de pintura en la prestigiosa escuela de San Carlos, demostrando desde joven esa versatilidad artística que lo caracterizaría toda su vida.

 Tenía talento para todo, actuación, música, pintura, escritura. Pero la tragedia llegó cuando Joaquín tenía apenas 16 años. Su madre, la cantante que lo había arrullado con sarzuelas españolas, falleció. Como hijo mayor, Joaquín tuvo que dejar los estudios para trabajar y sostener a sus hermanos menores. Era demasiado joven para tanta responsabilidad, pero respondió con la madurez de un hombre hecho y derecho.

Fue en ese año doloroso, 1916, cuando Joaquín escribió su primera composición musical, Mi Carmen, dedicada a su novia de entonces, Carmen Delgado. La música se convirtió en su refugio, en la forma de expresar lo que no podía decir con palabras. Componerlo ayudó a procesar el dolor de perder a su madre. Por necesidades económicas, Joaquín se trasladó a Monterrey, Nuevo León, donde vivió entre 1916 y 1917.

Allí consiguió trabajo en los ferrocarriles nacionales de México como ayudante de telegrafista en la estación Paredón. Era un trabajo honesto, con sueldo fijo, lejos del mundo incierto del teatro. Joaquín demostró ser responsable y dedicado, ascendiendo pronto en el empleo, pero el teatro lo llamaba, las carpas lo llamaban, el escenario lo llamaba con una voz que no podía ignorar.

 En 1919, su tío Carlos Pardabé, también actor, lo contactó con una oferta que cambiaría su vida. Había una oportunidad en el teatro en la Ciudad de México. Joaquín dejó el empleo seguro en los ferrocarriles y regresó a su verdadera vocación. En abril de 1919, Joaquín debutó oficialmente como actor profesional en el teatro ideal de la Ciudad de México, formando parte del elenco de la obra Los hijos del capitán Grant.

Tenía 18 años y toda una carrera por delante. Iniciaba así, de manera formal una trayectoria que sería brillante, prolífica y absolutamente única en la historia del espectáculo mexicano. Durante los años 20, las carpas eran la universidad del espectáculo mexicano. Ahí se forjaron los grandes cómicos. Ahí se creó el lenguaje de la comedia nacional.

 Joaquín desarrolló personajes memorables en las carpas. hacía imitaciones perfectas de estadounidenses, de orientales, de españoles. Sus es sketches ridiculizando a los gringos arrogantes eran especialmente populares en el México postrevolucionario. Creó personajes como Booster Keaton, el chino y el Loco, que el público adoraba.

 Trabajó en pareja con Roberto el panzón Soto, padre del famoso cómico Fernando Soto Mantequilla, formando uno de los dúos cómicos más exitosos de las carpas. Juntos perfeccionaron el arte del timín cómico, la improvisación, el manejo del público. Fue en el teatro donde Joaquín conoció en 1925 a Soledad Rebollo, tiple de la compañía donde trabajaba.

 Soledad tenía voz hermosa y presencia escénica encantadora. Joaquín se enamoró perdidamente. Le compuso Varita de Nardo, una canción delicada y romántica que capturaba perfectamente lo que sentía por ella. Joaquín y Soledad contrajeron matrimonio el 26 de octubre de 1925. Ella se convirtió en el amor de su vida, su musa, su inspiración constante.

 La llamaba cariñosamente cholita. Para ella compuso algunas de sus canciones más hermosas: Plegaria, Bésame en la boca y la que se convertiría en su mayor éxito como compositor. Negra consentida. El matrimonio fue sólido, duradero, lleno de amor genuino. Soledad dejó el teatro para dedicarse al hogar, apoyando incondicionalmente la carrera de Joaquín.

 era su primera crítica, su consejera, su refugio. En un mundo de egos inflados y relaciones efímeras del espectáculo, Joaquín y Cholita representaban la estabilidad del amor verdadero. El cine llegó a la vida de Joaquín en 1919 cuando debutó en la película Muda Viaje Redondo, dirigida por José Manuel Ramos y estrenada en 1920. Tenía apenas 19 años.

 Era el cine silente, donde todo se comunicaba con gestos exagerados, expresiones faciales intensas. Joaquín, con su experiencia teatral, era perfecto para ese tipo de actuación. Su primera película sonora fue El Águila y El Nopal en 1929, estrenada en 1930. El cine sonoro estaba apenas naciendo en México y Joaquín fue parte de esa transición histórica.

 realizó un papel de villano en Águilas frente al Sol en 1932, demostrando su versatilidad actoral, pero fue en los años 40, durante la época de oro del cine mexicano, cuando Joaquín explotó como estrella. No solo actuaba, también dirigía y escribía guiones. Era un artista completo que entendía el cine desde todos los ángulos.

 En 1940 participó en la icónica y está el detalle junto a Cantinflas interpretando a Cayetano Lastre. La película se convirtió en un clásico instantáneo. Joaquín demostró que podía compartir pantalla con la estrella más grande de México sin perder protagonismo. Joaquín escribió y dirigió el Baisano Jalil en 1942, una película revolucionaria que narraba con humor y humanidad la vida de los inmigrantes libanes cuando llegaron a México a principios del siglo XX.

Interpretó a Jalil Farad, el protagonista, con un acento árabe perfecto que no era ofensivo, sino entrañable. La película fue un éxito monumental que consolidó a Joaquín como director de primera línea. México, de mis recuerdos, en 1943 fue otra obra maestra donde Joaquín creó al inolvidable don Susanito Peñafiel y Somellera, un personaje que se convertiría en icónico.

 Con bigote elegante, traje impecable y modales de la aristocracia porfiriana, don Susanito representaba la nostalgia por el México anterior a la revolución. Los hijos de Don Benancio en 1944 trataba la vida de un español dueño de una tienda de abarrotes cuyos hijos y empleados eran apasionados del fútbol. Joaquín interpretó a don Benancio Fernández con una calidez que hacía que el público se identificara con ese padre trabajador que amaba a sus hijos por encima de todo.

 El ropavejero en 1947 fue una película más dramática donde Joaquín interpretó a Cirilo, un hombre humilde que recogía ropa vieja. demostró que podía manejar el drama con la misma maestría que la comedia, arrancando lágrimas en lugar de risas. La familia Pérez en 1948, donde interpretó a Gumaro Pérez, el jefe de familia totalmente dominado por su esposa, fue una comedia brillante que reflejaba con humor la dinámica familiar mexicana.

 Durante más de 35 años, Joaquín participó en 105 películas, dirigió 24 de ellas y escribió docenas de guiones. Trabajó con todas las grandes estrellas del cine de oro. Sara García formando duplas memorables, Mario Moreno Cantinflas, Pedro Infante, Germán Valdés, Tintán, Silvia Pinal, Ninón Sevilla, Arturo de Córdoba, Fernando Soler, Marga López y muchos más.

 Pero Joaquín no era solo actor y director, era también compositor prolífico. Escribió más de 50 canciones que se convirtieron en clásicos de la música popular mexicana. Negra consentida fue interpretada por las grandes voces de la época y sigue siendo un estándar. Varita de nardo, la  falsa, no hagas llorar a esa mujer.

 Ventanita morada, Pénjamo dedicada a su tierra natal y su última canción Ando picado dedicada a Miguel Acéz Mejía. Pedro Infante y Toña, la Negra grabaron sus composiciones. La canción que le dio mayores satisfacciones fue Negra consentida, escrita para su esposa Cholita. Cada vez que la escuchaba interpretada por otros artistas, sonreía con orgullo sabiendo que había nacido de su amor por soledad.

Joaquín Pardavé se convirtió en una institución del espectáculo mexicano. Actor, director, guionista, compositor, pintor, escritor de obras de teatro. Era la definición misma del artista renacentista mexicano y todo lo hacía con una calidad extraordinaria, con profesionalismo ejemplar, con dedicación absoluta.

 Pero, ¿de cuánto estamos hablando realmente cuando mencionamos su fortuna? ¿Cómo vivía el hombre que hacía reír a millones? Prepárate porque los detalles te van a impresionar. Su fortuna. Joaquín Pardabé fue uno de los actores mejor pagados del cine mexicano durante las décadas de 1940 y principios de los 50.

 Su versatilidad como actor, director, guionista y compositor le permitió generar ingresos desde múltiples fuentes, acumulando una fortuna considerable para su época. Como actor, Joaquín ganaba entre 30,000 y 40,000 pesos por película en el cine mexicano durante los años 40. Para ponerlo en perspectiva, estaba en el rango de Jorge Negrete, que ganaba 75,000 pesos, y por debajo de Arturo de Córdoba, que ganaba 100,000 pes, pero muy por encima del actor promedio, que ganaba 8000 a 12,000 pes por película.

Esos 35,000 pesos promedio de mediados de los años 40 equivaldrían aproximadamente a entre 350,000 y 400,000 pesos actuales por cada película como actor. Y Joaquín filmaba constantemente. En sus años más productivos hacía entre cuatro y seis películas anuales, generando ingresos de entre 140,000 y 210,000 pesos de la época solo por actuación.

 Pero aquí viene lo verdaderamente interesante. Cuando Joaquín dirigía sus propias películas, cobraba honorarios adicionales como director. Por dirigir una película ganaba entre 15,000 y 25,000 pesos adicionales. Y cuando escribía el guion sumaba otros 8,000 a 12000 pes. Esto significa que en una película donde actuaba, dirigía y escribía el guion como Elisano Jalil o Los hijos de Don Benancio, Joaquín podía ganar entre 55,000 y 75,000 pesos totales.

 Casi tanto como Jorge Negrete por solo actuar. Haciendo los cálculos, en un año productivo donde hacía tres o cuatro películas como actor director guionista, Joaquín generaba ingresos anuales de entre 200,000 y 300,000 pesos de la época, equivalente a entre 2.5 y 4 millones de pesos actuales. Era una cantidad extraordinaria que lo colocaba entre los artistas mexicanos más ricos de su generación.

 Sus composiciones musicales también le generaban ingresos significativos. Cada vez que una de sus canciones era grabada en disco, Joaquín recibía regalías. Negra consentida fue grabada por docenas de artistas diferentes, generándole regalías constantes año tras año. Por cada canción grabada en disco de 78 revoluciones, Joaquín recibía entre 500 y 1000 pesos de regalías iniciales, más porcentaje sobre las ventas.

 Sus 50 canciones más populares le generaban un ingreso anual de regalías de entre 15,000 y 25,000 pesos durante su mejor época en los años 40. No era tanto como sus ingresos por cine, pero era dinero adicional que llegaba constantemente sin que tuviera que trabajar activamente. Joaquín también participaba en campañas publicitarias ocasionales.

 Su imagen de comediante querido era perfecta para anunciar productos populares: cigarrillos, bebidas, ropa. Por estas campañas cobraba entre 3000 y 8000 pes, equivalente a entre 40,000 y 100,000 pesos actuales por campaña. Además, Joaquín hacía presentaciones teatrales en vivo, incluso durante su época de estrella de cine.

 Cuando había temporada teatral, podía ganar entre 2000 y 5000 pesos por función. En una temporada de 20 funciones, eso sumaba entre 40,000 y 100,000 pesos adicionales. Sumando todas sus fuentes de ingreso, actuación, dirección, guiones, composiciones musicales, publicidad, teatro. Joaquín ganaba anualmente el equivalente a entre 3 y 5 millones de pesos actuales durante su mejor época entre 1940 y 1954.

Era una fortuna considerable que le permitió vivir con gran comodidad y acumular patrimonio significativo. Durante su carrera de 36 años activos 1919 a 1955, Joaquín acumuló una fortuna estimada en 3 millones de pesos de la época, equivalente a aproximadamente 60 millones de pesos actuales. No alcanzó los niveles estratosféricos de Cantín Flas o María Félix, pero vivió como un rey y dejó a su esposa Soledad en una posición económica muy cómoda.

 Joaquín no era ostentoso ni gastaba en lujos innecesarios. Invertía en propiedades, ahorraba con disciplina y vivía con la comodidad apropiada para una estrella sin caer en excesos. Sus propiedades. La colección de propiedades de Joaquín Pardabé reflejaba su estatus como una de las estrellas más importantes del cine mexicano.

 A diferencia de actores que solo filmaban, Joaquín necesitaba espacios donde pudiera escribir guiones, componer música, ensayar papeles y dirigir su carrera multifacética. Residencia principal en la colonia Juárez. Como estrella consolidada del cine mexicano, Joaquín adquirió su residencia principal en la colonia Juárez, una de las zonas más elegantes de la Ciudad de México en los años 30 y 40.

 La colonia Juárez era el hogar de artistas, intelectuales y empresarios exitosos. Aquí vivían escritores, pintores, músicos y las estrellas del cine y el teatro. La casa de Joaquín estaba ubicada en la calle Lucerna, una de las arterias principales de la colonia. La adquirió en 1935 cuando su carrera cinematográfica comenzaba a despegar.

 Era una residencia de estilo francés típico de la época porfiriana, con balcones de hierro forjado, techos altos con molduras y ventanas amplias que dejaban entrar la luz natural. La propiedad tenía 320 m² de construcción en un terreno de 450 m². La casa contaba con cuatro recámaras cada una con su propio baño, sala de estar con piano de cola donde Joaquín componía sus canciones, Comedor formal con capacidad para 10 personas, biblioteca estudio donde escribía guiones y guardaba partituras musicales, cocina espaciosa, cuartos de servicio y un pequeño patio

trasero con jardín donde Joaquín cultivaba rosas. El estudio era el corazón de la casa. Allí Joaquín pasaba horas escribiendo. Tenía un escritorio amplio de madera de caoba, estantes llenos de libros sobre teatro y cine, partituras musicales apiladas, guiones de sus películas, premios y reconocimientos en vitrinas.

 En las paredes colgaban fotografías de Joaquín con las grandes estrellas con quienes había trabajado. Cantinflas, Sara García, Pedro Infante, Tin Tan. El piano de cola en la sala era un estenguay importado de Estados Unidos que le había costado 8000 pesos en 1936. Una fortuna en aquella época. Joaquín lo tocaba cada noche después del trabajo, componiendo melodías, experimentando con armonías.

 Era ahí donde nacían canciones como Negra consentida y varita de nardo. La casa le costó 65,000 pes en 1935, una inversión considerable. La pagó en dos exhibiciones, 25,000 pesos de enganche y el resto a 3 años. Para 1938 ya la había terminado de pagar completamente con las ganancias de sus películas. En valor actual, esa propiedad valdría entre 25 y 35 millones de pesos, considerando la ubicación privilegiada en la colonia Juárez.

 Aquí Joaquín vivía con su esposa Soledad en un ambiente culto y refinado. La casa era refugio donde podía ser simplemente Joaquín, el compositor, el escritor, el esposo enamorado. También era lugar de reuniones con colegas del medio artístico. Fernando Soler era visitante frecuente. Sara García pasaba tardes conversando con soledad mientras Joaquín tocaba el piano.

 Roberto Soto venía a recordar los viejos tiempos de las carpas. Casa de descanso en Cuernavaca. En 1945, cuando ya era una estrella consolidada con ingresos muy altos, Joaquín compró una casa de descanso en Cuernavaca. Como muchas estrellas de la época, necesitaba un refugio lejos del bullicio de la Ciudad de México, donde pudiera descansar entre filmaciones.

 La propiedad estaba ubicada en la zona residencial de Vista Hermosa, con vista espectacular al Valle de Cuernavaca. Era una casa de estilo colonial mexicano con paredes blancas, tejas de barro, arcos de cantera y corredores amplios. tenía 250 m² de construcción en un terreno de 800 m².

 La casa contaba con tres recámaras, dos baños completos, sala con chimenea, comedor rústico, cocina tradicional y una terraza cubierta con hamacas donde Joaquín pasaba tardes enteras leyendo y componiendo. El jardín era espectacular. Árboles frutales que daban mangos y aguacates, bugambilias de colores intensos, un pequeño estanque con peces y un área de estar bajo la sombra de un árbol de jacaranda.

 Joaquín usaba esta casa para escaparse los fines de semana cuando no estaba filmando. Llevaba a Soledad para pasar temporadas de descanso, recibía amigos cercanos para reuniones informales y usaba el tiempo libre para escribir sin las distracciones de la ciudad. Algunos de sus mejores guiones fueron escritos en la terraza de esa casa con el clima perfecto de Cuernavaca inspirándolo.

 La casa le costó 85,000 pesos en 1945. En valor actual valdría entre 12 y 18 millones de pesos. La mantuvo hasta su muerte en 1955, siendo uno de sus lugares favoritos en el mundo. Soledad conservó la propiedad después de su fallecimiento, visitándola ocasionalmente para sentirse cerca de los recuerdos felices que compartieron allí.

 Departamento de inversión en la colonia Roma. En 1948, Joaquín compró un departamento en la colonia Roma como inversión. Estaba ubicado en un edificio Deco en la avenida Álvaro Obregón. Era un departamento de dos recámaras. un baño, sala, comedor, cocina y balcón con 110 m². Joaquín lo rentaba a ejecutivos o profesionistas que trabajaban en la zona generándole ingresos pasivos de 450 pesos mensuales.

 En un año eso sumaba 54,400 pesos de renta, equivalente a casi 70,000 pesos actuales anuales. Era una inversión inteligente que le daba flujo de efectivo constante sin que tuviera que trabajar activamente. El departamento le costó 42,000 pesos. Lo pagó en efectivo, sin financiamiento, demostrando su solidez económica. En valor actual valdría entre 8 y 12 millones de pesos. Colección de carros.

Durante los años 40 y 50, las estrellas del cine mexicano manejaban los automóviles más exclusivos disponibles en la época. Ver llegar a una estrella a los estudios Churubusco al volante de un pacar, un cadilaco, un buik era parte del espectáculo. Joaquín Pardabé, con su imagen de artista exitoso pero accesible, manejaba automóviles elegantes pero no ostentosos.

 Prefería vehículos cómodos, confiables, apropiados para un caballero de su posición. El buik especial 1940. El primer automóvil verdaderamente lujoso que Joaquín compró fue un buik especial 1940 en color negro con interiores de tela base. El buyera considerado un auto de gama media alta, menos exclusivo que el pacar o el cadilac, pero mucho más refinado que los autos populares.

 El buik especial tenía motor de ocho cilindros en línea, transmisión manual de tres velocidades, asientos espaciosos y todos los detalles cromados típicos de la época. Era un auto elegante, sin ser pretencioso, perfecto para la personalidad de Joaquín. Lo compró nuevo en 1940 y le costó 12,000 pes, equivalente a más de 200,000 pesos actuales.

 Era una inversión considerable, pero Joaquín podía permitírselo. Ese año había filmado cuatro películas y estaba ganando más dinero que nunca. Joaquín usaba el Wick para ir a los estudios cinematográficos, para asistir a estrenos de películas y para pasear con soledad los domingos. Le gustaba manejar personalmente, disfrutando de la libertad que le daba el volante.

 No tenía chóer como otras estrellas más ostentosas. Prefería la independencia de manejar su propio auto. El Pacar Clipper 1946. Para mediados de los años 40, cuando Joaquín era ya una superestrella que dirigía y protagonizaba sus propias películas, compró un Pacar Clipper 1946 en color gris plata con interiores de piel marrón.

 El pacar era el automóvil de mayor prestigio en Estados Unidos. Era el auto de presidentes, de magnates, de las estrellas más grandes de Hollywood. Tener un pacar era una declaración de que habías llegado a lo más alto. El pacar Clipper de Joaquín tenía motor de ocho cilindros en línea, transmisión manual de tres velocidades con palanca en el volante, asientos amplísimos de piel genuina, tablero de madera pulida y radio AM.

 Era un vehículo majestuoso que comandaba respeto en las calles. Lo compró nuevo en Los Ángeles durante un viaje en 1946 y lo trajo a México pagando los impuestos de importación correspondientes. El pacar costaba $3,200 en Estados Unidos, más los impuestos mexicanos que elevaron el costo total a aproximadamente 28,000 pesos, equivalente a más de 400,000 pesos actuales.

 Joaquín usaba el pacar para eventos formales. Llegaba a la entrega de premios, a cenas con productores, a funciones especiales. El pacar proyectaba la imagen de éxito y sofisticación que correspondía a un artista de su nivel, el Chevrolet Flet Line 1950. En 1950, Joaquín compró un Chevrolet Fletline en color verde oscuro con interiores de tela gris.

 No era tan exclusivo como el Pacar, pero era un auto excelente para uso diario. El fletline tenía motor de seis cilindros, transmisión manual, radio y calefacción. Era espacioso, confiable y económico en consumo de gasolina. Joaquín lo usaba para ir a ensayos, para visitas informales, para el día a día cuando no necesitaba la pompa del pacar.

 Le costó 18,000 pesos nuevos. Era un autopráctico que reflejaba el lado sensato y responsable de la personalidad de Joaquín. No siempre necesitaba proyectar glamour, a veces solo quería un auto confiable que lo llevara de punto a a punto B sin complicaciones. El Ford Custom 1953. Su último auto fue un Ford Custom 1953 en color azul marino con interiores base.

 Lo compró nuevo en 1953 cuando tenía 53 años y su salud comenzaba a deteriorarse levemente por la hipertensión. El Ford Custom era un sedán familiar espacioso y cómodo con motor V8, transmisión automática for Domatic, dirección hidráulica y asientos muy acomodados. Era perfecto para los viajes a Cuernavaca con soledad. Le costó 22,000 pes.

 Lo usó durante los últimos dos años de su vida, manejándolo con cuidado porque el doctor le había recomendado evitar el estrés. Después de su muerte, Soledad conservó el Ford durante años como recuerdo de su esposo. Durante su vida, Joaquín tuvo también un Plimut, un Dodge y otros autos de gama media alta.

 Su colección de vehículos durante toda su carrera tuvo un valor acumulado de aproximadamente 120.000 1 pesos de la época, equivalente a 2.5 millones de pesos actuales. No era la colección más cara del cine mexicano, pero reflejaba su buen gusto y su sensatez financiera, los negocios y la visión empresarial. A diferencia de muchos actores que simplemente cobraban su sueldo y lo gastaban sin planear el futuro, Joaquín Pardabé era un hombre con visión empresarial.

 Entendía que la carrera de un artista podía terminar en cualquier momento y que era necesario asegurar el futuro de su familia. Inversiones inteligentes. Joaquín invertía su dinero con inteligencia y prudencia. Además de sus propiedades inmobiliarias que le generaban plusvalía constante, tenía inversiones en negocios relacionados con el entretenimiento.

 Era socio minoritario en dos salas de cine en la Ciudad de México, el cine Alameda y el cine Lindavista. Estas inversiones le generaban ingresos pasivos mensuales de entre 800 y 1500 pesos. Cuando no estaba filmando, cuando estaba descansando o cuando viajaba, esas salas de cine seguían produciendo dinero mes tras mes.

 También tenía inversiones en la editorial que publicaba partituras musicales. Como compositor entendía el negocio de la música y sabía que era una industria rentable. Su inversión le generaba dividendos anuales de entre 3,000 y 6000 pes. Joaquín ahorraba con disciplina. tenía cuentas bancarias en el Banco Nacional de México y en el Banco de Londres, donde guardaba entre el 30% y el 40% de sus ingresos anuales.

No era de los que gastaba todo lo que ganaba. Pensaba en el futuro, en la vejez, en dejarle algo a Soledad. Derechos de autor y regalías. Como compositor, Joaquín recibía regalías cada vez que sus canciones eran interpretadas en radio, grabadas en disco o usadas en películas. protegía celosamente sus derechos de autor y se aseguraba de recibir lo que le correspondía.

 Tenía un abogado especializado en derechos de autor que manejaba todos los contratos de sus composiciones. Cada vez que Pedro Infante grababa Negra consentida o Toña, la negra interpretaba varita de nardo, Joaquín recibía su porcentaje correspondiente. Estos derechos de autor eran una fuente de ingresos que seguiría generando dinero incluso después de su muerte, dejando a Soledad con regalías que llegaban regularmente por décadas.

Representantes profesionales. Joaquín tenía un equipo pequeño pero eficiente que manejaba sus intereses profesionales. No era de los que firmaban cualquier contrato sin leer las cláusulas. Revisaba cuidadosamente cada documento, cada término, cada condición. Su representante negociaba sus honorarios por película, se aseguraba de que recibiera crédito apropiado como director y guionista y protegía sus derechos sobre las canciones que componía.

 Era un hombre que entendía el valor de su trabajo y se aseguraba de recibir compensación justa, los lujos y el estilo de vida. Joaquín Pardabé vivía con elegancia discreta apropiada para un artista respetado. No era ostentoso ni buscaba llamar la atención con excesos. Era el tipo de elegancia que viene de la clase genuina, del buen gusto natural, de la educación refinada.

 Durante la época de oro del cine mexicano, Joaquín vestía siempre con impecable elegancia. Sus trajes eran hechos a medida por buenos astres de la Ciudad de México. No necesitaba la pompa de los astres caros de Los Ángeles o Nueva York. Los astres mexicanos eran excelentes y más económicos.

 Un traje hecho a medida por un sastre de primera en la Ciudad de México costaba entre 300 y 600 pesos en los años 40, equivalente a entre 4000 y 8000 pesos actuales. Joaquín tenía una docena de estos trajes en su guardarropa. Trajes grises para el día, trajes azul marino para reuniones, smokings para eventos formales, trajes de lino para el verano.

 Cada detalle estaba cuidadosamente considerado. Camisas blancas de algodón planchadas perfectamente, corbatas de seda discretas, zapatos Oxford de piel bien lustrados, sombreros fedora para protegerse del sol. No era ostentación, era la presentación apropiada para un caballero de su posición. Joaquín usaba un reloj Longines de oro que había comprado en 1940 por 800 pesos, equivalente a más de 10,000 pesos actuales.

 Era un reloj elegante, pero discreto, perfecto para su personalidad. lo usaba diariamente y lo cuidaba con esmero. También tenía mancuernillas de plata con sus iniciales JP grabadas, una pluma fuente seafer que usaba para escribir guiones y un encendedor cipo de latón que usaba para sus cigarrillos. Fumaba moderadamente, nunca en exceso.

Joaquín era querido y respetado por todos en el medio artístico. No tenía enemigos. Su carácter era descrito por quienes lo conocieron como pan dulce, dulce, amable, considerado. Era amigo cercano de Sara García, con quien formó una de las parejas cinematográficas más entrañables.

 Compartían una relación de respeto mutuo y afecto genuino. Sara lo consideraba un caballero en todo el sentido de la palabra. Con Cantinflas tenía una relación profesional cordial. trabajaron juntos en ahí está el detalle y se respetaban mutuamente. Con Pedro Infante compartió pantalla en varias ocasiones y Pedro grabó sus composiciones con cariño.

 Joaquín trataba con respeto a todos, desde el técnico de iluminación hasta el director más famoso. Era cortés con los meseros en los restaurantes, con los empleados de los estudios, con toda la gente que encontraba. No se creía más que nadie por su éxito. Los pasatiempos de Joaquín. Sus pasatiempos favoritos eran jugar boliche, escribir, leer y escuchar música.

 El boliche era su forma de relajarse y hacer ejercicio. Iba regularmente a las pistas de boliche con amigos y colegas. Le encantaba leer, especialmente novelas clásicas y obras de teatro. Tenía una biblioteca personal con cientos de libros. Escuchaba música popular mexicana, las piezas de sus contemporáneos y las canciones que él mismo había escrito.

 Sus mejores películas y premios. Ahora que conocemos cómo vivía Joaquín Pardabé, es momento de repasar las películas y composiciones que lo convirtieron en leyenda, porque al final del día lo que verdaderamente importa de un artista no es cuánto dinero ganó ni qué autos manejó, sino que dejó en la pantalla y en la memoria del pueblo.

 Las obras maestras del cine El Baisano Jalil en 1942 es considerada una de las mejores comedias del cine mexicano. Joaquín escribió, dirigió y protagonizó esta película que narraba con humor y humanidad la historia de Jalil Farad, un inmigrante libanés que llega a México a principios del siglo XX. La película fue revolucionaria porque presentaba a los inmigrantes con respeto y cariño, sin caer en estereotipos ofensivos.

 El acento árabe de Joaquín era perfectamente imitado sin ser una caricatura. Sucedió que Dios, que es infinitamente justiciero, con un golpe maestro abatió mi orgullo y echó por tierra todas las ilusiones que acariciaba sin contar con él. mostraba las dificultades de adaptarse a una nueva cultura, el trabajo duro de los comerciantes libaneses, el amor que desarrollaban por México.

 El paisano Jalil fue un éxito monumental de taquilla. Se mantuvo en cartelera durante meses. El público se identificaba con esa historia de esfuerzo, trabajo honesto y superación. Joaquín demostró que era un director de primera línea capaz de manejar comedia, drama y mensaje social en una sola película. México de mis recuerdos en 1943 fue otra obra maestra donde Joaquín creó al inolvidable don Susanito Peñafiel y Somellera.

 El personaje representaba la nostalgia por el México porfiriano, la elegancia y los valores de una época pasada con su bigote impecable, su bastón elegante, sus modales refinados y su forma de hablar llena de expresiones anticuadas. Donde él ponga la bala. Ay, chuchito. Otra copita, ¿eh? Otra y otra porque estas son mis últimas copitas.

Don Susanito se convirtió en icónico. El público adoraba a ese personaje que recordaba tiempos más tranquilos, más ordenados, más elegantes. La película combinaba comedia con nostalgia, humor con melancolía. Joaquín escribió diálogos memorables llenos de ingenio y referencias culturales. La música compuesta también por Joaquín capturaba perfectamente el espíritu de la época.

Los hijos de Don Benancio en 1944 trataba la vida de un español dueño de una tienda de abarrotes. Don Benancio Fernández era un padre trabajador que amaba a sus hijos por encima de todo, aunque no siempre entendía sus pasiones modernas como el fútbol. Joaquín interpretó a Don Benancio con una calidez extraordinaria.

 No era una caricatura del español gritón y ridículo que era común en el cine de la época. Era un hombre completo, con virtudes y defectos, con amor y frustración, con humor y seriedad. La película exploraba temas de inmigración, adaptación cultural, choque generacional entre padres conservadores e hijos modernos. Era comedia, pero también era drama familiar con el que millones de mexicanos se identificaban.

 El ropavejero en 1947 fue una película más dramática que las anteriores. Joaquín interpretó a Cirilo, un hombre humilde que recogía ropa vieja para revenderla. Era un personaje marginal, pobre, pero lleno de dignidad. La película mostraba el lado más duro de la Ciudad de México, las vecindades pobres, la lucha diaria por sobrevivir.

 Joaquín dio una actuación magistral llena de matices, mostrando la humanidad de un hombre que la sociedad despreciaba, pero que tenía más dignidad que muchos ricos. La crítica elogió su versatilidad. Joaquín demostró que no era solo el cómico de las películas ligeras. Podía manejar el drama, la tragedia, la denuncia social con la misma maestría que la comedia.

 La familia Pérez en 1948 fue una comedia brillante sobre la vida familiar mexicana. Joaquín interpretó a Gumaro Pérez, el jefe de familia totalmente dominado por su esposa, sus hijos, sus suegros, hasta por el gato de la casa. La película retrataba con humor las dinámicas familiares mexicanas. La esposa mandona pero amorosa, los hijos irrespetuosos pero cariñosos, El marido sufrido pero feliz.

 Era una comedia de situaciones que reflejaba la realidad de millones de familias. mexicanas. El público se identificaba completamente con Gumaro Pérez. Cada esposo veía algo de sí mismo en ese personaje. Cada esposa reconocía a su marido. Era el tipo de comedia que funcionaba porque era verdadera, porque venía de la observación aguda de la realidad mexicana.

 Otras películas memorables fueron Ahí está el detalle en 1940 junto a Cantinflas. Cuando los hijos se van en 1941. Yo bailé con don Porfirio en 1942, una gallega en México en 1949, Gendarme de Punto en 1951 y muchas más. Las composiciones musicales y premios. Como compositor, Joaquín dejó un legado de más de 50 canciones que se convirtieron en clásicos de la música popular mexicana.

 Negra consentida fue su mayor éxito. Escrita para su esposa Soledad Cholita, la canción capturaba perfectamente el amor romántico con letra sencilla pero profundamente emotiva. Fue grabada por docenas de artistas, incluyendo Pedro Infante, Toña La Negra, Jorge Negrete y sigue siendo interpretada hasta el día de hoy. Varita de Nardo era una canción delicada y poética, también dedicada a Soledad.

 La letra comparaba a su amada con una flor de nardo, delicada y perfumada. La  falsa. No hagas llorar a esa mujer. Ventanita morada, pénjamo dedicada a su tierra natal, caminito de la Sierra. Todas estas canciones formaban parte del repertorio de las grandes voces de la época. Su última canción fue Ando Picado, dedicada a Miguel Acéz Mejía.

 La compuso en 1954, apenas un año antes de su muerte, demostrando que su creatividad seguía intacta. Joaquín Pardabé recibió múltiples reconocimientos durante su vida. Una ocasión especialmente emotiva fue cuando recibió una medalla y diploma por sus 50 años de actor en 1954. 50 años dedicados al arte, al cine, al teatro, a la música.

 Ganó premios como mejor actor, mejor director y mejor compositor en diferentes ceremonias. Fue homenajeado por la Asociación Nacional de Actores, por los sindicatos de trabajadores del cine, por instituciones culturales. Pero más allá de los premios formales, Joaquín recibió el reconocimiento más importante, el amor del público en múltiples generaciones.

Las familias mexicanas crecieron viendo sus películas, los niños aprendieron sus canciones. Los abuelos recordaban haberlo visto en las carpas décadas atrás. Directores querían trabajar con él porque sabía de todo. Actuación, dirección, guion, música. Actores lo admiraban por su profesionalismo y su generosidad en el set.

 Técnicos lo respetaban porque trataba a todos con dignidad. La enfermedad y el trágico final. En 1955, Joaquín Pardé tenía 54 años y seguía trabajando como si apenas comenzara su carrera. No conocía el descanso, no sabía detenerse. La creatividad lo impulsaba a seguir creando, seguir filmando, seguir componiendo, pero arrastraba problemas de salud serios, principalmente hipertensión arterial que no controlaba adecuadamente.

 Los doctores le habían advertido que necesitaba bajar el ritmo, descansar más, reducir el estrés, pero Joaquín no sabía vivir sin trabajar. En sus últimos meses de vida, Joaquín estaba involucrado simultáneamente en dos películas que estaba filmando y una obra de teatro llamada Un minuto de parada que estaba ensayando.

 Era una carga de trabajo brutal que su cuerpo ya no podía soportar. El 20 de julio de 1955, después de haber estado jugando boliche con uno de sus sobrinos en la noche, Joaquín regresó a su casa en la colonia Juárez. Eran las 3 de la mañana aproximadamente. Se sentía cansado, pero bien. Joaquín se preparó para dormir.

 Se acostó junto a Soledad como todas las noches. Le dio un beso de buenas noches. Le dijo que la amaba. Fueron las últimas palabras que pronunció. A las 3:30 de la mañana, Joaquín sufrió una hemorragia cerebral masiva causada por su hipertensión arterial descontrolada. Fue súbito, inesperado, fulminante. Soledad se despertó al escuchar un sonido extraño y encontró a Joaquín inconsciente.

Llamaron inmediatamente al doctor, pero era demasiado tarde. Joaquín Pardabé falleció a los 54 años de edad, víctima de un derrame cerebral. Su corazón se detuvo antes de que pudiera llegar ayuda médica. La noticia de su muerte causó conmoción en todo México. Los periódicos publicaron la noticia en primera plana.

La radio interrumpió su programación regular para anunciar el fallecimiento del gran artista. El pueblo mexicano lloró la pérdida de uno de sus más queridos artistas. Poco después de su fallecimiento comenzó a circular un rumor perturbador que se convertiría en una de las leyendas urbanas más persistentes del espectáculo mexicano.

La historia afirmaba que Joaquín había sido enterrado vivo, que había sufrido catalepsia y fue diagnosticado erróneamente como muerto. El diario La Prensa publicó reporte sugiriendo que cuando exumaron su cuerpo tiempo después, el ataúd presentaba señales de haber sido golpeado desde dentro, que Joaquín había despertado en la oscuridad del ataúdo. Desesperadamente por salir.

La historia era aterradora y capturó la imaginación morbosa del público. Se reproducía en programas de radio, en revistas sensacionalistas, en conversaciones susurradas. Muchas personas la creían, añadiendo detalles cada vez más dramáticos, pero la familia de Joaquín desmentía categóricamente el rumor.

 María Elena Pardabé Robles, hija de José Pardabé, hermano de Joaquín, dio entrevistas en periódicos y televisión afirmando Joaquín Pardabé no fue enterrado vivo como mucha gente cree. Sus restos jamás han sido exhumados, ni siquiera cuando su esposa Soledad falleció. Ella ocupa un lugar en la misma tumba, pero los restos de mi tío no fueron exhumados.

Los sobrinos insistían categóricamente, jamás se ha abierto su caja. Desmentimos categóricamente los rumores que circulan. Mi tío murió de un derrame cerebral. No sufría de catalepsia. Nunca ha sido exumado. Es simplemente una leyenda urbana sin fundamento. Los doctores que atendieron a Joaquín confirmaron que murió de hemorragia cerebral.

 No había catalepsia, no había error de diagnóstico. La muerte fue certificada apropiadamente. El entierro se realizó siguiendo todos los procedimientos normales, pero la leyenda persistió a través de las décadas. Forma parte del folklore del cine mexicano. Una historia macabra que se cuenta y se repite aunque sea completamente falsa. Es el tipo de historia que se niega a morir aunque haya sido desmentida mil veces.

 El velorio de Joaquín Pardabé se realizó en su casa de la colonia Juárez. Miles de personas desfilaron para darle el último adiós. Actores, directores, productores, técnicos, músicos, todos los que habían trabajado con Joaquín estaban ahí. Sara García lloró desconsoladamente frente al ataú de su amigo y compañero de tantas películas. Cantin Flas vino a presentar sus respetos.

 Fernando Soler, Arturo de Córdoba, Marga López, Silvia Pinal, toda la élite del cine mexicano estuvo presente, pero también vino el pueblo. La gente común y corriente que había crecido viendo sus películas, cantando sus canciones, riéndose con sus personajes, formaron filas de varias cuadras esperando su turno para verlo por última vez.

 El sepelio se realizó en el Panteón Jardín de la Ciudad de México, en el lote de la Asociación Nacional de Actores. El cortejo fúnebre fue multitudinario. Las calles por donde pasó estaban llenas de gente llorando, aplaudiendo, despidiendo al artista que los había hecho reír y llorar durante décadas. Joaquín fue sepultado junto a otros grandes del cine mexicano.

 Su lápida llevaba su nombre y las fechas de su nacimiento y muerte. Años después, cuando Soledad falleció, fue enterrada junto a él en la misma tumba, reunidos para siempre como lo habían estado en vida. Y así podemos decir que la verdadera riqueza de Joaquín Pardavé no estaba en sus pesos y sus dólares, ni en las casas de la colonia Juárez y Cuernavaca, ni en los automóviles elegantes.

 Estaba en su talento inmenso, en su versatilidad extraordinaria, en las 105 películas que filmó, en las 24 que dirigió, en las docenas de guiones que escribió, en las 50 canciones que compuso. Joaquín Pardé demostró algo fundamental, que un artista podía ser completo, que se podía actuar, dirigir, escribir, componer, todo al más alto nivel.

 Que el talento genuino no tiene límites cuando viene acompañado de trabajo duro, disciplina y pasión. Sus películas siguen transmitiéndose en televisión, encontrando nuevas generaciones de admiradores. Sus canciones siguen siendo interpretadas por artistas contemporáneos. Don Susanito Peñafiel y Somellera sigue siendo un personaje icónico.

 El paisano Jalil sigue siendo estudiado en escuelas de cine como ejemplo de comedia social perfectamente ejecutada. Joaquín Pardé fue el artista renacentista del cine mexicano. Fue el hombre que hizo reír a millones con su ingenio, que hizo llorar a millones con sus composiciones románticas, que hizo pensar a millones con sus películas que mezclaban comedia con crítica social.

 Espero que hayas disfrutado este recorrido por la vida de Joaquín Pardé. tanto como yo disfruté prepararlo para ti. Si conoces alguna anécdota adicional sobre su vida, su carrera o su legado, déjamela en los comentarios. Me encantaría conocer más historias y compartirlas con todos. Déjanos tu opinión en los comentarios sobre cuál te pareció el momento más conmovedor de la vida de Joaquín o qué película suya es tu favorita.

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