Asi FUE la LUJOSA y POLEMICA VIDA de SASHA MONTENEGRO
Hoy vamos a descubrir cómo vivió realmente Saya Montenegro, la actriz italiana que conquistó el cine mexicano, que se convirtió en amante y esposa de un presidente de la República y que vivió entre el glamur del espectáculo y el poder político durante décadas, desde las residencias presidenciales hasta el impactante estilo de vida que llevaba durante los años del cine de ficheras, cada detalle te va a sorprender.
Acompáñanos a conocer la fortuna, los escándalos y el legado que dejó una de las mujeres más icónicas que ha dado el entretenimiento mexicano. y te aseguro que este recorrido te va a fascinar. Comencemos. Alexandra Asimovic Popovic nació el 20 de enero de 1946 en Bari, Italia, en circunstancias marcadas por la tragedia de la Segunda Guerra Mundial.
Su padre, Sibogiasimovic, era miembro de una familia aristócrata de Montenegro que fue exterminada en campos de concentración nazis. Su madre, Silvia Popovic, también de origen yugoslavo, sobrevivió la guerra y logró reconstruir su vida en Italia. Imaginen el contexto. Europa devastada por la guerra, familias aristocráticas destruidas, refugiados intentando sobrevivir.
En ese mundo de caos y reconstrucción nació Alexandra, una niña que llevaba en sus venas sangre de la nobleza montenegrina, pero que creció en la pobreza de la posguerra. Cuando Alexandra tenía apenas unos meses de edad, el 18 de julio de 1946, sus padres tomaron la decisión de emigrar a Argentina buscando un futuro mejor.
La familia se estableció primero en la provincia de Mendoza, al pie de la cordillera de los Andes. Era una vida modesta pero estable, pero la tragedia golpeó nuevamente. El señor Asimovic murió cuando Alexandra era todavía una niña pequeña. Silvia quedó viuda en un país extranjero con una hija que criar y sin los recursos de la familia aristocrática que había perdido en Europa.
La suerte cambió cuando Silvia conoció a un rico empresario argentino que se enamoró de ella y de la pequeña Alexandra. Se casaron y la familia finalmente tuvo estabilidad económica. Con el padrastro llegaron más hermanos, Andrea Silvia y Claudio Ricardo. La familia se mudó a Buenos Aires, donde Alexandra creció y recibió educación en buenos colegios privados.
Alexandra creció como una joven argentina de familia acomodada, alta, de belleza europea distintiva con rasgos eslavos, piel blanca y ojos claros. A los 20 años ya había trabajado como modelo en Buenos Aires y soñaba con algo más grande. En 1969, cuando Alexandra tenía 23 años, recibió una oferta de trabajo en México.
Era un contrato para trabajar en cine y fotonovelas. La oferta venía de Manuel Rodríguez, un empresario zacatecano del Grupo Quinta Real y Grupo Fresnillo, que se había fijado en ella durante un viaje de negocios a Argentina. Alexandra tomó la decisión que cambiaría su vida. viajó a México y nunca regresó a Argentina.
En México, aquella joven europea de 23 años se reinventó completamente. Tomó el nombre artístico de Saya Montenegro en honor a su origen aristocrático montenegrino y comenzó una carrera que la llevaría a la cima del espectáculo mexicano y a los brazos del poder presidencial. El fenómeno del cine de Fijes para entender verdaderamente el impacto de Saya Montenegro en la cultura mexicana.
Hay que entender que era el cine de ficheras y por qué fue tan importante durante dos décadas. El término fichera viene del léxico popular mexicano. Una fichera era una mujer que trabajaba en bares y cabarets acompañando a los clientes. Su trabajo era bailar con ellos y animarlos a comprar bebidas. Por cada bebida que el cliente compraba, la fichera recibía una ficha que al final de la noche canjeaba por dinero.
No era necesariamente un trabajo íntimo, aunque la línea entre ser fichera y el entretenimiento nocturno era a veces difusa. Pero la figura de la fichera era reconocida en la cultura popular mexicana. La mujer de cabaret con corazón de oro, que trabajaba en un ambiente difícil, pero mantenía su dignidad. El cine de ficheras comenzó en 1975 con bellas de noche protagonizada por Sa Montenegro.
La fórmula era simple: comedias ligeras ambientadas en cabarets con mujeres llamativas en vestuario atrevido, humor de doble sentido lleno de albures mexicanos y actores cómicos no especialmente atractivos físicamente que perseguían a las bellezas inalcanzables. ¿Por qué tuvo tanto éxito? Porque llegó en el momento perfecto.
México en los años 70 estaba cambiando. La apertura cultural que había transformado Estados Unidos y Europa en los 60 finalmente llegaba a México. Pero México seguía siendo un país profundamente católico y conservador. El cine de ficheras ofrecía una válvula de escape para atenciones sociales de la época.
Los hombres podían ir al cine a ver mujeres llamativas en situaciones sugerentes, sin sentir que consumían contenido explícito. Era un estilo picante, pero nunca directo, insinuante, pero nunca vulgar. Y los cines se llenaban. Las filas daban la vuelta a la manzana. Los empresarios del cine se dieron cuenta de que estas películas costaban poco.
Se filmaban en dos o tres semanas con presupuestos bajísimos, pero generaban taquillas millonarias. Durante los años 80, el cine de ficheras dominó completamente la industria cinematográfica mexicana. Se producían decenas de estas películas cada año. Isaya Montenegro era la reina indiscutible del género. Pero el cine de ficheras también tiene un lado polémico que hay que reconocer.
Reducía a muchas mujeres a su imagen física. reforzaba estereotipos donde los hombres poco agraciados pero simpáticos terminaban conquistando a las mujeres hermosas y contribuyó al deterioro de la calidad del cine mexicano. Mientras otros países latinoamericanos producían cine de arte que ganaba premios en festivales internacionales, México producía comedias picarescas que muchos críticos no tomaban en cuenta.
Sa Montenegro fue parte de todo eso. No era una figura pasiva, era una participante activa que ganaba muy bien por su presencia en pantalla y nunca se disculpó por ello. En entrevistas de sus últimos años, cuando le preguntaban si se arrepentía del cine de ficheras, Saya respondía sin rodeos. Arrepentirme, para nada. La llegada de Saya Montenegro a México en 1969 coincidió con un momento de transformación en la industria cinematográfica mexicana.
La llamada época de oro había terminado. Las grandes estrellas como Pedro Infante y Jorge Negrete habían muerto. El cine mexicano buscaba nuevos rumbos, nuevas fórmulas, nuevas figuras. Sa comenzó trabajando en fotonovelas y como modelo de carteles y pósteres. Revistas como Chicas, Fotoserie, novelas de amor y ternura publicaban sus fotografías.
Su belleza europea la hacía destacar entre las modelos mexicanas. [música] Era exótica, diferente, atractiva. Su debut en cine llegó en 1972 con un sueño de amor dirigida por Rubén Galindo. La película protagonizada por José José y Verónica Castro le dio a Saya su primer papel importante. Interpretaba a un personaje secundario, pero su presencia en pantalla era innegable.
Ese mismo año filmó un amor extraño de Tito Davidson y comenzó una colaboración que sería muy lucrativa, trabajar con el santo, el legendario enmascarado de plata. En 1973 filmó Santo contra la magia negra y Santo y Blue Demon contra el Dr. Frankenstein. Las películas del Santo eran éxitos garantizados de taquilla y Saya se beneficiaba de esa popularidad.
Pero el verdadero punto de inflexión llegó en 1975 con Bellas de noche, dirigida por Miguel M. Delgado. Esta película cambió todo. Bellas de noche fue la primera gran película del llamado cine de ficheras, un género que dominaría la taquilla mexicana durante los siguientes 15 años. La [música] película contaba la historia de un boxeador retirado que trabaja como mesero en un cabaré y se enamora de Carmen, una de las ficheras del lugar interpretada por Saya.
Era una tragicomedia con elementos dramáticos y toques insinuantes que rompían con la moral tradicional del cine mexicano. Saya aparecía en escenas con vestuario atrevido, en situaciones sugerentes, mostrando su figura escultural de una manera que el cine mexicano pocas veces había visto. Cada película seguía la misma fórmula exitosa.
Saya como la figura central de atracción, actores cómicos como Alfonso Sayas y Rafael Inclann persiguiéndola. Situaciones de doble sentido llenas de albures mexicanos, escenas sugerentes y al final todo se resolvía con humor. Isaya Montenegro, como la estrella principal del género, ganaba muy bien. Pero, ¿de cuánto estamos hablando realmente? ¿Cómo vivía la mujer que cautivó a millones de espectadores en México? Prepárate porque los detalles te van a impresionar.
La fortuna de Saya Montenegro. Saya Montenegro fue una de las actrices mejor pagadas del cine comercial mexicano durante los años 70 y 80. El cine de ficheras, aunque despreciado por la crítica y por la élite cultural, era extremadamente rentable y las estrellas del género cobraban muy bien. En el contexto de la época podemos calcular sus ingresos basándonos en lo que ganaban otras actrices y actores del cine comercial mexicano.
Durante los años 70, cuando comenzaba su carrera, Saya cobraba entre 80,000 y 150,000 pesos por película. Esos 150,000 pesos de mediados de los 70 equivaldrían aproximadamente a 1.8 millones de pesos actuales por cada película. Para finales de los 70 y principios de los 80, cuando ya era la estrella consolidada del cine de ficheras, sus pagos subieron considerablemente.
Sa cobraba entre 250,000 y 400,000 pesos por película. Esos 400,000 pesos de 1980 equivaldrían aproximadamente a 5 millones de pesos actuales por cada producción. Isaya filmaba entre tres y cinco películas al año durante su época de mayor productividad. Si hacemos el cálculo, entre 1975 y 1990, Saya generaba ingresos anuales de entre 750,000 y 2 millones de pesos de aquella época, equivalente a entre 9 y 25 millones de pesos actuales solo por cine.

Pero el cine no era su única fuente de ingresos. Saya también trabajaba en fotonovelas que pagaban muy bien durante los 70. Por cada fotonovela completa, Saya cobraba entre 50,000 y 100,000 pesos, equivalente a entre 600,000 y 1.2 millones de pesos actuales. También hacía presentaciones en vivo como Bebet en teatros de revista y centros nocturnos.
Por una presentación de fin de semana, viernes y sábado con dos funciones cada noche, Saya cobraba entre 30,000 y 60,000 pes, equivalente a entre 360,000 y 720,000 pes actuales por fin de semana. Si sumamos cine, fotonovelas y presentaciones en vivo durante sus años más activos, 1975 a 1990, Saya Montenegro generaba ingresos anuales de entre 1,illón y 2.
5 millones de pesos de aquella época. En valores actuales, estamos hablando de entre 12 y 30 millones de pesos al año durante 15 años consecutivos. Esa era la fortuna que Saya acumuló durante su carrera cinematográfica. Pero el verdadero salto económico y de estatus social llegó cuando conoció a José López Portillo en 1984. López Portillo había sido presidente de México de 1976 a 1982.
Cuando conoció a Saya en 1984, ya no era presidente, pero todavía tenía poder, influencia, conexiones y recursos considerables, y se enamoró perdidamente de la vedete europea. La relación con López Portillo le dio a Saya acceso a un nivel de vida que ninguna estrella de cine mexicana podía alcanzar solo con su trabajo.
Le dio acceso a residencias presidenciales, a vehículos con escoltas, a viajes en aviones privados, a cenas con la élite política y empresarial de México. Cuando se casaron en 1995, Saya se convirtió oficialmente en la esposa de un expresidente. Y aunque López Portillo murió en 2004, Saya heredó propiedades y beneficios que la mantuvieron viviendo cómodamente hasta su muerte en 2024.
En julio de 2022 se reveló que Saya recibía una pensión anual como viuda despresidente de México de 1,688,736es. Era un ingreso garantizado de por vida que le permitía vivir sin trabajar. La fortuna total acumulada durante toda su vida, considerando sus ingresos del cine, sus presentaciones, su matrimonio con López Portillo y la herencia que recibió se estima en un patrimonio de entre 150 y 250 millones de pesos actuales al momento de su muerte.
No era la fortuna estratosférica de María Félix o de Cantinflas, pero era una cantidad muy respetable que le permitió vivir con lujos y comodidades durante décadas. las propiedades y el acceso al poder. Las propiedades de Saya Montenegro a lo largo de su vida reflejaron su ascenso desde actriz de cine hasta esposa de un expresidente, departamento en la Ciudad de México en años 70.
Durante sus primeros años en México, cuando trabajaba en fotonovelas y comenzaba su carrera cinematográfica, Saya vivía en un departamento alquilado en la colonia Nápoles, una zona de clase media alta de la Ciudad de México. Era un departamento modesto de aproximadamente 80 m² con dos recámaras, sala comedor, cocina y un baño.
No era lujo, pero era cómodo y estaba bien ubicado cerca de los estudios cinematográficos. La renta mensual era de aproximadamente 3,000 pes de mediados de los 70. equivalente a unos 36,000 pesos actuales mensuales. Saya vivía sola, sin lujos excesivos, ahorrando la mayor parte de lo que ganaba. Primera propiedad en Polanco en 1978. Cuando el éxito de Bellas de Noche y las películas subsiguientes le generaron ingresos significativos, Saya compró su primera propiedad, un departamento en Polanco, una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México. Era un
departamento de 120 m² en un edificio moderno con seguridad. elevador y amenidades. Tenía dos recámaras, dos baños, sala amplia, comedor, cocina integral y una pequeña terraza. Lo compró por 850,000 pes de finales de los 70, equivalente a aproximadamente 10 millones de pesos actuales. Lo pagó en efectivo, sin hipoteca.
era el primer símbolo tangible de su éxito cinematográfico. Aquí vivió Saya durante sus años de mayor actividad en el cine. Aquí recibía a colegas actores, a directores, a productores. No era una mansión, pero era una residencia digna de una estrella del cine mexicano. Acceso a residencias presidenciales en 1984-195. Cuando comenzó su relación con José López Portillo en 1984, la vida de Saya cambió radicalmente.
Aunque López Portillo ya no era presidente, todavía tenía acceso a residencias y propiedades que le daban un nivel de vida extraordinario. López Portillo tenía una residencia principal en las Lomas de Chapultepec, en una de las calles más exclusivas de México. Era una mansión de estilo californiano con más de 800 m² de construcción, jardines extensos, alberca, cancha de tenis, sala de proyección privada y todas las comodidades imaginables.
Saya pasaba temporadas largas en esta residencia, viviendo prácticamente como primera dama, aunque técnicamente López Portillo todavía estaba casado con Carmen Romano hasta 1991. La casa era un palacio. Techos altos, pisos de mármol, muebles importados de Europa, obras de arte en las paredes, una biblioteca con miles de libros.
López Portillo era escritor y político intelectual, un comedor con capacidad para 20 personas y un jardín donde se organizaban cenas con políticos, empresarios y artistas. Saya vivía rodeada de servicio doméstico, cocineras, mucamas, jardineros, chóeres, guardaespaldas. Era un nivel de vida que ninguna actriz mexicana, ni siquiera María Félix en su mejor momento, había experimentado.
También viajaban constantemente. López Portillo tenía propiedades en Acapulco, en Cuernavaca, en otras partes de México. Cada fin de semana era una nueva aventura de lujo. Residencia en Cuernavaca en 2000. Después de la muerte de López Portillo en 2004, Saya heredó varias propiedades. La principal era una casa en Cuernavaca, Morelos.
donde Saya decidió retirarse para vivir sus últimos años lejos del escándalo y la atención mediática. Era una casa de estilo colonial mexicano con aproximadamente 400 m² de construcción, jardines amplios, alberca y todas las comodidades. Estaba ubicada en una zona residencial tranquila de Cuernavaca, la ciudad del eterno verano.
Aquí Saya vivió los últimos 20 años de su vida, acompañada por sus hijos Navila y Alexander cuando la visitaban, pero mayormente en soledad. Era una vida tranquila, discreta, alejada del glamur de sus años de juventud. Fue en esta casa donde Saya murió el 14 de febrero de 2024 a los 78 años, víctima de un derrame cerebral causado por un cáncer de pulmón agresivo. Sus automóviles.
Los automóviles en la vida de Saya Montenegro fueron menos importantes que en la vida de otras estrellas, porque durante sus años de mayor influencia ella no manejaba sus propios autos. era transportada como actriz trabajando constantemente, Saya no necesitaba automóvil propio. Los estudios cinematográficos enviaban vehículos a recogerla y llevarla a las filmaciones.
Era práctica común de la época. Cuando necesitaba transporte personal, usaba taxis de sitio o pedía a algún asistente que la transportara. No hay registros de que Saya haya comprado automóviles de lujo durante sus años de actriz. Era pragmática. prefería ahorrar su dinero para inversiones más importantes que gastar en autos que se devaluaban rápidamente.
Cuando comenzó su relación con José López Portillo, Saya dejó de necesitar completamente vehículos propios. López Portillo, como expresidente, tenía derecho a escoltas y vehículos oficiales de por vida. Saya era transportada en flotillas de vehículos oficiales, su versus blindadas, sedanes Lincoln o Cadilac con chóeres profesionales, camionetas con guardaespaldas armados adelante y atrás.
Ver llegar a Saya Montenegro a un evento durante los años 80 y 90 era un espectáculo. Tres vehículos llegaban en formación, los guardaespaldas bajaban primero, verificaban el perímetro y solo entonces haya descendía del vehículo central como si fuera primera dama. Era poder, era estatus, no necesitaba un cadilac propio cuando viajaba en flotillas presidenciales.
Después de la muerte de López Portillo, Saya compró finalmente un automóvil propio, una camioneta SV discreta, probablemente una onda Cruo similar que usaba para moverse en Cuernavaca. No era ostentación, era practicidad. A los 58 años ya no le interesaba demostrar n los negocios y la gestión de su imag.
Saya Montenegro fue inteligente en la gestión de su carrera y su imagen durante décadas. Durante los años 70 y 80, Saya entendió que ella no era solo una actriz, sino una marca. Su nombre vendía revistas, llenaba cines, generaba morbo y fascinación. Cobró derechos de imagen por cada póster, cada portada de revista, cada aparición publicitaria.
Las revistas de espectáculos pagaban entre 10,000 y 25,000 pesos por entrevista exclusiva con fotografías, equivalente a entre 120,000 y 300,000 pesos actuales. También vendía fotografías autografiadas a sus admiradores. Era un negocio secundario que generaba ingresos modestos pero constantes. Como vedet, Saya hacía presentaciones en teatros de revista y centros nocturnos de lujo.
No eran lugares de mala muerte, eran establecimientos de primera categoría donde la élite empresarial iba a ver el espectáculo. Una presentación de Saya Montenegro en el Teatro Blanquita de la Ciudad de México llenaba el recinto. El teatro tenía capacidad para 16 personas. Si el boleto costaba 200 pesos en aquella época, una noche generaba 320,000 pesos en taquilla.
De eso, Saya recibía entre 15% y 20% como la estrella principal, equivalente a entre 48,000 y 64,000 pesos por noche. A finales de los 70, Saya firmó contratos de exclusividad con productoras cinematográficas que le garantizaban trabajo constante. Estos contratos le daban estabilidad. sabía que filmaría tres o cuatro películas al año con pago garantizado.
A cambio, Saya renunciaba a trabajar con productoras competidoras, pero era un intercambio justo que le convenía. Después de heredar propiedades y recursos de López Portillo, Saya fue cuidadosa en su administración. Su hijo Alexander se encargó de administrar los bienes familiares. Rentaban algunas propiedades que generaban ingresos pasivos.
Invertían conservadoramente en cuentas bancarias y bonos gubernamentales. No especulaban en la bolsa ni en negocios riesgosos. Era administración prudente que le permitió a Saya vivir cómodamente sus últimos 20 años sin trabajar. Su vida de lujos. Saya Montenegro vivió con glamur y sofisticación durante décadas, especialmente durante sus años como pareja y esposa de José López Portillo.
Durante sus años de actriz y vedet, Saya vestía con sensualidad calculada. Sus atuendos eran ajustados, escotados, diseñados para resaltar su figura espectacular. Año 70 y 80, antes de que el movimiento ambientalista hiciera inaceptable el uso de pieles, las estrellas usaban abrigos de bisón, chinchilla y zorro.
Saya tenía varios abrigos de piel que costaban entre 50,000 y 100,000 pesos cada uno. Como pareja de López Portillo, Saya recibió joyas importantes como regalos. Él era generoso y romántico y le compraba collares de diamantes, aretes de esmeraldas, pulseras de oro. Una pieza que Saya usaba frecuentemente era un collar de diamantes que López Portillo le regaló en su aniversario de 1990.
La pieza costó aproximadamente $200,000 de aquella época, equivalente a más de 4 millones de dólares actuales. También usaba relojes finos. tenía al menos dos relojes Rolex y un cartier que usaba en diferentes ocasiones. Durante los años 80 y 90, Saya asistía a los eventos más exclusivos de México.
Cenas en Los Pinos con el presidente en turno, recepciones en embajadas extranjeras, estrenos de ópera en el Palacio de Bellas Artes, inauguraciones de galerías de arte. Era tratada como primera dama no oficial. La saludaban con reverencia. Le reservaban las mejores mesas en los restaurantes más exclusivos.
Los meseros se peleaban por atenderla. Cenaba en lugares como el Fukets, el Bellín Ausen, el San Angeline. Una cena para dos en estos restaurantes costaba entre 3,000 y 8000 pesos en los 90, equivalente a entre 36,000 y 96,000 pesos actuales. Con López Portillo, Saya viajó por el mundo, Europa, Estados Unidos, Sudamérica, siempre en primera clase o en aviones privados.
Un viaje a Europa en primera clase en los años 90 costaba aproximadamente $,000 por persona ida y vuelta. Se hospedaban en hoteles cinco estrellas como el Ris de París o el Ceboí de Londres. Era una vida de lujo absoluto que pocas mexicanas han experimentado, sus mejores películas y el legado. Ahora que conocemos como vivía Saya Montenegro, es momento de repasar las películas que la convirtieron en icono del cine mexicano.
Bellas de noche en 1975 fue la película que lo cambió todo. Dirigida por Miguel M. Delgado, inauguró el género del cine de ficheras. Saya interpretaba a Carmen, una fichera de cabaré con dignidad y aspiraciones que se enamora de un boxeador retirado. La química en pantalla era palpable. La película llenó los cines durante meses.
Muñecas de Medianoche en 1979 consolidó su estatus como reina del género. Interpretaba a una vedet que enfrentaba los peligros y los retos de la vida nocturna. Blanca Nieves y sus siete amantes en 1980 tenía un título llamativo, pero en realidad era una historia sobre náufragos en una isla desierta que se enfrentaban entre sí para quedarse con Saya, quien era rescatada al final.
Era más thriller que cine insinuante. La pulquería en 1981 fue uno de los mayores éxitos comerciales del cine de ficheras. Saya interpretaba a la hermosa hija del dueño de una pulquería tradicional, seguida por varios pretendientes cómicos interpretados por Alfonso Sayas y Rafael Inclán. Pedro Navaja en 1984 fue un intento más serio y dramático basado en la famosa canción de Rubén Blades.
Saya demostraba que podía actuar en dramas formales, no solo en comedias picarescas. Las colaboraciones con el santo. Saya también protagonizó varias películas con el santo. Santo vs la magia negra en 1973, Santo y Blue Demon contra el Dr. Frankenstein en 1974, Los Vampiros de Coyoacán y otras. Estas películas mezclaban lucha libre con horror y ciencia ficción y eran éxitos garantizados de taquilla.
El impacto cultural, el cine de ficheras, aunque criticado por intelectuales y algunos sectores sociales, fue un fenómeno sociológico importante. Reflejaba tensiones culturales presentes en la sociedad mexicana de los años 70 y 80. Saya Montenegro, con su belleza europea y su estilos incomplejos, se convirtió en una figura muy influyente para el público masculino mexicano.
Representaba a la mujer inalcanzable, la extranjera llamativa, la figura idealizada que muchos admiraban en pantalla. Pero también hay que reconocer que el cine de ficheras reducía a muchas mujeres a su imagen física y reforzaba estereotipos tradicionales. Saya fue parte de ese fenómeno y lo asumió conscientemente porque le generaba grandes ingresos.
La relación con José López Portillo. La relación entre Saya Montenegro y José López Portillo fue uno de los escándalos políticos y sociales más grandes del México moderno. Saya y López Portillo se conocieron en Sevilla, España, durante la Semana Santa de 1984. Ella estaba de gira promocional con una obra de teatro.
Él estaba de viaje después de haber dejado la presidencia dos años antes. Según contó Saya en entrevistas, estaba caminando por las calles de Sevilla viendo las procesiones religiosas cuando escuchó una voz que gritaba Saya. Volteó y vio a López Portillo que la saludaba efusivamente. ¿Qué hace usted aquí? Le preguntó él. No, ¿qué hace usted aquí, señor?, respondió ella. Comenzaron a conversar.
López Portillo la invitó a cenar. Esa noche se convirtió en varias más. Cuando Saya terminó su gira, se reencontraron en Roma, Italia. No lo pensé. Me sentía muy bien con él. Es agradable estar con alguien con quien puedes hablar, compartir ideas, recordó Saya años después. López Portillo tenía 68 años. Saya tenía 38, 30 años de diferencia, pero la química era innegable.
El problema era que López Portillo todavía estaba casado con Carmen Romano, quien había sido primera dama de México de 1976 a 1982. Tenían tres hijos juntos, José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina. Cuando la relación se hizo pública en México, el escándalo fue masivo. Los medios de comunicación atacaban a Saya sin piedad.
La llamaban la rupeogares, la intrusa, la vedet que sedujo al expresidente. La familia de López Portillo, especialmente su hermana Margarita López Portillo, que había sido directora de radio, televisión y cinematografía durante el sexenio, odiaba a Saya y la consideraba una oportunista que se aprovechaba de su hermano.
Pero López Portillo estaba completamente enamorado. En su libro Umbrales escribió sobre Saya con pasión y admiración. Era un romance genuino, no solo un capricho de viejo poderoso. En 1985, apenas un año después de conocerse, Saya dio a luz a Nabila López Portillo a Simovic. El bebé nació mientras López Portillo todavía estaba técnicamente casado con Carmen Romano.
La pareja se separó temporalmente por problemas, probablemente presión familiar, pero regresaron. En 1987 nació Alexander López Portillo a Simovic. López Portillo finalmente se divorció de Carmen Romano en 1991 después de casi 40 años de matrimonio. Era un divorcio civilizado, necesario para que ambos pudieran continuar con sus vidas.
En 1995, 4 años después del divorcio, José López Portillo y Saya Montenegro se casaron en una ceremonia civil discreta. Nabila tenía 10 años y Alexander 8. Finalmente eran una familia oficial. Saya declaró años después, la verdad no quería ni casarme ni tener hijos, pero cuando conocí a José todo cambió.
Los últimos años de López Portillo fueron difíciles. Su salud se deterioraba y su familia, sus hijos del primer matrimonio y su hermana Margarita intensificaron su batalla contra Saya. Querían alejarlo de ella. Decían que Saya lo manipulaba, que solo le interesaba su dinero, que estaba aislándolo de sus hijos.
En 2004, cuando López Portillo estaba gravemente enfermo, la familia inició trámites de divorcio en nombre de él, argumentando que ya no tenía capacidad mental para tomar decisiones. Pero López Portillo murió el 17 de febrero de 2004 antes de que el divorcio se concretara. Murió a los 83 años después de casi 20 años con Say. Saya quedó devastada.
Había perdido al amor de su vida y comenzó una guerra legal con los hijos de López Portillo por la herencia. Las batallas legales y los últimos años. Después de la muerte de José López Portillo, Saya Montenegro enfrentó años de batallas legales con la familia de su esposo. Los hijos del primer matrimonio, José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina, argumentaban que Saya no tenía derecho a heredar propiedades que habían sido de la familia López Portillo durante generaciones.
Saya argumentaba que como esposa legal tenía derecho a la mitad de los bienes adquiridos durante el matrimonio, además de lo que López Portillo le hubiera dejado en testamento. Las batallas legales duraron años. Los detalles específicos nunca se hicieron completamente públicos porque los juicios se llevaron en tribunales civiles con cierto nivel de confidencialidad.
Pero al final Saya recibió varias propiedades, incluyendo la casa de Cuernavaca donde vivió sus últimos años. También recibió la pensión de viuda despresidente que le pagaba más de 1.6 millones de pesos anuales. Después de la muerte de López Portillo y las batallas legales, Saya decidió retirarse de la vida pública.
Se mudó a Cuernavaca y vivió una vida tranquila, discreta, alejada del escándalo. Veía a sus hijos Nabila y Alexander regularmente. Nabila se dedicó al arte plástico y tuvo exposiciones en galerías de México. Alexander administraba los negocios familiares y mantenía un perfil completamente bajo. Saya hacía apariciones esporádicas en televisión, generalmente en programas de entrevistas donde recordaba su carrera y su romance con López Portillo.
Siempre hablaba de él con cariño y respeto. No volvió a actuar. Su última película había sido en 2005, una producción canadiense independiente. El cine ya no le interesaba. Había vivido todo lo que tenía que vivir, la enfermedad y la muerte. En sus últimos años, Saya desarrolló cáncer de pulmón. Fue diagnosticada relativamente tarde cuando la enfermedad ya estaba avanzada.
Recibió tratamiento en hospitales privados de Cuernavaca y Ciudad de México, pero el cáncer era agresivo. El 14 de febrero de 2024, día de San Valentín, Saya sufrió un derrame cerebral en su casa de Cuernavaca. Fue consecuencia del cáncer que había afectado su sistema vascular. murió a los 78 años, rodeada por sus hijos Nabila y Alexander.
Su hija Nabila fue quien confirmó la noticia a los medios. “Mi madre falleció en paz, sin dolor, en su casa que tanto amaba”, declaró. La Asociación Nacional de Intérpretes emitió un comunicado oficial lamentando la muerte de una de las figuras más importantes del cine mexicano de los años 70 y 80. Los medios de comunicación publicaron obituarios extensos recordando su carrera cinematográfica, su belleza legendaria, su relación escandalosa con López Portillo, su vida llena de lujos y controversias.
Las redes sociales se llenaron de homenajes. Generaciones de hombres mexicanos que habían crecido viendo sus películas expresaban tristeza por la muerte de quien había sido su fantasía de juventud. El sepelio fue privado solo para familia cercana. Saya fue cremada según sus deseos. No hay tumba pública. Sus cenizas quedaron con sus hijos.
Legado real e impacto cultural. El legado de Saya Montenegro es complejo y contradictorio. Por un lado, fue una figura fundamental del cine de ficheras. Las presentaba como objetos sexuales, reforzaba estereotipos machistas y contribuyó al deterioro de la imagen del cine mexicano ante la crítica internacional.
Saya también representa la mezcla entre espectáculo y poder político que caracterizó al México del PR durante décadas. Su relación con López Portillo simboliza como el poder político mexicano se mezclaba sin pudor con el mundo del entretenimiento, los negocios turbios y los excesos. Pero más allá de los juicios morales, Saya Montenegro fue una mujer que supo aprovechar las oportunidades que se le presentaron.
Llegó a México como una extranjera de 23 años, sin contactos ni recursos. 30 años después era esposa de un expresidente y vivía en residencias de lujo. Fue inteligente, calculadora, ambiciosa, no se disculpaba por querer vivir bien y vivió exactamente como quiso vivir. La verdadera lujosa vida de Saya Montenegro no estaba solo en sus vestidos de diseñador, ni en sus joyas de diamantes, ni en las residencias presidenciales.
en haber conquistado un país que no era el suyo, en haber seducido al hombre más poderoso de México, en haber vivido 78 años exactamente como ella decidió vivirlos. Sa Montenegro demostró que una mujer hermosa e inteligente puede escribir su propio destino, incluso cuando ese destino escandaliza a la sociedad conservadora.
Que el origen no importa tanto como la ambición y que el verdadero lujo es la libertad de elegir tu propia vida. Espero que hayas disfrutado este recorrido por la vida de Saya Montenegro, tanto como yo disfruté prepararlo para ti. Si conoces alguna anécdota adicional sobre su vida, su carrera o su relación con López Portillo, déjamela en los comentarios.
Me encantaría conocer más historias y compartirlas con todos. Déjanos tu opinión en los comentarios sobre cuál te pareció el momento más impactante de la vida de Saya o qué película suya recuerdas con más cariño. Y si te gustan estas historias donde las estrellas muestran su lado más humano y controversial, no te pierdas nuestros otros videos sobre las grandes figuras del espectáculo mexicano.
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