Así Perú y Ecuador se ENFRENTARON en la SELVA por el CONTROL del CENEPA | 1995

    Una patrulla avanza en silencio por el alto soldados caminan entre ríos, quebradas y montañas cubiertas de verde en una zona donde un error de orientación puede significar entrar en una emboscada. El enemigo  puede estar oculto entre los árboles, detrás de una posición elevada o debajo del suelo en forma de mina.

De pronto, el silencio se rompe. Disparos en la selva. Lo que durante décadas había sido discutido en mapas, tratados y reuniones diplomáticas, se  convirtió en un combate real. Perú y Ecuador volvían a enfrentarse por la cordillera del cóndor, el valle del río Senepa y el territorio amazónico que ambos países observaban como parte de una disputa  mucho más antigua.

Así fue la guerra del Senepa.  En 1941, Perú y Ecuador se enfrentaron en una guerra que cambió la relación entre ambos países. Después de aquel conflicto, el protocolo de Río de Janeiro de 1942 intentó fijar los límites y cerrar la disputa. En apariencia, el problema quedaba resuelto, pero en la práctica, una parte de la frontera quedó envuelta en una dificultad mayor.

No todo lo que podía trazarse en un mapa podía demarcarse con claridad en la selva. Años después, durante los trabajos de delimitación, surgió un punto clave, el río Senepa. El río no había sido contemplado de forma suficiente en el protocolo. Entonces, Ecuador comenzó a sostener que ese sistema hidrográfico tenía una importancia distinta y que la frontera debía revisarse para reconocer su acceso a la cuenca amazónica.

Perú, por su parte, mantuvo que el protocolo de Río de Janeiro era válido, ejecutable y que no existían territorios pendientes de devolución. Así, la disputa quedó atrapada entre dos posiciones irreconciliables. Para Ecuador, el problema fronterizo seguía abierto. Para Perú, la frontera ya estaba jurídicamente resuelta. Durante años, la tensión se mantuvo en la cordillera del cóndor.

Hubo incidentes, reclamos y choques anteriores, pero la frontera seguía cargada de desconfianza. En 1991 se buscó bajar la tensión mediante un pacto de seguridad en la zona no demarcada. La idea era separar fuerzas, evitar provocaciones y mantener abierta una vía diplomática. Pero hacia finales de 1994, los movimientos militares comenzaron a mostrar que ese equilibrio era frágil.

En la selva, donde cada patrulla podía interpretar la presencia del otro como una intrusión, la posibilidad de un nuevo choque empezó a crecer. También es válido decir que las tropas ecuatorianas desplegadas en la zona del CENPA eran soldados profesionales de las brigadas Ivias o Iwas.

que son integrados por indígenas amazónicos y por tanto están en su medio natural de supervivencia. Perú y Ecuador llegaban al conflicto en condiciones distintas. Perú venía de años de lucha interna. Sus fuerzas habían sido empleadas durante mucho tiempo en operaciones contrasubersivas, especialmente en zonas de selva.  Esa experiencia había formado soldados acostumbrados al combate real, al patrullaje, a la tensión permanente y a la supervivencia en condiciones difíciles.

Pero el país también arrastraba una crisis económica y un desgaste importante en su material militar, especialmente en la fuerza aérea. Ecuador, en cambio, había preparado durante años unidades adaptadas al entorno amazónico. Había desarrollado fuerzas especiales integradas por hombres de la región con conocimiento del terreno, capacidad de supervivencia y familiaridad con la selva.

Además, su fuerza aérea se encontraba entre las mejores equipadas de la región para ese momento. La guerra que se acercaba no iba a depender solo de quién tuviera más soldados. Iba a depender de quién pudiera sostener posiciones en una selva cerrada, abastecerlas, defenderlas. y resistir el desgaste.  Los primeros incidentes de enero de 1995 fueron el preludio del combate abierto.

El día 9, una patrulla peruana fue detenida por una patrulla ecuatoriana y escoltado de regreso sin violencia. Pero dos días después,  el 11 de enero, ya se produjo un intercambio de disparos. La escalada continuó durante los días  siguientes. La diplomacia intentó contener la situación con declaraciones de paz, pero sobre el terreno la tensión ya había cambiado de nivel.

El 26 de enero, el conflicto entró en su fase decisiva. La guerra no fue declarada formalmente, pero los combates ya estaban en marcha. Ambos países ordenaron el despliegue de sus fuerzas no solo en la cordillera del cóndor, sino también en otros puntos de la frontera. Se movilizaron entre 120,000 y 140,000 efectivos, una cifra que mostraba el temor a una guerra mucho más amplia.

La zona del Cenepa se convirtió entonces en el centro del conflicto. Cueva de los Tallos, base  sur, Coangos y Tiguinza comenzaron a aparecer como nombres decisivos. Eran posiciones dentro de un terreno donde cada punto podía tener un valor táctico enorme. Para Ecuador, sostener esas bases permitía mantener una estrategia de desgaste.

Para Perú, desalojarlas era una forma de reafirmar su soberanía sobre una zona que consideraba propia. La respuesta peruana fue desplegar unidades especializadas en combate en selva, incluyendo batallones contra subversivos trasladados desde el altoga. Pero llegar al frente era una operación compleja.

Las tropas debían ser movidas por aviones,  camiones, botes y, finalmente, helicópteros. En algunos casos, completar el desplazamiento tomaba días. Mientras tanto, los helicópteros tenían que volar bajo en zigzag, evitando ser detectados o alcanzados por la defensa antiaérea. Fue así como la guerra se volvió una lucha de desgaste.

En estos momentos se presume que hemos sido vistos por un par de casas. La tempulación un poco preocupada, empieza a buscar un sitio donde poder esconderse. Las minas antipersonales se convirtieron en una pesadilla para los soldados. En una vegetación espesa, donde el suelo estaba cubierto de barro, raíces y hojas, detectarlas era extremadamente difícil.

Una mina podía detener una patrulla completa. Una explosión podía dejar a un hombre sin posibilidad de evacuación rápida. En el CENPA el peligro no siempre venía del enemigo visible. A veces estaba enterrado bajo los pies. La selva también favorecía las emboscadas. Un soldado podía caminar durante horas sin ver nada y de pronto recibir fuego desde un flanco.

Las posiciones se confundían entre árboles y quebradas. Las tropas podían camuflarse con facilidad. Ubicar al enemigo era tan difícil como avanzar hacia él. Pero la guerra no se peleó  solo bajo la vegetación. En febrero, la aviación comenzó a tener un papel cada vez más importante. Ambos bandos utilizaron aviones de ataque y helicópteros para golpear posiciones, transportar tropas y sostener operaciones.

El 10 de febrero se convirtió en una fecha central. Ese día, aviones peruanos que operaban sobre la zona  fueron interceptados por aeronaves ecuatorianas. Ecuador se adjudicó el derribo de dos Sujoi sub2 y un A37 de la Fuerza Aérea Peruana. Desde entonces, la guerra aérea pasó a ocupar un lugar clave en el relato del conflicto.

Para Ecuador fue una jornada histórica. Para Perú fue un golpe duro en una campaña que ya estaba marcada por restricciones operativas, desgaste y riesgo permanente.  Cada pérdida aérea tenía un impacto más allá de lo militar. En un conflicto breve y cargado de presión nacional, un avión derribado podía convertirse en símbolo, en argumento político y en golpe psicológico.

Mientras tanto, Twinsa se transformaba en el nombre más disputado de la guerra.   No era solo una posición en la selva, era el punto donde el conflicto se cargó con valor patriótico, militar y emocional. Para Perú, controlar esa zona era una cuestión de soberanía. Para Ecuador, mantenerla significaba resistir y demostrar presencia en el área disputada.

A mediados de febrero, la guerra comenzó a tener mayor exposición mediática. El presidente Alberto Fujimori anunció la toma de Twinsa, pero poco después, desde Ecuador, se presentaron coordenadas que supuestamente demostraban que la posición continuaba bajo control ecuatoriano. Periodistas acreditados de medios internacionales cuestionaron esas coordenadas mediante sus propios GPS.

Así, Twinsa dejó de ser solamente una base o un punto en la selva. se convirtió en una guerra de versiones. En el Senepa no solo se peleaba por posiciones, también se peleaba por el relato de lo que estaba ocurriendo. Entre tanto llegaron los periodistas casi en más a cubrir en la zona de combate tanto por Ecuador por el Perú, pero tenemos que consignar que la información que fue entregada por aquellos medios de prensa es tremendamente parcial y por tanto muy poco creíble por los dos lados.

La selva hacía casi imposible comprobar con claridad quién controlaba cada punto en cada momento. Los comunicados oficiales, los mapas, las coordenadas y las imágenes disponibles se volvieron parte del conflicto. Cada país construyó su propia narrativa sobre el avance, la resistencia, las bajas y el resultado de las operaciones.

El 17 de febrero, con la guerra todavía en marcha, representantes de Perú y Ecuador firmaron la declaración de paz de Itaarachí en Brasil con Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos como países garantes del protocolo de Río de Janeiro. El acuerdo establecía un alto el fuego inmediato y el envío de una misión de observadores militares para supervisar lo pactado.

Pero la firma no apagó de inmediato el frente. En la selva seguían las tropas, las posiciones enfrentadas y las acusaciones cruzadas. Ecuador denunció sobrevuelos de helicópteros peruanos. Perú sostuvo que la artillería ecuatoriana continuaba bombardeando sus posiciones. La paz había sido firmada en un salón diplomático, pero el terreno todavía estaba cargado de tensión.

5co días después, el 22 de febrero, llegó uno de los episodios más duros del conflicto, el llamado miércoles negro. Ese día se produjo un ataque sobre posiciones ecuatorianas en Tiguinza. Ecuador reconoció bajas importantes y el hecho quedó grabado como uno de los momentos más trágicos de la guerra. Ocurrió después de la firma del Alto El fuego, lo que aumentó todavía más la tensión política y diplomática.

La guerra, que ya parecía encaminarse hacia una salida negociada demostraba que en el frente la situación seguía siendo frágil. Momentos de profunda consternación se vivieron  en la base aérea del ejército, a donde llegaron los cadáveres de estos ecuatorianos. Los férretros de los héroes de guerra, en hombros de sus compañeros, recibieron el homenaje póstumo  de la patria.

El 25 de febrero, Estados Unidos pidió a las partes evitar cualquier iniciativa que pudiera ser interpretada como amenaza o provocación. Poco después, la zona comenzó a encaminarse hacia la desmilitarización. La misión de observadores militares Ecuador Perú, conocida como MOMEP, pasó a cumplir un papel clave, separar fuerzas, verificar posiciones y evitar que cualquier movimiento aislado pudiera encender nuevamente el conflicto.

La paz necesitaba presencia física en la selva. No bastaba con documentos. Había que observar el terreno, comprobar la retirada, sostener la separación de tropas y reducir el margen de sospecha. En una zona donde cada patrulla podía ser vista como una provocación, los observadores se volvieron una pieza fundamental para impedir otra escalada.

Pero el proceso no terminó en 1995. La guerra se detuvo, pero la disputa histórica todavía necesitaba un cierre definitivo. Ese cierre llegó 3 años después.  El 26  de octubre de 1998 en Brasilia, Alberto Fujimori y Yamil Mawad firmaron el acta de Brasilia. Con ese acuerdo, Perú y Ecuador pusieron fin a más de un siglo de tensiones fronterizas.

Se confirmó la validez del marco establecido por el protocolo de Río de Janeiro y se avanzó hacia la demarcación definitiva de los tramos pendientes. Tibinsa quedó reconocida como territorio soberano peruano mientras Ecuador obtuvo derechos de libre navegación por el río Amazonas y sus afluentes septentrionales,  además de una propiedad simbólica de 1 km² en la zona, destinada a honrar a sus soldados caídos.

El acuerdo no borró las heridas, pero cerró una disputa  que había marcado generaciones. La guerra del CENPA duró pocas semanas, pero arrastró más de un siglo de historia. Fue una guerra peleada en una selva donde los mapas no alcanzaban, donde una coordenada podía convertirse en disputa internacional y donde cada patrulla avanzaba sin saber si el siguiente paso sería el último.

Pero el desenlace final no estuvo solamente en los combates terrestres, ni en los derribos aéreos, ni en las posiciones ocultas entre la vegetación. estuvo en Brasilia cuando dos países que habían pasado décadas enfrentados aceptaron cerrar una frontera que ya no podía seguir llenándose con soldados muertos.

Así es como llegamos al final de este documental. Si te gustó, te invitamos a que te suscribas al canal para estar al tanto de todas las novedades. Nos encontramos en un próximo video para seguir descubriendo juntos la historia militar.

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