BOMBAZO EN LA FIFA: Se burlaron de México, pero EE. UU. fue HUMILLADO en el Mundial 2026
Apenas terminó el partido entre México e Inglaterra, en el estadio Ciudad de México, las burlas empezaron a llover desde todos lados, desde Argentina, desde Honduras, desde cuentas de todo tipo en redes sociales, miles de aficionados se lanzaron a reírse de la eliminación del tricolor, de esa maldición de los octavos de final que ya lleva más de 40 años persiguiendo a la selección mexicana.
Pero lo que muy pocos se imaginaban es que apenas un día después el destino les iba a devolver esa burla. multiplicada por 10 y directo a la cara del país, que se supone tenía que ser el gran anfitrión de esta Copa del Mundo. Porque Estados Unidos, con toda su presión política, con toda su influencia y hasta con el propio presidente metiendo las manos en decisiones de la FIFA, terminó recibiendo una humillación futbolística que ya se volvió tendencia en todo el mundo.
lo que pasó en esa cancha, lo que se dijo después en la conferencia de prensa y la forma en que las redes se le fueron encima al equipo estadounidense y a su presidente es una historia que todo aficionado mexicano va a disfrutar de principio a fin. Quédate hasta el final porque te vamos a contar todos los detalles. Mientras México todavía lloraba la eliminación, en Inglaterra pasó algo que nadie esperaba y que terminó en una escena completamente insólita.
Jordan Henderson, el mediocampista de 36 años que ni siquiera había sumado minutos en el partido contra el tricolor, salió a festejar el pase a cuartos de final con sus compañeros y decidió acercarse a la tribuna para celebrar con la afición inglesa. El problema fue que al querer regresar al campo intentó cruzar una valla publicitaria colocada detrás de una de las porterías, perdió el equilibrio y cayó con todo su peso sobre el brazo.
La imagen fue tan fuerte que tuvo que ser atendido de emergencia dentro del propio Estadio Azteca y después sacado en camilla, mientras sus compañeros observaban preocupados la escena en medio de lo que se suponía era una noche de celebración. Horas más tarde se confirmó lo que todos temían, una fractura en la muñeca que necesitará cirugía y que lo deja fuera por completo del resto del mundial.
El propio técnico Thomas Tuchell no ocultó su preocupación al hablar con la prensa y aseguró que la lesión es bastante grave, que simplemente no encajaba que Henderson no estuviera con el resto del grupo en una noche como esa. Una manera absurda de terminar el sueño mundialista de un jugador que venía de convertirse en el primer inglés en disputar cuatro copas del mundo distintas.
Y aquí en casa, la eliminación de México también trajo un cambio que muchos aficionados ya veían venir desde hace tiempo. Javier Aguirre confirmó en conferencia de prensa que su etapa al frente de la selección mexicana llegó a su fin después de la derrota contra Inglaterra. Y con esto se cierra un capítulo que arrancó con la promesa de dejarle el camino listo a otro nombre muy querido por la afición mexicana, Rafael Márquez.
El Vasco fue claro al despedirse. Dijo que le dio un fuerte abrazo a Márquez, que le vienen 4 años muy buenos por delante y que existe una base sólida de jugadores jóvenes para construir el proyecto rumbo al próximo mundial. Esta transición ya estaba contemplada desde que Aguirre asumió el cargo en 2024 con Márquez integrado como su asistente para ir aprendiendo el terreno.
Ahora, el exjador del Barcelona y excapitán del tricolor toma las riendas de una selección que aunque volvió a quedarse en los octavos de final, dejó una buena impresión compitiendo de tú a tú contra una de las candidatas al título. El reto para Márquez será enorme. Romper esa barrera histórica que México no logra superar desde hace más de 40 años y consolidar a esta nueva generación de jugadores rumbo al mundial de 2030.
Y ahora sí, vámonos con la noticia que tiene a medio continente hablando. Todo comenzó unos días antes del partido de Estados Unidos contra Bélgica por los octavos de final, cuando el delantero estadounidense Folarin Balogun fue expulsado en el partido anterior contra Bosnia y Hercegovina. La tarjeta roja significaba que Balogun se perdería automáticamente el siguiente compromiso, una sanción normal dentro de las reglas de cualquier torneo de este nivel.
Pero lo que siguió fue algo que muy pocos esperaban ver en un mundial. Trascendió que el propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se comunicó directamente con el presidente de la FIFA, Janny Infantino, para pedir que se revirtiera esa sanción y así el delantero pudiera jugar el partido decisivo contra los belgas.
La Casa Blanca incluso preparó documentación para intentar cambiar la decisión de Fernando Rapallini, el árbitro que había mostrado la expulsión, según reportaron distintos medios internacionales y contra todo pronóstico, la FIFA terminó cediendo. Dejó en suspenso la sanción de un partido y permitió que Balogun fuera titular en el duelo contra Bélgica.
La decisión generó una ola de indignación inmediata en toda Europa con políticos ingleses y organismos como la UEFA calificando la resolución como un golpe directo a la integridad del torneo, señalando que la FIFA había cruzado una línea que no debía cruzarse jamás. El aficionado mexicano conoce bien esta sensación de que el fútbol ya no se trata de fútbol, sino de intereses, de presión política y de negocio puro.
Esta polémica llegó justo en medio de todo lo que ya se venía hablando sobre este mundial, los precios imposibles de los boletos que dejaron fuera a miles de aficionados humildes, la desconfianza que genera Estados Unidos como sede después de tantas restricciones migratorias y episodios de discriminación contra visitantes latinoamericanos y esa sensación generalizada de que Gian Infantino maneja la FIFA como si fuera su empresa personal, tomando decisiones que convienen a quién tiene el poder y no a quien realmente ama este deporte. Y como
si fuera poco, ahora se sumaba la imagen de un presidente llamando personalmente para cambiar una tarjeta roja, algo que jamás se había visto de forma tan descarada en la historia reciente del torneo. No hay que olvidar que este mismo infantino es el que semanas atrás se atrevió a comparar los precios de los boletos con el precio de un simple hot dog, como si eso justificara que muchísimas familias mexicanas y latinoamericanas se quedaran sin la posibilidad de ver un partido en vivo o el mismo que le pidió a los aficionados
que simplemente se relajaran cuando le cuestionaron por la logística caótica en algunas sedes. Para buena parte de la afición latinoamericana, este episodio con Balogan fue la gota que derramó el vaso, la confirmación de que las reglas en este mundial no aplican igual para todos y que el país anfitrión con más poder político puede mover los hilos que a cualquier otra selección jamás le moverían.
Y esa desconfianza se combina con algo que ya veníamos comentando en videos anteriores, la idea de que las grandes casas de apuestas y los patrocinadores multimillonarios terminan siendo los verdaderos ganadores de este torneo sin importar qué selección levante finalmente el trofeo. Vale la pena recordar de dónde venía Estados Unidos antes de esta debacle.
El equipo de Pochettino había cerrado la fase de grupos con seis puntos, apenas cayendo ante Turquía y en 16avos había resuelto con relativa comodidad su duelo contra Bosnia y Hercegovina. Precisamente el partido donde Balogun vio la tarjeta roja que después generó todo este escándalo. La expectativa entre la afición estadounidense era enorme.
Se hablaba de un equipo que finalmente podía competir de igual a igual con las grandes potencias europeas, jugando además con la ventaja de ser local en un estadio como el Lumenfield. con Balogun disponible y en la cancha gracias a la intervención de la Casa Blanca, Estados Unidos saltó a la cancha con la ilusión de dar la sorpresa ante una Bélgica que muchos consideraban vulnerable en esta edición del Mundial.
El equipo de Mauricio Pochetino llegaba de vencer con comodidad a Bosnia y Hercegovina en la ronda anterior y de completar una fase de grupos bastante sólida. Pero desde el primer minuto quedó claro que esa ilusión no se iba a cumplir. Apenas a los 9 minutos Charles de Kettelir adelantó a los belgas tras un centro raso de Nicolas Raskin.
Estados Unidos logró empatar poco después gracias a un tiro libre de Malic Tilman, que se desvió en la barrera y sorprendió al portero belga, pero la alegría le duró apenas un instante. En la siguiente jugada, Dequetelire volvió a aparecer, esta vez de cabeza para poner el 2 a 1 y dejar en shock al estadio. Antes de terminar la primera mitad, Hans Vanaken amplió la ventaja con un disparo de media distancia después de un error grave del portero estadounidense Matt Freez, quien perdió la posesión del balón al intentar salir de su área con
el equipo completamente noqueado y sin capacidad de reacción. En el segundo tiempo llegó el golpe final, un gol de Romelo Lukaku puso el marcador 4 a 1 y selló una de las eliminaciones más dolorosas que Estados Unidos ha vivido como anfitrión de un mundial. El golpe fue tan duro que Estados Unidos terminó igualando su peor actuación histórica en una Copa del Mundo jugando en casa.
Exactamente la misma campaña de 1994, cuando también quedó eliminado en los octavos de final. Después del partido, Mauricio Pochettino se paró frente a los micrófonos completamente golpeado, asumiendo la responsabilidad por lo que había pasado en la cancha. El técnico argentino fue tajante al decir que su equipo no mostró su verdadera calidad, que nunca estuvieron dentro del partido, ni siquiera cuando lograron el empate y que Bélgica simplemente había sido mejor de principio a fin.
Pero lo más fuerte llegó cuando le preguntaron directamente sobre la polémica de Balogun y si eso había influido en el rendimiento de su plantel. Pochettino respondió con evidente frustración. Dijo textualmente que estaba muy decepcionado y frustrado con la gente que se supone debería entender la situación y terminó mezclando todo, metiendo política y manipulación en un tema que para él era puramente deportivo.
También lanzó una pregunta que sonó más a reclamo personal. cuestionó de qué servía recibir tantos mensajes negativos y amenazas si su única función era entrenar al equipo. El entrenador dejó abierta su continuidad al frente de la selección estadounidense. Aseguró que ahora toca descansar, reflexionar y después platicar con la federación para definir qué sigue.
Lo que nadie le pudo quitar a este partido fue la reacción que se desató después en redes sociales. Apenas Lukaku anotó el cuarto gol en el minuto 94, sus compañeros lo rodearon y empezaron a imitar en pleno festejo el característico baile que suele hacer el presidente estadounidense en sus apariciones públicas. La imagen se volvió viral en cuestión de minutos y desató una lluvia de memes que no dejaron a nadie fuera, ni a la selección, ni a sus jugadores, ni al propio Balogun, ni mucho menos al presidente que unos días antes había
estado moviendo hilos para que su equipo tuviera ventaja. Miles de usuarios recordaron con sarcasmo cómo Estados Unidos había presionado para cambiar una tarjeta roja y terminó igual eliminado, como si el fútbol les hubiera devuelto exactamente esa burla que semanas atrás muchos habían lanzado contra México por su propia eliminación.
Para el aficionado mexicano, ver esta combinación de arrogancia, presión política y fracaso deportivo resultó casi poético. La prueba de que en el fútbol, tarde o temprano, la cancha termina imponiendo su propia justicia por encima de cualquier influencia externa. Y aquí es donde entra la comparación que tanto se ha repetido en las últimas horas entre mexicanos y estadounidenses.
Cuando México cayó eliminado, lo hizo compitiendo de tú a tú contra una de las elecciones favoritas al título, jugando de local, sin controversias arbitrales a su favor y sin ningún presidente llamando a Suiza para pedir favores. La selección mexicana perdió por detalles por esa falta de contundencia que la sigue persiguiendo desde hace décadas, pero se fue del torneo con la frente en alto y el respaldo de más de 80,000 aficionados que no dejaron de alentar hasta el silvatazo final.
Estados Unidos, en cambio, tuvo que recurrir a la presión política más burda para intentar tener una ventaja y aún así terminó recibiendo una de las goleadas más humillantes de su historia mundialista jugando en casa. Para cualquier aficionado mexicano que haya sentido el peso de las burlas tras la eliminación del tricolor, ver este desenlace resulta particularmente satisfactorio porque confirma que ni con dinero, ni con influencia política, ni con favores arbitrales se puede comprar lo que realmente se gana dentro de la
cancha con esfuerzo y con juego. Esta historia también deja mucho para reflexionar sobre hacia dónde va este deporte que tanto amamos. Vimos a un presidente involucrándose directamente en decisiones arbitrales. Vimos a una FIFA dispuesta a ceder ante la presión política más evidente. Y al final vimos que ni con todo ese poder se pudo comprar un resultado dentro de la cancha.
Mientras tanto, sigue creciendo esa sensación entre los aficionados de que las casas de apuestas, los patrocinadores y los intereses políticos terminan pesando más que el propio espectáculo deportivo, dejando al hincha de siempre, al que paga su boleto con esfuerzo como el gran perdedor de todo este circo mundialista con formato de 48 selecciones que muchos consideran que solamente diluyó la calidad del torneo.
Y ahora la pregunta es para ti. ¿Crees que la FIFA debió haber cedido ante la presión de Donald Trump para revertir la expulsión de Balogon? ¿O esto confirma que el organismo ya perdió toda credibilidad? ¿Qué opinas de la salida de Javier Aguirre y la llegada de Rafael Márquez al banquillo de la selección mexicana? Y para cerrar, la pregunta que no puede faltar con todo lo que hemos visto hasta ahora en este mundial, ¿quién es para ti el favorito real para ganar esta Copa del Mundo? déjanoslo en los comentarios y nos vemos en el
próximo