Nagatomo en el Inter de Milán. Yosida en el Southand. En 2010 tan solo cuatro jugadores militaban en ligas europeas. En 2014 eran 12 y ocho de ellos en las cinco grandes ligas. Por lo tanto, las expectativas para Brasil 2014 eran las más altas de la historia del fútbol japonés, pero Japón estaba a punto de descubrir algo que ninguna estadística puede medir con datos.
Y es que Japón tenía un grave problema que les impedía cumplir su sueño. Todo empezó bien para la selección japonesa en Brasil 2014. Honda adelantó a los samuráis azules con un tempranero gol ante Costa de Marfil. No obstante, los africanos le dieron la vuelta al partido en tan solo 2 minutos. En el siguiente encuentro, Japón no consiguió superar a Grecia a pesar de jugar con un hombre más durante 52 minutos.
Por si fuera poco, Colombia, la selección revelación del campeonato, les pasó totalmente por encima en el último partido. De esta forma, la mejor generación de la historia de Japón hasta aquella fecha se desvaneció como si nada en la fase de grupos. El mister Chakeroni dimitió horas después de la eliminación en Brasil.
Entonces nombraron a Javier Aguirre, nuevo seleccionador. Sin embargo, tras un decepcionante papel en la Copa Asiática, la Federación se cargó a Guirre apenas unos meses después de contratarlo. En ese momento de dudas contrataron a Bagit Jalil Josic, un bosnio que había llevado a Argelia a los octavos de final en el Mundial 2014.
Un entrenador con carácter y con ideas muy concretas sobre su fútbol, exactamente lo que Japón necesitaba. Con el Bosnio clasificaron a Rusia 2018 sin demasiadas complicaciones. Sin embargo, los jugadores no entendían su estilo de comunicación. La prensa japonesa reportaba tensiones constantes. Por esa misma razón, la Federación Japonesa decidió destituirlo a falta de tan solo dos meses para el mundial.
Jalil Josic dijo que se sentía como si le hubieran tirado la basura mientras su abogado presentaba una demanda formal contra la Federación Japonesa en el tribunal de Tokio, exigiendo una disculpa pública y una indemnización de exactamente un yen, menos de un céntimo de euro. Entre todo este lío surrealista, Akari Nishino tomó el mando a 90 días del primer partido del Mundial de Rusia y a pesar de las bajas expectativas por todo el lío extradeportivo, Japón ganó en su estreno con una victoria por 2 a 1 ante la selección colombiana. Más tarde
empataron a dos contra Senegal y en el último partido ocurrió algo insólito. Japón estaba perdiendo ante Polonia por un gol a cero. La clasificación estaba en peligro. Sin embargo, durante los últimos 10 minutos, los japoneses empezaron a pasarse el balón entre sí intención de atacar de una forma totalmente descarada.
La razón es que Colombia estaba ganando a Senegal y esta combinación de resultados dejó a Japón y a Senegal empatados a puntos. Como estaban empatados a literalmente todo, Japón clasificó por el criterio de juego limpio, porque recibieron dos amarillas menos. Por esto, el míster japonés no quería jugar ni a las chapas en los últimos 10 minutos.
Senegal explotó ante esta situación y envió una queja formal a la FIFA, pero esto quedó en nada. Japón avanzó a octavos, donde los esperaba una de las grandes favoritas del torneo. La selección belga de Eden Hazar, Kevin de Bruin, Vincent [música] Company y Courtoisa, entre otros, la mejor generación de su historia. Los japoneses dieron la sorpresa y marcaron dos goles al comienzo de la segunda parte que dejaron a todos alucinados y parecía que Japón iba a dar el campanazo.
No obstante, a falta de tan solo 20 minutos para el final, el conjunto belga fue un auténtico torbellino y consiguió darle la vuelta al marcador. Los japoneses se quedaron tendidos sobre el céspe de Rostoff. Incapaces de levantarse. Habían estado a punto de hacer historia. La Federación Japonesa se puso a analizar detenidamente qué le faltaba a su selección para dar un paso más allá.
Pero detrás de todo esto existía un problema silencioso que ninguna estadística [música] podía medir. Todavía no se habían suscrito a Cristian Nieto. Entonces, la Federación Japonesa se suscribió desde [música] la cuenta de todos los empleados y continuaron investigando. Japón llevaba dos décadas produciendo excelentes centrocampistas ofensivos como Nakata, Honda o Kagwa.
Y esto tenía mucho sentido porque el protagonista de la serie Capitán Subasa, precisamente era un centrocampista ofensivo y esta generación que se había visto influenciada tanto por aquella serie, pues querían ser como él, pero como comentó el propio capitán de la selección [música] Maya Yoshida, las posiciones de delantero, defensa central y portero eran posiciones difíciles de cubrir en el fútbol japonés.
Japón producía excelentes jugadores de equipo, pero no eran capaces de marcar las diferencias de forma individual, algo totalmente clave en este tipo de campeonatos. Y la razón no era falta de talento técnico, era cultural. Y esto es mucho más difícil de corregir todavía, ya que en Japón destacar individualmente por encima del grupo no está muy bien visto.
Incluso tienen un dicho que es que el clavo que sobresale recibe martillazo. Sin embargo, poco después del Mundial de Rusia 2018 se estrenó un manga en Japón que rompía con todo lo establecido. [música] Se llamaba Blue Lock. Buscaban crear al delantero más grande y egoísta del mundo para llevar a Japón a ganar la Copa del Mundo.
Y su repercusión fue tan grande que hoy en día la ficción se ha convertido en realidad. La trama de Blue Lock arrancaba con la eliminación real de Japón ante Bélgica en el mundial de 2018. En ese momento, la Federación Ficticia de Blue Lock contrata un tal Jimpach Ego como nuevo entrenador. El míster detecta un problema de mentalidad en sus jugadores.
Entonces, Ego reúne a 300 de los mejores delanteros juveniles del país en una instalación aislada del mundo exterior. Allí los somete a entrenamientos despiadados con un único objetivo, destruir su mentalidad colectiva y crear al delantero egoísta definitivo, alguien que viva solo para marcar goles [música] y convertir a Japón en campeón mundial.
Pero todo esto rompía tanto con la cultura japonesa que el propio autor reconoció que tuvo miedo de lo que iba a provocar. Por ello, antes de publicarlo, pidió opinión a varias personas del [música] fútbol japonés, aunque para su sorpresa, muchos le dijeron que su diagnóstico era acertado y si un manga había resuelto algo que la Federación Japonesa no había visto todavía.
Mientras Blue Lock se convertía en un fenómeno cultural, en julio de 2022 la Federación Japonesa lanzó un documento llamado The Japan, el camino de Japón, que básicamente era un plan diseñado para hacer realidad la declaración de 2005 sobre ganar el Mundial de fútbol. Como veis, los japoneses seguían empeñados en ser los mejores del mundo.
Japón se clasificó sin problemas para su séptimo mundial consecutivo y en su lista de 26 convocados para Qatar 2022, 19 de ellos jugaban en ligas europeas. Un progreso espectacular. Al frente de esta generación está Jaime Morillasu, [música] un entrenador que conocía perfectamente el fútbol japonés.
De hecho, fue uno de los jugadores que sufrió la derrota de la agonía de Doja en 1993. Su gran desafío ahora era integrar un sistema colectivo a la mejor generación de futbolistas japoneses que el país había producido. Sin embargo, el sorteo no fue nada amable para los japoneses. Cayeron junto con Alemania y España, dos campeonas del mundo.
Todo el mundo daba Japón y Costa Rica eliminados antes de empezar. Japón se estrenó contra Alemania y como era de esperar comenzaron perdiendo. No obstante, Moriasu ordenó a todos sus jugadores ir a por Alemania sin ningún complejo. A partir de ahí, Japón ejerció una presión brutal y en el minuto 75 encontró el gol del empate, pero los samuráis azules siguieron atacando.
Poco después, Asano bajó el balón del cielo con un control de campanillas y cuando parecía quedarse sin espacio, remató el único hueco posible al fondo de la red. Era el 1 a dos. Japón completó una remontada espectacular. En cuestión de segundos, [música] las redes sociales colapsaron con el mismo mensaje. Blue Lock es real. Y es que un mes antes del comienzo del mundial, Blue Lock había estrenado su adaptación a serie de anime.
Es decir, mientras Japón estaba [música] disputando el mundial, miles de japoneses estaban viendo en sus televisores una serie que decía que Japón debía convertirse en campeona [música] del mundo. Parecía que el espíritu Blue Lock se había apoderado de los jugadores japoneses que jugaron sin ningún tipo de complejo.
[música] Incluso el segundo gol ante Alemania era muy parecido a algunos de los que se habían marcado durante la serie. Por si fuera poco, la camiseta que estaba vistiendo Japón en aquel mundial tenía relación directa con Blue [música] Lock. La marca Adidas había colaborado con ellos en el anuncio promocional. Todo parecía sacado de una película.
No obstante, en el segundo partido perdieron por 1 a0 ante Costa Rica. La euforia se vino abajo de golpe. En el último partido del grupo ante España, Morata adelantó al conjunto español y Japón estaba momentáneamente fuera del Mundial. Pero en el inicio de la segunda parte, Japón volvió a sorprender con una tormenta de fútbol.
En apenas 3 minutos, los samuráis le dieron la vuelta al marcador y dejaron perplejo [música] al equipo de Luis Enrique. 5 minutos de de descontrol total, de pánico incluso y nos han hecho dos goles y si hubieran necesitado marcarnos dos más, nos marcan seguro. Y han pasado como si fueran aviones. 5 minutos de de pánico. Japón superó el grupo de la muerte como líder en solitario.
Sin embargo, en los octavos de final cayeron otra vez en la tanda de penaltis ante la selección croata. Pero a pesar de no haber superado la barrera de octavos, Japón había logrado algo más importante, ganar a dos campeonas del mundo. Japón había dejado de tener miedo. Era como si la mentalidad de Blue Lock se hubiera apoderado de los jugadores en mitad del torneo.
Y justamente aquí llega lo más aterrador. Blue Lock se hizo tan real que la Federación Japonesa decidió trabajar con ellos para crear un plan nunca antes visto, crear máquinas dispuestas a ganar el Mundial antes de 2050. Pocos meses antes del Mundial [música] 2026, los dirigentes japoneses publicaron una actualización de su plan para ganar el mundial.
Y en el documento no se cuestionan cómo ser mejores, lo plantean de otra forma. Si Japón ganara el Mundial 2050, ¿cómo tendría que ser el fútbol japonés en ese momento? ¿Y qué tendría que estar pasando hoy para que ese estado sea posible en un futuro? En el centro del documento está la idea de la doble pirámide.
La primera pirámide es la de competición, que refleja el fútbol profesional de alto rendimiento. La segunda es la pirámide del disfrute, es decir, las pachangas que echas con tus colegas. Japón cree que esto es fundamental porque cuanto más crece el interés futbolístico en general, pues mejores jugadores van a salir y más probabilidades tengan de jugar en el Manjuro.
Y esto está funcionando tan bien que los chavales japoneses están locos por el fútbol. Hasta tal punto que Kaoruitoma, una de las estrellas de la selección en este momento, escribió una tesis universitaria sobre el proceso del regate en el fútbol. Hoy en día Mitoma juega en la Premier League y es un excelente regateador, pero lamentablemente una lesión le impidió participar en el Mundial 2026.
Pero el plan de los japoneses no se estaba quedando en el papel, sino que ya estaba dando resultados dentro del campo. Japón derrotó por 1 a cu Alemania en casa de los alemanes, venció por 0 a 1 Inglaterra en Wembley y remontó de forma espectacular a la Brasil de Carlo Ancelotti. Con estos grandes amistosos llegaron como un tiro al mundial 2026.
Moriasu anunció la lista de 26 convocados para el mundial y 23 de esos 26 estaban jugando en ligas europeas. En su debut ante Países Bajos, Japón alineó por primera vez en su historia de los mundiales un 11 lleno de jugadores que militan en clubes de ligas europeas. Como hemos visto, hasta hace muy poco, era muy raro ver a un jugador japonés jugando en el extranjero, pero hoy en día todos sus jugadores compiten en las mejores ligas del mundo, aunque la selección japonesa no es solo un puñado de buenos jugadores. Bajo las órdenes de
Moriasu, los samuráis azules se han convertido en un equipo tácticamente muy flexible, algo fundamental en competiciones cortas como el mundial. Lo más llamativo es que Japón combina disciplina táctica con libertad creativa en ataque. Japón solventó la fase de grupos del Mundial con dos empates y una victoria.
Quedaron segundos con cinco puntos y en 16avos se enfrentaron a Brasil. Para ese partido, Japón tenía cuatro bajas clave. Mitoma [música] Takubo Endo y Minamino estaban fuera por lesión, pero aún así hicieron sufrir a Brasil durante todo el partido. Se adelantaron en el marcador, defendieron bien y amenazaron al contragolpe. Su entrenador y el país entero estaban muy orgullosos de lo que habían logrado, pero sobre todo de lo que están construyendo.
Aunque ha quedado claro que pueden competir contra cualquiera, todavía les falta dar un salto de calidad para poder ganar esa Copa del Mundo. Y para ello han apostado por algo aterrador, un Blue Lock en la vida real. Están literalmente creando máquinas futbolísticas. La Federación Japonesa de Fútbol cree que el talento no es innato.
Creen que se desarrolla con precisión científica desde edades tempranas. Por ello han creado algo llamado Talent ID, identificación y desarrollo del talento. El sistema se centra en variables científicas como el Pight Velocity, el momento en el que cada jugador alcanza su pico de crecimiento, normalmente entre los 12 y 13 años.
Japón lleva años construyendo expedientes de desarrollo individual sobre niños que en muchos casos todavía ni siquiera saben si quieren ser futbolistas profesionales, pero con ello tienen un sistema que identifica y desarrolla ese talento desde edades muy tempranas. [música] Y el nivel de detalle es tal que en el documento de la federación define incluso las características específicas que debe tener cada jugador en función a su posición dentro del campo.
Al delantero centro le exigen marcar goles, no tener miedo a recibir bajo presión y atacar todas las veces que pueda. Unas características muy similares al delantero definitivo que se muestra en la serie de Blue Lock. Y justo de esa idea nace el proyecto más loco y perturbador de toda esta historia. El 11 de mayo de 2026, la Federación Japonesa convocó una rueda de prensa en Tokio y todos quedaron perplejos con sus palabras.
Un Blue Lock en la vida real está a punto [música] de comenzar. Espero que esto se convierta en un lugar para descubrir talentos que superen incluso al propio Blue Lock. Estamos esperando a verdaderos egoístas que aspiren a ganar la Copa del Mundo. Miamoto, presidente de la Federación, acababa de anunciar una colaboración directa y oficial con Blue Lock, el proyecto Future Camp.
Se trata de su primer gran programa de captación de jóvenes futbolistas japoneses en el extranjero, ya sean nacidos en Japón o que tengan raíces japonesas. Imagínate que de ahí sale el futuro delantero que marca el gol en la final de la Copa del Mundo 2050. Sería espectacular. Con todo esto, el objetivo de Japón es construir una cultura futbolística tan sólida que inevitablemente se haga realidad el sueño de ser campeones del mundo antes de 2050.
Pero claro, si en tan poco tiempo han sido capaces de crear todo esto, ¿qué no serán capaces de hacer estos próximos años? Hoy en día se ha consolidado como una selección a tener en cuenta y que está construyendo un futuro muy ilusionante. En Japón, la palabra Kaisen significa mejora [música] continua. Avanzar un poco cada día durante muchos años siendo muy constante hasta que un día lo que parecía imposible acabe convirtiéndose [música] en realidad.
El plan sigue en marcha y el trofeo que durante décadas parecía inalcanzable hoy está más cerca que nunca.