EL ENGAÑO PERFECTO: CÓMO TELEVISA Y EMILIO AZCÁRRAGA UTILIZAN A LA SELECCIÓN MEXICANA PARA CONTROLAR, MANIPULAR Y LUCRAR CON LA ILUSIÓN DE TODO UN PAÍS

Hemos llegado a un punto de no retorno en la historia del deporte y los medios de comunicación en nuestro país. Después de la reciente eliminación, que no puede ser catalogada de otra forma más que como una humillación y una exhibición de las inmensas carencias de la Selección Mexicana de Fútbol —un equipo que en la práctica funciona como una propiedad exclusiva de Televisa—, la maquinaria mediática se ha puesto a trabajar a marchas forzadas. Televisa, bajo el mando directo de Emilio “El Cuyo” Azcárraga, ha lanzado nuevamente el anzuelo para seguir sometiendo mental y económicamente a todos aquellos aficionados que aún no han logrado quitarse la venda de los ojos.

La rapidez con la que operan es verdaderamente asombrosa. Inmediatamente después de consumarse el fracaso en el Mundial, donde la selección terminó logrando exactamente lo mismo de siempre, los estrategas de la comunicación en Chapultepec 18 liberaron a sus voceros. Estos comentaristas, actuando como ecos de una narrativa prediseñada, salieron a los micrófonos con un discurso victimista pero extrañamente triunfalista, asegurando que los jugadores se habían entregado al máximo, que se habían “roto la madre” en el terreno de juego. Esta es la primera fase de una operación psicológica masiva diseñada para amortiguar el golpe del fracaso y transformarlo en un producto consumible.

La Falsa Narrativa del Heroísmo ante Inglaterra

Para lavar la cara de la selección propiedad de Azcárraga, se ha fabricado una tendencia comparativa sumamente conveniente. La narrativa oficial impulsada por la televisora sostiene que, de todas las selecciones del continente americano que participaron, la mexicana fue la única que “murió con la cara al sol”. Se jactan de que, al menos dentro de la zona de CONCACAF, México fue el equipo que mejor desempeño mostró. Para sostener este frágil argumento, utilizan como escudo las estrepitosas derrotas de sus vecinos del norte, recordando incesantemente a las audiencias que Canadá fue goleada tres a cero y que Estados Unidos sufrió una humillante derrota de cuatro a uno.

Sin embargo, lo que esta maquinaria de desinformación omite deliberadamente es el contexto real de cómo se desarrollaron los eventos para la escuadra mexicana. No te cuentan que el supuesto buen funcionamiento de México estuvo condicionado por circunstancias externas, como un penal mal marcado a favor frente a Inglaterra y una expulsión altamente cuestionable que dejó a los europeos en desventaja. La realidad en la cancha fue muy distinta a la que se narra en las pantallas. Durante el partido contra Inglaterra, la Selección Mexicana gozó de una ventaja numérica de un hombre extra durante más de cuarenta minutos. A pesar de esto, el equipo lució inoperante, sin táctica alguna y carente de fútbol. No lograron derrumbar la sólida estructura piramidal de la defensa inglesa. La supuesta presión mexicana fue apenas una simulación; Inglaterra, de manera inteligente, les cedió la pelota desafiándolos a generar peligro, un reto que la escuadra de Televisa fue absolutamente incapaz de superar.

A pesar de esta evidente carencia de talento y estrategia, narradores estrella de la empresa, como Andrés Vaca, se dedicaron a lanzar comentarios diseñados específicamente para sensibilizar a la audiencia. Apelaron al sentimiento, ignorando el análisis crítico. Vaca llegó al absurdo de asegurar en plena transmisión que “había tiempo para empatar”, creando falsas esperanzas. La cruda realidad es que, aunque el partido se hubiera alargado una hora más, el equipo mexicano no habría podido anotar debido a su total falta de ideas ofensivas. Estos comentócratas, actuando como porristas glorificados, engañaron deliberadamente a millones de espectadores por unos cuantos clics y puntos de rating, haciéndoles creer que estaban presenciando a un equipo de élite cuando en realidad veían a un conjunto a la deriva.

La manipulación llega a extremos ridículos con el uso de influencers y comunicadores menores que celebran triunfos minúsculos para desviar la atención del fracaso monumental. Durante horas, las redes sociales se inundaron de mensajes de estas cuentas satélites presumiendo que el jugador mexicano Mora había logrado conseguir la playera del astro inglés Bellingham al finalizar el encuentro. Presentaron este intercambio de camisetas como si fuera un trofeo, una validación internacional, intentando convencer al público de que Mora es un crack mundial solo por tener en sus manos la prenda de un jugador que sí pertenece a la élite. El objetivo es claro: mantener viva la ilusión en torno a un jugador joven y mediático, forzando a la afición a olvidar rápidamente la eliminación.

La Cortina de Humo Internacional: El Caso Argentina y Egipto

Como nadie con un mínimo de sentido crítico creyó en los videos y discursos de los paleros televisivos defendiendo a la selección, Televisa ha recurrido a estrategias de distracción masiva aprovechando los escándalos del entorno internacional. Actualmente, el tema de la Selección Mexicana se ha enfriado convenientemente gracias al estallido del escándalo que rodea a la selección de Argentina y su polémico partido contra Egipto.

El mundo del fútbol está conmocionado por lo que sucedió en Atlanta. Los jugadores egipcios y las decisiones de los árbitros han sido el centro de una tormenta mediática que expone lo que muchas teorías de conspiración venían advirtiendo. Existe una percepción generalizada de que la FIFA tiene un interés explícito en que Argentina llegue a la final. Incluso, se habla de la intención de cumplir la profecía o el deseo del técnico argentino, Lionel Scaloni, quien anticipó una hipotética final entre España y Argentina. Este enfrentamiento representa la “Finalísima” que no pudo llevarse a cabo en Arabia Saudita debido a los conflictos bélicos en el Golfo Pérsico, un evento cancelado que representó la pérdida de miles de millones de dólares en ganancias.

Para Televisa, este escándalo internacional ha funcionado como un bálsamo puro, una cortina de humo perfecta que mantiene a las audiencias entretenidas y enfurecidas con factores ajenos, desviando la mirada crítica de los problemas estructurales del fútbol mexicano. Mientras el público discute apasionadamente sobre el robo a Egipto y el favoritismo hacia Messi, Emilio Azcárraga y sus socios operan en las sombras, reorganizando sus fichas para el siguiente gran golpe.

El Plan Maestro de Expansión: Mundiales de 2029 y 2038

Televisa no tiene la más mínima intención de desprenderse del fútbol. Este deporte es la columna vertebral de su imperio financiero y de su influencia social. Desean fervientemente seguir vigentes y ya están ejecutando planes a largo plazo para continuar lucrando con la pasión de los incautos y con el falso patriotismo barato que empaquetan y venden a través de la selección.

Aprovechando la cortina de humo internacional, se ha revelado que Emilio Azcárraga ya está movilizando a sus huestes, llamándolos a sentarse en la mesa de negociaciones con la FIFA. Su objetivo primordial es traer a México el Mundial de Clubes en el año 2029. La idea central de este ambicioso proyecto es perpetuar su poder y seguir viviendo a expensas del fútbol. Azcárraga se ha dado cuenta de que, a pesar de los constantes fracasos deportivos, la gente en este reciente mundial respondió de manera masiva, atiborrando las calles, los “Fan Fests” y las plazas públicas.

El cálculo de Televisa es frío y calculador: apuestan a que para el año 2029 habrán recuperado un inmenso poder, al grado de poder controlar nuevamente la agenda del gobierno mexicano. No es un secreto que para albergar un evento de la magnitud de un Mundial o un Mundial de Clubes en territorio mexicano, se requiere indispensablemente del patrocinio, la infraestructura y los recursos económicos del Estado. El plan es extraordinariamente ambicioso, aunque se encuentra bajo la sombra de una posible amenaza: las multas y repercusiones legales por parte del gobierno estadounidense derivadas del escándalo de corrupción conocido como el “FIFA Gate”. A pesar de esto, figuras como Mikel Arriola ya habían anticipado estas intenciones semanas atrás, asegurando que pujarán con toda su fuerza para que el torneo se quede en México y, posiblemente, en una candidatura conjunta con Canadá.

Pero la ambición no termina ahí. Azcárraga y su mesa directiva necesitan dar golpes de autoridad constantes. Viendo el fenómeno social en el que se convirtió su empresa gracias a millones de mexicanos celebrando victorias menores en las calles, ya han puesto sobre la mesa la candidatura para un hipotético Mundial absoluto en el año 2038. Necesitan mantener cautiva la atención de toda esa gente que lograron aglomerar. Quieren enviar un mensaje claro: Emilio Azcárraga debe seguir controlando el fútbol nacional para que usted, el espectador, jamás se despegue de las pantallas de Televisa.

La Ilusión de la Competencia y el Derrumbe de TV Azteca

Una de las herramientas más efectivas de control mental que ejercen sobre la población mexicana es la creación de una falsa rivalidad televisiva. Las recientes audiencias demostraron que, en momentos de fervor nacional, la mayoría prefiere sintonizar los juegos a través de Televisa. Los reportes de Televisa Univisión arrojaron cifras asombrosas: un total de 35.8 millones de personas presenciaron sus transmisiones, presuntamente superando por un 28% a su competidor directo, TV Azteca.

Específicamente, en el partido de México contra Inglaterra, Televisa presumió un alcance en televisión abierta de 28.3 millones de personas, sumados a 7.5 millones adicionales a través de su plataforma de streaming Vix. Este volumen representa el récord histórico más grande registrado en la televisión mexicana para un solo partido de fútbol. Según sus propios datos, Televisa pulverizó a TV Azteca. Para lograr esto, utilizaron una estrategia de división de canales, mandando la señal simultáneamente por Canal 5 y Las Estrellas. Mientras tanto, Azteca 7 reportó un total de 9.58 millones de espectadores.

Aunque los datos presentados por ambas empresas no terminan de cuadrar y parecen manipulados para favorecer narrativas internas, la suma total en las plataformas le otorgó la victoria mediática al “Cuyo”. Sin embargo, lo que el aficionado promedio ignora es que esta “guerra de televisoras” es una completa farsa. En realidad, solo se trata de una disputa simulada entre dos empresas amigas, hermanas y, sobre todo, socias comerciales. Inventan esta guerra de credibilidad para mantener a las audiencias embobadas, discutiendo sobre quién narra mejor, cuando en el fondo, ambas televisoras persiguen exactamente el mismo objetivo: el control de México a través del fútbol.

Este control absoluto se vuelve aún más crucial en el panorama actual, donde TV Azteca se encuentra pendiendo de un hilo. Televisa necesita mantener la maquinaria en movimiento no solo por ellos, sino esperando a ver si su socio comercial logra sobrevivir. Recientemente, un tribunal aprobó un concurso mercantil entre el empresario Ricardo Salinas Pliego y sus acreedores estadounidenses. La televisora del Ajusco tiene menos de un año para llegar a un acuerdo financiero viable; de no ser así, TV Azteca está condenada a desaparecer. Las televisoras son plenamente conscientes de esta fragilidad, y es por ello que aferrarse a los más de 40 millones de mexicanos que siguen fielmente a la selección es un asunto de supervivencia empresarial.

La Manipulación Sociológica y el Falso Patriotismo

Cuando Emilio Azcárraga observa las métricas y ve la respuesta multitudinaria de la gente, sonríe de oreja a oreja. Entiende perfectamente que la llave maestra para dominar a las audiencias y, eventualmente, recuperar el poder político absoluto, radica en evocar ese falso patriotismo. Venden la idea tóxica de que este equipo de fútbol —una franquicia privada con fines de lucro— es el único elemento capaz de “unir a los mexicanos”.

Esta estrategia de manipulación cruzó límites peligrosos recientemente, inmiscuyéndose directamente en la política nacional. Hace unos días, el experimentado comunicador Joaquín “El Chayo” López-Dóriga, en una entrevista con el joven Murrieta, dejó al descubierto el núcleo de esta maquinaria propagandística. López-Dóriga se deshizo en elogios hacia la selección de Azcárraga, argumentando de manera tendenciosa que este equipo de fútbol había sido verdaderamente capaz de unir a todos los mexicanos. En la misma oración, contrastó esta supuesta hazaña unificadora con la figura del presidente Andrés Manuel López Obrador, acusándolo de haber polarizado y dividido a toda la nación.

Esta comparación es un acto de ilusionismo mediático, una aberración que busca confundir peras con manzanas. Mezclan deliberadamente un espectáculo de entretenimiento privado que ocurre cada cuatro años con la compleja realidad política y social que se vive día a día en el país. Al exponer la corrupción y los problemas sistémicos, la política naturalmente genera debate, pero la televisión implanta en el subconsciente de la audiencia una idea peligrosa: “El político es el malo porque nos divide, pero la Selección de Televisa es la buena porque nos une”. Y la conclusión tácita e imperativa que intentan sembrar es: “¿Y quién es el dueño bondadoso de esta selección que nos une? Emilio Azcárraga”. Así es exactamente como estos personajes de la comunicación, trabajando como engranajes de un sistema podrido, operan en la psique de las masas.

La televisión tiene un poder inconmensurable. Si posees la atención de la audiencia, tienes el poder absoluto. Puedes venderles expectativas, paz, armonía, frustración y aspiraciones vacías. A partir de este fracaso mundialista, la estrategia será apostar al olvido acelerado y sustituirlo con el clásico discurso del “echaleganismo” y el “aspiracionismo”. Te venderán la nostalgia perpetua de lo que pudo ser y no fue. Repetirán mil veces una mentira hasta que se convierta en una verdad aceptada por todos.

La Destrucción Estructural del Fútbol Mexicano

El aspecto más trágico de todo este entramado es que, mientras el negocio de la televisión florece, el deporte en sí mismo agoniza. El nivel del fútbol mexicano es paupérrimo, sumido en una mediocridad crónica generada precisamente por las decisiones de este pequeño grupúsculo de empresarios que le rinden pleitesía a Televisa, dueña absoluta de los derechos de transmisión.

Televisa se ha dado cuenta de que el aficionado mexicano es un ente que fácilmente compra espejitos, que se ilusiona con la menor provocación y que está dispuesto a entregar su dinero, e incluso a endeudarse, para sentirse parte de un circo que jamás le ha pertenecido. Vimos a medios de comunicación quejándose amargamente al inicio del torneo porque no había “ambiente mundialista”, e incluso se mostraban molestos porque no encontraban historias de aficionados empeñando sus casas o sus autos para comprar boletos inalcanzables para la clase media.

Como saben que el público volverá a caer, que volverán a comprar la camiseta de la selección —la cual sigue siendo la más vendida a nivel mundial para la marca de las tres franjas—, los dueños del balón no tienen ningún incentivo para mejorar la competitividad del deporte. Con dos o tres resultados medianamente aceptables ante selecciones sudamericanas, justifican las peores atrocidades administrativas.

Bajo la sombra protectora de este conformismo masivo avalado por la televisión, pueden darse el lujo de cometer actos que destruyen el espíritu deportivo. Pueden eliminar tranquilamente el sistema de ascenso y descenso, blindando sus inversiones sin importar el rendimiento en la cancha. Pueden integrar a la liga a cualquier franquicia que aporte capital económico, ignorando el mérito deportivo. Inundan los equipos con una cantidad excesiva de jugadores extranjeros, tapando el desarrollo del talento local. Permiten y fomentan la corrupción rampante en las canteras, donde las oportunidades no se ganan con talento, sino que se venden a los jóvenes cuyas familias tienen la capacidad económica para pagar sobornos a los entrenadores.

El fútbol a nivel global es un negocio, eso es innegable. Pero el colapso ocurre cuando la balanza se desnivela de forma tan grotesca que el rendimiento financiero aniquila por completo la justicia deportiva. Hoy, Televisa tiene secuestrado al fútbol mexicano. Te venden un nivel mediocre como si fuera de élite mundial, y basan su imperio en tu falta de memoria.

El Despertar de la Conciencia

Es verdad que con la temprana eliminación, el negocio sufrió un duro golpe a corto plazo. Los comerciales más lucrativos ya no están en los horarios estelares, los programas de debate perdieron su materia prima y los almacenes se quedaron abarrotados de mercancía oficial que ahora deben rematar al dos por uno. Sin embargo, para ellos esto es solo un bache en el camino. La maquinaria está diseñada para regenerarse.

Saben que te vas a molestar, que criticarás el fracaso durante unas semanas, pero apuestan ciegamente a que, cuando inicie el próximo ciclo mundialista, volverás a enfundarte en la camiseta verde. Esperan que vuelvas a gritar frente al televisor, creyendo que esta vez será diferente, cuando las cartas ya están marcadas desde las oficinas de Chapultepec.

Este no es un llamado a odiar el deporte, ni siquiera a dejar de ver el fútbol. Es una invitación urgente a entender cómo funciona el verdadero negocio en México. Es necesario comprender que cada vez que te desbordas en una plaza pública celebrando un triunfo menor, le estás validando a Emilio Azcárraga su modelo de negocio. Le estás confirmando que no necesita invertir en el desarrollo deportivo del país, porque tu lealtad emocional es incondicional a pesar de sus constantes abusos.

Televisa desea que entierre el tema de la humillación, que olvides la falta de táctica y el fracaso estructural. Quieren que aceptes su nuevo discurso: “Hicimos un excelente trabajo, jugamos muy bien, casi ganamos, pero perdimos como siempre”. Y bajo esa falsa premisa, te pedirán nuevamente tu apoyo incondicional para que, en cuatro años, vuelvas a financiar su imperio. No dejes que te laven el cerebro. El poder más grande que tienes como aficionado no es tu grito en la tribuna, sino tu conciencia, tu capacidad de análisis crítico y tu decisión de no seguir alimentando a un monstruo mediático que se enriquece lucrando con la nobleza y la ilusión de un país entero. Abre los ojos; el partido real no se juega en la cancha, se juega en tu mente.

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