El monstruo de Cajamarca: el feminicidio de Mirley Urcia Flores que quedó registrado por las cámaras

Hay crímenes que conmocionan por su brutalidad. Otros, además, dejan una pregunta imposible de ignorar: ¿podrían haberse evitado? La historia de Mirley Urcia Flores reúne ambas circunstancias. Durante casi dos años denunció las agresiones de su expareja, pidió protección y buscó ayuda en repetidas ocasiones. Sin embargo, las medidas nunca llegaron a ser suficientes. Finalmente, el ataque que acabó con su vida ocurrió en plena vía pública, frente a varios testigos y quedó registrado tanto por un teléfono móvil como por cámaras de seguridad.

Una mujer trabajadora y dedicada a sus hijos

Mirley Urcia Flores nació el 21 de abril de 1991 en Chiclayo, al norte de Perú. Era hija de Víctor Urcia Grados y creció rodeada de varios hermanos, manteniendo un vínculo especialmente estrecho con su hermana mayor, Medal, quien años después contaría que prácticamente la había criado.

Desde muy joven tuvo que enfrentar situaciones difíciles. En una relación anterior sufrió violencia por parte del padre de sus tres hijos. A los 18 años nació su primera hija y, en los cuatro años siguientes, llegaron dos niños más. Pese a las dificultades, logró separarse de aquel hombre y sacar adelante a sus hijos como madre soltera.

Quienes la conocían la describían como una mujer alegre, trabajadora y siempre dispuesta a ayudar. Se dedicaba a la venta de equipos agropecuarios, actividad que la obligaba a viajar constantemente por distintas regiones del país. Cuando debía ausentarse por trabajo, su padre la apoyaba cuidando de sus hijos.

El inicio de una relación que terminó convirtiéndose en una pesadilla

Durante uno de sus frecuentes viajes a Cajamarca conoció a Alex Éber Quezada Tello, un taxista seis años menor que ella. La amistad entre ambos evolucionó rápidamente hacia una relación sentimental.

Al principio, Alex parecía atento y cariñoso. Mirley incluso lo presentó a su familia, convencida de que había encontrado una nueva oportunidad para rehacer su vida. Sin embargo, sus familiares nunca terminaron de confiar en él. Les resultaba inquietante su comportamiento y percibían cambios bruscos en su personalidad.

Con el paso de los meses, comenzaron a aparecer los primeros episodios de celos excesivos, insultos y agresiones físicas. Los propios hijos de Mirley fueron testigos de cómo Alex la humillaba y golpeaba.

Aunque la familia intentó convencerla de alejarse, Mirley continuó la relación, como ocurre con muchas víctimas de violencia de pareja que permanecen emocionalmente atrapadas por su agresor.

Un ciclo de violencia cada vez más peligroso

La situación empeoró rápidamente.

Alex controlaba cada movimiento de Mirley, la seguía constantemente, la acusaba de ser infiel y trataba de aislarla de sus familiares y amistades. En una ocasión incluso la encerró en una habitación y la atacó con un objeto punzocortante mientras su propia madre presenciaba la escena sin intervenir, según declaró la hermana de la víctima.

Finalmente, Mirley decidió terminar definitivamente la relación.

Pero Alex no aceptó la separación.

Comenzó entonces un intenso acoso: la perseguía, la vigilaba y le exigía volver con él.

Denuncias que nunca fueron suficientes

Ante el incremento de la violencia, Mirley acudió repetidamente a las autoridades.

Presentó varias denuncias por agresión y solicitó protección. Sin embargo, según denunciaron posteriormente sus familiares, muchas de esas denuncias fueron archivadas sin que se tomaran medidas efectivas.

Solo en octubre de 2022 se emitió una orden de alejamiento, se le entregó un botón de pánico y se dispuso que la policía realizara rondas periódicas cerca de su domicilio.

La familia sostiene que esas medidas jamás se cumplieron de manera adecuada y que ni siquiera fue informada cuando la orden perdió vigencia.

La última denuncia presentada por Mirley ocurrió en mayo de 2023. Como resultado, Alex fue citado para comparecer ante las autoridades el 23 de mayo.

Nunca llegó a hacerlo.

La noche del crimen

La noche del 21 de mayo de 2023, Mirley salió con unas amigas a la discoteca Barra VIP, en Cajamarca.

Mientras disfrutaba de la velada, Alex apareció inesperadamente en el establecimiento. Había estado bebiendo en otro lugar y sabía perfectamente dónde encontrarla.

Con el pretexto de hablar sobre la denuncia que enfrentaba, consiguió obligarla a salir del local.

La discusión continuó en el exterior.

Minutos después, Alex forzó a Mirley a subir a una camioneta negra que lo esperaba cerca de la discoteca.

El vehículo se dirigió hasta la avenida Alfonso Ugarte, donde ocurrió el ataque.

Un asesinato presenciado por varios testigos

Al llegar al lugar, Alex sacó a Mirley del vehículo por la fuerza y comenzó a golpearla brutalmente en plena calle.

La víctima gritaba desesperadamente pidiendo ayuda mientras intentaba defenderse.

Una vecina observó toda la escena desde la ventana de su vivienda y comenzó a grabar con su teléfono móvil mientras también pedía auxilio a gritos.

Pese a ello, nadie intervino.

Cuando Mirley ya se encontraba prácticamente inconsciente, Alex rompió una botella contra el suelo y utilizó los fragmentos de vidrio para provocarle graves heridas en el rostro y el cuello.

Después tomó una piedra de gran tamaño y la lanzó repetidamente contra la cabeza de la víctima.

Solo entonces abandonó el lugar.

Las imágenes del ataque quedaron registradas tanto por el teléfono de la vecina como por cámaras municipales de videovigilancia.

La detención

La policía llegó pocos minutos después.

Aunque Mirley aún presentaba signos vitales y fue trasladada de urgencia al Hospital Regional Docente de Cajamarca, falleció poco después debido a la gravedad de las lesiones.

Los médicos determinaron que presentaba múltiples traumatismos, heridas cortantes en el cuello y una fractura expuesta en la región frontal del cráneo.

Ese mismo día, Alex fue localizado y detenido.

Intentó resistirse al arresto e incluso trató de escapar, pero finalmente fue reducido por los agentes.

Durante su captura confesó haber asesinado a Mirley.

Su justificación fue escalofriante:

“Si no era para mí, no sería para nadie.”

El “Monstruo de Cajamarca”

La brutalidad del crimen hizo que los medios de comunicación comenzaran a llamarlo “El Monstruo de Cajamarca”.

Las investigaciones revelaron además que Alex no era un desconocido para las autoridades.

Contaba con más de veinte denuncias previas, varias relacionadas con violencia contra mujeres.

También había permanecido en prisión entre 2016 y 2019 por un caso de robo agravado cometido junto a una banda criminal.

Mientras permanecía detenido, numerosos testigos señalaron que mostraba una actitud desafiante, sonreía constantemente y no evidenciaba ningún tipo de arrepentimiento.

La investigación revela un posible cómplice

Durante las diligencias apareció una nueva grabación procedente de las cámaras de seguridad municipales.

Las imágenes mostraban que Alex no actuó completamente solo.

En ellas podía observarse que el conductor de la camioneta ayudó a bajar a Mirley del vehículo antes de iniciarse la agresión.

Las investigaciones identificaron posteriormente a ese hombre como Gilmer Eduardo Pajares Noriega.

La Fiscalía sostuvo que conocía el plan criminal, condujo el vehículo hasta el lugar del ataque y colaboró activamente para que el feminicidio pudiera ejecutarse.

Cuando la justicia solicitó su prisión preventiva, Gilmer ya había desaparecido.

Desde entonces permaneció prófugo.

Justicia para Mirley

El juicio avanzó con rapidez debido a la contundencia de las pruebas.

La confesión del acusado, los testimonios de varios testigos y, especialmente, los vídeos del crimen constituyeron una evidencia determinante.

En enero de 2024, el Poder Judicial peruano condenó por unanimidad a Alex Éber Quezada Tello a cadena perpetua por feminicidio agravado.

Asimismo, Gilmer Eduardo Pajares Noriega también fue condenado a cadena perpetua como cómplice del crimen, aunque continuaba prófugo al momento de dictarse la sentencia.

Ambos fueron condenados además al pago de una reparación civil de 300.000 soles en favor de los tres hijos de Mirley.

Un caso que dejó una profunda reflexión

La muerte de Mirley Urcia Flores volvió a poner sobre la mesa el problema de la violencia de género y las fallas en los mecanismos de protección para las víctimas.

Durante meses buscó ayuda, denunció reiteradamente a su agresor y pidió protección.

Sin embargo, ninguna de esas acciones consiguió impedir el desenlace.

Su caso continúa siendo recordado no solo por la extrema violencia con la que fue asesinada, sino también porque las grabaciones del ataque evidenciaron que el crimen ocurrió ante la mirada de varias personas, mientras la víctima pedía ayuda desesperadamente.

La condena de los responsables representó un paso importante hacia la justicia, pero para sus familiares la pregunta sigue siendo inevitable: si las denuncias hubieran recibido una respuesta oportuna y efectiva desde el principio, ¿habría sido posible salvar la vida de Mirley?

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