El mundo de la comunicación, el periodismo y la televisión en España vive una jornada de profunda tristeza y consternación. Se ha confirmado el fallecimiento de José Manuel Rada, conocido cariñosamente en los círculos profesionales y afectivos como “Cheford”, a la edad de 67 años. Su partida no solo deja un vacío irremplazable en las redacciones de los medios de comunicación donde entregó su talento durante décadas, sino que también marca el fin de una existencia caracterizada por una fortaleza inquebrantable, la integridad profesional y una pasión desbordante por la verdad.
Los últimos meses en la vida de José Manuel Rada estuvieron marcados por un panorama de salud sumamente complejo y doloroso. El comunicador venía de librar una batalla encarnizada y desgastante contra el cáncer, una enfermedad que afrontó con entereza y de la cual logró salir adelante tras largos tratamientos. Sin embargo, cuando parecía que el horizonte volvía a aclararse, el destino le deparó un nuevo y devastador revés médico. A principios de este año, Rada recibió el diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad neuromuscular degenerativa que afecta de manera progresiva las neuronas motoras, comprometiendo el movimiento y las funciones esenciales del cuerpo. A pesar de la severidad de este segundo diagnóstico, José Manuel demostró una capacidad de resistencia humana que conmovió profundamente a sus allegados, convirtiéndose en un símbolo de coraje hasta su último aliento.
La historia profesional de José Manuel Rada está ligada de forma indisoluble al desarrollo del periodismo regional y nacional desde la década de los ochenta. Sus primeros pasos en la profesión se remontan al año 1982, una época de ebullición informativa en España, cuando comenzó a colaborar en La Voz de Ávila. En este espacio formativo forjó las bases de lo que sería una carrera brillante, demostrando un instinto natural para la noticia y una cercanía única con la ciudadanía. Su dedicación no pasó desapercibida y, para el año 1990, se integró formalmente al centro territorial de Televisión Española (TVE) en Asturias, una región que adoptó como su hogar profesional y donde desarrollaría sus aportes más significativos.
A lo largo de su trayectoria en el norte del país, Rada también se desempeñó con notable éxito como corresponsal de cabeceras históricas de la prensa escrita, tales como La Voz de Asturias y La Nueva España. Su pluma y su voz eran sinónimo de rigor, ganándose el respeto de miles de lectores diarios que buscaban en sus crónicas una visión clara y honesta de la realidad asturiana. Su capacidad de gestión y su liderazgo dentro de las dinámicas de trabajo en equipo lo llevaron a asumir, entre los años 1993 y 1996, el prestigioso y exigente cargo de jefe de los servicios informativos de Televisión Española en Asturias. Bajo su dirección, el centro territorial experimentó una época de consolidación técnica y editorial, priorizando la cobertura de los asuntos de interés público con una marcada vocación de servicio ciudadano.
No obstante, la carrera de José Manuel Rada no estuvo exenta de las complejidades políticas inherentes al ejercicio del periodismo de alto nivel en las corporaciones públicas. Tras la victoria electoral del Partido Popular en las elecciones generales de mediados de los noventa, la estructura de la televisión pública sufrió una reorganización profunda, lo que derivó en la suspensión de sus funciones al frente de los informativos. Este episodio, lejos de amedrentar al comunicador o sumergirlo en el desánimo, sirvió para demostrar su versatilidad y su amor incondicional por el oficio periodístico.
Con una actitud resiliente, Rada encontró un nuevo norte profesional dentro de la misma casa, redirigiendo su pasión hacia la redacción de deportes. Rápidamente, se convirtió en una de las voces más queridas y reconocidas por los aficionados al fútbol asturiano. Su labor cobró una relevancia especial durante los intensos y apasionados enfrentamientos disputados por los dos clubes más grandes de la región, el Sporting de Gijón y el Real Oviedo, en los tiempos en que ambas instituciones competían al máximo nivel en la Primera División de la Liga española. Las narraciones de Rada, impregnadas de un conocimiento técnico profundo y un entusiasmo contagioso, marcaron una época de oro para la radio y la televisión deportiva asturiana.
Más allá de los micrófonos y las cámaras, la figura de José Manuel Rada también tuvo una implicación destacada en la vida civil y política de su comunidad. Su firme convicción en la necesidad de transformar la sociedad desde la acción colectiva lo llevó a ser uno de los referentes clave en la reconstitución de la Agrupación Socialista de Avilés en el año 1982. A lo largo de los años, mantuvo una militancia activa y coherente con sus ideales democráticos, dejando una impronta de respeto y diálogo constructivo tanto entre sus compañeros de partido como frente a sus oponentes políticos.
La noticia de su fallecimiento ha desatado una ola de luto y de sentidos homenajes en el ámbito comunicativo. Una de las primeras instituciones en reaccionar públicamente fue la Asociación de la Prensa Deportiva del Principado de Asturias, organización de la cual Rada formaba parte activa. A través de sus canales oficiales en redes sociales, la asociación emitió un emotivo mensaje en el que expresaron: “Hoy el periodismo asturiano está de luto por la pérdida de José Manuel, integrante de nuestra asociación, emblemática voz de RTV Asturias, donde fue director y corresponsal de La Nueva España, La Voz de Avilés y La Voz de Asturias. Descansa en paz. Abrazo a la familia”.
Los mensajes de condolencia por parte de colegas de profesión, figuras de la política asturiana y ciudadanos comunes que crecieron escuchando sus coberturas informativas no han dejado de sucederse. Todos coinciden en señalar que la partida de José Manuel Rada deja un vacío inmenso y difícil de llenar en el panorama mediático español. Su trayectoria profesional quedará guardada en la memoria colectiva como un ejemplo imperecedero de integridad, ética y valentía periodística, recordándonos a todos que la comunicación tiene el poder y la responsabilidad de tocar los corazones de las personas y contribuir al bienestar común. Su legado perdura ahora en cada crónica bien escrita y en el recuerdo de quienes tuvieron el honor de compartir una redacción con él.