Y ahí grabó Lark Stong sin aspic, 1973. Escúchalo. En serio, si no lo conoces, ve y escúchalo después de este video. Esa batería no se parece a nada que hubiera hecho en Yes. Es nerviosa, impredecible, te mantiene en tensión todo el tiempo. Hay momentos donde no estás seguro de dónde cae el uno. Y eso, eso era exactamente lo que él buscaba, porque aquí está la cosa, y esto es opinión mía de baterista.
En yes él era brillante, pero estaba contenido. Tenía que servir a la canción, a la estructura, al éxito. En King Crimson lo soltaron. Le dijeron, “Rómpelo, experimenta, equivócate.” Y por primera vez su cabeza de yasista y sus manos estaban en el mismo lugar. ¿Y sabes qué pasó con esa banda tan increíble? Duró nada. Para el 74, King Crimson se desarma.
otra vez se queda sin piso. Y fíjate el patrón porque ya van dos. Yes, lo dejó. Crimson se acabó. Y en lugar de buscar estabilidad, de sentar cabeza, él se va a meter en los años más caóticos de toda su carrera, saltando de proyecto en proyecto como si la calma le diera alergia. Eso es lo que viene ahora.
Y, créeme, se pone bueno. Los años de reinvención. Y aquí empiezan los años locos, los que casi nadie te cuenta completos. Mira nada más lo que hace este hombre en pocos años. Sale de gira con Genesis en el 76, cubriendo nada menos que a Phil Collins detrás del kit. Luego se mete en UK, una banda de prog técnico virtuosa, de esas donde todos tocan 1000 notas.
Y después dice, “Ya estuvo” y arma su propia banda. Bruford, así con su apellido. Y ojo con quién la arma, con Alan Holsworth en la guitarra. Si sabes quién es Holsworth, ya entendiste. Si no, digamos que es de esos músicos que otros músicos escuchan con la boca abierta. Pero todo eso para mí era él dando vueltas, buscando algo sin encontrarlo del todo.
Y ahora préstame atención porque lo que viene es lo más adelantado que hizo en toda su carrera y casi nadie lo entendió en su momento. 1981, vuelve a King Crimson. Sí, otra vez, pero un crimson distinto con Adrien Bellu, con Tony Levin. Y aquí Bruford hace una locura que en ese momento casi nadie estaba haciendo. Empieza a tocar batería electrónica en serio, no como juguete, como instrumento.
Y escúchame bien, porque esto es lo grande. Él no la usaba para sonar moderno. La usaba para tocar melodías. Afinaba los pads, sacaba notas con ellos, convertía la batería en algo que cantaba. ¿Quién hacía eso en el 81? Casi nadie. otra vez adelante de todos, pero ni eso lo retuvo porque en el fondo en el fondo seguía sonando esa primera voz, ¿te acuerdas? El jazz y en 1986 por fin lo hace.
suelta el rock por completo y funda Earthworks, una banda de jazz de verdad con músicos jóvenes ingleses que nadie conocía todavía, sin Red, sin el nombre de Jess o Crimson cargándolo. Volvió al lugar de donde había salido, a lo que escuchaba de chavito a los 12 años, antes de que existiera todo lo demás.

Y esa para mí es la decisión más honesta de toda su carrera. El retiro y el doctorado. Y llegamos al final. Bueno, al final que nadie esperaba. Primero de enero de 2009. Después de 41 años tocando, Bruford anuncia que se retira. Se acabó. No más escenarios. Y fíjate cómo lo hace porque dice todo de él.
Nada de gira mundial de despedida, nada de última oportunidad de verme. Compren su boleto. Su último concierto de verdad había sido meses antes con Earthworks en julio. Y ya. Un día simplemente dejó de subirse al escenario sin ruido, como quien apaga la luz al salir de un cuarto. Ahora aquí la mayoría de las historias se terminarían.
Gran baterista se retira. Fin. Pero con este hombre no. Con este hombre nunca. Porque mira lo que hace en su retiro. Descansar, no. Tocar por gusto en su casa tampoco. Este señor se mete a la universidad a estudiar un doctorado y no un doctorado de cualquier cosa. Escúchame bien esto, porque es de no creer.
Se puso a estudiar de manera científica, con investigación, con entrevistas a otros bateristas expertos. Una sola pregunta, ¿qué es exactamente la creatividad cuando un baterista toca? ¿Entiendes lo que está pasando ahí? Toda su vida fue empujado por algo que no podía explicar. Esa inquietud que lo hizo dejar Jess, dejar Crimson, dejar el rock entero, nunca supo nombrarla y al final, ya viejo, con las vaquetas guardadas, decidió ir a buscarla, a entenderla, a ponerle palabras.
En 2016 le dan el doctorado, la Universidad de Surri. El baterista enmascarado de mi canal se quita el sombrero de verdad. Y un par de años después saca un libro con todo eso, Uncharted, donde básicamente diseca lo que él mismo hizo durante 40 años sin saber cómo lo hacía. Y te voy a ser honesto, hay algo casi conmovedor en eso.
Un hombre que se pasó la vida huyendo de una pregunta y que al final, en lugar de descansar, se sentó frente a ella cara a cara para por fin entender que diablos lo había estado moviendo todo este tiempo. Eso, eso no lo hace cualquiera. Y aquí es donde yo me quedo pensando, porque la historia podría terminar en el doctorado.
Bonito, redondo, el baterista inquieto que por fin encuentra paz estudiando. Fin. Pero no porque en 2022, ¿divina qué? Vuelve a tocar. 13 años después de jurar que se había retirado, se sube otra vez a un escenario a tocar jazz con un trío pequeño, sin estadios, sin Jess, sin Crimson, solo por las ganas. ¿Lo ves? Ni la propia jubilación pudo con él.
Esa inquietud no se apaga, no se cura. Lo iba a acompañar hasta el último día. Y déjame decirte lo que yo saco de todo esto. De baterista a baterista. A Bruford siempre lo van a recordar por las bandas, por Jess, por King Crimson y está bien. Pero para mí lo más grande que hizo no fue tocar en esas bandas, fue dejarlas.
Y mira, al principio te dije que eso no fue valentía y lo sostengo porque lo de él era otra cosa más onda. No podía evitarlo. Esa inquietud lo empujaba, quisiera o no, pero aquí está el detalle que lo cambia todo. Pudo haberse perdido en ella. Pudo haberse vuelto un tipo que salta sin rumbo y no construye nada, que arde y se apaga.
Y en lugar de eso, la agarró y la volvió música. 40 años de música que nadie más en el mundo habría hecho. Y eso ya no sé si llamarlo valentía o llamarlo destino, pero sé una cosa, casi nadie es capaz de hacerlo porque es facilísimo quedarse donde estás cómodo, donde ya te aplauden, donde ya sabes que funciona. Lo difícil, lo de verdad difícil es soltarlo para ir a buscar algo que todavía no entiendes.

Y este hombre lo hizo una y otra y otra vez. Y mira, voy a cerrar con un detalle que me encanta. ¿Sabes quién admiraba profundamente a Bruford? Neil Pert. Sí, el de Rush. El propio Pertyó el libro de Bruford y lo llamó una obra maestra. Imagínate. Uno de los bateristas más perfeccionistas que han existido, mirando con respeto a este inglés inquieto que nunca se quedaba quieto. Por algo será.
Así que ahora dime tú, ¿rufordio que nunca se conformó o un tipo que nunca supo disfrutar lo que tenía? Porque yo tengo mi opinión, pero quiero leer la tuya. Aquí abajo te leo. Nos vemos en la próxima crónica.