Es INJUSTO llamarlo el colombiano de México… la verdadera historia de Quiñones es MÁS GRANDE que eso

Es INJUSTO llamarlo el colombiano de México… la verdadera historia de Quiñones es MÁS GRANDE que eso

El 11 de junio de 2026, el reloj del estadio Ciudad de México marcaba el minuto 9. Un delantero tomó un balón suelto en el área, se acomodó con la zurda y lo colocó entre las piernas del portero sudafricano Romben Williams. Primer gol del Mundial 2026. El primero de toda la Copa del Mundo, en el estadio más icónico del fútbol latinoamericano en el país anfitrión.

El hombre que lo metió no nació en México, nació en Maguipayán, Nariño, Colombia, un municipio de la costa del Pacífico, donde nueve de cada 10 viviendas no tienen agua potable ni alcantarillado, donde el rezago escolar afecta a la mitad de los niños y donde, según su propio representante, los jóvenes tienen esencialmente tres caminos: el fútbol, la guerrilla o el narcotráfico.

Se llama Julián Quiñones. Es oficialmente mexicano desde octubre de 2023 y cuando el estadio explotó en el minuto 9, lo hizo por un hombre que eligió su nueva patría con la misma claridad con que eligió el ángulo del gol. Lo que vino después, el debate, la polémica, las preguntas sobre qué significa ser de un lugar, reveló algo que va mucho más allá del fútbol.

Esta no es la historia de un naturalizado que llegó por conveniencia, es exactamente lo contrario. En 2023, cuando Colombia lo llamó por primera vez para su selección mayor con una convocatoria oficial, con carta formal y todo, Julián Quiñones respondió con una frase que se volvió noticia en dos países.

Ni leí la carta que me mandaron. No la leyó porque ya tenía tomada su decisión, porque llevaba 8 años construyendo una vida en México, porque México le había dado lo que Magui Payán no podía darle y porque la gratitud para Quiñones no es una palabra abstracta, es una forma de actuar. Quédate porque esta historia no habla solo de un goleador en un mundial.

Habla de qué significa pertenecer a un lugar, de si la identidad nacional es algo que te da el suelo donde naciste o algo que construyes con tus propias manos. Y de por qué la respuesta de Julián Quiñones a esa pregunta es más profunda y más honesta que cualquier debate que hayas escuchado en televisión. Julián Andrés Quiñones Quiñones nació el 24 de marzo de 1997 en Maguipayán, un municipio enclavado en la selva del Pacífico colombiano en el departamento de Nariño, dentro de lo que se conoce como el triángulo de Telembí. Para entender de

dónde viene Julián Quiñones, hay que entender que es el triángulo de Telenví. Es una región históricamente golpeada por la presencia simultánea del ELN, las disidencias de las FARC y las bandas del crimen organizado que se disputan el control del territorio y los negocios de la cocaína y la minería de oro.

En Magipayan, que tiene más de 26.000 habitantes y una extensión casi del doble que la Ciudad de México, el estado llega tarde o no llega. Su madre, doña Gloria Quiñones, lo resumió con una precisión que no necesita adorno. Tuvimos muchas dificultades económicas porque en ese pueblo no hay recursos. Fue muy difícil la niñez de él en la cuestión de comida, de ropa.

Julián jugaba descalzo o con tenis tan desgastados que los dedos se le asomaban por la punta. No pensaba en ser estrella internacional. En ese entonces no tenía sueños, solo jugaba por jugar porque era la felicidad que había allá. Recordó años después. A los 13 años comenzó a meterse a las minas de oro.

Jornadas de hasta 16 horas. Apenas sirve para el arrocito, para la comida, diría después. Y cuando la tierra se caía en alguna mina, Julián veía como algunos de sus amigos quedaban atrapados. A los 15 años se fue a Buenaventura a estudiar y entró a una escuela de fútbol. A los 17 llegó a Cali y tocó la puerta de Fútbol Paz, una organización sin ánimo de lucro fundada por César Augusto Valencia Trejos, conocido como papá César, que durante dos décadas ha formado futbolistas provenientes de las regiones más golpeadas por la violencia

colombiana. El día que Julián llegó a hacer la prueba, papá César lo vio jugar en el primer entrenamiento. Lo trajo un primo a hacer una prueba y en el primer entrenamiento hizo cuatro goles. Ahí me di cuenta que estaba frente a un jugador diferente, recuerda Valencia. Cuatro goles en un primer entrenamiento fue suficiente.

Los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León habían enviado representantes a Cali buscando talento. Julián Quiñones fue la primera y única opción que encontraron. Tenía 17 años. Llegó a Monterrey, México, con una maleta y sin nada más. Lo que hizo en la sub20 de los Tigres confirmó que papá César no se había equivocado.

15 goles en 17 partidos en el torneo sub20, convirtiéndose en el máximo goleador de esa categoría en la competición. Debutó en la Copa México en enero de 2016 marcando un doblete ante Cruz Azul y de a poco fue abriéndose paso en el fútbol profesional mexicano. Pero el camino no fue directo. Pasó por préstamos, por temporadas irregulares, por un Miguel Herrera que en 2021 lo dejó fuera del equipo titular de los Tigres y entonces tomó la decisión que cambiaría su carrera. Se fue al Atlas de Guadalajara.

Lo que ocurrió en el Atlas es una de las historias más hermosas del fútbol mexicano reciente. El Atlas no ganaba un título de liga desde hacía 70 años, siete décadas de sequía. Y en el Apertura 2021, Julián Quiñones y el delantero argentino Julio César Furch fueron los motores del equipo que quebró esa sequía histórica.

Un colombiano y un argentino devolviéndole a Guadalajara lo que ningún mexicano había podido darle en 70 años. repitieron el título en el Clausura 2022. Atlas bicampeón, Quiñones, ídolo de Guadalajara. En julio de 2023 llegó el salto que nadie esperaba. El Club América, el club más grande de México, lo fichó por una cifra que rompió la historia.

En junio de 2024, el América lo vendió al Alcadisill de Arabia Saudita por 16 millones dó, la transferencia más cara en la historia de la Liga MX. En Arabia, Quiñones firmó uno de los registros más extraordinarios del fútbol mundial en 2025 o 26, 33 goles en 31 partidos. Artillero de la Saudí Proleage por encima de Cristiano Ronaldo en la tabla de goleadores.

Un exminero de Magui Payán superando a Cristiano Ronaldo en el marcador de goles de una liga. Pero mientras todo eso ocurría en el campo, fuera de él se estaba cocinando el debate que definiría su carrera para siempre. En agosto de 2023, Colombia lo convocó por primera vez para la selección mayor. Era el momento.

Colombia estaba en pleno proceso clasificatorio para el mundial. Quiñones era artillero en México y la Federación Colombiana quería aprovecharlo. Julián Quiñones no abrió la carta. En noviembre de 2023, ya con el pasaporte mexicano en la mano, obtenido oficialmente en octubre de ese año, explicó su posición en una entrevista con Gol Caracol.

ni leí la carta que me mandaron. Y agregó, “Aquí en México me dieron todo. Aquí construí mi familia. Aquí construí mi carrera. Aquí es donde quiero jugar.” La respuesta generó reacciones en Colombia. Algunos lo entendieron, muchos no. Hubo quien habló de traición, de ingratitud, de un colombiano que rechazaba a su país.

Pero Julián Quiñones no rechazó a Colombia, eligió a México. Y esa diferencia entre rechazar algo y elegir otra cosa es toda la diferencia del mundo. En octubre de 2023, en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, ante autoridades y cámaras de televisión, Julián Quiñones levantó el puño, gritó, “¡Viva México! Cabrones!” y se convirtió oficialmente en ciudadano mexicano.

No fue un trámite, fue una declaración. El entrenador de México, Javier Aguirre, lo había seguido de cerca durante su temporada en Arabia. Sabía lo que tenía y cuando llegó el momento de armar la lista para el mundial que México coorganizaba en casa, el nombre de Quiñones estaba en la convocatoria. Había quienes dudaban. El debate sobre los naturalizados en el tri volvió a abrirse.

Algunos hinchas preguntaban por qué un colombiano iba a jugar con la camiseta de México en el torneo que México organizaba en su propio suelo. El propio Aguirre respondió después del partido inaugural contra Sudáfrica con una frase que resumió todo. El común denominador es amar a México. El 11 de junio de 2026 en el estadio Ciudad de México, minuto 9.

Julián Quiñones recibió el balón en el área, se acomodó y lo colocó entre las piernas del portero Romen Williams. Primer gol del Mundial 2026. Man of the match. La celebración fue un homenaje. Imitó el baile del sudafricano Sifiget Balala, que había marcado el gol inaugural del mundial de 2010 en Sudáfrica.

Un colombiano naturalizado mexicano rindiendo homenaje a un sudafricano en el estadio más emblemático del fútbol latinoamericano. En el mismo partido ante el mismo rival. Después del partido, Quiñones habló en zona mista, contento por haber marcado mi primer gol en un mundial en este estadio espectacular lleno. La afición que nos vino a apoyar desde el primer minuto y añadió algo que ningún guionista habría podido escribir mejor.

Yo nací listo para todo tipo de retos. El niño de Magui Payan, que jugaba descalso y soñaba sin saber que estaba soñando, había marcado el primer gol de la Copa del Mundo en el Estadio Azteca con la camiseta del tricolor ante el país de Sifiget Zabalala. Siguió marcando gol ante República Checa en el minuto 61, gol ante Ecuador en los 16avos de final el minuto 22.

Cuatro goles en cinco partidos, igualando el récord de máximo goleador mexicano en una sola edición de un Mundial. y su gol ante Ecuador provocó algo que solo ha ocurrido pocas veces en el Estadio Azteca. Las vibraciones del salto colectivo de los aficionados fueron detectadas por la estación de monitoreo sísmico Contigo al estadio.

Un terremoto de alegría. ¿Qué significa ser de un lugar? La pregunta parece filosófica, pero es concreta. Y Julián Quiñones la respondió con acciones, no con palabras. Cuando llegó a los 17 años a Monterrey, sin nada, sin conocer a nadie, sin hablar el español con el acento que esperaban, México le dio una cancha, un equipo, un sistema, una comunidad.

8 años después, México le dio seis títulos de liga, dos con Atlas, dos con América, dos con Tigres y la posibilidad de disputar un mundial. Cuando Colombia lo llamó, Julián no dudó, pero no porque rechazara a Colombia, él nunca rechazó a Colombia. rechazó la idea de que la nacionalidad del pasaporte determina la lealtad del corazón y eligió la lealtad que había construido con sus propias manos.

Hay una frase de Chabela Vargas, la cantante costarricense que se convirtió en mexicana y que México convirtió en leyenda, que resume mejor que cualquier argumento lo que Julián Quiñones representa. Los mexicanos nacemos donde nos da la gana. Chabela nació en Costa Rica. Julián nació en Colombia. Los dos eligieron México. Los dos se convirtieron en símbolo de algo que México ha sabido hacer mejor que muchos países.

Abrirle las puertas a quien quiere entrar de verdad. En Maguipayán, doña Gloria sigue viviendo. Julián compró una casa en Cali para que ella y sus hermanas estuvieran más seguras. Cuando los grupos armados comenzaron a extorsionarla, él la sacó de allí de inmediato. En el pueblo donde nació, los niños siguen jugando descalzos en canchas de tierra con los mismos tres caminos que tenía Julián a los 13 años.

Pero ahora tienen algo que antes no tenían, un nombre, el nombre de alguien que salió de ese mismo lugar y marcó el primer gol de un mundial. La pregunta que te dejo en los comentarios es esta: ¿Crees que la identidad nacional es algo que te dan o algo que eliges? Porque la historia de Julián Quiñones dice que se puede elegir y que cuando la elección viene desde la gratitud y desde la convicción produce cosas que ningún accidente de nacimiento habría producido.

Comparte este video con alguien que necesita entender que pertenecer a un lugar no siempre significa haber nacido en él. Los mexicanos nacemos donde nos da la gana. Chabela Vargas, hasta la próxima. Okay.

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