JOAN SEBASTIAN: LA DOLOROSA HISTORIA DETRÁS DE LAS PÉRDIDAS QUE CAMBIARON SU VIDA PARA SIEMPRE

Trigo, el menor de los tres varones, terminó convirtiéndose en algo más que un hijo. Era su coordinador de seguridad y de viajes, el que estaba a su lado en cada gira, el que revisaba quién se acercaba demasiado. Quienes conocieron a la familia en esos años describen algo particular en la relación entre Joan Sebastián y sus tres hijos varones mayores.

No era la típica distancia entre un padre famoso y sus hijos. ese vínculo lejano tan común entre artistas que viven de gira la mayor parte del año. Trigo, Juan Sebastián y José Manuel viajaban con él, dormían en los mismos hoteles, subían al mismo autobús después de cada concierto. Los tres, en distintos momentos, intentaron seguir sus pasos en la música y en el jaripeo, aunque ninguno llegó a acercarse al nivel de fama de su padre.

Eso, lejos de generar rivalidad, parecía unirlos todavía más. Eran equipo antes que competencia. José Manuel el Mayor ya cargaba entonces con una herida propia. En 1997 sufrió un accidente automovilístico grave del que estuvo a punto de no salir con vida. Su entonces novia, Lilian Elizalde, murió en ese accidente. José Manuel sobrevivió.

Pero quedó marcado por ese episodio durante años, algo que reconoció públicamente en distintas [música] entrevistas mucho tiempo después. La familia Figueroa, incluso antes de la tragedia de Texas, ya sabía lo que era enfrentar una pérdida repentina y violenta. Pero antes de llegar a Texas, hay algo que hay que entender primero, algo que empezó a gestarse años antes, en silencio [música] dentro del propio cuerpo de Joan Sebastián.

y que terminaría siendo tan determinante en su historia como cualquiera de las tragedias familiares que estaban por llegar. En 1999, los médicos le dieron un diagnóstico, mieloma múltiple, un cáncer que ataca la médula ósea, que carcome el hueso desde dentro, silencioso y que rara vez desaparece del todo.

Joan Sebastián tenía 48 años, estaba en la cima de su carrera y de un día para otro tuvo que aprender a convivir con una enfermedad que no se cura, solo se controla y que puede volver en cualquier momento sin previo aviso. ¿Qué hizo con esa noticia? Lo que hizo fue casi no hablar de ella. Siguió componiendo, siguió subiendo a los escenarios, mantuvo la enfermedad lejos de las cámaras durante años, tratándola como un asunto privado, algo entre él y su familia más cercana.

El público seguía viendo al rey del jaripeo [música] montando caballos, presentando toros que él mismo criaba en su rancho de Juliantla. Nadie imaginaba lo que ese cuerpo estaba resistiendo por dentro. Y entonces [música] llegó el 27 de agosto de 2006. Esa noche Joan Sebastián se presentaba en Plaza del Valle en Hidalgo, Texas, un concierto más de los cientos que había dado ya en su carrera.

El alcohol corría entre el público más de lo que debía. Trigo, encargado de la seguridad, se movía entre la gente, controlando a quienes [música] intentaban acercarse demasiado al escenario. Cuando su padre bajó, un grupo de unas 30 personas [música] quiso alcanzarlo para pedir un autógrafo, una foto, un recuerdo. El equipo de seguridad [música] con trigo al frente no dejó pasar a nadie.

Tres personas se molestaron por eso. Una de ellas sacó un arma y disparó. Según los reportes de esa noche, el hombre armado corrió apenas jaló el gatillo, saltando las vallas que delimitaban la plaza. Sus dos acompañantes se dispersaron entre el público, [música] mezclándose con miles de personas que todavía no entendían lo que acababa de pasar a unos metros del escenario.

Nadie los detuvo. El caos duró apenas unos segundos, pero fue suficiente. La bala alcanzó a trigo en la cabeza. tenía 27 años. Su padre lo sostuvo mientras esperaba una ambulancia que tardó demasiado en llegar. Lo trasladaron después al Hospital Medical Center de McAlen, donde intentaran operarlo para salvarle la vida. No lo consiguieron.

Trigo de Jesús Figueroa González murió esa misma noche a las 6 de la tarde, según confirmó el médico [música] que lo atendió. Años más tarde, en una conferencia de prensa, Joan Sebastián contaría que ninguna autoridad llegó a auxiliarlo en el momento exacto del ataque, que sostuvo a su hijo casi una hora abonizante, pidiendo ayuda a gritos sin que nadie respondiera.

Fue de las pocas veces que habló públicamente de ese instante con detalle. La mayoría de las veces prefería el silencio. ¿Cómo se sigue después de algo así? componiendo, le escribió una canción a su hijo. La tituló Simplemente Trigo. En ella hablaba de reencontrarse algún día de la fe como lo único que le quedaba para sostenerse.

No volvió a hablar del tema en televisión durante mucho tiempo. Volvió a los escenarios semanas después, porque cancelar significaba dejar sin sustento a decenas de personas que dependían de sus giras. Cantaba de noche y, según contaron después quienes trabajaban con él, lloraba antes de subir. José Manuel, el hermano que quedaba con vida entre los tres varones mayores, terminó convirtiéndose [música] en el guardián de la memoria de trigo.

Año tras año, sobre todo en cada aniversario de su cumpleaños, compartía fotografías del lugar donde descansan sus restos con la tumba adornada de girasoles, margaritas y lilis blancas. En una publicación, mucho tiempo después, escribió que las fotografías tenían el poder de devolverle sonrisas y transportarlo a los buenos tiempos, como si fuera la única forma que había encontrado de seguir teniendo cerca a su hermano.

Puertas afuera de la familia, la vida seguía. Joan Sebastián grabó un disco de rancheras para Vicente Fernández con canciones inéditas suyas. Sacó un álbum nuevo con banda. compuso el tema central de una telenovela donde compartió créditos con Lucía Méndez. En una entrevista de esa época dijo casi como filosofía personal que para él no existían los días malos, que todos eran días de Dios.

Quienes lo escucharon decir eso sabían, sin embargo, lo que ese hombre cargaba por dentro. La familia Figueroa empezó a cargar entonces [música] con algo más que el duelo. Empezaron a cargar con los rumores porque en el mundo de la música regional mexicana cualquier muerte violenta relacionada con un artista despierta la misma sospecha.

tenía que ver con el narcotráfico. Desde 2004, [música] 2 años antes de la muerte de Trigo, el nombre de Joan Sebastián ya había aparecido en investigaciones [música] relacionadas con el crimen organizado después del arresto de un expolicía que señaló que uno de sus ranchos en Guerrero se usaba para resguardar droga. Nunca hubo cargos formales contra él, nunca hubo una condena, pero la sombra quedó ahí flotando sobre cada tragedia que golpeaba a su familia, alimentando teorías que él tuvo que desmentir una y otra vez frente a los micrófonos. Y

entonces, cuando la familia apenas empezaba a acomodar el peso de la primera pérdida, llegó la segunda. [música] 12 de junio de 2010, madrugada. Un club nocturno en Cuernavaca, Morelos, llamado Gran Hotel Cuernavaca, Juan Sebastián Figueroa, el segundo de los hijos que Joan tuvo con Teresa González, [música] intenta entrar al lugar junto a un grupo de amigos.

Los de seguridad le niegan el acceso, no dan explicaciones. Se arma una discusión que sube de tono en cuestión de minutos. Uno de los guardias saca un arma y dispara contra él. Las heridas en el cuello y el abdomen le provocan una hemorragia que no logra controlarse a tiempo, ni dentro del club ni en el traslado de emergencia. Juan Sebastián muere esa madrugada.

Tenía poco más de 30 años. La noticia llegó a Joan Sebastián de la peor manera posible. Se la tuvo que dar José Manuel, el hijo mayor, el único de los tres varones de Teresa González que seguía con vida. tuvo que decirle a su padre que la tragedia se repetía. 4 años después de sostener a trigo agonizando [música] entre sus brazos, Joan Sebastián enterraba a un segundo hijo también asesinado a balazos.

Esta vez las especulaciones fueron todavía más agresivas. Circuló un mensaje relacionado con el crimen organizado que ponía en duda la versión oficial de una simple riña. La prensa empezó a preguntarse en voz alta si había algo más detrás de la muerte de Juan Sebastián. Y Joan Sebastián, en una conferencia de prensa que dio poco después en su propio rancho, con evidente molestia, tuvo que salida a decir algo que ningún padre debería tener que aclarar públicamente mientras entierra a un hijo, que él no era narcotraficante, que llevaba 30 años de

carrera, que era el compositor mexicano más premiado por la Academia Latina de Grabación y que jamás había chantajeado a nadie. La Procuraduría del Estado de Morelos documentó los hechos, pero para la familia Figueroa, las explicaciones oficiales nunca alcanzaron a llenar el vacío de una pregunta que quedó sin responder del todo.

¿Por qué un guardia de seguridad reacciona a una discusión de bar disparando a matar? José Manuel tuvo que hacer por segunda vez en 4 años algo que ningún hermano debería repetir dos veces. avisarle a su padre que había perdido a otro hijo. Pero ahí no terminaba el año 2010 para Joan Sebastián, porque el cáncer ese que llevaba 11 años conteniendo en silencio, decidió volver.

Justo entonces, los médicos habían detectado el mieloma múltiple en 1999. Reapareció en 2007, apenas un año después de la muerte de trigo y volvió otra vez con más fuerza. En la misma década en que enterró a Juan Sebastián, el cuerpo de Joan Sebastián estaba librando dos guerras al mismo tiempo, una contra la enfermedad que le atacaba los huesos y otra contra el dolor de haber perdido a dos hijos en 4 años.

Ambos por violencia armada, ambos jóvenes, ambos con toda una vida por delante. Se detuvo, ¿no? En 2011 tuvo una recaída de salud tan seria que tuvo que salir de un hospital cancelando compromisos. Y aún así, semanas después, sus allegados contaban que se estaba recuperando cantando. Literalmente, la música seguía siendo su forma de procesar lo que le pasaba.

La única terapia que parecía funcionarle. Siguió grabando. En 2012 hizo un dueto [música] con Lucero, sacó discos, ganó premios Billboard, colaboró en un homenaje mundial junto [música] a artistas como Yoko Ono y Katy Perry. Desde fuera todo parecía normal. un artista [música] en plena madurez, cosechando reconocimiento tras reconocimiento.

Pero el cáncer volvió a aparecer en 2012 y otra vez en 2014. Cuatro veces en total le diagnosticaron mieloma múltiple a lo largo de 16 años. Cuatro veces tuvo que empezar tratamiento de nuevo. La enfermedad terminó afectándole incluso las cuerdas vocales, la herramienta más importante para un hombre que había construido toda su vida alrededor de su voz.

Y aún con eso, siguió subiendo a los escenarios. Hay algo que casi nadie menciona cuando se habla de Joan Sebastian y es esto. Mientras enterraba hijos y enfrentaba recaídas de cáncer, seguía criando toros y caballos en su rancho, seguía organizando jaripeos, seguía comportándose en público como si nada de eso estuviera pasando. quienes trabajaron cerca de él en esos años hablaban de un hombre que separaba completamente su vida privada de su vida pública, que lloraba a sus hijos en Juliantla, lejos de cámaras, y que después [música] se ponía el sombrero y

salía a cantar como si el escenario fuera el único lugar donde el dolor no podía alcanzarlo del todo. A comienzos de 2015, el cáncer ya no daba tregua. Los tratamientos se volvieron más frecuentes, más agresivos. Las apariciones públicas [música] se espaciaron. Quienes lo visitaron en esos meses hablaban de un hombre que sabía perfectamente lo que se acercaba y que decidió pasar sus últimos días en el lugar [música] donde todo había empezado.

Julianta, Guerrero, el pueblo donde de niño cultivaba la tierra y cambiaba letras de canciones en una libreta. El 13 de julio de 2015, a las 7:15 de la tarde, Joan Sebastián murió en su rancho. Tenía 64 años. Había vivido 16 de ellos con un cáncer que iba y venía como si jugara con él. Había enterrado a dos hijos asesinados. había sostenido a uno de ellos agonizando en sus propios brazos sin que nadie llegara a tiempo para ayudarlo.

Un sacerdote que lo acompañó en sus últimos momentos afirmó después que Joan Sebastián falleció en paz. Le sobrevivían José Manuel, el hijo mayor, y sus cuatro hijas. Terminó ahí la sombra que perseguía a la familia Figueroa, no del todo. Y este es el detalle que muy pocos conectan con el resto de la historia. 8 años después de la muerte de Joan Sebastián, en abril de 2023 murió también Julián Figueroa.

El hijo que tuvo con Maribel Guardia tenía 27 años. Era cantante y actor y acababa de empezar a construir su propia carrera artística, casi como si quisiera continuar el legado de su padre. Su madre lo encontró sin vida en su casa de Ciudad de México tras un infarto agudo al miocardio. Un día antes de morir, Julián había publicado un mensaje dedicado a su padre, que después muchos calificaron de premonitorio, hablando de lo poco que le importaban la fama y los premios comparado con poder abrazarlo una vez más.

Con la muerte de Julián, ya eran tres los hijos varones de Joan Sebastián que habían fallecido antes de tiempo, trigo, Juan Sebastián y Julián. Solo José Manuel, el primogénito, seguía con vida entre los cuatro hombres que tuvo. [música] La prensa mexicana empezó a hablar entonces de una supuesta maldición sobre la familia Figueroa.

Otros más pragmáticos señalaban que las circunstancias de cada muerte eran completamente distintas entre sí y que hablar de maldiciones era una forma fácil de explicar lo que en realidad era una acumulación brutal, casi imposible, de tragedias reales. Lo que sí queda claro revisando la historia completa es otra cosa.

Joan Sebastián no solo perdió a dos de sus hijos en vida en circunstancias violentas que jamás terminaron de esclarecerse del todo. También pasó 16 años librando una batalla médica que mantuvo casi en secreto, subiendo a un escenario incluso cuando su propio cuerpo le estaba fallando, componiendo canciones para sus hijos muertos mientras seguía criando ganado y montando caballos, como si el rancho fuera el único lugar donde todavía podía sentirse [música] entero.

Ese fue el detalle que prometía al inicio. La razón por la que cuando habló en aquella conferencia de prensa sobre el ataque a trigo, se le quebró la voz de una manera que sus allegados dijeron no haberle visto nunca [música] antes, ni siquiera cuando hablaba de su propio diagnóstico, porque el cáncer [música] lo enfrentaba con tratamientos, con médicos, con una rutina [música] que aprendió a manejar durante años.

La muerte de sus hijos, en cambio, nunca encontró tratamiento posible. Hoy en Julianta, la tumba de Joan Sebastián sigue recibiendo visitas de admiradores que llegan desde distintas partes de México y de Estados Unidos. Cerca de ahí descansan también Trigo y Juan Sebastián, cuyas tumbas, según ha mostrado José Manuel en redes sociales, siguen decoradas con flores cada año en sus cumpleaños.

Tres generaciones de la misma sangre. separadas por la muerte, reunidas al final en la misma tierra, donde todo comenzó con un niño que cambiaba letras de canciones en un internado de Guanajuato, sin saber todavía que su vida iba a estar hecha a partes iguales de música y de pérdida. Si esta historia te movió algo por dentro, suscríbete al canal.

Aquí seguimos contando con la misma honestidad las historias que están detrás de los ídolos que crecimos escuchando. Lo que no sale en las notas rápidas, lo que solo se entiende cuando se junta toda la información dispersa en un solo lugar. Nos vemos en el próximo vídeo.

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