Un cártel culpó a Joan Sebastián de la muerte de su hijo. Escribieron el mensaje en una manta y lo dejaron junto al muchacho acribillado afuera de un bar en Cuernavaca. En esa manta había el nombre de una mujer. Y desde entonces circulan dos versiones de lo que decía. Una asegura que el muerto se metió donde no debía.
La otra dice que la deuda no era del hijo, que era del padre. Joan Sebastián salió a desmentirlo ante las cámaras con cuatro palabras. Hoy las vas a escuchar completas y vas a entender por qué a mucha gente no le bastaron. Porque este hombre ya había demostrado en vivo y delante de todo México de qué era capaz con las mujeres. Fue en 1996.
Estaba acostado en su cama viendo la televisión al lado de la mujer que lo amaba. En pleno programa, un conductor soltó al aire lo que Joan llevaba meses escondiendo. Ella lo escuchó ahí junto a él y en los minutos siguientes esa mujer se levantó, caminó hasta el closet y empezó a sacar sus botas y sus chalecos.
Todos uno por uno. Guarda esa imagen y guarda también esta otra porque es la que te va a perseguir cuando termine el video. En algún momento, Joan Sebastián se sentó a escribir un bals para su hijo más pequeño, una canción de regalo con el nombre del niño en el título. En la letra le pedía que la bailara el día de su graduación y el día de su boda.
Ese niño se llamaba Julián. Hoy los dos están muertos. Y el bal sigue ahí grabado esperando una fiesta que ninguno de los dos alcanzó a ver. Si te quedas hasta el final, vas a saber qué hizo Joan Sebastián durante los 50 minutos más largos de su vida, con su primer hijo desangrándose en sus brazos mientras él gritaba pidiendo una ambulancia que jamás llegó.
Vas a [música] descubrir por qué tres de sus ocho hijos murieron jóvenes casi a la misma edad, como si algo los estuviera cobrando uno por uno. Y vas a entender la crueldad más retorcida de esta historia, que la enfermedad que se lo llevó no lo atacó donde ataca a los demás, lo atacó exactamente en el único lugar del cuerpo que este hombre no se podía permitir perder.
Pero antes de las balas, antes de las mujeres, antes de la manta, hubo un niño en una montaña de guerrero que quiso entregarle su vida a Dios. Y hubo un hombre que se lo prohibió, Juliantla, municipio de Taxco de Alarcón, estado de Guerrero. Un pueblo colgado de una montaña, tan alto y tan lejos de todo que el ruido del mundo no subía hasta allá.
Ahí nació el 8 de abril de 1951, José Manuel Figueroa Figueroa. Fíjate en el apellido repetido dos veces. Su padre se llamaba Marcos Figueroa. Su madre, doña Celia Figueroa. Fue el segundo hijo de una familia humilde y numerosa. En un pueblo donde la palabra pobreza no se decía porque no hacía falta decirla.

Desde muy chico tuvo que trabajar para ayudar en su casa. Trabajó la tierra en un paraje llamado Los Llanos de San Sebastián. Recuerda ese nombre, Los Llanos de San Sebastián. Ese pedazo de tierra donde un niño se rompió la espalda vanta a volver muchos años después, convertido en la firma que México entero iba a corear.
A los 11 años, montado en un burro, José Manuel bajaba cada día de Juliantla a Taxco a entregar leche fresca. Ese camino de tierra, ese ir y venir de un niño solo con un animal, fue su primer escritorio. Él contó que ahí encima del burro empezó a componer en serio. Antes de eso, a los 8 años, sus padres lo mandaron interno a un colegio en Guanajuato, un niño de 8 años, arrancado de la montaña y [música] metido en un internado a cientos de kilómetros de su madre.
Y en ese internado ocurrió algo que dice todo sobre él. Le entregó a su maestra unas líneas que había escrito él mismo sobre su pueblo, unos versos sencillos sobre la montaña, [música] sobre el sol y sobre la luna de Juliantla. La maestra no le creyó. Pensó que los había copiado de algún lado.
Tenía 8 años y ya escribía tan bien que los adultos lo acusaban de robarse sus propias palabras. A los 11 volvió a [música] Juliantla. A los 12 lo internaron otra vez, ahora en una escuela religiosa en Morelos, donde quedó bajo el cuidado de un sacerdote llamado [música] David Salgado. Ese cura lo marcó para siempre. Joan lo describió como un cura ejemplar, un hombre bueno, dedicado, entero.
Y aquel niño que había crecido entre la tierra y la leche y los internados, miró a ese hombre y decidió que quería ser como él. José Manuel Figueroa quiso ser sacerdote. Detente aquí. Porque el hombre que años después tendría ocho hijos con cinco mujeres distintas, el rey del jaripeo, el que llenaría plazas cantando sobre un caballo.
A los 12 años quería renunciar a todas las mujeres del mundo y meterse a un altar. Su abuela lo apoyó. Le pareció bien. Estaba dispuesta a ayudarlo. Su padre dijo que no. Marcos Figueroa se negó rotundamente a que su hijo se metiera de cura y el argumento que usó es la frase más importante de este video porque de ella cuelga todo lo que vino después.
Dijo que el muchacho tenía talento para la música. Piénsalo con calma. Un padre mira a su hijo de 12 años y ve dos caminos abiertos delante de él. Uno lleva a un altar, el otro a un escenario y el Padre elige por él. A los 13 años, Marcos Figueroa le regaló a su hijo una guitarra. Joan lo contó décadas más tarde, ya famoso, ya millonario, y todavía se le quebraba la voz.
Dijo que esa guitarra fue adquirida con muchos sacrificios. En una casa como aquella, comprar un instrumento significaba que alguien comió menos durante semanas. Y él lo entendió así. Recibió esa guitarra según sus propias palabras. con el gran amor que había entre su padre y sus hijos. A partir de ese día, el número 13 fue su número de la suerte.
Lo dijo en entrevistas toda la vida. El 13 le trajo la guitarra. Guarda esa guitarra en tu mente, no la sueltes, porque 48 años después esa misma guitarra va a aparecer en el lugar más inesperado de esta historia. Y cuando la veas ahí, vas a entender toda la vida de este hombre en un solo golpe. El muchacho Terco insistió con lo del sacerdocio.
A los 14 años, contra la voluntad de su padre, ingresó como seminarista al seminario conciliar de San José en Cuernavaca, Morelos. Ahí vivió, estudió, trabajó junto a otros seminaristas, llegó a componer una misa completa y fue precisamente ahí escribiendo música sagrada cuando entendió que su vocación era otra.
A los 17 años colgó la sotana y se fue detrás de la música. Su padre tenía razón y ese acierto le iba a costar a la familia Figueroa más de lo que nadie podía imaginar. Salir del seminario fue caer al mundo real. Un muchacho de 17 años sin dinero, sin contactos y sin más patrimonio que una guitarra comprada con hambre ajena.
Tuvo que emplearse como asistente administrativo en el centro vacacional Wtepec, un complejo turístico de Morelos. Y ahí muchacho hacía algo que hoy sonaría a locura. Aprovechaba los intercomunicadores del hotel para cantar. Su voz salía por las bocinas de un centro vacacional entre avisos y anuncios mientras él seguía con su trabajo de oficina.
Una noche de 1968 llegó a Wachtepec una mujer buscando una cabaña donde dormir. Se llamaba Angélica María. Era en ese momento la novia de México. Mientras esperaba se pusieron a platicar. Al día siguiente, José Manuel le cantó seis de sus canciones. Le gustaron todas. Angélica María le dio un número de teléfono, el de Eduardo Magallanes, y le dijo que la buscara, que ella lo ayudaría a entrar al medio.
Un empleado de hotel cantando por el intercomunicador. Así empezó el hombre con más premios Grammy de todo México. Pero para llegar ahí tuvo que hacer algo que él mismo describió como un insulto a su identidad. El camino fue largo. Tocó puertas en la ciudad de México durante meses.
Se fue a Chicago, donde cantaba por 50 la presentación y vendía autos para completar. Grabó con el apellido Figueroa sin que nadie lo pelara. Y entonces en discos Musart alguien le dio el consejo que le partió la vida en dos. Le dijeron sin ningún cuidado que se cambiara el nombre y que nadie lo supiera, que borrara quién era. Él lo vivió exactamente así, como un insulto a su identidad.
a José Manuel Figueroa Figueroa, hijo de Marcos, y de Celia, del pueblo de Juliantla, le estaban pidiendo que dejara de existir. Y el nombre que eligió para reemplazarlo es lo más escalofriante de toda esta historia, porque las dos palabras que se puso encima significaban algo muy concreto y él lo sabía perfectamente.
Volvió a los Llanos de San Sebastián, a la tierra donde había trabajado de niño. De ahí sacó la segunda mitad y para la primera eligió Juan. Después contó por qué. Dijo que le gustó el simbolismo de esos dos nombres. Juan significa libre. Sebastián significa amante. Amante libre.
Eso fue lo que ese hombre se puso encima sobre la piel a modo de nombre. Una hermana suya que estudiaba numerología le sugirió cambiar la u por una o. Así nació Joan Sebastián. El niño que quiso ser sacerdote se rebautizó a sí mismo como amante libre y cumplió esa promesa hasta las últimas consecuencias. Ocho hijos, cinco mujeres, una traición destapada en vivo y una manta colgada junto al cuerpo de uno de esos hijos con el nombre de otra mujer escrito encima.
Joan Sebastián empezó a subir despacio con la terquedad del que bajaba leche en burro por una montaña. Su primer disco se llamó Sueño y lucha. Ahí venía una canción descartada que pegó en el norte del país. Solo en Ciudad Obregón, Sonora, se vendieron 12,000 copias. Y ese éxito se lo debía a una estación radio variedades que lo estaba programando.
Lo que hizo para agradecerle a esa estación le costó 5 años de silencio y todavía hoy suena a broma cruel. El muchacho venía del campo y en el campo cuando alguien te hace un favor, le llevas algo de lo que da tu tierra. Joan Sebastián fue hasta la recepción de la emisora y dejó ahí para el programador una caja de aguacates.
En una radiodifusora de la ciudad, aquello se leyó como una burla. Los compañeros empezaron a llamar al programador El aguacate y el hombre, humillado sacó a Joan Sebastián de la programación 5 años. Durante 5 años esa estación no volvió a tocar una sola de sus canciones hasta que el ejecutivo fue reemplazado por su asistente Elías Cervantes, que volvió a ponerlo al aire.
5 años de castigo por una caja de aguacates. Ese fue el precio de venir de Juliantla. Pero hay una historia todavía mejor sobre de dónde venía este hombre y tiene que ver con su madre. retrocede un momento a cuando era un desconocido total. La primera vez que Joan Sebastián cantó delante de un público [música] fue en un concurso de canto en Cuautla, Morelos.
Él llevaba preparada una canción suya. Los organizadores la escucharon y le dijeron que mejor cantara algo popular, algo que la gente conociera. Así que eligió un tema de Vicente Fernández y lo eligió por una razón muy concreta. Vicente Fernández era el ídolo de su madre, un muchacho pobre en un concurso de pueblo cantando la canción favorita de doña Celia para no hacer el ridículo.
Ahora salta 30 años hacia adelante y mira lo que pasó con esos dos nombres. Vicente Fernández terminó grabando canciones de Joan Sebastián. El ídolo de su madre acabó cantando las palabras que su hijo escribió. Y no solo él, también Antonio Aguilar y Pepe Aguilar y Rocío Durcal y Lucero y Alejandro Fernández y media docena de bandas.
Joan Sebastián compuso más de 750 temas, grabó cerca de 40 discos propios, ganó cinco premios Grammy y siete Grammy latinos y hasta el día de su muerte fue el mexicano con más premios gramy americanos de la historia. Cuando escuchas a los grandes de la música mexicana, muy seguido estás escuchando palabras que salieron de la cabeza de aquel niño del burro.
Y ahora fíjate en los títulos que ese hombre le puso a sus canciones. Están confesándolo todo y llevamos 50 años cantándolo sin darnos cuenta. Su canción más famosa, la que le cantan en todas las bodas de México. La que suena en cada cantina cuando alguien pide una más. Se llama secreto de amor. Un secreto de amor. El hombre de las ocho vidas paralelas, el de las cinco nenas cinco mujeres, el que sería destapado en televisión nacional, le puso ese título a su obra maestra.
Y hay otro, uno que casi nadie asocia con él. compuso un tema llamado Más allá del sol, una canción sobre lo que hay después de la muerte, sobre un lugar al que se va cuando esto termina. El seminarista de 14 años nunca se fue, solo cambió el altar por un escenario. Vendió alrededor de 12 millones de discos y en cada uno de ellos iban mezcladas las dos mitades de un mismo hombre, el que escribía sobre secretos y el que escribía sobre el cielo.
El amante libre y el muchacho [música] que compuso una misa. Los dos vivían dentro de José Manuel Figueroa Figueroa y los dos estaban peleando el mismo cuerpo. Pero su verdadero imperio no estaba en los discos, estaba en los caballos y eso casi nadie lo entiende. Joan Sebastián hacía algo que ningún otro cantante hacía.
Se subía a un caballo en medio de una plaza de jaripeo con el sombrero puesto y cantaba montado dando vueltas frente a miles de personas que gritaban su nombre. Por eso lo llamaron el rey del jaripeo. Y ese título no era decorativo, era un negocio, era una forma de vida. Llegó a tener ranchos por medio México, La Calera, en Jalisco, en Veracruz, el capricho, la jarana, el bandido, el ato, el suspiro y uno llamado Marselia como una de sus hijas.
Cinco casas en Cuernavaca, una de ellas comprada nada menos que a Lucero y a Mijares, el rancho Santa Soledad en Teacalco y la Candelaria en su Juliánla natal. Solo en la Candelaria tenía cerca de 50 caballos. pura sangre. Compró un avión, un Learjet Jet 45 con capacidad para nueve pasajeros que usó hasta sus últimos días.
Y en la matrícula de ese avión está la confesión más íntima de toda su vida. Nadie la ha leído nunca en voz alta. La matrícula del avión era X a JMF. J MF. José Manuel Figueroa, el hombre al que una disquera le ordenó borrar su nombre, el que aceptó llamarse Joan Sebastian, porque le dijeron que el suyo no vendía. Mandó pintar sus iniciales verdaderas en el fuselaje de su avión privado, las que le pusieron sus padres, las de Juliantla, volaba por todo el continente dentro de su propio nombre.
Y hay una cosa más que compró este hombre y es la que te va a poner la piel de gallina. En su rancho de Jalisco, La Calera, Joan Sebastián guardaba una importante colección de arte sacro, arte religioso, imágenes, piezas, objetos de culto. El niño de 12 años que quiso ser sacerdote y a quien su padre se lo prohibió, llenó una de sus casas de arte sagrado.
Nunca dejó de ser el seminarista de 14 años que compuso una misa. simplemente aprendió a comprarlo en vez de rezarlo. Y en 1981 escribió una canción que, sin que él lo supiera, era la descripción exacta de su propio funeral. Escúchala con atención, porque 34 años después se volvió realidad. La canción se llamaba simplemente Juliantla.
En ella, un hombre que anda lejos habla de querer volver a su pueblo en la montaña. Extraña su cabaña, extraña su caballo, extraña su perro fiel, extraña la razón de su existencia que se quedó allá arriba en la sierra. Un hombre pidiéndole a la vida que lo deje regresar a casa. La escribió cuando apenas empezaba a ser famoso, cuando todavía le faltaban por venir los gramy, los ranchos, el avión.
Las mujeres, las balas y el cáncer. Guarda esa canción en tu mente junto con la guitarra y con el bals, porque de las tres esta es la única que se cumplió. Joan Sebastián compuso 750 canciones. Le escribió a Vicente Fernández, a Rocío Durcal, a Lucero, a Media República y entre todas ellas dejó una escrita a los 30 años donde le suplicaba al destino volver a morirse en su montaña.
Ese hombre iba a conseguir exactamente eso y su pueblo iba a tener que marchar para que se cumpliera. Un hombre montado a caballo, un hombre con arte sacro, un hombre que se llamaba a sí mismo amante libre. Ahora vamos con las mujeres porque ahí es donde todo se [música] rompe. Su primera esposa fue Teresa González. Con ella tuvo tres hijos varones.
José Manuel, que heredó el nombre del padre y también su oficio porque acabó siendo cantante, Juan Sebastián, que heredó el nombre artístico que su papá se había inventado, y trigo de Jesús. Tres muchachos criados alrededor del escenario de su padre. José Manuel cantaba. Los otros dos trabajaron directamente para él en la organización de las giras y en sus asuntos artísticos.
Trigo se encargaba de la seguridad. Su propio hijo lo cuidaba. Un padre con tres hijos varones trabajando para él y uno de ellos encargado de que a su papá no le pasará nada. Guarda, eso es la ironía más terrible de todo este video. Luego llegaron las otras. De su relación con María del Carmen Campo. Nació Sarelea, su primera hija.
De un noviazgo largo. Con Erika Alonso nació Juliana. Con Alina Espino tuvo dos hijas más. Joana, Marcelia y Deabé, ocho hijos, cuatro hombres y cuatro mujeres, cinco mujeres distintas. El amante libre estaba cumpliendo al pie de la letra la promesa que se había hecho a sí mismo el día que se cambió el nombre.
Y hay una confesión que este hombre soltó ya de grande, enfermo, con el cáncer adentro, que retrata mejor que nada quién fue. En 2012, con 61 años, Joan Sebastián reconoció públicamente que había estado enamorado de mujeres a las que nunca tuvo. Habló de un amor platónico por Kate del Castillo. de atribuyeron sentimientos parecidos por Lucero y por Salma Hayek, un hombre con ocho hijos, cinco parejas y una vida entera de conquistas, confesando a los 61 que también amó en silencio, sin decirlo, sin conseguirlo.
El amante libre nunca dejó de enamorarse, ni siquiera cuando se estaba muriendo. Y en 1992 conoció a la mujer delante de la cual iba a quedar completamente desnudo en vivo ante todo un país. Escucha bien cómo empezó, porque empezó como un cuento de hadas. Ella se llamaba Maribel Guardia, nacida en Costa Rica.
Había sido Miss Costa Rica a los 18 años. Y en el Miss Universo celebrado en Acapulco, la prensa la eligió Miss Fotogénica. Televisa la vio, le dio una beca y la convirtió en una de las mujeres más famosas de México. En 1992 empezaron una relación. 3 años después, en 1995, nació Julián Figueroa, el único hijo de los dos.
Y Joan hizo con ese niño lo único que sabía hacer con las cosas que amaba. le escribió una canción, un bals con el nombre del niño de título. En la letra le pedía que lo bailara, que lo disfrutara y le señalaba dos momentos precisos del futuro donde ese bals debía sonar, el día de su graduación y el día de su boda.
Un padre escribiéndole a su hijo recién nacido la música de una boda que ocurrirá dentro de 30 años. Recuerda ese vals. Vuelve a él cuando lleguemos al final. En 1996, Televisa juntó a la pareja en una telenovela. Se llamaba Tú y Yo. Los dos protagonizaban y en el reparto, haciendo el papel de la villana, había una actriz jovencísima. Se llamaba Arlet Terán.
Ella lo contaría muchos años después con una honestidad que duele. Dijo que cuando Joan Sebastián se le acercó, ella apenas tenía 19 años [música] y que se sintió deslumbrada por sus atenciones. Él andaba por los 45, estaba casado y tenía un hijo recién nacido en su casa. Ella era una muchacha deslumbrada por el hombre más famoso del reparto.
Él sabía exactamente lo que estaba haciendo y lo hizo de todas formas. Maribel Guardia sintió que algo estaba pasando. Ella misma lo ha contado. Hubo señales. Hubo una noche en que Juan no llegó a dormir a su casa y apareció hasta la mañana siguiente, pero no tenía nada, solo una sospecha. Y mientras tanto, en un bar del centro histórico de la Ciudad de México, un periodista de espectáculos llamado Juan José Origel, al que todos conocían como Pepillo, estaba viendo algo.
Vio a Joan Sebastián arrinconado con una muchacha muy guapa. Origel perfectamente quién era él. A ella no la reconoció porque era demasiado joven. Preguntó, le dijeron el nombre. Arlet Teran. Al día siguiente, Origel llegó con esa nota al programa donde trabajaba y lo que él no sabía es quién estaba viendo la televisión en ese momento.
El programa se llamaba Ventaneando. Estaba en vivo. Origel formaba parte del equipo de Patti Chapoy y esa tarde soltó al aire lo que había visto la noche anterior. contó delante de todo México que se había encontrado a Joan Sebastián muy a gusto con Arlet Terán. Lo que Origel ignoraba es que Maribel Guardia era fan del programa, lo veía todos los días y esa tarde lo estaba viendo acostada en su cama junto a Joan Sebastián.
Ella lo ha narrado muchas veces. Estaban ahí los dos mirando la pantalla y cuando escuchó el nombre de su marido, se volteó hacia él y solo pudo decir una palabra. ¿Qué? Se enteró de que la estaban traicionando por televisión en vivo al lado del hombre que la traicionaba. Ella lo resumió después con una frase que retrata el dolor entero.
Lo peor de una infidelidad, dijo, “es que te estén viendo la cara de tonta y que el único que no lo sabe seas tú. Y entonces esa mujer se levantó de la cama. Escucha lo que hizo porque es la imagen más poderosa de este video. Y ahí, según lo ha contado el propio Origel, Maribel Guardia caminó hasta el closet de Joan Sebastián, lo abrió y empezó a sacarle sus cosas, las botas, los chalecos, todos uno por uno, la ropa del rey del jaripeo saliendo de un armario y cayendo al suelo, mientras el hombre que la había traicionado la miraba sin poder
decir nada. le dijo que se fuera de su casa y él se fue. Ella lo ha contado sin rodeos. Después de aquella tarde, nunca más volvieron. El matrimonio duró de 1992 a 1996, 4 años. y Pepillo Orrigel décadas después todavía carga con eso. Ha dicho que aquella fue la nota más importante que dio en 191 su carrera, la que le abrió el camino como periodista de espectáculos y ha dicho también con la voz distinta que se arrepiente como nadie sabe, que uno no mide hasta dónde llega un comentario, que uno no se pone a pensar que puede destruir. Pero hay
algo que Maribel Guardia hizo después, algo que casi nadie tiene el estómago de hacer y que la convierte en la persona más grande de esta historia. Lo perdonó. Ella jamás volvió con él, pero mantuvieron, según sus propias palabras, una amistad muy linda toda la vida. Y ella le agradece a Dios que así fuera.
perdonó también a la otra mujer. Muchos años después, cuando la tragedia volvió a golpear a esa familia, Arled Teran [música] le mandó sus condolencias y Maribel decidió soltar cualquier rencor que le quedara. Incluso salió a defenderla del linchamiento público, diciendo que culpar solo a las mujeres en estas situaciones le parecía machista.
Recuerda ese perdón, [música] porque 27 años después de aquella tarde, la vida le iba a cobrar a Maribel Guardia una factura con la que ninguna traición se compara. Y ahora vuelve a la manta, a la manta que un cártel dejó junto al cuerpo de un hijo de este hombre. Ya sabes de qué era capaz Joan Sebastián con las mujeres de otros.
Ahora pregúntate qué habría pasado si un día en algún lugar de México ese hombre hubiera puesto los ojos en la mujer equivocada. Porque el 27 de agosto de 2006 en Hidalgo, [música] Texas, alguien iban a apretar un gatillo delante de él y a Joan Sebastián le iban a poner a su primer hijo muerto en los brazos.
27 de agosto de 2006, condado de Hidalgo, Texas. Joan Sebastián está dando un concierto del otro lado de la frontera para su gente, para los mexicanos que se fueron. Trigo de Jesús. Figueroa González, su hijo, 27 años, está haciendo su trabajo. Cuida a su padre. Al terminar, un grupo de admiradores se lanza hacia el cantante.
Quieren tocarlo, abrazarlo, verlo de cerca. Trigo se une a la seguridad para contenerlos y uno de esos hombres lo toma como una agresión. Saca una pistola y dispara. La bala iba hacia la multitud que adoraba a Joan Sebastián. Se llevó al muchacho que se había puesto delante de él y ahora escucha lo que ese padre vivió en los siguientes 50 minutos.
El proyectil alcanzó a Trigo. Su padre llegó hasta él y lo levantó del suelo y ahí se quedó. Joan lo contó después con estas palabras exactas delante de un micrófono y son las más duras que ha pronunciado un artista mexicano sobre su propio [música] hijo. Dijo que lo tuvo en sus brazos 50 minutos agonizante gritando el auxilio, pidiendo una ambulancia pidiendo un policía.
50 minutos. Piensa en lo que eso significa. El hombre más famoso del regional mexicano en territorio extranjero con su hijo desangrándose encima, gritándole a una multitud que lo adoraba. Y nadie pudo o nadie supo o nadie llegó a tiempo. 50 minutos es más de lo que dura una mitad de un partido de fútbol.
Es una película entera [música] hasta el intermedio. Es el tiempo exacto que necesita un hombre para entender, minuto tras minuto, que su hijo se le está muriendo en las manos y que no hay nada, absolutamente nada que él pueda hacer. Y cuando por fin llegó la ayuda, ya [música] era tarde. Trigo tenía 27 años. Después de aquello, Joan Sebastián desapareció de la vida pública durante un tiempo.
Cuando volvió y le pusieron un micrófono enfrente para preguntarle lo imposible, dijo una sola cosa. Dijo que aceptaba con resignación lo que la vida le mandara. Aceptaba con resignación. El seminarista de 14 años seguía ahí dentro hablando, pero él no era un hombre que aceptara nada en silencio. Él era compositor y un compositor solo tiene una manera de gritar.
En 2009, 3 años después de aquella noche en Texas, Joan Sebastián publicó una canción, la tituló Trigo. Puso el nombre de su hijo asesinado en un disco, grabó su dolor, lo prensó, lo distribuyó y salió a cantarlo en las plazas de jaripeo. Cada vez que interpretaba ese tema estaba desenterrando a su muchacho delante de miles de desconocidos.
Ese era su método. Lo que no podía soportar lo convertía en música. Recuérdalo porque hay otra canción escrita mucho antes que todavía nos está esperando al final de este video. Y ahora la vida iba a mandarle a Joan Sebastián algo mucho peor que resignación. 12 de junio de 2010, Cuernavaca, Morelos. 4 años después. Juan Sebastián Figueroa, 32 años, el hijo que llevaba el nombre artístico que su padre se había inventado, llega con unos amigos a un bar llamado Gran Hotel Cuernavaca.
No los dejan entrar. Hay una discusión. La discusión se calienta. Se convierte en pelea con el personal de seguridad del lugar y uno de los guardias saca un arma. Le dispara dos veces, cuello y abdomen, hemorragias internas y externas. Y ahí, afuera de un bar de Cuernavaca, muere el segundo hijo de Joan Sebastián.
Ahora piensa en quién tuvo que hacer la llamada. Piensa en el hermano mayor. Fue José Manuel Figueroa, el mayor de los tres, el que sigue vivo, el que se dedica a cantar como su padre, quien tuvo que darle la noticia. un hijo llamando a su padre para decirle que otro de sus hijos acaba de morir a balazos 4 años después del primero.
Y entonces apareció la manta. Aquí es donde todo cambia. Junto a la historia oficial del guardia y la pelea, apareció un narcomensaje atribuido al cártel del Pacífico Sur. En esa manta, ese grupo criminal se adjudicaba la muerte de Juan Sebastián Figueroa y explicaba el motivo. Y el motivo tenía que ver con una mujer.
Aquí es donde la historia se parte en dos y donde tienes que escuchar con mucho cuidado, porque nada de esto se comprobó jamás. Una versión, la que recogieron medios como Excelsior, dice que la manta acusaba al hijo, que Juan Sebastián se había involucrado con la pareja de uno de los líderes del cártel.
Otra versión publicada entre otros por la revista Bea apunta mucho más arriba. Sostiene que el romance con esa mujer ligada al mundo de las drogas lo habría tenido el padre y que la bala que le tocó al hijo era una factura [música] del padre. Detente y respira, porque acabas de escuchar la acusación más terrible que se le puede hacer a un hombre, que su propia infidelidad mató a su hijo.
Y ahora ve qué contestó él. Cuatro palabras delante de la prensa en el peor momento de su vida. Joan Sebastián enfrentó a los reporteros. Estaba enterrando a su segundo hijo asesinado en 4 años y dijo con una claridad que no admitía discusión. Yo no soy narcotraficante. Cuatro palabras nada más. Ni una lágrima delante de la cámara, ni un insulto a los que lo acusaban.
Cuatro palabras dichas por un hombre que acababa de perder a su segundo hijo y al que encima le estaban preguntando si él tenía la culpa. También calificó de irrisorias las acusaciones que lo ligaban al mundo del narcotráfico. Las negó siempre, hasta el día de su muerte. ¿Y por qué a tanta gente no le bastó? Por una razón que casi nadie se atreve a decir en voz alta.
Escúchala, porque el apellido Figueroa ya venía cargado. Su hermano Federico Figueroa, el mismo que le llevaba los negocios y le manejaba los caballos, fue presuntamente vinculado con el narcotráfico en distintos reportes periodísticos. Presuntamente nunca se probó nada contra Joan Sebastián, ni un cargo, ni una investigación que llegara de algún lado.
Pero en el México de esos años, con dos hijos de un mismo cantante muertos a balazos y una manta de un cártel colgada junto a uno de los cuerpos, la sospecha no necesitaba pruebas para instalarse. Y él lo sabía. Sabía que la gente lo miraba distinto. Sabía que cuando pasaba su camioneta alguien iba a susurrar la palabra.
Pero lo peor no es la sospecha, lo peor es lo que esa sospecha le hizo cargar en privado. Y esto solo lo entiende un padre. Ponte por un segundo en su lugar. Tu hijo mayor te cuida. Le pagas para que te proteja y muere de un balazo que iba dirigido a la multitud que te adoraba a ti. Tu segundo hijo lleva el nombre que tú te inventaste y muere a tiros afuera de un bar en tu propio estado.
Mientras un cártel cuelga una manta con el nombre de una mujer. Los dos trabajaban para ti. Los dos murieron por estar cerca de ti. Un padre normal después de dos hijos muertos se pregunta qué hizo mal. Joan Sebastián tenía delante una pregunta mucho más difícil de aguantar y era esta: si sus muchachos estarían vivos de no haber llevado su apellido.
Él jamás respondió eso en público y mientras cargaba con esa pregunta, algo le estaba creciendo dentro del cuerpo. Desde finales de los años 90, Joan Sebastián tenía cáncer, un cáncer en los huesos, un mieloma múltiple que le detectaron alrededor de 1999 y ese cáncer hizo con él algo particularmente cruel. Se iba y volvía.
Le dieron el diagnóstico cuatro veces distintas. En 1999, [música] en 2007, un año después de que mataran a trigo, en 2012 y otra vez en 2014, 16 años. Este hombre vivió 16 años enterrando hijos, subiéndose a caballos y llenando plazas, mientras un cáncer entraba y salía de sus huesos como un acreedor que vuelve cada cierto tiempo a cobrar un poco más.
Pero la crueldad final estaba en el detalle, porque ese cáncer no se quedó en los huesos, se le extendió a otras partes del cuerpo y una de ellas fueron las cuerdas vocales. Piénsalo. De todo el cuerpo de un hombre, la enfermedad eligió atacar lo único con lo que ese hombre se ganaba la vida, lo único con lo que había salido de la pobreza, lo único que su padre había elegido para él el día que le negó el sacerdocio.
Le atacó la voz. ¿Y sabes qué hizo Joan Sebastián cuando el cáncer le tocó la garganta? Esto es lo que separa a este hombre de todos los demás. Siguió cantando con la enfermedad en los huesos, con las cuerdas vocales tocadas, con dos hijos enterrados. Joan Sebastián jamás pensó en retirarse. Lo escribieron así, con esas palabras, las agencias internacionales el día de su muerte.
Jamás pensó en retirarse. Se seguía subiendo a los caballos, se seguía poniendo el sombrero, seguía dando vueltas en el ruedo, cantándole a un público que no tenía idea de lo que ese hombre estaba aguantando debajo de la camisa. En 2013, en plena batalla, sacó un disco nuevo y el título de ese disco es la coincidencia más escalofriante de esta historia.
Fíjate bien, porque tiene que ver con la guitarra de su padre. lo tituló 13, celebrando el 13. 13. El número que él creía que lo protegía. El número que le trajo la guitarra a los 13 años. Lo dijo en entrevistas durante décadas. El 13 era su número de la suerte. Lo asociaba a los episodios importantes de su vida, lo buscaba, lo celebraba.
y en 2013 le puso ese número al título de un disco, como quien le da las gracias a un santo. Ahora fíjate en la fecha exacta en que este hombre murió. Guarda el número 13, no lo sueltes. Lunes 13 de julio de 2015, 7:15 de la tarde. Rancho Cruz de la Sierra, comunidad de Teacalco, estado de Guerrero. La sierra donde nació, la tierra que nunca soltó.
Joan Sebastián dio el último suspiro rodeado de sus hijos. Tenía 64 años, 16 de cáncer, cuatro diagnósticos, dos hijos enterrados y murió un día 13. El número que le regaló la guitarra fue el número que se lo llevó. Un hombre que celebró el 13 en un disco, muerto un 13 en el mes 7 del año 15. Nadie de su familia ha querido hablar nunca de esa coincidencia.
De madrugada, los Figueroa emitieron un comunicado. Dos frases dijeron que ese día había partido serenamente, rodeado por ellos, y lo describieron con cuatro palabras que no ha superado ningún obituario. Un guerrero con alma poética que luchó hasta el final y después habló un sacerdote. Declaró públicamente que Joan Sebastián falleció en paz.
Lo dijo un cura sobre el hombre que a los 14 años compuso una misa completa dentro de un seminario y que después se rebautizó a sí mismo con dos palabras que significaban amante libre. 52 años después de aquella prohibición, un sacerdote le dio a Marcos Figueroa la única respuesta que faltaba. Su hijo murió en paz, pero lo que hicieron con el cuerpo al día siguiente es lo más hermoso y lo más devastador de este video.
Los Figueroa no lo velaron en una funeraria. Acondicionaron el picadero, el ruedo, el pedazo de tierra donde Joan Sebastián entrenaba a sus caballos para los jaripeos. Ahí, en la arena donde ese hombre daba vueltas montado y cantando, colocaron el féretro. Convirtieron su lugar de trabajo en capilla ardiente. La banda que lo acompañó en sus giras tocó piezas folclóricas y canciones de su autoría [música] en vivo junto al ataúd, el rey del jaripeo, velado en su propio ruedo, con su propia banda tocándole.
Y entonces la familia hizo una cosa más. Pusieron algo al pie del cajón. Un objeto, el mismo que apareció al principio de esta historia hace 51 años [música] en una casa pobre de Juliantla. Al pie del ataú de Joan Sebastián colocaron su guitarra favorita y su hermano Federico, el que le llevaba los negocios, el que manejaba los caballos, el que estuvo con él hasta el último día, la describió delante de los periodistas con cuatro palabras.
su única y fiel compañera. Deja que eso te caiga encima despacio. Escúchalo otra vez, porque su hermano no lo dijo como una frase bonita, lo dijo delante del cadáver con los periodistas grabando sin pensarlo. Su única y fiel compañera. Eso dijo un hombre sobre la vida entera de su propio hermano, a un metro de su ataúd abierto.
Y ningún reportero se atrevió a preguntarle qué quiso decir con eso. Este hombre tuvo ocho hijos con cinco mujeres distintas. Se puso así mismo un nombre que significaba amante libre y lo cumplió al pie [música] de la letra durante 50 años. Traicionó en vivo y ante todo un país a una de las mujeres más hermosas de México. Un cártel colgó una manta con el nombre de otra mujer junto al cuerpo de su hijo.
Y cuando llegó el momento de enterrarlo, su propio hermano miró el cajón y dijo que la única compañera fiel que ese hombre tuvo en toda su vida era una guitarra. La guitarra que su padre le compró a los 13 años, la que costó semanas de hambre en una casa donde no sobraba nada. La que Marcos Figueroa le puso en las manos el día que le prohibió ser sacerdote.
Ese instrumento estuvo con él más tiempo que ninguna persona. Lo sacó de la montaña, le dio los grami, los ranchos, el avión con sus iniciales, los 50 caballos y también le dio el nombre y las mujeres y todo lo que vino detrás. Lo enterraron [música] con ella. El amante libre se fue a la tumba, acompañado por lo único que nunca lo abandonó.
Y todavía queda por contarte lo que hizo su pueblo. El velorio duró días. La familia decidió llevarlo a los lugares que Joan amó en vida para que su gente lo despidiera en cada uno. Cuernavaca, la ciudad de México, el rancho de Teacalco y al final Juliantla. A quienes llegaban temprano, los Figueroes ofrecían chilaquiles, frijoles y café, como en una fiesta de pueblo, como él habría querido.
Llegaron cientos, después llegaron miles. Vinieron de Guerrero, de Morelos, de la capital. Llegaron en taxi, en autobús, en coche y llegaron a caballo. Gente que montó su animal y cabalgó hasta el rancho de un cantante muerto para despedirse de él. Entraron formados muchos con ramos de flores. Se persignaron delante del feretro abierto, le dieron la bendición.
Un empleado del rancho, Manuel Parra, que llevaba 11 años trabajando ahí, contó a los reporteros la clase de patrón que era. Dijo que los procuraba mucho, que si alguno se enfermaba, lo mandaba al doctor y que preguntaba cómo estaban. Pero la decisión más importante de todo el funeral no la tomó la familia, la tomó el pueblo.
La familia tenía otro plan. Iban a cremarlo. Y el jueves por la tarde los habitantes de Juliantla se organizaron. Salieron en procesión caminando hasta el rancho Cruz de la Sierra. Fueron a pedirle a la familia Figueroa que no lo convirtieran en cenizas, que lo sepultaran en el panteón de su pueblo por el cariño que le tenían.
por las obras que hizo para la comunidad, un pueblo entero marchando para reclamar el cuerpo de su hijo más famoso. Y la familia cambió de opinión. El cortejo fúnebre entró a Juliantla alrededor de las 4:20 de la tarde. Las calles estaban adornadas con fotografías, con globos, con adornos. A las 6:40 de la tarde, el féretro entró al panteón del pueblo.
El niño que bajaba en burro con la leche, volvió a la montaña. Lo enterraron en el mismo pueblo donde había nacido 64 años antes, en una sección privada del panteón que la familia eligió para él. Y delante de ese ataúd, su hermano Federico dijo una última cosa. Fue una petición dirigida a todo México y sigue en pie hoy.
Dijo que el mejor homenaje que la gente le podía hacer era no olvidarlo, que pusieran sus canciones y que los niños que nacieran ese año o dentro de cinco más conocieran su música. un hermano pidiéndole a un país entero que no dejara morir a su muerto. Años después, la familia lanzó un mezcal con su nombre y su imagen.
En el séptimo aniversario de su fallecimiento, su hija Marcelia Figueroa explicó que las ganancias se repartirían en partes iguales entre los herederos. El hombre que salió de Juliantla sin nada terminó convertido en una marca que sus hijos administran, [música] pero la canción sigue sonando y ese fue al final el único bien que de verdad les dejó.
Y ahora tengo que contarte quién estaba parado junto a ese ataú muy cerca, sin moverse, porque ese muchacho tenía los días contados y todavía no lo sabía. Junto al cajón, muy cerca, permaneció Julián Figueroa, 20 años, el hijo de Maribel Guardia, el niño del Vals. Ella llegó pasadas las 4:30, vestida de negro, acompañada de su marido, Marco Chacón.
fue a despedir al hombre que la había humillado en televisión nacional 19 años antes. Ese perdón, el que te pedí que recordaras. 8 años después, ese muchacho de 20 años parado junto al ataú de su padre iba a estar dentro de uno igual. Y lo que ocurrió justo antes es la coincidencia más perturbadora de toda esta historia.
Después de su muerte se produjo una bioserie sobre su vida. Se llamó por siempre Joan Sebastián y la produjeron con una idea que a nadie le pareció extraña en ese momento. Para interpretar al Joan Sebastián joven, al muchacho de Juliantla, llamaron a su propio hijo, a Julián Figueroa. Para interpretar a Maribel Guardia, llamaron a la actriz Livia Brito.
atente. En esa escena de rodaje, un hijo poniéndose la ropa de su padre muerto para revivirlo delante de una cámara, actuando enamorarse de una actriz que interpreta a su propia madre, que está viva y que va a ver esas escenas por televisión. Julián Figueroa se pasó meses siendo su padre y después de eso siguió sus pasos hasta el final.
Escucha bien lo que hizo con su vida. Julián creció y se hizo cantante como su padre y compositor como su padre. Se casó con una mujer llamada Imelda. Tuvieron un hijo pequeño. Al niño lo llamaron José Julián. José, como el nombre verdadero de su abuelo, José Manuel Figueroa. Figueroa. El nombre que una disquera le ordenó borrar.
Tres generaciones cargando el mismo nombre por debajo de los nombres. artísticos. 8 de abril de 2023. Ese día habría sido el cumpleaños de Joan Sebastián, 72 años, y su hijo hizo algo que hoy resulta insoportable de leer. Julián Figueroa entró a sus redes sociales y le escribió a su padre muerto un mensaje público. 8 años sin él. 8 años, escribió, que habían pasado muy despacio.
Dijo que desde el día de su partida el tiempo les había más amargo y desmintió con una amargura enorme. Esa idea de que el tiempo lo arregla todo, porque a él cada día le dolía más. Ese fue su último mensaje al mundo. Al día siguiente estaba muerto. 9 de abril de 2023. Colonia Jardines del Pedregal, Ciudad de México. Julián sintió un dolor fuerte en el pecho. Se recostó.
Su esposa intentó despertarlo poco después. Maribel Guardia estaba en el teatro trabajando como había trabajado toda su vida. Ella misma escribió el comunicado. Dijo que sentía tener que comunicar la partida de su amado hijo Julián, que se les había adelantado en este plano, que lo encontraron inconsciente esa noche en su cuarto mientras ella estaba en el teatro, que llamaron al 911 y que cuando llegaron la ambulancia y la policía ya estaba sin vida, sin rastro de violencia alguno, un infarto.
Tenía 27 años. 27. Ahora haz la cuenta conmigo despacio porque es lo más perturbador de todo este video. Trigo de Jesús. Figueroa murió de un balazo a los 27 años. Julián Figueroa murió de un infarto a los 27 años. Juan Sebastián Figueroa murió de dos balazos a los 32. Tres de los ocho hijos de Joan Sebastián, muertos jóvenes, dos de ellos exactamente a la misma edad, en tres formas distintas, repartidos a lo largo de 17 años.
Balas en Texas, balas en Cuernavaca, un corazón que se detuvo en una recámara de la Ciudad de México, 24 horas después de que su dueño le escribiera una carta a un padre que ya no podía leerla, la gente empezó a hablar de una maldición, de que algo se estaba cobrando algo. Y ahora te voy a dar el dato que nadie en 17 años se ha atrevido a decir en voz alta.
Cuenta conmigo otra vez. Joan Sebastián tuvo ocho hijos, cuatro hombres y cuatro mujeres. Los cuatro hombres se llamaban José Manuel, Juan Sebastián, Trigo de Jesús y Julián. Tres de ellos están muertos. Sus cuatro hijas, Sarelea, Juliana, Goana, Marcelia y Deabé, están vivas. De los ocho hijos de este hombre, hoy sobreviven su hijo mayor y sus cuatro hijas.
Todos los demás varones fueron enterrados jóvenes. Detente en eso. La muerte entró tres veces a esa familia y las tres veces se llevó a un hijo varón. Nunca tocó a una hija ni una sola vez. Los hombres de esa casa eran los que se subían al escenario, los que cargaban el nombre, los que trabajaban en las giras, los que cuidaban la seguridad, los que se paraban delante de la multitud.
Ellos heredaron el oficio del Padre y con el oficio heredaron todo lo demás. José Manuel Figueroa, el mayor, el único varón que queda, tuvo que hacer la llamada más difícil de su vida cuando mataron a su hermano. Y años después contó algo sobre su padre que explica esta historia entera. Dijo que la pregunta de su padre siempre era la misma.
Cada vez que se veían, cada vez que hablaban, Joan Sebastián le preguntaba a su hijo qué había compuesto. ¿Qué has compuesto? José Manuel lo explicó así, con una lucidez que duele, que de alguna forma esa era la manera en que su padre lograba comunicarse con su alma y él con la suya, que por las canciones sabían cómo estaban emocionalmente, que por las canciones sabían hacia dónde los llevaban las velas del barco.
Piensa en lo que eso significa. Ese hombre no sabía preguntarle a un hijo cómo estaba. le preguntaba qué había compuesto y en la respuesta leía el alma del muchacho, el estado de su corazón, el rumbo de su vida. La música era el único idioma en el que Joan Sebastián sabía decir, “Te quiero por eso, cuando le mataron a trigo, escribió una canción con su nombre.
Era lo único que sabía hacer. Y por eso cuando nació Julián hizo exactamente lo mismo. Y ahora, por fin vuelve el vals. La canción que este hombre escribió cuando su hijo era un bebé. Recuerda lo que Joan Sebastián le pidió en esa letra al niño recién nacido. Le pidió que bailara ese bals el día de su graduación y el día de su boda.
Un padre entregándole a un bebé la música de dos fiestas que ocurrirían décadas más tarde. Un hombre sentado con la guitarra en las manos, imaginándose a un muchacho de 30 años bailando con una novia en una fiesta a la que él mismo pensaba llegar. viejo con sombrero. A verlo. Joan Sebastián murió en 2015 sin ver nada de eso.
Julián Figueroa murió en 2023 con 27 años, un hijo pequeño y una carrera empezando. El bal sigue ahí grabado. Se puede escuchar hoy mismo en cualquier teléfono, en cualquier casa, un padre muerto cantándole a un hijo muerto, describiéndole con detalle un futuro que ninguno de los dos llegó a ver. Y esa es la respuesta a todo.
Ahí está lo que este hombre entendió demasiado tarde. Vuelve al principio de esta historia. A la montaña de Guerrero. Hubo un niño de 12 años que miró a un sacerdote bueno y decidió que quería ser como él. quiso renunciar a las mujeres y a los hijos y entregarle la vida entera a algo más grande que él.
Y hubo un padre que le dijo que no, que le puso una guitarra en las manos porque tenía talento para la música, una guitarra comprada con sacrificios, con el hambre de una familia entera. Ese niño obedeció, se llevó la guitarra y con ella construyó cinco premios Grammy, 750 canciones, un avión con sus iniciales pintadas, 50 caballos pura sangre, una colección de arte sacro y el amor de un continente [música] entero.
También se cambió el nombre. Se puso encima dos palabras que significaban amante libre y cumplió esa promesa con ocho hijos y cinco mujeres. Consiguió absolutamente todo lo que su padre quiso para él y enterró a dos de sus hijos. Y el tercero se murió 8 años después que él, a la misma edad que el primero.
Y cuando por fin lo bajaron a la tierra, su propio hermano dijo delante de todo México que la única compañera fiel de su vida había sido un pedazo de madera con seis cuerdas. ¿Qué habría pasado si aquel muchacho se hubiera ordenado sacerdote? Es algo que nadie puede saber y hasta pensarlo es una crueldad. Pero hay algo que sí sabemos.
Todos los padres del mundo eligen en algún momento un camino para sus hijos. Lo hacen con amor. Lo hacen convencidos de que están viendo un talento, una oportunidad, una vida mejor que la propia. Marcos Figueroa miró a su hijo de 12 años, vio algo enorme dentro de él y quiso salvarlo de la pobreza de Juliantla. Y lo consiguió.
lo sacó de la montaña, lo hizo inmortal. Lo que aquel hombre jamás pudo imaginar, porque nadie puede imaginarlo, es cuanto les iba a costar a sus nietos, a Trigo, a Juan Sebastián y a Julián. Piensa en tu propio [música] padre por un segundo, en las decisiones que tomó por ti cuando eras chico y todavía no podías opinar, en el camino que te empujó a tomar, creyendo, como creen todos, que sabía perfectamente lo que era mejor para ti.

Ninguno de ellos alcanza a ver el final. Ninguno sabe qué está poniendo en marcha cuando le pone una guitarra en las manos a un niño de 13 años. Joan Sebastián se pasó la vida escribiendo canciones para la gente que amaba. le escribió una a su pueblo y ese pueblo salió en procesión a reclamar su cuerpo.
Le escribió una a su hijo bebé para una boda. Le escribió otra a su hijo muerto y le puso su nombre de título. Y no alcanzó a escribir la única que hacía falta, la de un hombre pidiéndole perdón a sus hijos por haber sido simplemente quien su padre le enseñó a ser. Y queda una última imagen, la que deberías llevarte de este video. Un ruedo de tierra en la sierra de Guerrero.
Un ataúd abierto en el centro donde ese hombre daba vueltas montado y cantando. Una banda tocando sus propias canciones a un metro de su cuerpo. Gente que llegó a caballo desde otros pueblos, formada con flores en la mano persignándose delante de él. Y a los pies del cajón apoyada, una guitarra vieja, la misma que un albañil pobre de Juliant, la compró con hambre para su hijo de 13 años el día que decidió que ese muchacho no sería sacerdote.
51 años después, esa guitarra estaba ahí cumpliendo su última función, acompañándolo, como lo había acompañado siempre, según su propio hermano. Mejor que ninguna mujer y mejor que ningún hijo. Marcos Figueroa le dio a su hijo un instrumento en lugar de un altar y ese instrumento se lo devolvió todo. La fama, la fortuna, la eternidad.
También le cobró todo. Le cobró en balas, en cáncer y en hijos. Ese es el precio que nadie te dice cuando eres pobre y sueñas con que tus hijos sean grandes. Si esta historia te hizo pensar en tu padre, en lo que te dio y en lo que te costó, llámalo hoy. Y si ya no puedes llamarlo, dile a alguien en voz alta lo que ese hombre significó para ti hoy mismo, antes de que el tiempo empiece a saberte amargo a ti también.