JOSÉ LUIS CABEZAS: LO SECUESTRARON, LO EJECUTARON Y LO QUEMARON POR UNA FOTO

JOSÉ LUIS CABEZAS: LO SECUESTRARON, LO EJECUTARON Y LO QUEMARON POR UNA FOTO

Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la frente. Ni los servicios de inteligencia tienen una foto mía. Esas fueron las palabras exactas de Alfredo Yabrá, el empresario más poderoso y más invisible de la Argentina de los años 90, dueño de correos privados, depósitos fiscales, logística aeroportuaria, con vínculos con las esferas más altas del poder político, el hombre que controlaba negocios multimillonarios desde las sombras, el hombre cuyo rostro nadie conocía, hasta que un fotógrafo de 35 años que trabajaba para la revista

noticias y que ganaba un sueldo modesto. Hizo lo que los servicios de inteligencia no podían o no querían hacer. Le sacó una foto, una sola foto, en la playa de Pinamar, con el torso desnudo caminando junto a su esposa. La imagen fue publicada el 3 de marzo de 1996 en la tapa de la revista Noticias. Y ese  día, sin saberlo, José Luis Cabezas firmó su propia sentencia de muerte.

 11 meses después, la madrugada del 25 de enero de 1997, Cabezas fue secuestrado al salir de una fiesta en Pinamar. Lo subieron a su propio auto, un Ford Fiesta blanco. Lo llevaron a una cava en las afueras de General Madariaga a 16 km. Lo obligaron a arrodillarse. Le esposaron las manos. Le pusieron una capucha y le dispararon dos veces en la nuca con un arma calibre 32.

Después rociaron el auto con alcohol metílico y le prendieron fuego con él adentro. Cuando encontraron el cuerpo, estaba calcinado, irreconocible,  esposado, con dos balas en el cráneo. Tenía 35 años, tenía esposa, tenía una hija pequeña y tenía la culpa imperdonable de haber hecho su trabajo, sacarle una foto al hombre que no quería ser fotografiado.

 Pero, ¿sabes qué es lo que hace este caso todavía más perturbador? que el hombre que ordenó matarlo nunca fue juzgado. Alfredo Yabrán se suicidó en mayo de 1998. Cuando la policía fue a detenerlo, se pegó un escopetazo en la boca en su estancia de entre ríos y se llevó la verdad completa a la tumba. ¿O no? Porque hay quienes todavía dudan de que el cuerpo encontrado fuera realmente y Abrán.

 ¿Y si fingió su muerte? Y si el hombre sin rostro desapareció una vez más, en este video te voy a contar toda la verdad sobre José Luis Cabezas, el fotógrafo que le puso cara al poder invisible y que pagó con su vida por hacer periodismo.  Sin censura, sin omisiones, sin inventar nada. Te prometo información 100% real y verificada.

  Si te gusta este tipo de contenido, me ayudarías muchísimo con una suscripción y un like. Cada suscripción me ayuda a seguir investigando estas historias.  Vamos a empezar desde el principio. José Luis Cabezas nació en 1961  en General Villegas, localidad rural de la provincia de Buenos Aires.

 Era pueblo chico, tranquilo, donde todos se conocían y donde las ambiciones profesionales raramente iban más allá de la agricultura o el comercio local. Pero José Luis tenía pasión que lo distinguía desde joven, la fotografía. Veía el mundo a través del lente, capturaba momentos que otros dejaban pasar y soñaba con usar su cámara para contar historias que importaran.

 se mudó a Buenos Aires para perseguir su sueño y eventualmente consiguió trabajo en la revista Noticias,  publicación semanal de la editorial Perfil, que se había convertido en una de las más influyentes del periodismo argentino. Noticias era revista de investigación que no le tenía miedo a nadie. políticos,  empresarios, jueces, militares, todos eran blanco potencial de sus investigaciones  y cabezas como reportero gráfico era los ojos de esas investigaciones.

  En 1995 ganó el premio Plade a la mejor fotografía periodística del año. La imagen era del capellán José Fernández en la réplica del cementerio Darwin de la isla Soledad en Pilar, como homenaje a los soldados argentinos caídos en la guerra de Malvinas.  Era foto que capturaba dolor y memoria con sensibilidad que pocos fotógrafos podían igualar.

 Cabezas no era simplemente fotógrafo, era artista que usaba la cámara como instrumento de verdad. comenta esto. ¿Sabías que Cabezas había ganado premio por fotografía sobre Malvinas? No era fotógrafo de farándula, era periodista gráfico serio que usaba su talento para documentar la realidad argentina.  ¿Crees que eso hace su asesinato aún más grave? Para entender por qué mataron a cabezas, hay que entender quién era Alfredo Yabrá.

 Y para entender a Yabrá, hay que entender la Argentina de los años 90. Carlos Menhem era presidente. La convertibilidad mantenía al peso argentino artificialmente igualado al dólar. La economía parecía funcionar, pero debajo de la superficie  se tejían redes de corrupción, lavado de dinero y negocios turbios que involucraban a los niveles más altos del poder político y empresarial.

 Era década de pizza con champagne, donde la ostentación era norma y donde preguntar de dónde venía el dinero era pregunta que nadie hacía. En ese contexto, Alfredo Yabrán había construido imperio empresarial formidable. Era dueño de Oca, empresa de correo privado. Controlaba depósitos fiscales, manejaba logística aeroportuaria, tenía negocios en múltiples sectores que le daban influencia sobre la economía argentina,  de maneras que pocos entendían completamente.

 Y todo esto lo hacía desde la invisibilidad total. Y Abraham no daba entrevistas, no aparecía en fotos, no asistía a eventos públicos donde pudiera ser registrado. Era empresario fantasma cuya cara era desconocida, incluso para periodistas que llevaban años investigándolo. Ni los servicios de inteligencia tienen una foto mía.

 Decía con orgullo que después sonaría como amenaza. ¿Por qué un empresario necesita ser invisible? La respuesta que Yabrá daba era que valoraba su privacidad, pero la realidad era más oscura.  Su anonimato le permitía operar sin escrutinio público. Nadie puede investigar a alguien que no tiene rostro. Nadie puede denunciar a alguien que no puede ser identificado.

La invisibilidad era herramienta de poder que le daba impunidad absoluta.  Comenta esta pregunta. ¿Crees que un empresario con tanto poder tiene derecho a  ser invisible? En democracia, las figuras de poder tienen obligación de ser públicas o la privacidad es derecho absoluto, incluso para los más poderosos.

 En agosto de 1995, el entonces ministro de Economía, Domingo Caballo, mencionó a Yabrá en el Congreso de la Nación. Lo llamó líder mafioso con protección política. Era acusación explosiva que salía de la boca del funcionario más poderoso del gabinete de Menem. Y de repente, Alfredo Yabra pasó de ser fantasma desconocido a ser el hombre más buscado por todos los medios de comunicación argentinos.

 Todos querían ponerle cara al fantasma, todos querían la foto, pero nadie podía conseguirla porque Yabran se protegía con seguridad privada que mantenía a fotógrafos y periodistas a distancia.  Era fortaleza humana que parecía impenetrable. Hasta que José Luis Cabezas encontró la grieta. El 16 de febrero de 1996, durante la cobertura de la temporada de verano en Pinamar, Cabezas y el periodista Gabriel Michi estaban investigando los negocios de Yabrá en la zona costera.

 Habían localizado su casa de veraneo. Habían intentado fotografiarlo en múltiples ocasiones, pero cada foto era de espaldas, de lejos, inútil para identificar a un hombre cuyo rostro nadie conocía. Y entonces llegó el momento. Y Abrán estaba en la playa del balneario Marbella con el torso desnudo caminando con su esposa sin la seguridad que normalmente lo rodeaba.

 Era ventana de oportunidad que se abriría y cerraría en segundos y cabezas. Con la Nikon F4 que era extensión de su cuerpo, disparó. No balas. Algo más peligroso. Fotografías.  La imagen capturada mostraba a Yabrán de frente con torso desnudo en la playa. Era foto que revelaba al mundo la cara del hombre más poderoso e invisible de Argentina.

 Era primicia que cualquier medio habría matado por tener y Cabezas la tenía.  ¿Sabías que Cabezas llamó emocionado a su jefe después de sacar la foto? Hugo Ropero, jefe de  fotografía de noticias, recordó años después la llamada llena de adrenalina y orgullo profesional. Cabezas sabía que había logrado lo que nadie más pudo, pero sabía también que acababa de firmar su sentencia de muerte. Comenta esto.

¿Habrías sacado esa foto sabiendo los riesgos? Cabeza sabía que Yabrá era peligroso.  Sabía que fotografiarlo era provocación directa a hombre con poder para destruirlo.  ¿Habrías apretado el disparador? La foto fue publicada en la etapa de la revista Noticias el 3 de marzo de 1996.  El titular era demoledor.

Yabrá ataca de nuevo. Era portada que rompía la invisibilidad que Yabran había mantenido durante décadas.  De un día para otro, todo el país conocía la cara del hombre que el ministro de economía había llamado líder mafioso. Era fin de la impunidad del anonimato. La reacción de Yabran fue la que cualquiera podía predecir.

 Según la investigación judicial posterior, el empresario tomó la revelación de su imagen como afrenta personal que no estaba dispuesto a perdonar. La foto no era simplemente violación de su privacidad, era destrucción de su herramienta más valiosa, la invisibilidad que le permitía operar sin consecuencias. Después de la publicación, las amenazas empezaron.

 Cabezas y su pareja Cristina Robledo, comenzaron a recibir llamadas telefónicas amenazantes. Eran llamadas que no decían mucho, pero que comunicaban mensaje claro. Te estamos vigilando. Estás en peligro. No estás a salvo. Blasaltieri, funcionario de la intendencia de Pinamar, le confió a cabezas información alarmante. Gente de Yabrá había estado indagando sobre su dirección en Buenos Aires.

 Estaban buscándolo. Querían saber dónde vivía, dónde se alojaba cuando iba a Pinamar, cuáles eran sus movimientos habituales. Cabezas le contó a Michi con preocupación que intentaba disfrazar de humor. ¿Sabes que una fuente nuestra me dijo que gente de Yabrá había estado tratando de averiguar mi dirección en Buenos Aires? Era información que debería haber activado todos los protocolos de seguridad posibles, pero en la Argentina de los 90, ¿quién protegía a los periodistas de los poderosos? ¿Te parece que la revista Noticias debió proteger mejor a cabezas

después de las amenazas? era fotógrafo que había expuesto al hombre más peligroso del país. ¿No merecía protección especial o es responsabilidad individual del periodista asumir los riesgos de su profesión? Comenta tu posición. ¿Crees que los medios de comunicación tienen obligación de proteger a periodistas que cubren temas peligrosos? ¿O es el estado quien debe garantizar la seguridad de la prensa? En Argentina de los 90, nadie protegió a cabezas.

¿De quién fue la culpa? Un mes antes del crimen, en diciembre de 1996, el policía bonaerense Gustavo Pryzo, que trabajaba para la seguridad de Yabrá, se reunió con el empresario en sus oficinas de Carlos Pellegrini al 1100 en Buenos Aires. La investigación judicial determinó que en esa reunión se planificó la eliminación de cabezas.

 El policía que debía proteger a los ciudadanos se reunía con el empresario más poderoso del país para planificar el asesinato de un periodista. Preeso era oficial de la policía bonaerense. La misma fuerza que en los 90 era conocida como la [ __ ] policía por sus vínculos con el crimen organizado, la corrupción y la violencia institucional.

 Era policía al servicio del poder económico, no de la justicia. Yabrá era el poder económico que pagaba sus servicios. Para ejecutar el crimen, Prelleso reclutó a una banda de delincuentes conocidos como Los Orneros, grupo criminal de la localidad platense de los Hornos. Eran José Luis Auge, Horacio Braga, Sergio González y Héctor Retana, delincuentes comunes convertidos en sicarios al servicio del empresario más rico del país.

 También participaron otros policías de la costa, Sergio Camarata de Valeria del Mar y Aníbal Luna de Pinamar, y el comisario Alberto La Liebre Gómez de Pinamar, que liberó la zona para que el crimen pudiera ejecutarse sin interferencia policial. ¿Te impacta que policías planificaran y ejecutaran el asesinato? La fuerza que debía proteger a cabezas era la misma que lo mató.

 Es traición institucional de magnitud que define la corrupción policial argentina de los 90. ¿Cómo confías en la policía cuando la policía trabaja para los criminales?  La noche del 24 de enero de 1997,  Cabezas y Michi fueron a cubrir fiesta que el empresario Óscar Andreani organizaba en su casa de Pinamar.

 Era evento social de la temporada veraniega donde se reunían políticos, empresarios  y celebridades. Cobertura rutinaria que noticias hacía cada verano. Michi se retiró de la fiesta alrededor de las 4 de la mañana. Al día siguiente era su cumpleaños y quería descansar.  Cabeza se quedó para sacar algunas fotos más.

 Fue la última vez que Michi vio a su amigo y compañero con vida. La última foto de José Luis Cabezas con vida  fue tomada a las 4:30 de la mañana dentro de la fiesta de Andreani. Sonreía, tenía su  cámara. Era fotógrafo haciendo lo que amaba hacer. 30 minutos después estaría secuestrado. Cuando Cabeza salió de la fiesta y subió al Ford Fiesta blanco alquilado por la revista, cinco hombres lo interceptaron,  lo sometieron, lo subieron al auto y comenzaron a conducir hacia la cava en las afueras de General Madariaga, a 16

km de Pinamar, sobre la ruta provincial 11. Lo que pasó en esa cava es lo que la investigación judicial pudo reconstruir.  Obligaron a cabezas a arrodillarse, le esposaron las manos detrás de la espalda, le pusieron una capucha en la cabeza y Gustavo Pryeso, el policía que trabajaba para Yabrá, le disparó dos veces en la nuca con un arma calibre 32.

 Después rociaron el Ford Fiesta con alcohol metílico, metieron el cuerpo de cabezas dentro del auto y le prendieron fuego. El auto ardió durante horas en la oscuridad de la madrugada argentina, destruyendo evidencia y desfigurando al hombre que había tenido la audacia de fotografiar al poder.

 Comenta lo que estás sintiendo. ¿Cómo procesas que un fotógrafo fue ejecutado por sacar una foto? En democracia en un país que se supone libre. en los años 90, no en los 70 de la dictadura. Es diferente este asesinato a los de la dictadura militar o es exactamente lo mismo con diferente disfraz.

  El cuerpo calcinado de José Luis Cabezas fue encontrado el 31 de enero de 1997 en la cava de General Madariaga. Estaba irreconocible por las quemaduras,  esposado con dos proyectiles en el cráneo dentro de los restos carbonizados del Ford Fiesta.  Era escena de horror que los investigadores procesaron con dificultad porque la brutalidad del crimen superaba lo que habían visto antes.

 La Nikon Fromara 4 de cabezas fue encontrada meses después, en mayo de 1997, en el canal 1, debajo del puente de la ruta 11, a la altura del kilómetro 245. La cámara fue identificada porque tenía pegadas calcomanías de Garfield y Animaniax. Era detalle humanizante que conectaba al fotógrafo profesional con el hombre común que decoraba su herramienta de trabajo con stickers de personajes animados.

 Era hombre normal, con gustos normales, con vida normal, que fue asesinado por hacer su trabajo. Comenta este detalle. ¿Te conmueve que la cámara de cabezas tenía stickers de Garfield y Animaniax? Es detalle que lo humaniza más allá del símbolo en que se convirtió después. Era tipo común con cámara decorada con stickers.

 No era héroe de película. Era persona real con vida real que fue destruida por el poder. La reacción de Argentina fue masiva e inmediata. El asesinato de cabezas sacudió al país de maneras que pocos eventos habían logrado desde el retorno de la democracia en 1983. No era simplemente crimen contra individuo, era ataque directo contra la libertad de prensa, contra la democracia misma, contra el derecho de la sociedad a saber la verdad.

 La revista Noticias publicó edición con tapa completamente negra, sin texto, sin foto, solo negro. Era grito visual de dolor y protesta que se convirtió en imagen icónica del periodismo argentino. Y entonces surgió la consigna que uniría a todo un país. No se olviden de cabezas. Millones de personas la repitieron, la pintaron en paredes, la pusieron en carteles, la gritaron en marchas masivas.

 Era pedido colectivo de justicia que impedía que el poder enterrara el crimen como había enterrado tantos otros. Las marchas fueron multitudinarias. Buenos Aires, La Plata, Córdoba, Rosario, Mendoza. Cada ciudad importante del país se movilizó exigiendo justicia. Era Argentina unida por indignación que cruzaba líneas políticas,  sociales y generacionales.

Todos compartían certeza de que si mataban a un periodista impunemente, nadie estaba a salvo. Sabías que no se olviden de cabezas. se convirtió en una de las consignas más importantes de la historia argentina. Es frase que trasciende el caso individual y se convierte en símbolo de lucha contra la impunidad del poder.

 ¿La conocías? El gobernador de Buenos Aires, Eduardo Dujalde, reaccionó con frase reveladora: “Me tiraron un cadáver.” Era declaración que reconocía que el crimen era mensaje mafioso que iba más allá de cabezas individualmente. Era señal del poder criminal a la política. Podemos matar a quien queramos cuando queramos. El asesinato de cabezas forzó a Dujalde a tomar decisión drástica.

 Dividir la policía bonaerense en 18 partes para reducir su poder. Era reconocimiento oficial de que la policía era parte del problema, no de la solución. El presidente Carlos Menem prometió esclarecer el caso, pero sus promesas sonaban vacías porque los vínculos de su gobierno con Yabrá eran conocidos. Menem había protegido a Yabrá políticamente durante años y ahora que el empresario había ordenado matar a un periodista, el presidente prometía justicia mientras sus propias manos estaban manchadas por la complicidad previa. Comenta tu

indignación. ¿Crees que Menem fue cómplice e indirecto del asesinato de cabezas? Su gobierno protegió a Yabran durante años. Sin esa protección, quizás Yabrá no habría tenido poder suficiente para ordenar un asesinato. Es el estado responsable cuando protege a los poderosos  que después matan.

 La investigación judicial avanzó lentamente, pero con resultados que eventualmente desenmascararon la red criminal detrás del asesinato. El juez de Dolores, José Luis Maki, fue categórico. Lo mataron por su trabajo como fotógrafo. Era determinación judicial que confirmaba lo que todos  sabían. Cabezas murió por hacer periodismo. Alfredo Yabrán fue identificado como autor intelectual del crimen.

 Gregorio Ríos, su jefe de seguridad, fue señalado como organizador directo, Gustavo Pryeso como autor material,  los horneros como ejecutores y los policías de la costa como facilitadores que liberaron la zona para que el crimen pudiera cometerse sin interferencia. En mayo de 1998, cuando la justicia ordenó la detención de Yabrá, el empresario eligió no enfrentar el juicio.

 El 20 de mayo de 1998, en su estancia de la Jacobi, en la provincia de Entre Ríos, Alfredo Yabrán se suicidó con una escopeta, se disparó en la boca y el hombre sin rostro dejó de existir, ¿o no? Porque inmediatamente surgieron teorías de que Yabrá había fingido su muerte, que el cuerpo encontrado no era realmente él, que el hombre que había sido invisible durante décadas había desaparecido una vez más, esta vez definitivamente.

Las pruebas de ADN y las investigaciones forenses confirmaron que era Yabrán, pero las dudas persistieron durante años entre quienes creían que hombre tan poderoso era capaz de engañar incluso a la muerte. ¿Crees que Yabrá realmente se suicidó? ¿O es posible que un hombre que vivió invisible durante décadas haya logrado desaparecer una última vez? Es teoría conspirativa que probablemente nunca se confirmará se descartará completamente.

¿Vos qué pensás? El juicio oral y público se celebró en febrero del año 2000 en el Tribunal de Dolores fueron condenados a prisión perpetua los cuatro integrantes de los horneros Horacio Braga, José Auge, Sergio González  y Héctor Retana. También el policía Gustavo Prellezo como autor material.

 Gregorio Ríos como instigador y los policías Sergio Camarata, Aníbal Luna y el comisario Alberto La Liebre Gómez por liberar la zona. Era fallo que la sociedad argentina recibió con alivio parcial. Parcial porque los condenados eran ejecutores y organizadores, pero el autor intelectual, Yabrá, estaba muerto. Nunca fue juzgado, nunca enfrentó tribunal,  nunca escuchó sentencia.

 Se había escapado de la justicia terrenal de la única manera definitiva,  matándose antes de que lo juzgaran. ¿Te parece que la justicia fue completa sin el juicio a Yabrá? Condenaron a los sicarios y organizadores, pero el hombre que pagó y ordenó todo murió sin ser juzgado. Es justicia a medias o justicia suficiente, pero la historia no termina con las condenas, porque con el paso de los años los condenados fueron recuperando la libertad. Uno por uno.

Héctor Retana murió de sida en prisión en 2001. Sergio Camarata murió en 2015 tras larga enfermedad. Aníbal Luna fue liberado en septiembre de 2017 y Gustavo Prelleso, el policía que apretó el gatillo, obtuvo prisión domiciliaria en 2010 por razones de salud. ¿Sabías que Prelleeso, el asesino de cabezas hoy tiene matrícula de abogado y se muestra en redes sociales como profesional exitoso? Gladis Cabezas, hermana del fotógrafo, lo denunció públicamente.

Tiene matrícula teniendo una condena. Se muestra en las redes como el mejor abogado. Matar es gratis en este país. Comenta tu indignación. ¿Te parece aceptable que el hombre que ejecutó a cabezas hoy ejerza como abogado? mató a periodista, fue condenado a perpetua, salió por salud y ahora es abogado. Es sistema judicial que funciona o es burla a la memoria de cabezas.

 La familia de cabezas pagó precio enorme por el crimen. Su esposa quedó viuda con una hija pequeña que crecería sin  padre. Sus padres, José y Norma, vivieron el resto de sus vidas reclamando justicia que sentían incompleta. Ambos murieron sin ver que todos los responsables pagaran adecuadamente y su hermana Gladis ha sido voz incansable que mantiene viva la memoria de José Luis décadas después del crimen.

 Todos los días nos preguntamos por qué, dijeron los padres de cabezas en entrevista con revista Gente, apenas 4 meses después del asesinato. Era pregunta que no tenía respuesta satisfactoria. ¿Por qué matan a fotógrafo por hacer su trabajo? ¿Por qué el poder puede eliminar a quien lo incomoda? ¿Porque la democracia no protege a quienes la defienden con la verdad? Hoy la familia de cabezas vive fuera de Argentina.

 se fueron del país que no pudo proteger a su ser querido, ni garantizar que los asesinos pagaran precio proporcional al crimen.  Es exilio voluntario que dice más sobre el Estado de la justicia argentina que cualquier análisis académico. En 2022, Netflix estrenó documental,  El fotógrafo y el cartero, El Crimen de cabezas, dirigido por Alejandro Hartman.

Era producción que llevaba la historia a nuevas generaciones que no habían vivido los eventos de los 90 y que recordaba al mundo que en Argentina un fotógrafo fue asesinado por hacer periodismo en plena democracia. Cada 25 de enero, día del reportero gráfico en Argentina, se rinde homenaje a cabezas.

 Periodistas de todo el país se reúnen, marchan,  recuerdan y repiten la consigna que se convirtió en mandato nacional. No se olviden de cabezas. ¿Crees que Argentina se olvidó de cabezas? Las marchas siguen, los homenajes continúan, pero los asesinos están libres. El autor intelectual nunca fue juzgado y la hermana del fotógrafo dice que matar es gratis en Argentina.

  ¿Es eso recordar o es simplemente ritual vacío? Comenta tu reflexión final. ¿Crees que el caso Cabezas cambió algo en Argentina? ¿Están los periodistas más seguros hoy o simplemente aprendieron a no fotografiar a los poderosos? Si tuviéramos que extraer lecciones del caso Cabezas, serían estas. El periodismo puede costar la vida cuando incomoda al poder.

 La policía puede ser el enemigo cuando trabaja para los criminales. La justicia puede ser incompleta cuando el autor intelectual se mata antes de ser juzgado. Y la memoria colectiva es la única herramienta que la sociedad tiene para evitar que los crímenes queden impunes. José Luis Cabezas vivió 35 años. En esos años fue fotógrafo que amaba su trabajo, que ponía stickers de Garfield en su cámara, que ganó premios por fotos que capturaban dolor y verdad  y que un día sacó la foto más peligrosa de la historia del periodismo argentino, la

cara del hombre invisible. Esa foto le costó la vida, pero también le dio inmortalidad, porque mientras Argentina repita, “No se olviden de cabezas, José Luis seguirá vivo en la memoria de un país que le debe mucho más de lo que le dio.” Esa es la historia completa de José Luis Cabezas,  el fotógrafo de General Villegas, el reportero gráfico de noticias, el hombre que le puso cara al poder y el mártir de la libertad de prensa que Argentina no puede permitirse olvidar.

 Suscríbete, dale like y deja en los comentarios, ¿crees que en Argentina matar periodistas  sigue siendo gratis? Gracias por estar hasta el final. Nos vemos en el siguiente video. Hay aspectos del caso Cabezas que merecen exploración más profunda porque revelan la magnitud del entramado de poder que terminó con la vida de un fotógrafo de 35 años.

 La Pinamar de los años 90 era escenario donde el poder argentino se exhibía sin pudor. Era balneario que rivalizaba con Punta  del Este como epicentro de la elite política y empresarial. políticos, empresarios, jueces, funcionarios, todos se concentraban en esas playas durante enero y febrero. Y los periodistas iban a cubrir esa temporada porque sabían que entre las sombrillas y los tragos se cerraban negocios y se sellaban alianzas que definían el rumbo del país.

 Cabezas y Michian enviados habituales de noticias a Pinamar. Conocían la dinámica, sabían quién era quién y sabían que la foto más valiosa que podían obtener era la del hombre que nadie había podido fotografiar. Alfredo Yabrá era Santo Grial del fotoperiodismo argentino y Cabezas estaba decidido a conseguirlo.

  La obsesión de Yabrá con la invisibilidad tenía raíces que iban más allá de la simple privacidad. Sus negocios incluían el manejo del correo privado a través de Oca, empresa que controlaba información sensible de millones de argentinos.  También manejaba depósitos fiscales donde se almacenaban mercancías importadas, negocio que le daba acceso a información comercial privilegiada y la logística aeroportuaria le proporcionaba control sobre flujos de personas y mercancías que entraban y salían del país. ¿Sabías que Yabrá controlaba

sectores de la economía argentina que le daban acceso a información privilegiada de millones de personas? No era simplemente empresario rico, era hombre que controlaba flujos de información que le daban poder que iba más allá del dinero. ¿Es eso poder económico o es poder de inteligencia comparable al de un servicio secreto? Comenta esta reflexión.

  ¿Crees que un empresario privado debería tener tanto poder sobre la información de un país? Yran controlaba correos, depósitos fiscales  y aeropuertos. Era infraestructura que en manos correctas sirve al país y en manos incorrectas se convierte en herramienta de control social.

 ¿Debería el Estado permitir esa concentración de poder en manos privadas? La relación entre Yabrá y el gobierno de Menem fue aspecto del caso que nunca se investigó completamente.  Caballo lo denunció como líder mafioso, pero Menem nunca tomó acciones significativas contra él.  ¿Por qué? Las teorías incluyen financiamiento político, acuerdos de beneficio mutuo y simple protección a cambio de lealtad.

Era relación simbiótica entre poder político y poder económico que caracterizaba la Argentina menemista. Cuando Caballo denunció a Yabrá en el Congreso, Menem no respaldó a su ministro. De hecho, la relación entre Menem y caballo se deterioró significativamente  después de esas declaraciones.

 Era señal clarísima de que Yabrá tenía protección del presidente mismo. Y si el presidente te protege, ¿quién puede tocarte? La fiesta de Andreani, donde Cabezas estuvo la noche de su muerte, era evento que reunía exactamente al tipo de personas que noticias investigaba. Óscar Andreani era empresario del sector de correos y encomiendas que competía parcialmente con Yabrá.

 La presencia de cabezas en esa fiesta no era casual. Estaba ahí para documentar las conexiones entre el poder económico y político  que se exhibían sin pudor en las fiestas de Pinamar. Gabriel Michi, el periodista que se fue a las 4 de la mañana porque al día siguiente era su cumpleaños, ha cargado durante décadas con la pregunta más dolorosa.

 ¿Qué habría pasado si me hubiera quedado? ¿Habrían secuestrado a dos periodistas en lugar de uno? ¿O la presencia de un testigo adicional habría disuadido a los asesinos? Michi se convirtió después en presidente del foro de periodismo argentino, FOPEA. dedicó parte de su carrera a luchar por la seguridad de los periodistas en Argentina.

 Era forma de honrar la memoria de su amigo y compañero, canalizando el dolor hacia acción constructiva. Pero la culpa del sobreviviente probablemente nunca lo abandonó completamente. Te impacta pensar que Michi se fue de la fiesta por su cumpleaños y eso probablemente le salvó la vida. Si se hubiera quedado una hora más, quizás estaría muerto también.

 Es azar que define la distancia entre vida y muerte. ¿Crees que Michi carga con culpa de sobreviviente? La zona liberada por el comisario Alberto la Liebre Gómez fue aspecto del crimen que demostró complicidad institucional de la policía bonaerense.  Liberar zona significaba que los patrulleros se retiraban del área específica donde se cometería el crimen.

 No habría policía cerca, no habría testigos uniformados, no habría interferencia. Era servicio que la policía prestaba a los criminales  con eficiencia que nunca aplicaba para proteger a los ciudadanos. La [ __ ] policía, como se conocía a la bonaerense, era fuerza corrupta que operaba como organización criminal  paralela.

 Los oficiales cobraban sobornos, protegían narcotraficantes, participaban en secuestros extorsivos y cuando el poder económico lo requería, ejecutaban asesinatos por encargo. El caso Cabezas  fue la manifestación más visible de esa corrupción, pero no era excepción, era norma disfrazada de excepción. La banda de los horneros.

 Los delincuentes de los hornos, reclutados como sicarios, representaba la base operativa del crimen. Eran hombres de extracción humilde, con antecedentes penales, que fueron contratados para trabajo sucio que el policía prelleso  no quería hacer solo. La cadena de responsabilidad era clara. Yabrán pagaba, Ríos organizaba, Prelleyeso coordinaba, los horneros ejecutaban y los policías de la costa liberaban la zona.

 Era empresa criminal con estructura corporativa que funcionaba con la misma eficiencia que los negocios legales de Yabran. ¿Ves la ironía? El empresario que manejaba empresas legales de correos y logística usaba la misma estructura organizativa para manejar empresa criminal de asesinato. Presidente Yabrá, gerente ríos, coordinador de operaciones, prelleso, operarios, los horneros y seguridad, policías que liberaban zona.

  era organigrama empresarial aplicado al crimen. El monolito construido en memoria de cabezas en el lugar del crimen se convirtió en sitio de peregrinación anual para periodistas argentinos. Cada 25 de enero, reporteros gráficos de todo el país se reúnen ahí, dejan flores, toman fotos  y recuerdan al compañero que pagó con su vida por hacer el trabajo que todos ellos hacen diariamente.

 El documental de Netflix de 2022, El fotógrafo y el cartero, El crimen de cabezas dirigido por Alejandro Hartman,  llevó la historia a nuevas generaciones que no habían vivido los 90. Era producción que reconstruía los eventos con testimonios de primera mano y material de archivo que muchos argentinos veían por primera vez.

 El documental tuvo impacto significativo al recordar que la impunidad del poder no es problema del pasado, sino amenaza permanente contra la democracia. ¿Viste el documental de Netflix? Si no lo viste, te lo recomiendo profundamente. No es simplemente reconstrucción de crimen, es retrato de época que explica cómo el poder, el dinero y la corrupción se entrelazaban en la Argentina de los 90.

 y como un fotógrafo con stickers de Garfield en su cámara tuvo más valentía que todo el aparato del estado. La situación actual de los condenados es capítulo que indigna a quienes conocen el caso. José Luis Augue, Horacio Braga y Sergio González, tres de los horneros, tuvieron sus libertades condicionales revocadas en algún momento por violar los términos al no encontrarse en sus domicilios declarados.

 Eran criminales que ni siquiera podían cumplir las condiciones mínimas de su libertad condicional. Gustavo Pryeso, el asesino material,  el hombre que apretó el gatillo contra la nuca de cabezas, hoy ejerce como abogado. Gladis Cabezas, hermana del fotógrafo, ha sido incansable en denunciar esta situación. Lo fui a buscar en capital.

 Él decía que no lo dejábamos trabajar, pero acá matar es gratis. No les tengo miedo, son unos cobardes. Es frase que resume la impunidad argentina con precisión quirúrgica. Matar es gratis. El hombre que ejecutó a un periodista por orden de un empresario corrupto, hoy ejerce profesión liberal como si nunca hubiera matado a nadie.

 Es Argentina un país donde el crimen paga. El legado de José Luis Cabezas trasciende su muerte individual. Su caso cambió la manera en que Argentina entiende la relación entre prensa, poder y democracia. forzó reforma de la policía bonaerense. Generó conciencia sobre la necesidad de proteger a los periodistas y creó símbolo que funciona como recordatorio permanente de que la libertad de prensa no es derecho abstracto, sino conquista que se defiende diariamente.

 Pero también dejó lección más oscura, que el poder puede matar con impunidad relativa, incluso en democracia, que los asesinos eventualmente salen de prisión, que los autores intelectuales pueden escapar de la justicia suicidándose y que la memoria colectiva, aunque poderosa, no siempre se traduce en justicia real para las víctimas  y sus familias.

 La familia de cabezas vive hoy fuera de Argentina. se fueron del país que no pudo proteger a José Luis ni garantizar justicia completa para su asesinato.  Es exilio silencioso que dice más que 1000 discursos sobre el estado de la justicia argentina. Cuando la familia de la víctima se va del país porque no se siente segura.

¿Qué dice eso sobre ese país?  Comenta esta pregunta final. ¿Crees que la familia de cabezas hizo bien en irse de Argentina o deberían haberse quedado para seguir luchando por justicia desde adentro? Es decisión que nadie debería tener que tomar, pero en Argentina a veces irse es la única forma de sobrevivir.

 Si pudiéramos traer a José Luis Cabezas de vuelta por un minuto y mostrarle lo que pasó después de su muerte,  ¿qué le diríamos? Que su foto cambió Argentina. Que millones marcharon en su nombre.  que no se olviden de cabezas, se convirtió en consigna nacional. Pero también tendríamos que decirle que su asesino es abogado, que Yabrá nunca fue juzgado y que su familia tuvo que irse del país.

 ¿Es eso justicia?  ¿Es suficiente que te recuerden si los que te mataron están libres? José Luis Cabezas merece más que memoria, merece justicia completa que nunca llegó. Pero mientras esa justicia no exista, la memoria es lo único que tenemos. Y por eso repetimos 29 años después  la misma frase que nos pidieron no olvidar. No se olviden de cabezas.

 Esa es la historia completa. Suscríbite, dale  like y deja en comentarios, ¿crees que en Argentina matar periodistas sigue siendo gratis? Gracias por estar hasta el final. Nos vemos en el siguiente video,  pero hay dimensiones adicionales del caso cabezas que necesitan ser exploradas con la profundidad que merecen, porque revelan capas de complejidad que la mayoría de análisis superficiales pasan por alto.

 La personalidad de José Luis Cabezas  merece ser explorada más allá del símbolo en que se convirtió después de su muerte. Quienes lo conocieron lo describían como hombre apasionado por su trabajo, pero también profundamente familiar. Era padre presente cuando los compromisos profesionales se lo permitían.

 Era compañero solidario que ayudaba a colegas menos experimentados. era amigo leal que mantenía relaciones con personas de su pueblo natal a pesar de haberse mudado a Buenos Aires. Su esposa y su hija pequeña eran centro de su vida, fuera del trabajo. Cada viaje a Pinamar para cubrir la temporada de verano era separación que Cabezas vivía con la ambivalencia de todo profesional que ama su trabajo, pero que también ama a su familia.

 Y esa temporada de enero de 1997 sería la última separación porque José Luis nunca volvería a casa. Te impacta pensar en la esposa de cabezas esperándolo en Buenos Aires esa noche. No sabía que su marido estaba siendo secuestrado. No sabía que lo estaban ejecutando. No sabía que su cuerpo ardía en una caba.

 probablemente dormía pensando que al día siguiente lo llamaría para preguntarle cómo le había ido en la fiesta y al día siguiente, en lugar de llamada, recibió noticia que destruyó su vida para siempre. La revista Noticias como institución también merece análisis porque fue el medio que publicó la foto que desencadenó todo. La editorial Perfil, propietaria de noticias, era dirigida por Jorge Fontebequia, uno de los editores más influyentes del periodismo argentino.

 Fontequia había construido noticias como revista de investigación que se diferenciaba del periodismo complaciente que dominaba muchos medios argentinos en los 90. Pero protegió noticias adecuadamente a cabezas después de publicar la foto de Yabran. Es pregunta que genera debate hasta hoy. Algunos argumentan que la revista debió haber proporcionado seguridad personal al fotógrafo que había expuesto al hombre más peligroso del país.

 Otros argumentan que la responsabilidad de proteger periodistas corresponde al Estado, no al medio para el que trabajan. Y otros señalan que el propio cabezas minimizó las amenazas. Quizás por valentía profesional o quizás por la cultura periodística argentina, donde quejarse de riesgos era visto como debilidad.

 Lo cierto es que Cabezas volvió a Pinamar en enero de 1997, sin protección alguna, sin custodio, sin protocolo de seguridad, sin plan de contingencia para situación de riesgo. Era fotógrafo que había desenmascarado a un mafioso y que regresaba al mismo lugar donde lo había fotografiado como si nada hubiera pasado. Fue valentía admirable o negligencia compartida entre el medio que lo empleaba y el estado que debía protegerlo.

 Comenta esta pregunta que divide al periodismo argentino. ¿Quién falló más en proteger a cabezas? La revista Noticias que lo mandó a Pinamar sin seguridad, ¿el estado que no le ofreció protección o el propio cabezas que subestimó las amenazas? ¿Es culpa  compartida o hay un responsable principal? El rol de la policía bonaerense en el crimen de cabezas fue revelador de la putrefacción institucional que caracterizaba a esa fuerza en los 90.

 La bonaerense no era simplemente policía corrupta, era organización criminal que operaba bajo disfraz de institución estatal. Los oficiales cobraban peaje a narcotraficantes para permitir sus operaciones. Participaban en secuestros extorsivos donde secuestraban personas y cobraban rescate usando información que obtenían de sus bases de datos policiales.

 Y cuando los poderosos necesitaban eliminar a alguien, la bonaerense proporcionaba los recursos operativos, armas, información, zonas liberadas y, en el caso de cabezas, el propio ejecutor. Gustavo Pryso era ejemplo perfecto de este doble juego. Oficialmente era policía. Extraoficialmente trabajaba para Yabran como parte de su equipo de seguridad privada.

 Cobraba sueldo del Estado para servir y proteger a los ciudadanos y simultáneamente cobraba de Yabraham para vigilar, amenazar y eventualmente matar a quien el empresario ordenara. Era traición al juramento policial que reflejaba cultura institucional, donde la lealtad al dinero  superaba la lealtad a la ley. ¿Sabías que la bonaerense fue dividida en 18 fuerzas regionales como consecuencia directa del caso Cabezas? El gobernador Dujalde entendió que no podía reformar a la [ __ ] policía desde adentro.

 Había que desmembrarla, reducir su poder centralizado, crear fuerzas más pequeñas y manejables  que fueran más difíciles de corromper como bloque monolítico. Era cirugía institucional que reconocía que el paciente estaba demasiado enfermo para curar con remedios convencionales. La reforma funcionó parcialmente.

Las fuerzas descentralizadas eran efectivamente más difíciles de coordinar para operaciones criminales a gran escala, pero la corrupción individual persistió en muchas de las nuevas policías departamentales. Era como cortar la cabeza de la hidra. Nuevas cabezas crecían en cada fragmento y la cultura de corrupción que había producido a prelle seguía viva, aunque más fragmentada y menos visible.

 El papel de Gregorio Ríos, jefe de seguridad de Yabrá, fue central en la planificación del  crimen. Ríos era ex militar que había servido durante la dictadura y que después pasó al sector privado como jefe de seguridad de Yabrá. Traía consigo experiencia en operaciones clandestinas que la dictadura le había proporcionado.

 Y esa experiencia fue exactamente lo que Yabrá necesitaba para organizar asesinato que pareciera limpio, eficiente y difícil de rastrear. ¿Te parece significativo que el jefe de seguridad de Yabran fuera exmitar de la dictadura? La conexión entre represores de los 70 y criminales de los 90 es aspecto del caso Cabezas, que rara vez se analiza, pero que es fundamental.

 Las mismas personas que habían hecho desaparecer personas durante la dictadura, ahora hacían desaparecer periodistas en democracia. Los métodos eran los mismos, solo cambiaban los clientes.  Comenta esta conexión. ¿Crees que la impunidad de la dictadura militar argentina creó cultura de crimen? organizado que después se trasladó al sector privado.

 Los represores aprendieron a secuestrar, torturar y matar durante los 70 y en los 90 vendían esas habilidades al mejor postor. Es cabezas víctima de cadena que empieza en la dictadura. El suicidio de Yabrá el 20 de mayo de 1998 fue evento que cerró y abrió preguntas simultáneamente. La versión oficial dice que cuando la policía llegó a su estancia la Jacobi en entre ríos para detenerlo, Yabrá se encerró en una habitación y se disparó con escopeta en la boca.

 Era muerte instantánea que le permitía evitar juicio, cárcel y la humillación pública de ser juzgado como autor intelectual del asesinato de un periodista. Pero las teorías alternativas nunca se extinguieron. Algunos argumentaban que Yabrá, hombre que había sido invisible durante décadas, tenía los recursos y las conexiones para organizar su propia desaparición, que podía haber pagado a alguien para que se hiciera pasar por él,  que el cuerpo encontrado podía no ser el suyo, que el hombre sin rostro había hecho lo que mejor sabía

hacer, desaparecer. Las pruebas de ADN confirmaron la identidad del cuerpo como la de Yabrán. Los forenses no encontraron inconsistencias y oficialmente el caso se cerró con el suicidio del autor intelectual. Pero en Argentina, país donde la desconfianza institucional es deporte nacional, las dudas persisten entre quienes creen que  el poder es capaz de engañar incluso a la ciencia forense.

 Es paranoia  conspirativa o desconfianza legítima basada en décadas de engaños institucionales. En país donde la policía mata periodistas, donde los poderosos compran justicia y donde los asesinos salen de prisión y ejercen como abogados. Es irracional dudar de cualquier versión oficial. El contexto político del caso Cabezas involucra a actores que rara vez se mencionan en los análisis convencionales.

 Carlos Menem, presidente durante el crimen, tenía relación cercana con Yabran,  que nunca fue investigada judicialmente. Los negocios de Yabran prosperaron durante el menemismo de maneras que sugerían protección política al más alto nivel.  Y cuando Cabezas fue asesinado, la promesa de Menem de esclarecer el caso sonó hueca para quienes sabían que el presidente y el presunto autor intelectual eran aliados.

Eduardo Dujalde, gobernador de Buenos Aires,  fue otra figura cuyo rol merece escrutinio. La policía bonaerense  que participó en el crimen, estaba bajo su jurisdicción. Los policías que liberaron la zona y el policía que ejecutó a cabezas eran empleados del estado que Dujalde gobernaba. Sabía Dujalde.

 Podía no saber. Su frase, “Me tiraron un cadáver”, sugería que fue tomado por sorpresa. “Pero es creíble que el gobernador no supiera que su propia policía participaba en asesinatos por encargo. Comenta esto.  ¿Crees que Menem y Dujalde sabían sobre la participación de la policía en el crimen  antes de que se descubriera? ¿O fueron genuinamente tomados por sorpresa en Argentina de los 90?  Era posible que los máximos líderes políticos no supieran lo que hacía la policía bajo su mando. La dimensión

internacional del caso también fue significativa. El asesinato de cabezas generó repercusión en organismos internacionales de derechos humanos y libertad de prensa. Reportero sin fronteras. El Comité para la Protección de Periodistas, CPJ, la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, todos condenaron el crimen y presionaron al gobierno argentino para que garantizara justicia.

 Era atención internacional que ponía a Argentina bajo escrutinio en momento donde el país intentaba proyectar imagen de democracia moderna y funcional. La presión internacional fue factor que probablemente aceleró la investigación y las condenas.  Sin los ojos del mundo sobre Argentina, el caso podría haber seguido el destino de tantos otros crímenes argentinos.

 Investigación interminable, sospechosos nunca encontrados. Expediente archivado, olvido gradual. La presión de organismos internacionales y la presión masiva de la sociedad argentina expresada en la consigna, no se olviden de cabezas, crearon combinación que hizo imposible enterrar el caso.

 El impacto del caso en el periodismo argentino fue profundo y duradero.  Después de cabezas, la cobertura de temas de poder adquirió dimensión de riesgo que antes era abstracta. Los periodistas que investigaban corrupción, narcotráfico, poder empresarial, todos entendían que su trabajo podía costarles la vida. No era riesgo teórico,  era realidad demostrada por el cuerpo calcinado de un colega en una cava de General Madariaga.

 Algunos periodistas se autocensuraron, dejaron de investigar temas peligrosos, eligieron la seguridad sobre la verdad. ¿Quién puede culparlos? Tenían  familias. Tenían hijos, tenían vidas que no querían arriesgar por una foto o un artículo. El efecto intimidatorio  del asesinato de cabezas fue exactamente lo que Yabrá buscaba,  silenciar no solo a cabezas, sino a todos los periodistas que pudieran pensar en seguir su ejemplo.

  Otros periodistas, en cambio, se motivaron por el caso. Entendieron que la autocensura era rendición, que si dejaban de investigar por miedo, Yabrán y los que vendrían después habrían ganado, y que la mejor manera de honrar la memoria de cabezas era hacer exactamente lo que él hacía, su trabajo, sin importar las consecuencias.

 ¿Cuál de las dos reacciones es la correcta? ¿Auto sobrevivir o seguir investigando para honrar la verdad? Es pregunta que no tiene respuesta universal,  porque cada periodista tiene circunstancias diferentes. Pero lo que sí es cierto es que ambas reacciones son consecuencia directa del mismo crimen y que la existencia misma de esa pregunta es victoria póstuma de Yabran.

 Comenta tu posición. Si fueras periodista en Argentina después del caso Cabezas, ¿seguirías investigando a los poderosos o te autocensurarías para proteger a tu familia? No hay respuesta correcta,  hay respuesta honesta. ¿Cuál es la tuya? El monolito en la cava de General Madariaga,  en el kilómetro 385 de la ruta provincial 11 se ha convertido en sitio sagrado del periodismo argentino.

  Cada 25 de enero, periodistas de todo el país viajan hasta ese punto remoto para recordar a cabezas, dejan flores. Toman fotos con sus propias cámaras,  herederas espirituales de la Nikon 4 con stickers de Garfield y renuevan el compromiso con el periodismo libre que Cabezas representaba.

 Es ritual que tiene poder simbólico enorme, pero que también genera pregunta incómoda. Es suficiente recordar si no se puede garantizar que no vuelva a pasar. Las marchas continúan, los discursos se repiten, pero los asesinos están libres. El sistema judicial que los liberó sigue funcionando igual y la policía bonaerense, aunque reformada, no ha eliminado completamente la corrupción que produjo a prelleso.

 No se olviden de cabezas, es mandato que Argentina ha cumplido parcialmente. No se olvidaron, pero tampoco garantizaron justicia completa. Y la pregunta más difícil de todas es,  ¿qué vale más, la memoria o la justicia? Porque si tenés que elegir entre las dos, la respuesta revela mucho sobre el país en el que vivís.

 El caso Cabezas también tuvo impacto en la legislación argentina. Se impulsaron leyes de protección a periodistas, se crearon protocolos de seguridad para coberturas de riesgo. Se establecieron mecanismos de denuncia para periodistas amenazados. Eran avances legislativos que llegaban tarde después de que un fotógrafo pagara con su vida la ausencia de esas protecciones.

  ¿Sabías que el 25 de enero fue declarado día del reportero gráfico en Argentina en honor a cabezas? Es reconocimiento institucional que convierte la fecha de su asesinato en celebración de la profesión que amaba. Cada 25 de enero, los fotógrafos argentinos celebran su oficio recordando al compañero que murió por ejercerlo.

Es día de orgullo profesional teñido de dolor que probablemente nunca se disipará completamente. La historia de José Luis Cabezas es, en última instancia historia sobre el costo de la verdad en país donde la mentira paga  mejor. Es historia sobre fotógrafo que creía que la cámara era herramienta de justicia y que descubrió que en Argentina de los 90 la justicia tenía precio que los poderosos podían pagar.

 Es historia sobre sociedad que se movilizó masivamente para pedir justicia y  que descubrió que la movilización no siempre se traduce en resultados. Pero también es historia sobre la persistencia de la memoria colectiva como herramienta contra la impunidad.  Porque 29 años después del crimen, Argentina sigue repitiendo: “No se olviden de cabezas”.

Y mientras esa frase se repita,  José Luis Cabezas seguirá siendo más poderoso muerto que vivo, porque en vida era fotógrafo que sacaba fotos. En muerte se convirtió en símbolo que nadie puede silenciar. El fotógrafo de General Villegas, el reportero gráfico de noticias,  el hombre de los stickers de Garfield.

 El artista que ganó premios por Malvinas, el marido que nunca volvió a casa, el padre cuya hija creció sin él, el profesional que le puso cara al poder invisible y el mártir cuyo nombre se repite cada 25 de enero como oración laica contra la impunidad. No se olviden de cabezas, no se olviden. No se olviden.

 Esa es la historia completa de José Luis Cabezas. Suscríbite, dale like y deja en comentarios, ¿creés que en Argentina matar periodistas sigue siendo gratis? Gracias por estar hasta el final. Nos vemos en el siguiente

 

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