LA CANCIÓN INOLVIDABLE que cumplio 48 AÑOS | DISCO
Algunas canciones se apagan con el tiempo. Estas nunca se apagaron. Los años 70 nos dejó ritmos que no paraban, voces inolvidables e historias que pocos conocen. Así que hoy vamos a recordar 13 canciones que hicieron de 1978 un año inolvidable. Comencemos. Número 13, Lefrick Chic. La discográfica odiaba esta canción.
Cuando Nile Rogers y Bernard Edwards la presentaron en la sala de juntas, los ejecutivos se fueron yendo de a poco hasta que al terminar el tema quedaron ellos dos solos con su abogado. Nadie creía en ella. Pero Nail estaba convencido de que tenía un monstruo entre manos y vaya que tenía razón.
Lefric llegó al número uno, lo bajaron del puesto y volvió a trepar varias veces. Terminó vendiendo más de 6 millones de copias y se convirtió en el sencillo más vendido en toda la historia del sello Atlantic por encima de los mismísimos Rolling Stones. Pero esperá, la próxima canción que cumple 48 años esconde un secreto que pocos conocen.
Número 12. You make me feel mighty real. Silvester. Acá hay algo que muy pocos saben. Esta canción no nació para bailar. Empezó siendo una balada lenta de iglesia escrita por el guitarrista de la banda, Tep Wrick. Pero un día Silvester llegó tarde al ensayo, la escuchó así y no le convenció para nada.
Le pidió a la banda que acelerara todo, marcó él mismo un ritmo más rápido y en cuestión de minutos la transformó en pura fiesta. La magia final la puso Patrick Cowy, que trabajaba con las luces en una discoteca de San Francisco. Él le metió esos sintetizadores futuristas que en el 78 no sonaban como nada conocido. Esa mezcla, la voz de gospel de Silvester, fue una de las primeras veces que el alma de la iglesia se juntó con lo electrónico.
Número 11, Got to be real. Sherl Lyn. ¿Sabías que esta canción existe gracias a una amenaza? Cherold era una chica tímida que estudiaba para terapeuta y cantaba sola en la iglesia. Su novio, cansado de que escondiera esa voz, le puso un ultimátum o audicionaba en un programa de talentos de la tele o se terminaba la relación.
Sher fue, cantó y sacó puntaje perfecto. Esa misma noche empezaron a llamarla de las discográficas, firmó con Columbia y armó el tema junto a David Page, el tecladista de Toto, cuando Toto ni siquiera había sacado su primer disco. El resultado llegó al número uno en las listas de RB y se volvió uno de los himnos más grandes de toda la era disco.
Si crees que ya no se crean más canciones como estas, suscríbete al canal para seguir recordándolas juntos. Número 10, Night Fever, BGs. ¿Te acordas de aquellas noches? Salir a bailar, las luces de colores, el piso brillando bajo los pies. Y sonando por encima de todo esa voz en falsete imposible de confundir.

Los hermanos Gib eran sencillamente los reyes absolutos de aquella época. En 1978, Night Fever se quedó 8o semanas seguidas en el número uno, el éxito más duradero de todo ese año. Pero lo más impresionante es lo que pasaba al mismo tiempo. Mientras Night Fever era número uno, Staying Alive era número dos.
Los VG tenían los dos primeros puestos a la vez, algo que no se veía desde los mismísimos Beatles. Y el disco del que salió vendió más de 40 millones de copias, el álbum más vendido de toda la historia. Y si esta te gustó, esperá a escucharla que sigue. Una canción inolvidable con una historia tan extraña que cuesta creerla. Número nueve, Super Nature Cerrone.
El francés Mark Cerrone necesitaba a alguien que le escribiera la letra de este tema y la encontró de pura casualidad en plena calle de Londres. Era una chica extraña que bailaba con unos Hare Krishna. le llamó la atención, la invitó al estudio y resultó ser Lenelovic, que años después se volvería una estrella.
Por aquel entonces todavía no la conocía nadie. Serrone fue un verdadero adelantado a su tiempo. Mezcló orquesta de cuerdas con sintetizadores y máquinas cuando casi nadie en el mundo se animaba a hacerlo. El álbum vendió más de 8 millones de copias y a él lo coronaron artista disco del año, un francés silencioso que cambió la pista para siempre.
Número ocho, Instant Replay. Dan Hartman. Lo que pocos saben es que el hombre detrás de este temazo bailable venía del rock pesado. Dan Hartman había sido bajista y voz en el grupo de Edgar Winter y hasta escribió el clásico rockero Free Bright. De un día para el otro decidió cruzarse al mundo del disco.
Dan grabó esta canción prácticamente solo. En el estudio que tenía montado en su propia casa. Él tocó absolutamente todo. La voz, los teclados, el bajo y la guitarra. Lo único que no hizo fue el solo de saxofón que se lo regaló su viejo amigo Edgar Winter. Esa grabación casera llegó directo al número uno de las listas de baile.
Un roquero encerrado en su casa terminó armando uno de los himnos de la pista. Número siete, Last Dance, Dona Summer. Dance. Esta canción tiene algo que ninguna otra de esta lista consiguió. Ganó el premio Óscar. Sí, el mismo de las películas. salió de la banda sonora de un film que hoy casi nadie recuerda y que la crítica llegó a llamar una de las peores películas en ganar jamás un premio de la academia.
Pero la canción era Oro puro, la escribió Paul Javara y la produjo Giorgio Muroder, el genio detrás del sonido de Dona. El tema arranca con una balada lenta y de golpe explota en pura fiesta disco. En el estudio muchos pensaron que era una idea descabellada porque nadie lo había hecho antes en este género. Pero funcionó también que se llevó el Óscar, el globo de oro y el Gramy, todo de un solo golpe.
Si esta historia te sorprendió, la que sigue es aún más increíble. Un grupo creado de la nada que se volvió un fenómeno mundial. Número seis, Macho Man. Village people. ¿Sabías que este grupo fue armado a propósito como un rompecabezas? Detrás estaban dos productores franceses, Jack Smoraly y Henry Belolo. Todo empezó una noche en Nueva York cuando vieron a un hombre disfrazado de indio bailando en un bar del Greenwich Village.
A Morali se le encendió la lámpara. iba a crear un grupo donde cada integrante fuera un personaje distinto. Para encontrar a los demás, pusieron un aviso en el diario que decía algo tan insólito que se volvió legendario. Se buscan tipos machos, deben saber bailar y tener bigote. Así nacieron el policía, el vaquero, el obrero, el motociclista, el soldado y el indio.
Machoman de 1978 fue el tema que los metió por primera vez entre los más escuchados de Estados Unidos. Número cinco, disco inferno de Tramps. Esta banda venía de Philadelphia y ya llevaba años tocando, pero con Disco Inferno les pasó algo raro. Cuando la sacaron en 1976, casi nadie le dio bola. La canción apenas asomó en las listas y quedó ahí olvidada.
Lo que cambió todo fue una película. Cuando metieron la canción en la banda sonora de fiebre de sábado por la noche, esa que se vendió por millones en todo el mundo. Disco Inferno volvió a la vida. La relanzaron en 1978 y recién ahí explotó hasta volverse el éxito más grande de toda su carrera. La versión que sonaba en las discotecas duraba casi 11 minutos, una eternidad para la radio de aquella época.

Con la voz potente de Jimmy Eis al frente, ese tema larguísimo se convirtió en uno de los signos eternos del disco. Número cuatro. Follow me, Amanda Lear. Antes de ser una estrella del disco, esta mujer ya tenía una vida de película. Amanda Lear había sido la musa y compañera del pintor Salvador Dalí durante varios años.
Sí, el mismo genio de los relojes derretidos. Una mujer rodeada de misterio con una voz grave y ronca inconfundible que no se parecía a ninguna otra. Follow me de 1978 fue su gran himno. El tema se volvió un éxito enorme en toda Europa. En Bélgica fue el segundo más vendido de todo el año, solo por detrás de la de Travolta y Olivia Newton John.
Y las próximas tres canciones que cumplen 48 años tienen secretos que te van a sorprender y una de ellas se llevó el premio más grande del cine. Número tres, Boogie Ugie Ugie, A Taste of Honey. Esta canción nació de un enojo. La banda estaba tocando en una base militar frente a un público de hombres que las miraba con desprecio y no les daba ni bola.
Janis Marie Johnson, la bajista y cantante, se calentó. Desde el escenario le soltó una frase: “Si te crees demasiado importante para bailar, tenemos noticias para ti. Acá todos van a bailar.” Después la anotó y de ahí salió el tema entero. Lo más lindo es que eran dos mujeres tocando sus propios instrumentos, algo rarísimo en esa época.
La canción llegó al número uno. Vendió millones y se llevó el Grammy al mejor artista nuevo. Número dos, Staying Alive. BGS. John Travolta caminando por la vereda de Brooklyn con ese andar perfecto, una lata de pintura en una mano y una porción de pizza en la otra. Una de las entradas más famosas de toda la historia del cine y todo marcado al ritmo de esta canción.
Pero acá va lo que casi nadie sabe. Este tema no iba a abrir la película. El productor quería guardarlo para una gran escena de baile más adelante. El que peleó para que sonara justo en el comienzo fue el propio Travolta. Dijo que él podía caminar por la calle a ese ritmo y vaya que tenía razón. Estuvo cuatro semanas seguidas en el número uno, más de 6 millones de copias vendidas y una banda sonora que superó los 40 millones en todo el mundo.
Los BGs en la cima absoluta. Número uno, If I Can’t Have you Ivon Ellemman. Esta canción la escribieron los BGs y hasta grabaron su propia versión. Pero el destino quiso otra cosa. Al principio, Ivón iba a cantar otra del repertorio y los hermanos Gib se quedaban con esta. A último momento decidieron cambiarlas y así fue como If I Can’t Have You terminó en la voz de ella.
¿Y qué voz? Ivón venía de un mundo muy distinto. Había sido María Magdalena en Jesucristo, superstar y corista de Eric Clapton durante años. Nunca se consideró una cantante disco, pero esta canción la metió en la historia grande. Llegó al número uno y fue el cuarto tema de la banda sonora de fiebre de sábado por la noche en lograrlo.
Algo que ningún disco había conseguido jamás. Hasta aquí el video de hoy. Si te ha gustado en pantalla, te dejo un playlist completa de muchas canciones disco. Te veo allí, amigo.