LA CANCIÓN que CONVIRTIÓ a A-HA en LEYENDAS del SYNTH-POP
En 1982, tres jóvenes noruegos llegaron a Londres con un sueño, conquistar el mundo con su música. Pero sin dinero ni contactos, sus canciones eran rechazadas una y otra vez. Lo que no imaginaban era que una de esas canciones, rechazada varias veces, escondía la chispa que lo cambiaría todo.
Solo necesitaban una última oportunidad. Hoy vamos a descubrir cómo una canción subestimada por la industria terminó convirtiendo a Aja en leyendas de la música de los años 80 y cómo, sin saberlo convirtieron un videoclip en una obra que marcaría a toda una generación. Comencemos. Todo comenzó en 1976 en los pasillos de una escuela en Oslo, Noruega.
Dos jóvenes de 15 años, Paul Waktar Saboy y Magne Furuholman, se encontraron casi por casualidad y como suele pasar con las grandes historias, lo que los unió fue la música. Pasaban horas escuchando discos de The Beatles y The Doors, esas bandas que no solo te gustan, sino que te marcan. Y entre canción y canción fue tomando forma un sueño compartido.

Querían ser músicos de tiempo completo, estrellas de pop, subirse a los escenarios más importantes del mundo y tocar para multitudes. Sonaba muy ambicioso para dos adolescentes en Oslo, pero ya estaban decididos a conseguirlo. Con Paul en la batería y Magne en los teclados formaron su primera banda Tala and Delias Blues Band, donde experimentaban con rock psicodélico y progresivo.
En 1978 sumaron a Bigo Bondi en el bajo y Eric Hagelan en la batería y el grupo tomó un nuevo nombre, Bridges. Comenzaron a tocar en clubes de Oslo, puliendo su sonido presentación tras presentación. Fue en esa época cuando ocurrió algo curioso. Un día, Magne llegó al ensayo con una melodía en la cabeza.
Simple, pegadiza, quizás demasiado pop para tomársela en serio, pero era tan irresistible que grabaron una demo muy casera. Le dieron un toque más áspero, casi punk. Así nació Miss Eri. Como la canción no terminaba de encajar con el estilo del grupo, decidieron guardarla. Toma nota de este detalle porque será importante más adelante en la historia.
Mientras tanto, Brites seguía tocando en Oslo y en uno de esos conciertos entre el público había un joven llamado Morten Harket. La presentación lo dejó tan impresionado que en ese momento pensó algo muy concreto. Él debería estar en esa banda. Lo curioso fue que Paul también vio a Morten en medio del público, ya que su estilo y forma de vestir le llamaron la atención.
Ambos recordarían esta escena, tal como lo veremos más adelante. Ya en 1980 el grupo grabó y financió de su propio bolsillo su álbum debut, Fuckel Talgog, pero fue un fracaso. Casi no tuvieron ventas y el álbum pasó desapercibido. Sin embargo, Paul y Magne no estaban dispuestos a rendirse, por lo tanto, decidieron intentar un nuevo plan, mudarse a Inglaterra y buscar el éxito internacional.
Esto no gustó a los demás miembros del grupo. Ellos prefirieron quedarse en Noruega, retomar sus estudios y seguir con sus vidas. Y así, casi sin hacer ruido, Brides se disolvió. Pero la historia de Paul y Magne apenas estaba comenzando. En 1982, Paul y Magne tomaron sus ahorros y viajaron a Londres. La escena New Wave estaba en su mejor momento, pero ellos habían romantizado tanto la idea de ser estrellas allí, que cuando llegaron, la realidad los golpeó de frente.
Vivían en un departamento minúsculo, sin calefacción, sobreviviendo a base de repollo y papas. Trabajaban en lo que fuera con tal de poder mostrar su música en la capital británica, pero los resultados no llegaban. No tenían contactos suficientes y las puertas no se abrían. 6 meses después, frustrados y con el corazón roto, volvieron a su país con las manos vacías. No se rindieron.
Al volver a casa, decidieron buscar un cantante con gran voz y buena imagen para la banda. ¿Recuerdas a Morten Harket? Aquel joven que los vio tocar en Oslo y pensó que debía estar en la banda. Pues resulta que Paul y Magne se recordaron de él y lo buscaron. Cuando lo encontraron, grande fue su sorpresa cuando descubrieron que Morten era cantante, por lo que le ofrecieron pertenecer a la banda.
Él aceptó y de esta forma, en un sótano húmedo y frío, el 14 de septiembre de 1982, nació oficialmente Aja. El nombre tiene su propia historia. Paul tenía un cuaderno lleno de ideas para canciones y en una de esas páginas había escrito la palabra ajá. Morten la vio y supo que ese sería el nombre de la banda.
Buscaban algo que se pudiera pronunciar en cualquier idioma, que transmitiera asombro o positividad y que no los encadenara a ningún género en particular. Ajá. era perfecto. Para componer y ensayar sin distracciones, se refugiaron en una cabaña familiar de Magne en las afueras de Oslo. Pasaron meses ahí dentro puliendo su sonido y descubriendo lo que los hacía únicos.
La voz de Morten, un instrumento capaz de recorrer varias octavas con una naturalidad asombrosa, ideal para la música que querían hacer, moderna y sin las limitaciones de los instrumentos y estilos tradicionales. ¿Recuerdas que te había contado de aquella canción llamada Miss Erie? Resulta que fue en esa cabaña donde Morten la escuchó por primera vez y fue suficiente para saber que esa melodía era la llave del éxito mundial de la banda.
Allí la regrabaron y cambiaron su nombre a Leson. En esta versión ya tenía el teclado y la voz de Morten bien al frente. Sonaba prometedora, pero todavía le faltaba un buen estribillo y algunos arreglos más. El sonido estaba tomando forma, pero el mundo aún no los conocía. Entonces, tomaron una decisión radical. vendieron todo su equipamiento en Noruega para financiar un segundo viaje a Londres.
Esta vez iban con más hambre, más determinación y una misión clara: golpear cada puerta hasta encontrar a alguien que creyera en ellos tanto como ellos creían en sí mismos. Con las ilusiones intactas y una fe renovada, el trío volvió a Londres. El futuro que soñaban estaba más cerca de lo que imaginaban.
La segunda vez en Londres no fue muy distinta de la primera, sin dinero, sin contactos y trabajando jornadas extremadamente largas para financiar sus sueños, pero no dudaron ni por un momento que estaban en el camino correcto. Entonces, tomaron una decisión que cambiaría sus vidas para siempre.
reunieron el poco dinero que les quedaba y reservaron tiempo en un estudio londinense. El plan era grabar cinco canciones, pero su presupuesto alcanzaba para dos días. El lugar elegido fue Rendebu Studios y resultó ser la elección perfecta, aunque no solo por razones musicales. El estudio tenía instrumentos, algo fundamental porque ellos habían vendido todo el suyo.
Tenía una máquina de arcad para matar el tiempo y tenía un sintetizador Prophet 5, un generador de sonidos avanzado que empujó a la banda hacia los sonidos sintéticos y modernos que definirían su identidad. En el segundo día apareció el dueño del estudio, John Ratcliff. Escuchó lo que aja estaba grabando y algo le llamó la atención.
les ofreció tiempo extra de estudio sin costo. Podían usar las instalaciones cada noche cuando terminara la jornada normal de trabajo. Los tres dormían en un sótano durante el día y ensayaban y componían de noche. Fue en esas sesiones nocturnas donde nació la versión definitiva de Take on Me, nueva letra, nueva energía y esos acordes ascendentes hacia el estribillo que hoy son inconfundibles.
Una idea que curiosamente no venía del pop ni del rock, venía de la música clásica, específicamente de así habló Sarathustra de Richard Straus. La misma pieza que Stanley Kubrick había inmortalizado en la película 2001, Odisea del Espacio, en 1968 y la voz de Morten hacía el resto.
Su registro le permitía llegar a notas que muy pocos cantantes pueden alcanzar. Lo que en el papel parecía imposible, él lo ejecutaba con una naturalidad increíble. John Radcliff, el dueño del estudio, le envió un demo de las canciones de Ajá. a su amigo Terry Slater, un veterano de la industria que se dedicaba a conectar bandas con discográficas.
Terry quedó impresionado y de inmediato hizo algunas llamadas para que alguien de Warner Brothers fuera a verlos en persona. La reacción de Warner lo dijo todo. No podían creer que alguien con el aspecto tan moderno y estético de Morten Harket también cantara increíblemente bien y tampoco podían creer que habían producido un tema tan pegadizo como Take on Me.
En su experiencia, Aja. Tenía todos los ingredientes parac la próxima gran banda. De inmediato les ofrecieron un contrato. Warner les entregó un adelanto de $15,000 para grabar su álbum debut. Era exactamente la oportunidad que habían estado buscando mientras caminaban las calles de Londres, desesperados y con el estómago vacío.
Su música por fin empezaba a abrirse camino, pero todavía faltaba mucho para que Take on Me despegara del todo y lo que se venía iba a ponerlos a prueba de una manera que ninguno de los tres esperaba. El sonido de aha estaba muy relacionado con los sintetizadores, las máquinas de ritmo y el albor de una escena que estaba en franco ascenso en los 80.
La compañía subsidiaria de Warner en Inglaterra, que los tenía a cargo, W Records, decidió poner al productor Tony Mansfield al mando del proyecto. Tony era la revelación del New Wave y el Sin Pop, dos estilos de música que crecían sin parar a la par de la proliferación de sintetizadores en el mercado. Sin embargo, el enfoque experimental y electrónico de Mansfield probó ser el camino equivocado.
Luego de agregar distintas capas de instrumentos, las canciones habían perdido esa dosis de juventud y de ingenuidad, que las hacían juguetonas y pegadizas. El flamante disco debut de Aha, Hunting High and Low, incluyendo Take on Me, no se parecía en nada a lo que venían haciendo. Eso no eran buenas noticias para nadie.
El grupo hizo una llamada a los cuarteles generales de la discográfica en Estados Unidos y todos estuvieron de acuerdo que el proyecto había empeorado. Las canciones durmieron durante dos meses hasta que llegó una propuesta inesperada. John Radcliff y el ingeniero Neil King se ofrecieron a remezclar, regrabar y rehacer el disco entero en el mismo estudio donde todo había comenzado para recuperar la magia original.
La compañía aceptó y poco después el disco debut de AHA estaba terminado. Esta vez de verdad con él llegó también el primer sencillo. Take on me. Rodaron un videoclip sencillo, ellos tocando sobre un escenario vacío y lo lanzaron en Europa en 1984. El resultado fue un desastre. La canción apenas llegó al puesto 137 en el Reino Unido.
En Noruega, su propio país se quedó estancada en el número tres. Después de tanto esfuerzo y camino recorrido, los resultados no eran los esperados, pero la discográfica no estaba dispuesta a dejar escapar lo que tenía entre manos. Llamaron refuerzos desde la casa central en Estados Unidos. Y cuando los altos ejecutivos escucharon Take on Me vieron las fotos de la banda, la conclusión fue inmediata.
El problema no era la canción, era la presentación. Uno de esos ejecutivos era Jeff Aerof, un peso pesado de Warner Brs. La leyenda cuenta que Aerof escuchó la canción, miró una foto de Morten Harket y dijo algo que lo resume todo. Este chico tiene la cara de una estrella de cine. No podemos dejar morir esta canción. Convencidos de que tenían oro entre las manos, los directivos de Warner en Estados Unidos tomaron una decisión sin precedentes.
Traerían a un nuevo productor para grabar la canción por tercera vez y financiarían un videoclip que no se pareciera a nada que hubiera aparecido antes en televisión. El mundo estaba a punto de cambiar para a y para la historia de la música. Todo estaba listo para el último intento.
Los miembros de Aja llegaban a este momento con un historial de rechazos que les había curtido el alma. Sabían lo que era levantarse después de un golpe, pero también sabían que no había margen para otro fracaso. Esta era la última carta y decidieron apostarlo todo. Para la primera parte del plan convocaron al productor Alan Tarney. Su misión, grabar una nueva versión de Take on Me.
Tarne sabía que la compañía amaba la energía del demo original, así que usó eso como brújula. la llevó a un sonido más moderno y más limpio. La voz de Morten ocupó el centro de la mezcla, rodeada de una instrumentación que encajaba perfectamente con el sonido de la época. Pero antes de lanzarla al mundo, decidieron probarla primero en el Reino Unido y W Records.
La subsidiaria encargada del proyecto, se negó a apoyar la difusión. El resultado fue predecible. Otro fiasco de ventas. Los tres miembros de la banda tocaron fondo. Sintieron que habían desperdiciado su última oportunidad, que la discográfica les iba a revocar el contrato y que todo lo que habían construido se desmoronaba otra vez, pero se equivocaban.
Warner seguía creyendo en la canción y sabía exactamente lo que faltaba. Algo visual, algo que nadie hubiera visto antes. Un video a la altura de la nueva era de MTV. Se lo encargaron al director Steve Barron, quien depositó su confianza en dos estudiantes, Michael Patterson y Candes Reckinger. Ellos habían realizado un cortometraje experimental llamado Comuter, construido con una técnica de animación que consistía en trazar imágenes al lápiz sobre fotogramas reales, replicándolos uno a uno, completamente a mano. Esa técnica se
convertiría en el alma del video de Take on Me. Primero filmaron a la banda. Luego comenzó el trabajo real. 6 meses dibujando cada fotograma a mano, uno tras otro, sin atajos. Un esfuerzo titánico que pocos hubieran tenido la paciencia de terminar. Pero lo terminaron y cuando el video salió al aire, el mundo reaccionó como nadie esperaba.
Take on Me salió disparada al número uno del Billboard Hot 100. Se quedó en el top 100 durante más de 25 semanas. Llegó al número uno en más de 20 países y el video arrasó en los MTV Video Music Awards, ganando seis premios de los ocho a los que estuvo nominado. Finalmente, esta sería la versión definitiva de Take on Me, la que todos conocemos.
Ajá. Tocaba el cielo con las manos. Después de años de hambre, de puertas cerradas, de fracasos encadenados. Y de momentos en los que todo parecía perdido, la semilla que habían plantado en un sótano frío de Oslo había florecido ante los ojos del mundo entero. Ahora dime, ¿qué edad tenías cuando escuchaste por primera vez Take on Me? Déjalo en los comentarios y no olvides de dejarnos un like y suscribirte a nuestro canal Milenio Rock para no perderte de nuestros documentales semanales. Sigamos.
El éxito de Take on Me abrió todas las puertas, pero lo que vino después dice mucho más sobre quiénes eran Morten, Paul y Magne. En 1986, The Sun Always Shines on TV llegó al número 20 del Billboard y se convirtió en el número uno del Reino Unido, el primero y único de la banda en ese país.
Ese mismo año recibieron una nominación al Grami como mejor artista nuevo. El galardón se lo llevó Sade, pero estar en esa lista ya era una declaración. A pesar de que en los Estados Unidos a tiene la fama de ser un One hit Wonder, es decir, una banda de un solo éxito mundial y una carrera a las sombras de los reflectores.
En Europa y el resto del mundo la historia es distinta. tuvieron una larga y productiva carrera con grandecitos. Su segundo disco Scoundrel Day salió en 1986 y tuvo un éxito moderado, vendiendo aún así más de 6 millones de copias. Para 1988, Aja, lanzó el tercer disco de estudio Stay on this Roads, que contenía la canción que hicieron para la película de James Bond Living Daylights, conocida en español como Su nombre es peligro.
Empujados por ese sencillo, se fueron de gira alrededor del mundo y vendieron más de 4 millones de discos. Con el cambio de década, la banda lanzó su cuarto disco, East of the Sun, West of the Moon, y se presentó en el festival Rock in Rio de 1991. No mucha gente lo sabe, pero lograron obtener un récord Guinness noche, juntando 198,000 fans para un concierto de pop en el estadio Maracaná.
récord que aún les pertenece. A pesar de ese hito mundial, la prensa hizo poco eco de su éxito y luego de lanzar Memorial Beach en 1993, que fue un fracaso comercial, decidieron entrar en una pausa indefinida en 1994. Esa pausa tuvo rupturas. Tocaron en la ceremonia de los premios Nobel de la Paz en tres ocasiones.
Tuvieron conciertos para 120,000 espectadores. Dieron más de una gira y un concierto de despedida y lanzaron seis álbumes de estudio con nuevo material desde el 2000 al 2022. Ajá. sigue vigente al día de hoy. Luego de muchos años de perseguir sus sueños, Morten, Paul y Magna se convirtieron en referentes para una generación que continuó su legado.
Esa mezcla de sintetizadores, instrumentos analógicos y grandes canciones influenciaron a artistas desde Us hasta Coldplay. Tres muchachos de Noruega se convirtieron en la banda más exitosa de la historia de su país y en iconos de la música pop a nivel mundial. Todo sucedió gracias a una canción capaz de torcer la historia y un equipo de gente decidida a hacerla crecer.
Take on Me dejó una marca indeleble en la música. Fue un terremoto que sigue reverberando en las radios de todo el mundo aún hoy. Y así, mientras Aja demostró que una sola canción podía cambiar el destino de tres jóvenes soñadores, años antes, otra banda también transformó el sonido de una época con una mezcla explosiva de rock, disco y actitud callejera.
Haz clic en el siguiente video donde conoceremos la canción que convirtió a Blondie en leyendas del rock. Nos vemos allí, amigo roquero.