La estafa de MBAPPÉ

En 2024, Luis Enrique estaba sentado frente a las cámaras de un documental sobre el Paris Saint-Germain y dijo algo sobre Killian Mbappé que en ese momento le pareció exagerado a mucha gente. No cuestionó su talento, no cuestionó sus goles, no cuestionó su velocidad ni su capacidad para decidir partidos en los momentos más importantes.

Lo que cuestionó fue otra cosa y lo dijo con estas palabras: “Tengo un jugador muy bueno que se mueve por donde quiere. Eso significa que hay situaciones que no controlo. La temporada siguiente voy a controlarlas todas, todas, sin excepción. Lo que vino después ya lo sabemos. Mbappé se fue al Real Madrid en el verano de 2024 y Luis Enrique se quedó en el PSG y al final de la temporada 24-25, el PSG ganó su primera Champions League de la historia goleando al Inter de Milán 5 a0 y en el Real Madrid dos temporadas en blanco. Tres

entrenadores en año y medio y ahora todos nos damos cuenta. Luis Enrique tenía razón con Mbappé. Para entender a Mbappé hay que entender primero quién era en el Mónaco, porque en el Mónaco era realmente extraordinario y porque lo que era allí y lo que se convirtió después son dos cosas completamente distintas.

Kilian Mbappé nació el 20 de diciembre de 1998 en París, en el barrio de Bondí en Sandení. Creció en una familia deportista, hijo de Wilfried Mbappé, entrenador de fútbol, y de Faial Lamari, exjadora de balonmano. Desde niño fue ese chico que hacía cosas con el balón que dejaban a los adultos boquiabiertos y a los 14 años el Mónaco lo incorporó a su academia.

Con 16 años el 2 de diciembre de 2015 se convirtió en el debutante más joven de la historia del Mónaco en primera división, rompiendo un récord que pertenecía a Tierry Henry y que llevaba vigente 21 años. El 20 de febrero de 2016, con 17 años, marcó su primer gol como profesional y con esos mimbres llegó a la temporada 1617, la que lo puso en el mapa del mundo.

Lo que hizo el Mónaco de Leonardo Hardim en esa Champions League es todavía una de las historias más bonitas del fútbol europeo reciente. Un equipo sin el presupuesto ni el nombre de los grandes que eliminó al Manchester City en los octavos de final, luego al Borussia Dortmund en cuartos y que llegó a las semifinales para enfrentarse a la Juventus de Buffón, Dybala y Higuaín.

No ganaron la Champions, pero aquel Mónaco con un Mbappé de 18 años fue uno de los equipos más fascinantes que ha habido en la competición en la última década. Mbappé marcó seis goles en aquella Champions. Fue el jugador más joven de la historia en marcar en tres partidos consecutivos de la fase eliminatoria.

Y cuando el gran Jean Luigi Bufón vio al chaval de 18 años que había estado destruyendo defensas durante semanas, se acercó a él en el campo y le dio un beso en la frente, un gesto que el portero de la Juventus reservaba para los grandes del juego. Pero lo más importante de ese Mbappé de 18 años en el Mónaco no eran los goles ni los récords, era la manera en que jugaba.

Jugaba en un equipo donde Radamel Falcao era el delantero centro, donde Bernardo Silva construía el juego desde la media punta, donde Lemar destruía por las bandas. Mbappé no era el único eje de aquello, no era el sistema, era una pieza brillante dentro de un engranaje que funcionaba porque todas las piezas entendían su función. Era un extremo que corría, presionaba cuando había que presionar y que en los momentos decisivos hacía cosas que nadie más podía hacer.

Ese Mbappé de 18 años en el Mónaco era un jugador de equipo que además era un crack individual. La pregunta que habría que haberse hecho [música] entonces y que muy poca gente se hizo era si eso iba a seguir siendo así cuando el peso del sistema girara entero alrededor de él. La respuesta la empezamos a ver muy pronto y llegó desde el primer día en París.

En el verano de 2017 el PSG pagó 180 millones de euros para hacerse de forma permanente con Mbappé. Era el segundo fichaje más caro de la historia del fútbol en ese momento, solo por detrás de los 222,000000es que el mismo PSG había pagado por Neymar semanas antes. El club parisino construía la delantera más cara de la historia del fútbol, Neymar, Mbappé y Edinson Cavani.

Lo primero que hizo esa delantera fue pelearse por los penaltis. Cavani era el lanzador de penaltis desde hacía años, el máximo goleador histórico del club, un delantero que llevaba temporadas siendo el titular indiscutible en ese puesto. Con la llegada de Neymar y Mbappé, el uruguayo pasó a ser casi un convidado en el sistema que se construyó alrededor de las dos nuevas estrellas, pero los penaltis seguían siendo suyos, al menos en teoría.

En enero de 2018, Neymar y Cavani protagonizaron el primer penalty gate del PSG, disputa abierta en el campo por quien lanzaba el siguiente penalti, tensión en el vestuario, el club teniendo que intervenir para mediar. Al final llegaron a un acuerdo y el incidente fue aparentemente resuelto. Tres temporadas después, en agosto de 2022, el penalty gate volvió.

Esta vez el protagonista no era Cavani, que ya se había ido al Manchester United, sino Mbappé. En el partido ante el Montpelier con el PSG, ya con la nueva jerarquía firmada en el contrato de renovación de Mbappé, Killian cobró un penalti que muchos en el vestuario y fuera de él entendían que era de Neymar. En las redes sociales, el brasileño le puso me gusta a varios tweets que decían que Mbappé era el dueño del PSG por contrato y que en ningún club del mundo que tuviera Neymar este sería el segundo lanzador de penaltis. Pero como te digo,

el problema de Mbappé fue su contrato, porque lo que había ocurrido en mayo de 2022 cuando Mbappé renovó con el PSG, en lugar de irse al Real Madrid como todos esperaban, no fue simplemente una renovación de contrato, fue la rendición de un club ante las exigencias de un jugador.

Según la información que fue saliendo durante los meses siguientes, Mbappé había renovado con una condición que lo decía todo, que el equipo jugara para él. Era una condición que implicaba que jugadores como Neymar, que habían llegado al PSGE como la mayor estrella del proyecto, quedarían subordinados a los intereses de Mbappé.

Y la dirección deportiva del club, para cerrar el acuerdo, había propuesto vender a Neymar para hacer a Mbappé el único estandarte. Neymar se enteró y explotó, y los compañeros tuvieron que intervenir en el vestuario. En ese momento, Lionel Messi llevaba ya un año en el club. El hombre que había ganado siete balones de oro, que había ganado la Copa del Mundo con Argentina, que era la referencia máxima del fútbol mundial durante 15 años, llevaba un año siendo compañero de Mbappé.

Y había imágenes que circularon en las redes de Mbappé disputándole a Messi un penalti con el argentino cediendo y el francés cogiendo el balón. En ese momento, el mejor jugador de la historia del fútbol le cedía los penaltis a un chico de 23 años. Eso no pasa por accidente, eso pasa cuando alguien tiene por contrato ser el dictador del equipo.

Pero si hay un episodio que resume mejor que ningún otro la dinámica de Mbappé con los entrenadores que han pasado por su vida, ese episodio es el de Thomas Tuchel. Tuchel llegó al PSG en 2018 procedente del Borussia Dortmund, donde había hecho un trabajo extraordinario. Era un técnico de ideas tácticas claras con un estilo definido que creía en la disciplina colectiva y que había demostrado que podía manejar vestuarios difíciles.

Con el PSG llegó a la final de la Champions League en 2020. la famosa final de Lisboa que el Bayern ganó 1 a0. Era la mejor actuación de la historia del club en la competición. Detrás del éxito de Tuchel había una tensión constante con Mbappé que los que estaban dentro vivieron con enorme presión. Tuchel era de los entrenadores que creía que todos los jugadores, sin excepción y sin importar su nombre, tenían que obedecer al sistema.

Si el sistema requería que el delantero presionara en la salida del balón del rival, el delantero presionaba. Si el sistema requería que el extremo volviera a defender en las transiciones, el extremo volvía. sin excepciones, pero Mbappé no veía las cosas así. El punto de quiebre fue en 2020. En un partido de Ligue 1.

Tuchel decidió sustituir a Mbappé en el minuto 68. La sustitución era razonable tácticamente. Mbappé no lo entendió así. Las cámaras captaron al delantero francés en el momento en que abandonaba el campo y se dirigía al banquillo. Encaró a Tuchel con una expresión de enfado explícito con el lenguaje corporal de alguien que no acepta que la decisión de quién juega la tome el entrenador.

Fue un momento que traspasó la frontera del vestuario y se convirtió en público. Ese fue el punto de no retorno. Tuchel dejó de ser la autoridad en ese vestuario de manera efectiva. El jugador se había vuelto intocable y cuando el jugador se vuelve intocable el entrenador tiene dos opciones: adaptarse al jugador o marcharse. Tuchel no aguantó eso.

A finales de 2020, el PSG y Tuchel pusieron fin a su relación. Meses después, Tuchel ganó la Champions League con el Chelsea. Luego vino Mauricio Pochettino, que duró un año y medio sin controlar el vestuario en ningún momento. Luego vino Christoph Galtier, 11 meses y fuera. El historial de entrenadores que pasaron por el PSG mientras Mbappé estaba allí es el de una institución que no podía retener a ningún técnico porque ninguno encontraba la manera de convivir con las condiciones que el jugador imponía.

hasta que llegó Luis Enrique y te pidió que te suscribieras al canal. Y tú, que eres obediente y no eres como Mbappé, te acabas de suscribir, a que sí, es gratis y a mí me ayudas un montón. Y es que Luis Enrique es un tipo distinto, distinto en el fútbol y distinto como persona, alguien que jugó en el Barça y en el Madrid y en ninguno de los dos clubes se plegó jamás a lo que se esperaba de él.

alguien que como entrenador tuvo el temple de llevar a España a una final de Nations League y a una semifinal de Eurocopa con una generación que estaba construyendo desde cero y alguien que cuando llegó al PSG en el verano de 2023 tenía clarísimo que no iba a funcionar de la misma manera que sus predecesores.

Desde el primer día dejó claro que en ese equipo mandaba el entrenador, no las estrellas, no los contratos, no los egos, el entrenador. Lo que vino después fue un proceso de varios meses en el que Luis Enrique fue ajustando el sistema, fue exigiendo el nivel defensivo que quería, fue construyendo un equipo que no dependía de un solo jugador para funcionar.

Y en ese proceso la relación con Mbappé fue deteriorándose de manera progresiva porque Mbappé no entendía o no quería entender que Luis Enrique no iba a hacer excepciones con nadie. La imagen más brutal de esa relación es la que quedó grabada en el documental. Luis Enrique hablándonas a solas con Mbappé diciéndole lo siguiente: “Yo he leído que te gustaba Michael Jordan.

Michael Jordan cogía a todos sus compañeros y se ponía a defender. Tú tienes que dar ese ejemplo primero como persona y como jugador y vas a pegarte todo el partido presionando para ser un líder. Eso sumado a las declaraciones que te contaba al principio, donde Luis Enrique confirmaba que sin Mbappé iba a mejorar el juego del equipo, pues pasó lo que tenía que pasar.

Mbappé se fue al Real Madrid y Luis Enrique ganó la Champions League, la Ligue 1 y la Copa de Francia, un triplete histórico en París. En el fútbol hay coincidencias y hay patrones. Una coincidencia es que cuando llueve el campo se moja. Un patrón es que en cada club donde Mbappé ha estado, los entrenadores han durado cada vez menos, el vestuario ha tenido cada vez más tensión y el equipo ha ganado cada vez menos de lo que debería con el talento disponible.

En el Mónaco, con 18 años y sin poder absoluto, el equipo llegó a semifinales de Champions. Con el PSG, con todo el poder del mundo, el club no fue capaz de ganar una Champions en 7 años. Con Luis Enrique, el año en que Mbappé se fue, el PSG ganó la Champions por primera vez en su historia. Pero el patrón más revelador no está en los títulos, está en la selección de Francia.

En marzo de 2023, Didier de Shams tomó una decisión que generó un conflicto enorme en el vestuario de la selección francesa. Hugo Yorí, que había sido el capitán de Francia durante más de una década, se había retirado de la selección y de Sham decidió que el brazalete pasaría a Mbappé, que tenía 24 años y que llevaba relativamente poco tiempo como figura principal del equipo.

Pasó por encima de Antoan Griezmann, que llevaba 13 años en la selección, que había sido el jugador más importante de la era de Shan y que en el mundial de 2018 había ganado el Balón de Oro del torneo, siendo el artífice principal de la victoria francesa. Griezmann explotó en el vestuario.

De Shams y Mbappé reconocieron públicamente que el centrocampista del Atlético de Madrid había quedado muy decepcionado. Mbappé dijo que había hablado con él y que era comprensible su reacción, pero el brazalete lo siguió llevando Mbappé. Meses después, Antoine Griezmann anunció su retirada de la selección francesa. Sin rueda de prensa, sin ceremonia, sin el reconocimiento que merecería el hombre que había sido el jugador más importante de la generación campeona del mundo.

Solo un comunicado y un adiós silencioso. Los diarios deportivos más importantes de Francia, Lequip y RMC Sports, señalaron directamente a Mbappé como una de las causas del retiro. El hombre que hacía todo el trabajo sucio para que las estrellas brillaran había decidido que ya no podía más. Una encuesta de ese mismo periodo revelaba que el 66% de los franceses habría preferido que el brazalete de capitán fuera para Griezmann y no para Mbappé.

De hecho, hay algún episodio ridículo de Mbappé quitándole el brazalete a otro jugador para ponérselo él. Es dantesco. Pero bueno, ese es otro tema. Una vez Mbappé ya estaba en Madrid, llegó el 11 de enero de 2026, la final de la Supercopa de España en Jedá, Arabia Saudí. El Barcelona ganó 3 a2 al Real Madrid.

Al final del encuentro, después de la entrega de medallas, llegó el momento del pasillo. El Barcelona había realizado el pasillo al Madrid cuando los blancos fueron a recoger sus medallas de subcampeón. Era el turno del Real Madrid de hacer lo mismo. Xavi Alonso, que era el entrenador del Madrid, se lo pidió a sus jugadores. Quería que el equipo formara el pasillo como marca el protocolo, como marca el respeto deportivo entre dos clubes históricos.

Y las cámaras captaron el momento exacto en que Mbappé recibió la indicación y respondió. hizo señas enérgicas con el brazo para que todos los jugadores del Real Madrid se fueran directamente al vestuario. Raúl Asensio intentó quedarse, intentó acercarse a los jugadores del Barcelona para saludarles. Mbappé lo interceptó y le dijo que se fuera.

El resto del equipo siguió a Mbappé. El pasillo no se hizo. El presidente del Barcelona, Joan La Porta, lo comentó en la sala de prensa con la ironía de alguien que no puede creer lo que ha visto. Me sorprende que no nos hayan hecho el pasillo. Hay que ser generoso y respetuoso también cuando se pierde, pero entiendo que debían ser momentos muy jodidos.

En las redes sociales, el clip de Mbappé, haciendo señas para que el equipo se fuera, se viralizó inmediatamente. Miles de comentarios con la misma palabra dictador. El meme de Mbappé, retratado como Macedón, que llevaba meses circulando en internet de manera semijocosa, de repente dejó de parecer gracioso y empezó a parecer revelador.

Al día siguiente, el 12 de enero de 2026, el Real Madrid anunció la destitución de Xavi Alonso. Deja que eso se asiente un momento. el hombre que había sido invicto con el Leverkusen durante toda una temporada, el técnico más prometedor de Europa de su generación, el que los madridistas llevaban años esperando como si fuera el Mesías del banquillo.

Duró 232 días en el cargo y entre las razones de su salida, la que todos los medios señalaron como la gota que colmó el vaso, fue exactamente ese episodio del pasillo, ese momento en que Mbappé hizo señas con el brazo y el entrenador perdió el control de su propio equipo delante de todo el mundo. No es que Xavi Alonso no supiera entrenar, es que en un vestuario donde la autoridad la tiene el jugador y no el técnico, ningún entrenador del mundo puede hacer su trabajo bien.

Ancelotti, que venía de ganar dos Champions en 3 años, tampoco pudo. Xavi Alonso aguantó 7 meses y ahora Arbeloa, que es el hombre de Florentino para los momentos de crisis, gestiona una situación que no tiene solución fácil porque el problema no es táctico, el problema es de poder. Mientras tanto, en los meses posteriores al pasillo siguieron saliendo episodios que completaban el cuadro.

En marzo de 2026, en una concentración con la selección de Francia, Mbappé entró como suplente en los últimos 10 minutos de un partido contra Colombia. Era el cumpleaños de Ngolo Kanté, el centrocampista que llevaba décadas siendo el jugador más querido del vestuario en todos los clubes donde había estado, el que ganó la Premier con el Leicer, el que ganó la Champions con el Chelsea, el hombre al que es prácticamente imposible encontrarle un enemigo en el fútbol mundial.

Kanté llevaba el brazalete de capitán esa noche porque Mbappé estaba en el banquillo y cuando Mbappé entró al campo en pleno partido en el minuto 80 mandó a Choameni que le pidiera a Kanté que le entregara el brazalete. Kanté lleva el brazalete en el cumpleaños. Mbappé entra en el minuto 80 y le manda a alguien a quitárselo.

La indignación en Francia fue unánime. Hay una pregunta legítima que todo esto genera y que merece ser respondida con honestidad. ¿Es todo esto culpa de Mbappé o es culpa del sistema que lo ha tratado como un ser humano diferente desde los 16 años? La respuesta honesta es que son las dos cosas y que separarlas es imposible porque llevan 10 años siendo la misma cosa.

Mbappé rompió el récord de Tierry Henry en el Mónaco con 16 años. con 16 años ya era tratado como alguien que no estaba sujeto a las normas normales. Con 18, el mundo entero hablaba de él como el próximo Messi o el próximo Cristiano. Con 20, el PSG pagó 180 m000ones y construyó el equipo alrededor de él. Con 23 renovó su contrato con la condición de que todos jugaran para él.

con 27 entra en el minuto 80 de un partido y le manda a alguien a quitarle el brazalete, al jugador más respetado del vestuario. Y ahí está la paradoja que Luis Enrique vio antes que nadie. El problema de Mbappé no es el talento. El talento es indiscutible. Sus números en el Real Madrid esta temporada son de escándalo.

41 goles en 41 partidos, 15 en la Champions League, a solo dos del récord absoluto de Cristiano Ronaldo en una sola edición. bota de oro, pichichi, todos los premios individuales que existen. No hay discusión posible sobre su calidad como futbolista. El problema es que en cada club donde ha estado, el equipo ha funcionado mejor sin él que con él.

O más exactamente, el equipo ha funcionado mejor cuando el sistema no ha tenido que girar entero alrededor de él. En el Mónaco, con Jardim, Mbappé era una pieza en un engranaje y el engranaje funcionaba. En el PSG, cuando había alguien con suficiente autoridad para exigirle presión defensiva y compromiso colectivo, el equipo llegó más lejos.

Con Luis Enrique, cuando Mbappé ya no estaba, el PSG ganó la Champions y en el Real Madrid, los cinco partidos que el equipo jugó esta temporada sin Mbappé en el 11, ganaron los cinco. El Madrid venció al Manchester City en la Champions, al Celta en Liga, al Atlético en Liga y al Elche en Copa. Con Mbappé perdió con Mallorca, con Girona, con Bayern en el Bernabéu y fue eliminado en todas las competiciones.

Los datos son los datos y Luis Enrique siempre tuvo razón. Ahora haz clic en el video que sale en pantalla en el que te cuento toda su historia completa.

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