Déjenme decirlo una vez más. Como venezolano duele estar más de 20 años en este bendito plámana. Hoy nos sentamos a desgranar una historia que pesa en el corazón de todo DinoTinto amante de la pelota. Es la crónica de un sueño que se desvanece una y otra vez como arena entre los dedos.
Venezuela desde la generación de Juan Arango hasta la última generación de hoy ha contado con figuras ya regadas tanto en el fútbol europeo como también en los más grandes equipos de acá de Suramérica. han contado con generaciones, entre comillas, doradas, pero cuando les toca sudar y dar ese extra para consagrar al escudo de la nación que corre por su sangre, se achican, dependemos de nosotros, pero el problema seguimos siendo nosotros.
Hasta el sol de hoy, Venezuela sigue siendo la única selección de Conmebol que nunca, nunca, pero nunca han pisado un mundial en sus más de 100 años de historia. Y aunque cada ciclo de eliminatorias comienza con una chispa de esperanza, el desenlace siempre parece estar teñido de la misma sombra. Sí, la frustración. Repasemos un poco las eliminatorias de estos últimos 20 años.
Les habla como siempre su humilde servidor en Mahwok. Y sin más preámbulo, empecemos. El sueño vino tinto verdadero arrancó con el nuevo milenio, ya que antes de los 2000 Venezuela era la selección de los puntos gratis. Vengan que aquí regalamos puntos. No competíamos pero contra nadie, no éramos nada.
Y lo peor aún es que tampoco queríamos serlo. Si querías hablar sobre Venezuela, tenías que hablar del béisbol, de las novelas y las arepas. El fútbol estaba muy pero muy lejos de ser nuestra principal cultura. Sin embargo, el sueño comenzaría a nacer con la generación del técnico Richard Pez, quien literalmente levantó los cimientos en donde no había nada.
Hay videos de aquella generación Vinotinto que se disponían a arreglar los arcos, a cortar el monte o la grama seca de los estadios en mal estado con tal de poder entrenar. No tenían el apoyo de nadie, pero ellos aún tenían un sueño. Estamos arreglando. Viste la cosa que hay que hacer para jugar fútbol en Venezuela, ¿viste? ¿Viste? Viste que no es puro jugar fútbol.

te pones a ver, o sea, la realidad del fútbol venezolano son las canchas malas. Corría el año 2003 y Venezuela iniciaba su camino hacia el mundial de Alemania 2006. Había una sensación diferente en el aire. Prodigios inéditos como Juan Arango iban iluminando el camino. Su zurda bestial encendió las llamas cuando sorpresivamente le ganamos un partido a Colombia en noviembre de ese año.
Luego venceríamos a Bolivia 2 a 1 y el evento que partió la historia de la Avinotinto sería el centeneirazo contra Uruguay. La noche atípica donde el avinotinto ganaría 3 a0. un hecho inédito que convulsionó a todo un país. Esto encendió como nunca antes la fiebre vinotinto en una tierra que no era tan afecta al fútbol.
Sin embargo, el resto de los partidos en las eliminatorias fueron un recordatorio cruel de la realidad. 18 encuentros, apenas cinco victorias, tres empates y 10 derrotas. Así como sucedió ayer, esa DinoTinto se quedaba fuera en el octavo lugar con 18 puntos, lejos, muy lejos de los cupos directos. 20 años de diferencia y el mismo resultado.
Cada gol encajado, cada empate agónico era como un eco de lo que aún faltaba. Sin embargo, a diferencia de hoy, esa Vino Tinto ilusionaba. Había una sensación de crecimiento para Sudáfrica 2010, el sueño y el proyecto Vino Tinto parecía más tangible. Richard Pae se iría dejando una gran huella. Ahora llegaba César Farías para tomar las riendas y junto a él la mejor camada de una Venezuela que mostró Garra Juan Arango en su prime.
José Manuel Reyes se mandaba unos zapatazos de gol a media cancha. Parecía que hasta tuviésemos a nuestro propio Roberto Carlos. Salomón Rondón, el futuro máximo artillero histórico. Comenzaba a debutar y la generación dorada de juveniles prometía un futuro brillante. Lograron victorias históricas contra Ecuador y Colombia en su casa.
Le sacaron un punto a la Brasil de Kaká y Robinho en un empate 0 a0, pero el balance final fue un masazo nuevamente a la realidad. Perdieron partidos que estaban obligados a ganar. El perder 2 a 1 contra Paraguay en casa en la penúltima fecha los alejó del repechaje. Octavo lugar, 22 puntos. A solo tres puntos estuvieron.
Pero bueno, en teoría la ilusión seguía viva, aunque ciertamente ya comenzaba a teñirse de cansancio, aunque por lo menos era verdad que ahora sí competíamos cuando antes éramos solo un chiste. También existía la excusa de que, bueno, nos cuesta tanto porque competíamos contra Brasil y Argentina en unas eliminatorias donde solamente hay cuatro cupos y un repechaje. Era muy difícil, es verdad.
Sin embargo, llegaban las eliminatorias del 2014. Aquí, aquí sí que no habrían excusas, ya que Brasil no participaría por ser sede del dicho mundial. Era un cupo extra que debían aprovechar. Fue el momento en que el Avinotinto estuvo más cerca de romper la maldición. Luego de una irrepetible Copa América donde Venezuela llegó a las semifinales, César Faría seguía al mando de la Vinotinto.
Armó a la humilde generación que hizo temblar a más de un gigante. La victoria 1 a0 ante Argentina en Buenos Aires fue un grito de rebeldía, pero los traspies en momentos claves como la derrota ante Chile y Perú dejaron a Venezuela en el sexto lugar nuevamente con 20 puntos. La diferencia de goles, los errores defensivos, los goles anulados nos daban a pensar que todo conspiraba contra nuestro sueño.
Sin embargo, alcanzábamos el mejor peldaño de nuestra historia, el sexto lugar. Si esa generación hubiese sido la que habría jugado hoy y quizás estuviésemos celebrando el haber entrado directamente al Mundial, ya que recordemos que ahora se sumaron dos puestos más de clasificación directa, pero bueno, los años pasaban, las leyendas del ayer ya no estaban.
Figuras como Juan Arango y José Manuel Rey entre lágrimas decían adiós. Salomón Rondón y Tomás Rincón eran los rostros vigentes de la selección. Una selección que ya se notaba muy muy desgastada. Esto sin hablar de la situación país, que aunque muchos lo quieran negar, lo que pasa dentro de Venezuela también afecta directamente a la selección.
Pero bueno, no me quiero adentrar tanto en ese tema porque si no el video duraría 2 horas tratándoles de explicar lo corrompida que está la federación por dentro. Pero bueno, Rusia 2018 marcó un retroceso doloroso con Rafael Dudamel como técnico LadinoTangró en una campaña totalmente irregular. Apenas dos, apenas dos victorias en 18 partidos.
Quedamos en el décimo, en el último puesto por debajo de Bolivia. La afición estaba repletamente agotada. La frase del tal vez en el próximo mundial entremos ya nos tenían asteados a todos y duele porque teníamos a figuras que empezaban a brillar y hasta cosechar títulos en Europa. Pero cuando se trataba de la selección el compromiso no estaba.
Para el Mundial de Qatar 2022, la chispa no encendería nuevamente un nuevo capítulo de decepciones. José Peseiro, Leonardo González y hasta el mismísimo José Peckerman, el entrenador que debutó a Messi en su primer mundial, intentaron enderezar el rumbo de la Vinotinto, pero en realidad no había nada que enderezar. Hubo mucha polémica en esta gestión.
Peckerman, elendario entrenador, pedía a los jugadores que bajasen el ego entre ellos y que aprendieran a cooperar juntos. Esto dando a notar el malestar interno que había. La Vinotinto nuevamente quedó de última con solo 10 puntos. Los goles que condecoraban a Salomón Rondón como el máximo goleador histórico de la nación se iban al vacío.
Las derrotas se apilaban. Apenas tres victorias y 14 14 derrotas. Venezuela nuevamente era la selección que regalaba los puntos a quien más los necesitase. Los jugadores viajaban a cumplir horario, el compromiso era nulo y así llegábamos a estas últimas eliminatorias para el mundial del 2026. con otro entrenador argentino como Fernando Bocha, Batista al mando, quien cobraba extrañamente un salario más alto que el del mismísimo Lionel Scaloni.
Nos adentrábamos a esta última era, un mundial ampliado a 48 equipos, cosa que parecía que al fin al fin tendríamos una oportunidad dorada que se nos presentaba. El mismísimo presidente de la FIFA viajó a Venezuela para darle la noticia a la federación de que habrían más cupos disponibles. Por Suramérica pasaron de 4 a se la calificación directa, además de un séptimo puesto para el repechaje.
Esto animó a la Vinotinto. Venezuela mostró su mejor cara en años. Tuvo un arranque sin igual. Venían invicta en casa con el Monumental de Maturín como bastión y un veterano Salomón Rondón inspirado. La Vinotinto estaba en zona de repechaje. Le sacaron un empate 1 a un contra la Brasil de Vinicius Rodrigo y Neymar.
y también otro empate encharcado 1 a un contra la Argentina, campeona del mundo de Messi. Lográbamos hazañas que nos engrandecían, pero luego íbamos a perder contra Bolivia 4 a0 en las alturas. También dejábamos escapar victorias que eran casi que aseguradas contra una Chile ya semimuerta 4 a perdíamos los partidos que en teoría no debíamos.

Sin embargo, por un milagro divino aún dependíamos de nosotros mismos. Con 18 puntos estábamos a solo un paso de hacer historia. 9 de septiembre del 2025, el día decisivo, Venezuela enfrentaba a Colombia en Maturín, dependiendo de sí misma para asegurar el bendito respechaje. Pero el sueño se derrumbó en 90 minutos trágicos.
Colombia. Colombia nos metió seis. A la Vinotinto no le metían seis desde el año 2000, cuando la Brasil de un ya veterano romario nos metería 6 a0. Luego de 25 años de esto, Colombia ahora nos mete seis goles a tres en el último partido de las eliminatorias. Un avino tinto que se desarmó como si el dictador de Maduro estuviese jugando en la defensa.
En paralelo, Bolivia en la altura lograba el inédito milagro, un 1 a0 ante la Brasil de Anchelotti que no nos quiso ayudar. Bolivia con 20 puntos arrebató el séptimo lugar y el boleto directo al repechaje. Venezuela con 18 puntos quedó octava eliminada otra vez. Siempre tan cerca, pero tan lejos. sea. Perdonen si me exalto un poco, pero aquí no solamente les habla el enajao youtuber que les trae videos, no.
Aquí les habla el venezolano que literalmente creció en medio de esta amargura, apoyando a una selección que no termina de salir de la mediocridad. Estoy casi seguro que si para esta copa hubiesen sido 10 los puestos para entrar al mundial, la Dinotinto se las hubiera arreglado para quedar de 11. Es como que si nos encantara el andar pariendo año tras año y duele porque de verdad tenemos talentos, de verdad hemos tenido figuras para clasificar directamente a una Copa del Mundo, pero simplemente no queremos hacerlo. ¿Cuándo llegará el
día? ¿Cuándo veremos a Ladino Tinto en un mundial? Por ahora nos queda el eco. El eco del casi del casi lo conseguimos. El lema del mano tengo fe debería cambiarse a menos fe y más fútbol. Suena fuerte. Y sí, sé que la fe siempre debe estar, pero incluso la misma Biblia dice que la fe sin obra es muerta.
Hay que accionar, hay que trabajar en ello. De nada vale hermano tengo fe si no hay fútbol en el corazón de la selección. No podamos ver nuestra selección una vez más. Quisiera saber yo si voy a morir, si voy a morir, si voy a morir antes de que el Abinotinto en algún momento vaya a un mundial, el único país de la región que no ha ido al mundial.
Señores, Venezuela, basta ya.