La Tragica Muerte de MERCEDES SOSA | Lo Que Paso Realmente Esto NO Salio a La Luz
Pasa el tiempo y hay voces que no pueden silenciarse. Que cuando los regímenes las prohíben en la radio, el pueblo las tararea en los patios, que cuando las arrestan en pleno concierto, el público sabe que lo que acaba de presenciar no es el fin de algo, sino el inicio de algo más grande, que cuando el exilio las aleja de la tierra que aman, siguen cantando en otros escenarios con la misma intensidad.
Y el mundo entero entiende que lo que está escuchando viene de algún lugar muy profundo y muy real. Inocencia de la Mercedes Sosa fue esa clase de voz. El 4 de octubre de 2009 en Buenos Aires murió la negra. Tenía 74 años. El mundo de la música latinoamericana no encontró un solo encuadre que pudiera contener la dimensión de lo que se había ido.
Pero la historia de cómo llegó hasta ahí es la historia de alguien que no debería haber llegado, que tuvo en su contra el prejuicio, la dictadura, el exilio, la pérdida de las personas que más amaba y que a pesar de todo eso siguió cantando como si la voz fuera lo último que podía perder, como si lo hubiera sabido siempre. Tucumán, 1935. Aida Mercedes Sosa, llegó al mundo el 9 de julio, el mismo día en que Argentina celebra su independencia.
Una fecha que con los años diría algo sobre el tipo de artista que se convertiría. Alguien cuya existencia misma era un acto de libertad. Nació en una familia pobre. Los que la conocieron de niña recuerdan una infancia que ella misma describía como feliz a pesar de las carencias. Esa capacidad de encontrar calidez donde otros encontrarían solo dificultad diría mucho sobre cómo enfrentaría todo lo que vendría después.
El primer contacto con el canto fue casi accidental. Sus padres no estaban. Una maestra de música tampoco llegó a clase. La directora del colegio puso a esa niña de 15 años al frente de sus compañeros para que los guiara en el himno porque había notado algo en su voz que se diferenciaba del resto. [música] La niña obedeció y desde ese momento algo cambió.
La historia del concurso de radio dice todo sobre la personalidad de Mercedes Sosa antes de que el mundo supiera su nombre. Decidió inscribirse, pero por miedo a lo que pensarían sus padres. se inscribió con un pseudónimo, Gladis Osorio, un nombre que no era el suyo, pero que prestó su voz durante suficiente tiempo como para que el concurso le quedara pequeño.
[música] Ganó con diferencia. siguió presentándose así, de incógnito, hasta que su padre escuchó la radio un día y reconoció la voz de su hija en ese nombre que no era el de su hija. El deseo de cantar y el miedo al juicio convivieron en Mercedes durante esa primera etapa, pero la voz siempre fue más grande que el miedo.
En 1957, Mercedes conoció a Óscar Matus. era músico, era pobre y había una boda ya organizada con otro hombre, uno que tenía dinero y estabilidad y todo lo que desde afuera se supone que una mujer debería querer. Mercedes canceló esa boda. Eligió al compositor pobre porque lo que ese hombre pobre escribía era, según ella, lo más hermoso que había escuchado.
Y para Mercedes Sosa, la belleza de una canción siempre pesó más que la seguridad de un futuro calculado. Esa elección dice algo sobre la clase de persona que era [música] y diría también mucho sobre la clase de artista que se convertiría. alguien para quien lo auténtico siempre estaba por encima de lo conveniente.
El movimiento del nuevo cancionero fue el primer gran contexto en que la voz de Mercedes Sosa encontró su forma definitiva. No era el folklore conservador y complaciente que el mercado de la época pedía, era otra cosa, una propuesta que se comprometía con la realidad social, que renovaba constantemente, que tomaba distancia de la ornamentación para llegar a algo más directo y más honesto.
Mercedes lo encarnó de una manera que ninguna declaración de principios puede encarnarlo. Cantándolo, tomando canciones que decían cosas que las personas necesitaban escuchar y devolviéndolas al mundo con una intensidad que hacía imposible no prestarles atención. Los primeros discos no tuvieron el impacto comercial que merecían, pero algo estaba construyéndose silenciosamente con la solidez de las cosas que no necesitan el mercado para ser verdaderas.
El festival de Cosquín de 1965 fue el momento en que todo cambió, pero no de la manera en que las cosas cambian cuando la industria decide que alguien vale, sino de la manera en que cambian cuando el pueblo decide. La NO Satum, organización del festival, le había cerrado las puertas. Las diferencias políticas de Mercedes con los sectores más conservadores del folklore eran reales y los que manejaban el festival tenían sus razones para no querer su presencia ahí.
Fue un colega, Jorge Cafrune, quien tomó una decisión que requería valentía. En pleno show, frente a miles de personas, le cedió el escenario. Le anunció al público que iba a presentar a una tucumana que tenía algo que dar y que merecía ser escuchada. Cuando Mercedes empezó a cantar, el silencio que se hizo fue el tipo de silencio que solo ocurre cuando todo el mundo en un espacio grande entiende al mismo tiempo que algo extraordinario está pasando.
Al terminar, la ovación fue el veredicto del pueblo, no de ninguna organización, del pueblo. Ese momento fue el principio de todo lo que vino después. Pero la vida de Mercedes nunca fue solo la música. Fue también el abandono de Óscar Matus, que la dejó sola con un hijo pequeño y con una economía que ya era frágil y que esa partida hizo todavía más precaria.
Fue el periodo de oscuridad que siguió, donde la voz que el público reclamaba fue debilitándose por el alcohol que ella misma usaba para manejar un dolor que no sabía cómo manejar de otra manera. Fue la indicación médica que le dijo que necesitaba dejar de beber si quería seguir cantando. Y fue Poncho Matsitelli, el hombre que la acompañó durante los años siguientes y que fue parte del proceso de reconstrucción que hizo posible la etapa más grande de su carrera.
Mercedes había estado en el piso, lo había reconocido y había decidido levantarse. Esa capacidad de levantarse, que también requería la misma honestidad que pedía en sus canciones, es parte de lo que la hizo. ¿Quién fu? Las décadas que siguieron fueron de las que construyen un legado que ya no necesita justificarse ante nadie.
Las giras por Estados Unidos y Europa que demostraron que lo que Mercedes transmitía traspasaba cualquier barrera lingüística. Los discos que fueron definiendo un repertorio que se convertía en parte del patrimonio de la música latinoamericana. Las colaboraciones que rompían las fronteras de los géneros en un momento en que esas fronteras todavía eran muy rígidas.
La decisión de no volver a cantar en Chile mientras durara la dictadura que siguió al golpe de 1973. Y en Argentina la lista negra que la había puesto en el punto de mira de un régimen que entendía que las canciones podían ser tan peligrosas como las armas. El 21 de octubre de 1978 fue el punto de quiebre que la obligó a hacer lo que no quería hacer.
Estaba dando un recital en la plata cuando la policía entró. Se llevaron detenidos a los músicos, a su hijo, a personas del público. 18 horas en la comisaría. La semana siguiente intentaron retomar los shows. El riesgo era demasiado grande [música] y Mercedes Sosa, que había prometido quedarse en su país cueste lo que cueste, entendió que quedarse era poner en peligro a las personas que la rodeaban y que eso era un costo que no estaba dispuesta a que otros pagaran por ella.
El exilio llegó así, no como elección, sino como la única opción que no ponía a otros en peligro. Francia, la casa donde se reunían los músicos argentinos que también habían tenido que irse. El éxito europeo que siguió siendo real mientras la nostalgia por el país que amaba se hacía más pesada con cada mes que pasaba. Fueron años difíciles.
La pérdida de Maitelli, que murió durante ese periodo, añadió un peso adicional a una etapa que ya era de las más duras de su vida. Pero Mercedes cantó. siguió [música] cantando como si la voz fuera el hilo que la mantenía conectada con todo lo que era. El regreso llegó en 1982. 13 presentaciones en el Teatro Opera de Buenos Aires, una propuesta que para el contexto de la época era casi impensable.
Argentina seguía bajo el control del gobierno de facto. Los discos de Mercedes seguían prohibidos y sin embargo las salas se llenaron. El repertorio de esos shows dijo todo sobre quién era Mercedes Sosa y sobre lo que entendía que debía ser la música en ese momento. Canciones de artistas de rock que el folklore tradicional habría ignorado.
Canciones de compositores cubanos que el régimen había censurado. Canciones de María Elena Walsch, cuya letra en ese contexto tenía un peso que hacía imposible no sentirlo. No era solo un concierto, era una declaración. Era el inicio del fin de algo [música] que había durado demasiado. Las personas que estuvieron ahí decían después que se respiraba algo diferente, que la vuelta de Mercedes al escenario argentino sentía como que el aire del país estaba cambiando.
Y tenían razón, los años que siguieron a la recuperación de la democracia fueron los de la consagración definitiva. No porque antes no hubiera sido consagrada, sino porque ahora podía hacerlo sin miedo, sin la amenaza permanente de la censura o de la detención. Mercedes siguió expandiendo el tipo de colaboraciones que habían definido su carrera.
Artistas de rock, de pop, de géneros que el folklore más conservador nunca hubiera tocado. Su apertura era genuina y el público de esos artistas la descubrió y la adoptó con la misma intensidad con que la había adoptado el público que la había seguido desde Cosquín. El mundo también siguió respondiendo. La voz de Latinoamérica, que era el apodo que el continente le había dado, no era metáfora, era descripción, era lo que ocurría cada vez que cantaba.
El 4 de octubre de 2009, Mercedes Sosa murió en Buenos Aires. Las complicaciones de salud que la habían afectado en sus últimos años habían ido cediendo terreno de maneras que los tratamientos podían [música] frenar, pero no revertir completamente. Argentina lo vivió de una manera que dice algo sobre lo que ella significaba. No solo el duelo de los fanáticos, sino el tipo de duelo colectivo que ocurre cuando alguien que pertenecía a todos, que había sido parte de la historia compartida de generaciones, [música] deja un silencio que tiene una forma
específica porque solo esa persona podía llenarlo. ¿Qué queda de Mercedes Sosa? La respuesta más honesta es que queda lo más importante, queda la voz, que fue registrada de maneras que permiten que las personas que nunca pudieron verla en vivo [música] la escuchen de todas formas y entiendan de inmediato por qué el mundo entero la llamó la voz de Latinoamérica.
No porque fuera la más técnicamente perfecta de su generación, sino porque tenía algo que la técnica no puede enseñar. La capacidad de hacer que cada canción que cantaba sonara como si hubiera sido escrita específicamente para el momento en que la estaba cantando. Queda la manera en que trató la música.
Con esa apertura que eligió los repertorios no según los géneros, sino según la verdad que contenían, que hizo posible que artistas de mundos completamente distintos se reconocieran en su trabajo. Y queda el ejemplo de alguien que fue detenida, exiliada, prohibida y que cuando pudo volver volvió cantando las canciones que habían sido censuradas, como diciéndole al mundo que hay cosas que ni el silencio más impuesto puede borrar del todo.
Pasa el tiempo y la voz de Mercedes Sosa sigue siendo lo que fue. La voz de la mujer que ganó un concurso de radio con un nombre que no era el suyo, que eligió al compositor pobre porque sus canciones eran más hermosas que cualquier seguridad económica, que fue detenida en pleno concierto y no cantó menos después de eso, sino más.
que en un teatro de Buenos Aires en 1982 cantó canciones prohibidas frente a miles de personas que sabían exactamente lo que estaban presenciando. La voz de Latinoamérica, no como título, como descripción de algo que fue real durante 74 años y que sigue siendo real en cada canción suya que alguien escucha hoy por primera vez y entiende sin que nadie se lo explique, que está ante algo que importa. Yeah.