La Triste Historia de Voces del Rancho | Todo lo que no Sabías
Camar pelo, tú quieres camaron pelo, te doy camarón pelo, prefieres concito. Buenos cazadores con experiencia al peligro. Voces de rancho de los Ángeles al corazón del corrido. Hay historias que empiezan con una gran oportunidad y otras que empiezan entre dudas, intentos fallidos y golpes que casi mandan todo por un tubo antes de despegar.
Voces del rancho. Nació de dos muchachos criados en California, pero con el corazón bien amarrado a México. Y fíjense, amigos, lo curioso es que su camino no fue derechito ni mucho menos. Hubo atentados, pausas largas, canciones que aparecieron casi de rebote, críticas por no ser suficientemente mexicanos para unos y por ser demasiado mexicanos para otros. de mi se burlaba.
Pero miren cómo es la cosa, porque también hubo algo todavía más raro en este negocio. 30 años juntos sin separaciones escandalosas, sin demandas públicas y sin terminar echándose tierra como pasa con tantos duetos. Eso sí, es bastante inusual en el regional mexicano. Es que vean amigos, cuando dos caminos se juntan y no se sueltan, por algo será.
[canto] Bienvenidos, mi raza a las intrigas de Herverín. Pónganse cómodos, dejen su like, suscríbanse al canal y activen la campanita porque hoy vamos a destapar la historia de un dueto que salió de Los Ángeles, California, y se metió hasta el fondo en el regional mexicano y terminó abriendo una puerta por donde después pasaron muchos.
Ahora sí, vámonos a lo que nos truje Chencha, el dueto que nació después de dos tropiezos. Antes de que Voces del Rancho sonaran en la radio, antes del corrido pesado y antes de que la gente reconociera estas dos voces, no más con escuchar los primeros segundos, Edgar Rodríguez y Mariano Fernández eran dos jóvenes creciendo en Bell, California, una ciudad del condado de los Ángeles donde la vida mexicana se respira en las casas, en las fiestas y hasta en los carros que pasaban con la música mexicana a todo volumen.
Este de primera generación y mis jefes, pues mis jefes siempre hablaron, hablaron este pues puro español, ¿no? en inglés y igual Edgar venía de una familia con raíces en Guadalajara, Jalisco, mientras que Mariano cargaba sangre sinaluense y zacatecana. Aunque crecieron en California, en sus casas el ambiente era otro, ahí se hablaba español.
No faltaban los tacos de fin de semana, las reuniones familiares y la radio sonando con música norteña desde temprano. Afuera estaban en Estados Unidos, por dentro seguían viviendo muy a la mexicana. Lo curioso aquí es que ninguno arrancó pensando en formar un dueto. Cada quien traía su propia película. Edgar ya tenía camino recorrido como músico.
Tocaba teclados en grupos que interpretaban canciones de los Bookis, los Flammers y otras agrupaciones que estaban pegando en aquellos años. Esa fue su escuela. No hubo conservatorio elegante ni maestro con saco y corbata. Hubo fines de semana, escenarios pequeños y canciones aprendidas a fuerza de oído. Después también le entró a la fiebre de la banda cuando banda machos y otros grupos comenzaron a sonar con todo.
Cada fin de semana iba, no llegaba este y este me daba mismolitas y tocaba los teclados y antes de convertirse en voces de rancho, Edgar y Mariano ya andaban haciendo sus primeros intentos como solistas. Cada quien traía su propio nombre artístico. Mariano se presentaba como el errante de Sinaloa, mientras que Edgar buscaba abrirse camino como el compa amable.
Los dos grabaron un disco por separado en un estudio pequeño. No era una gran compañía ni un estudio de esos donde hasta el café parece caro. Era un lugar modesto, pero suficiente para que ambos empezaran a probar suerte y a escuchar cómo sonaban sus propias canciones. Cada uno salió de ahí con su disco bajo el brazo y con la ilusión bien puesta.
Mariano por un lado, Edgar por otro y los dos pensando que la fama les iba a tocar la puerta por separado. Vamos a grabar como solista, ¿no? Mariano el errante de Sinaloa y el compa amable. Empezamos como solitas. Fue entonces cuando apareció un amigo de ellos llamado Rafa Ponce, a quien todos conocían como el afamado.
Él escuchó aquellos materiales y fue quien los encaminó para buscar una oportunidad con don Pedro Rivera. Ya saben, el papá de Jenny Rivera y Lupillo Rivera, este hombre que para aquel entonces vendía sus discos en un suamit que es un tianguis en Estados Unidos, y de ahí sacó a varios artistas, incluyendo, por ejemplo, al gran Chalino Sánchez.
Así terminaron llegando a Cintas Acuario, una disquera que en aquellos años ya tenía fama de apoyar a la raza que apenas venía gateando en la música. Si traías talento, ganas y no te rajabas a la primera, ahí podía aparecer una oportunidad. Pero ojo, porque Edgar y Mariano no llegaron como dueto. Cada quien llegó por su propio disco, su propio nombre y su propia película en la cabeza.
un amigo de nosotros que se llama Rafa Ponce el afamado, él dijo, “No, pues ya vino con Pedo Rivera.” Dice, “Él devolaba lo firma.” Entonces fue Mariano primero. Los dos iban por la misma carretera, nada más que cada quien, manejando su propia carreta. Como decía mi compadre, uno hace planes por su lado, pero el destino luego junta las mesas sin pedir permiso.
Y justo ahí, cuando los dos todavía querían brillar por separado, empezó a aparecer la combinación que terminaría cambiándoles la vida. Esos primeros discos no hicieron el ruido que esperaban. No fue que estuvieran mal, simplemente todavía faltaba algo. Una pieza que ninguno de los dos había visto porque cada quien estaba demasiado ocupado tratando de brillar solo.
El giro llegó casi de rebote. En el segundo disco de Mariano, Edgar entró a hacer segunda voz en un par de canciones. No cantó todo el tema ni llegó como invitado estelar. No más metió algunas partes un estribillo aquí, una armonía allá. algo pequeño que en teoría no iba a cambiar gran cosa, pero cuando escucharon la grabación ahí sí se quedaron pensando.
Dijeron, “Oye, como que suena bien que los dos cantemos, ¿no?” Pero nos gustó cómo se escuchó. Entonces, cuando ya cuando cuando miramos, eh, pues hay que grabar un disco adentro, hay que hacer la pedra. Las voces se acomodaban como si llevaran años trabajando juntos. Mariano tenía una forma de cantar y Edgar entraba por debajo completando el sonido.
Uno no estorbaba al otro, al contrario, se levantaban entre los dos. Era como cuando armas una carne asada y de repente alguien llega con la salsa que faltaba y ahí sí que se arma la machaca. Todo estaba bien, todo estaba perfecto, pero eso ya agarró otro sabor, como quien dice la salsa que le hacía falta a este taco.
Ahí entendieron que tal vez el problema no era que no tuvieran talento, el problema era que estaban tratando de llegar solos a un lugar donde funcionaban mejor juntos. Cuando terminaron los compromisos de los discos que habían grabado por separado, regresaron con Pedro Rivera y le propusieron hacer un material completo como dueto.
El mandamás de la dinastía Rivera no le cerró la puerta, pero tampoco les regaló el camino. Les dijo que juntaran unas 15 canciones y que entonces entraran al estudio. Y ahí fue cuando tuvieron que ponerse las pilas de verdad. Ahí estaré. Se pusieron a reunir canciones, a probar tonos y a encontrar esa forma de cantar que los hiciera sonar distintos a los demás.
Porque una cosa era llevarse bien en el estudio y otra muy diferente lograr que desde la primera estrofa la gente supiera que estaban escuchando a voces del rancho. Poco a poco fueron amando el estilo, acomodando las voces y dándole forma al proyecto. Ya tenían material, tenían el respaldo y tenían el estudio listo. Entonces vino otro detalle, ¿cómo se iba a llamar aquel dueto? Edgar y Mariano no estaban muy convencidos de la idea que traía don Pedro, pero él les paró el carro rapidito.
Prácticamente les dijo que él era quien estaba apagando las grabaciones y que el grupo se iba a llamar como a él se le ocurriera. Pues ni modo, ahí sí había mucho espacio para ponerse respondones. Pues van a pensar que son unos pinches viejitos las voces de rancho. Sí. Y dice, “Pedro, ¿sabes qué?” dice, “Yo pago las grabaciones.” Así fue como nació el nombre de Voces del rancho.
Al principio puede que no los terminara de convencer, pero con los años ese nombre acabó pesando más que muchos otros dentro del regional mexicano, porque como dice el dicho, el que paga los mariachis escoge las canciones. Con el nombre listo, Edgar y Mariano estaban listos para grabar su primer disco. Atrás quedaron los intentos por separado y empezó una historia nueva.
Ahora sí, con los dos jalando por el mismo lado, que por no venirse de robaron. Pero ojo, porque cuando parecía que todo estaba agarrando forma, la vida les aventó una bronca de esas que no vienen con el contrato, el dueto que casi no alcanza a debutar. Todo estaba listo para que Voces del Rancho entrara al estudio y grabara su primer material.
Ya tenían canciones, nombre y una oportunidad que no podían darse lujo de desperdiciar. No más faltaba ponerse frente al micrófono y demostrar que aquella combinación de voces servía para algo más que ilusionarse, pero la vida les atravesó el pie justo cuando iban arrancando. Edgar todavía era muy joven, de carácter atravesado, le gustaba el pleito, no se dejaba de cualquiera y cargaba un arma en la cintura como si todos los días saliera preparado para protagonizar su propio corrido.
No era precisamente un muchacho que regresara temprano a casa para ponerse la pijama y tomar leche caliente. No, al contrario, a este, como les dije, le gustaba el pleito, era peleonero, era y la y pues me metí una bronca ahí con con una gente y y una tarde se armó un alboroto con varias personas.
Las palabras subieron de tono. Alguien quiso arreglar el asunto a golpes y aquello terminó más revuelto que puesto de tacos a la hora de salida. Edgar también estaba dispuesto a responder, pero entre tanta gente, alguien sacó un arma y sonaron los disparos. Tres de ellos alcanzaron a Edgar.
El joven que estaba a punto de grabar su primer disco terminó tirado, herido y camino al hospital. En un momento pasó de pensar en canciones a preguntarse si iba a salir vivo de aquel ataque. Y mientras estaba entre médicos y vendas, el proyecto de voces de rancho quedó colgado de un hilo. Desde allí aprendió la lección de no andar de buscapleitos, este que me dar unos balazos, me pegaron unos balazos ahí enfente de mi casa.
Cualquiera habría pensado que la grabación se iba a cancelar, pero primero tocaba recuperarse, quedarse quieto y dejar el micrófono para cuando el cuerpo ya no pareciera coladera recién parchada. Pues no. Una semana después de salir del hospital, Edgar ya estaba en el estudio con Mariano. Todavía no podía mantenerse de pie durante toda la grabación, así que se sentó frente al micrófono con las heridas cubiertas, las vendas puestas y el dolor recordándole a cada rato que seguía vivo de puro milagro. Ahí estaba
cantando sentado mientras el cuerpo todavía no se recuperaba y los demás trataban de sacar adelante el disco. No hubo descanso, ni retiro espiritual, ni tiempo para ponerse a pensar en las malas decisiones de la juventud. Había una oportunidad enfrente y él no estaba y él no pensaba dejarla pasar, aunque tuviera que grabar apretando los dientes.
Como dice mi vecina, cuando el destino abre la puerta uno entra aunque venga rengueando. Que por no venirse deis robaron. Y aún con todo en contra, la grabación salió adelante. No fue cómoda, no fue sencilla y seguramente tampoco fue una de esas sesiones para guardar en un álbum de recuerdos, pero quedó hecha. Edgar cantó como pudo.
Mariano sostuvo su parte y entre dolor, vendas y pura terquedad terminaron sacando adelante el material. El proyecto, que por unos días pareció condenado a quedarse en pausa, logró sobrevivir antes siquiera de presentarse ante la gente. Y aquí la pregunta es, ¿crees que Edgar actuó con valentía al grabar todavía herido o se arriesgó de más por no perder esa oportunidad? Y el dueto era, como decía la india María, ni de aquí ni de allá.
Sobrevivir a los disparos y terminar aquella grabación no significaba que el camino ya estuviera libre. Edgar y Mariano apenas habían salido de un problema cuando ya los estaba esperando otro. Este no mandaba al hospital, pero sí podía echarles abajo la carrera antes de siquiera despegar. Los dos habían nacido y crecido en Los Ángeles.
Iban a la escuela en inglés, convivían con amigos americanos y hacían la vida de cualquier muchacho californiano. Pero no más cruzaban la puerta de su casa, el ambiente cambiaba completito. Ahí se hablaba español. La comida olía México, las reuniones familiares parecían fiestas de rancho y la radio casi siempre traía música norteña.
Era como vivir con un pie en California y el otro en México. Como decía mi comadre, uno puede cambiar de techo, pero las raíces no caben en una maleta en verde. No sabíamos qué rollo, ¿no? Y luego no sabíamos si podíamos hablar inglés en en con la gente. El detalle fue que en aquellos años no cualquiera presumía esa parte de su identidad.
Habían jóvenes que escondían los cassetes de música mexicana como si trajeran contrabando. Afuera escuchaban lo que estaba de moda para no llamar atención y llegando a la casa volvían a poner los corridos sin que nadie los viera. Ahí fue donde Edgar y Mariano se encontraron y se oían los Tigres de Norte, todo lo que [risas] audífonos y dice este vato que escucha música porque yo también los dos cargaban su Wman con la misma música mientras otros traían rock, pop o rap, ellos andaban oyendo corridos.
fue como encontrarse a otro paisano perdido en medio del desierto. Ahí entendieron que no eran los únicos que vivían entre dos mundos. Pero cuando Voces del rancho empezó a sonar, también empezaban las miradas incómodas. Había gente que los escuchaba hablar inglés perfectamente y luego luego empezaban a dudar.
Decían que no eran mexicanos de verdad, que cómo iban a cantar corrido si habían crecido en Los Ángeles. Como si para subirse a un escenario con acordeón, primero tuvieras que sacar el acta de nacimiento y pasar el examen. Y del otro lado tampoco faltaban los que los veían demasiado mexicanos. Pues, ¿qué les digo, amigos,? Quedaron atorados justo en medio.
Para unos eran demasiado americanos y para otros demasiado mexicanos, como quien trae dos llaves en la bolsa. Y aún así ninguno les quiere abrir la puerta. decir, “No, pues estos no no son de de veras, no son de de veras, pero nuestra música siempre ha sido de de veras, ¿no? Todo lo que hasta para algo tan sencillo como saludar al público se volvió dilema.
Si hablaban en inglés, de inmediato aparecía alguien diciendo que ya se les había olvidado el español. Si hablaban español, otros pensaban que no más estaban actuando para verse más mexicanos. Parecía que en cada presentación les llovían las críticas, pero ellos nunca intentaron inventarse una historia.
Jamás dijeron que habían crecido arriando vacas o levantándose con el canto del gallo. Cantaban las historias que conocían y cantaban la música con la que habían crecido en sus casas. Al final ocurrió algo que muy pocos esperaban. Eso que muchos criticaban terminó convirtiéndose en su mayor fortaleza porque miles de jóvenes mexicoamericanos vivían exactamente lo mismo.
Hablaban inglés en escuela, español con sus padres y crecían sintiendo que no terminaban de encajar en ninguno de los dos lados. Como decía mi jefa, el nopal, aunque nazca en otro terreno, sigue siendo nopal. que cantamos este son cosas que de repente vivimos o que hemos mirado o o así sin proponérselo.
Voces de rancho terminó dándole voz a toda una generación que también vivía con un pie en Estados Unidos y el otro en México. Y aquí la pregunta es, ¿crees que esas críticas hicieron más fuerte a Voz del rancho o muchos nunca entendieron que pueden amar a dos países al mismo tiempo? Ahora hablemos del corrido que lo sacó del anonimato.
Después de grabar aquel material entre heridas, vendas y más incomodidad que pasajero en asiento en medio de dos, faltaba lo más difícil, conseguir que alguien escuchara a voces del rancho y que el disco no terminara empolvado en una caja. La canción que comenzó a jalar miradas fue Se les peló Baltazar, un corrido que ya tenía historia antes de que ellos lo cantaran.
pero que en sus voces agarraron un aire distinto, más joven, más callejero y muy conectado con la raza mexicana que vivía en California. La letra contaba la persecución de Baltazar, un hombre al que buscaban para llevarlo al presidio, pero que logra escapar de quienes iban tras él. De ahí venía aquello de que se les peló Baltazar.
El corrido no nació con voces de rancho, era compuesto por Juan Villarreal y ya había sido interpretado precisamente por los cachorros de Juan Villarreal. Con el tiempo también pasó por voces conocidas como Lupillo Rivera, Luis y Julián y Miguel y Miguel, pero cuando Voces del Rancho lo grabó, le metió un sonido más joven y más pegado al ambiente mexicoamericano de California.
No inventaron la historia, pero sí ayudaron a que una nueva generación la hiciera suya. El tema empezó a sonar en la radio en Los Ángeles y la reacción no tardó en llegar. La gente lo escuchaba, lo pedía y luego lo llevaba en el carro con el volumen como para que se enterara hasta el vecino que ni corrido se escuchaba. Se fue con rumbo a la sierra en su bailador.
En esos años no había redes sociales ni muchachos bailando 15 segundos para empujar una canción. La promoción se hacía en la calle de boca en boca. y pasando el disco de mano en mano. Si un tema sonaba en los carros que recorrían Pacific Boulevard, era señal de que ya estaba caminando entre la gente.
Buenos cazadores con experiencia al peligro. Se les peló. Baltazar fue subiendo hasta colocar a voces del rancho entre los nombres más fuertes de la radio latina en Los Ángeles. Después se sumó el disco Los Dos Amigos, otro corrido que confirmó que aquello no había sido un golpe de suerte ni una casualidad con sombrero.
Las dos canciones aparecen entre los primeros temas con los que el dueto escaló popularidad y comenzó a llamar la atención de fuera de Los Ángeles. Y pues, ¿qué les digo, amigos? Una canción puede abrir la puerta, pero mantenerte adentro ya es otro cuento. Voces de rancho siguió grabando y encontró una forma de cantar que la gente reconocía rápido.
Mariano llevaba la voz principal y Edgar entraba en esa segunda que le daba cuerpo al sonido. No traían una producción llena de maromas, ni querían disfrazarse de algo que no eran. Eran dos jóvenes criados en Los Ángeles cantando corridos como los habían escuchado desde chamacos. Durante aquellos primeros años llegaron rolas como Lamberto Quintero y Corrido de la Pacific entre otros.
Luego aparecieron canciones como El Lunar, donde están El en una botella, El albañil y Camarón Pelado. Temas con los que fueron demostrando que podían moverse entrecorridos. Canciones románticas y piezas más ligeras sin perder su sello. Camarón pelo, ¿tú quieres? Camarón pelo te doy. Camarón pelo prefieres.
Los dos Amigos fue publicado como álbum en el año 1999, mientras que otros proyectos como Dominando y edición limitada llegaron durante la siguiente etapa de su carrera. Para entonces ya no eran los muchachos que andaban enseñando un disco con la esperanza de que alguien les hiciera caso.
El nombre estaba colocado, las estaciones los programaban y el público ya sabía qué esperar cuando escuchaban aquellas dos voces entrando juntas. La música incluso comenzó a cruzar el sentido contrario. Ellos habían crecido en Estados Unidos escuchando canciones mexicanas, pero ahora sus propios corridos salían de California y comenzaban a escucharse en México.
Era como mandar el recado de vuelta a casa, no más que acompañados de acordeón y bajo sexto. Este movimiento ayudó a provocar un nuevo empuje del corrido hecho desde Estados Unidos. Voces del rancho pasó de ser un dueto local a formar parte de una generación que demostró que el regional mexicano también podía nacer en las calles de Los Ángeles, pegar en la radio y después brincar la frontera.
La carrera de ellos siguió avanzando con el disco Más fuerte que nunca, Dominando y edición limitada. También llegaron recopilaciones y materiales donde reunieron corridos pesados. canciones de parranda y varios de los temas que ya habían convertido en favoritos del público.
Su popularidad después de cintas Acuario les permitió trabajar con compañías más grandes y ampliar el alcance de su música. Pero voces del rancho tampoco se quedó viviendo eternamente de la fama que les dio el corrido. Se les peló Baltazar. Con los años aparecieron materiales como corridos para la raza acelerada, 16 voces y en volumen alto.
Más adelante retomaron canciones con arreglos de banda, acordeón y formatos en vivo. Porque si algo aprendieron fue que el público cambia, pero también se dan cuenta cuando un grupo lleva 20 años sirviendo el mismo plato recalentado. canto, yo les dedico los que en la parranda y la neta mantenerse tantos años no se logra no más poniéndose el sombrero y esperando que la nostalgia haga todo el trabajo.
En el año 2018 regresaron con canciones como Con dinero me gustas tú y una buena desvelada. Ese regreso tenía algo particular. Había pasado varios años buscando un sonido que no pareciera copia de lo que ya habían hecho. Preferían esperar antes que grabar por grabar y terminar compitiendo contra sus propios discos viejos.
Después vinieron proyectos como Contoloche, Puras para pistear, Puño de Tierra y Jefe de Zonas. Y en 2023 aparecieron el parrandero Quiera Dios y somos sinaluenses. Este último con 14 canciones y una mezcla de banda con acordeón. Aquí incluyeron temas como frontera burlada, la clave del con la mafia no se puede y fieras peligrosas.
Me marcan al celular, esa es la clave del En 2024 publicaron el piloto artista, un disco de seis canciones que incluyó El gato y el ratón. No fue un día, no fue de un día ni de tres. Te doy las gracias. Y los tres narcos. El material saltó nuevamente bajo cintas Acuario, la misma casa donde habían comenzado buena parte de aquella aventura.
Miren nomás las vueltas que da la vida. Tantos años caminando para terminar visitando otra vez el mismo rancho. Era un transporte de lujo que iba con rumbo a Y la historia no se quedó estacionada en el año 2024. Durante 2025 siguieron publicando música, entre ella la carta y en vivo andamos borrachos todos.
También aparecieron colaboraciones, grabaciones en vivo y canciones nuevas que mostraban que el dueto todavía tenía material guardado. En el año 2026 continúan llegando lanzamientos como el lunar y me gusta tener de a dos. Y aquí la pregunta es, ¿consideras que Voces del Rancho habría construido una carrera tan larga sin el empujón que les dio el corrido de Se peló Baltazar? Vean amigos, ellos también empezaron a tocar cumbia y eso empezó de mero cotorreo.
Después de corridos bravos y las canciones que ya estaban dando nombre, Voces de Rancho se topó con un detalle. Sentían que a uno de sus discos les faltaba algo más alegre, algo que aflojara el cuerpo y sacara a la gente del modo serio. Y allí apareció la Micaela. Corazón se me para como La canción no nació como una gran estrategia ni porque algún ejecutivo llegara con gráficas diciendo que hacía falta conquistar el mercado de la cumbia.
Nació porque al disco le faltaba una ruola movida y ellos decidieron aventarse una, pero no la grabaron luego luego. Primero la empezaron a tocar en vivo casi jugando con la gente. La cantaban, le movían partes, metían ocurrencias y miraban cómo reaccionaba el público. Si la raza se prendía, seguían. Si la raza se enfriaba, pues a rascarle por otro lado.
Así se la llevaron durante cerca de un año a tocar en vivo primero. Duramos como un año tocándolo en vivo. [resoplido] Estamos en est un día, ¿no? Pues que sacar una cumbia. A ver cuál no. Imagínense la canción, todavía ni estaba bien sentada y ya andaba de baile en baile agarrando callo. Mientras otros temas nacen encerrados en un estudio, la Micaela fue creciendo frente a la gente, frente a gritos, risas y uno que otro que ya la bailaba como si llevara 10 años en la radio.
La neta, aquello parecía más una travesura musical que un futuro éxito y justo por eso fue que funcionó. lo llevó a incluso esa canción los llevó a presentarse en Sado Gigante y otros programas de televisión. Voces del rancho no brincó de golpe de corrido a la cumbia como quien cambia de sombrero a media canción.
Primero tanteó el terreno, midió el ánimo del público y dejó que la rora se fuera cocinando a fuego lento. Porque vean, amigos, antes de servir el mole, hay que probar si no quedó muy bravo. Cuando por fin la grabaron, la Micaela ya venía correteada, calada y con el visto bueno de la gente. No llegó al disco como experimento recién salido del horno.
llegó con kilómetros de baile encima que, o sea, fue una una forma de no simplemente brincar a la cumbia, sino como como ahora sí como que el resultado fue uno de los el resultado fue uno de sus temas más recordados y una prueba de que voces del rancho podía salirse del corrido sin perder su estilo, porque una cosa era cantar historias de persecuciones y hombres pesados y otra muy distinta poner a la gente a bailar sin que pareciera que se habían equivocado de grupo.
No sé lo que me pasa cuando la caminar, el corazón se me para. Y aquí la pregunta es, ¿qué opinas de la Micaela? ¿Creen que pegó por ser una buena cumbia o porque la gente ayudó a construirla desde los bailes? 6 años coqueteando con el olvido. Hubo una etapa en la que Voces de Rancho tomó una decisión bastante arriesgada.
Mientras otros artistas sacaban canciones como quien reparte volantes en esquina, Edgar y Mariano pisaron el freno y dejaron de publicar material nuevo durante casi 6 años. Y claro, cuando un grupo guarda silencio tanto tiempo, el chisme empieza a trabajar horas extras, que si ya se habían peleado, que si cada quien agarró su camino, que si se les acabó las canciones. Ya saben cómo es esto.
El artista se tarda tantito y la gente ya le anda organizando hasta la despedida. 6 años sin sacar nada es porque lo que grabamos se escuchaba como lo que ya habíamos hecho, ¿no? Pero la razón era otra. Cada vez que se metían el estudio y escuchaban lo que estaban preparando, sentían que aquello se parecía demasiado a lo que ya habían grabado.
Le cambiaban un arreglo, movían la segunda voz, le daban otra entrada al acordeón, pero al final el resultado les había al mismo guiso servido en plato diferente. La salida fácil estaba enfrente. Podían sacar otro disco con portada nueva, acomodarle un par de canciones distintas y confiar en que la gente no preguntara mucho. Total, en la música también hay quienes llevan años calentando la misma olla y todavía le alcanza a sacar otro plato.
Pero Edgar y Mariano prefirieron no hacerlo. Decidieron esperar hasta encontrar algo que de verdad sonara fresco. Como decía mi compadre, por más cilantro que le pongas, el caldo recalentado sigue siendo el mismo caldo. Eso sí, dejar de lanzar música no significó que voces del rancho desapareciera. Durante aquellos años siguieron presentándose casi cada fin de semana.
Los bailes continuaban, las contrataciones seguían llegando y el público todavía pedía, se les peló Baltazar. Los dos amigos, la Micaela y las canciones que ya se habían vuelto obligatorias en sus presentaciones. Y mientras algunos pensaban que el dueto estaba guardado en una bodega junto con los discos viejos, Edgar y Mariano seguían recorriendo escenarios.
El silencio estaba en las novedades, no en el trabajo. Eso, eso, eso. Después de aquella larga pausa en el año 2018, comenzaron a romper el silencio con nueva música con las que intentaron mostrar una etapa distinta, sin confiarse a ellos mismos ni vivir solamente de la nostalgia. Parecía que por fin volvían a agarrar velocidad.
dear con mis amigos de los domingos escuchar la banda en vivo. No más que cuando la troca empezaba a responder, llegó 2020 y el mundo entero jaló el freno de mano. La pandemia cerró salones, canceló bailes y apagó escenarios. Y ahí sí el golpe cayó exactamente donde voces de rancho nunca se había detenido.
Las presentaciones en vivo. Fue como pasarte años arreglando el motor, sacar la troca bien afinada y encontrarte la carretera cerrada con tres candados. La primera pausa había sido decisión de ellos. Querían cuidar la calidad y evitar repetirse. La segunda ya no dependió de canciones, producciones ni falta de ganas. Simplemente no había donde tocar y medio mundo estaba encerrado contando los azulejos de la cocina.
Aún con ese nuevo freno, Voces de Rancho volvió a hacer lo que llevaba décadas haciendo. Aguantar, acomodarse y esperar el momento para regresar sin andar aventando la toalla por la primera sacudida. Pero 6 años fuera de las novedades no pasan de gratis. Mientras ellos buscaban un sonido distinto, nuevas agrupaciones aparecieron.
Las redes cambiaron la forma de escuchar música y el público comenzó a consumir canciones a una velocidad que antes parecía imposible. Y pues tenemos un montón de canciones ahí que hemos estado almacenando durante los años. Y así es, amigos. Entre corridos, giras y una amistad que no se quebró después de tantos años de carretera.
Voces del rancho aprendió que en este negocio no todo se trata de pegar una canción. También hay que saber escoger por dónde camina la cosa, con quién juntarse y hasta dónde vale la pena arriesgar el pellejo. Por seguridad, Edgar y Mariano prefirieron concentrar buena parte de sus giras en Estados Unidos.
No porque hubieran recibido amenazas directas, porque ellos mismos aseguraron que eso nunca ocurrió, sino porque cantar corridos pesados es una cosa y andar buscando que la vida te los represente en vivo es otra muy distinta. Y pues la neta hicieron bien en no jugarse la vida de valiente como que fuera una película.
Más vale cantar el corrido desde el escenario que terminar convertido en uno. Y vean amigos, trabajo no les faltó. California fue apenas el arranque. Con el tiempo comenzaron a recorrer ciudades como Phoenix. Chicago, Atlanta y muchos otros lugares donde había comunidades mexicanas esperando escuchar música que les recordara la casa, la familia y aquellos bailes donde uno terminaba sudando hasta el sombrero.
Y ahí también descubrieron que la raza estaba regada por todo Estados Unidos. Noás llegaban con el acordeón, soltaban los primeros acordes y salían paisanos hasta debajo de las piedras. Pero quizá lo más curioso de todo esto no está en una canción, un premio ni una gira, está en ellos dos.
Edgar y Mariano aseguran que nunca se han peleado, algo que ya parece un fenómeno paranormal después de más de 30 años de conocerse. Han pasado juntos aeropuertos, estudios, hoteles, carreteras, escenarios y esas madrugadas donde cualquiera termina de malas pulgas hasta con la almohada y aún así siguieron juntos.
A fecha nunca nos hemos peleado, o sea, le hemos llevado una pada de como hermanos de toda madre y eso no quiere decir que siempre piensan igual. Edgar es más inquieto de esos que se levantan pensando qué proyecto nuevo inventar. María no parece más calmado. Como quién primero mira si hay gasolina antes de querer manejar hasta Chicago.
Uno pisa el acelerador, el otro procura que la troca no termine en cuneta. Esa diferencia, en vez de separarlos, terminó dándoles equilibrio, porque mientras muchas agrupaciones acabaron como perros y gatos con demandas y entrevistas donde cada quien contaba una versión distinta, voces de rancho mantuvo la amistad por encima del negocio.
Incluso cuando el público quiso inventarle rivalidades, como aquella supuesta competencia con los dos grandes, ellos dejaron claro que nunca hubo pleito. La gente veía dos duetos sonando fuerte y luego luego querían ponerlos frente a frente como si todo escenario necesitara guerra. Eh, la gente como dier el borlote, pero pero no, la neta todo bien.
La este mis respetos para También aprendieron a ser muy selectivos con la música. Podían grabar 30 canciones y terminar publicando apenas la mitad. Si una rola no les quedaba o no les movía algo, por dentro se quedaba guardada. Porque por más famoso que fuera el compositor, si ellos no sentían la canción, difícilmente iban a convencer al público.
Como decía mi tía, el que sirve sin probar luego anda preguntando por qué nadie repitió. Así fueron construyendo una carrera a su manera, sin correr detrás de cada moda, sin meterse en pleitos ajenos y sin soltar una amistad que comenzó mucho antes de que existiera Voces del Rancho. Al final, quizá ese sea uno de sus mayores logros, no solo durar en la música, sino durar juntos.
No te pongas amarillo. Y hasta aquí llegamos, amigos, con la historia de voces de rancho. Ahora cuéntenme en los comentarios cuál canción les trae más recuerdos, cuál fue la primera que escucharon y si ustedes también creen que este dueto merece más reconocimiento del que ha recibido. Suscríbanse a las Intrigas de Herberí, activen la campanita y compartan este video con ese compadre que todavía pone los corridos a todo volumen.
Y nos vemos en una próxima ocasión.