Le Dio 25 Años de su Vida. Él la Dejó Igual que a la Otra… Y Ella Acabó PRESA

Le Dio 25 Años de su Vida. Él la Dejó Igual que a la Otra… Y Ella Acabó PRESA

25 años. Ese es el tiempo que esta mujer estuvo al lado del hombre más poderoso de México y lo que le hicieron al final tiene un nombre y ese nombre es asqueroso. Lunes 25 de abril de 2011, Ciudad de México, colonia doctores. Son casi las 10 de la mañana y hace ese calor sucio que se levanta del asfalto antes del mediodía.

Una mujer de 60 años baja de un coche frente al Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal. Viene de París, tomó un avión para estar aquí. Viene a una audiencia de su propio juicio, uno que ella misma inició 4 años antes. No alcanza a entrar al edificio. Los agentes de la policía de investigación la rodean en plena banqueta.

Sus abogados protestan, piden ver la orden, piden una explicación. Uno de ellos, Ernesto Canales, diría después a la prensa que aquello se pareció más a un secuestro que a una detención. A esa mujer la suben a un vehículo, la sacan de la colonia Doctores y la llevan a Izapalapa, al Centro Femenil de Readaptación Social de Santa Marta a Catitla.

La cárcel de mujeres. Tú sabes de quién estoy hablando. Tú la viste en tu televisión. Se llamaba Paula Cusi, la rubia de los horóscopos. La muchacha que salía en 24 horas, el noticiero de Jacobo Zabludowski, el que se veía en todas las casas de este país a la hora de la cena. Sabludowski decía su nombre y ahí aparecía ella con esa sonrisa que parecía traída de otra parte a decirle a México qué le esperaba esa semana según su signo.

La esposa de Emilio Azcárraga Milmo, el tigre, el dueño de Televisa, el hombre que decidía qué veía este país cuando se apagaba la luz de la cocina. Y esa mujer, la que durante 25 años se sentó a la mesa del hombre más rico de América Latina, la que fue anfitriona de presidentes, la que puso su nombre y su dinero en los museos de esta ciudad, entró a Santa Marta a Catitla por la puerta de las detenidas.

Tres días después salió y la imagen que quedó de esa tarde es la más humillante que se le ha tomado a una mujer de su posición. En la historia reciente de México, Paula Cusi saliendo del penal en un Nissan rojo, agachada en el asiento de atrás, con las chamarras de las custodias encima tapándole la cara para que las cámaras no le vieran los ojos.

Las chamarras de las custodias, la ropa de las mujeres que la habían estado vigilando durante 3 días. Eso fue lo que usó para esconderse. Y ahora escucha bien, porque de aquí ya no te vas a poder ir. ¿Sabes cuál fue su delito? ¿Sabes qué fue lo que hizo esta mujer para terminar ahí? Pidió que le explicaran qué había pasado con la herencia de su marido.

Eso fue todo. Pidió cuentas. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que nunca te contaron. Primero, vas a saber quién fue Gina, una muchacha que murió en un hospital de Nueva York con 22 años en 1952 y cuyo nombre el tigre siguió pronunciando hasta el último día de su vida. Ella es la clave de todo, porque lo que le hicieron a Paula y a las otras empezó con lo que le pasó a Gina.

Segundo, vas a conocer lo que decía exactamente el testamento que Emilio Azcárraga Milmo firmó antes de morir. Un documento que partió su fortuna en seis pedazos iguales y que sentó a la esposa de 25 años en la misma silla que a la muchacha que él conoció cuando ella tenía 18. Y vas a entender por qué eso que sonaba a generosidad fue en realidad la trampa.

Tercero, vas a escuchar lo que pasó de verdad en esos tres días dentro de Santa Marta a Catitla. Lo que le pidieron que firmara y lo que ella firmó. Y cuarto, vas a saber dónde está hoy ese dinero, porque hay documentos filtrados, documentos reales revisados por periodistas de medio mundo que le pusieron nombre y apellido a lo que hicieron las dos mujeres del tigre con lo que les quedó.

Y lo que aparece ahí te va a cambiar la idea que tienes de esta historia. Te voy a avisar cuando llegue cada una, pero antes quiero que te quedes con una frase, guárdala. La vas a necesitar para entender el final. Ninguna de ellas se llamaba Gina. Para entender cómo la señora de Televisa terminó agachada en el asiento trasero de un Nissan rojo, tapada con la chamarra de una celadora, necesitas conocer la máquina que la construyó.

Porque esta historia no arranca en la colonia Doctores en 2011, arranca mucho antes. Arranca en un pasillo de Televicentro y arranca con algo que tú viste en tu propia televisión sin saber lo que estabas viendo. Piensa en tu casa en los años 70. Llegabas cansada, ponías la olla en la lumbre y prendías el aparato.

Y ahí estaba todas las noches esa voz que decía buenas noches con una seguridad que ningún político de este país tenía. Jacobo Zabludowski, 24 horas. El noticiero que le contaba a México lo que había pasado en el mundo. Y lo que había pasado en el mundo era exactamente lo que Televisa decidía contarte. En medio de ese noticiero, entre la nota internacional y el pronóstico del tiempo, aparecía la muchacha rubia, guapa, elegante, con una voz suave.

Los horóscopos, el clima. Un minuto y medio de aire nada más. Pero ese minuto y medio era otra cosa. Era una presentación en sociedad porque esa muchacha era la mujer del dueño y el dueño le había regalado un lugar en la pantalla más vista de México para que todo el país la conociera antes de conocerla. Ahora presta atención porque este es el detalle que resume la historia entera.

Esa mujer no se llamaba Paula Cusi. Su nombre real era Encarnación presa Matute. Encarnación, el nombre que le pusieron sus padres, probablemente el de su madre y antes el de su abuela. un nombre mexicano de familia, de casa. Y cuando Emilio Azcárraga Milmo decidió que iba a salir en televisión, ese nombre se descartó.

Según la reconstrucción que han hecho varios medios mexicanos, en Televisa se decidió que Encarnación presa matute no sonaba bien, que no era atractivo, que no vendía y le inventaron otro. Paula Cusi, piensa un momento en lo que eso significa. Lo primero que hizo el sistema con esa mujer fue quitarle el nombre.

Antes de darle un lugar, le quitó el nombre. Recuerda ese detalle. Recuerda que le cambiaron el nombre. Porque cuando entre a la cárcel, casi 40 años después, vas a ver con qué nombre la registraron. Antes del noticiero, Encarnación había tenido una vida propia. Estudió parte de la secundaria en Estados Unidos.

 Trabajó como modelo en España en los años 60 para casas de moda de Madrid. Volvió a México con esa manera de caminar que se aprende en las pasarelas y que ya no se olvida nunca. Hizo cine poco, pero lo hizo. Apareció en todo un horizonte para morir de 1971 en el sinvergüenza con Mauricio Garcés. En Meé de comer esa tuna año siguiente.

Una mujer con estudios, con mundo, que hablaba idiomas y que sabía de arte. Eso último importa muchísimo y en un rato vas a ver por qué. Se conocieron en los pasillos de Televisentro. Ella tenía poco más de 20 años. Él pasaba de los 40 y estaba casado. Y aquí es donde tienes que entender qué era Televisa en aquellos años, porque sin eso nada de lo que viene después se sostiene.

Televisa era el aparato que le decía a este país quién existía. Una llamada desde San Ángel levantaba una carrera. Otra llamada la enterraba y la enterraba de verdad, para siempre, sin que nadie tuviera que dar una sola explicación. Los actores firmaban contratos de exclusividad que los amarraban durante años a una sola empresa.

 Si se iban, se iban sin nada, sin trabajo y en algunos casos hasta sin el nombre artístico, porque el nombre artístico era propiedad de la casa. Eso no es una manera de hablar. Te lo estoy diciendo en serio. La empresa era dueña del nombre con el que tú conocías. a tu artista favorita. Y el hombre que estaba en el centro de esa máquina era Emilio Azcárraga Milmo.

Nació el 6 de septiembre de 1930 en San Antonio, Texas, en el Hospital Santa Rosa. Su padre era Emilio Azcárraga Vidaurreta, al que llamaban el león, el hombre que fundó la radio en México y después la televisión. Un padre que, según los biógrafos Claudia Fernández y Andrew Paxman en el libro El tigre trataba a su propio hijo peor de lo que trataba a sus empleados.

Emilio Hijo creció con eso encima, con la sombra de un padre que lo miraba y no encontraba a un heredero. Encontraba a un muchacho al que le gustaban las fiestas, los coches, las mujeres. Una decepción. con apellido ilustre. Y ese muchacho se pasó la juventud entera tratando de demostrarle a su papá que servía para algo.

Llegó a vender enciclopedias de puerta en puerta, siendo hijo del hombre más poderoso de la radio mexicana para probar que podía ganarse la vida solo. Hay hombres que se pasan la vida buscando la aprobación de alguien que nunca se la va a dar. Y cuando por fin agarran el poder, lo usan de una manera muy concreta.

Lo usan para que nadie más pueda hacerles jamás lo que les hicieron a ellos. Emilio Azcárraga Milmo se convirtió en el tigre y el tigre no perdía. Bajo su mando, Televisa se volvió el imperio de medios más grande del mundo de habla hispana. levantó el estadio Azteca, compró equipos de fútbol, metió las telenovelas mexicanas en 40 países.

Forbes lo puso en la lista de los hombres más ricos del planeta y durante años fue el más rico de América Latina, cuando Carlos Slim todavía no era Carlos Slim. Y él sabía perfectamente qué estaba haciendo y con quién lo estaba haciendo. Lo dijo con todas sus letras delante de periodistas. Fue en febrero de 1993 en las instalaciones de San Ángel durante una ceremonia para celebrar el éxito de Los ricos también lloran, la telenovela que convirtió a Verónica Castro en una estrella mundial.

El tigre andaba de buen humor, bromeaba y de pronto se puso sincero delante del periodista Alejandro Salazar Hernández del diario El Nacional. Estas fueron sus palabras textuales publicadas el 11 de febrero de 1993. México es un país de una clase modesta muy jodida, que no va a salir de jodida. Para la televisión es una obligación llevar diversión a esa gente y sacarla de su triste realidad y de su futuro difícil.

Y remató, los ricos como yo, no somos clientes, porque los ricos no compramos ni madres. Léelo otra vez en tu cabeza. Esa gente, esa eres tú. Tú que comprabas la revista, tú que veías la novela con tu madre los miércoles. Para el hombre que te la vendía, tú eras una clienta que no iba a salir de pobre y a la que había que mantener distraída.

En esa misma época dijo otra frase que se le quedó pegada para siempre. Somos soldados del PRI y del presidente. Ese era el mundo. Esa era la máquina. Un hombre que decidía lo que México veía, lo que México creía y hasta dónde podía llegar a saber. Y alrededor de él un ejército de gente que dependía de su humor para comer.

Dentro de esa máquina entró Encarnación presa matute con veintitantos años. Y la máquina hizo con ella lo que hacía con todo lo que tocaba. Le cambió el nombre, le dio pantalla, la convirtió en laita y la instaló a vivir dentro del palacio. Durante 25 años, esa mujer fue la señora de Televisa. Fue ella la que llevó a Emilio Azcárraga Milmo al arte.

 Fue ella la que lo metió en los patronatos, en los museos, en las colecciones. Fue ella la que consiguió que el hombre que hacía televisión para los jodidos se sentara a cenar con curadores y con pintores. Y hay algo que quiero que sepas de ella, porque es incómodo y porque yo no te voy a vender una santa. Paula Cusi fue una mujer difícil de querer dentro de esa familia.

Los hijos de Emilio nunca la aceptaron y hay episodios que explican por qué. Se cuenta que apareció en el funeral de Paulina una de las hijas del tigre que murió siendo adolescente con un abrigo blanco de piel al funeral de la hija adolescente de su pareja vestida de blanco. Te lo cuento porque quiero que la veas completa.

Una mujer inteligente, ambiciosa, dura, que se metió en un matrimonio que ya existía y que se quedó ahí 25 años. Nada de eso justifica lo que le hicieron después. Pero si te la pinto como una víctima perfecta, te estoy mintiendo y este canal no está aquí para mentirte. Lo que le hicieron no necesita que ella fuera buena.

Ninguna mujer merece eso. Y ahora escucha con atención, porque aquí aparece la primera mujer de esta historia, la que estaba antes que todas, la que ya llevaba 20 años muerta cuando Paula llegó y que aún así nunca se fue de esa casa. Se llamaba María Regina Shondu Almada. Le decían Gina. Hija de un alemán, Hein Shondube, y de una mujer de Sinaloa.

Nació en 1930, 8 meses antes que Emilio. Era bajita, risueña, dicen los que la trataron. Hablaba francés e inglés, muy pegada a su padre y desde muy joven tenía epilepsia. Se casaron el 15 de enero de 1952 en la casa del padre de ella en Polanco. Fue la boda del año. Estuvo el presidente de la República, Miguel Alemán Valdés.

Emilio tenía 21. Ella también. 8 meses después, Gina estaba muerta. Guarda ese nombre. Guarda esa fecha y guarda esta frase porque la próxima vez que la escuches ya vas a saber exactamente lo que significa. Ninguna de ellas se llamaba Gina. Antes de contarte lo de Gina, quiero que entiendas cómo funcionaba de verdad esa casa, porque cuando lo entiendas, todo lo demás va a encajar solo.

En Televisa había una regla que nadie escribió nunca en ningún papel y por eso mismo era imposible de romper. La regla era esta: el que da quita. Piensa en cómo se fabricaba una estrella en aquellos años. Una muchacha de provincia llegaba a la ciudad de México con una maleta y una foto.

 Si alguien de arriba la veía, si a alguien de arriba le gustaba, la metían a un casting. Del casting a un papel pequeño, del papel pequeño a una telenovela. Y de pronto esa muchacha estaba en la portada de las revistas, la reconocían en el mercado, le pedían autógrafos en la calle, pero había una condición. Ella firmaba un contrato de exclusividad.

Y ahora, escúchame bien, porque esto no te lo explicaron nunca. Ese contrato no era un acuerdo entre dos partes que negocian, era una cadena de oro. Por fuera se veía preciosa, por dentro te asfixiaba y la llave la tenía otro. Mientras estabas dentro, no podías trabajar en ningún otro lado, ni en cine, ni en teatro, ni en la competencia.

ni siquiera podías dar una entrevista sin permiso. Y si te salías o si te portabas mal o si simplemente dejabas de caerle bien a la persona equivocada, se acababa. No con un despido ni con una carta, se acababa con el silencio. Dejaban de llamarte. Eso era todo. Dejaban de llamarte y en 6 meses el público te había olvidado y en dos años eras una señora que había salido en la tele hace mucho.

¿Cuántas actrices te acuerdas tú que desaparecieron de un año para otro? Cuántas cantantes que estaban en todas partes y de pronto ya no estaban en ninguna. Nunca te preguntaste por qué. No se fueron, las apagaron. Ese era el mecanismo y ese mecanismo no se aplicaba solamente a las actrices, se aplicaba a todo el mundo que estaba cerca del centro, a los productores, a los conductores, a los músicos y se aplicaba sobre todo a las mujeres del dueño, porque en esa casa las mujeres también entraban con contrato, un contrato trato que nadie firmaba,

pero que todas conocían. Te doy nombre, te doy pantalla, te doy casa, te doy lugar en la mesa. A cambio, tú existes en la medida en la que yo te sostengo. El día que yo suelte, tú te caes. Paula Acusi vivió 25 años dentro de ese contrato y durante 25 años pareció que había ganado. Ahora sí, aquí viene lo primero que te prometí.

Pero antes de contártelo, necesito pedirte una cosa. Necesito que pienses en alguien de tu vida. Alguien que se casó enamorada, de verdad enamorada, y a quien la vida le quitó lo que amaba antes de que le diera tiempo a acostumbrarse a tenerlo. Puede ser una hermana, puede ser una vecina, puede ser tu propia madre.

Y quiero que pienses en cómo se quedó esa persona después, porque hay pérdidas que te hacen más blanda y hay pérdidas que te cierran por dentro como una puerta y ya nunca se vuelven a abrir. Lo que le pasó a Emilio Azcárraga Milmo con 22 años lo cerró por dentro y por esa puerta cerrada iban a pagar una detrás de otra todas las mujeres que vinieron después.

Vamos a 1952. Es enero, es Polanco. Es la casa de un señor alemán, Hein Shondube, que está a punto de cazar a su única hija. Hay flores por todas partes, hay servicio contratado. Hay coches parados en la calle que en ese México valían más que una casa entera. Adentro está el presidente de la República, Miguel Alemán Valdés.

Está lo más granado de la sociedad mexicana. Está Emilio Azcárraga Vidaurreta, el león, mirándolo todo con esos ojos suyos que evaluaban. Y está ella, María Regina Shonduve Almada. Gina, 21 años, vestida con algo sencillo, dicen los que la vieron, sin exageraciones, porque no lo necesitaba. Las páginas de sociedad de los periódicos de la capital llevaban semanas hablando de ella.

 Sus amigas de Las Lomas y de Polanco le habían organizado despedidas de soltera una detrás de otra. era la muchacha del momento. Se habían conocido 4 años antes, en 1948, cuando Emilio volvió a México después de estudiar en Estados Unidos. Y aquí hay un detalle que quiero que te guardes. Emilio dejó la escuela por ella. No volvió a graduarse, se quedó en México.

Piensa en lo que significa que un muchacho así, con ese padre y con ese apellido, deje todo por una mujer. Los que los vieron juntos en esos años cuentan lo mismo, que él con ella era otro. Los biógrafos Claudia Fernández y Andrew Paxman lo describen como un joven campechano de buen carácter, un muchacho simpático, alguien que se reía.

Esa persona existió. Tú nunca la conociste, porque cuando tú lo conociste ya era el tigre, pero existió. Se casaron el 15 de enero y se fueron de luna de miel a Estados Unidos y a Europa en barco. Y el padre de ella se fue con ellos. Sí, lo oíste bien. El papá se fue de luna de miel con los novios. Fernández y Paxman lo explican en el libro.

Heine Shondube era un hombre consentidor, un poco excéntrico y quiso enseñarle su continente. Pero hay otra lectura de ese viaje y es la que te va a doler. El padre iba con ellos porque estaba preocupado por la salud de su hija. Gina llevaba años con epilepsia y en aquella época eso se llevaba en silencio, como se llevaba todo.

 Se decía que era delicada, se decía que se cansaba. Nadie decía la palabra. En ese barco, cruzando el Atlántico, a Gina le empezaron los dolores de cabeza. Dolores fuertes, de esos que no se quitan con nada. Volvieron a México. Ella estaba embarazada y los médicos encontraron lo que estaban buscando. Un tumor en el cerebro.

Y ahora escucha esto porque es de esas cosas que te dejan sin aire. Su madre había muerto de lo mismo, del mismo mal. Gina había visto morir a su madre de eso siendo una niña y ahora recién casada, embarazada, con 21 años, le decían que ella tenía lo mismo. Axman escribe que la epilepsia de tantos años sugiere que era un tumor de crecimiento lento, que llevaba ahí callado mucho tiempo, que estuvo creciendo dentro de ella mientras ella iba a las fiestas, mientras la fotografiaban las revistas, mientras se probaba el vestido de novia.

Ella no sabía, nadie sabía. Cuando se casó con él, ya se estaba muriendo y no lo sabía. Los meses siguientes fueron un encierro. Gina pasó semanas confinada en su habitación, cada vez peor, cada vez más lejos. Y ese muchacho de 21 años, el hijo del hombre más poderoso de la radio en México, el que podía comprar lo que quisiera, se sentaba al lado de esa cama y no podía comprar absolutamente nada.

Llegó el momento del parto. La llevaron a un hospital de la Ciudad de México. Nació una niña prematura, muy pequeña, y murió unas horas después. su hija. La hija de Emilio Azcárraga Milmo y de Gina Shondue. Vivió unas horas y Gina no llegó a enterarse. Para cuando su hija nació, ella ya estaba prácticamente inconsciente.

No supo que había sido niña, no la vio. No la cargó. El abuelo, el león alquiló un avión privado y en ese avión, en estado crítico, se llevaron a Gina a Nueva York, como si en Nueva York hubiera algo, como si un avión pudiera correr más rápido que un tumor. Nunca recobró el conocimiento. Murió pocos días después.

8 meses de matrimonio, una hija enterrada, una esposa enterrada y un muchacho de 22 años recién cumplidos, viudo, en una habitación de hospital en una ciudad extranjera, sin nadie a quien echarle la culpa. Paxman lo escribió así y esta frase es de él, no mía. Emilio no tenía la experiencia ni los recursos para lidiar con su pena.

 Lo consumió. Quiero que te quedes con esa imagen. Un muchacho de 22 años sentado en un pasillo de hospital en Nueva York, en otoño, lejos de su casa, con todo el dinero del mundo en el bolsillo y con las manos vacías. Ninguna de ellas se llamaba Gina. Porque desde ese pasillo salió otro hombre. La revista ¿Quién lo dijo? Con una frase que se ha citado mil veces.

 Nadie volvió a saber de aquel joven campechano de buen carácter. Y PXman fue más lejos y más frío y más exacto. La muerte de Gina definió sus relaciones con las mujeres durante el resto de su vida. Nunca más practicó la monogamia. No iba a permitirse perder el control otra vez, entregándose por completo a una relación. Ahí está.

Esa es la lección que ese muchacho aprendió en Nueva York en 1952. Querer a una sola mujer te deja indefenso y estar indefenso es lo peor que te puede pasar. Entonces, ¿qué haces? Tienes muchas. No te entregas a ninguna. Las tienes a todas debajo de ti, en la nómina, en la pantalla, en la casa, en el contrato y así ninguna te puede volver a hacer eso.

Aquí es donde quiero que me escuches con mucho cuidado, porque esto es lo que nadie te dice. Todas las mujeres que vinieron después de Gina fueron, de una forma o de otra mujeres que él podía perder sin que le doliera. Y eso, aunque suene a favor, es la condena más grande que le puedes echar encima a una mujer.

Porque una mujer a la que no puedes perder, la cuidas y una mujer a la que sí puedes perder la administras. Después de Gina hubo un romance con Silvia Pinal. Ella misma lo contó décadas más tarde en su libro y en la televisión. dijo que Emilio Azcárraga Milmo fue el amor de su vida y dijo también cómo terminó.

El padre de él, el león tenía otros planes para su hijo. El heredero debía casarse con una mujer de sociedad europea, de buena familia. Se casó con Pamela de Surmont, francesa, el 26 de marzo de 1959 en París, en la iglesia de San Honoré de Ilau. Un matrimonio arreglado por su padre. Tuvieron tres hijas, Paulina, que murió siendo adolescente, Alesandra y Ariana.

 Ese matrimonio se rompió. En 1965 se casó otra vez con otra francesa, Nadin Yan. Con ella tuvo a Carla y a Emilio Azcárraga, el único hijo varón, el heredero. Y aquí viene un detalle que dice más de este hombre que cualquier análisis. Ese matrimonio con Nadín también se acabó de hecho porque él ya estaba con otra, ya estaba con la muchacha de los horóscopos.

Pero cuando Nadín le pidió el divorcio, él dijo que no. Se lo pidió durante años y él siguió diciendo que no. Según se ha contado muchas veces, fue por orgullo. Él ya no la quería. Él ya no vivía con ella. Pero soltarla, dejarla libre, permitir que ella rehiciera su vida, eso ya era otra cosa. Eso era perder algo y él no perdía.

Así que durante años hubo una mujer en algún lugar del mundo legalmente casada con un hombre que ya no la miraba, esperando una firma que no llegaba. Y hubo otra mujer encarnación, ahora llamada Paula, viviendo con ese hombre, saliendo con él, siendo su compañera delante de todo México, sin ser legalmente nada.

20 años así, piénsalo. 20 años siendo la pareja del hombre más poderoso del país, sin tener un papel que lo demostrara. 20 años en los que si él se moría, si a él le daba algo, ella se quedaba en la calle. Hay quien dice que ella se lo buscó, que ella se metió en un matrimonio ajeno con los ojos abiertos y que sabía perfectamente en lo que se metía.

Puede ser. Pero quiero preguntarte una cosa y quiero que te la contestes de verdad. ¿Cuántas mujeres conoces tú que se pasaron media vida esperando un papel que un hombre no les quería dar? ¿Cuántas se quedaron porque ya habían invertido demasiado para irse? Finalmente, a finales de los años 80, el divorcio con Nadín se firmó y entonces sí, Emilio Azcárraga Milmo se casó con ella, con la gerita.

Se casaron, según la reconstrucción de varios cronistas, a bordo de un yate en aguas de Nueva York en 1990. Ofició la ceremonia un amigo de Emilio, Agustín Barrios Gómez, que era cónsul de México en aquella ciudad. Se hizo así con esa formalidad para que la boda fuera válida bajo la ley mexicana para protegerla a ella.

Después de 20 años, por fin era su esposa. Por fin tenía el papel. Y ahora presta atención a lo que te voy a decir, porque es el golpe. Ese mismo año, 1990, había otra mujer entrando en la vida de Emilio Azcárraga Milmo, una muchacha de Veracruz, una que acababa de ganar un concurso de belleza. una que tenía 18 años cuando se la presentaron.

Él tenía 59 y esa muchacha iba a terminar sentada en el testamento con exactamente la misma parte que la mujer que llevaba dos décadas esperando la firma. Guarda ese año, 1990, el año en que Paula por fin se casó y el año en que empezó a perderlo todo. Adriana Abascal López Cisneros nació el 31 de octubre de 1970 en Veracruz.

Hija de Ramona Vascal, de familia Asturiana y de Nieves López Cisneros. En 1988 ganó señorita Veracruz, poco después señorita México. Tenía 18 años. Y aquí es donde el mundo del espectáculo mexicano funciona exactamente como funcionaba, según se ha contado muchas veces y así lo recogen medios como la revista Clase Fue Miguel Alemán, el hijo del presidente que había estado en la boda de Gina 36 años antes, quien le presentó la muchacha a Emilio Azcárraga Milmo.

Mira la escena. un hombre de 59 años, una muchacha de 18 y en medio alguien del círculo del poder haciendo la presentación. 18 años, la edad de tu nieta. Él quedó fascinado y lo que hizo a continuación te va a explicar todo lo que necesitas saber sobre cómo se relacionaba ese hombre con las mujeres. La mandó a los Ángeles con un equipo de especialistas a prepararla para Miss Universo.

La preparó cómo se prepara a una candidata. cómo se prepara un producto antes del lanzamiento. Y funcionó porque en 1989 Adriana Abascal quedó entre las cinco finalistas de Miss Universo, quinto lugar del mundo. Después vino lo demás, intentó ser actriz y terminó dentro de Televisa como ejecutiva en el área de telenovelas.

la misma empresa, la empresa de él. El romance se afianzó en 1990, el mismo año, óyelo bien, el mismo año en que él se casaba con Paula en un yate en Nueva York. Durante 4 años, esta ciudad y este país vivieron una comedia. La esposa en un lado, la joven en el otro y todo el mundo en Televisa sabiéndolo.

 Y todo el mundo en Televisa callándose porque en esa casa el que hablaba se quedaba sin trabajo. Imagina lo que es eso. Imagina ir a una cena y que todos en esa mesa sepan lo que está pasando con tu marido. Todos. Y que todos te sonrían y que todos te pregunten por tu colección de arte. En 1994, según la reconstrucción publicada por la revista Clase, Paula pidió el divorcio y solamente entonces la pareja de Emilio y Adriana empezó a mostrarse en público.

Aquí tengo que ser muy honesto contigo porque este canal se sostiene sobre eso. Las versiones sobre lo que pasó con ese matrimonio no coinciden. Algunos medios dicen que se separaron 4 años antes de la muerte de él y que nunca llegaron a divorciarse oficialmente. Otros dicen que ella pidió el divorcio en el 94.

Lo que sí está documentado y lo que importa es lo siguiente. Cuando Emilio Azcárraga Milmo murió, Paula Cusi figuraba como su esposa y Adriana Abascal estaba a su lado. Y ahora entramos en lo que fue el escenario de todo el final. El eco, un yate de 74,5 construido en 1991. Un palacio que flotaba, maderas finas, sedas claras, motores capaces de pasar los 30 nudos.

Llevaba encima una lancha italiana, una moto Harley Davidson y hasta un barco auxiliar para cargarle combustible en altamar. En ese yate estuvieron Julio Iglesias, Gloria y Emilio Stefan y hasta el rey de España. Ese yate era la última declaración de poder de un hombre que ya lo tenía todo. Y ese yate, escúchame bien, ese yate fue el lugar donde se murió.

Pero antes de llegar ahí, quiero que veas cómo fueron esos últimos años para la mujer que llevaba dos décadas en esa casa. Porque hay una manera de destruir a una persona que no deja marca. Se llama sustitución. Piensa en lo que era el mundo de Paula Acusi a principios de los 90. Ella había construido algo con sus propias manos.

Fue una de las mecenas de arte más importantes de México en esa década. Puso dinero, puso relaciones, puso su tiempo. Estuvo detrás de exposiciones, de patronatos, de colecciones y consiguió algo que parecía imposible. consiguió que el hombre que hacía televisión para los jodidos, el que decía que los ricos como él no compraban ni madres, se sentara a cenar con artistas y con curadores y hablara de pintura.

Esa mujer le dio a Emilio Azcárraga Milmo la única cosa que su dinero no le había podido comprar, respetabilidad. Y mientras ella hacía eso, mientras ella lo llevaba a los museos y le construía una reputación de hombre culto, él estaba mandando a una muchacha de 18 años a Los Ángeles con un equipo de especialistas para prepararla para un concurso de belleza.

Quiero que te quedes con esa imagen, porque es la imagen de miles de mujeres de tu generación, la que construye y la que aparece, la que aguantó los años difíciles, los principios, las deudas, los malos ratos, el carácter y la que llega cuando ya está todo hecho. ¿Cuántas mujeres conoces tú a las que les pasó eso? Cuántas se partieron la vida por un hombre y vieron como otra se sentaba en la silla que ellas habían limpiado y ahora agrega el detalle que lo vuelve insoportable.

Adriana Abascal no estaba escondida. Adriana Abascal trabajaba dentro de Televisa, en las telenovelas como ejecutiva en la misma empresa, en los mismos pasillos, con los mismos empleados que veían pasar a Paula. Todos lo sabían. Los productores lo sabían, las secretarias lo sabían, los actores lo sabían. Y todos se callaban porque hablar significaba quedarse sin trabajo en el único lugar donde se podía trabajar.

Ese es el pacto de silencio de la industria del espectáculo mexicano. No hace falta amenazar a nadie. Basta con que todos sepan lo que pasa cuando uno habla. Durante 4 años, esa mujer fue la señora de Televisa de puertas para afuera y un mueble de puertas para adentro. Y aquí es donde tengo que decirte algo que a lo mejor no te va a gustar.

Ella se quedó, pudo irse, tenía dinero, tenía mundo, tenía idiomas. podía haberse ido a París en el 91 y no volver nunca y se quedó. Porque eso también lo conoces, ¿verdad? Conoces a la mujer que se queda cuando ya no hay nada. La que se queda porque irse significa admitir que 25 años no valieron nada. Irse era darle la razón y ella no se la iba a dar.

Aquí viene lo segundo que te prometí. Pero antes te voy a pedir una cosa más. Piensa en un testamento que hayas visto en tu familia. Uno de verdad, el de tu padre, el de tu suegro, el de un tío. Y acuérdate de lo que pasó con las personas cuando lo abrieron. Porque un testamento no reparte dinero. Un testamento le dice a cada quien por escrito y para siempre cuánto valía.

Y por eso los testamentos rompen familias que llevaban 40 años queriéndose, porque el muerto ya no está para explicarse y lo único que queda es el papel. El papel que firmó Emilio Azcárraga Milmo fue el más cruel de la historia moderna de este país. Lo firmó ante notario. El notario Juan Manuel García de Quevedo y Cortina, uno de los notarios ligados a Televisa, lo firmó cuando ya estaba enfermo porque tenía cáncer de páncreas y lo sabía.

y decía esto. Su fortuna, sus acciones de Televisa, de Grupo Triple C, de Televicentro, más los coches, más los yates, más las propiedades, más un palco en el estadio Azteca, se dividía en seis partes iguales. Una parte para su hijo Emilio Azcarragín, una parte para cada una de sus tres hijas, una parte para su esposa Paula Cusi y una parte para su última compañera, Adriana Avascal, 16,6% cada uno.

Los periodistas Claudia Fernández y Andrew Paxman lo documentaron en su libro La revista Proceso publicó el contenido del testamento y ahí está negro sobre blanco. Ahora quiero que te detengas y que pienses en lo que eso significa de verdad, porque a lo mejor tú estás pensando lo mismo que pensó medio México en su momento, que fue generoso, que las trató igual, que no dejó a nadie fuera.

Y ahí es donde estuvo la trampa. Escucha, la mujer que había estado 25 años en esa casa recibió lo mismo que la muchacha que él conoció cuando tenía 18 años, 25 años contra siete. La que aguantó las otras mujeres, la que esperó 20 años una firma de divorcio que no llegaba. la que lo metió al mundo del arte y le construyó una reputación de hombre culto que él nunca había tenido.

 La que fue al funeral de la hija de él, la que estuvo en las cenas, en los viajes, en los hospitales. Lo mismo, exactamente lo mismo que la última. Eso no es generosidad, eso es un mensaje. Y el mensaje era, “Ninguna de ustedes valió más que otra.” Ninguna de ellas se llamaba Gina. Ahí está la frase otra vez. Y ahora ya sabes lo que quiere decir, porque el único amor de la vida de ese hombre había muerto en 1952 y todas las que vinieron después ocuparon un lugar que él ya no repartía por amor, lo repartía por porcentaje.

Pero la crueldad de ese documento no termina. Ahí hay una segunda capa y es la que casi nadie te explica. 16,66% suena a muchísimo dinero y lo era. Se ha calculado que la parte de Paula podía rondar los 240 millones de dólares, pero 16,66% de una empresa no te da absolutamente ningún poder. Con esa cifra no te sientas en el consejo, no decides nada y no puedes parar nada.

te convierte en alguien que mira desde afuera como otros deciden lo que vale lo tuyo. Y él lo sabía. Ese hombre había pasado su vida entera calculando porcentajes de poder. Sabía exactamente lo que estaba haciendo cuando repartió su empresa en seis pedazos iguales. Estaba dejando a seis personas mirándose las caras encima de la misma mesa y a ninguna con la fuerza suficiente para levantarse.

y además dejó otra cosa, deuda mucha. Se habló de 1800 millones de dólares de carga sobre el grupo. Así que la herencia que recibieron esas mujeres tenía una forma muy concreta, un pedazo de papel que valía una fortuna sobre el papel dentro de una empresa endeudada hasta el cuello, sin ningún control sobre nada y con un heredero de 29 años que iba a tener que hacer lo que fuera necesario para salvar el imperio de su padre, lo que fuera necesario.

Y ahora quiero parar un segundo contigo. Si has llegado hasta aquí conmigo, si estás escuchando esto mientras haces la comida o mientras doblas la ropa o mientras te tomas un café, quiero pedirte una cosa. Suscríbete. No te lo pido por el número, te lo pido porque estas historias existen solamente si alguien las cuenta y solamente si alguien las escucha.

Porque durante décadas a esta mujer la contaron como la esposa despechada, la interesada, la que quería más dinero. Y ya llevas media hora conmigo y ya sabes que esa versión es una mentira cómoda. Aquí no borramos a las mujeres de las historias, aquí las ponemos en el centro con su nombre, con sus contradicciones y con la verdad completa.

Y eso solamente se puede hacer si tú estás del otro lado. Suscríbete y quédate conmigo porque lo que viene ahora es lo más duro de toda esta historia. 16 de abril de 1997. El eco está fondeado frente a Miami. Adentro, en un camarote, el hombre más poderoso de América Latina se está muriendo de cáncer de páncreas.

tiene 66 años y ahí en esa habitación no está la mujer que llevaba 25 años a su lado. No está Paula, está Adriana Abascal, 26 años, 40 años menor que él. Ella lo vio morir. Eso está documentado y ella nunca lo ha negado. Lo vio morir en ese yate y de ese yate salió siendo heredera. Y hay una versión muy repetida en los medios mexicanos sobre las últimas palabras de ese hombre.

Yo te la voy a dar como lo que es. Una versión sin fuente confirmada, sin nadie que la haya sostenido bajo su nombre. Dicen que dijo que iba a ver a Gina. No lo puedo afirmar. No te voy a mentir para que suene mejor. Pero lo que sí puedo afirmar porque está en su biografía y en su vida entera, es que el nombre de Gina lo persiguió 45 años.

45 años y cuatro mujeres. Y ninguna de ellas se llamaba Gina. Al día siguiente, México se enteró y en las oficinas de San Ángel, en los pasillos, en los despachos de los abogados, empezó otra cosa. Empezó la operación porque el hijo de 29 años que acababa de heredar 16,66% de un imperio endeudado, tenía un problema aritmético muy simple.

Con eso no mandaba. Y para mandar necesitaba que las demás soltaran. Guarda esta fecha. 30 de mayo de 1997. Seis semanas después del entierro. Ese día se sentaron en una asamblea de accionistas y en esa sala, sin gritos, sin lágrimas y sin una sola portada de revista, empezó a decidirse lo que le iba a pasar a Paula Cusi 14 años más tarde, una mañana de abril, en la banqueta de la colonia Doctores.

Para entender lo que le hicieron a Paula Cusi, tienes que entender primero qué necesitaba Emilio Azcarragayin. Un muchacho de 29 años acababa de heredar la presidencia de la empresa más poderosa de México y no tenía el control. tenía una sexta parte, igual que sus hermanas, igual que la viuda de su padre, igual que la muchacha del yate.

Con eso no se salva una empresa que debe 1800 millones de dólares. Con eso no se negocia con bancos. Con eso no se toma una sola decisión sin pedir permiso. Así que hizo lo único que se podía hacer. Compró uno por uno, fue comprando las salidas. A unos herederos les pagó, a otros les ofreció propiedades, a otros les cerró la puerta hasta que se cansaron.

y su primo Alejandro Burillo, que llegó a tener el 25% de la empresa y que sonaba como posible sucesor, terminó vendiendo sus acciones y saliéndose de Televisa en el año 2000. Con Adriana Abascal, el arreglo quedó documentado y es de una elegancia brutal. Ella demandó. A finales de los 90, la última compañera del tigre metió una demanda contra Televisa porque, según su versión, la empresa había manipulado la compraventa de los certificados de sus acciones que terminaron en manos del hijo y después negoció.

Y lo que sacó de esa negociación, según medios españoles que han seguido su vida durante años, fue esto. renunció al 16% de acciones de Televisa y a cambio se quedó con dinero, con propiedades en la Ciudad de México, en Acapulco y en Nueva York, con títulos de filiales del grupo y con el eco, el yate, el yate donde él se murió.

Piensa en eso un momento. La mujer que lo vio morir se quedó con la habitación donde se murió. Y aquí hay que decir algo, porque este canal no reparte santos ni demonios. Adriana Abascal tenía 26 años cuando ese hombre se murió. 26. Y a los 26, sola enfrente de los abogados de Televisa, hizo lo que casi nadie habría sabido hacer.

 Cobró y se fue. Se casó en 2001 con Juan Villalonga, el que fuera presidente de Telefónica. Tuvo hijos, se instaló en Europa. Se convirtió en una figura de la moda y del arte internacional. Hoy la fotografían en desfiles en París y en Sevilla. Ella salió. Ella entendió el juego y salió. Paula Cusi no salió. Paula Acusi también cobró una parte, también aceptó dinero, pero se quedó con algo atravesado y ese algo la persiguió durante 10 años.

Según su propia versión, la que sostuvo en los tribunales, a ella le entregaron nada más el 10% de la herencia y le correspondía poco más del 16. La diferencia, hablando en el idioma de los grandes pleitos, podía andar por los 240 millones de dólares. Pero escúchame bien, porque aquí está el corazón de esta historia y quiero que no se te pase.

Lo que Paula Acusi metió en el juzgado no fue solamente una petición de dinero. El 12 de enero de 2007 se admitió a trámite en el juzgado 62o civil del Distrito Federal el expediente 27 de 2007, la demanda de Paula Cusi presa Matute. Y en esa demanda ella pedía anular los actos corporativos de mayo de 1997, los actos por los cuales Emilio Azcarra Gallin se había hecho del control accionario de Televisa.

 ¿Entiendes lo que acabo de decirte? Ella no fue a pedir un cheque. Ella fue a pedir que se abrieran los libros de la operación completa, que se revisara cómo se había repartido el imperio, que se explicara delante de un juez cómo un heredero con una sexta parte terminó con más de la mitad. La lista de demandados dice todo lo que necesitas saber sobre el tamaño de lo que estaba tocando.

Ahí estaban los hermanos Emilio, Carla, Ariana y Alexandra Azcarra Gallin. Ahí estaba Grupo Televisa, ahí estaba Grupo Acal, ahí estaba Adriana Abascal, ahí estaban los Albaceas, Julio Barba y Rubén Fuentes, este último abogado y contador de confianza del tigre durante 40 años. Ahí estaban los notarios de Televisa y ahí estaba Carlos Slim.

Una mujer sola de 60 años que vivía en París demandó a la familia dueña de Televisa, a la empresa entera, a sus abogados, a sus notarios y al hombre más rico del mundo. Ahora dime tú si eso suena a una señora despechada que quería más dinero. Durante 4 años ese juicio avanzó despacio.

 ¿Cómo avanzan todos los juicios en este país cuando del otro lado hay dinero? Audiencias, aplazamientos, notificaciones por edicto porque ella no vivía aquí, intentos de mediación que no llegaron a nada. Y entonces, en marzo de 2011, algo cambió de velocidad. El 17 de marzo de 2011, Grupo Acal, una empresa filial de Televisa, presentó una denuncia de hechos ante la Fiscalía Central de Investigación de la Procuraduría del Distrito Federal.

Se abrió la averiguación previa. tiene número y te lo doy porque los números son lo único que no se puede discutir. F A E a/ T3/ 57103. El delito que le imputaban a Paula Cusi era este: falsedad de declaraciones. Mentir. La acusaban de haber mentido en las audiencias de su propio juicio. El 15 de abril de 2011, el juez 6o penal libró la orden de apreensón y 10 días después ella bajó de un coche en la colonia Doctores.

Aquí viene lo tercero que te prometí, pero necesito que antes de escuchar esto te sientes conmigo un minuto. Tú conoces esa sensación, la de pedir una explicación y que te contesten con un castigo. Tú sabes lo que es levantar la mano en una oficina, en una familia, en un pueblo y preguntar por qué las cosas se hicieron así y que a partir de ese día el problema seas tú.

Tú sabes lo que es que a una mujer que reclama la llamen, amargada, interesada, resentida, loca. Y sabes lo que es callarse por eso. Y sabes lo que le cuesta a una mujer de tu generación no callarse. Paula Cusi no se cayó y esto es lo que le pasó. Lunes 25 de abril de 2011, las 9:45 de la mañana. Ella llega al Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal en la colonia Doctores para una audiencia de desahogo de pruebas.

Su propia audiencia, su propio juicio. Los agentes de la policía de investigación, encabezados por el fiscal de mandamientos judiciales, la esperan afuera. La detienen antes de que ponga un pie dentro del edificio. Sus abogados dicen después que llegaron 10 policías que no enseñaron ninguna orden, que no explicaron nada.

Ernesto Canales, su defensor, lo llamó un secuestro. Televisa, por su parte, emitió un comunicado esa misma noche firmado por su abogado Alonso Aguilar Sincer, en el que aseguraba que la aprensión se llevó a cabo con estricto apego a la ley y en presencia de uno de sus abogados. Las dos versiones existen.

 Te doy las dos. Pero hay una tercera voz y esta es la que me pone la piel de gallina. El procurador de justicia del Distrito Federal en ese momento se llamaba Miguel Ángel Mancera, el mismo que después sería jefe de gobierno de esta ciudad. Y Mancera dijo públicamente que Paula Cusi debió haber sido llamada a declarar ante el Ministerio Público antes de que la aprendieran.

el procurador, el jefe de la institución que la estaba deteniendo, diciendo que el procedimiento no se había hecho como se debía hacer, la llevaron a Istapalapa, Santa Marta a Catitla, el centro femenil de readaptación social. Y necesito que sepas lo que es ese lugar, porque si no no vas a entender el tamaño de lo que pasó.

Santa Marta Acatitla es la cárcel de mujeres de la ciudad de México. Ahí adentro hay mujeres que llevan años esperando una sentencia que no llega. Hay mujeres que están ahí por delitos que cometió el marido. Hay mujeres que no tienen un abogado y que se defienden solas con lo que aprendieron adentro. Hay madres que ven a sus hijos una vez al mes si alguien se los lleva.

Es un lugar duro, es un lugar sucio, es un lugar donde el tiempo se para. Y a ese lugar, esa mañana de abril, entró la viuda del hombre más rico que ha tenido México. No estoy diciendo que ella mereciera un trato mejor que las otras mujeres que están ahí. Al contrario, lo que te estoy diciendo es que si a ella con su dinero, con sus abogados, con su apellido y con su pasaporte le pudieron hacer eso en una mañana, imagínate lo que le pueden hacer a cualquiera.

Ese es el punto. Ese es el único punto que importa de toda esta historia. Cuando una institución quiere doblar a una persona, no necesita un juicio, necesita tres días. Yo quiero que te imagines eso porque es lo único que le pido a esta historia, que te lo imagines de verdad. una mujer de 60 años que llegó esa mañana de París, que se vistió para ir a un tribunal, que se peinó y que 8 horas después está en el área de ingreso de la cárcel de mujeres más dura de México, entregando sus cosas, contestando preguntas con la ropa que

trae puesta y nada más. Y ahora acuérdate de lo que te pedí al principio. Acuérdate del nombre. Porque en los papeles del juzgado, en la ficha de ingreso, en la averiguación, en las notas de todos los periódicos que publicaron la noticia al día siguiente, esa mujer aparece con un nombre. Paula Cusipresa Matute.

Mitad invento y mitad verdad. La mitad que le puso Televisa pegada con la mitad que le pusieron sus padres. 40 años antes le habían quitado el encarnación porque no era atractivo, porque no vendía. Y ahora la metían a la cárcel con el nombre que le habían inventado para venderla. Ninguna de ellas se llamaba Gina y ella tampoco se llamaba Paula.

La subieron a la rejilla de prácticas del juzgado 6o penal que tiene su sede dentro del propio penal. Y ahí delante del juez, delante del Ministerio Público, delante de los abogados de la parte acusadora, Paula Cusi hizo lo único que le quedaba. Se negó a declarar. Escuchó todo, los cargos, los argumentos de los que la acusaban y no dijo una palabra.

Su defensa pidió la duplicidad del término constitucional. 72 horas más para que la jueza decidiera si la procesaba o la soltaba. Y el argumento de la defensa era muy simple. Ella viajaba mucho, vivía en París. Los citatorios se habían mandado a un domicilio y ella nunca los recibió. Nunca supo que había una averiguación abierta contra ella.

Televisa contestó que se le había citado dos veces en el domicilio que su propio representante legal había dado para recibir notificaciones el 29 de marzo y el 4 de abril. Otra vez las dos versiones. Otra vez tú decides. Pero mientras los abogados discutían fechas de citatorios, ella estaba adentro. tres días.

Y ahora te voy a contar lo que pasó en esos tres días, porque esto no es una versión. Esto lo declararon a la prensa los propios abogados con nombre y apellido y está publicado. Su abogado, César García Méndez dijo a los medios que desde hacía tiempo las partes mantenían pláticas de conciliación y después dijo esta frase, “Y quiero que la escuches entera.

” admitió que la detención de su clienta motivó que ellos propiciaran una intensificación de esas pláticas. Traducido al idioma en el que hablamos tú y yo, la metieron presa y entonces empezaron a negociar en serio. El jueves 28 de abril había audiencia. Estaba programada para las 10 de la mañana. se difirió, se volvió a diferir y durante esas horas, según la crónica del periódico La Jornada, los abogados de las dos partes se vieron muy activos.

Entraron y salieron. Entraron al penal femenil donde estaba ella. Cuando por fin se celebró la diligencia, duró unos minutos. La jueza Neli Ivón Cortés Silva dictó auto de libertad. No había elementos para procesarla. Y afuera casi al mismo tiempo, el abogado Alonso Aguilar Sincer explicaba a los medios cómo se había resuelto todo.

Con el apoyo del Centro de Justicia Alternativa del Tribunal Superior de Justicia, las partes habían llegado a una conciliación. Y dijo esto, que había un acuerdo que daba por concluida cualquier controversia entre la familia Azcárraga, Grupo Televisa, y la señora Paula Cusi, que ya había concluido cualquier reclamación.

Cualquiera. Se acabó el juicio civil. Se acabó la petición de anular las asambleas de 1997. Se acabó la revisión de cómo se había repartido Televisa. Se acabó todo y una vez concluido el juicio civil, grupo Acal retiró la denuncia penal. Ellos aseguraron que no era una condición, que una cosa no dependía de la otra.

Tú has vivido 60 años o más en este mundo. Dime si te parece una casualidad. Poco después de las 5 de la tarde del 28 de abril de 2011 se abrió la puerta de Santa Maraza a Catitla. Salió un Nissan rojo. En el asiento de atrás iba una mujer de 60 años, agachada, tapada con las chamarras del personal de custodia del penal, escondiéndose de las cámaras.

la señora de Televisa, la que fue anfitriona de presidentes, la que puso su nombre en los patronatos de los museos de esta ciudad, la que aparecía todas las noches en el noticiero más visto de México, diciéndole a la gente qué le deparaban las estrellas. salió de una cárcel tapada con la chamarra de una celadora y firmando su rendición.

Tres días. Eso fue todo lo que hicieron falta. Tres días para que la mujer que había peleado 10 años se rindiera por completo. Y ahora ven conmigo porque falta lo último y lo último te va a obligar a mirar esta historia. otra vez el principio. Porque si tú crees que Paula Acusi salió de ahí destruida y arruinada, no entendiste todavía qué clase de mujeres eran estas.

10 años después de esa tarde, unos documentos filtrados desde el otro lado del mundo iban a poner sobre la mesa dónde estaba de verdad el dinero del tigre y quién lo estaba moviendo. octubre de 2021. Un grupo de más de 600 periodistas de todo el mundo, coordinados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, publica una filtración de casi 12 millones de documentos, contratos, correos, formularios bancarios, registros de sociedades en paraísos fiscales.

Los llamaron los papeles de Pandora. En México ese trabajo lo hicieron la revista Proceso y el quinto elemento Lab. Y cuando fueron a buscar los nombres de la familia Azcárraga, encontraron algo que a mí me dejó frío. Aquí viene lo cuarto que te prometí. Escúchame bien. En esos documentos aparece una mujer que abrió seis fideicomisos y alrededor de una decena de empresas opacas en las islas vírgenes británicas.

En los formularios de esas estructuras, esa mujer se identifica a sí misma con dos datos. Se declara viuda de Emilio Azcárraga Milmo y declara que su principal fuente de ingresos es la herencia. Esa mujer aparece registrada con su nombre real. Encarnación presa matute. Ahí está. Ahí vuelve el nombre. Cuando salió en tu televisión se llamaba Paula Cusi.

 Cuando la metieron a la cárcel se llamaba Paula Cusi presa matute. Y cuando fue a esconder su dinero en el otro lado del mundo, volvió a hacer encarnación. El nombre falso era para la pantalla, el nombre verdadero para el dinero y no fue la única. Adriana Abascal también aparece en los papeles de Pandora y lo que hay ahí es fascinante porque enseña exactamente cómo se guarda una fortuna cuando no quieres que nadie la vea.

En 2014, según los registros contables filtrados, Adriana Abascal compró el 25% de los derechos sobre un cuadro. Femn Cuch, mujer desnuda acostada de Pablo Picasso. 500 12500 € Al año siguiente, en 2015, pagó 2,8 millones de dólares por otro cuadro. Se llama Ho Westward del artista Ed Rusia. Se lo compró a una empresa llamada Global Art Portfolio Limited, registrada en Hong Kong, ligada a un galerista suizo, Paolo Bedobi, y aparece también en una sociedad de las islas vírgenes británicas llamada Aborn Services Limited, junto con Juan

Villalonga, el expresidente de Telefónica con el que se casó en 2001. ¿Entiendes lo que significan los cuadros? Un cuadro se cuelga en una pared y se mira. Pero un cuadro también se compra a través de una empresa de Hong Kong. Se guarda en una bodega de un puerto libre en Suiza y no aparece en ningún lado. Un cuadro es una caja fuerte con marco dorado.

Y hay más. Carmela Azcárraga, la hermana del tigre, estuvo detrás de más de 20 estructuras en las islas vírgenes británicas. en Bahamas, en Liberia y en Estados Unidos. Ella había heredado 306 millones de dólares de su padre, el león. Ahora mira el cuadro completo y dime si no se te pone la piel chinita. El hombre que dijo que México era un país de una clase modesta, muy jodida, que no iba a salir de jodida, el hombre que dijo que la obligación de la televisión era distraer a esa gente de su triste realidad, ese hombre le vendió entretenimiento a

millones de mujeres como tú durante 40 años. Y el dinero de esa venta terminó en fideicos en las islas vírgenes británicas, en cuadros de Picasso comprados a través de Hong Kong y en sociedades registradas en Liberia. Tú pagabas el jabón que anunciaban en el intermedio y ese peso viajó de tu cocina a San Ángel, de San Ángel a un despacho de abogados y de ahí a una isla del Caribe donde nadie pregunta de quién es qué.

Esa es la historia. Esa es toda la historia. Y ahora quiero que hagamos juntos la pregunta incómoda. Porque tú me podrías decir con toda la razón del mundo que Paula Cusi no era ninguna pobrecita, que tenía millones, que escondió dinero en paraísos fiscales igual que los demás, que vivía en París. Y es verdad todo eso es verdad.

Pero entonces contéstame esto. Si ella tenía millones, si ya había cobrado, si ya estaba fuera, si ya se había ido a vivir a París, ¿por qué se metió en ese juicio? ¿Por qué una mujer de 60 años con dinero, con una vida hecha del otro lado del mundo tomó un avión y se plantó en un tribunal de la colonia Doctores a pelear contra Televisa, contra los Azcárraga y contra Carlos Slim? No fue por el dinero.

El dinero lo tenía. Ella quería que alguien, aunque fuera un juez de lo civil en un juzgado de la Ciudad de México, dijera en voz alta lo que había pasado en 1997, cómo se repartió el imperio quién firmó que y por qué la esposa de 25 años acabó con menos de lo que decía el papel de su marido. Quería el reconocimiento, quería que constara.

quería decir, “Yo también estuve ahí y por eso la encerraron, porque el dinero se negocia, pero abrir los archivos eso no.” Adriana Abascal cobró y se fue. Y hoy la fotografían en las pasarelas de Europa. Paula Cusi pidió que se abrieran los libros y terminó agachada en un Nissan rojo con la chamarra de una custodia sobre la cara.

Esa es la lección que este sistema le da a las mujeres. Cobra y cállate, porque si preguntas te va a costar más de lo que pensabas. ¿Y ahora qué fue de cada uno? Emilio Azcarragayan consiguió lo que su padre le había hecho imposible. Sumó, negoció, compró, presionó. y terminó con el control de Grupo Televisa.

 Salvó la empresa, la sacó de la deuda y la mantuvo en pie durante dos décadas. En 2017 dejó la dirección ejecutiva y hay que decirlo porque es justo. Ese hombre hizo algo que su padre no hizo nunca. Soltó. Adriana Abascal rehzo su vida en Europa. Moda, arte, sociedad, tres hijos, otros matrimonios. Hoy tiene poco más de 50 años y sigue apareciendo en las revistas.

Ella tenía 18 cuando se la presentaron a un hombre de 59. Y hay quien la llama aprovechada. Yo te voy a decir lo que pienso y luego tú decides. Una muchacha de 18 años que gana un concurso de belleza no elige que el dueño de la televisión del país se fije en ella. Eso le pasa. Lo que hizo después, cómo negoció, cómo cobró, cómo se fue, eso sí lo eligió ella.

Y la verdad es que jugó mejor que nadie en toda esta historia. Y Paula, Paula Cusi firmó, firmó documentos, renunció a sus reclamaciones y aceptó una cláusula de confidencialidad y desde ese día no ha vuelto a hablar. 15 años sin una entrevista, sin una declaración, sin un libro, ni una sola palabra pública sobre lo que le pasó dentro de Santa Marta a Catitla, porque firmó que no podía hablar.

Esa mujer que salía todas las noches en la pantalla más vista de México, que le decía a millones de personas qué les iba a pasar según su signo, terminó con la boca cerrada por contrato. Y ese silencio, escúchame, ese silencio también es parte de la historia, porque tú no conoces esta historia y no la conoces por diseño.

Y ahora la pregunta que de verdad importa, ¿eso se acabó? Te voy a contestar con hechos, no con opiniones. La empresa que le cambió el nombre a una mujer porque el suyo no vendía sigue existiendo. Los contratos de exclusividad siguen existiendo con otro nombre y con otra letra chica. Y las muchachas de 18 años siguen llegando a esta ciudad con una maleta y una foto y sigue habiendo alguien de arriba que las ve.

Lo que cambió es que ahora tú tienes esto, un teléfono, una pantalla que no controla nadie desde San Ángel. Durante 40 años, la única versión de cualquier historia de este país era la versión que salía por Canal 2. Si Televisa decía que una actriz se había retirado, se había retirado. Si Televisa no decía nada, no había pasado nada.

Y cuando detuvieron a Paula Cusi en 2011, ¿tú te acuerdas de haber visto esa noticia en el noticiero? Piénsalo, piénsalo de verdad. La viuda del fundador de Televisa, detenida en la calle y encerrada en una cárcel de mujeres y demandando a Televisa a los Azcárraga y a Carlos Slim. Es la noticia más grande del año.

A ti te llegó, ahí lo tienes. Esa es la respuesta. Y hay algo más, y esto sí es una reflexión mía y así te la doy. A las mujeres de esta historia se las contó siempre con dos palabras. A Paula la llamaron la despechada, a Adriana la llamaron la amante. Dos palabras que caben en una portada y que te ahorran tener que pensar.

Y en 40 años de titulares, nadie usó las palabras que sí correspondían. Encarnación presa Matute. Mujer, 60 años, detenida en la vía pública, tres días en prisión preventiva, liberada por falta de elementos, desistió de todas sus demandas, firmó confidencialidad. Eso no es una portada de revista Rosa, eso es un expediente.

Y ese expediente lleva 15 años ahí público en los archivos de los periódicos esperando que alguien lo lea. Ahora quiero llevarte de vuelta al principio. Vuelve conmigo a esa banqueta de la colonia Doctores. Lunes 25 de abril de 2011, casi las 10 de la mañana. El calor sucio subiendo del asfalto. Una mujer de 60 años baja de un coche.

Viene de París. Se vistió esta mañana para entrar a un tribunal y no va a entrar. Cuando la rodean los policías, ¿en qué crees que pensó? Yo creo que pensó en Televisentro. en los pasillos. En el día en que una muchacha llamada Encarnación, presa matute, con estudios, con idiomas, que había desfilado en Madrid, entró ahí y le dijeron que su nombre no servía, que no era atractivo, que no vendía.

Y le pusieron otro. Y con ese nombre inventado la sacaron en la televisión. Con ese nombre inventado, la sentaron a la mesa del hombre más poderoso de México. Con ese nombre inventado la metieron a la cárcel. Y cuando ya no quedaba nada, cuando ya había firmado, cuando ya se había callado para siempre, volvió a llamarse Encarnación en un formulario de un banco en una isla del Caribe, 40 años dentro de la máquina.

Y lo único que la máquina le devolvió al final fue su propio nombre escrito en un papel que nadie iba a leer. Emilio Azcárraga Milmo se murió en un yate frente a Miami el 16 de abril de 1997 con 66 años, con una fortuna imposible de contar y con una mujer de 26 años al lado de su cama. 45 años antes, un muchacho de 22 había perdido a su mujer y a su hija en un hospital de Nueva York en otoño, lejos de casa.

Y ese muchacho decidió aquel día que nunca más iba a estar indefenso delante de nadie. Cumplió. nunca volvió a estar indefenso y para conseguirlo, convirtió a todas las mujeres de su vida en porcentajes, a la esposa, a la compañera, a las hijas, 16,66% cada una. Un hombre que confunde el amor con el control acaba dejando control y el control no se hereda, se pelea.

Por eso lo que dejó atrás fue una viuda en la cárcel, una compañera comprando cuadros a través de Hong Kong, un hijo que tuvo que aprender a morder para sobrevivir y una familia entera convertida en expediente. y en el centro de todo, callada, sin tumba conocida por el público, sin biografía, sin una sola calle con su nombre, sigue estando una muchacha de 21 años que se casó un 15 de enero en Polanco con un vestido sencillo y que ni siquiera llegó a saber que su hija había sido niña.

María Regina Shondube Almada, Gina, búscala. Búscala en internet cuando termines este video y vas a encontrar cuatro líneas nada más. La primera esposa de Emilio Azcárraga Milmo. Murió joven, tumor cerebral. Eso es todo lo que este país guardó de ella, de la muchacha que sabía francés y que se reía, de la que tenía epilepsia desde niña y no se lo dijo a casi nadie.

 De la que vio morir a su madre de lo mismo que la mató a ella. De la que se casó con un vestido sencillo delante del presidente de la República, de la que tuvo una hija que vivió unas horas y a la que nunca pudo cargar. cuatro líneas. Y sin embargo, esa muchacha decidió el destino de todas las que vinieron después de ella, de Pamela, de Nadín, de Silvia Pinal, de Encarnación, de Adriana.

Porque el hombre que se sentó a llorarla en un pasillo de Nueva York en 1952 salió de ahí decidido a no querer a nadie de esa manera nunca más y cumplió con una disciplina que da miedo. partió su fortuna en seis pedazos idénticos como quien reparte una programación. Y con ese reparto les dijo a todas la misma cosa.

Ninguna de ellas se llamaba Gina y todas pagaron por eso. Antes de irnos, quiero decirte una cosa. Gracias por haber llegado hasta aquí conmigo. A ti que me escuchas desde México, a ti que me escuchas desde Estados Unidos con la tele de fondo y la casa en silencio. A ti que me escuchas desde Colombia, desde Argentina, desde donde estés.

Tú creciste con esa televisión, tú viste ese noticiero, tú te sabías la cortinilla de memoria. Y durante todos esos años, mientras tú cenabas con tu familia y veías a la muchacha rubia dar los horóscopos, nadie te contó lo que estaba pasando del otro lado de la pantalla. Ahora ya lo sabes. Y quiero pedirte una cosa, cuéntame en los comentarios cuál es tu primer recuerdo de 24 horas.

 De Sabludowski, de esa hora de la noche en la que tu casa se quedaba callada. porque empezaba el noticiero. Cuéntame si te acuerdas de ella, de la muchacha de los horóscopos y qué pensabas cuando la veías. Yo los leo todos. Todos. Y si esta historia te dejó preguntándote qué le hace Televisa a las mujeres cuando dejan de ser útiles, entonces tienes que escuchar la historia de Adela Noriega, la actriz más querida de este país, la que llenaba las tardes de tu casa, la que un día se levantó y desapareció y hasta hoy nadie sabe con certeza por

qué. Búscala aquí en el canal porque Paula Cusi peleó contra el sistema y perdió. Adela Noriega entendió lo que le iba a pasar y se fue antes. Cuídate mucho y nos escuchamos pronto.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *