Lina Santos Hizo Cosas Terribles | Pero esto NO tiene Nombre | Documental
Lina Santos, la mujer que todos querían pero pocos aguantaban. Que la esté pasando muy bien. Nunca lo había visto por aquí. Lina Santos no fue cualquier cara bonita del cine mexicano. Fue de esas mujeres que entraban a un lugar y hasta el ventilador se detenía para verla pasar. Pero porque detrás de esa belleza que muchos presumían había una vida que no fue tan derechita como se pintaba.
Educada entre rezos, reglas y escuelas religiosas, Lina Santos parecía estar destinada a llevar una vida muy lejos del escándalo. Hasta quiso ser dentista. Imagínese no más de arreglar sonrisas a provocar suspiros en media pantalla grande. Pero la misma vida le tenía otro caminito.
Primero llegaron los concursos de belleza, luego el cine, después los galanes, los anillos, los rumores, las promesas que se quedaron colgadas y un matrimonio que acabó más quebrado que plato de fonda. ¿Para qué has venido hasta acá? que no eres capaz de entender, que no quiero casarme. Y aquí es donde la historia de Lina dejó de parecer cuento de reina de belleza para convertirse en una telenovela con tacones, lágrimas y varios nombres que todavía provocan comentarios.
Bienvenidos amigos a las intrigas de Herverín. Si todavía no forman parte de esta familia, les invito a suscribirse al canal, activar la campanita y dejar un like poderoso, porque aquí no solamente contamos lo bonito del espectáculo, también contamos lo que se quedó atrás del telón. Pero ahora sí, sin más preámbulos, vámonos a lo que te truje chencha.
Lina Santos fue la niña de la frontera. Ella nació en Saltillo, Coahuila, tierra de frontera de calor bravo, de burritos, de acento mezclado y de gente que aprende pronto a moverse entre dos mundos, esos que hablan inglés y español. Desde pequeña la vida no le puso el camino derechito. Cuando tenía apenas 6 años, sus papás se separaron y su mamá decidió empezar de nuevo del otro lado allá en Texas.
Y ahí fue donde Lina creció entre costumbres mexicanas y ese jaloneo que muchas familias de frontera conocen bien. Vengo a Estados Unidos, a Texas a a vivir. Hice pues toda la escuela acá, high school y todo. Desde que tenía 12 años pues ya estaba muy bien formadita. Entonces, desde los 12 años.

Desde los 12 años es que era ya alta, ya no era una infancia de reflectores ni de aplausos, era escuela, casa, reglas y adaptarse a una vida nueva. Porque cuando una familia se rompe, aunque los adultos digan que todo sigue igual, los niños siempre sienten el temblor primero. Lina estudió en escuelas religiosas con monjas, disciplina y mirada de esas que te revisaban hasta el pensamiento.
Pero no vayan a creer que por eso salió toda modosita. Desde niña traía travesura en la sangre, tanto que en el colegio le pusieron Lina diabla. Y con ese apodo ya uno se imagina que la muchacha no era de las que se quedaban sentadas esperando permiso para respirar. Con los años empezó a llamar la atención, fue creciendo, agarrando porte y presencia y una belleza de esas que no necesitaban anuncio luminoso.
Entraba a un lugar y la gente volteaba, no porque hiciera escándalo, sino porque hay mujeres que simplemente nacen con poco propio. Imagínate que desde los 12 años empezaron a llegar las invitaciones a concursos de belleza. No, hombre, es que la muchacha traía aporte, pero su mamá no era de esas que avientan a la hija al ruedo, no más porque alguien le dijo que estaba bonita, la veía todavía muy joven y prefería esperar porque en ese mundo una cara bonita abre puertas, pero también abre colmillos.
Esperar, ¿no? Entonces esperamos, esperamos hasta que cumplí los 16 años, concurso la primera vez y pierdo. Pierdo. ¿Por qué? porque tenía demasiado acento americano en mi español. Y por supuesto que hay muchos que se pintan solos para esto. Y mientras muchos ya la imaginaban con corona y ramo de flores, Lina traía otro plan.

Quería estudiar para dentistas. Sí. La misma mujer que después iba a dejar a medio público con la boca abierta y la baba colgando, primero pensó en andar arreglando las muelas. La vida de veras a veces escribe con la mano izquierda. Antonia a estudiar para dentista y de repente me vuelven a invitar. Dije, “Bueno, pues déjame ver.
” Yo en realidad siempre quise ser actriz desde niña, pero pues lo veía muy lejos, ¿no? Lo veía muy lejos. Entonces, cuando por fin llegó el momento, entró un certamen de belleza en Ciudad Acuña, pero la primera vuelta le salió torcida. Perdió. ¿Ustedes creen que una mujer tan hermosa como Lina Santos podría perder un concurso de belleza? Yo no me lo creo, pero fíjese que ella no perdió porque le faltara presencia, sino porque tantos años en Texas le habían dejado al español medio atravesado.
La belleza ahí estaba, pero al hablar se le salía lo gringo y en concursos hasta la forma de decir buenas noches cuenta. Mira chica, déjame explicarte. Así que le tocó prepararse, pulir el idioma y regresar con más seguridad. Y cuando volvió, ya no volvió de la misma manera. Por lo menos hizo el esfuerzo de responder más claro, aunque fuera memorizado.
Llorando con mamá, dije, “No, yo ya no quiero concursar, que no sé qué. Pero, ¿por qué, mi hijita, si ya estás ahí? Es que nadie me aplaude. [risas] ¿Cómo? Pues no les hagas caso, tú sal.” Entonces mamá empezó. Primero ganó como señorita Coahuila y después llegó el certamen de señorita México. No se llevó la coronacional, pero sí se llevó algo que a veces vale más que una banda, la atención de personas poderosas en el cine.
Imagínese no más, llamó la atención de Alfonso Sayas y del Caballo Rojas. No, hombre, eso era ganancia. Y es que mientras muchos seguían viéndola como una reina de belleza más, Lina ya traía la mirada puesta en otro Laredo. Lo suyo no era quedarse desfilando con banda y corona. Ella quería verse en la pantalla grande, quería hacer cine de verdad.
Y mira nada más cómo se acomodan las cosas cuando algo es para uno. Ahí sí que dicen, “Ni aunque te quites.” Un periodista publicó una nota contando que aquella muchacha de Coahuila soñaba con convertirse en actriz de cine y de las meras buenas. No más salió la publicación y empezaron a llamar productores al hotel donde estaban hospedadas ella y su mamá.
Yo no creíamos, puesía de ser cualquier tonto que está hablando diciendo que es productor y pues nada que ver. Entonces llega, dijeron, “No, hombre, si esta muchacha lo que quiere es un productor, aquí mero estoy yo.” Pues con tanta belleza, imagínense, amigos. Y Lina Santos y su querida madre pensaban que esto era puro choro, pura hablada, puro pájaro nalgón, como decimos en el rancho, de esas que sobran cuando alguien empieza a llamar la atención.
Hasta que apareció Blanca Estela Limón. Ella era una representante artística, la misma que representó Javier Solís, una representante bastante conocida en aquellos años. Se sentó a platicar con ellas y les confirmó que las llamadas eran la puritita, ¿verdad? Y es que, amigos, en esto de la artisteada muchas veces hay puras llamadas falsas y uno ya ni sabe ni qué pensar.
Como decía mi vecina, cuando la tortilla empieza a inflarse es porque el comal está bien caliente. Estar conmigo, oye, yo soy representante que no sé qué. Guara, este, te quiero representar. Bueno, pues ya se sienta a platicar con mamá y luego este pues le dijimos, “Oye, pues fíjate que está hablando Sultan.” Y a partir de ese momento comenzaron las reuniones y las ofertas.
La puerta del cine ya estaba abierta, no más faltaba cruzarla. Lo que Lina todavía no sabía era que la primera oportunidad también venía acompañada de una condición que no cualquiera se habría atrevido a rechazar. Y allí se armó el problemón. El papel que iba a interpretar venía cargado de picardía, poca ropa y la intención de que enseñara más de la cuenta, ya saben ustedes, el cine de ficheras.
Y Lina, lejos de emocionarse como si le hubieran ofrecido la luna, puso freno. Podía actuar, podía coquetear frente a la cámara, podía entrarle a la comedia, pero aparecer completamente sin ropa, eso no estaba en venta. Ya le había dicho a Blanca Estela, le dije, “Yo no pienso hacer desnudos. Yo no quiero hacer desnudos, Blanca.
Óyeme, no, pero te vas a tardar.” No era como la Sasha Montenegro o la Maribel Guardia o la Angélica Chaín. No, señores. Lina Santos decía que ella no se iba a prestar a esas cosas. Y ahí, amigos, ahí estuvo lo bueno del asunto, porque en ese cine muchas actrices aceptaban lo que les pidieran con tal de entrarle, pero Lina llegó poniendo condiciones desde la puerta.
Como quien dice, quería entrar al baile, pero no bailar con el más feo ni al son que todos le tocaran. Muchos años en hacerte famosa, eh, Lina, no importa, eres actriz. Una actriz tiene que hacer de todo y como si no fuera suficiente componer condiciones, también le querían cambiar la imagen, ya que había que verla más atrevida, más peligrosa, más vampireza.
Pero su mamá no se quedó callada. Ella sabía que su hija venía del concurso de belleza Miss México y que no necesitaba que la convirtieran en otra persona para entrar al cine. Decía, “Quiero que se opere Lina la nariz, que se limen los dientes, que no sé qué.” Yuara dijo, “Oye, no, esta niña viene de un concurso, ¿cómo me la quieres cambiar? ¿Qué quieres que se vea vampiresca o qué?” Dijo, “No, no, no, no.
Te convertiste también en Pero qué vueltas a la vida, porque esas mismas decisiones que pudieron cerrarle puertas terminaron convirtiéndola en una de las marcas más fuertes de su carrera.” Y aquí la pregunta es, “¿Tú crees que Lina fue valiente al poner límites desde el principio o en ese ambiente había que aguantarse para poder llegar?” Y vean, amigos, al principio le hicieron una novatada por el acento gringo.
Cuando Lina por fin entró al cine, muchos pensaron que ya la tenía hecha. El mujerón, que era la presencia, la cara bonita y productores buscándola. Pero una cosa era verse bien frente a la cámara y otra muy distinta era cargar una película encima. Porque Lina llegó al set con toda la belleza del mundo, pero sin saber bien cómo se movía ese monstruo llamado cine.
No venía de una escuela de actuación, no traía años de teatro ni tenía colmillo de foro. Llegó aprendiendo sobre la marcha, como quien se sube al caballo cuando el caballo ya va corriendo. Y ojo, no estoy hablando del caballo rojas. Y para acabarla de amolar, el español le salía con acento gringo, pues después de tantos años viviendo en Texas, las palabras le salían medio atravesadas.
Y en el cine mexicano el chiste no suena igual con un acento. Háblame en español para que te entienda, idiota. Idiota la que le bajan el novio. Y a Lina le tuvieron que hacer doblaje por su acento americano. Su primera película fue Tres mexicanos ardientes. Pensando que lo más difícil ya había pasado, pero apenas iba empezando.
Al principio ni siquiera usaban su propia voz. Imagínese el trancazo para esa muchacha que soñaba con verse en pantalla grande. Ahí estaba su cara, su cuerpo, su presencia, pero la voz que se escuchaba no era la suya y dicen que cualquiera se agüita con eso. No, hombre, no, hombre, si tú no te quites ese acento, no vas a hacer nada.
Y yo le dije, “Claro que voy a hacer.” Dijo, “No vas a hacer nada.” Pero Lina no se quedó llorando en una esquina del foro. Se puso a tomar clases de adicción para quitarse el acento americano y poder hablar como ella quería. Porque una cosa es que la vida te ponga piedritas y otra muy diferente sentarte a hacerles casita.
Entonces empecé a tomar clases de adicción para quitarme el acento americano en mi español y ya después poder. Como dic en el barrio, Lina no sechicopaló. Ese mismo coraje le sirvió de gasolina. agarró una libretita y empezó a apuntar cada película que hacía una por una, como quien va contando las cachetadas que le va a devolver al destino o las cachetadas que le daba doña Florinda a Don Ramón.
Se puso una meta, hacer 100 películas. Imagínense ustedes. Yo voy con todo. Este le dije, voy a hacer 100. ¿Cómo ves? Jaaja. Bueno, 100 películas no más. Y miren no más las vueltas que dio la vida. la que supuestamente no iba a llegar ni a 10 terminó pasando de largo la meta. Con los años se dio cuenta de que había hecho muchísimas más de las que imaginaba, tantas que ella misma se sorprendió al revisar su camino.
Llegó a firmar entre 15 y 20 películas por año. Eso no era carrera, era maratón con tacones. Mientras otros descansaban, ella andaba de llamado en llamado cambiando vestuario, personaje y locación como quien cambia de estación en la radio. Se me atranque, güey. Ándele, sí, por favor. Ella no venía de vacaciones.
Su descanso real vino hasta que se casó y tuvo a su primer hijo. Y aún embarazada la seguían buscando para trabajar porque Lina ya no era una promesa, era un negocio seguro. Así fue como aquella novata que hablaba con acento gringo empezó a codearse con figuras fuertes del cine popular mexicano como Alfonso Sayas, Alberto Rojas, Luis de Alba, César Bono, Paolo Orortín, Lin Mey, Ana Luisa Pelufo, Vicente Fernández y Capulina fueron parte de ese mundo donde Lina se fue haciendo a puro trabajo.
Me di cuenta que había hecho 280 películas, o sea, me pasé de de lo que yo había dicho. ¿Qué voy a hacer si An sí te riendo y me vale lo que digas? No. Y así fue. O sea, entonces muchas de esas películas no vivían solamente en las salas de cine, también estaban hechas para el llamado video home.
En cristiano eran películas que se vendían o rentaban en cassetes BHS para verlas en casa. En esos videoclubs donde uno iba a escoger la película del fin de semana y terminaba llevándose tres porque había promoción y por supuesto que los chavales en la casa ya tenían hasta callo en las manos. Imagínense amigos, ese mercado movía mucho dinero y Lina con su imagen en la portada vendía porque la gente quería verla, aunque muchos fuera con la esperanza de que algún día cruzara la raya de que había jurado no cruzar, pero nunca la cruzó.
Y eso fue lo que más ardió. Mientras otros pensaban que su acento, su falta de experiencia y sus límites la iban a hundir, ella siguió trabajando, llenando portadas y convirtiéndose en una de las mujeres más buscadas del cine popular. Como decía mi prima, que no hay peor coraje que los envidiosos que ven triunfar a alguien que ya daban por perdido.
Y aquí la pregunta es, ¿qué creen ustedes que hizo fuerte a Lina Santos? ¿El talento, la disciplina o el físico? Amigos, aquí pasamos a otra sección y es cuando las reinas se miden la corona. En el cine Lina Santos empezó a brillar, no bastaba con ser bonita, había que aguantar miradas pesadas, comentarios filosos y compañeras que no siempre celebraban que una nueva cara empezara a jalar reflectores.
Y Lina, la neta tampoco era dejada, porque mientras algunas apostaban por enseñar más, ella se hizo notar haciendo lo contrario. No cruzaba la línea que había prometido no cruzar, pero aún así seguía trabajando, vendiendo películas y apareciendo en las portadas que todos querían ver. Eso en un ambiente lleno de egos no caía muy en gracia.
Se hablaba de competencia con mujeres como Angélica Chaín, Lin May, Sasha Montenegro, la princesa Lea y tiempos después Lorena Herrera y Lucía Méndez. Cada una traía su estilo, su público y su manera de prender la pantalla. Pero cuando los medios empezaban a comparar cuerpo, fama y popularidad, el chisme se cocinaba solito.
Yo no sé, pero yo no tengo problemas con Lucía. Yo creo que es una leyenda dentro de la televisión. Es una persona que siempre tuvo mucho éxito, una persona a la cual yo admiro mucho y pues con Lorena Herrera quedó esa sombra de rivalidad que tanto le gusta la farándula. Dos mujeres llamativas, fuertes, rubias y con carácter.
Y ya saben cómo es este medio. Ven dos coronas en la misma mesa y luego luego quieren saber quién le va a jalar la silla a quién. Pero Lina no se escondía. Si le tiraban, contestaba, si la retaban, trabajaba más. Y si alguien pensaba que la iban a borrar fácil del mapa, acababa llevándose la sorpresa. Ay, pero sí es de domador de fieras, mi vida.
Como diría mi tía Chuchis, gallina que cacarea mucho, no siempre pone el huevo más grande. Y aquí la pregunta es, ¿tú crees que Lina realmente tuvo enemigas en el medio o la prensa inventó guerra donde solo había competencia? A Lina no le faltaban pretendientes. Dicen que cuando una mujer tiene belleza siempre aparecen los pretendientes, pero cuando además tiene fama, dinero y personalidad y medio país hablando de ella, ya no llegan pretendientes, llegan filas completas.
Y eso fue exactamente lo que pasó con Lina Santos. Recuerdin mientras unos la veían en la pantalla grande, otros ya estaban haciendo hasta lo imposible para conquistarla. Unos llegaban con flores, otros con promesas, otros con anillos y uno que otro hasta pensando que ya tenía la boda asegurada, pero se llevaron una sorpresota porque Lina no era de las que se emocionaban con el primer verbo bonito que les aventaban.
Ella misma reconocía que era muy especial para escoger pareja. Si un hombre no le llenaba el ojo, por famoso, muy guapo o muy billetudo que fuera, noás no había manera. Mi abuelita decía que prometer no empobrece, pero cumplir ahí es donde truena el cohete. Y vaya que promesas le sobraron. Y con el paso de los años llegaron cuatro promesas de matrimonio.
Sí, cuatro hombres estuvieron tan seguros de conquistarla que hasta niño llevaron, pero al altar solo logró llevarla uno. Los demás se quedaron así como el chinito, nada más y viendo có el sueño se les iba haciendo chiquito hasta desaparecer. Tienenes cuatro. En serio, [risas] ¿cuántos matrimonios en total? Uno. Uno y tres propuestas.
¿Se devuelve o no se devuelve el anillo? No se devuelve por el tiempo que te que estuviste. Uno de los primeros en quedarse alborotado fue José Antonio García, un hombre ligado al mundo del fútbol. Todo iba caminando para boda, ya se hablaba de compromiso y parecía que ahora sí sonaba las campanas, pero conforme Lina fue conociéndolo, empezaron a notar detalles que no le cuadraban.
El hombre era demasiado coscolino, como dijera mi tía Chuchis, le gustaba mucho andar volteando para todos lados y Lina, que podía aguantar muchas cosas, eso no pensaba aguantarlo. Pero vean, amigos, cómo son las cosas, porque imagínense quién no quería voltear a ver a Lina Santos y mientras tanto el hombre que se iba a casar con ella volteaba a ver a otras.
Es irónico, ¿no? Así que antes de llegar a la iglesia mejor cada quien agarró su camino. Ah, no, no vado del que X [risas] Z. Aquí no se vale el X o Z. A ver, ¿qué pasa? ¿Por qué no te casaste? Pues por Ccolino. Por Coscolino. Lo cachaste. ¿Cómo te va a poner a ti el cuerno? Pues para que veas, para son tontos. Qué tontos. Dijeron calabaza, calabaza.
Y cada quien por su casa. Y como si esto fuera poco, también apareció Guillermo Capetillo. Sí, amigos, el que era actor y torero, pero acuérdese que él también fue novio de Maribel Guardia y fue novio de Verónica Castro, entre otras. En aquel entonces, Capetillo era uno de los galanes más cotizados en México.
Era bien parecido y con una legión de admiradoras donde se paraba. Cuando empezó a relacionarse con Lina, la prensa luego luego empezó a hacer cuentas y ya hasta les estaban acomodando los hijos antes de tiempo. Ah, mami, ¿quién es ese muchacho? Y yo con él voy a andar, él va a ser mi novio. Yo decía, “Ay, sí, mijito, está bien. Pasan los años.
” Porque además yo siempre dije, yo quiero ser actriz. El romance dio bastante de que hablar. Había quienes juraban que ahora sí venía boda, pero tampoco cuajó. La relación se fue apagando y cada quien terminó siguiendo su camino. Y espérense tantito porque el nombre que viene sí está bueno.
Resulta que también llegó a sonar Luis Miguel. El sol, [resoplido] el propio solico, que tiene fama de que las mujeres se derriten ante sus encantos, también la pretendió. Y la historia ocurrió cuando Lina todavía andaba en el certamen de Miss México, mientras todas estaban concentradas en el concurso. Por ahí andaba un joven Luis Miguel que ya empezaba a levantar sus piros por donde se paraba.
En una cena de repente preguntó quién era aquella muchacha vestida de blanco que estaba sentada al otro lado del salón. Es Coahuila. Pero él ya empezaba su carrera, ¿no? Él ya empezaba su carrera y pues yo creo que no, porque él estaba enfocado en lo de él y yo estaba muy enfocada en tratar de hacer algo con mi carrera que a final de cuentas también cuando le dijeron que era Miss Coahuila, no se quedó con la curiosidad, quiso conocerla.
Lo normal habría sido que saliera corriendo a presentárselo o que Lina dejara la mesa para ir a saludar al artista del momento. Pero ahí fue donde salió el carácter que siempre la acompañó. Cuando fueron a decirle que Luis Miguel quería conocerla, ella nada más respondió que si era todo un caballero, entonces que fuera él a sentarse junto a ella, así sin más.
Y conre siempre dice que el que quiera su celeste que le cueste y la que no pues que se acueste. Algo así la cosa, ¿no? Y dicho y hecho, no pasó mucho cuando Luis Miguel terminó llegando hasta la mesa donde estaba Lina para presentarse en persona. Y caballero que venga y se siente aquí y cuando volteé ya estaba aquí.
Hola. y le dijo, “Hola, Lina, yo soy un ranchero bien picudo.” “Ah, no, algo así”, le dijo. Lina confesó que le dio su ubicada a Luis Miguel al intentar conquistarla. Imagínate no más. Con los años comenzaron los rumores del romance, de que si salieron, de que si no, de que si hubo algo más, de que si ella había rechazado al Sol de México, pero entre tanto chisme, lo único que quedó claro fue que Lina nunca perdió la cabeza por la fama de nadie.
Si la querían conocer, tenían que acercarse a ella primero, nada de mandarla llamar, así como quería hacer el Luismi, porque una cosa era hacer Luis Miguel y otra muy distinta era conquistarla. Si estuviamos cotorreando como cualquier chavo que conoces, pero hasta ahí no hubo absolutamente nada. Amiguitos, él siguió su carrera, yo seguí la mía.
Si lo veo, lo saludo con mucho respeto. Fíjense no más. Pero vean amigos, si pensaban que este era el único, están equivocados, porque en su vida todavía parecería alguien más famoso todavía que Luis Miguel. ¿A poco sí? Y por si el chisme todavía no estaba suficientemente bueno, durante la filmación de Bronco, la película empezaron a decir que entre Lina y Lupe Esparza había algo más que compañerismo.
Imagínense, López Esparza decía que no quede huella, que no y que no. Pero imagínese, no leían los libretos porque decían libros tontos. No te preocupes, papá, ya habrá tiempo. La noticia caminó por revistas y programas de espectáculo durante mucho tiempo. Algunos aseguraban que sí, otros que no, y otros aseguraban que todo había sido parte de la promoción para llamar más al público.
Lo cierto es que el rumor hizo bastante ruido y entre tanto galán de cara bonita y cara fea también apareció un hombre que no era precisamente de novela romántica, pero sí de esos que sabían ganarse a la gente con puro colmillo. ¿Quién creen, amigos? Luis de Alba yores, dámela o te voy a poner un chingado. Y fíjense amigos que durante los años fuertes del cine de comedia, Lina Santos y Luis de Alba coincidieron en varias películas y ya saben cómo es el público.
Cuando veen química en pantalla, luego luego empiezan a decir que allí hay algo más que libreto. En las escenas se les veía confianza, picardía y una complicidad que no parecía forzada. Luis hacía reír. Lina prendía la pantalla y juntos tenían ese jaloneo sabroso que a la prensa le encanta convertir en romance.
Hijo, no veas que me gasté la feria. Una parte, la neta, me la gasté. El chisme empezó a crecer porque se decía que fuera de cámaras también se llevaban muy bien, que bromeaban, que platicaban mucho, que había cercanía especial. Pero aquí está el detalle. Dijera Cantinflas. Ninguno de los dos confirmó jamás que hubiese existido algo más y eso en vez de apagar el rumor lo dejó más vivo que nunca.
Porque en el mundo del espectáculo, cuando alguien dice que no pasó nada, la gente duda. Pero cuando nadie confirma ni niega con fuerza, el chisme se pone cómodo, cruza la pierna y se queda años sentado en la sala. Ay, ay, ay, espérate. Luis de Alba siempre habló de Lina con respeto, como una mujer bella y talentosa.
Y Lina, por su parte, mantuvo su vida privada bien guardadita, así que lo de ellos quedó en esa zona peligrosas donde no hay pruebas, pero tampoco faltan las historias, como diría mi comadre, donde hubo tanta risa, más de uno quiso imaginar abrazo. Y cuando uno piensa que Lina Santos ya había levantado sus piros por todos lados, sale una historia que parece inventada por una comadre con café amargo, porque entre tanto actor, cantante y galán de revista, de pronto aparece el nombre de Fidel Castro.
Amigos, ahí sí que la historia se pone pero bien espeluznante, porque sí, amigos, se trata del presidente de Cuba, no de un familiar de Verónica Castro o de Cristian Castro, no, amigos, estoy hablando del mero mero Fidel Castro, el mero barbuchín, el hombre de los discursos eternos. el de la barba famosa y la política pesada.
También habría tenido su lado de fan mirando películas de Lina Santos. Es que ustedes creen que nada más nosotros, los chavales, andábamos viendo eso, ¿no, amigos? También los presidentes. Y no estamos hablando de cualquier cosa, porque una cosa es que te chule un galán de foro y otra muy distinta que el dictador de Cuba ande preguntando por tus películas.
La historia empezó cuando el hijo de Fidel presentó en México una exposición y ahí un libro y ahí Lina se habría enterado de que el líder cubano conocía su trabajo y que sus películas le sacaban la risa. Imagínense amigos, mientras unos la criticaban por hacer cine picosito en La Habana, el comandante supuestamente estaba bien entretenido con sus cintas.
¿Y qué creen que hizolina? Pues que le mandó un paquete con películas y una fotografía autografiada. Básicamente le armó su dotación especial como diciendo, “Ahí le va comandante para que no se quede con las ganas.” Y vaya que se quedó con las ganas el Fidel Castro o a lo mejor no.
Quién sabe y por ahí le pagó un vuelo privado para que lo fuera a visitar. Es que amigos, estos mandatarios pues tienen mucho dinero y pues uno nunca sabe. Pero lo más sabroso vino después. Lina contó que recibió una llamada desde Cuba y que del otro lado estaba, ¿quién creen? Pues Fidel Castro agradeciéndole el detalle.
Según dice esta historia, no solo le habló bonito, también le habría dicho que admiraba su belleza, su talento y hasta la llamó su musa. Inocente. Yo todo lo que me decían, yo me creía, ¿no? Entonces, eh, pues te digo, yo siempre que quise ser actriz, entonces sabía que tenía que hacer algo que era el concurso. Entonces, desde los dos.
Ay, amigos, la verdad que este Fidel Castro sí que tenía buen gusto, ¿a poco no? Ahí sí que les voy a decir que Lina no solo traía nerviosos a los galanes mexicanos, también habría puesto suspirada, también habría puesto a suspirar a un hombre que medio mundo veía como intocable. Como diría mi vecina, la que no se parece a Lina Santos.
Cuando la fama agarra vuelo, hasta donde menos piensas va y se mete. Y aquí la pregunta es, ¿tú crees que Fidel Castro realmente estaba fascinado con Lina Santos o es puro cuento o es puro choro, la verdad era la que mejor cuerpo tenía? No, dije, pues vas a enseñar, pues hay que enseñar y enseñar lo que uno tiene. Por supuesto, por supuesto.
Pero vean, amigos, yo estaba hablando sobre el único que la llevó al altar después de tantos galanes, humores y hombres que se acercaron con sonrisa de revista. Hubo uno que sí logró que otros no más presumían en los sueños. Hubo uno que sí logró lo que otros no más imaginaban en los sueños. Llevar a Lina Santos hasta el altar.
No fue cantante, no fue actor de moda y no fue galán de telenovelas ni presidente de un país. Fue Erwin Heraclio Godines, un arquitecto con proyectos, negocios y una labia que al principio más que enamorarla casi la desespera. ¿Conociste dónde? en el gimnasio. [risas] Lo conocí en el gimnasio y lo más curioso es que me lo iban a presentar como un blind date en serio. En la ciudad de México.
En la ciudad de México. Y esta historia empezó justamente en un gimnasio. Lina iba a entrenar tranquila en su mundo y una amiga quería presentarle a este hombre como si le estuviera llevando la gran maravilla. Pero Lina no era fácil de impresionar. Ya había visto de todo. Hombres guapos, famosos, ricos.
salameros y más de uno con el ego más inflado que el globo de feria. Y cuando lo vio tampoco es que se le cayera la baba. Me cayó. No nada nos gusta. Nada nos gusta. Nos pelan. [risas] Entonces, ¿por qué no nos pela? Y si y si y nos atienden. Ay, demasiado. Bueno, pues total a los dos días una amiga que tenemos en común me iba a hacer el Él era muy platicador de esos que agarra confianza rápido y no sueltan el tema ni con orden judicial.
Lina, en vez de derretirse lo miraba como diciendo, “Este señor, ¿qué trae?” Pero hubo un detalle que hizo que entraran más en confianza. Resulta que Lina llevaba un reloj de esos caros, de esos que no hay tan fácil por allí y por allí comenzó la charla. Mi tía decía que a veces el amor no entra por los ojos, entra por la terquedad del que insiste.
Dice que le llamó la atención mi reloj, porque a él también le encantan los relojes. Entonces yo ya camino, dice, “Ay, este va a las pesas.” Uy, no va los aerobis. No pues ni modo, me meto a los aerobis, dice. Ay, Dios mío, dijo. Yo veía a las viejas gordas haciendo. Días después una amiga en común terminó haciendo el famoso plan de esos encuentros que di que son casualidades, pero de casualidades no tienen nada.
Y Lina lo volvió a ver. se dio cuenta de que era el mismo hombre del gimnasio el que ya había intentado acercarse. Poco a poco la cosa fue cambiando porque porque Erwin no era un muchacho improvisado, era arquitecto, traía proyectos, trabajaba, se movía en su mundo y eso a Lina sí que le importaba. Ella no buscaba a cualquiera.
Quería un hombre inteligente, con oficio, con futuro, alguien que no llegara nada más a colgarse de su fama o de su dinero. Que me haga reír, que tenga dinero. O sea, la verdad, yo no puedo andar con un hombre que yo vaya a mantener, o sea, porque no es, o sea, no, no me educaron de esa manera.
O sea, quieren mujer bonita. Y ahí empezó a pasar lo que muchos no habían logrado. Lina se enamoró. No de golpe. No como en película donde suena música y el viento mueve el cabello. No como en película de Alfonso Sasz que llega y de volada se le desnudan. No, amigos. se fue convenciendo con el trato, con la forma en que él la miraba, con la idea de que podían crecer juntos y construir algo fuera del ruido del espectáculo.
Después de cuatro niños y varias propuestas que se quedaron en promesa, él fue el único que finalmente la llevó al altar con uno de mi misma edad. [risas] Eso pasa cuando sucede. Eso pasa. Así es. Y además por 16 años. 16 años. ¿Qué te hizo decidirte casar con este hombre? ¿Qué me hizo? Y eso para Lina no era cualquier cosa. Ella no se casó pensando a ver cuánto dura, se casó con la idea de que era para toda la vida, como se casaban antes, con fe, con ilusión y con esa esperanza medio terca de que el amor puede aguantarlo todo. Al
principio todo parecía caminar bien. Eente me enamoré, pues, para haber tomado esa decisión de casarme. Me enamoré. Eh, me gustó como me trataba. eh era joven, él arquitecto, tenía ya él no le prohibía trabajar, no le apagaba la carrera, no la quería esconder, al contrario, parecía apoyarla.
Y eso para una mujer como Lolina era importante porque no cualquiera aguanta estar al lado de alguien que todo el mundo voltea a ver, pero luego la vida metió la mano y cuando la vida mete la mano a veces no acomoda, desbarata. Llegó el embarazo, llegó la maternidad y después vino el accidente en Acapulco, una caída de dos pisos por las escaleras de su casa que le cambió el cuerpo, la rutina y la carrera.
De estar trabajando sin parar, pasó a vivir entre dolor, doctores, medicina y, por supuesto, mucho miedo. Me llegó un momento de depresión. ¿Por qué? Porque pues estaba en que si iba a caminar o no iba a caminar, que si iba a quedar chuequita o no iba a quedar chuequita. O sea, Lina estuvo un año en silla de ruedas y tardó años buscando la manera de volver a caminar bien.
La pierna se le estaba adelgazando, los médicos no le daban muchas esperanzas y ella se negaba a operarse porque le decían que de todos modos no iba a quedar bien. Un año en silla de ruedas, luego 3 años vi 15 doctores. Todos me decían lo mismo. Y aquí, amigos, viene el golpe fuerte, porque imagínense una mujer que vivía de su imagen, de su presencia, de entrar a un set y dominar la escena, de pronto batallando hasta para moverse dentro de su propia casa.
Y allí empezó otro tipo de película, pero sin luces, sin aplausos y sin director, gritando, “¡Corten!”. Mientras Lina se enfocaba en recuperarse, Ervin se fue metiendo más y más en su trabajo. Él tenía sus negocios, sus proyectos, sus pendientes y así, sin que una relación truene de un día para otro, empezaron a vivir en el mismo mundo.
Pero cada quien por su lado. La casa podía seguir de pie, pero el matrimonio ya traía grietas. hija, la más pequeña. El niño tenía eh 8 años y después vinieron las salidas, las dudas, los silencios incómodos y esas cosas que una mujer siente antes de que se las confirmen. Lina se enteró de cosas que le dolieron, pero al principio intentó aguantar, no porque no tuviera carácter, sino porque quería salvar su matrimonio y su familia. deshacer un matrimonio.
O sea, yo me casé con la idea de estar casada para toda la vida. O sea, no soy el tipo de que, ay, bueno, ya no vaya y el que sigue, no, porque no soy así, pero bueno, pues las cosas no se perdonó una vez y eso también habla de ella, porque mucha gente cree que el perdonar no es tener orgullo, pero a veces es el último intento de no dejar que se caiga todo lo que uno construyó con tanta esperanza.
se va, salía, él conoció gente, salió con ellas, yo me enteré y pues ahí empezaron los problemas, ¿no? Eso es algo que que tú sí definitivamente como mujer aceptas, una Pero amigos, cuando algo se rompe por dentro, aunque le pegues, la marca queda. siguió casada un tiempo tratando de que la historia no terminara así, pero llegó un momento en que ya no era solamente tristeza, ya se estaba enfermando por dentro y cuando los hijos empiezan a sentir lo que los adultos callan, la decisión pesa más, se separó y aunque todavía seguían casados, bueno,
pues las cosas no se dieron, eh, se se fracturó la relación y y pues bueno, llegó a su fin, o sea, y aquí viene uno de los detalles más fuertes de esta historia, amigos, aún Con la relación fracturada, Lina quería otro hijo. Quería que su segundo bebé tuviera el mismo padre que el primero. Para muchos puede sonar como una locura, pero para ella era una forma de mantener a la familia unida, aunque fuera desde otro lugar, la familia que había soñado.
Entonces volvieron a acercarse. Pero dije, quiero otro hijo. Es una locura, pero dije, lo quiero del mismo papá, aunque ya no iba con él y todo. No, yo entiendo esa parte. Sí. Le dije, “Quiero que sea del mismo papá. Entonces, en ese inter ya no para tener una relación, sino para tener un bebé.
Imagínense, amigos, empezaron a tener fines de semana como familia, viajes, intentos, momentos donde parecía que tal vez todavía quedaba algo por rescatar hasta que en una de esas vueltas de la vida, Dina quedó embarazada de su hija. Él vuelto loquito porque fue niña, que siempre quiso tener una niña y pues bueno, tratamos nuevamente, pero ya no era lo mismo, ¿no? Ya cuando la relación está fracturada, ya a por un momento intentaron volver a acomodar las piezas, pero ya no era lo mismo. Cuando una relación ya viene
golpeada, no basta con recordar lo bonito. Hay heridas que se quedan sentadas en la sala, aunque nadie las nombre. Como mujer, no aceptas una infidelidad, tú no la puedes perdonar. Pues mira, la acepté una vez, perdoné porque pues muchas veces uno quiere salvar el matrimonio y al final entendieron que lo mejor era separarse definitivamente.
Así terminó el único matrimonio de Lina Santos. No por falta de intentos, no porque ella se rindiera al primer golpe, sino porque a veces el amor se cansa, la confianza se rompe y la vida te obliga a soltar eso que un día juraste cuidar para siempre. Como diría mi tía Chuchis, tanto va el cántaro al agua que al fin se rompe y ya cuando se rompe ni aunque le pongas pegamento, ya no vuelve a quedar igual.
Amigos, y si ustedes se preguntaban con quién fue que el marido de Lina Santos la engañó, aquí viene la parte donde entra Aracel Arámbula, quien fue la tercera en discordia. Imagínense amigos, primero Luis Miguel quería conquistar a Lina Santos y después él se casó o bueno, se juntó con Aracelia Arámbula y tuvo dos hijos.
Pero antes de que Luis Miguel se juntara con Aracelia Arámbula, dicen que ella fue la tercera en discordia en el matrimonio de Lina Santos. Cuando muchos pensaban que Lina Santos ya iba a guardar silencio y tragarse el coraje, soltó una bomba con nombre y apellido, Araceli Arámbula. Ahí sí se acabaron las indirectas y empezó el incendio.
Lina señaló a Araceli como la mujer que según ella se había metido con su entonces esposo Edwin Godíes y no lo soltó despacito, lo aventó como quien ya se cansó de cargar una piedra en el pecho. Cuando yo hablo y digo las cosas es porque así es. Si no, yo no tengo por qué hablar, ¿verdad? Lina Santos aseguró tener pruebas contra Araceli.
La acusación fue fuerte porque Lina no habló de un simple coqueteo ni de un rumor de pasillo. La acusó de haberse metido en su matrimonio y de hacerlo por interés económico. Ya fue. Él está perfectamente bien. Él está trabajando, no pasa nada. Fue un problema donde tuvo que demostrar papeles y se acabó el problema. Afortunadamente o desgraciadamente está casado con una persona pública.
Entonces es y claro del otro lado brincó Araceli, negó todo y habló de demanda por difamación, pero Lina no se echó para atrás al contrario, salió con más filo y prácticamente le dijo, “Aquí la estoy esperando.” Pero la famosa demanda pues nunca llegó. Y aquí, amigos, el chisme agarró más fuerza.
Agarró, como dice mi tía, agarró vuelo. Porque ya saben cómo es la gente cuando alguien amenaza con abogados. Y luego no pasa nada, todos empiezan a preguntarse qué traía realmente cada quien bajo la manga y nunca llegó. ¿Por qué? Porque sabe que tengo en mi poder algo muy fuerte, ¿no? Sacar en algún momento. Lina aseguró que si hablaba era porque tenía con queso las quesadías, porque sostenía que lo que decía era porque tenía los pelos de la burra en la mano.
Ya no era una mujer intentando rescatar su matrimonio. Ya era una mujer divorciada, dolida, pero con la lengua bien afilada. y sin ganas de quedarse como la villana del cuento. Y Araceli sostuvo que todo lo que Lina Santos decía era falso. Y la farándula feliz, porque cuando dos nombres así chocan, los programas no necesitan ni ponerle música dramática.
La topo, pues para mí es como cualquier cosa, nada. También habló sobre el proceso legal de su exesoso, por el cual el escándalo se cocina solo. Como diría mi comadre, cuando una mujer aguanta callada mucho tiempo, el día que habla hasta las paredes se acomodan para escuchar. Y aquí la pregunta es que si tú crees que Lina soltó esa bomba porque tenía pruebas o porque después del divorcio ya no tenía nada que perder.
Cualquier gente le puede pasar, ¿me entiendes? Entonces, en el momento que enseñas papeles, demuestras que todo está en orden, pues ya no hay problema. Y así es la vida de Lina Santos, amigos, ahora después del escándalo. A sus 60 años, Lina Santos ya no vive corriendo detrás de reflectores como en sus mejores tiempos.
Ahora se mueve a su ritmo con sus negocios, sus proyectos y esa fama que aunque pasen los años todavía sigue vigente. Y después de tantas películas, romances, pleitos y capítulos oscuros, Lina no se mantuvo esperando que el pasado le pagara la renta. Pero eh me gusta verme bien, eh me gusta verme bien para mi público y tal como estoy ahorita, yo me siento de mal.
No, señores. Lina Santos en su faceta empresarial confiesa que traerá aparatos para reducir arrugas. Imagínense, amigos. Ella se puso lista. Con el dinero que ganó en sus años fuertes, decidió invertir y hacerse empresaria. Su mamá le había dado un consejo de esos que valen oro, no gastarse todo cuando el trabajo está bueno, porque la fama es muy coqueta, pero también muy ingrata.
Y así como Lina terminó haciendo vida en Estados Unidos, donde ha tenido negocios como un hotel y una clínica de belleza, nada mal para una mujer que a la que muchos querían encasillar solo en la chica del cine Picosito. Vendí mi casa en en México y pues prácticamente ya voy a estar acá, ya voy a estar más acá, o sea, voy y vengo, voy y vengo.
¿Qué pasa con la carrera artística? ¿Qué pasa? Pues nada, que aquí estamos de nuevo. [risas] Vas a retomar en la de los tres lancheros picudos. o la de qué buena está maijada, ¿se acuerdan de esa? En el año 2024 volvió a pisar los escenarios con la obra Las novias de Travolta, compartiendo con Alejandra Ávalos y Olivia Colis, entre otras actrices conocidas del espectáculo, porque una cosa es bajar el ritmo y otra muy distinta es desaparecer del mapa.
Las novias de Travolu casi desgreñan en plena alfombra a damelas de porque Lina podrá haber vivido rumores, traiciones, críticas y golpes duros, pero quedarse tirada nunca fue su estilo. Como diría mi prima, el que guarda pan para mayo no anda pidiendo migajas en enero. Ganado varios premios internacionales e este también en Europa.
Creo que una de ellas fue Mujeres Infieles, que fue muy importante esa película. Eh, tuvo mucho éxito. Y ahora sí, amigos, me gustaría saber su opinión. ¿Cómo recuerdan ustedes a Lina Santos? ¿Como una de las reinas del cine de ficheras o como una mujer fuerte y una figura que todavía guarda más que una verdad? Y si te gustó esta historia, déjanos tu like, suscríbete al canal y activa la campanita, porque eso nos ayuda a seguir subiendo más y mejor contenido y así tú tampoco te pierdes de
ninguna de nuestras interesantes intrigas. También déjanos en tus comentarios qué otra persona quieres que traigamos a la mesa y nos vemos en un próximo