Los Cachorros de Juan Villareal | Su Oscuro Pasado
La historia oscura y polémica de los cachorros de Juan Villarreal. Llegar a ser leyenda en la música norteña no es cualquier cosa y menos cuando vienes de abajo. De tocar donde se podía, [música] de aprender a puro oído y de abrirte camino entre cantinas, carreteras y canciones que no cualquiera se anima a cantar.
Hoy vamos a meternos en la historia de los cachorros de Juan Villarreal, una agrupación que nació entre hermanos, pero que terminó marcada por una tragedia que le cambió el rumbo para siempre. [música] le dice, “Ya cállate, espera.” Pero ojo, porque detrás del acordeón alegre también hubo golpes duros, nombres que cambiaron, corridos pesados, personajes de los que era mejor hablar bajito y una fama que creció entre respeto, miedo, [música] rumores y nostalgia.
Como decía mi abuelita, no todo lo que suena bonito viene con una historia alegre. [música] Bienvenidos, amigos a las Intrigas de Gerverín. Pónganse cómodos, déjenme su poderoso like, suscríbanse al canal si aún no lo han hecho y activen la campanita, porque aquí no venimos a repetir lo que todos dicen, venimos a abrir la puerta y ver que había detrás de una de las agrupaciones más bravas del norteño.
Ahora sí, sin más preámbulo, vámonos a lo que nos truje Chencha. Y déjenme contarles amigos, que estos cachorros nacieron y sin correa. Antes de que los cachorros de Juan Villarreal fueran nombre pesado en la música norteña, antes de los corridos bravos y antes de las películas y antes de que el acordeón de Juan sonara como si trajera dos pulmones, [música] todo empezó en Veracruz y Progreso, Tamaulipas, cerquita de Nuevo Progreso, en tierra de frontera, donde la vida no te pregunta si estás listo, [música] no más te avienta al ruedo y vámonos. Juan
Villarreal nació el 6 de mayo del año 1947 [música] y desde temprano la vida le cobró piso. Su mamá murió cuando él tenía apenas dos añitos [música] en un parto donde tampoco se logró la bebé, la hermanita de Juan. Así que Juan no creció entre algodones, creció con sus abuelos, entre campo, vacas, agricultura y mucha necesidad.
Sí. Eh, agatarios, ¿me entiendes? Poquito de vacas. Yo le yo le cuidaba a mi abuelo porque yo soy creo de abuelo. Mi madre muere cuando yo tenía 2 años. Okay. Y muere de parto de una hermanita. Entonces que que no seí. Y ahí empieza lo bueno, amigos, porque el muchacho no venía de escuela musical ni de familia de artistas ni de casa donde hubieran instrumentos colgados en la pared como adorno de colección.
No, señores, ahí se trabajaba, se cuidaban animales, se sembraba de todo, se esperaba la pisca y se hacía lo que se podía. Pero como decía mi madrina, cuando el destino trae tambora, aunque cierres la puerta, se te mete por la ventana. La primera cosquillita del acordeón le llegó de niño. Primero hacían acordeones de cartón en la escuela jugando, imaginándose como chamacos que no tenían instrumento, pero traían ganas.
Acordones de de cartón. hacíamos con el el acorrión mentado de la escuela. Entonces así y de ahí tocabonos ahí eh abajo de un árbol ahí comenzaba a tocar un primo mío. Luego una madrugada llegaron los hermanos Prado a darle serenata a su abuelo y dejaron un acordeón en la casa. Juanito, que tendría entre 7 u 8 años, lo vio y se le arrimó como quien no quiere la cosa.
Y sin maestro, sin permiso y sin saber ni qué estaba haciendo, empezó a sacar el sonido. Primero una canción, luego las mañanitas. Los grandes se quedaron sacados de onda porque en la casa nadie tocaba el acordeón, pero ahí estaba el chamaco [música] escondido casi debajo de la cama, como si hubiera hecho travesura cuando en realidad acababa de abrir la puerta de su vida.
Después vino la búsqueda del acordeón propio. Su papá quiso ayudarlo, pero como no conocía mucho del asunto, terminó comprándole un acordeón de teclado de esos que parecen piano chiquito. Mi papá, mi abuelo se equivoca, me compró una un acordón en piano, okay, chiquita. Y entonces este pues no pues sí le sacaba, pero no era lo mismo, no era lo mismo.
Entonces hasta llegó Valente Parao ese tipo. Juan le hacía la lucha, claro que sí, pero no era lo mismo porque [música] lo suyo era el acordeón pero de botones, pero no tenía uno de esos, así que le sacaba el sonido norteño que ya traía metido entre ceja y ceja. Así que tiempo después volvieron a Reyosa y ahora sí le consiguieron el instrumento correcto.
Y fue poquito antes de eso que apareció Valente Parra, un acordeonista muy respetado y amigo de la familia. No más vio el instrumento y les dijo que ahí estaba el problema. Juan no necesitaba un acordeón de teclado, necesitaba uno de botones. Ese consejo terminó cambiándole el rumbo y con el acordeón correcto en mano, Juan se iba a cuidar las vacas de su abuelo y se llevaba el instrumento y ahí entre animales, monte y silencio, se ponía a practicar.
Imagínense, amigos, el chamaco viendo que no se le fueran las vacas mientras se le venía encima el destino musical. La neta eso no lo inventa ni el mejor guionista. Sí, sí, me iban. Entonces de ahí unos tíos míos, este, eh, sobrinos, pero esto nada más como hobby, no pensaba dedicarse a eso ni para ir. Luego a su hermano José María le compraron una guitarra y ahí empezó el verdadero cimiento.
Los dos hermanos comenzaron a tocar juntos sin saber mucho, sin que nadie les dijera si iban desafinados o descuadrados. Ellos no más le daban y listo. Y así entre error y oído, [música] entre rancho y necesidad, fueron agarrando forma. Cuando Juan tenía 9 años los llevaron a Nuevo Progreso, a un lugar llamado Bar de las Flores.
Ahí tocaron para turistas americanos y ellos empezaron a darles monedas y [música] pues ahí cambió el asunto, porque una cosa es tocar por gusto y otra cosa es ver que el acordeón también podía traerte feria a la casa. Ahí sí que da más gusto. ¿A poco no, amigos? Como dijo mi vecina, cuando la necesidad oye música hasta se aprende el paso.
Curiosidad para los americanos, ¿no? Y comenzaron [música] a darnos darnos pescetas. Oye, viene la peta y vi que por ahí estaba. Le gustó más esa parte. Me gustó más me gustó más la música que cuidar vacas y que estar esperando los se meses que para que Primerito los anunciaron como dueto hermanos Villarreal.
Aunque Juan ni entendía [música] bien lo que decía el letrero. Ellos seguían tocando sábados y domingos [música] madurando en vivo frente a la gente que no perdona mucho, pero sí aplaude cuando algo les llega. Hermanos de me entiendes, bien original. Y yo no sabía y yo no sabía que decía que era [música] dueto. Yo pensé que decía Beto.
Beto, hermano. Juano. Luego apareció Mario Montes y les abrió la puerta para grabar en Discooro. Ese fue su primer paso formal en la grabación. Aunque al principio no pasó gran cosa. El disco sonaba un ratito en las cantinas y luego lo quitaban. Todavía no era el golpe grande, pero ya era una señal de que los muchachos no estaban jugando.
Prepárense porque la semana que entro vengo por ustedes para que vayan a grabar. Discos oro se llamaba. Okay. Eh, los dueños era Ramiro Cabazos, Mario Montes y Willy López. Willy López. En el año 1965 su abuelo les dijo que hicieran maletas con la mirada puesta en Monterrey. [música] Pero el camino les hizo una jugada.
Llegaron a Reyosa, entraron a una cantina llamada El Cadilac, tocaron, les fue bonito y se quedaron allí. Así, sin tanto plan montado, Reinosa terminó siendo estación y trampolín, amigos. Y es que a veces uno cree que va para un lado y la vida te dice, “Espérate tantito, aquí hay lumbre.” Mi abuelo para que Monterrey que no llegamos, no llegamos.
Nos quedamos ahí en ahí en en Reyosa. En Reyosa. Y y ¿cuándo graban ya como eh los cachorros o cuándo cambian el nombre de los cachorros? Lo que pasa es que fueron varias. Después siguieron grabando, pasaron por discos del Valle, todavía como los hermanos Villarreal. [música] Luego llegó discos Bego y ahí nació el nombre que se quedó para siempre.
Les tomaron unas fotografías y los vieron muy chavalitos, bien jovencitos. Y alguien soltó el comentario que parecían gatitos cachorritos y de [música] ahí salió los cachorros hermanos Villarreal. Y miren lo más, qué ironía. Un nombre que nació casi de una burla terminó volviéndose marca de respeto. Parecen cachorritos y de ahí viene el nombre.
Los cachorros. Okay. Ahí viene el nombre de los cachorros. Hermanos Villarreal. Los cachorros. Los cachorros hermanos Villarreal. O sea, le pusieron así. Entonces [música] es y de ahí el primer éxito que se sintió fue tu culpa. Ese tema les empezó a levantar el nombre, pero después llegó Cornelio Reina, el gran músico mexicano que los conocía desde Nuevo Progreso y les dio oportunidad en su compañía CR.
Ahí grabaron Pobre de ti y luego vinieron. Por favor, compréndeme la chupa rosa y Petate Viejo. Canciones que empezaron a pegar duro de esas que ya no nada más sonaban, sino que la gente pedía. [canto] [música] Ahí los cachorros comenzaron a dejar de ser promesa y empezaron a volverse cosa seria.
La radio les abrió espacio, los programas los buscaban y el público empezó a ubicar ese estilo diferente de Juan, ese acordeón que sonaba lleno, sabroso, como si trajera más manos de las que tenían. [música] Y eso que no era pulpo. Pulpo le decían las chavas. Bueno, de eso hablaremos más adelante. A eso súmale que alternaron con monstruos de la época Los Relámpagos del Norte, Valerio Longoria, Agustín Ramírez, Chicho Martínez y otros pesados del norteño.
Ya no eran los niños de cantina ni los chamacos de las monedas. Ya estaban parados donde se paran los que traen con queso las quesadillas. ¿Y con qué responder? Er, unos conjuntazos [música] y nosotros pues la corrion el bajo y el exesto y empezamos. ¿Cómo cómo los trataban esas grandes estrellas de la época ustedes? Muy bonito.
Desde nos dieron nos dieron mucha confianza los compañeros Valerio. Esa fue la primera época dorada de los cachorros, cuando Juan y José María todavía caminaban juntos, cuando el apellido Villarreal sonaba cada vez más fuerte y [música] cuando la música les estaba abriendo puertas en la radio. También les abrió puertas en los bailes, en la televisión y, por supuesto, en las carreteras.
querido. Pero ojo, porque en esa subida venía escondido el golpe. Los hermanos estaban pegando las canciones y [música] gustaban mucho. El público los quería, los consentía y el destino parecía traerlos en [música] hombros. Pero como dijo mi tío, cuando el cielo se pone demasiado claro, a veces es porque viene la tormenta atrás y esa tormenta les iba a caer en el año 1972.
Pero antes quiero hacerles una pregunta. [música] ¿Ustedes creen que los cachorros triunfaron por talento puro o la vida los apretó tanto que no les quedó de otra más que volverse grandes? Bueno, amigos, sigamos con lo del accidente. El accidente que cambió la historia de los cachorros para siempre. Los cachorros venían subiendo como espuma.
Ya habían dejado atrás los días de tocar por monedas. [música] Ya se les abrían puertas en la radio, ya los bailes empezaban a pedirlos y el apellido Villarreal comenzaba a sonar con respeto en el norteño. A [música][canto] ella si sabes tú. Juan y José María también le decían Chema. No eran nada más dos músicos arriba de un escenario, eran hermanos, socios, cómplices de camino y de hambre.
Habían empezado juntos desde abajo, cuando todavía cargaban más ilusiones que dinero [música] y se habían abierto paso entre cantinas, grabaciones, carretera y puro colmillo. Pero en el año pero en 1972 llegó la tragedia que nadie vio venir. Lo que parecía un día normal de carretera terminó convertido en una herida para toda la vida.
Juan y José María iban juntos como tantas otras veces. En algún momento del camino, Juan se quiso bajar del vehículo y José María siguió adelante. Apenas habían pasado unos 4 minutos cuando Juan [música] volvió hacia la carretera y alcanzó a ver que algo terrible había ocurrido. Un accidente ya estaba consumado. Bastaron unos cuantos minutos para que el hermano con el que había construido el sueño desde niño ya no regresara.
Y es que, amigos, hay momentos que duran un suspiro, pero cambian una vida para siempre. que lo dejas en una esquina, pero cada vez que miras la esquina este [música] de tu casa, ahí está bien el recuerdo. Por ejemplo, [carraspeo] e yo lo lo sepultamos en el panteón Guadalupano y compré un terreno grande. El hermano con quien Juan había levantado aquel sueño desde chamaco había [música] fallecido.
José María Villarreal, el de la guitarra, el de los primeros caminos, el que conocía la pobreza, las cantinas y las grabaciones difíciles, ya no estaba. Se fue su sangre, su compañero de escenario y una mitad completa de los cachorros. De los cachorros está muy cañón. Bienvenidos. Gracias. Y cuénteme, don Juan, ¿qué le cuento? [música] Nace en dónde? En progreso.
En progreso, ¿no? Bueno, yo mi en donde yo en donde yo nací el 6 de mayo fue cuando nació. Y esto es lo que cala más, amigos. Juan confiaba tanto en él que [música] cuando trabajaban le daba su parte del dinero para que se la cuidara. Ese nivel de confianza no se compra ni se ensaya. Eso se trae desde la misma vida.
Eran de esos hermanos que no nada más comparten apellido, también comparten destino. Este, en tanto así este le tenía confianza yo, a mi hermano, que que agarrar este trabajábamos y la parte mía se la se la daba él para que me la cuidara. [risas] No, pues mucha confianza, mucha confianza. nos queríamos mucho. Por eso el golpe no fue solamente musical, fue de esos que te dejan viendo el piso, aunque la gente te esté aplaudiendo.
Juan siguió adelante, sí, pero seguir no quiere decir que no doliera. A veces uno sigue porque no hay de otra, porque las cuentas no esperan, porque el público pide canciones, porque el grupo tiene nombre y porque el recuerdo del que se fue también empuja. Juan ha dejado claro que ese tipo de golpes no se superan como si fuera cualquier mal rato.
Se arrinconan, se cargan, se aprende a caminar con ellos, aunque de vez en cuando vuelva a salir como perro sin dueño. Con los años, Juan mandó traer los restos de su hermano para tenerlo cerca en el mismo lugar donde también descansaría su esposa. Y ahí uno entiende que para él José María no quedó no más como parte de una historia musical, quedó [música] como una ausencia que todavía se sienta en la mesa y como dijo mi primo, hay heridas que no sangran todos los días, pero tampoco cierran nunca.
Son golpes que no se pueden, que los dejas en una esquina, pero cada vez que miras la esquina este de tu casa, ahí estáene el recuerdo. Por ejemplo, e lo yo lo lo sepultamos en el panteón Guadalupanos y después de esa tragedia, los cachorros ya no fueron los mismos. El grupo siguió sonando, el acordeón siguió llorando y Juan tuvo que ponerse al frente con todo el peso encima.
[música] Pero desde ese accidente cada éxito venía acompañado de una sombra. Cada aplauso traía memoria y cada canción parecía cargar una pregunta que nadie quería responder en voz alta. ¿Se podía seguir siendo los cachorros sin José María? Juan decidió que sí, pero esa decisión abrió otra puerta, una más delicada, una que con el tiempo iba a levantar miradas, comentarios y dudas, [música] porque después de la muerte de su hermano, el nombre del grupo cambió y ahí empezó una de las preguntas más filosas de toda esta historia. [música]
¿Fue un homenaje, una necesidad o el primer gran gesto de ego de Juan Villarreal? Los leo en los comentarios. Y vean, amigos, aquí hay una cosa polémica porque él cambió el nombre del grupo y eso causó bastantes dimes y diretes. Después de la muerte de José María, los cachorros ya no podían caminar igual.
Aunque la música siguiera sonando, el grupo había nacido entre dos hermanos, pero la vida dejó a Juan encargado del acordeón. el nombre y una ausencia que pesaba como costal mojado. Y ahí vino el detalle que con los años agarró sabor a chisme. El grupo empezó a presentarse como los cachorros de Juan Villarreal.
Ahí sí que la gente decía, “¿Y dónde está el nombre del hermano? brazos te están esperando. A simple vista uno podría decir, pues claro, Juan quedó al frente y tenía que sacar la agrupación adelante, pero ya saben cómo es la gente, donde ve un cambio en el letrero, luego luego le busca luego luego le busca segunda lectura, tercera intención y hasta pecado escondido.
Para algunos poner su nombre fue una forma de marcar una nueva etapa, una manera de decir, “Aquí seguimos, José María ya no está, pero la historia no se acaba.” era ponerle firma el dolor y seguir tocando, aunque la herida todavía estuviera tierna. Pero para otros ahí empezó el run incómodo [música] porque antes eran los hermanos Villarreal, luego los cachorros hermanos Villarreal y después de pronto, de un momento a otro nombre de Juan quedó al frente.
Y pues, ¿qué les digo, amigos? Cuando un apellido se sube al letrero, siempre aparece alguien diciendo, “Ahí hay ego.” [canto] Y muchos les brincó la duda. Si el grupo había nacido con dos hermanos y si el público los conoció como parte de una misma historia, ¿por qué no dejar el nombre como estaba? Algunos esperaban que siguiera sonando igual, como cuando José María estaba [música] vivo, como si mantener el nombre intacto también fuera una forma de mantenerlo presente.
Pero el [música] letrero cambió y con ese cambio el chisme agarró vuelo. Ay, cómo la quiero [música][canto] yo. Para unos lógico, Juan quedó al frente y necesitaba darle rumbo al grupo. Para otros fue el momento en que una historia de hermanos empezó a sentirse como la historia de un solo [música] hombre. Y aquí no se trata de decir que Juan borró a su hermano, porque eso sería aventarse sin red.
Al contrario, cuando habla de José María se nota que la herida sigue viva, pero en la música la percepción pesa. Y cuando una agrupación familiar termina llevando solo un nombre, la gente comenta, señala y le pone chile, aunque nadie se lo haya pedido. [música] [canto] Como dijo mi jefa, no hace falta que haya lumbre para que algunos ya anden vendiendo humo.
Y es algo muy cierto, amigos. El nombre funcionó, eso nadie lo puede negar. Los cachorros de Juan Villarreal se volvieron una marca fuerte, reconocible, de esas que la gente ubica rápido en los carteles, discos [música] y en los bailes. Pero también dejó una pregunta rondando, una de esas que no se dice con micrófono enfrente, pero sí bajito entre quienes les gusta rascarle a la historia.
Y aquí la pregunta [música] es, ¿creen ustedes que esto fue una decisión necesaria para que el grupo sobreviviera o fue el primer momento en que Juan entendió que la leyenda ya caminaba con su nombre por delante? por la Y vean amigos, aquí también vino otro asunto polémico porque hubieron corridos que [música] olían a pólvora y después de la tragedia de Juan Villarreal no solo siguió con los cachorros, también empezó a meterse más fuerte en el terreno donde muchos cantantes caminan y con pasitos cuidadosos, con pasos de
plomo, dijera mi tía. Los corridos pesados. Y no estamos hablando de canciones hechas no más para que la raza zapateara en el baile. No, amigos. Aquí ya entramos en historias con nombres cambiados, [música] personajes al margen de la ley, hombres poderosos del bajo mundo y relatos que sonaban bonitos pero traían filo escondido por que Juan tenía una forma muy particular de escribir.
No siempre inventaba desde cero. Muchas veces agarraba historias que venían de personajes reales, de gente que ya tenía fama, sombra [música] y camino recorrido. Pero ojo, cuando la historia estaba muy caliente, había que moverle tantito al nombre, porque una cosa es hacer un corrido y otra muy distinta, andar comprando pleito gratis.
Ahí es donde la cosa se pone sabrosa. El mismo Juan ha contado que a veces cambiaba los nombres para no meterse en problemas y con eso basta para que uno entienda por qué sus canciones empezaron a cargar esa fama de brava. Porque si tienes que esconder un nombre es porque detrás no venía un angelito vendiendo algodones en la plaza.
Lozano presenta a los cachorros de Juan Villarreal, don Juan Villarreal y mi compadre Mico. [música] Compadre, qué gustazo, don Juan, qué gustazo tenerlo aquí. Sabe que lo quiero mucho y cada vez que lo veo los veo con much Claro que no, amigos, había gente peligrosa. Entre esos corridos que la gente recuerda están se les peló Baltazar.
regalo caro, sabiendo quién era yo y la herencia del cartel. Canciones que no sonaban a cuento de hadas, sino a camino polvoso, gente pesada, cuentas [música] pendientes y vidas que se jugaban con la mano cerca del sombrero. Pero Juan no los cantaba como quien presume peligro, los cantaba como quien [música] cuenta lo que se escucha en el ambiente, como si el acordeón fuera periódico de rancho, no más que con más ritmo y menos permiso.
Y ahí también nació otra parte del mito. ¿Por qué muchos escuchaban esos corridos y se preguntaban quién estaba detrás de la historia? ¿Sería inventado? [música] ¿Sería cierto? ¿Era un encargo? ¿Era una advertencia disfrazada de canción? Personaje ficticio, como que no tiene sabor, como que no agarra igual, ¿no? Sí, claro. Eh, nosotros será porque la gente lo conoció también y sí o por oídas o por lo que sea, pero pero saben más los que son.
¿Qué era eso? Como dijo mi vecina, cuando el río suena no siempre trae agua, a veces trae trocas sin placas y como decimos a veces a veces trae mucho chisme. Y lo más curioso es que esas historias no se quedaron solo en los bailes. Algunos corridos de Juan llamaron tanto la atención que terminaron brincando al cine.
Productores escuchaban el tema, buscaban quién era el personaje, le rascaban tantito la historia y de ahí salían hasta películas. O sea, no eran simples canciones de cantina, eran relatos que daban [música] para pantalla grande. Escucha el corrido, o escucha el personaje, se va a los se va a los periódicos, se va esto y a ver quién es el personaje este le sacan la esencia, le sacan le sacan sabor y cuando es un es [música] un eh y chisme completo, ¿a poco no, amigos? Y claro, eso alimentó todavía más el chisme, porque cuando un corrido se vuelve película, cuando la gente empieza
a buscar el personaje real, cuando el compositor acepta que a veces cambiaba nombres para evitar broncas, pues la leyenda se pone más espesa que caldo recalentado. Ahí los cachorros dejaron de ser vistos como un grupo norteño de baile. empezaron a cargar una reputación más delicada, la de cantar historias que olían a peligro, a frontera, a secretos y a gente necesitaba levantar la voz para imponer respeto.
Y ese fue uno de los sellos más fuertes de Juan Villarreal. No más tocaba bonito, también sabía componer música, historias que muchos preferían comentar, pero en voz bajita. Y la pregunta es, ¿tú crees [música] que esos corridos eran simples relatos musicales? O Juan Villarreal sabía perfectamente que estaba cantando historias demasiado peligrosas.
Y vean amigos, aquí viene algo muy polémico porque les cuento que loco Valdés decía, “El hombre que niega ser mujeriego es un traidor canaya porque a Juan Villarreal también le nació la fama de mujeriego. [música] Y no solo le siguieron la pista por su acordeón, amigos, no también por esa fama de hombre que según la gente no pasaba desapercibido en los bailes.
[música] Porque una cosa era verlo arriba del escenario, serio, concentrado, con el acordeón pegado al pecho. Y otra muy distinta era lo que se comentaba abajo, [música] entre mesas, cerveza y mirada largas, que si lo saludaban mucho, que si allá le sonreían de más, que si en cada baile dejaba corazones inquietos.
Ya saben, amigos, cómo es el chisme en los pueblos, no camina galopa. Hermosas al panteón. [música] La canción 20 mujeres no ayudó a calmar los rumores, al contrario, le echó más gasolina al fuego. La gente escuchaba el título y luego luego amarraba cabos. Aunque a veces los cabos fueran puro mecate viejo.
Para unos solamente una canción, pero para otros era una pista. Y para los más chismosos era casi una confesión cantada. [música] [canto] Lo sabroso del asunto es cómo se fue construyendo el personaje, [música] el músico serio arriba del escenario, el hombre de familia por un lado y por el otro el rumor de que en cada baile alguna muchacha quedaba suspirando más por Juan que por la canción.
Como dijo mi tía, músico con acordeón y fama de galán, aunque no quiera, junta miradas como pan caliente. De todo el tiempo voy acompañado, siempre, siempre. Y si es mujer mejor. [risas] Sí, ahora porque antes como que ahora sí para mí dice, ¿a quién les cuenta? Y así entre canciones, comentarios y sonrisas de baile, Juan cargó otra leyenda encima.
No solo la del compositor de corridos pesados, ni la del hombre golpeado por la tragedia, sino también la del artista, que según la gente no necesitaba cantar de amor para dejar a más de una pensando en él. Y aquí la pregunta es, ¿creen ustedes que la fama de Galán nació de la realidad o la gente le puso demasiada salsa a sus tacos? [música] Díganme en los comentarios.
Pero vean, amigos, también Juan Villarreal tenía carácter de brabucón. [música] No solo le rodeó la fama de buen acordeonista o de mujeriego, también empezó a correr esa imagen de hombre serio, recio, de esos que no se doblan fácil y que si alguien le buscaba ruido, no parecía de los que se quedaban callados.
En el ambiente norteño, donde hay carre
tera, desveladas, bailes largos y gente de todo tipo, el carácter pesa casi tanto como el talento. Y Juan fue agarrando fama de hombre derecho, pero también de carácter fuerte. De esos que no andaban rogando respeto, lo exigen con la mirada. Fueron cachorros. Buen punto. Ese es buen punto.
Pero, ¿dónde nace el amor del fútbol? Fate. Empecé a venir yo más seguido para acá, para Monterrey, y en una ocasión me invitaron al estadio y claro, una cosa es tener temperamento y otra buscar pleito, pero ya saben cómo se pone el chisme. [música] Alguien lo ve serio, otro lo ve contestar seco, otro cuenta que no se dejó y cuando acuerdan ya lo traen como hombre [música] bravo, como si cargara el acordeón en una mano y el orgullo en la otra.
Como dijo mi compadre, al que camina firme luego le inventan que va pisando gente. Y aunque no hay que venderlo como peleador de cantina, sí queda claro que Juan no construyó una imagen suave. Su leyenda venía con tragedia, corridos pesados, nombre propio y un modo de pararse que hacía pensar que no cualquiera le hablaba recio dos veces.
¿Crees que esa fama de Bravo se le ganó [música] Juan o la gente le fue poniendo más chile del que realmente tenía? Y bien, amigos, aquí viene la historia del viejo león que no suelta el acordeón y es que Juan ya tiene 79 años encima. Juan Villarreal sigue dando de qué hablar y no porque ande buscando plate, sino porque cada vez que alguien le pregunta por el retiro parece que le quieren tocar una canción que no le gusta.
A estas alturas, muchos de su generación ya se retiraron y otras y otros ya se fueron con San Pedro y unos cuantos quedaron como recuerdo en disco viejo. Pero Juan sigue ahí. Pero Juan sigue ahí con el acordeón cerca, como si Soltarlo fuera traicionarse a sí mismo. [música] Y cuando le preguntan cuándo piensa retirarse, él no se pone sentimental ni hace drama de novela.
contesta con ese colmillo de viejo lobo norteño como diciendo, “¿Ya quieren que me vaya o qué?” Pero la frase que más pesa es otra. Juan puede dejar de trabajar, puede bajarse a los puede bajarse de los bailes, puede descansar del camino, pero dejar de tocar el acordeón, eso [música] jamás, porque para él el acordeón no es una herramienta, es una compañía, [música] es memoria, es costumbre, es refugio y es vida entera metida entre botones.
Como dijo mi tío, hay cosas que uno no deja, no más se las lleva donde el cuerpo aguante. [música] Y ahí está el debate, amigos. Para unos, Juan ya debería descansar, para otros [música] mientras pueda tocar, pues que toque, porque no todos los días se ve a una leyenda negándose a bajarse del escenario, aunque el tiempo ya le esté cobrando entrada.
Y aquí la pregunta es, ¿tú qué opinas? ¿Crees que Juan Villarreal debería retirarse como la leyenda intacta? o seguir tocando mientras el cuerpo y el acordeón pues aguanten. Y vean, amigos, la leyenda pesa más que el chisme. [música] Después de todo lo que pasó, tragedias, rumores, corridos pesados y cambios que dieron mucho de que hablar, hay algo que ni los años ni las polémicas pudieron borrar, el nombre de los cachorros de Juan Villarreal, porque al final los números también cuentan historias.
La agrupación ha grabado más de 54 discos. Sus canciones han llegado a 11 películas y Juan Villarreal ha registrado más de 320 composiciones. Amigos, eso no es nada fácil. Muchas de ellas han sido interpretadas por figuras tan importantes del regional mexicano. Además, durante décadas llevaron su música por todo Estados Unidos en más de 80 giras, dejando huella mucho más allá de la frontera.
Y si hay una canción que retrata ese legado, esa es Se les [música] peló Baltazar. El corrido fue grabado por más de un centenar de artistas. Eso, amigos, eso no es poca cosa. Convirtiéndose en una de las composiciones más buscadas y respetadas dentro del norteño. No cualquiera puede presumir algo así. El espeló Baltazar es una mega canción muy popular.
Los reconocimientos también llegaron. Juan ha sido homenajeado en distintas ocasiones por su trayectoria [música] y continúa siendo considerado uno de los acordeonistas que ayudaron a dar identidad al sonido norteño fronterizo. Incluso en años recientes seguía hablando de nuevos temas, nuevos proyectos y del gusto por seguir componiendo, demostrando que la inspiración nunca se le quedó guardada en un cajón.
[música] [canto] que tuvimos. Quizá eso explica por qué después de más de seis décadas de carretera el nombre de los cachorros sigue apareciendo cuando se habla de los grandes, porque las canciones sobrevivieron al tiempo, los corridos se volvieron parte de la cultura popular y el acordeón de Juan terminó marcando a generaciones enteras de músicos.
Como dijo [música] mi abuelita, el árbol se conoce por sus frutos y cuando una historia sigue dando de qué hablar después de tantos años es porque algo hizo bien. [música] Y aquí la pregunta es, ¿consideras que los cachorros de Juan Villarreal merecen un lugar entre las agrupaciones más grandes que ha dado la música norteña? Y amigos, si les [carraspeo] Y amigos, si les gustó esta historia, suscríbanse a Las Intrigas de Herberí, activen la campanita si aún no lo han hecho y déjenme en los comentarios qué otra leyenda del regional mexicano quieren
que destapemos en el próximo video. Y nos vemos en una próxima ocasión y sígansela pasando bonito.