LUCÍA MÉNDEZ: La ASQUEROSA VERDAD que Desató una Guerra de 45 AÑOS

LUCÍA MÉNDEZ: La ASQUEROSA VERDAD que Desató una Guerra de 45 AÑOS

¿Qué pensarías si te dijera que la mujer que paralizó la Ciudad de México con una telenovela sobre una prostituta fue la misma que, según los rumores que todavía sacuden al espectáculo mexicano, mantuvo una relación secreta con el presidente de la República? ¿Qué pensarías si te dijera que esa misma mujer fue vetada [música] durante 15 años por la televisora más poderosa de América Latina por el simple hecho de haber grabado una telenovela con la competencia? ¿Y qué pensarías si te dijera que hace apenas 3 días con 71

años cumplidos, [música] esa mujer amenazó con demandar a Angélica María, la novia de México, por acusarla de haberle bloqueado la carrera 40 años atrás? León, Guanajuato, 1955 o 1951, depende a quién le preguntes, porque la fecha de nacimiento de esta mujer es en sí misma el primer misterio de una vida llena de secretos a voces.

 [música] Un 26 de enero, en una casa de la colonia Centro de León nace una niña, la tercera de cuatro hermanos. Sus padres son Antonio Méndez Velasco, un ingeniero con trabajo estable y Marta Ofelia Pérez, contadora, una familia de clase media que para los estándares del México de los años [música] 50 significa una cosa muy concreta.

 Hay comida en la mesa, hay escuela, hay zapatos nuevos cada año, pero hay algo más. Hay ambición. Hay ese hambre particular de las familias provincianas mexicanas que ven en la Ciudad de México el destino inevitable de los hijos con talento. Y esta niña desde los 4 años tiene talento. Canta villancicos en las posadas navideñas con una [música] voz que hace callar a los tíos.

 Baila en los festivales del colegio con una soltura que las monjas no saben si aplaudir o castigar. Y tiene una cara, una cara que 10 años después iba a ser elegida como el rostro más bello de México por un periódico nacional. Esa niña se llama Lucía Leticia Méndez Pérez. ¿Sabías que hay una controversia sobre si Lucía Méndez nació en 1951 o en 1955? Wikipedia dice una cosa, los archivos de El Heraldo dicen otra.

 Ella misma ha dado fechas distintas en distintas épocas. [música] Cuéntame en los comentarios cuál crees que es la verdadera y si esto [música] te está atrapando, dale like ya al video, que la parte que viene es de las que te deja la boca abierta. Bienvenido a Apellidos Malditos. Si es la primera vez que caes en este canal, ya sabes qué hacer.

 Suscríbete ahora mismo, toca la campanita, dale like antes de que se te olvide, porque hoy te cuento la historia oscura del apellido Méndez, un apellido común, un apellido que en los registros civiles de México aparece millones de veces. Un apellido que en el caso de Lucía se convirtió en sinónimo de diva, de reina, de intocable y también de polémica, [música] de rivalidad, de veto y de una soledad que ella misma ha reconocido en las entrevistas más honestas de su carrera.

 El apellido de la mujer que le compuso canciones a Juan Gabriel, que fue producida por Camilo Vesto, que actuó con Cantinflas, con Anthony Queen, con Vicente Fernández, con Andrés García y que hoy con más de 50 años de carrera sigue dando titulares cada semana por las peleas que protagoniza con otras figuras del espectáculo mexicano.

 [música] Quédate que esto tiene muchísimo más de lo que crees. Para entender por qué el apellido Méndez, en el caso de Lucía, terminó cargando lo que carga. Hay que entender primero algo sobre León, Guanajuato. León en los años [música] 50 era la capital del calzado mexicano, una ciudad industrial, una ciudad trabajadora, una ciudad donde las familias de clase media, como los Méndez Pérez, [música] invertían todo en la educación de los hijos, esperando que alguno de ellos saltara a la capital.

 y diera el salto de clase que la provincia no ofrecía. Los cuatro hermanos Méndez Pérez crecieron en ese ambiente. Carlos Antonio, Marta Minerva, Lucía y Jorge Abraham. Los cuatro estudiaron. Los cuatro tuvieron una infancia estable, pero solo una de los cuatro iba a dar ese salto y lo iba a dar con una potencia que nadie, ni siquiera el padre ingeniero que la empujó desde chica, [música] habría podido prever.

 Lucía, con 13 o 14 años empezó a participar en concursos de belleza locales. León tenía una tradición fuerte de certámenes juveniles. Las chicas de las familias acomodadas competían por títulos que en la provincia significaban todo. Reina de la feria del zapato, señorita León, señorita Guanajuato. Lucía ganó varios.

Su cara, con los pómulos altos, los ojos almendrados y una sonrisa que las cámaras de la época capturaban con facilidad, empezó a circular en las revistas [música] locales. Pero antes de los concursos hubo algo más, algo que la propia Lucía ha contado con una franqueza que en su generación era rara. Su infancia en León estuvo marcada por un padre extraordinariamente estricto, Antonio Méndez Velasco, [música] el ingeniero, controlaba cada salida, cada amistad, cada vestido que la hija usaba.

Las hermanas podían salir a las fiestas del barrio. Lucía, la más bonita de las cuatro, la que más llamaba la atención, tenía restricciones adicionales, horarios de regreso inflexibles, prohibición de novios, prohibición de maquillaje hasta los 15 [música] años, prohibición de faldas cortas, una disciplina casi militar que, según lo contaría, Lucía décadas después, en una entrevista con Verónica del Castillo, terminó generando el efecto contrario al deseado.

 Mi papá me tenía muy controlada y me gustaba un italiano. Entonces, no puedes salir, no puedes esto. Y en una fiesta que nos vimos, imagínate, pasó a los 15 años. [música] Con esa frase dicha sin pudor en un programa de YouTube, Lucía Méndez confesó que había perdido la virginidad a los 15 años y que cuando se lo contó a su madre, Marta Ofelia, se desmayó.

 Cuando yo la vi tirada en el suelo, dije, “Se pudo haber muerto de un infarto o algo [música] y me dio como trauma.” Esa anécdota que circula hoy en todos los compilados de entrevistas de Lucía define un patrón que iba a repetirse durante toda su vida. [música] La mujer que dice lo que piensa, la mujer que no se guarda nada.

 La mujer que con 71 años sigue contando sus intimidades con la misma naturalidad con la que las vivió. [música] La relación con el padre marcó a Lucía de una manera que ella misma ha reconocido en múltiples ocasiones. [música] El control paterno, lejos de frenarla, le enseñó dos cosas. Primera, que la belleza era un arma.

 Segunda, que las reglas estaban para romperse. Lucía aprendió desde adolescente a usar su cara como pasaporte, a sonreír cuando hacía falta, a callar cuando convenía [música] y a explotar cuando la presión era demasiada. Ese patrón, el de la mujer que alterna entre el silencio calculado y la explosión mediática, iba a definir su carrera entera desde Colorina hasta la pelea con Angélica María en julio de 2026, 50 años del mismo mecanismo.

 Callar, acumular, explotar, callar de nuevo. Un fotógrafo de la Ciudad de México que visitaba León para un evento comercial la vio en una portada local y le sugirió que se presentara al concurso del rostro de El Heraldo de México, un certamen organizado por el periódico más importante de la capital que buscaba cada año a la joven más fotogénica del país.

 Lucía, con apenas 17 años viajó a la Ciudad de México con su madre. Se inscribió, posó para las cámaras. Y en 1972 ganó El rostro de El Heraldo de México, un título que en aquellos años funcionaba como un pase directo a Televisa, como una tarjeta de presentación que abría puertas que para cualquier otra joven de provincia habrían permanecido cerradas de por vida.

 ¿Habías escuchado ese dato? ¿Sabías que Lucía Méndez llegó a la televisión mexicana no por casting ni por audición, sino por ganar un concurso de belleza en un periódico? En los años 70, el camino a la fama en México era radicalmente distinto al de hoy. Cuéntame en los comentarios si conocías esa historia y aprovecho para preguntarte, si vos tuvieras 17 años y un periódico te ofreciera hacer el rostro del año, ¿deías tu pueblo para irte a la capital sin garantías de nada? Lucía lo hizo y ese salto le cambió la vida para siempre. Con el título del

rostro en la mano, Lucía entró a Televisa en 1972. Su primera aparición fue al lado de Angélica María en la telenovela. Muchacha italiana viene a casarse. Un papel pequeño, [música] un papel de relleno, pero suficiente para que los productores la vieran y para que empezaran a llamarla. En 1975 hizo Paloma.

 al lado de Andrés García y Ofelia Medina. Ese mismo año recibió el premio Calendario Azteca como revelación en televisión. En 1976 vino su primer protagónico real, Mundos opuestos, donde interpretó a una tal Cecilia que enamoraba por igual a dos hombres de mundos distintos. En 1978, Viviana con Héctor Bonilla la catapultó a nivel internacional.

 Pero el verdadero estallido, el momento que iba a definir su carrera para siempre, llegó en 1980 y se llamó Colorina. Colorina fue la telenovela que paralizó la Ciudad de México, producida por Valentín Pimstein, el hombre que había construido el imperio de las telenovelas de Televisa. Colorina contaba la historia de una prostituta, una mujer que vendía su cuerpo en los bajos fondos de la capital mexicana y que a pesar de su oficio tenía una sensibilidad y una dignidad que desafiaban a la sociedad entera.

Lucía Méndez, con 25 años interpretó a esa prostituta con una intensidad que nadie esperaba. El personaje de Colorina era radical para su época. En la televisión mexicana de 1980, los papeles femeninos se dividían en dos categorías, la virgen buena y la villana malvada. Las protagonistas eran siempre puras, inocentes, sacrificadas.

 Las antagonistas eran manipuladoras, ambiciosas, crueles. Colorina rompía ese esquema. una prostituta que era buena persona, una mujer que vendía su cuerpo, pero que tenía más dignidad que los ricos que la compraban, una heroína que no pedía perdón por su oficio. Lucía le dio al personaje una profundidad que los guionistas no habían previsto del todo.

Improvisó gestos, cambió líneas de diálogo, sugirió escenas que los directores al principio rechazaron, pero que después aceptaron porque funcionaban mejor que el guion original. La telenovela transmitida en horario estelar generó una polémica enorme. Los sectores más conservadores de la sociedad mexicana pidieron que la sacaran del aire.

 Las asociaciones de padres de familia protestaron. La Iglesia Católica emitió comunicados. El arzobispo de México pidió públicamente que Televisa reconsiderara la emisión. Las escuelas católicas mandaron cartas a los padres de familia, advirtiendo que Colorina era una apología de la prostitución. Y Televisa, en un movimiento que hoy se estudia en las escuelas de comunicación, cambió el horario de transmisión para evitar que los niños la vieran, pero nadie dejó de verla.

 Colorina se convirtió en un fenómeno. Las amas de casa la veían a escondidas. Los trabajadores salían temprano de la oficina para llegar a tiempo al capítulo. Los taxis se estacionaban frente a los aparadores de las tiendas de electrodomésticos donde las pantallas pasaban la telenovela. Y Jacobo Sabludowski, el conductor del noticiero más importante de México, el hombre que daba las noticias a 30 millones de personas cada noche, hizo algo sin precedentes.

 Interrumpió su noticiero para hacer una pregunta al aire. Una pregunta que hoy suena absurda, pero que en 1980 movió a un país entero. ¿Quién es el hijo de Colorina? Esa pregunta formulada por el periodista más serio de México, en el noticiero más serio de México confirmó que Lucía Méndez había dejado de ser una actriz de telenovelas para convertirse en un fenómeno cultural.

 La revista People en español, años después incluyó a Colorina en su lista de las 10 mejores telenovelas de la historia. [música] Después de Colorina vinieron dos telenovelas más que consolidaron a Lucía como la reina de los melodramas mexicanos. [música] Vanessa en 1982, al lado de Rogelio Guerra, fue una telenovela que se atrevió a hacer algo que ninguna otra había hecho hasta entonces.

 Matar a la protagonista en el capítulo final. Lucía, [música] interpretando a Vanessa, moría en los últimos minutos del melodrama. El público, que durante meses había seguido la historia esperando el final feliz de siempre, quedó paralizado. Las líneas telefónicas de Televisa se saturaron. Los periódicos publicaron editoriales sobre el final y Lucía, [música] con su muerte televisiva, demostró algo que iba a marcarla durante toda su carrera, que no le tenía miedo a los riesgos, [música] que prefería un final memorable a uno predecible, que la

comodidad artística la aburría. En 1985 vino tú o nadie con Andrés García como coprotagonista. [música] Una historia de amor triangular ambientada en una hacienda del México rural que fue vista en más de 40 países. [música] En 1986, el maleficio segundo, dirigida por el legendario Ernesto Alonso, [música] la llevó al territorio del horror televisivo.

 Y en 1988, El retorno de Diana Salazar, [música] una telenovela de ciencia ficción con elementos de reencarnación, [música] telequinesis y viajes en el tiempo, la consagró definitivamente como la actriz de telenovelas más versátil de su generación. Diana Salazar [música] era literalmente dos personajes en uno, una mujer del siglo XX y una mujer del periodo colonial, [música] unidas por una maldición que las perseguía a través de los siglos.

 Lucía actuó los dos papeles con un rango dramático que los críticos más exigentes aplaudieron. Y cada una de esas telenovelas tenía un tema musical. [música] Cada tema musical era un éxito y cada éxito la empujaba un poco más hacia la carrera musical que iba a convertirla en una de las cantantes más populares de México durante los años 80.

 [música] ¿Te acuerdas de Colorina? ¿La viste en su emisión original o en las repeticiones? Coméntame abajo que hay generaciones que la vieron en vivo en 1980 y otras que la descubrieron por YouTube 30 años después. Y dime, ¿qué te parece que un noticiero interrumpa su programación para preguntar quién es el hijo de un personaje de ficción? Eso hoy sería imposible, pero en aquellos años la telenovela era la vida real de millones de mexicanos.

 Y aquí es donde hay que hablar de dos nombres que marcaron la carrera musical de Lucía [música] de manera definitiva. Pero antes un paréntesis sobre el cine, porque Lucía, además [música] de actriz de telenovelas y cantante, tuvo una carrera cinematográfica que muy pocos recuerdan hoy con la importancia que merece.

 En 1973, con apenas 18 años, actuó al lado de Vicente Fernández y Sara García en el Hijo del Pueblo. En 1975 actuó con Cantinflas en El Ministro Yo, una de las comedias más exitosas del cine mexicano de los 70. Y ese mismo año protagonizó, Más Negro que la noche, una película de terror dirigida por Carlos Enrique Taboada, que hoy es considerada un clásico del género en México.

 Lucía en esa película interpretó a una joven que hereda una mansión donde vive un gato negro que resulta ser mucho más que un animal doméstico. La actuación le valió la diosa de plata, el premio de los periodistas cinematográficos de México en la categoría de revelación femenina. Un año después, en 1978, participó en Los hijos de Sánchez, una producción internacional dirigida por Hul Bartlet al lado de Anthony Queen, Dolores del Río y Katy Jurado.

 Una película rodada en inglés y español que la puso frente a las cámaras de Hollywood por primera vez. Anthony Quinn, que tenía 63 años cuando filmaron juntos, la trató con una calidez paternal que Lucía ha recordado en varias entrevistas como una de las experiencias más hermosas de mi carrera. Queen, mexicano estadounidense de origen, la presentó a varios productores de Hollywood, le abrió puertas, le ofreció contactos y le dijo, según lo contaría ella misma años después, una frase que hoy suena a profecía.

Tienes la cara para ser estrella en cualquier parte del mundo, pero el mundo todavía no está listo para una mexicana en Hollywood. 30 años después, Salma Hayek iba a demostrar que se equivocaba o que el mundo por fin se había preparado. En 1984, el Museo de Cera de Hollywood le otorgó a Lucía el privilegio de ser la primera artista hispana en contar con una estatua de cera en sus instalaciones.

 un reconocimiento que en aquellos años era un símbolo de estatus internacional y que Lucía exhibió durante meses en las entrevistas como prueba de que su carrera había trascendido las fronteras de México. El primero es Juan Gabriel, Alberto Aguilera Baladés, el divo de Juárez, el compositor más prolífico de la historia de la música mexicana.

 Juan Gabriel y Lucía se conocieron a principios de los 70, cuando ella apenas empezaba en las telenovelas y él era un cantante joven que venía de Ciudad Juárez con las manos vacías y la cabeza llena de canciones. Juan Gabriel le compuso su primer disco Siempre estoy pensando en ti. Lanzado en 1975. El álbum vendió más de un millón de copias.

 Lucía, que hasta ese momento era conocida solo como actriz, se convirtió también en cantante y no una cantante cualquiera, una cantante de éxito masivo, una cantante que llenaba palenques, una cantante que competía en las listas de ventas con las grandes voces del bolero ranchero de la época. Juan Gabriel le siguió componiendo durante años.

 le escribió [música] Un alma en pena para la telenovela El extraño retorno de Diana Salazar en 1988. Le escribió, “¿Por qué me haces llorar?” Que se convirtió en otro éxito descomunal. La relación entre los dos, según lo contarían ambos en distintas entrevistas [música] a lo largo de las décadas, fue una amistad intensa, marcada por el respeto mutuo y por una complicidad artística que pocas parejas compositor intérprete [música] han logrado en la historia de la música latina.

 El segundo nombre es Camilo VI, el cantante y compositor español que desde Madrid produjo algunos de los discos más exitosos de Lucía en los años 80. Camilo Sexo compuso el tema musical de Colorina, la telenovela que había paralizado México. Después le produjo el álbum Cerca de Ti en 1981, que incluía temas como culpable o inocente y atada a nada.

 [música] La relación con Camilo Sexo fue, según las crónicas de espectáculos de la época, más que profesional. Los rumores de un romance entre los dos circularon durante años. Lucía siempre lo negó. Camilo en sus últimas entrevistas antes de morir en 2019 también, [música] pero las revistas del corazón españolas y mexicanas mantuvieron la especulación viva durante décadas. Un dato curioso.

 Camilo [música] VI, que había producido a Lucía, era el mismo hombre que había compuesto los temas más íntimos de su carrera. Canciones que hablaban de amor prohibido, canciones que hablaban de deseo contenido, canciones que cuando Lucía las cantaba en vivo transmitían una emoción que iba más allá de la interpretación profesional.

Los fans más obsesivos han analizado las letras de esos discos buscando [música] pistas y muchos creen hasta hoy que la historia de amor entre Lucía y Camilo fue real, pero nunca reconocida. ¿Vos qué opinas? ¿Crees que Lucía Méndez y Camilo Sexo tuvieron una relación o fue solo una estrategia de marketing que les funcionó durante años? Coméntame en los comentarios [música] que este es de los debates más viejos del espectáculo hispano.

 Y aquí es donde entra el capítulo que más morbo genera entre los seguidores de la crónica social mexicana. El capítulo del presidente José López Portillo gobernó México entre 1976 y 1982. un sexenio marcado por el auge petrolero, la crisis económica del 82, la devaluación del peso, la nacionalización de la banca y sobre todo por la fama de mujeriego que el propio López Portillo cultivó con orgullo hasta el día de su muerte [música] en 2004.

López Portillo, según las crónicas de la época, mantuvo relaciones con varias figuras del espectáculo. Sasha Montenegro, la actriz yugoslava con la que se casó en 1995, fue la más conocida. Lin May, La Vedet, aseguró en varias entrevistas que también había sido su amante durante un corto periodo cuando él era presidente.

Y los rumores sobre Lucía Méndez, aunque nunca confirmados por ninguna de las partes, circularon durante años en los pasillos de Televisa y en las redacciones de las revistas de espectáculos. La conexión temporal es la que alimenta la especulación. [música] Entre 1978 y 1982, los años del gobierno de López Portillo.

Lucía Méndez vivió el periodo más intenso de su carrera. Viviana en 78, Colorina en 80, Vanessa en 82. tres telenovelas que la convirtieron en la actriz más famosa de México y los mismos 4 años en los que, según los rumores, López [música] Portillo habría mantenido una cercanía personal con ella que iba más allá de lo profesional.

Las revistas del corazón de la época documentaron encuentros, fotografías de Lucía en eventos oficiales del gobierno, invitaciones a cenas en Los Pinos que otras actrices no recibían. Un trato preferencial que los cronistas interpretaron [música] con mayor o menor fundamento como evidencia de algo más. Lucía en 1980 era la mujer más visible de la televisión mexicana.

 [música] López Portillo era el hombre más poderoso de México. Los dos, según la prensa de la época, coincidían con una frecuencia que iba más allá de lo protocolar. Lucía, en las pocas veces que le han preguntado directamente, ha esquivado la respuesta con una elegancia que los periodistas mexicanos interpretan como una confirmación silenciosa.

 Nunca ha dicho que sí, nunca ha dicho que no, nunca ha dado nombres, pero tampoco ha desmentido con la contundencia que se esperaría de alguien que quiere cerrar el tema definitivamente. Y esa ambigüedad, calculada o no, ha mantenido el misterio vivo durante más de 40 años. ¿Vos qué harías si te preguntaran en vivo frente a las cámaras? Si tuviste una relación con un expresidente de la República, ¿confirmarías? ¿Negarías? ¿O harías lo que hace Lucía, que es sonreír, mirar a la cámara y cambiar de tema? Coméntame [música] abajo que este tipo de

silencios estratégicos son un arte en sí mismos. Ahora hablemos de la rivalidad más famosa de la historia de las telenovelas mexicanas. Lucía Méndez versus Verónica Castro. Una rivalidad que lleva más de 45 años, que ha generado cientos de titulares, que ha dividido a los fans del espectáculo [música] mexicano en dos bandos irreconciliables y que según ambas protagonistas [música] en realidad no existe.

 Lucía dice que no hay enemistad. [música] Verónica dice que no hay problema. Las dos dicen que son trayectorias distintas [música] y que se desean lo mejor, pero nunca se han sentado juntas en un programa. Nunca han compartido un set, [música] nunca han posado para una foto juntas y la lista de indirectas, de dardos envenenados en entrevistas, de comentarios sarcásticos que los periodistas [música] interpretan como ataques velados es tan larga que podría llenar un libro.

 La rivalidad empezó en los años 70, cuando las dos ascendían al mismo tiempo en Televisa. Verónica Castro ganó primero un certamen de belleza. Lucía ganó [música] después el del Heraldo. Las dos hicieron telenovelas exitosas en las mismas franjas horarias. Las dos cantaron. Las dos actuaron en cine, las dos fueron portada de las mismas revistas y Televisa, con una astucia empresarial que hoy se estudia en las escuelas de marketing, las enfrentó deliberadamente, las ponía en los mismos eventos, las sentaba en mesas contiguas, las hacía

competir por los mismos premios. La atención generaba audiencia, la audiencia generaba dinero y el dinero generaba más tensión. [música] Lo interesante de la rivalidad Castro Méndez, cuando uno la analiza con perspectiva histórica, es que las dos representaban modelos de mujer muy distintos para la sociedad mexicana de los 70 y 80.

 Verónica Castro era la mujer sufrida, la que lloraba, la que aguantaba, la que esperaba al hombre con paciencia y resignación. Los ricos también lloran. Rosa salvaje, Valentina, siempre la mujer que sufre en silencio. Lucía Méndez era la mujer que se revela, la prostituta digna de Colorina, la mujer que elige entre dos hombres en tú o nadie.

 La mujer con poderes sobrenaturales de Diana Salazar. Siempre la mujer que pelea, [música] que no acepta el destino, que quiere más. Esas dos visiones de la feminidad [música] enfrentadas en la misma pantalla de Televisa generaron un fenómeno cultural que iba más allá de la rivalidad personal. [música] Era la sociedad mexicana reflejándose en dos espejos distintos y cada espectador, según su propia visión del mundo, elegía a una.

 Emilio [música] Azcárraga Milmo, el dueño de Televisa, era plenamente consciente de ese fenómeno y lo explotó sinvergüenza. En los años 80, según contarían después varios ejecutivos de la empresa en entrevistas anónimas, Azcárraga organizaba reuniones donde se discutía [música] explícitamente cómo mantener la rivalidad viva, qué premios darle a una y no a la otra, [música] qué portadas asignar, qué horarios de transmisión favorecer.

 [música] La rivalidad Castro Méndez era en cierto modo un producto de Televisa tanto como lo eran las propias telenovelas. [música] El punto de quiebre que la mayoría de los cronistas señalan ocurrió en los años 80, cuando el actor argentino Jorge Martínez [música] llegó a México. Jorge Martínez, galán del cine y la televisión argentina, mantuvo una relación de 3 años con Verónica Castro en Buenos Aires [música] mientras filmaban una telenovela juntos.

 Después, cuando viajó a México para grabar El extraño retorno de Diana Salazar en 1988, los rumores lo vincularon sentimentalmente con Lucía Méndez, la protagonista. Verónica, según las crónicas, [música] se enteró. Y aunque nunca hubo confirmación oficial de nada, la relación entre las dos actrices se congeló definitivamente. Desde entonces, más de 35 años de distancia fría, de sonrisas educadas cuando se cruzan en los pasillos, [música] de frases diplomáticas ante las cámaras y de un silencio elocuente que los fans llenado con teorías, rumores y

especulaciones que hoy siguen vivas en los foros de internet. [música] ¿Vos sos team Lucía o Team Verónica? Porque en México este debate divide familias. Coméntame abajo que quiero saber de qué lado estás. Pero mientras la rivalidad con Verónica ocupaba las portadas, algo mucho más grave estaba pasando en la carrera de Lucía.

 [música] En 1992, después de casi 20 años como figura estelar de Televisa, Lucía tomó una decisión que iba a costarle carísima. aceptó protagonizar María Elena, una telenovela producida por Telemundo, la cadena de televisión hispana de Estados Unidos que era competencia directa de Televisa en el mercado estadounidense. El acuerdo se hizo con el permiso formal de Televisa.

 Al menos eso dijo Lucía después, pero cuando María Elena se emitió en México a través de TV Azteca, la competencia directa de Televisa en el mercado nacional, la reacción fue inmediata. Emilio Azcárraga Milmo, el dueño de Televisa, consideró que Lucía había traicionado a la empresa y la vetó. Un veto total, absoluto, [música] sin fecha de caducidad.

 Lucía Méndez, la estrella que había paralizado la Ciudad de México con Colorina, [música] la mujer cuya cara había sido portada de todas las revistas del grupo Televisa durante dos décadas, desapareció de la pantalla de un día para otro como si nunca hubiera existido. El veto duró 15 años. 15 años sin aparecer en Televisa, 15 años sin telenovelas en la cadena más grande de América Latina.

 15 años en los que Lucía tuvo que reinventarse. Se fue a Miami. Obtuvo la nacionalidad estadounidense en 2003. Grabó telenovelas para Telemundo. Hizo teatro en español [música] en Estados Unidos. Grabó discos. Dio conciertos en palen y ferias. Los años del exilio en Miami, [música] entre 1992 y 2007, fueron los más difíciles de la vida profesional de Lucía.

 En 1994 protagonizó Señora Tentación para Telemundo, grabada entre México y Puerto Rico. Una telenovela que tuvo éxito en la comunidad hispana de Estados Unidos, pero que en México apenas se vio. En 1996, en un movimiento sorprendente, firmó un contrato por 5 años con TV Azteca, la competencia de Televisa en México.

 Un contrato que la trajo de vuelta al país, pero que al mismo tiempo profundizó su distancia con Televisa. Con TV Azteca hizo tres veces Sofía en 1998 y Golpe Bajo en 2000. Las dos telenovelas tuvieron buenos rats, pero ninguna alcanzó el nivel de los éxitos que había tenido en Televisa una década antes.

 Mientras tanto, en Miami, Lucía empezó a construir una segunda vida. se hizo empresaria, lanzó una línea de productos de belleza, se involucró con la Comunidad Hispana de Florida. Participó en eventos benéficos. Se hizo portavoz de la reforma migratoria junto al activista Alex Ruiz. Y en 2008, cuando Televisa produjo la versión hispana de Desperate House Wives para la cadena Univisión, Lucía fue llamada para interpretar a Alicia Arismendi y para narrar la serie Un regreso parcial, un regreso que no era Televisa, México, sino Univisión, Estados Unidos. Pero un

regreso que le recordó al público hispano que ella seguía ahí, que no se había ido del todo, que la diva de colorina seguía resistiendo. Pero la ausencia de Televisa en un país donde la televisora controlaba más del 70% de la Audiencia Nacional era equivalente a desaparecer del mapa. Para millones de mexicanos que solo veían Televisa, Lucía Méndez había dejado de existir.

 Y eso, para una diva acostumbrada a ser la número uno fue devastador. ¿Vos qué habrías hecho? Si la empresa para la que habías trabajado 20 años te vetara por grabar con la competencia, ¿habrías peleado? ¿Habrías cedido? ¿O habrías hecho lo que hizo Lucía? ¿Reinventarte en otro país y esperar [música] a que el tiempo pasara? Coméntame que este tipo de vetos empresariales en la era de las redes sociales parecen de otra época, pero en los años 90 eran la norma.

 En 2004, mientras vivía en Miami, Lucía se casó por segunda vez. El primer matrimonio con el productor Pedro Torres había durado algunos años [música] y le había dado a su único hijo, Pedro Antonio Torres Méndez, nacido en 1988. Pedro Antonio creció entre México y Estados Unidos entre giras de la madre y sets de grabación.

 Un niño que conoció desde chico el mundo del espectáculo, [música] pero que a diferencia de otros hijos de famosos, decidió mantener un perfil bajo. Pedro Antonio, desde pequeño, acompañaba a Lucía a los sets de grabación. Veía a la madre transformarse cada mañana. veía como la mujer que desayunaba huevos con frijoles en la cocina se convertía 3 horas después en la diva de las telenovelas con vestidos de diseñador y maquillaje perfecto.

 Esa dualidad, la de la madre real versus la madre de pantalla, marcó su infancia de una manera que él mismo ha reconocido en las pocas entrevistas que ha dado. Yo sé quién es mi mamá de verdad y esa persona es mucho más interesante que la que sale en la tele. Una frase que Lucía, según contó después, recibió con una mezcla de orgullo y de dolor.

 Orgullo porque su hijo la conocía sin filtros. Dolor sabía que el niño había crecido viendo demasiado de lo que pasa detrás de las cámaras. Las peleas con los productores, las noches de llanto después de una mala crítica, los silencios largos después de una entrevista agresiva. Pedro Antonio vio todo eso y decidió, consciente o inconscientemente que su camino iba a ser distinto.

 [música] La relación con Torres terminó en divorcio. Y en 2004, Lucía se casó con Arturo Jordán, un empresario cubano estadounidense en una ceremonia cristiana. Ese matrimonio duró 3 años. En 2007 se separaron. El divorcio con Arturo Jordán, según lo contaría Lucía después en varias entrevistas, fue amistoso, pero doloroso.

 Arturo era un hombre al que ella quería, pero con el que no lograba convivir. Las diferencias culturales, el ritmo de vida distinto, las ambiciones profesionales opuestas, todo se fue acumulando. Lucía quería seguir actuando. Arturo quería una esposa presente en la casa. Y esa tensión familiar para cualquier pareja mixta donde uno de los dos trabaja en el espectáculo, terminó por romper el matrimonio.

Lucía desde entonces no ha vuelto a casarse. Ha tenido relaciones que la prensa ha documentado con mayor o menor detalle, pero el matrimonio como institución parece haber quedado atrás para ella. En una entrevista con Verónica del Castillo en YouTube, Lucía lo explicó con una frase que sus fans repiten como mantra.

 He amado mucho, pero el amor no me ha tratado bien. Prefiero estar sola y en paz. Pedro Antonio, el único hijo, ha sido siempre un tema delicado en las entrevistas de Lucía, no porque haya habido conflictos públicos entre madre e hijo, sino porque Lucía ha sido extraordinariamente protectora con él. Lo ha mantenido fuera de las cámaras, lo ha mantenido fuera de las revistas, lo ha mantenido fuera de los escándalos que ella misma ha protagonizado.

Pedro Antonio, hoy con 37 años, vive entre Miami y Ciudad de México. Ha trabajado en producción musical, ha explorado la composición. Ha sido, según las pocas fuentes que existen sobre él, un hombre tranquilo, reservado, que prefiere la música a las entrevistas. y [música] los estudios de grabación a los sets de televisión.

 Nunca ha buscado la fama de la madre y esa decisión. En un mundo donde los hijos de los famosos suelen explotar el apellido para construir sus propias carreras, dice mucho sobre la crianza que Lucía le dio. En 2007, 15 años después del veto, Televisa le abrió las puertas de nuevo. Lucía volvió. Hizo participaciones pequeñas al principio.

 [música] Un capítulo aquí. Una aparición especial. Aya. La vuelta fue difícil. Los pasillos de Televisa ya no eran los mismos. Los productores que la habían conocido en su gloria de los 80 se habían retirado o habían muerto. Valentín Pimstein, el productor de Colorina, había fallecido. Ernesto Alonso, el director del maleficio segundo, estaba ya retirado.

Luis de Llano Palmer, [música] que la había impulsado en los 70, tampoco estaba. Los nuevos productores, una generación más joven que ella, la miraban con respeto, pero también con distancia. Lucía, [música] en esos primeros meses de regreso, se sentía como una extranjera en su propia casa. [música] Los estudios habían cambiado, la tecnología había cambiado, los formatos habían cambiado, las telenovelas ya no se hacían como en los 80, ahora eran más cortas, [música] con menos capítulos, con actores más jóvenes, con historias

más urbanas. [música] Y Lucía, con más de 50 años tuvo que adaptarse a un mundo que la había olvidado durante 15 años y que ahora la recibía con los brazos semifriados. [música] En 2008 participó en Mujeres Asesinas, una serie antológica producida por Pedro Torres, [música] donde interpretó a una trabajadora sexual en un capítulo llamado Cándida Esperanzada.

 El papel, según sus propias palabras, fue el [música] más fuerte que he interpretado en mi carrera. Y aunque en un principio dudó en hacerlo, decidí tomar el reto porque es una denuncia, un reclamo a la sociedad y creo que era el momento para hacer cosas más comprometedoras. Es decir, casi 30 años después de Colorina, Lucía volvía a interpretar a una mujer que vendía su cuerpo, [música] pero esta vez sin el glamur de una telenovela de horario estelar, con crudeza, con violencia, con una verdad que la televisión de los 80 no se habría

atrevido a mostrar. [música] En 2011 protagonizó Esperanza del Corazón, producida por Luis de Llano Macedo, donde interpretó su primer papel antagónico después de décadas haciendo de protagonista buena. Y con esa telenovela, Lucía demostró algo que pocos le reconocieron en su momento, que podía actuar de villana con la misma intensidad con la que había actuado de heroína durante 30 años.

 La vuelta a Televisa, aunque tardía, le devolvió parte de la visibilidad que había perdido, pero nunca recuperó el lugar que tenía antes del veto. Los tiempos habían cambiado, las telenovelas mexicanas habían evolucionado, las audiencias eran otras y lucía con más de 50 años. ya no encajaba en los papeles de protagonista joven que la habían hecho famosa.

 “¿Vos crees que Televisa hizo bien en vetarla 15 años?” ¿O fue una represalia desproporcionada por un permiso que ellos mismos habían dado? Coméntame que este debate sobre los vetos empresariales en la televisión mexicana sigue siendo relevante hoy. Los años recientes de Lucía Méndez han sido paradójicamente los más mediáticos de su carrera, pero ya no por las telenovelas, sino por los escándalos y por una presencia en redes sociales que la ha convertido con 71 años en un personaje viral del internet hispano.

 En 2013, Lucía fue invitada al festival de cine de Venecia, donde fue premiada como reina de las telenovelas. Un reconocimiento internacional que ella exhibió con orgullo como prueba de que su carrera había trascendido las fronteras del drama televisivo mexicano. En ese mismo viaje a Italia, según contaría después en una entrevista, Lucía tuvo un encuentro casual con la realeza europea que la dejó sin palabras. Sin dar nombres específicos.

insinuó que la habían invitado a una cena privada donde se cruzó con un miembro de una familia real. El detalle, nunca confirmado, alimentó las leyendas de Diva que Lucía ha cultivado cuidadosamente durante toda su vida y que hoy, en la era de las redes sociales la hacen tan viral como ridícula, dependiendo de quién la mire.

 En 2020, en plena pandemia de COVID-19, Lucía recomendó públicamente el dióxido de cloro como tratamiento contra el virus, una sustancia que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos había advertido que era peligrosa y podía causar daños graves. La recomendación generó una ola de críticas.

 Médicos, periodistas, científicos, todos salieron a desmentirla. Lucía, lejos de retractarse, insistió durante semanas. El escándalo le costó seguidores, pero también le dio visibilidad. Una fórmula que ella con medio siglo de carrera conocía de memoria. Cualquier publicidad, [música] incluso la mala, mantiene el nombre en la conversación.

 Ese mismo año, en el programa de primera mano, un youtuber conocido como El Rey Grupero la besó sin consentimiento en la boca durante una entrevista [música] en vivo. El video se hizo viral. Lucía enfureció. Se hizo la prueba de COVID inmediatamente y el incidente generó un debate sobre el acoso a las mujeres en los medios de comunicación que se extendió durante semanas.

 En 2022, Lucía participó en el reality Siempre reinas de Netflix, junto con otras divas del espectáculo mexicano. El programa, que mostraba la vida cotidiana de las actrices veteranas generó momentos virales. Uno de ellos, cuando Lucía hizo un comentario sobre Verónica Castro que los fans interpretaron como una nueva indirecta en la rivalidad eterna, Verónica sorprendentemente salió a defenderla cuando las redes sociales empezaron a atacar a Lucía por el comentario.

 Un gesto que muchos interpretaron como una tregua, pero que, según los cronistas más veteranos del espectáculo mexicano, fue solo un paréntesis diplomático. Y hace apenas tres días antes de que grabemos este video, en julio de 2026 estalló un nuevo escándalo. Angélica María, la legendaria novia de México, de 81 años, declaró en una entrevista que alguien le había bloqueado la carrera dentro de Televisa hace más de 40 años y señaló directamente a Lucía Méndez como la responsable.

 [música] La acusación de Angélica María fue específica. Según ella, Lucía habría utilizado su influencia con los ejecutivos de Televisa, particularmente con Emilio Azcárraga Milmo, para que Angélica María fuera vetada de la televisora. Angélica contó la historia con detalle. Habló de reuniones a las que no fue invitada, de papeles que le quitaron de las manos en el último momento, [música] de proyectos que se le ofrecieron y después se le retiraron sin explicación.

 y apuntó a Lucía como la persona detrás de esas decisiones. “Me quitaron todo”, dijo Angélica con la voz quebrada en la entrevista. “Y yo sé quién fue.” Lucía respondió el mismo día en una llamada telefónica al programa de primera mano de Grupo Imagen, negando punto por punto la acusación. Enumeró su trayectoria hasta ese momento.

 Había protagonizado, Más negro que la noche con Carlos Enrique Tabuada. Había participado en Los hijos de Sánchez con Anthony Queen. Había producido con Juan Gabriel un álbum que vendió un millón de copias. Había sido producida por Camilo VI. Yo no tenía necesidad de ocupar el lugar de nadie porque yo ya tenía mi lugar, dijo textualmente.

Además, reconstruyó los hechos con nombres [música] y detalles. Mencionó que Emilio Azcárraga era muy delicado con este tipo de cosas y que era, blanco o [música] negro, estás o no estás. Según Lucía, la vetó y vetó a toda la familia y advirtió que evaluaba demandar a Angélica María por difamación. El escándalo mientras grabamos este video sigue abierto.

 Las redes sociales están divididas. Los fans de Angélica María contra los fans de Lucía y los cronistas del espectáculo. Con 40 años de experiencia cubriendo estas peleas, aseguran que esta vez el conflicto va a escalar más que en ocasiones anteriores. ¿Vos de qué lado estás? [música] ¿Crees que Lucía realmente bloqueó la carrera de Angélica María? ¿O crees que Angélica busca titulares con 81 años? Coméntame que este debate acaba de empezar.

 En 2024, Lucía participó en la miniserie La máquina de Disney Plus y Julu, protagonizada por Gael García Bernal, Diego Luna y Eisa González. interpretó el papel de Josefina Lujan, un papel secundario pero significativo, un papel que la conectaba con la nueva generación del cine mexicano y un papel que demostraba una vez más que Lucía Méndez a los 69 años seguía vigente en una industria que [música] tiende a descartar a las mujeres después de los 40.

 En noviembre de 2025 estrenó en la plataforma Big la serie Cómplices junto con Maribel Guardia, Marjor de Sousa [música] y Laura Flores. Una comedia que fue idea original de la propia Lucía, un proyecto que ella misma desarrolló, guionizó parcialmente y produjo junto con Pedro Antonio Torres, su exprimero marido. El dato es llamativo.

 Lucía y Pedro Torres, después de un divorcio que nunca fue escandaloso, mantuvieron una relación profesional que sigue activa hasta hoy. Los dos trabajan juntos, los dos producen juntos, los dos comparten al hijo Pedro Antonio. Y esa capacidad de mantener una relación cordial con un exmarido en un medio donde las separaciones suelen terminar en guerras públicas dice algo sobre la personalidad de Lucía, que pocas crónicas han destacado.

 Hay una teoría que circula en los foros de fans de las telenovelas mexicanas. Una teoría que suena a superstición, pero que si uno mira la historia completa de Lucía Méndez tiene su lógica melancólica. La teoría dice que el apellido Méndez, uno de los más comunes de México, es un apellido que protege y expone al mismo tiempo. Protege porque es invisible, porque no llama la atención, porque no genera expectativas.

Un méndez puede ser cualquiera, [música] un vecino, un compañero de escuela, un funcionario menor. Pero cuando un Méndez se hace famoso, dice la teoría, [música] el apellido se vuelve una carga porque la fama, en un apellido tan común parece prestada, parece temporal. Parece que en cualquier momento el universo va a recordar que los Méndez son gente normal y va a devolver a esa persona al anonimato del que salió.

 Y esa lectura aplicada a Lucía tiene un peso brutal, porque la historia entera de su carrera puede leerse como una guerra permanente contra la normalidad del apellido. Cada escándalo, cada pelea, cada declaración polémica, cada aparición en los medios, todo apunta en la misma dirección. Mantener el nombre vivo, mantener la cara en las portadas, mantener el apellido Méndez fuera de la zona gris del anonimato, donde viven millones de mexicanos que comparten esas mismas seis letras sin que a nadie le importe.

 El veto de Televisa fue en cierto modo el momento en que la normalidad del apellido casi ganó. 15 años de silencio televisivo. 15 años en los que millones de mexicanos dejaron de ver su cara en la pantalla. 15 años en los que el apellido Méndez, sin el respaldo de la televisora más poderosa de América Latina, volvió a hacer lo que siempre había sido, un apellido cualquiera.

 Pero Lucía peleó, peleó contra ese anonimato forzado con la misma intensidad con la que había peleado contra el padre estricto en León a los 15 años y ganó porque aquí estamos 34 años después del veto. hablando de ella en un video que van a ver miles de personas. Y Lucía Méndez, con 71 años y 3 días de haber amenazado con demandar a Angélica María, [música] sigue siendo noticia, sigue siendo relevante, sigue siendo incapaz de desaparecer.

 Hay un dato más que vale la pena mencionar. [música] El apellido Méndez viene del español medieval Menéndez, que a su vez viene de Menendo, un nombre visigodo que significaba el que tiene fuerza o el poderoso. Es decir, etimológicamente, Méndez [música] significa fuerza, poder, resistencia. Y Lucía, sin saber probablemente esa etimología, ha vivido toda su carrera cumpliendo exactamente esa promesa.

Fuerza contra el veto, poder contra las rivales, resistencia contra el paso del tiempo, como si el apellido, debajo de su apariencia cotidiana guardara un mandato secreto que solo ella ha sabido cumplir. [música] Lucía ha peleado contra el olvido, ha peleado contra el veto, ha peleado contra la edad, ha peleado contra las rivales, ha peleado contra los rumores, ha peleado contra cada nueva generación de actrices que amenaza con reemplazarla y sigue peleando con 71 años, con la misma cara que ganó el rostro de El Heraldo en 1972,

ahora retocada por cirugías que ella misma ha reconocido, sin pudor, con la misma voz que Juan Gabriel y Camilo Sexo descubrieron en los años 70, con el mismo orgullo de una mujer de León, Guanajuato, [música] que se subió a un autobús rumbo a la capital con 17 años y que hoy, más de medio siglo después, sigue negándose a bajarse.

 Lucía Méndez es, en cierto modo, la última diva mexicana, la última de una generación que incluía a Verónica Castro, a Angélica María, [música] a Daniela Romo, a Angélica Aragón, una generación que creció con Televisa como único horizonte. Una generación que construyó sus carreras en un mundo sin redes sociales, sin streaming, sin YouTube.

 Un mundo donde la fama se medía en portadas de revistas y en ratings de telenovelas. Y hay algo más que las generaciones jóvenes quizás no saben sobre Lucía, un capítulo que ella misma ha abordado con una honestidad [música] que en su gremio es rara. Las cirugías estéticas. Lucía ha reconocido abiertamente haberse sometido a múltiples procedimientos a lo largo de las décadas.

 botox, lifting facial, rellenos dérmicos, [música] procedimientos en los labios, un mantenimiento estético constante que [música] ella justifica con la misma franqueza con la que cuenta sus intimidades. En este medio, si no te cuidas, te olvidan y yo no estoy dispuesta a que me olviden. Esa frase dicha en un programa de televisión en 2018 generó un debate sobre la presión estética que sufren las mujeres del espectáculo en México.

 Los cirujanos plásticos que la han tratado, cuyos nombres ella misma ha dado en entrevistas, la consideran una de las pacientes más fieles del medio artístico mexicano. Y Lucía, lejos de esconder los procedimientos, los exhibe como parte integral de su estrategia de supervivencia profesional. Yo no me opero para verme joven, me opo para seguir trabajando”, dijo en otra entrevista una frase que resume con brutal honestidad [música] la realidad de una industria que descarta a las mujeres a los 40 y que Lucía ha desafiado durante 30 años más.

[música] Las fotos comparativas del antes y después de Lucía Méndez circulan por internet con millones de vistas. Los compilados de sus entrevistas donde habla de sus cirugías tienen más reproducciones que los clips de sus telenovelas. Y esa ironía, la de que su honestidad estética le haya dado más viralidad que su trabajo artístico, [música] es quizás el mejor ejemplo de cómo ha cambiado el concepto de fama en los últimos 20 años.

 Lucía, sin proponérselo, se ha convertido en un símbolo del debate sobre la vejez, [música] la belleza artificial y la resistencia de las mujeres frente a una industria que las quiere siempre jóvenes. Lucía sobrevivió a ese mundo y se adaptó al nuevo. tiene [música] Instagram, tiene TikTok, tiene presencia en podcasts, da entrevistas en YouTube, se pelea en Twitter y cada vez que alguien la da por retirada aparece con una declaración, con un escándalo, con una telenovela nueva, con una pelea fresca que la devuelve al centro de la

conversación. Es su forma de luchar contra el apellido, contra la normalidad que el apellido Méndez le impone, contra la sensación de que en cualquier momento el universo va a recordar que ella es solo una chica de león con un concurso de belleza ganado hace más de 50 años. ¿Vos crees que Lucía ha pagado ya suficiente peso por el apellido que le tocó? ¿Crees que después de 50 años de carrera, dos matrimonios, un Beto de 15 años, una rivalidad eterna con Verónica Castro y una pelea nueva con Angélica María cada semana, la vida le va a dar

un respiro? ¿O crees que el apellido Méndez con sus seis letras comunes va a seguir empujándola a pelear por cada minuto de relevancia hasta el último día? Yo tengo mi propia teoría, pero quiero leer las tuyas primero. Y antes de que te vayas, déjame pedirte tres cosas. Una, si llegaste hasta aquí, suscríbite al canal Apellidos Malditos.

Estamos cubriendo apellido por apellido las historias oscuras del espectáculo mexicano que los medios cuentan a medias o que directamente no cuentan. Dos. Comenta abajo qué apellido querés que investigue para el próximo video. Llevo una lista larga. Algunas ideas que están en cola. Los Castro de Verónica y Cristian.

 Los Guzmán con la dinastía Pinal Guzmán Frida Sofía, los Fernández con la saga completa de Chente, los Aguilar con el drama de Nodal y Casu, los Rivera con Jenny y familia. Vos decidís tres. Compartí este video con esa amiga, esa [música] tía, esa abuela que sigue recordando a Colorina sin saber la historia completa detrás. A esa persona le vamos a mover el piso con esto. Última pregunta antes de cerrar.

Si Lucía Méndez hubiera nacido con otro apellido, [música] uno más llamativo, uno más exótico, uno que generara más expectativas, ¿crees que su carrera habría sido distinta? ¿O crees que la fuerza de Lucía viene precisamente de pelear contra la normalidad del apellido que le tocó? ¿Habrías vos podido sostener una carrera de 50 años con cuatro décadas de peleas, un veto de 15 años, dos divorcios, rumores con un presidente, [música] una rivalidad eterna y una denuncia nueva cada semana? Yo tengo mi respuesta, pero quiero leer la tuya

primero y antes de irte, pensá en esto. Lucía Méndez empezó con un concurso de belleza en un periódico y terminó medio siglo después, amenazando con demandar a la novia de México en un programa de televisión. La distancia entre esos dos puntos es la historia completa de una mujer que se negó con cada fibra de su cuerpo a aceptar que el apellido Méndez la devolviera al anonimato.

 Una mujer que peleó contra la industria, contra los productores, contra las rivales, contra el propio tiempo y que hoy con 71 años sigue parada en el ring con los guantes puestos, esperando al próximo oponente. El siguiente puede ser Angélica María. [música] o Verónica Castro o una actriz joven que ni siquiera ha nacido todavía.

 A Lucía le da igual. El apellido Méndez con esa etimología biciigoda que significa fuerza, le pide que siga peleando y ella, fiel a esas seis letras comunes que la acompañan desde León, Guanajuato, obedece. Nos vemos en el próximo capítulo de Apellidos Malditos. Adiós y cuídate del nombre que llevas. que ahí a veces vienen escritas cosas que no se ven.

 Que ahí en esas letras que repetís desde que naciste, vive una historia que vos no escribiste, pero que ya empezó a escribirte a vos. Pregúntale a Lucía si la encontrás entre Miami y la Ciudad de México. Pregúntale a Pedro Antonio, el hijo que creció entre cámaras y decidió vivir lejos de ellas. Pregúntale a Angélica María que con 81 años sigue señalándola con el dedo.

Pregúntale a Verónica Castro que después de 45 años sigue sin sentarse a su lado en un programa, en un evento, en una ceremonia. Pregúntale al fantasma de Valentín Pimstein, el productor que la hizo colorina. [música] Pregúntale al fantasma de Juan Gabriel que le compuso las canciones que millones siguen cantando.

 Pregúntale al fantasma de Camilo que le produjo los discos que todavía suenan en las radios de madrugada. Te van a contestar lo mismo, que el apellido pesa, que el apellido carga, que el apellido a veces, aunque sea el más común de México, se convierte en la batalla más larga y más solitaria de una vida entera. Nos vemos en el próximo capítulo.

 

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