10 de diciembre de 2022, cuartos de final de la Copa del Mundo. Argentina se enfrenta a los Países Bajos en el que pasaría la historia como uno de los partidos más tensos, violentos y emocionales de todo el torneo. El ambiente no era eléctrico, era tóxico. Llegamos a los minutos finales, las pulsaciones están al máximo.
Ambos equipos comienzan a empujarse, los banquillos se vacían y estalla una pelea monumental en el campo. Pero en medio de ese caos absoluto ocurre algo verdaderamente inusual. Pirgil Van Diyk, el capitán de los Países Bajos, una torre de casi 2 m, camina directamente hacia Lionel Messi, pero no para gritarle ni para intimidarlo, se acerca para protegerlo.
Van Dij pone su enorme mano sobre el hombro de Messi, se interpone entre él y los propios jugadores neerlandeses que se le venían encima en plena tangana. piénsalo por un segundo y detente analizar esta imagen. Si un rival, el capitán del equipo enemigo, el encargado de parar a Messi, le otorga a Messi este nivel de respeto casi sagrado en medio de una auténtica batalla campal, puede siquiera imaginar el nivel de devoción que le tienen a Messi sus propios compañeros argentinos.
Jugadores como Rodrigo de Paul, el dibu Martínez o Leandro Paredes no solo juegan con Messi, lo aman con una locura que roza casi lo irracional. Darían literalmente la vida en el campo por él. Ahora crucemos el charco y miremos a Portugal. Miremos a Cristiano Ronaldo, uno de los mejores jugadores que ha habido nunca en la historia del fútbol.
Es más, uno de los mejores deportistas directamente que ha dado nunca la historia. Para mí la mejor mentalidad y ética de trabajo que he visto jamás en el fútbol y en casi cualquier deporte. Sin embargo, cuando miramos a la selección portuguesa o a sus clubes, la dinámica es completamente distinta. Los jugadores de Portugal no aman ni de cerca con la misma intensidad que los argentinos veneran a Messi.
Y esto no es una casualidad. Hay múltiples razones psicológicas, tácticas y culturales de las que nadie habla. Hoy vamos a ver exactamente por qué Messi recibe este amor incondicional de sus compañeros y Cristiano se queda solo. La primera razón se esconde las raíces más profundas de este deporte y es el choque entre la cultura sudamericana y la cultura europea.
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En Portugal, al igual que en el resto de Europa, el fútbol se concibe y se arma en torno a un concepto que va por encima de todos, el sistema. Desde que los niños entran en una academia, los entrenadores les enseñan que ellos son parte de un engranaje para hacer que todo un sistema funcione. Atacan juntos, defienden juntos. En Europa te graban a fuego que ningún jugador está por encima del sistema.
que de hecho en Europa creo que esta es una de las mayores causas por las que se están perdiendo el tema de los regateadores y de los jugadores que intentan cosas diferentes, pero esto daría para otro vídeo. Pero si vamos a Argentina, a Latinoamérica, creo que la cosa cambia mucho. La cultura es diametralmente opuesta.
Aquí no se valoran los sistemas, aquí se adoran a los individuos. Sudamérica ama al regateador rebelde, al mago con el balón, al último 10, a ese jugador especial que hacen lo que los libros de la táctica dicen que no se puede hacer. En Argentina, Diego Armando Maradona no era un simple futbolista, era visto como un dios, literalmente.
Y Lionel Messi ahora es tratado exactamente de la misma manera. ¿Cuántos carteles habréis visto ya con la imagen de Messi y Maradona levantando la Copa del Mundo? En resumen, Europa no ama tanto a los individuos, mientras que en Latinoamérica se adoran. Cuando los jóvenes talentos de Europa y de Portugal, sobre todo, crecían, admiraban a Cristiano Ronaldo, por supuesto, lo veían como un ejemplo a seguir, un trabajador incansable.
Sin embargo, los jóvenes actuales de la selección argentina crecieron rezándole a Messi, literalmente. El propio Julián Álvarez lo ha explicado muchas veces. Nació en Calchín, un pueblo minúsculo de Córdoba. Cuando Julián era un niño y encendía su viejo televisor, el hombre del que todo el país hablaba era Messi.
Para Julián, Messi no era solo un gran delantero, era casi una figura mitológica, alguien al que venerar. Se dice que con 15 años, cuando Messi decidió retirarse la selección, Enzo Fernández escribió una carta pidiéndole a Messi que no se retirara, que lo era todo para él. Imagínate cómo va a dar su vida en el campo por Messi.
Y pasa lo mismo con Rodrigo de Paul, Lautaro Martínez. No miraban a Messi como miran los niños europeos a un gran jugador. Lo miraban casi como alguien inalcanzable. Imagínate cuando estos chicos finalmente fueron profesionales y entraron al vestuario de la selección argentina y se encontraron con esa persona que para ellos era un dios.
No era una experiencia normal. estaban sentándose y jugando con su ídolo de la infancia, con su héroe. Para Argentina, Messi es una religión. Para Portugal, Cristiano es su jugador histórico junto a Eusebio, pero creo que se entiende que la base emocional no es ni parecida y la relación entre jugadores ya arranca con mucha ventaja para el argentino.
La segunda gran diferencia que explica este fenómeno radica directamente en su estilo de juego. Lionel Messi, en su esencia más pura y ahora con la edad mucho más, es un creador de juego. Sí, tiene cientos de goles y récords goleadores absurdos, pero lo que realmente define el legado de Messi es como hace que todos los que lo rodean sean mejores.
Messi ve pases que los mortales ni imaginamos. Encuentra espacios en defensas que parecen imposibles de romper y lo mejor que lo hace con sus compañeros y para sus compañeros la mayoría de las veces. Piensa en el pase que le dio Messi a Nahuel Molina en ese partido contra Países Bajos en 2022. Un pase similar entre tres defensores al milímetro.
¿Tú crees que Nahuel Molina va a olvidar eso en su vida? Le va a contar a sus nietos como el mejor jugador de la historia de Argentina como un dios le dio un pase para avanzar de ronda en un mundial, en un mundial que luego ganaron. O piensa también cómo arrastró y cómo se fue de Bardiol.
Seguramente el defensa revelación de todo el torneo para acabar dándole un pase a Julián Álvarez. Eso son cosas que no van a olvidar nunca. Así es como Messi conquista el corazón de sus compañeros, sirviéndoles prácticamente, haciéndolos mejores, haciéndolos sentir importantes. Por otro lado, tenemos a Cristiano Ronaldo, el finalizador más grande que yo he visto jamás en el fútbol.
Es extraordinario lo que hace, creo que no hay debate, pero el juego de Cristiano Ronaldo siempre ha tratado única y exclusivamente de Cristiano Ronaldo haciendo goles. Ese es su mayor rol. No me malinterpretes. Cristiano Ronaldo tiene muchísimas asistencias en su carrera. De hecho, nos ha dejado pases también increíbles a lo largo de su historia.
El problema es que cuando ha cumplido años, el equipo entero debe trabajar para él. Los extremos deben arrastrar marcas para dejarle los espacios. Los centrocampistas deben casi correr el doble a la presión porque él ahora mismo ya no puede hacerla. Los laterales deben subir todo el rato para llegar a la línea de fondo y ponerle centros.
Para resumirlo en una frase que puede sonar un poco dura, los compañeros de Messi sienten que son sus socios. Los compañeros de Cristiano parecen ser sus proveedores del gol. Y esto también se refleja en el egoísmo puro de los números. Solo en el Barça, Messi cedió casi 30 penaltis a sus compañeros y esto en una época donde peleaba botas de oro y donde era también el lanzador oficial.
Neymar recibió 11 de estos penaltis, Luis Suárez recibió ocho. Pero es que incluso con Argentina, cuando Lautaro Martínez no pasaba por una gran racha goleadora con la selección, Lionel Messi decidió cederle penaltis. Y ahora viajamos hasta febrero de 2010. El Real Madrid ganaba muy cómodamente 5 a2 al Villarreal.
En los últimos minutos pitan un penalti a favor del Real Madrid. Cristiano ya había marcado en ese partido. Entonces el centrocampista Xavi Alonso le pide lanzar ese penalti porque aún no se había estrenado con la camiseta blanca. Cristiano, con cara de pocos amigos y un poco por la presión social decidió dejarle tirar aquel penalti.
Xavi marca todo el estadio lo celebra y todos los compañeros van a celebrar con el Donostiarra al gol. Y Cristiano se dio media vuelta, miró al suelo resignado y no fue al abrazo grupal. Y sí, Cristiano también ha cedido algunos penaltis en su carrera, pero creo que hay demasiados vídeos donde se le ve casi frustrado porque un compañero marca el gol y no él.
Messi parece ser feliz si el equipo gana y Cristiano parece ser feliz cuando el equipo gana gracias a él con sus goles. Y los vestuarios notan esta diferencia. Y ojo, tampoco voy a atacar a Cristiano Ronaldo yo por esto. Creo que es parte de esa mentalidad que precisamente lo ha llevado hasta lo que es ahora.
Lo que sí que creo es que en ciertas situaciones aparcar de lado este egoísmo o esta búsqueda de estadísticas individuales en favor de un compañero muchas veces le hacen mejor al equipo de lo que parece. Igualmente, no voy a criticar a nadie por tener una mentalidad de hacer historia y de conseguir las máximas cifras posibles, pero creo que os daréis cuenta que esto en un vestuario se nota.
La tercera razón quizás es la que más transformó Argentina, el papel del entrenador. Desde 2018 Messi solo ha tenido un único entrenador en la selección, Lionel Scaloni. 8 años seguidos atravesaron Copas Américas, finalísima y mundial. Cuando un grupo de jugadores permanece bajo el mando del mismo líder táctico tanto tiempo, ocurre la magia, las relaciones se solidifican, la confianza se vuelve casi inquebrantable.
El vestuario deja casi de ser un lugar de trabajo y se convierte en un hogar, se convierten en una familia. Y Escaloni hizo algo que yo creo que es brillante desde el primer día en el cargo. Dejó un mensaje muy claro. Lionel Messi es la persona más importante de este equipo. Escaloni nunca ha escondido su fascinación por Messi.
Casi en cada rueda de prensa hablaba de Messi no como si fuese su jefe, su entrenador, sino como su mayor fanático. Cuando el hombre que está tomando las decisiones ve a un jugador con ese nivel de fanatismo y de admiración, el vestuario se contagia porque todos sienten lo mismo. La famosa escaloneta es básicamente un grupo de jugadores y entrenadores que admiraban a Messi por encima de todo.
Obviamente eran los primeros interesados en que aquello funcionase. Y ahora miremos a Portugal porque durante la época de Cristiano Ronaldo, Portugal tuvo a Fernando Santos durante 8 años. y posteriormente a Roberto Martínez. No han cambiado de técnico todos los días, pero el verdadero problema creo que siempre ha sido la fricción que ha tenido Cristiano con muchos de sus entrenadores.
Ningún entrenador de Portugal construyó siempre los sistemas rindiendo esa pleitesía a Cristiano. Y yo creo que como resultado, pues eso nunca caló en los jugadores. Y creo que el punto de ruptura definitivo lo vimos en el pasado mundial, en Qatar 2022. En los octavos de final contra Suiza, Fernando Santos tomó una decisión que dejó al planeta sin respiración.
sentó a Cristiano Ronaldo en el banquillo y para empeorar el Lego del astro portugués, su reemplazo, Gonzalo Ramos marcó un hattrick espectacular y Portugal ganó 6 a1. El mensaje que puede calar en ese vestuario es, “Tampoco necesitamos a Cristiano Ronaldo para aplastar a nuestro rival.” ¿Podría siquiera imaginar a Leonel Canoni dejando a Messi en el banquillo en unos cuartos o en unos octavos del mundial? Imposible, jamás.
Y creo que Cristiano nunca tuvo un entrenador que lo blindara de aquella manera cuando estaba en su mejor época. Obviamente sí. Tampoco te vas a meter un tiro en el pie. Pero jamás ha tenido esa confianza incondicional que sí ha tenido Messi con Argentina. Año 2014, final de la Copa del Mundo en Brasil. Argentina pierde en el tiempo extra contra Alemania por un gol agónico de Mario Gotche.
Año 2015, final de la Copa América. Argentina pierde los penaltis contra Chile. Año 2016. Final de la Copa América Centenario. Argentina vuelve a perder los penaltis contra Chile y Messi roto por dentro renuncia a la selección nacional. Fueron tres veranos consecutivos de fracasos de Argentina y de una brutalidad emocional que yo no me imagino.
Tres finales perdidas, tres veces consecutivas, que todo un país vio como su Dios se derrumbaba entre lágrimas al final de esos partidos. Vuelve a ponerte los zapatos de Julián Álvarez o de Rodrigo de Paul. Eres un adolescente, has crecido viendo a un jugador que adoras darlo todo por su país y que no le salen las cosas. Has crecido viendo al jugador que más amas en el mundo darlo todo, desangrarse por la camiseta y perder, perder, perder.
El dolor que sentía Messi se convirtió en el drama de toda una generación de argentinos. Por eso, cuando estos chicos finalmente llegaron a la selección mayor, a la selección absoluta, no querían ganar por ellos. Cuando tuvieron a Messi enfrente, querían ganar por él. Querían ganar y hacer justicia. El divu Martínez lo reconoció.
Su sueño no era levantar el mundial por sí mismo, sino por dárselo a Messi para que se acabase el debate de quién era el mejor de todos los tiempos. Ese nivel de lealtad fanática solo nace de una cicatriz muy profunda, del trauma compartido, de ver al mismo hombre sufrir durante una década y finalmente tener el poder en tus botas para rescatarlo de esa pesadilla.
Por el contrario, Cristiano Ronaldo ganó la Eurocopa de 2016. Como cristiano ya tenía su gran corona internacional, sus jóvenes compañeros en los años siguientes nunca sintieron esa necesidad desesperada y vceral de rescatar el legado de su ídolo. El dolor crea lealtad. Messi sufrió en el escenario internacional mucho más que Cristiano.
Y llegamos a la quinta y definitiva razón, la actitud ante el error, la eterna batalla entre la humildad y el ego. En el año 2023, jugando para el PSG, Messi realizó un viaje comercial a Arabia Saudita sin contar con la aprobación final del club. El PSG, un club envuelto en polémicas, decidió suspenderlo durante dos semanas sin entrenamientos, sin partidos y con parte de la prensa francesa masacrándolo.
En una situación así, el 99 de superestrellas modernas habrían filtrado rumores a la prensa, habrían mandado a la gente a pelear con el club o simplemente hubieran presionado en silencio al club para que dieran marcha atrás, porque todos sabemos que los clubes en la mayoría de las veces cedenalizó el mundo del fútbol.
se puso un traje, encendió una cámara y grabó un vídeo. Miró directamente a la cámara y pidió perdón sin excusas, sin señalar a nadie. Dijo que pensaba que el viaje estaba autorizado. Admitió que fue su horror no confirmarlo y se disculpó con sus compañeros y con el club. El hombre con siete balones de oro y campeón del mundo agachó la cabeza y pidió perdón como si fuera un canterano.
Hombre, esta humildad pues desarma cualquiera. Cristiano Ronaldo un año antes, en octubre de 2022, ya en el Manchester United, en un partido contra el Tottenham, el entrenador Eric Tenhack le pidió a Cristiano Ronaldo que saliera como suplente los últimos minutos del partido. La respuesta de Cristiano se negó rotundamente a entrar.
Y no solo eso, mientras sus compañeros aún estaban en el campo peleando los últimos minutos, Cristiano se levantó del banquillo y abandonó el estadio por el túnel de vestuarios, dejando a todo su equipo atrás, mostrando que en su mente su orgullo estaba muy por encima del escudo de su club. Pon ambos momentos uno al lado de otro con una diferencia de menos de un año.
Por un lado, una estrella humilde que protege la armonía del grupo y por otro ego incontrolable que exige su misión. Y esta es, en definitiva, la razón por la que los compañeros aman a Messi y matan por él en el campo, mientras que por Cristiano Ronaldo no. Messi jamás, ni siquiera por un segundo, hace ver o hace entender a los demás que él es el más grande de todos, aunque todo el mundo sepa que lo es.
Y Cristiano Ronaldo parece exigir precisamente eso a todo el grupo. Y ojo, no penséis que yo le tengo ningún tipo de odio o de rabia a Cristiano Ronaldo. Todo lo contrario, ya os he dicho. Para mí es uno de los mejores jugadores que yo he visto en toda mi vida. Es más, para mí el primero es Messi y el segundo es Cristiano Ronaldo.
Ese es mi top histórico y no lo cambiaré jamás, a no ser que de aquí en unos años salga algo que me parece imposible que salga. No te voy a mentir, Cristiano Ronaldo es la mentalidad más ganadora y más increíble que he visto yo en mi vida, casi de cualquier deporte. Es más, muchos lo comparan con, por ejemplo, Michael Jordan, una mentalidad increíble, un ganador absoluto, pero al que muchos compañeros odiaban por cómo era.
Creo que se pueden asemejar bastantes y no por ello dejan de ser unas auténticas leyendas de su deporte. Y ojo, mira que Cristiano Ronaldo a mi club, el Atlético de Madrid, le ha metido goles y nos ha eliminado muchas veces, pero como os digo, para mí va a ser siempre una leyenda del fútbol, pero creo que sus compañeros no lo ven como sí ven a Messi, como os he explicado en este vídeo.
Y ya os digo, no es un vídeo para nada en contra de Cristiano Ronaldo. Es más, sé que hay gente que se lo va a tomar así, pero ya os digo, para nada. Creo que son razones que hemos visto todos durante la carrera de uno y otro. Lo que sí que creo es que somos unos auténticos afortunados por haber podido vivir en esta época.
Nosotros el día de mañana seremos los que le comentemos y los que le contemos a nuestros nietos cómo era la guerra entre estas dos auténticas leyendas. A nosotros nos han hablado de Maradona, nos han hablado de Pelé, nos han hablado de Cruff, nos han hablado de un montón de jugadores que no hemos visto y los tenemos muy lejos.
Y nosotros creo que hemos tenido la gran suerte de poder vivir la época de los dos mejores jugadores de la historia batallando durante más de 10 años. Y esto es algo por lo que sentirse muy afortunados, por lo menos yo me siento así. Déjame tu opinión en comentarios.