¿RECUERDAS A LA CHILINDRINA? TRAS PERDER CASI TODO Y DESAPARECER, ASÍ VIVE HOY MARÍA ANTONIETA A
¿Se acuerda de ella? Las coletas chuecas, una más arriba que la otra, los lentitos redondos, esa carita llena de pecas que en un segundito pasaba de la risa al chillido, la Chilindrina. Yo tengo un perrito que se llama Peluchín Chin [canto] Ch. La niña que nos hizo reír a todos, a México enterito, a media Latinoamérica y hasta más lejos.
Pero híjole, aquí viene lo curioso. Esa niña tan famosa la oesía a una señora que ganaba muchísimo menos de lo que usted se imagina. Y no, no es broma, porque esa niña que cada semana hacía reír a más de 350 millones de personas, estuvo a nada de vender su casa. Tuvo que echarse un pleito en los tribunales por su propio personaje.
Perdió al amor de su vida y eso la partió en dos. Y hace apenas unos meses, agárrese, se tomaba 19 pastillas al día sin saber ni para qué. 19. Hoy le voy a contar todita la historia, cómo llegó hasta arriba, cómo casi desaparece de un día para otro y sobre todo cómo vive hoy a sus 79 años.
Y créame, el final no es el que se está imaginando. Pero para entender todo esto hay que empezar por algo que casi nadie sabe. Para entender a la Chilindrina hay que empezar por la niña de verdad, por María Antonieta. Y aquí va el primer dato curioso, porque ni en esto se ponen de acuerdo. Ella siempre ha dicho que es de Santiago Un quintla allá en Nayarit, la tierra de sus papás, pero varios registros dicen otra cosa, que en realidad nació en la ciudad de México, en una vecindad del rumbo de la lagunilla.
Fíjese qué ironía. La mujer de la vecindad más famosa de la tele, a lo mejor sí salió de una vecindad de adeveras. Lo que sí sabemos es de dónde venía, de una familia grande, trabajadora. Era la más chiquita de siete hermanos. Sus papás tenían un par de tiendecitas de ropa y con eso sacaban a toda la familia adelante. Tu papá, mi papá, mi mamá, seis hermanos mayores y yo la más pequeña.
Gente de a pie, gente que le batallaba y le batallaban de más porque había dolores en esa casa. Una de sus hermanas, a la que le decían pillita, estaba muy enferma y los tratamientos costaban un dineral. Buena parte de lo que entraba se iba en médicos y medicinas. La pobre pillita murió jovencita sin llegar ni a los 20 años. Años después, otra tragedia.
Su hermano José Luis murió en el terremoto del 85, ese que dejó marcada la Ciudad de México para siempre. Se le vino la casa encima. Así que esta señora desde chica supo lo que era el dolor de Adeveras, pero también desde chiquita supo lo que era el escenario. Empezó a bailar ballet a los 3 años, tres. A los seis ya estaba metida en una academia de actuación y ahí unos maestros se dieron cuenta de que la escla tenía un talento fuera de lo normal.
Y aquí viene algo que casi nadie sabe. Antes de las coletas, antes de las pecas, María Antonieta ya era famosa. No más que usted nunca le vio la cara porque era una de las actrices de doblaje más buscadas de todo México. ¿Se acuerda de Batichica, la de Batman? Esa voz era la de ella, la niña de los locos Adams Merlina, también Pebbles, la bebé de los Picapiedra. Dorothy, la del mago de OS.
Todas la misma señora. O sea, que cuando llegó la Chilindrina, ella ya sabía hacer voz de niña con los ojos cerrados. Ya era una profesional de hueso colorado. Y llegamos a 1971. Ahí nace el personaje en el equipo de Roberto Gómez Bolaños, el mero Chespirito, la hija de don Ramón, respondona, chillona, tramposilla y adorable.
El suéter chueco, un accidente. Llegó resfriada un día, pidió algo para taparse, se lo puso todo torcido. Le gustó. Y así se quedó el nombre. Por un pan dulce, la Chilindrina esa de azúcar espolvoreada igualita a sus pecas. Y lo que vino después nadie se lo esperaba. El Chavo no fue un éxito, fue un fenómeno mundial doblado a más de 50 idiomas y para 1975 lo veían más de 350 millones de personas cada semana.
En Brasil hasta le cambiaron el nombre. Allá es chiquiña y la quieren como si fuera de la familia. Una niña inventada de una vecindad de mentiritas se echó al mundo entero a la bolsa, pero con tremendo éxito. ¿Se hizo millonaria? Pues fíjese que no. Y lo que ganaba de verdad no se lo va a creer. Aquí es donde la historia se pone rara, bien rara, porque usted diría, “Un programa que ven 350 millones de personas, que se vende en medio mundo, que lleva décadas al aire, esa gente se tuvo que hacer rica.
¿A poco no tuvo que ganar una fortuna? Pues fíjese que no. o al menos ella no. Escuche lo que la propia María Antonieta contó con sus meras palabras, que en aquellos años ganaba como 100 pesos a la semana, a la semana, eh, que en aquel entonces eran unos cacarcitos, $5 por hacer reír a medio planeta. Y cuando repetían el programa, cuando lo pasaban una y otra vez, ¿sabe cuánto le tocaba? Ella lo contó así, que si ganaba 1,000 1,500 por programa, le daban 150 cada vez que lo repetían. Una miseria, pues.
Y lo resumió de una forma que duele. Dijo que Televisa se llevaba lo grande, que ganaba muchísimo con el programa y que a ellos, a los actores, les tocaba una milésima parte de todo lo que producía. Ahora, seamos justos, porque aquí no venimos a echar culpas al aventón. Esto es lo que ella cuenta. Es su versión.
Televisa nunca se sentó a enseñar los números, así que lo tomamos como lo que es la palabra de la mujer que estuvo ahí adentro viviéndolo. Pero aunque sea no más su versión, piénselo tantito. Trabajar durísimo años y años. Ver cómo lo que usted hace le da la vuelta al mundo, cómo llena de billetes a una empresa. Y usted en su casa haciendo cuentas para que alcance.
¿Cuántos mexicanos no conocen esa sensación, chambear como burro y ver poquito, por eso esta parte pega tan fuerte? No es el cuento del artista millonario y consentido. Es el de alguien que puso el talento, la cara y la voz. Mi no le tocó lo justo y mire lo que son las cosas. Fue justamente por dinero, por defender lo que sentía suyo, que empezó el pleito más grande de toda su vida, nada menos que contra Chespirito.
Todo empezó por algo que parecía chiquito, un detalle de papeles. Marí Antonieta quería sacar otro disco de la Chilindrina. Ya había grabado varios, le encantaba cantar con el personaje, pero esta vez Chespirito le dijo que no, que ya no quería que ella hiciera la Chilindrina. Y ahí a ella se le prendió el foco, dijo, “Bueno, pues me invento un personaje parecido, otro nombre y sigo.
” Y se fue al registro, a esas oficinas donde uno apunta legalmente lo que es suyo y ahí encontró algo que no se esperaba. Resulta que el nombre de la Chilindrina llevaba como 20 años sin renovarse. 20 años, porque esas cosas hay que estarlas renovando cada cierto tiempo. Y a alguien se le había pasado. Estaba, digamos, en el aire.
sin dueño. Entonces, María la Antonieta hizo lo que cualquiera con las agallas suficientes habría hecho. La registró a su nombre legalmente la Chilindrina de aquí en adelante era de ella y se armó la de Dios dioses Cristo. En el año 2001, Chespirito y Televisa la demandaron. Le exigían que devolviera ese registro, que dejara de hacer al personaje.
Imagínese el tamaño del pleito, ella solita contra el hombre más poderoso de la comedia mexicana y contra la televisora más grande del país. Fue una batalla larga, pesada. Y aquí seamos justos otra vez, porque hay dos lados. Del lado de ella sintió que estaba defendiendo lo que con tanto cariño ayudó a construir.
La voz, el vestuario, las pecas. Todo eso lo puso ella del lado de Chespirito, pues era su creación. Él escribió al personaje, él le puso el nombre y sintió que se lo estaban arrebatando. Los dos tenían sus razones, ninguno estaba loco. ¿De cuánto duró exactamente el pleito? Hay versiones. Ella habla de más o menos un año.
Otros medios hablan de que se estiró hasta 12. La fecha exacta de la sentencia final, la mera verdad, no está clara en documentos públicos. Pero el resultado, ese sí es clarito. En 2013, allá en Lima, Perú, Mari Antonieta lo soltó feliz. Ya la Chilindrina es mía y no me la puede quitar nadie. Ganó contra todo y contra todos ganó.
Pero toda guerra deja heridas y esta le costó carísimo. Se rompió su amistad con Chespirito para siempre. Se peleó con Florinda Mesa y su personaje quedó fuera del Chavo animado. Esa caricatura que hoy ven los niños. donde la Chilindrina simplemente no aparece. Ganó en los tribunales, sí, pero los golpes que venían después, esos no se peleaban ahí.
En la tele, la Chilindrina siempre se reía, pero detrás de las coletas, la vida le empezó a cobrar factura. Y fuerte, el golpe más duro llegó en 2019. Se le fue Gabriel. Gabriel Fernández, su esposo, su compañero de casi 48 años, nada menos que la voz que abría El Chavo del Ocho, esa que todos oímos mil veces sin saber que era el marido de la Chilindrina.
Gabriel se fue apagando poquito a poco. Varias neumonías, un problema en el riñón le pusieron marcapasos. Pasó como 89 meses entrando y saliendo de hospitales entre México y Estados Unidos, hasta que su corazón dijo, “Hasta aquí. tenía 85 años y ella quedó destrozada. Con estas palabras lo dijo, “El amor de mi vida se me fue. No sé si quiero seguir viviendo.
Así, tal cual.” Imagínese el tamaño de ese vacío. Y como si el dolor no bastara, ahí apareció el otro problema, el dinero. En esa misma época, en 2019, María Antonieta soltó algo que sacudió a todos. Dijo en plena entrevista que iba a tener que vender su casa de Acapulco. ¿Para qué? Para pagar las deudas de los hospitales, contó que los gastos médicos andaban como en 15,000 pesos a la semana por él y unos 20,000 por ella cada semana. Un dineral.
Ahora, ojo aquí porque esto es importante y no lo vamos a exagerar. que haya vendido una propiedad para cubrir gastos médicos, no quiere decir que se quedó en la calle, no quiere decir que quebró ni que perdió todo. Fueron gastos enormes de una emergencia como los que cualquier familia enfrenta cuando la enfermedad toca la puerta.
Y sí, por ahí circulan cifras de que tendría una fortuna de 10 hasta 15 millones de dólares. Pero cuidado porque esas son puras estimaciones. Nadie ha visto esos números de verdad. Así que quédese con lo que sí está confirmado, no con el chisme. Pero lo del dinero, con todo y lo pesado, no fue lo peor. Lo peor vino por la salud, porque María Antonieta carga desde hace años con fibromialgia, una enfermedad crónica de esas que no se ven, pero que duelen todo el tiempo, dolor por todo el cuerpo, un cansancio que no se quita y hasta lo que ella
llama la fibroniebla que le nubla la mente. Y aquí viene lo más fuerte de todo, lo de 2025. Andaba de gira con su circo allá en Perú cuando su cuerpo dijo basta. La hospitalizaron de emergencia el 20 de agosto y cuando los médicos la revisaron encontraron un desmadre. Tenía una infección en los pulmones, otra en las vías urinarias y el sodio por los suelos, tan bajo que corría el riesgo de convulsionar y hasta de perder la memoria.
¿Y sabe por qué llegó a ese punto? Agárrese, porque estaba tomando 19 pastillas al día. 19. Se las recetaban distintos doctores y ella misma lo confesó. No sé ni de qué ni para qué. Su cuerpito ya no aguantaba tanta medicina. Estuvo tan mal que ella misma lo describió sin rodeos. Me veía como un cadáver. Y su hija Verónica contó una escena que parte el alma, que en el aeropuerto se la entregaron cargada, tapada para que los periodistas no la vieran y que ya no reconocía a nadie. Fue durísimo, dijo.
La trajeron a México en avión ambulancia una semana internada y poco a poco, con calma le fueron bajando la medicina de 19 pastillas a solo tres. Muchos en ese momento ya la daban por acabada, pero lo que pasó después nadie se lo esperaba porque María Antonieta de las Nieves no se acabó ni de cerca. De aquellas 19 pastillas hoy toma n más tres. Salió del hospital.
se fue a su casa y empezó a agarrar fuerzas otra vez, despacito, pero para adelante. Y en octubre de 2025 tomó una decisión que marcó el final de una era. Después de más de 50 años decidió guardar a la Chilindrina, retirar al personaje. Lo dijo así, con esa mezcla de cansancio y de paz. Ya se fue en Perú.
Tengo 75 años y no he descansado un momento de mi vida. 50 años haciendo reír a la gente sin parar. Cualquiera se cansa, ¿no creen? Pero ojo que no se retiró del todo. Ella lo aclaró. De vez en cuando sacará a la Chilindrina para alguna entrevista, algún comercial para saludar a sus fans meet and greet. Pero eso de andar con dos y tres funciones diarias cargando al personaje por todo el continente, eso ya no. Ya estuvo bueno.
Entonces, ¿cómo vive hoy? Pues déjeme contarle porque es más bonito de lo que se imagina. Vive en su casa, en la ciudad de México, allá por la colonia del Valle. Y no está sola. La acompañan sus tres perritas, que son su adoración, y se pasa los días haciendo algo que a lo mejor usted no sabía.
Dibujando, sí, dibujando, es rebuena. En un video que compartió, se le ve trabajando en un retrato de un león con un detalle impresionante. Ella misma lo dijo. Tranquilita, aquí como siempre haciendo mis dibujitos la estoy pasando muy bien. A principios de 2026, en otra entrevista se soltó con una frase que la retrata de cuerpo entero.
Dijo que se siente muy contenta, muy bien y que quiere seguir viajando y se describió a sí misma como una buela pata de perro. Así con ese humor que nunca ha perdido y todavía hay más, bien fresquito. A mediados de 2026 reapareció en público, elegantísima como madrina de una exposición sobre los maestros del doblaje. Ahí, entre aplausos, dejó bien claro que se siente con ganas de seguir, que quiere que Dios la deje tal como está ahorita, con esas ganas de trabajar y de vivir.
Pero en esa misma plática soltó algo que te deja pensando. Con toda naturalidad, sin miedo, contó que ya tiene lista hasta la foto de su funeral, una foto donde salen las dos, Marí Antonieta y la Chilindrina, porque según sus propias palabras, el día que ella se vaya, ese día también se muere la Chilindrina. Y hay un motivo detrás de esa paz.
Ella lo ha dicho, no le tiene miedo a la muerte porque está segura de que del otro lado la está esperando su Gabriel, su viejo, el amor de su vida y que el día que se vuelvan a encontrar va a estar feliz. Fíjese qué historia. Una mujer que lo dio todo, que se cansó, que se enfermó, que perdió al amor de su vida y que hoy a sus 79 años está en su casa con sus perritas dibujando leones, riéndose de la vida y esperando sin miedo lo que venga. No todos terminan así de en paz.
Y esto nos deja con una última pregunta. ¿Cuánto tiempo puede una persona interpretar a una niña de 8 años? Pues María Antonieta tiene el récord, el de verdad, el Guinness, 48 años y 261 días haciendo a la Chilindrina, casi medio siglo siendo una esquincla de coletas. Nadie en el mundo ha hecho algo así con un mismo personaje de niño.
Nadie. Y ahí estata la gran paradoja de su vida. Ese personaje le dio todo, la fama, el cariño de millones, la vuelta al mundo, pero también de alguna manera se la comió porque intentó ser otras cosas, actriz de telenovelas, otros papeles y la gente siempre la quiso ver a ella, a la Chilindrina. Nunca la dejaron ser otra.
Pero mire cómo terminó la historia. Después de tanto pleito, de tanta lucha, es la única del elenco original que es dueña legal de su personaje. La única, se peleó con todo y con todos. Y al final la Chilindrina es suya, de ella, de nadie más. Y si lo piensa bien, ahí hay una lección bien mexicana, la de una mujer que venía de una familia humilde, que trabajó desde los 3 años, que sufrió pérdidas durísimas, que se cansó hasta el tuétano y que nunca, nunca soltó lo que era suyo, ni su personaje, ni sus ganas de vivir. Al final no es la historia de una
niña de mentiritas, es la historia de una mujer de verdad, de carne y hueso, con sus aciertos, sus errores, sus batallas y una fuerza que ya la quisieran muchos. Ahora, dígame, ¿usted se acuerda de la Chilindrina? ¿Con qué personaje de El Chavo del Ocho creció? Kiko, Don Ramón, el profesor Jirafales? Cuéntemelo aquí abajo en los comentarios.
Me encanta leerlos y si esta historia le movió algo por dentro, ya sabe, dele like, suscríbase y compártalo con esa persona que también creció riéndose con la Chilindrina, porque en el próximo video le voy a contar otra historia que le va a poner la piel de gallina.