SANTIAGO GIMÉNEZ: AGUIRRE lo SENTÓ PORQUE SABÍA lo que NADIE quería CONTAR
Tenía 18 años, una clavícula rota y un coágulo de sangre que se le estaba moviendo por el cuerpo. Ricardo Peláez, director deportivo del Cruz Azul, lo dijo con las palabras exactas que un dirigente nunca quiere decir sobre uno de sus juveniles. Podía morirse en ese momento. Esa es la frase textual que Pelaes usó años después para describir el día que estuvo a punto de perder al niño que iba a convertirse en el delantero más caro de la historia del fútbol mexicano.
Hoy Santiago Jiménez tiene 25 años. 37 millones de euros pagó el AC Milan por sacarlo del Feyen North. Es el nueve titular que toda una nación esperó durante una década para el mundial que México juega en casa. Pero [música] lo que muy pocos saben, lo que nadie te contó del todo, es que ese muchacho desafió a la muerte para llegar a este momento.
Y cuando finalmente llegó el 11 de junio de 2026, el día del partido inaugural del mundial en suelo mexicano, Javier Aguirre tomó una decisión que dejó a millones de aficionados con la boca abierta. Lo dejó en la banca. Lo que estás por descubrir te va a romper el corazón. Para entender la magnitud de lo que vivió Santiago Jiménez, primero hay [música] que entender quién era y de dónde venía.
Porque su historia no empieza en México, aunque sea el escudo que lleva en el pecho. La historia empieza el 18 de abril de 2001 en una clínica privada de Buenonosa. Mientras [música] su padre, Cristian el Chaco Jiménez estaba en la mejor etapa de su carrera vistiendo la azul y oro de Boca Juniors. Ese día nació Santiago Mariano Jiménez Greco, argentino, hijo de argentino, heredero de la sangre que ha producido a Maradona, a Messi, a Batistuta, a Riquelme, pero también hijo de una mujer mexicana, María Bernarda Greco, que iba
a cambiar sin saberlo en ese momento, el destino de la selección mexicana para siempre. La idea de que ese bebé iba a crecer hablando con acento porteño, idolatrando a Boca, soñando con vestir la celeste y blanca de Argentina era completamente lógica. De hecho, era lo más probable. El padre era ídolo en el club más popular [música] del país.
La carrera todavía no salía de Sudamérica. Si todo seguía como estaba, [música] en 15 años Santiago Jiménez iba a estar haciendo fila para integrarse a las inferiores de la AFA con el mismo apellido [música] que su padre. Pero el fútbol tiene una manera particular de reescribir agendas [música] que nadie le pidió que reescribiera.
Y la agenda de la familia Jiménez se reescribió en el verano de 2004, cuando los Tiburones Rojos de Veracruz, un club mexicano que hoy ya ni siquiera existe, llamaron al Chaco para hacerle una oferta firme. El Chaco firmó y el día que esa firma se selló, sin saberlo nadie, México ganó un nueve y Argentina perdió uno.
Santi tenía 2 años cuando subió al avión que lo iba a llevar al puerto de Veracruz. 2 [música] años. Un niño que no tenía memoria de Argentina, ninguna, cero. Sus primeros recuerdos sólidos no se formaron en la Boca ni en Santelmo. Se formaron en el calor pegajoso del puerto Jarocho, entre el olor a mariscos del malecón y los acentos costeños que [música] se le metían por los oídos.
Y lo más importante, sus primeros recuerdos con el balón nacieron en el estadio Luis Pirata [música] Fuente, casa de los Tiburones Rojos, donde después de los entrenamientos profesionales, el campo se abría para los hijos de los jugadores. Los pibes corrían y pateaban con sus padres todavía sudados de la práctica.
Y entre esos pibes descalzo o con tenis remdados que su madre le ponía rápido cuando llegaba el momento, estaba un niñito de 3 años con el pelo enmarañado al que su padre le iba pasando el balón despacio para que aprendiera a pegarle. Para todo padre, lo máximo es que su hijo patee el balón, lo dijo el propio Chaco años después, con la voz quebrada recordando aquellos atardeceres en el pirata fuente.
Esa es la imagen con la que arranca la vida futbolística de Santi Jiménez. Su primera escuela fue el césped del pirata Fuente. Su primer entrenador fue su padre. Esa imagen es la cosa más importante que hay que entender sobre la elección que tomó este muchacho años después. Porque cuando llegue el momento en que la AFA, la Federación Argentina, vaya a buscarlo para sumarlo a sus procesos juveniles, lo que Santi va a tener en la cabeza no van a ser ríos azules y blancos.
Va a ser su padre pasándole el balón en el Pirata Fuente. Va a ser su mamá Bernarda esperándolo con frijoles y tortillas calientes [música] en la cocina. Va a ser su hermana Itana, que nació en México y para la que México no es elección, es lo único que existe. [música] La identidad no se hereda en la sangre.
La identidad se construye en la cocina y la cocina de los Jiménez fue mexicana desde el primer plato. Después de Veracruz, el peregrinaje [música] del Chaco siguió. San Luis, donde el pequeño Santi empezó la escuela. [música] Pachuca, donde el padre ganó títulos importantes y el niño empezó a entrenar en serio. Atlante, América. Y finalmente, en 2009 llegaron al club que iba a marcar el resto de la vida familiar, [música] Cruz Azul.
Y con el padre llegaron a las fuerzas básicas del Cruz Azul los pies de un niño de 8 años que ya pateaba como si lo hubiera hecho toda la vida, porque técnicamente [música] lo había hecho toda la vida. La pelota era su primera lengua. Pero aquí es donde la historia toma el primer giro brutal.
Aquí es donde el público se pierde la pieza más oculta de toda la juventud de [música] Santi Jiménez, porque mientras crecía en las fuerzas básicas del Cruz Azul, mientras le metía goles a los rivales en las categorías sub15, sub17, [música] sub20, mientras todo el complejo deportivo celeste lo señalaba como la siguiente joya, ocurrió algo que casi le arrebata la vida antes de que pudiera darle nada al fútbol.
Y cuando digo casi le arrebata la vida, hablo [música] literalmente. La primera lesión seria fue una fractura de clavícula. Pasa. Pasa todos los días [música] en el fútbol juvenil. Choque con un rival, mala caída, hueso roto, lo [música] operan, lo enyesan, espera unas semanas, vuelve.
Eso es lo que tenía que pasar. Eso es lo que pasa el 99% de las veces. [música] Pero el cuerpo de Santi no se enteró del manual de operaciones. Durante la recuperación, los médicos del Cruz Azul detectaron algo que no estaba en ningún cálculo, un coágulo, [música] una trombosis. Sangre que en lugar de circular tranquila por las venas, se había decidido a quedarse pegada, formando un tapón que podía moverse en cualquier momento hacia los pulmones, [música] hacia el corazón, hacia el cerebro, hacia donde la mala suerte decidiera y donde llegara mataba.
Ricardo Peláez, director deportivo de Cruz Azul en ese momento, lo contó [música] años después en una entrevista que medio tiempo recogió en su documental Raíces. El comienzo lo contó con la calma extraña de quien revive un susto que se llevó. [música] podía morirse en ese momento. Esa fue la frase de Pela.
No hablamos del riesgo abstracto de una lesión grave que termina una carrera. Hablamos del riesgo concreto y [música] verificado de que un adolescente de 18 años, hijo del Chaco Jiménez, ídolo del Cruz Azul, no llegara a la mañana siguiente. [música] La trombosis es una de las urgencias médicas más serias que existen y cuando se manifiesta en una [música] persona joven y atlética es un misterio que pone a temblar a cualquier cuerpo médico.
lo que pasó esos días en el hospital, lo que pensó la madre de Santi mirando a su hijo en una cama con anticoagulantes, lo que sintió el [música] Chaco viajando entre entrenamientos del Cruz Azul y la sala de espera, lo que pasó por la cabeza del propio Santi a los 18 [música] años cuando le explicaron lo que tenía.
Son cosas que la familia ha contado solo en pedazos. Pero Santi mismo en una entrevista [música] posterior con ESPN dejó la pregunta que le hacía a su padre durante esos días. ¿Por qué yo? [música] ¿Por qué a mí? Una pregunta que cualquier persona en cualquier circunstancia parecida ha hecho alguna vez, pero que hecha por un muchacho de 18 años con una pelota guardada en la maleta y un coágulo [música] escondido en la avena suena diferente.
El Chaco le respondía con lo único que un padre creyente le puede responder a un hijo asustado. [música] Eso solo Dios puede dártelo. Eso solo Dios puede explicártelo. Esa era la conversación entre el Padre y el Hijo. Mientras la sangre de Santi era monitoreada [música] hora por hora para asegurarse de que el coágulo se disolviera y no decidiera matarlo en el medio de un sueño.
No se murió [música] y esa es la cosa más importante de toda esta historia. El tratamiento médico funcionó, el coágulo se disolvió, la clavícula se soldó, el cuerpo respondió y Santi Jiménez salió del hospital semanas después con una segunda oportunidad de vida que ningún otro juvenil del Cruz Azul había pedido ni necesitado pedir.
Cuando volvió a las canchas de fuerzas básicas era otro. Algo había cambiado por dentro. Volvió a meter goles, volvió a destacar, volvió a ser comparado con su padre, pero esta vez con una conciencia diferente del tiempo, del [música] cuerpo, de lo que cuesta llegar al día siguiente. Algunos hablaron después de un Santi [música] más maduro de lo que su edad indicaba.
Otros, más espirituales dijeron que el muchacho había nacido de nuevo en aquel hospital. Y cuando años más tarde, en otro [música] contexto, después de otra cirugía, después de otra prueba de su cuerpo, le pregunten a [música] Santi cómo se sintió al volver a las canchas, va a usar esas mismas palabras.
Nací de nuevo. Las va a usar porque [música] ya las había vivido, porque a los 18 años ya las había vivido. Pero el fútbol tiene una manera particular de poner las cosas [música] a prueba. Y la siguiente prueba de Santi Jiménez no iba a ser médica, iba a ser de identidad. Porque mientras se reponía de la trombosis y volvía [música] a meter goles en juveniles, al otro lado del continente, una federación lo estaba mirando con interés y no era la mexicana, [música] era la argentina.
La Asociación del Fútbol Argentino, la federación que en ese momento dirigía los procesos juveniles del Alviseleste con la lupa puesta en cada hijo [música] de argentino que sobresaliera en cualquier parte del planeta, sabía exactamente quién era Santi Jiménez. [música] Sabía que había nacido en Buenos Aires, sabía que tenía pasaporte argentino, sabía que en México estaba marcando goles [música] y decidió moverse.
Esta historia durante años se manejó como rumor hasta que [música] el propio Chaco la confirmó y hasta que el propio Santi, en una entrevista que dio años [música] después y que circuló por todo el continente, la contó con sus palabras exactas. Yo decidí México porque me sentía más mexicano. [música] Tuve la alternativa de ir con la selección de Argentina en un momento en las inferiores, en la sub20, y decidí ir con [música] la de México.
Esas son las palabras de Santi, sin adornos, sin medias tintas. La AFA lo buscó y él dijo que no. Lo que vino después [música] en otra entrevista todavía más reveladora es la conversación interna que Santi mantuvo consigo mismo antes de tomar la decisión. La conversación que muestra que esa elección no fue automática, que [música] estuvo a punto de irse para el otro lado.
Yo me ponía a pensar mucho qué me convenía más, pero al final dije, “Voy a decidir con el corazón. Me siento más mexicano, [música] entonces voy a representar a México.” Y después la frase que terminó de explicarlo [música] todo. Si hubiera pensado un poco más con la mente de qué me conviene más, hubiera escogido la selección argentina porque te da un nombre diferente a ser un jugador de la selección mexicana.
[música] Esa frase dicha por el propio Santi en cámara es la pieza más sincera de toda su carrera. Reconoció lo que muchos no se atreven a decir en voz alta. Argentina daba más nombre. Argentina [música] hubiera sido el camino lógico para la carrera. Argentina hubiera abierto puertas que [música] México no abre y aún así eligió México.
¿Por qué? La explicación [música] que dio termina de cerrar el círculo. Le iba a mentir a mis emociones y escogía a Argentina porque amo Argentina. Nací en Argentina, pero me siento mexicano. Le iba a mentir a sus emociones. [música] Eligió la verdad sobre la conveniencia. Eligió la identidad sobre la carrera.
eligió a la mujer que le [música] cocinaba frijoles en Veracruz sobre el escudo del país donde nació por accidente de calendario. [música] Y México, sin haber hecho nada para merecerlo, sin haberlo formado a base de inversión [música] federativa, recibió de regalo a uno de los nueve más prometedores de su generación. Por una decisión personal de un adolescente de 13 años que fue confirmada en la sub20 y refrendada por toda su vida [música] adulta, la AFA lo perdió.
y lo perdió por lo más íntimo que tiene un ser humano, el lugar donde sintió que estaba en [música] casa. Y eso quizás es lo más impactante de toda esta historia, que la elección no [música] fue de conveniencia, que fue de corazón y que el corazón, esa cosa [música] que el fútbol moderno suele despreciar como argumento, terminó siendo más fuerte que el cálculo, que el nombre, que la fama, que el dinero.
El debut profesional con Cruz Azul llegó el 3 de febrero de 2020 contra los Pumas de la UNAM. Tenía 18 años. La trombosis ya era cicatriz, la elección de México ya era oficial y la carrera profesional empezaba en serio, con el peso del apellido Chaco encima y la conciencia íntima de que cada partido era una oportunidad que la muerte misma le había regalado.
Esa mezcla peso del apellido Bomás concia de la mortalidad. Es una combinación [música] que casi ningún juvenil tiene a los 18 años y se notaba. Santi tenía algo distinto, [música] una serenidad que no encajaba con su edad, un hambre que no se podía explicar con razones futbolísticas. Lo había visto la muerte desde cerca.
El miedo a errar, a fracasar, hacer el ridículo en una jugada le resultaba ridículo después de haber tenido un coágulo paseándose por sus venas. [música] Esa primera etapa con Cruz Azul fue la del joven que está aprendiendo a ser profesional dentro de una institución que carga la maldición de cuatro generaciones de ilusiones [música] rotas.
Y sin embargo, fue parte del plantel que rompió esa maldición. La novena, el campeonato del Guardianes 2021 que terminó con [música] 23 años sin título de liga, Cruz Azul campeón. Y en ese plantel, en los minutos [música] que le tocaron, en los goles que metió, en la energía que aportó, estuvo Santi Jiménez, el hijo del Chaco, que vivió desde dentro lo que para su padre, ídolo del club, había sido siempre una promesa nunca cumplida.
La cosa que el Chaco no pudo ganar como jugador, su hijo la ganó como juvenil. Y eso, aunque ninguno de los dos lo dijo en voz alta, debe haber sido una de las conversaciones más emotivas que padre e hijo tuvieron jamás. Y entonces, en julio de 2022, llegó la oferta que iba a sacarlo de México. El Feyenor de Países Bajos, club histórico de Rotterdam, tres veces campeón de Europa, llamó a Cruz Azul con una propuesta concreta.
[música] 4,0000 € por el 50% de los derechos económicos del muchacho. 4,000ones. [música] Cruz Azul aceptó. Vamos a dejar ese número quieto un momento porque 2 años y medio después, en enero de 2025, el AC Milan iba a pagar 37 millones de euros para sacarlo del Feyenor. 37 m000ones por lo que Cruz Azul había soltado por cuatro. [música] La cuenta es cruel.
Cruz Azul por decisión propia perdió aproximadamente 30 millones de euros. Esa cifra todavía hoy aparece en cada conversación de aficionados celestes cuando se habla de los desastres económicos del club. 30 millones de euros que el Cruz Azul no tiene porque vendió mal a un muchacho que se estaba muriendo 4 años antes en una cama de hospital.
Pero esa venta, por dolorosa que sea para la afición celeste, fue lo que terminó de convertir a Santi Jiménez en el futbolista que es hoy. La Heredivicie, la primera división holandesa, es un campeonato rápido, técnico, exigente. No es la Liga MX, es otro idioma futbolístico y Santi tuvo que aprenderlo desde cero con 21 años recién cumplidos, lejos de la cocina de su madre, lejos del calor del pirata fuente que recordaba de niño, con compañeros que le hablaban en holandés o inglés y con una afición que evaluaba a cada extranjero con la frialdad que el
fútbol europeo reserva para los que vienen a ganarse un lugar. La primera temporada metió 15 goles decisivos para que el Feyen North ganara la eredivisici ese año. El extranjero recién llegado terminó campeón en su primer año. La segunda temporada metió 23 en 30 partidos. Promedio de goleador top europeo.
Los clubes grandes empezaron a llamar. Arsenal Tottenham, Atlético de Madrid, Lyon hace Milan. El precio subía. La afición mexicana, que durante años había sufrido la ausencia de un nueve de nivel mundial, empezaba a creer que por fin tenía uno. El 12 de enero de 2025 se paró frente al balón para cobrar un penal en un partido cualquiera del Feyenort.
Lo metió y al hacerlo, sin saberlo en el momento exacto en que el balón cruzó la línea, se convirtió en el máximo goleador mexicano de la historia de la heredivicie. 45 goles superó al Choy Lozano, que había sido el dueño de ese récord. Laedivis es la liga donde más mexicanos han jugado en las últimas dos décadas.
Carlos Salcido, Andrés Guardado, Jirvin Lozano, Edson Álvarez, Jorge Sánchez. El que más goles metió de todos ellos fue el muchacho que nació argentino y eligió ser mexicano. Esa ironía histórica nadie en México la pasó por alto. Pocos días después de ese récord, el AC Milan cerró la operación. 37 millones de euros, la cifra más alta jamás pagada por un futbolista mexicano, más que Jirvin Lozano, más que Edson Álvarez.
El delantero [música] más caro de la historia del fútbol mexicano se llamaba Santiago Jiménez y antes de cumplir los 24 años iba a vestir la camiseta rosonera del Milan, el club donde Ibrahimovic fue rey, donde Kaká levantó el balón de oro, donde la historia europea del fútbol tiene siete estrellas de Champions colgando del techo del museo.
El reto era enorme y de los más exigentes que un futbolista joven puede aceptar. llegar a Italia, [música] donde el fútbol se vive con una intensidad mediática que no tiene paralelo en muchos otros campeonatos. Llegar a un Milan en reconstrucción con cuerpo técnico nuevo, con presión por volver a ser protagonista en Europa, llegar como nueve titular, como reemplazante natural del francés Olivier Girud.
[música] Eso es lo que enfrentó Santi al pisar Milanello, el centro de entrenamiento del Milan, por primera vez en enero de 2025. Y aquí es donde la temporada se vuelve difícil. Hay que decirlo sin adornarlo. La temporada 2526 con el Milan fue irregular, no catastrófica, pero no fue lo que el público [música] italiano esperaba después de pagar 37 millones de euros por un nu Santi metió goles, pero no en la cantidad que el Milan necesitaba.
Tuvo partidos brillantes y partidos perdidos. La adaptación a la serie A, una liga táctica defensiva, [música] donde los nueve sufren más que en cualquier otro lado, le costó. Las críticas [música] en Milán empezaron a llover. La prensa italiana, que no perdona, empezó a preguntarse si el Milan había pagado demasiado, pero el fútbol tiene una manera particular de destruir lo que uno más quiere y Santi estaba a punto de aprenderlo por segunda de de la peor manera posible.
Diciembre de 2025, falta menos de 6 meses para el [música] mundial en casa. Santi es titular indiscutible en la lista que Aguirre está armando y entonces [música] en un entrenamiento, en una sesión normal, el tobillo derecho dice basta. El dolor que había estado manejando con tratamiento conservador durante meses, el dolor que había aprendido a esconder [música] vuelve con fuerza.
El cuerpo médico del Milan lo evalúa y la conclusión es la peor posible. Cirugía, no queda otra. El tratamiento conservador fracasó. El 18 de diciembre de 2025 en Ámsterdam, en una clínica que Santi conoce de sus años en el Feelle North, los cirujanos abrieron el tobillo derecho del nueve del Milan y le hicieron un desbridamiento artroscópico.
Limpieza profunda, reparación de lo que había que reparar. Cuando Santi salió del quirófano y los efectos de la anestesia se disiparon, supo que se estaba jugando algo más que su carrera de club. Se estaba jugando el mundial, el mundial en casa, [música] el mundial que toda su vida había soñado vestir de verde, el mundial al que llevaba trabajando desde los 3 años en el Pirata Fuente cuando [música] su padre le pasaba el balón después del entrenamiento.
El tiempo estimado de recuperación era de 6 a 8 semanas, un mes [música] y medio, dos meses. En el mejor de los casos volvería a finales de febrero, en el peor a mediados de marzo y el mundial empezaba el 11 de junio, una carrera contra el reloj sin garantías. Lo que pasó en los siguientes 6 meses es una de las historias más íntimas, más silenciosas y más heroicas que tiene el fútbol mexicano de los últimos años.
Y la mayoría de la gente no la conoce. Hizo lo contrario de lo que hace el fútbol moderno. Lo vivió en silencio, sin videos de terapia, sin actualizaciones en redes, con su esposa Fernanda al lado, con sus padres pendientes desde lejos. El Chaco lo contó después en una entrevista con Récord con la voz contenida [música] de quien vio sufrir a su hijo durante semanas.
Estamos muy orgullosos de Santi porque sufrió mucho previo a esto por la lesión y tenía como [música] esa espinita de decir, “¿Me convocarán o no me convocarán?” Esas son las palabras del Chaco, [música] la espinita, la pregunta clavada en el pecho del hijo durante 6 meses. ¿Voy a llegar al mundial o no voy a llegar? Los primeros días después de la [música] cirugía fueron los más oscuros.
Cualquier futbolista que ha pasado por una cirugía importante en una articulación de carga puede contarlo. [música] Los primeros días no puedes ni pisar. Levantarse al baño se vuelve tarea de planeación, bajar las escaleras requiere muletas. Y a la mente, sobre todo a la mente, empieza a llegar la pregunta que ningún futbolista quiere hacerse en voz alta.
¿Voy a volver a hacer el de antes? Santi ya había hecho esa pregunta antes. A los 18 años en otro hospital con un coágulo en lugar de una articulación [música] rota y la respuesta había sido sí. Volvió. Ahora tenía que volver otra vez. Empezó el regreso. Las primeras semanas sin pisar [música] el césped, solo gimnasio, piscina. bicicleta estática.
Después los primeros trotes suaves en cinta sin impacto y finalmente cuando el cuerpo lo permitió, el primer toque de balón con los compañeros del Milan. Cada semana era un escalón, cada escalón era un examen. Y mientras todo esto pasaba, el calendario del mundial seguía corriendo y Santi tenía un solo objetivo, estar listo.
El Chaco lo resumió perfecto en una entrevista durante marzo. Lo más importante es que de la lesión ya no tiene dolor y cada vez va sumando más minutos. La frase del padre fría, [música] técnica. Pero con todo el orgullo contenido por dentro, volvió a las canchas con el Milan a finales de febrero, más rápido de lo previsto.
[música] Desde entonces, con prudencia, con dosificación, fue subiendo el ritmo. Cada partido era una prueba, cada entrenamiento era un examen. Y [música] entonces, el primero de junio de 2026, Aguirre dio la lista definitiva. Ahí estaba el nombre, Santiago Jiménez, [música] convocado al mundial en su propia casa. Para Santi, esa convocatoria no fue solo un papel, fue la confirmación de que la carrera contra el reloj había sido ganada, que la cirugía de Amásterdam, las muletas, los meses de bicicleta estática mirando una pared blanca y un calendario marcado
en el 11 de junio, todo eso había valido la pena. Lo dijo con palabras [música] propias. Nací de nuevo. La misma frase que había usado a los 18 años después [música] del coágulo. La volvió a usar porque era cierta. por segunda vez en su vida había nacido de nuevo, pero el [música] fútbol tiene una manera particular de poner las cosas a prueba justo cuando uno se cree dueño del destino.
Y la última prueba, la que Santi no esperaba, llegó el 11 de junio del 2026, [música] el día del partido inaugural del mundial en suelo mexicano, México contra Sudáfrica, el partido que el país llevaba 30 años esperando. [música] Esta mañana la lista de titulares se filtró antes del partido como siempre ocurre y los aficionados [música] mexicanos que habían venido siguiendo la recuperación de Santi durante meses con la ilusión de verlo entrar al campo en el partido inaugural se llevaron una sorpresa que dolió.
El nueve titular no era Santi Jiménez. [música] El nueve titular era Raúl Jiménez, el delantero del Fulham, 34 [música] años, veterano del Tri. y Santi Jiménez, el delantero de 37 millones de euros, el récord goleador mexicano de la heredivicie, [música] el muchacho que había desafiado a la muerte dos veces para llegar a este momento, arrancó el partido en la banca.
La explicación oficial fue prudente. Aguirre habló de gestión de cargas, de cuidar al jugador, de respetar el proceso de recuperación, pero la afición lo entendió de otra manera. Para muchos esa decisión fue una señal, para otros lectura técnica defendible, para otros más fue una traición silenciosa al jugador que había hecho todo lo humanamente posible por estar ahí.
Y hay algo que la afición mexicana sabía y [música] que dolía. Esta no era la primera vez que un seleccionador descartaba a Santi para un mundial. Cuando Gerardo Martino, el tata, armó la lista para Catar 2022, dejó a Santi fuera. Ese día Santi se quedó llorando en silencio en su [música] casa, viendo a México perder contra Argentina.
sabiendo que él podía haber estado ahí, sabiendo que [música] un técnico decidió que no. Y 4 años después, ya con la camiseta más cara del país en la espalda, otro técnico volvía a sentarlo en el momento más importante de [música] su vida. Santi entró desde la banca en el segundo tiempo. No fue el ingreso que había soñado, pero entró.
Pisó el césped [música] del mundial en su casa, tocó el balón y al terminar el partido en la zona mixta, cuando los [música] periodistas le preguntaron cómo se había sentido, hizo lo que ha hecho toda su carrera. habló con respeto, [música] con prudencia, sin tirar dardos contra el técnico, sin mostrarse herido públicamente.
Pero los que conocen al muchacho dijeron después [música] que la decisión le dolió mucho más de lo que mostró. Cuando Santi Jiménez habla de su carrera, no usa el lenguaje vacío de los comunicados oficiales. Habla desde donde vivió [música] cada cosa. Y lo que ha dicho los últimos tiempos, ahora que está atravesando el momento más complejo [música] de su vida deportiva, dibuja el retrato de un hombre que entendió de dónde viene y a dónde [música] quiere llegar.
Sobre la decisión de elegir México por encima de Argentina. Las palabras de Santi son una declaración de principios. Yo decidí México porque me sentía [música] más mexicano. Tuve la alternativa de ir con la selección de Argentina en un momento [música] en las inferiores, en la sub20 y decidí ir con la de México.
Y después la sinceridad brutal. Si hubiera pensado un poco más con la mente de qué me conviene [música] más, hubiera escogido la selección argentina porque te da un nombre diferente. [música] Y la cierra con la frase que terminó de definir su identidad. Le iba a mentir a mis emociones y escogí Argentina porque amo Argentina.
Nací en Argentina, pero me siento mexicano. Sobre su padre, sobre la conversación más íntima que mantuvo con él durante [música] el episodio de trombosis, Santi reconoció en entrevista con ESP en lo que le pasaba por la cabeza a los 18 años en aquel hospital. Yo le preguntaba al Chaco, “¿Por qué yo? ¿Por qué a mí?” [música] Y el padre, que no tenía respuesta, hizo lo único que un padre puede hacer en una situación así.
Le dijo lo que él mismo necesitaba [música] creer. Eso solo Dios puede dártelo. Y a partir de ese día, Santi aprendió a no preguntar más. Aprendió a trabajar sobre el regreso después de la cirugía del tobillo, sobre la [música] espinita que cargó durante 6 meses, sobre la duda de si llegaría al mundial. Fue el Chaco el que terminó hablando en su nombre, porque Santi callaba.
[música] El padre en una entrevista con Récord lo dijo con las palabras de quien lo ha vivido desde el otro lado. Estamos muy orgullosos de Santi porque sufrió mucho previo a esto por la lesión y tenía como esa espinita de decir, “¿Me convocarán o no me convocarán?” La espinita, la palabra del padre, la pregunta clavada en el pecho del hijo, la incertidumbre que un muchacho que ya había desafiado a la muerte dos veces seguía cargando, ahora a sus 25 años, sobre si Aguirre le iba a dar el lugar que sentía merecer. Sobre el regreso a
las canchas, Santi usó la frase que ha resumido toda su vida. Nací de nuevo. Dos palabras que en otra boca sonarían a cliché. En la suya tienen un [música] peso médico verificable. Nació de nuevo, primero después del coágulo a los 18 años. Nació de nuevo. Segundo, después de la cirugía del tobillo a los 25.
Esas dos veces, esas [música] dos salidas del filo son la cosa más íntima de su historia. Y sobre lo más reciente, sobre la lesión, sobre las dudas, sobre la incertidumbre del mundial, Santi dejó la frase que circuló por todas las redes sociales mexicanas en los primeros meses de 2026 y que el Chaco repitió en cada entrevista: “Solo hay un camino.
Trabajar todos los días como si dependiera de mí, porque al final depende de mí.” Una frase corta, una declaración de principios. La filosofía del muchacho que entendió desde adolescente que el destino no se le iba a regalar al hijo del Chaco, que iba a tener que ganárselo cada día. Trabajar. Esa es la palabra que define a Santi cuando [música] se lo escucha hablar.
Trabajar más que los demás. Trabajar cuando duele. Trabajar cuando nadie está mirando. Esa filosofía heredada de un padre argentino que llegó a México con una maleta y unas [música] ganas es lo que le permitió cruzar el océano dos veces. La primera de Buenos Aires a Veracruz a los 2 años. [música] La segunda de México a Rotterdam a los 21 y la tercera de Rotterdam a Milán a los 24.
Tres mudanzas, dos países nuevos, [música] una sola constante, trabajar más. Cuando se filtró la noticia de que Santi Jiménez [música] no iba a ser titular en el debut del Mundial contra Sudáfrica, las redes sociales mexicanas se encendieron de una manera que mezclaba decepción. Defensa apasionada y la pisca de polémica que siempre acompaña las decisiones de Javier Aguirre.
El primer gran tema fue la elección de Raúl Jiménez por encima del bebote y la conversación se dividió con la velocidad con la que se dividen estas conversaciones en redes. Por un lado, los defensores apasionados del bebote. Santi desafió la muerte dos veces para llegar al mundial. Primero con la trombosis a los 18, después con la cirugía a los 25.
Y Aguirre lo sienta el día más importante. Esto no se hace. Hay sisiones que duelen más que un campeonato perdido. Ese tweet acumuló decenas de miles de likes y se viralizó en horas. Otro comentario más doloroso todavía. Tata Martino dejó a Santi fuera de Qatar 2022. Aguirre lo sienta en el debut del 26. ¿Cuántos directores técnicos más van a tener que decirle que no antes de que el muchacho pueda jugar un partido de mundial como titular? El que decide nunca es Sant.
Es el destino que se pone en su camino. Otro más amargo desde la afición de Cruz Azul. Lo vendimos por 4 millones. Lo perdimos. Ahora ni siquiera podemos verlo titular en el mundial de su casa. La cosa duele en dos lugares al mismo tiempo. Esa frase duele en dos lugares al mismo tiempo se viralizó por la honestidad con la que la afición celeste se hace cargo del error histórico de su club.
Pero también aparecieron voces que defendieron la decisión de Aguirre. Aguirre lo está cuidando. Viene de cirugía. No vas a quemar al delantero del futuro en el partido inaugural. lo dosifica para tenerlo entero en los partidos importantes. Es estrategia, no traición. Ese tipo de comentarios también tuvieron miles de likes y abrieron un debate paralelo sobre cómo gestionar a un jugador convaleciente en un torneo corto.
Desde Argentina, la conversación tuvo un sabor agridulce. Hubo aficionados argentinos que se mostraron empáticos con el muchacho. Acabo de leer la historia de Santi Jiménez. Nació en Buenos Aires y casi se muere de trombosis a los 18 años. eligió jugar para México porque ahí se crió y ahora ni el seleccionador mexicano lo pone de titular.
Qué injusta es la vida con los buenos. Otro tweet más nostálgico, la AFA lo tuvo en la mano y lo dejó ir. Y ahora hasta los mexicanos lo discuten. Qué cantidad de jugadores hemos perdido por no apretar a tiempo. La historia del origen también fue parte del debate. Aicionados jóvenes que recién descubrieron de dónde venía Santi compartieron tweets emocionales.
Acabo de leer que Santi Jiménez nació en Buenos Aires y que Lafa lo buscó cuando era juvenil. Él dijo que no porque se [música] sentía mexicano. Eso es identidad, no nacionalidad de papeles. Respeto absoluto al bebote. Otro tweet todavía más emocional. Santi a los 18 años tenía un coágulo de sangre paseándose por las venas.
Pudo haberse muerto y 7 años después está en el mundial. Aunque sea desde la banca, [música] aunque sea por 20 minutos, lo que estamos viendo es a un sobreviviente jugar el mundial de su país. Eso es lo que estamos viendo. Cualquier cosa más que eso es bonus. Y entre todos los comentarios hubo uno que muchos retomaron porque resumía el sentir colectivo.
[música] Decía simplemente, “Sanyi Jiménez no le debe nada a nadie, ni a Cruz Azul que lo vendió barato, ni al Milan que pagó caro, pero no supo aprovecharlo. Ni a Tata Martino, que lo dejó fuera de Qatar, ni a Aguirre que lo dejó en banca el día más importante. Danti se debe a un solo escudo y ese escudo lo tiene en el pecho cada vez que sale al campo con el tri.
Que entre por 20 minutos, por 30, por uno solo, lo que sea, pero que cuando entre marque el gol, que nos meta octavos y se calle a todos. La historia de Santiago Jiménez no es la historia de un [música] futbolista, es la historia de una elección, la elección de un niño de 13 años que pudo haber dicho que sí a la camiseta del país donde nació y dijo que no porque sentía que su camiseta era otra.
La elección de un adolescente que pudo haberse rendido en una cama de hospital con una trombosis y eligió volver a meter goles. La elección de un veintañero que pudo haber jugado tranquilo en la Liga MX y eligió cruzar el océano para probarse en Europa desde cero. [música] la elección de un convaleciente que pudo haberse rendido al cronómetro y eligió pelearle al reloj día tras día y la elección de un suplente en el debut del mundial [música] de su casa, que en lugar de quejarse eligió entrar con la cabeza alta y dar lo que pudiera en los minutos
que le tocaron. En el camino quedaron las primeras palabras en español jarocho, las gradas del pirata fuente cuando era niño chico y veía a su padre festejar [música] goles. Los entrenamientos de fuerzas básicas del Cruz Azul cargando con el apellido del Chaco como una mochila pesada. La cama del hospital donde un médico le explicó [música] que era una trombosis.
La sub20 mexicana cuando le preguntaron si quería jugar por Argentina y él dijo que no. La primera temporada de Heredivicia aprendiendo a meter goles [música] en una liga que no había visto nunca. El récord goleador mexicano superando airvin Lozano. La sala de operaciones de Ámsterdam con un tobillo abierto, los meses de bicicleta estática mirando una pared blanca y un calendario que marcaba el 11 de junio.
[música] La caminata desde el vestuario hasta la banca el día del debut del mundial en suelo mexicano y del otro lado lo que construyó 15 goles en su primera temporada de heredivicie, 23 en la segunda, [música] 45 goles en total, récord histórico mexicano. Una heredivisie ganada con el Feyenord. 37 millones de euros pagados por el AC Milan.
Una novena con Cruz Azul cuando era juvenil, una nacionalidad mexicana ganada con el corazón, no con los papeles, y una camiseta verde puesta en el mundial de su casa, aunque haya entrado desde la banca. Cada uno de esos momentos vistos por separado parece la vida de un futbolista cualquiera. Juntos son la historia de un hombre que desafió a la muerte dos veces, a una federación una vez, a una institución, a un técnico y al destino [música] mismo para llegar a sentarse 20 minutos en el banquillo del mundial de su casa y a entrar 20 minutos
al campo y a buscar el gol que le explique al mundo lo que es ser Santi Jiménez. Santiago Jiménez no nació mexicano, pero pocas historias son tan mexicanas [música] como la suya. La del que llega de afuera casi se muere, se levanta, se cae del de nuevo, pierde tiempo, gana batallas, sufre lesiones que casi le arrebatan la vida y termina con la camiseta verde puesta en un mundial que se juega en su casa, aunque la primera vez le toque entrar desde la banca. Y ahora te pregunto a ti.
Después de todo lo que vivió Santi Jiménez, después de la trombosis a los 18, después del descarte de Tata Martino para Qatar, después de la cirugía del tobillo, [música] después de 6 meses peleándole al reloj para llegar al mundial, ¿crees que Aguirre tenía derecho a sentarlo en el debut [música] o le debió haber dado el lugar que tanto trabajó por ganarse? Podemos decir que la vida de un futbolista de élite está llena de triunfos, [música] pero también de caídas.
Lo verdaderamente importante es ser perseverante y tener metas claras, tal como es el caso de Julián Quiñones, [música] quien tuvo que superar innumerables obstáculos para llegar a este mundial y representar a México con orgullo. Si te interesa conocer esa historia [música] inspiradora, te la dejo por aquí, No te la puedes perder, en la cual repasamos tanto su carrera futbolística [música] como su vida privada muy entretenida.