¿Se acabó la emoción de los californianos por el Mundial 2026? Los aficionados no aparecen
California iba a recibir hasta cuatro partidos de la selección de Estados Unidos como local en este mundial y apenas 9 días antes de que arrancara el torneo salió una encuesta que ya había prendido las alarmas puertas adentro de la FIFA porque menos de tres de cada 10 adultos estadounidenses decían tener algún interés real en la Copa del Mundo que su propio país estaba organizando.
Y esta semana, después de que la selección anfitriona quedó eliminada en el peor momento posible, empezó a pasar algo en las gradas y en las plataformas de reventa de boletos de los estadios de California que tiene sudando frío a los organizadores del torneo. No es un rumor, es un patrón que ya se está viendo partido tras partido y que pinta un panorama muy distinto al que la FIFA prometió cuando vendió esta Copa del Mundo como la fiesta más grande de la historia del fútbol.
¿Qué es exactamente lo que está pasando con la afición californiana? ¿Por qué la ilusión se apagó tan rápido? ¿Y qué tiene que ver todo esto con el aficionado mexicano que sí quiere ver fútbol de verdad? Te lo contamos aquí con todo el detalle. Antes de meternos de lleno en el tema de California, hay dos cosas que están moviendo el avispero futbolero en las últimas horas y que seguramente ya viste en tu celular.
La primera es la salida de Estados Unidos del Mundial y la manera en que se dio, porque no fue una eliminación cualquiera. Bélgica llegó al partido de octavos de final envuelta en una polémica enorme porque el delantero Folarin Balogun había sido expulsado en el partido anterior de 16avos de final contra Bosnia y Herceovina y la sanción automática que le tocaba cumplir fue misteriosamente revertida por la FIFA justo a tiempo para que pudiera jugar.
La decisión generó una ola de críticas desde Europa con la UEFA, la propia Federación belga y hasta el técnico inglés Thomas Tuchel cuestionando abiertamente el criterio del organismo. Mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconocía públicamente que había pedido a la FIFA que revisara el caso.
Al final de nada le sirvió al equipo local porque Bélgica goleó 4 a1 con dos goles de Charles de Kettelire y uno cada uno de Hans Banaken y Romelo Lukaku. Mientras que Malik Tilman marcó el único tanto de los estadounidenses en un tiro libre que se desvió y engañó al portero belga. Con esa derrota, Estados Unidos repitió exactamente la misma campaña que tuvo cuando organizó su primer mundial allá en 1994, cuando también cayó en octavos de final en aquella ocasión ante Brasil.
Para rematar la mala tarde, el atacante Christian Pulisic tuvo que salir lesionado del terreno de juego poco después de que Bélgica anotara su tercer gol, lo que dejó a la afición local todavía con más motivos para el enojo. Y ya que hablamos de eliminaciones dolorosas para esta región del mundo, no podemos dejar pasar que México tampoco corrió con mejor suerte en su propio mundial.
La selección mexicana quedó fuera en 16avos de final, precisamente en el Estadio Azteca, después de caer 3 a2 ante Inglaterra. En un partido que tuvo de todo, Jude Bellingham anotó dos goles para los ingleses y Harry Kane puso el tercero, mientras que Julián Quiñones y Raúl Jiménez marcaron los tantos del tri en una remontada que al final no alcanzó.
Esa eliminación sumada a la de Estados Unidos apenas unos días después deja a los dos anfitriones norteamericanos fuera de la pelea por el título. Y ese detalle no es menor para entender por qué el ánimo general en esta parte del continente se enfrió tan rápido. La segunda noticia que está circulando fuerte tiene que ver con lo que pasó después del silvatazo final, porque la eliminación de Estados Unidos se convirtió en material de burla inmediata en redes sociales de medio mundo.
Los jugadores belgas festejaron imitando un baile asociado al propio Donald Trump y la Federación de Fútbol de Bélgica se sumó a la fiesta publicando mensajes que se burlaban tanto de la decisión de la FIFA sobre Balogun como del uso de la palabra inglesa para referirse al fútbol en territorio estadounidense.
La prensa europea tampoco se quedó callada. En Francia, el periódico especializado más importante del país sacó una portada con el título de tarjeta roja, mezclando la imagen del presidente estadounidense con la del propio presidente de la FIFA. En Bélgica, distintos diarios hablaron de una cachetada para ambos y hasta hicieron juegos de palabras con el apodo de Charles de Ketelay para compararlo con la figura del mandatario.
En Alemania también se sumaron las burlas señalando que el resultado le devolvía algo de dignidad al mundo del fútbol. Todo esto alimenta un poco más ese fastidio generalizado que ya traía el aficionado latinoamericano contra Gian Infantino y contra la manera en que la FIFA maneja este torneo, sobre todo después de frases suyas que quedaron grabadas en la memoria colectiva, como aquella de comparar la experiencia de ver un mundial con comerse un hot dog o la de pedirle a la gente que se calmara y disfrutara, cuando lo que la gente
reclamaba eran precios de boletos por las nubes y decisiones arbitrarias como la de Balogion. Y aquí es donde entramos de lleno al tema que nos trae hoy, porque todo esto converge exactamente en California, uno de los estados que más ilusión tenía puesta en este mundial y que ahora se enfrenta a una realidad bastante más incómoda de lo que se esperaba.
Apenas unos días antes de que Estados Unidos cayera eliminado, se publicó un reportaje que retrataba el ambiente en la bahía de San Francisco, justo antes de que la selección anfitriona jugara uno de sus partidos de octavos de final contra Bosnia y Hercegovina en esa región. El texto describía como el San José Earthquakes, con el mejor arranque de temporada de toda su historia se había convertido en el gran protagonista futbolístico de la zona, empatado en puntos en la cima de la Conferencia oeste de la Liga estadounidense por primera vez en 14
años. Ese partido en la bahía era, de hecho, el tercero de hasta cuatro encuentros que la selección de Estados Unidos podía llegar a disputar en California durante todo el torneo y cargaba con las esperanzas de millones de personas que veían venir la mejor campaña del país anfitrión en 24 años. Un jugador del propio Earthquakes, el centrocampista Nikot Sakiris, explicó en ese reportaje que se podía sentir en los aficionados, en los estadios y en las multitudes, lo grande que es este deporte a nivel mundial y que traer ese
ambiente a la región de la bahía era algo enorme, porque al final de cuentas de eso se trata el fútbol, de la pasión y la alegría que le provoca a la gente. También mencionó que sería muy especial para todo el país y en particular para esa zona. Demostrar que el fútbol siempre ha sido importante ahí y que sigue creciendo.
Y en efecto, California tiene por mucho la mayor cantidad de equipos profesionales de cualquier estado de la Unión Americana con cuatro clubes en la liga masculina, tres en la liga femenina y cinco más en la liga de segunda división. Sin contar decenas de academias y programas universitarios. El propio director de la academia del Earthquakes, Luuchi González, quien fue asistente técnico de la selección estadounidense en el mundial pasado, señaló que la región tiene una población apasionada por el fútbol, en buena parte gracias a las raíces latinoamericanas
que moldean tanto la cultura futbolística como la cantera de jugadores locales y que albergar partidos del mundial ahí podía ser un catalizador para que ese desarrollo siguiera creciendo. El dato que sostiene toda esa pasión no es casualidad. Cerca de cuatro de cada 10 habitantes de California son de origen latino, provenientes en su mayoría de países donde el fútbol es sin discusión el deporte dominante.
Ese es el motor real detrás de las gradas llenas que se vieron en los partidos de la selección estadounidense en suelo californiano. El problema es que ese motor latino nunca fue ni de lejos representativo del resto del país. Y ahí es donde aparece el otro dato que le bajó el ánimo a más de uno esta semana.
Una encuesta publicada apenas 9 días antes de que arrancara el mundial reveló que menos de tres de cada 10 adultos nacidos o residentes en Estados Unidos mostraban algún interés genuino en un torneo que además por primera vez en la historia reunía 48 selecciones. Pero cuando se separaban los datos por comunidad, la diferencia era enorme, mientras que apenas dos de cada 10 personas nacidas en Estados Unidos decían que pensaban seguir la competencia.
Entre la población inmigrante, esa cifra subía a más de cinco de cada 10. Dentro de esa comunidad inmigrante, quienes más interés mostraban eran precisamente los asiáticos y los hispanos, con proporciones parecidas entre ambos grupos. Y el peso de esa comunidad latinoamericana también se reflejaba en las apuestas sobre quién se quedaría con el título.
España encabezaba las preferencias, seguida de cerca por Argentina y Brasil con Francia en cuarto lugar, por delante incluso de Estados Unidos, Alemania y México. La misma investigación recordaba un estudio anterior de 2023 que mostraba que para más de la mitad de los adultos estadounidenses el deporte favorito seguía siendo el fútbol americano, mientras que apenas un puñado elegía al fútbol soccer.
Con ese telón de fondo, la eliminación de Estados Unidos a manos de Bélgica no fue solamente una mala noticia deportiva, fue el golpe que dejó sin argumento principal a la narrativa optimista que se había construido semanas antes. El equipo local llegó a octavos de final, jugando con bastante confianza, incluso con algo de arrogancia, según describieron distintos cronistas que cubrieron el ambiente previo al partido en Seattle, donde algunos aficionados llegaron a asegurar horas antes del silvatazo inicial que su selección se quedaría con el título del
mundial. Esa confianza se derrumbó en tiempo récord apenas empezó el complemento. Una salida fallida del portero estadounidense Matt Freeze le regaló el balón a Dequeteleirre que se la dejó servida a Banaken para el 3 a 1 y desde ahí la fiesta se acabó. Varios aficionados empezaron a abandonar el estadio en los últimos 10 minutos, antes incluso de que Lukaku cerrara la goleada en los minutos de compensación, el propio técnico argentino Mauricio Pochetino, cuyo contrato termina justo con el final de este mundial, reconoció
después del partido que su equipo nunca estuvo metido en el juego, ni siquiera en el momento del empate transitorio. Algunos aficionados que hablaron con la prensa a la salida del estadio coincidieron en que el equipo simplemente no tuvo la garra necesaria para pelear cada balón y otros fueron todavía más duros, señalando que Estados Unidos se equivocó solo una y otra vez durante los 90 minutos sin que Bélgica tuviera que hacer demasiado esfuerzo extra para aprovechar cada error.
Ahora bien, lo que esto significa para California es justamente el corazón de esta historia. La ilusión que describía ese reportaje de finales de junio dependía en gran medida de que la selección local siguiera avanzando y de que ese ambiente de fiesta compartido entre aficionados locales y la enorme comunidad latina de la región se mantuviera encendido partido tras partido con Estados Unidos fuera del torneo.
La pregunta que empieza a circular entre organizadores y comentaristas deportivos es si ese entusiasmo va a sobrevivir para los partidos que todavía le quedan a California en este mundial. Empezando por el cruce de cuartos de final entre Bélgica y España. Programado para el viernes 10 de julio en el estadio de Inglewood en la zona de Los Ángeles con capacidad para cerca de 70,000 espectadores.
Es un choque entre dos selecciones europeas de gran nivel, sin ningún equipo latinoamericano ni el propio anfitrión de por medio. Justo el tipo de partido que según la propia encuesta que mencionamos genera menos enganche entre el aficionado promedio de este país, incluso aunque España sea curiosamente la selección más popular entre los aficionados latinos que sí siguen el torneo.
Aquí es donde entra la perspectiva del aficionado mexicano, porque para nosotros esta historia se siente todavía más cercana de lo que parece a primera vista. La enorme comunidad mexicana que vive en el sur de California es en buena medida, la misma que sostiene ese amor genuino por el fútbol del que hablaban los protagonistas del reportaje sobre la bahía, la misma que llena los estadios de la liga estadounidense y la misma que probablemente sea la que más se anime a ir al estadio de Inglewood este viernes, aunque no juegue México ni Estados
Unidos. Pero también es la misma comunidad que carga con el otro lado de la moneda de este mundial, el de los precios de los boletos disparados, pensados para un público con alto poder adquisitivo y no para la familia trabajadora que quiere llevar a sus hijos a ver un partido de cuartos de final.
Ese es precisamente uno de los grandes reclamos que ha acompañado a este torneo desde que se anunciaron las primeras tarifas y que deja fuera al aficionado humilde mientras el espectáculo se reserva para quién puede pagarlo. Y no es un tema menor, porque si algo demuestra la caída del interés general en Estados Unidos, es que sin el gancho emocional de ver ganar al equipo local, mucha gente simplemente no está dispuesta a pagar esos precios por un boleto.
Mientras que las casas de apuestas es así, siguen recibiendo dinero de sobra, sin importar quién juegue ni quién gane. Tampoco hay que perder de vista el contexto más amplio en el que se mueve esta Copa del Mundo dentro de Estados Unidos. La desconfianza de buena parte de la comunidad latina hacia el país sede no nace de la nada.
I sea ha hablado mucho durante este torneo sobre el miedo de algunos aficionados extranjeros a viajar por las restricciones migratorias y el clima de vigilancia que rodea a este mundial. Un temor que para muchas familias mexicanas y centroamericanas que viven del otro lado de la frontera es mucho más que una anécdota. Ese ambiente sumado a los precios y a la sensación de que el fútbol se convirtió en un negocio antes que en una fiesta popular ayuda a explicar por qué buena parte del público que no tiene un lazo emocional directo con alguno de los
equipos en cancha simplemente decide quedarse en casa. Y si a eso le sumamos que el formato de 48 selecciones ha sido criticado desde antes de que arrancara el torneo por diluir el nivel de juego en la fase de grupos, con partidos de poco brillo que no lograron engancharse con audiencias que ya de por sí no tenían un interés muy sólido en el deporte.
El panorama para llenar estadios en partidos donde ni Estados Unidos ni ningún país latinoamericano están en juego se vuelve todavía más complicado. A todo esto se suma el llamado que han hecho varios grupos de aficionados a nivel internacional para castigar económicamente al torneo, dejando de comprar boletos, mercancía oficial o paquetes de televisión de paga como forma de protesta contra el manejo que la FIFA le ha dado a este mundial.
Un boicot que quizás no tumbe las cifras millonarias del organismo, pero que sí puede notarse en butacas vacías durante partidos como el de Bélgica contra España. Lo curioso, y ahí está el verdadero contraste de esta historia, es que la afición mexicana en específico no parece estar contagiada por ese desánimo generalizado del aficionado estadounidense promedio.
Al contrario, para nosotros este Mundial sigue siendo un asunto de primera importancia, incluso después de la eliminación de nuestra selección, porque el Estadio Azteca ya quedó marcado en la historia de este torneo y porque nuestra identificación futbolera no depende de encuestas ni de si algún equipo local avanza o no.
La misma raíz latina que sostiene el ambiente futbolero en California es la que explica por qué, pase lo que pase con el interés general de Estados Unidos, seguramente todavía van a haber banderas de México, de Argentina, de Brasil y hasta de España ondeando en las gradas de Inglewood este viernes, aunque la mayoría del país que organiza este mundial le esté dando la espalda al torneo que ellos mismos ayudaron a traer a casa.
Y con esto llegamos al final de este video. Pero antes de irnos queremos que tú nos digas qué piensas de todo esto. ¿Crees que el interés por el mundial en Estados Unidos se va a recuperar ahora que ya no está el equipo local? ¿O la fiesta realmente se apagó desde que cayó la selección anfitriona? ¿Te parece justo que los precios de los boletos dejen fuera al aficionado humilde mientras las casas de apuestas y la propia FIFA siguen ganando sin importar quién juegue.
Y ya para cerrar, la pregunta de siempre en este canal. ¿Quién es para ti el favorito real para ganar esta Copa del Mundo?