¿Trump acabó con la emoción por el Mundial 2026? ¡Los aficionados lo están detestando!
Donald Trump lleva más de 6 meses metido de lleno en la organización de este mundial que hoy se está jugando en Estados Unidos, Canadá y México. Y esta semana hizo algo que ni la propia FIFA se esperaba. Se metió directamente en una decisión arbitral. llamó personalmente al presidente de la FIFA, Yan Infantino, para pedirle que revirtiera una expulsión y su propio gobierno armó un expediente contra un árbitro brasileño con más de una década de trayectoria intachable, lo que vino después de eso desató una ola de
indignación que ya se sintió hasta en México. Provocó reacciones oficiales de gobiernos completos en Europa y terminó de una manera que dejó a medio mundo hablando y que ni el propio Trump pudo controlar. ¿Qué fue exactamente lo que hizo? cómo reaccionó el fútbol internacional y cómo se le terminó volteando todo esto a Estados Unidos dentro de la cancha.
Te lo contamos aquí con todo el detalle. Quédate hasta el final. Mientras el Mundial va llegando a la recta final, la imagen de Jan Infantino como presidente de la FIFA se está cayendo a pedazos entre los aficionados. Un análisis de menciones en redes sociales reveló que más de la mitad de los comentarios sobre él durante el torneo tienen un tono negativo, algo que empeoró justo cuando arrancaron los partidos.
Entre las quejas más repetidas están los problemas de logística, el trato desigual entre selecciones y el uso que le ha dado a los aviones privados. Se calcula que voló más de 50,000 km en apenas 17 días para ir de un estadio a otro. Y como si fuera poco, hace algunas semanas cuando le preguntaron por los precios absurdos de los boletos para la final, Infantino respondió entre risas que si alguien pagaba ,000ó por un boleto, él mismo le llevaba personalmente un hot dog y una Coca-Cola para que la pasara bien.
Para muchísimos aficionados mexicanos que llevan meses batallando para conseguir boletos accesibles para ver a su selección, esa broma les cayó como una patada en el estómago. que mientras unos cuantos privilegiados pagan fortunas por un asiento, el aficionado de a pie sigue quedando afuera de su propio mundial.
La otra noticia que también sigue caliente tiene que ver con la desconfianza que no para de crecer contra Estados Unidos como país sede. La selección de Irán, que llegó a esta copa, en medio de una tensión enorme con el gobierno de Washington, tuvo que mudar toda su base de entrenamiento de Tucon, Arizona, hasta Tijuana, México, por las restricciones de viaje que les impuso el gobierno estadounidense.
Su propio capitán se quejó públicamente de que no recibieron el mismo trato que las demás elecciones. A eso se suma el caso de un árbitro somalí al que no dejaron entrar a territorio estadounidense por supuestas ligas con el terrorismo, algo que él mismo negó tajantemente, calificándolo de discriminación y que terminó siendo deportado sin que la FIFA moviera un dedo.
Tampoco fue la única selección con problemas. La delegación de Senegal reportó revisiones de seguridad exageradas al llegar a suelo americano. Todo esto ha alimentado el miedo de muchísimos aficionados latinoamericanos de cruzar la frontera para ver partidos en territorio estadounidense por temor a arredadas migratorias. Un miedo que el gobierno ha querido minimizar, pero que sigue muy presente entre la comunidad mexicana y centroamericana que vive del otro lado.
Y ya que andamos hablando de dinero, aquí les dejamos otro dato que sigue circulando mucho entre los aficionados. Mientras las selecciones se van eliminando partido tras partido, hay un solo actor que nunca pierde en este mundial y son las casas de apuestas con un formato ampliado a 48 selecciones con más partidos que nunca en la historia de la competencia.
y con un interés global disparado. Las casas de apuestas están viviendo uno de sus mejores torneos de la historia, sin importar quién gane o quién pierda en la cancha. Para buena parte de la afición, esto solo confirma la sensación de que el negocio del fútbol le ganó terreno al deporte mismo y que al final del día los verdaderos ganadores de este mundial ya estaban celebrando desde antes de que se jugara el primer partido.
Y ahora sí, vámonos con la noticia que tiene ardiendo las redes sociales de medio planeta y que empieza con un nombre que hasta hace unos días casi nadie en el mundo del fútbol conocía fuera de Brasil. El árbitro Rafael Klaus. Klaus tiene 46 años. Nació en Santa Bárbara de Oeste, en el interior del estado de Sao Paulos y lleva más de una década siendo uno de los árbitros más respetados del fútbol brasileño.
Forma parte del cuadro de árbitros de la FIFA desde el año 2015. ha dirigido más de 260 partidos del Campeonato brasileño. Estuvo en el Mundial de Qatar en el año 2022 dirigiendo partidos como Inglaterra contra Irán y Canadá contra Marruecos. Y en el año 2024 fue el árbitro elegido para dirigir la final de la Copa América entre Argentina y Colombia.
En este mundial de 2026 ya había dirigido el partido entre España y Arabia Saudita en la fase de grupos sin ninguna polémica. Su currículum, para resumirlo, es intachable. Todo cambió durante el partido entre Estados Unidos y Bosnia y Hercegovina, correspondiente a los 16 avos de final del torneo. Estados Unidos ganaba 2 a0 cuando en el segundo tiempo el delantero estadounidense Folarin Balogun pisó con las tapas de su zapato el tobillo del defensor bosnio Tarik Muharemovic.
Durante una disputa de balón, Klaus en primera instancia dejó que el juego siguiera, pero fue llamado por el árbitro asistente de video para revisar la jugada en el monitor. Después de ver las repeticiones, decidió mostrarle tarjeta roja directa a Balogon. Era una decisión dura, sí, pero completamente normal dentro del reglamento.
El tipo de expulsión que se ve en cualquier mundial y que nadie hubiera recordado ni una semana después. El problema es que según el reglamento de la Copa del Mundo, esa tarjeta roja significaba una suspensión automática para el siguiente partido, justo el de los octavos de final contra Bélgica. Vale la pena poner esto en perspectiva antes de seguir.
No es la primera vez que un político trata de sacarle provecho a un mundial. En 1966, el entonces primer ministro británico Harold Wilson se colgó buena parte de la medalla después de que Inglaterra ganara su único título mundial hasta la fecha. En 1978, la dictadura militar que gobernaba Argentina en ese momento utilizó la conquista del título mundial como una herramienta de propaganda para su gobierno.
Pero pocas veces en la historia, un mandatario había llegado al extremo de llamar personalmente al presidente de la FIFA para pedir que se revirtiera una sanción disciplinaria a mitad de un torneo en desarrollo, algo que ya varios analistas internacionales califican como un precedente peligroso para el futuro del deporte.
Y ahí es donde entra Donald Trump. El presidente de Estados Unidos, inconforme con la expulsión de su jugador, confirmó públicamente que llamó por teléfono al presidente de la FIFA, Jan Infantino, para pedirle una revisión del caso, pero no se quedó solo en la llamada. Según reportó el medio deportivo de Athletic que pertenece al periódico de New York Times, el gobierno estadounidense llegó a contratar abogados para armar un expediente contra Rafael Klaus, acusándolo de estar involucrado en un supuesto esquema de manipulación de
resultados dentro del fútbol brasileño. La FIFA, después de revisar el caso, afirmó que no encontró ninguna evidencia de esas irregularidades. Es decir, se trató de una acusación completamente sin sustento, construida a toda prisa para presionar a la federación. El propio Trump, durante una conferencia de prensa en el salón oval de la Casa Blanca se refirió directamente al árbitro brasileño con palabras que generaron todavía más indignación.
dijo que el árbitro le parecía un poco sospechoso, que si uno revisaba su historial se daría cuenta de que era muy sospechoso y ofreció entregarle a quien quisiera escucharlo el supuesto historial que su gobierno había recopilado sobre Klaus. Todo esto, insistimos, sin ninguna prueba real que respaldara sus palabras. La presión funcionó.
El Comité disciplinario de la FIFA decidió suspender la ejecución de la sanción automática por un periodo probatorio de un año, citando el artículo 27 del Código Disciplinario de la FIFA, el mismo artículo, por cierto, que en otra ocasión libró a Cristiano Ronaldo de una sanción en las eliminatorias. Con esa decisión, Balogun quedó libre para jugar el partido de octavos de final contra Bélgica como si la tarjeta roja nunca hubiera existido.
Ante la ola de críticas, Jan Infantino salió a defenderse públicamente. aseguró que los órganos judiciales de la FIFA son independientes, que operan de forma autónoma, aplicando el código disciplinario y basándose únicamente en los hechos de cada caso, y que él simplemente cumple con su función institucional al mantener conversaciones regulares con jefes de estado sobre temas relacionados con el mundial.
Sin embargo, para gran parte de la prensa deportiva internacional resultó muy difícil de creer que la decisión de revertir la sanción no tuviera nada que ver con la llamada de Trump, sobre todo porque el cambio se dio apenas horas después de esa conversación. De hecho, apenas unas semanas antes de que arrancara el torneo, el propio infantino ya había declarado que sería imposible organizar la Copa del Mundo en Estados Unidos sin el respaldo del presidente estadounidense.
Una frase que en su momento ya había sido leída como una muestra de lo cercana que se había vuelto la relación entre ambos. La reacción del fútbol internacional fue inmediata y durísima. La UEFA, la Confederación Europea de Fútbol calificó la decisión como incomprensible e injustificable y aseguró que la FIFA había cruzado una línea roja al ceder ante la presión de un jefe de estado.
El canciller de Bélgica, Maximot, que además fue árbitro en su juventud, advirtió públicamente que si la autorización para que Balogun jugara vino realmente por intervención de Trump. Entonces, las reglas del deporte estaban siendo minadas desde la raíz. La Federación Alemana exigió explicaciones formales sobre la interferencia política en un proceso disciplinario y la Federación Belga activó a sus propios departamentos legales para estudiar el caso.
Del lado brasileño, la respuesta también fue contundente. La Confederación Brasileña de Fútbol publicó un comunicado defendiendo a Klaus, describiéndolo como uno de los mejores árbitros en actividad a nivel mundial, con una trayectoria marcada por excelencia técnica, conducta ética y absoluto respeto al fútbol. La Federación Paulista de Fútbol hizo lo mismo, asegurando que Klaus tiene una reputación intachable y que no existe en todo su historial ningún elemento que sustente cualquier tipo de sospecha.
Incluso Pier Luigi Collina, el histórico ex árbitro italiano que hoy dirige el comité de árbitros de la FIFA, salió en persona a respaldarlo diciendo que Klaus está dirigiendo su segundo mundial después de Qatar 2022, que es un árbitro experimentado y muy respetado y que la FIFA mantiene plena confianza en él como oficial de absoluta credibilidad.
Con toda esta presión internacional encima, Estados Unidos llegó al partido de octavos de final contra Bélgica, disputado el lunes en Searles con Bal Logun de vuelta en la cancha gracias a la intervención directa de su presidente. Y aquí es donde la historia da un giro que nadie en la Casa Blanca esperaba.
Bélgica no solamente ganó el partido, lo goleó 4 a 1. Charles de Kettel anotó dos goles, Hans Banaken sumó el tercero y Romelo Lukaku cerró la goleada, mientras que Malic Tilman apenas logró un gol de descuento para los estadounidenses. Balogun, el jugador por el que Trump había movido cielo, mar y tierra, no tuvo ninguna participación relevante en el resultado final.
Con esa derrota, Estados Unidos quedó eliminado del mundial que organiza en su propia casa, convirtiéndose en la última de las tres selecciones anfitrionas, en decir adiós. Después de que Canadá cayera eliminado ante Marruecos y México se despidiera ante Inglaterra, la ironía no pasó desapercibida para nadie y las redes sociales explotaron en cuestión de minutos.
Miles de usuarios en distintos países se preguntaban en tono de burla si ahora Trump también iba a intentar meterse para revertir la eliminación de su selección o si le iba a pedir a Infantino que anulara el marcador. Otros simplemente le recordaban que con todo y presidente, con todo y expediente armado, con todo y llamada telefónica a la FIFA, su equipo terminó goleado igual.
Los propios jugadores de la selección belga se dieron el lujo de burlarse en pleno festejo imitando en la cancha el característico bailecito que Trump suele hacer en sus eventos. Y la cuenta oficial de la selección de Bélgica publicó en redes una foto de la celebración con un mensaje burlón en clara referencia a la polémica anulación de la expulsión de Balogun.
La prensa internacional tampoco se quedó callada. Un periódico belga escribió que ellos tuvieron al rey Carlos mientras Estados Unidos tuvo al presidente Trump. Y aún así, Bélgica pasó sin problema, mientras que un diario español tituló que ni Trump pudo evitar la clasificación belga a los cuartos de final. Para el aficionado mexicano, esta historia pega en un lugar muy particular.
México ya se había despedido de este mundial apenas un día antes, cayendo 3 a2 ante Inglaterra en un partido durísimo en el Estadio Azteca, con gol de Julián Quiñones y un penal convertido por Raúl Jiménez que no alcanzaron para evitar la eliminación. El tr se fue sin ningún presidente, moviendo hilos a su favor, sin ningún expediente armado contra nadie, simplemente jugando lo que se pudo dentro de la cancha, como debería ser siempre el fútbol.
ver que Estados Unidos, el otro país anfitrión, sí tuvo a su propio jefe de estado interviniendo directamente en una decisión arbitral, generó todavía más coraje entre quienes ya venían hartos de los precios inflados de los boletos, del trato desigual hacia selecciones como Irán y de la sensación generalizada de que este mundial dejó de tratar a todos los equipos por igual.
Si el aficionado humilde no puede ni pagar un boleto para el Azteca, pero el país anfitrión más poderoso sí puede torcerle el brazo a la FIFA para salvar a su delantero. Entonces, la pregunta que muchos están haciendo en México y en toda América Latina es si este torneo realmente sigue siendo un deporte o si ya se convirtió completamente en un negocio manejado por quien tiene más poder político y más dinero.
A todo esto, hay que sumarle el debate que ya venía desde antes de que arrancara el torneo, el del nuevo formato de 48 selecciones. Para muchos analistas y aficionados de Hueso Colorado, meter a 16 selecciones más de las que había en Qatar solamente diluyó el nivel de la competencia, llenando la fase de grupos de partidos disparejos, mientras la FIFA presume cifras récord de recaudación por derechos de transmisión y venta de boletos, la combinación de un formato más grande, boletos más caros que nunca y ahora un escándalo de interferencia
política de por medio tiene a buena parte de la afición latinoamericana preguntándose si Este mundial se organizó pensando en el aficionado de siempre, el que ha seguido a su selección de toda la vida o pensando únicamente en maximizar las ganancias de la organización. Y es que si lo pensamos bien, este episodio no es un caso aislado.
Es apenas el capítulo más reciente de una lista larga de polémicas que ha acumulado esta sede desde antes de que rodara el primer balón, desde deportaciones de árbitros hasta selecciones enteras cambiando de país para entrenar por miedo a las políticas migratorias, pasando por revisiones de seguridad exageradas a delegaciones africanas y asiáticas.
Este mundial que se supone iba a ser el más grande de la historia con 48 selecciones participando por primera vez, se está recordando también por los motivos equivocados y cuando un presidente puede tomar el teléfono y torcerle el brazo a la organización más importante del fútbol mundial para salvar a un solo jugador de su propio país, mientras miles de aficionados comunes ni siquiera pueden pagar un boleto para entrar al estadio.
La desconfianza hacia la FIFA y hacia todo lo que rodea a este torneo solamente sigue creciendo. Y bueno, ya vieron cómo terminó todo con Estados Unidos afuera del Mundial a pesar de la intervención presidencial, con Bélgica avanzando a cuartos de final para enfrentar a España y con Yan Infantino cargando sobre los hombros una de las peores crisis de credibilidad que ha enfrentado la FIFA en años recientes.
Ahora nos tocará a nosotros abrir el debate. ¿Creen que Trump realmente logró algo con toda esta presión o solamente quedó exhibido después de la goleada? ¿Qué opinan de que un presidente se meta directamente en una decisión arbitral de un mundial que se supone debe ser igual para todos los países? Y la pregunta que no puede faltar, la que más nos interesa escuchar en los comentarios.
¿Quién es para ti el favorito real para ganar esta Copa del Mundo? Yeah.