¡ÚLTIMAS NOTICIAS! Europa vuelve a estallar contra la FIFA y la crisis del Mundial 2026 se agrava
Jan Infantino lleva casi 10 años como presidente de la FIFA y en ese tiempo ha sobrevivido denuncias de corrupción, la salida de patrocinadores importantes y el enojo constante de aficionados en medio mundo que sienten que el fútbol dejó de ser un deporte para convertirse en un negocio.
Pero esta semana en pleno mundial 2026 la FIFA recibió un golpe que casi no se ve en el fútbol moderno. Un organismo tan grande y tan poderoso como la UEFA, sacó un comunicado tan directo y tan filoso que ya se compara con una declaración de guerra dentro del propio deporte. Y lo que hace esto todavía más grave es que detrás de la decisión que provocó el enojo europeo aparece el nombre de un hombre que no tiene absolutamente nada que ver con el fútbol como institución, pero que levantó el teléfono justo antes de que la FIFA resolviera el caso y que después
celebró el resultado como si fuera propio. Lo que dijo ese comunicado, lo que respondió después la Federación Belga y lo que terminó pasando horas más tarde en la cancha de Seattle ya está encendiendo la conversación en toda Europa y también aquí en México, porque tiene que ver directamente con la forma en la que se está manejando este mundial de principio a fin.
Quédate hasta el final porque te vamos a contar todo con lujo de detalle. Pero antes de meternos de lleno en el escándalo europeo, hay que hablar primero de lo que le pasó a México, porque aunque ya no estemos en la pelea por el título, esta selección se ganó el cariño de todo un país en su despedida el domingo 5 de julio en el estadio Ciudad de México con 80,824 aficionados adentro y bajo una tormenta eléctrica que retrasó el silvatazo inicial casi una hora.
El Tre se despidió del Mundial 2026 al caer por marcador de tres goles a dos ante Inglaterra en los octavos de final. Fue una noche que empezó con la afición cantando canciones mexicanas a todo pulmón y abucheando cualquier tema relacionado con los ingleses y que se puso cuesta arriba muy rápido cuando Jude Bellingham anotó dos goles en apenas un par de minutos para poner el 2 a0, rompiendo una racha de casi 400 minutos sin que México recibiera un solo gol en todo el torneo.
La afición respondió de inmediato con el sí se puede retumbando en todo el estadio y México reaccionó con un gol de Julián Quiñones que lo convirtió en el máximo goleador histórico de México en copas del mundo junto con Javier Hernández y Luis García. Pero un penal cobrado en contra de Raúl Rangel le dio a Harurry Kane la oportunidad de poner el 3 a 1 y aunque Raúl Jiménez descontó de penal para el 3 a 2 final, ya no alcanzó el tiempo para más, lo que se quedó grabado en la memoria de todos.
No fue tanto la derrota, sino lo que pasó después del silvatazo final. La afición no se fue del estadio enojada, ni sacó los pañuelos blancos, se quedó a aplaudir a su equipo, algo que no siempre se ve después de una eliminación mundialista. Jude Bellingham caminó hasta encontrar a Gilberto Mora, el mediocampista de apenas 17 años que fue una de las grandes revelaciones de todo el torneo.
Lo abrazó entre lágrimas y le pidió su camiseta como muestra de respeto. Ese mismo partido significó además el último como profesional para Guillermo Choa, el arquero que durante años fue sinónimo de la selección mexicana en los mundiales y también dejó un susto. El delantero Santiago Jiménez tuvo que ser trasladado en ambulancia a un hospital tras lesionarse durante el encuentro, según confirmó el propio Javier Aguirre en conferencia de prensa, el técnico reconoció que su equipo cometió errores puntuales frente a una selección de la
jerarquía de Inglaterra, pero agradeció públicamente a la afición por el respaldo durante todo el torneo. Una despedida triste, sí, pero también una despedida con orgullo, sobre todo porque esta fue la décima ocasión en la historia en la que México logra meterse entre los mejores 16 equipos de un mundial, algo que ya venía consiguiendo desde 1970 y que confirma que este proceso con Javier Aguirre, aunque terminó sin el quinto partido que tanto se soñaba, sí dejó una base y una ilusión distintas a las de Mundiales
anteriores. Y aquí viene algo que conecta directamente con la noticia principal de hoy. México no fue el único anfitrión eliminado en los octavos de final. Canadá también se despidió, goleada 3 a0 por Marruecos y apenas un día después le tocó el turno a Estados Unidos, el tercer país organizador de este mundial.
Es decir, los tres países que se supone iban a disfrutar de jugar como locales con el apoyo de su gente y sin la presión de viajar miles de kilómetros terminaron eliminados. exactamente en la misma ronda del torneo para muchos aficionados latinoamericanos que ya venían hartos del negocio en el que se convirtió esta Copa del Mundo, con boletos carísimos que dejan fuera el hincha humilde y un formato de 48 selecciones que muchos consideran que diluyó la calidad del fútbol.
Ver caer a los tres anfitriones se sintió para algunos como una especie de justicia futbolística. Pero lo que pasó con la eliminación de Estados Unidos no se quedó únicamente en lo deportivo. Se convirtió en el escándalo más comentado de todo este mundial y es la noticia que nos trae aquí hoy. Todo comenzó con Folarin Balogun, delantero de la selección de Estados Unidos, nacido en Brooklyn, Nueva York hace 25 años.
En una historia curiosa, su madre, embarazada de 7 meses y de nacionalidad nigeriana, no pudo abordar un vuelo de regreso a Londres. Así que Balogun terminó naciendo en territorio estadounidense y obtuvo la ciudadanía por ese simple hecho. Después se mudó de bebé a Inglaterra, se formó futbolísticamente ahí y ya de adulto decidió representar al país donde había nacido.
Balogun fue una de las figuras ofensivas de Estados Unidos en este mundial, pero su nombre saltó a las primeras planas por otra razón completamente distinta. Durante la victoria de dos goles a cero de Estados Unidos sobre Bosnia y Hercegovina en la ronda de 16avos de final, el árbitro revisó una jugada en el bar y decidió expulsar a Balogon con tarjeta roja directa.
Según el reglamento del propio mundial, una expulsión de este tipo implica automáticamente una fecha de suspensión para el siguiente partido, sin excepciones y sin necesidad de que ningún comité tenga que discutirlo. Así había ocurrido, sin ninguna excepción con cada una de las tarjetas rojas mostradas anteriormente en este mismo torneo.
Pero unos días después, justo antes del partido de octavos de final entre Estados Unidos y Bélgica en Seattle, la FIFA sorprendió a medio mundo con una resolución que absolutamente nadie esperaba. El Comité disciplinario del organismo aplicó de oficio el artículo 27 de su propio código disciplinario, un artículo que permite suspender la ejecución de una sanción bajo ciertas condiciones muy específicas y con eso dejó sin efecto inmediato el partido de castigo que le correspondía a Balogun.
La FIFA aclaró que la tarjeta roja como tal no fue anulada y que si el jugador cometía una infracción parecida dentro del siguiente año, tendría que cumplir ese castigo pendiente, además de una nueva sanción. Pero en los hechos, el resultado fue exactamente el mismo. Folarimba Logon quedó habilitado para jugar el partido más importante de la historia reciente del fútbol estadounidense, justo el que definía si el propio país anfitrión seguía vivo en su mundial.
La reacción no se hizo esperar. La Federación Belga de Fútbol presentó una queja formal, recordando que el artículo 66.4 del Código Disciplinario de la FIFA establece que una expulsión implica automáticamente la suspensión para el siguiente partido, tal como había pasado con todas las tarjetas rojas anteriores en este mismo mundial y que la decisión de la FIFA contradecía directamente las disposiciones del propio reglamento de la Copa del Mundo 2026 en referencia puntual al artículo 10.
cinco de ese reglamento. Los belgas incluso llevaron el caso ante la Comisión de Apelación de la FIFA, pero horas antes del partido, esa misma comisión rechazó el reclamo, argumentando que la Federación Belga no tenía legitimidad para apelar una decisión de la que, según la FIFA, no era parte directamente involucrada.
Para muchos, ese tecnicismo sonó más a un pretexto para cerrar el tema rápido que a una verdadera revisión del fondo del asunto. Y aquí es donde entra la UEFA, el organismo que gobierna el fútbol europeo. Para sacar uno de los comunicados más duros que se recuerdan contra la propia FIFA. La UEFA calificó la decisión como inaudita, incomprensible e injustificable, y en su texto fue todavía más lejos al señalar que el fútbol se basa en reglas que deben ser garantía de una competición justa, honesta y transparente y que en
este caso concreto no había ningún margen de interpretación posible. Para la UEFA, la suspensión automática después de una tarjeta roja no es una decisión discrecional que un comité pueda simplemente dejar sin efecto cuando le convenga. y advirtió que cuando ni siquiera los propios encargados de cuidar las reglas las respetan, lo que se pone en riesgo es la credibilidad de todo el juego, que un organismo del tamaño de la UEFA, que normalmente evita meterse en decisiones de otras confederaciones o de la propia
FIFA durante un mundial, haya decidido salir con un texto tan directo, deja ver que la molestia dentro del fútbol europeo es real y va mucho más allá de un simple reclamo deportivo. La polémica se volvió todavía más delicada cuando se supo que antes de que la FIFA anunciara su decisión, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había hablado por teléfono con Jan Infantino.
Después, ya con Balogun habilitado, Trump celebró públicamente la resolución en sus redes sociales. El propio Mauricio Pochetino, entrenador argentino de la selección estadounidense, salió a defender abiertamente la medida de la FIFA en su conferencia de prensa previa al partido, asegurando que confiaba en la ética y la integridad de la decisión y que todos celebraban ese fallo, porque consideraba que la tarjeta roja original había sido injusta con su equipo.
Para muchos aficionados y para la propia UEFA, el problema de fondo no era tanto si la roja fue justa o no, sino que un país anfitrión con el propio presidente de su gobierno de por medio pareciera recibir un trato especial de parte de un organismo que se supone debe ser imparcial con las 48 selecciones que participan en este mundial.
Al final, la polémica terminó teniendo un desenlace bastante irónico. Flarin Balogun fue titular el lunes 6 de julio en el estadio de Seattle con Jan Infantino observando el partido desde el palco, pero la ventaja que supuestamente le habían regalado a Estados Unidos no sirvió absolutamente de nada. Bélgica salió a la cancha con hambre de revancha deportiva y terminó goleando cuatro goles a uno al anfitrión.
Charles de Kteler anotó dos goles, uno muy temprano en el partido y otro antes del descanso. Estados Unidos logró empatar transitoriamente gracias a un disparo de tiro libre de Malik Tilman que se desvió en la cabeza de un jugador belga. Pero Hans Vanaken devolvió casi de inmediato la ventaja a los europeos y Romelo Lukaku selló la goleada ya en el tiempo agregado, aprovechando un error grave en la salida de la defensa estadounidense.
Con ese resultado Bélgica avanzó a los cuartos de final. donde enfrentará a España este viernes 10 de julio y Estados Unidos se convirtió en el tercer y último anfitrión en quedar eliminado en la misma ronda que México y Canadá. Para el aficionado mexicano que ha vivido de cerca este mundial, esta historia toca varias fibras a la vez.
Primero confirma esa desconfianza que muchos ya traían desde antes hacia Estados Unidos como sede, un país donde las restricciones migratorias y los problemas de visa ya habían generado polémica desde antes de que arrancara el torneo, dejando fuera a aficionados y hasta árbitros de otras partes del mundo.
Segundo, alimenta esa sensación de que la FIFA ya no es garante de nada, de que las reglas parecen aplicarse distintos según quién esté llamando por teléfono y de que Yan ni Infantino, el mismo que meses atrás le pidió a la gente relajarse y quedarse tranquila cuando le preguntaron por los problemas de visas y por los precios de los boletos, sigue actuando más como un socio de negocios que como el árbitro imparcial que debería ser al frente del organismo que rige el deporte más popular del planeta.
Tercero, refuerza esa idea que cada vez comparten más aficionados en México y en toda Latinoamérica, que este mundial de 48 selecciones con partidos carísimos, un formato diluido y decisiones que parecen tomarse fuera de la cancha se siente cada vez menos como una fiesta del fútbol y cada vez más como un negocio gigantesco donde el aficionado humilde, el que ahorra durante meses solo para poder ver un partido, queda completamente fuera de la conversación.
Y mientras las federaciones se pelean por comunicados y los presidentes se llaman por teléfono, hay un sector que no pierde nunca pase lo que pase en la cancha. Las casas de apuestas que siguen facturando cifras multimillonarias partido tras partido, escándalo tras escándalo, sin que ninguna polémica arbitral les afecte en lo más mínimo.
Y para entender por qué tantos aficionados ya no le creen nada a la FIFA, basta con recordar lo que pasó apenas unas semanas antes de que arrancara este mundial. Un árbitro somalí que iba a convertirse en el primer silvante de su país en pisar una copa del mundo fue deportado de Estados Unidos por problemas migratorios.
Y cuando le preguntaron a Infantino por el caso, su respuesta fue que a veces era bueno simplemente relajarse. Esa misma tarde le preguntaron por los precios de los boletos y aseguró que la entrada más barata de $60 era la más económica de cualquier deporte profesional estadounidense en fase de eliminación directa y que el precio promedio por debajo de los $500 también era el más bajo entre los grandes deportes de aquel país.
Lo que Infantino no mencionó con el mismo entusiasmo es que boletos para partidos de este mundial se han revendido hasta en $30,000 en el mercado oficial y que localidades para la final del 19 de julio en Nueva Jersey llegaron a cotizarse en más de $8,600 para el aficionado que ahorra mes con mes en México, en Centroamérica o en Sudamérica.
Esa combinación de discurso tranquilizador y precios imposibles es exactamente la razón por la que cada vez son más los que hablan abiertamente de boicotear este tipo de torneos o al menos de dejar de gastar en algo que sienten que ya no está pensado para ellos. Lo cierto es que ni la queja de Bélgica, ni el comunicado durísimo de la UEFA, ni la eliminación final de Estados Unidos van a borrar la sensación de que algo se rompió esta semana en la manera en la que se dirige este torneo.
La confianza en que las reglas se aplican igual para todos, sin importar quién sea el rival o quién esté detrás del teléfono, es justamente lo que sostiene la credibilidad de cualquier competencia deportiva. Y ahora mismo esa confianza está más golpeada que nunca, a pocos días de que se defina al campeón del mundial 2026.
Y lo peor para la FIFA es que esta vez la crítica no vino de un grupo de aficionados en redes sociales ni de un comentarista cualquiera, sino de la propia UEFA, uno de los organismos con más peso político dentro del fútbol mundial, lo que deja claro que la molestia ya trascendió fronteras y ya no se puede tapar con un simple hay que estar chill y relajarse como el propio infantino ha respondido en otras ocasiones ante las críticas.
Y con esto llegamos al final de este video, pero la conversación apenas empieza en los comentarios. Queremos leerte. ¿Crees que la FIFA le dio un trato especial a Estados Unidos por presión política? ¿O piensas que la decisión sí tenía fundamento deportivo? ¿Te parece justo que un país anfitrión reciba este tipo de beneficios mientras selecciones como México quedan eliminadas sin ningún favor de por medio? ¿Y qué opinas de que los tres países organizadores se hayan ido en la misma ronda del mundial que ellos mismos están organizando? Y ya
para cerrar, la pregunta de siempre, ¿quién es para ti el favorito real para ganar esta Copa del Mundo? Déjanoslo en los comentarios, no olvides darle like a este video y nos vemos en el siguiente.